Tres poemas a la revolución cubana

/ por Gustavo Ramírez
Corre el año mil 900 LIX (1959) de la era cristiana. El calendario en una sola noche había perdido y vuelto a recuperar intactas todas sus hojas. Es primero de enero. La revolución cubana rompe aguas. De aquí en más la isla será una cuna. Se trata, cómo no, de un parto complicado. Sin embargo, la guerrilla es una nodriza feroz cuando se trata de defender el sueño de la recién nacida (y nada sueña más que una revolución). Los vagidos despiertan a algunos. Otros en cambio, ya no podrán dormir tranquilos.

 

Ciento cincuenta y cinco años antes, la revolución haitiana dio a luz a la primera insurrección moderna llevada a cabo por esclavos. Un hecho no tan sólo excepcional, sino que ejemplar, puesto que inaugura el ciclo de independencias que a lo largo y ancho de nuestra región concluirá con la emancipación del dominio español en Latinoamérica. Una de las medidas inmediatas que adopta el imperio galo una vez asumida la pérdida de este valioso territorio, a la sazón la colonia francesa de la Hispaniola era la mayor productora de azúcar en el por ese entonces precoz mercado global, fue imponer un embargo económico a la recién conformada nación. La mayoría de los países “libres” estuvieron de acuerdo en sancionar con rigor la abrupta pérdida de aquel derecho sagrado a enriquecerse a costa de mano de obra esclava. Todo esto provoca que España a través de Cuba, su colonia antillana, reemplazara a Haití en la producción azucarera y pasara al frente de las economías de plantación. No obstante, este liderazgo comercial tendrá consecuencias políticas. El horror que experimentan los sectores terratenientes cubanos ante la posibilidad de que un fenómeno similar al haitiano se replique en la isla frena cualquier inventiva que esté fuera de los marcos que impone el imperio español. Ese amenazador escenario los hace sumamente conscientes de la fragilidad del sistema social que han construido. A la larga es esa actitud reaccionaria y medrosa la que termina por rezagar las fuerzas independistas hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, la tardía liberación de la corona española, contribuye para constatar una realidad mucho más fundamental en materia política. Esa revelación, que ninguno de los estados que se independizaron a principios del XIX habían percibido con total nitidez, se puede expresar de la siguiente manera: es imposible alcanzar una verdadera emancipación si esta tarea no se afronta de modo estructural, creativo y popular. En otras palabras, de forma revolucionaria. Resulta paradojal en ese sentido que aquella lección que en un principio desdeña Cuba de Haití, un siglo y medio después, le permita ostentar una posición de vanguardia en el panorama político mundial. Es en esa coyuntura y es a través de ese bagaje, en donde la idea, tan sólo en apariencia radical a ojos de los siempre capciosos moderados de: Patria o muerte, adquiere su palmaria prerrogativa. Los estados “libres” por su parte no se demoran en actuar. Esta vez, ordenados bajo las directrices del imperio estadounidense, recurren a una estratagema conocida e intentan ahogar económicamente a la isla mediante un embargo. El resto ya se sabe. El bloqueo jamás logró detener la enorme irradiación que produjo el gesto heroico de los cubanos en la historia reciente de “nuestra América”.

 

Para celebrar esta efeméride queremos rescatar tres poemas inspirados por este imprescindible hito:

 

Son del bloqueo / Nicolás Guillén
 
Kennedy con su bloqueo
Nos quiere cerrar el mar,
Quenedí, quenedá,
Afeitar a los barbudos,
Volvernos a esclavizar.
Quenedí, quenedá, ¡qué bruto que es el Tío Sam!
Quenedá.
 
Ni un paso atrás, compañeros,
Amigos, ni un paso atrás,
Quenedí, quenedá,
Plomo y plomo al enemigo,
Plomo y plomo y nada más.
Quenedí, quenedá.
¡Que bruto el Tío Sam!
Quenedá.
 
Martí quiso a Cuba libre
Y Fidel dijo: ¡Ya está!
Quenedí, quenedá,
Con bloqueo o sin bloqueo
Libre por siempre será.
Quenedí, quenedá,
¡que bruto que es el Tío Sam!
Quenedá.
 
¡Lárgate, yanqui, de aquí!
Quenedí.
¡Déjanos, Kennedy, en paz!
Quenedá.
Porque si no vas a ver,
Vas a ver,
El plomo que lloverá.
Ay, vas a ver
El plomo que lloverá.
Quenedá.
 
 
Los guardianes / Isolina bellas
 
Cabalgarán ahora, en cada rama
del genealógico árbol
de nuestra Historia,
y así siempre,
a cien,
a más de cien
años de combate,
ahora que los machetes ancestrales
velan, atentos,
para siempre,
el arsenal de holocaustos
que engendraron
esta victoria.
 
Cuba -fragmentos- / Mahfud Massís
 
Tras el fuego apagado, tras el negro
Bohío del corazón,
La muerte, la Puta seca,
Con un timbal de aceite y cuero,
Bailaba y bailaba
En la isla
De Cuba.
Porque entonces estaba la muerte
en Cuba.
Porque entonces estaba la peste
en Cuba.
Porque entonces estaba Batista
en Cuba
con un huevo amarillo en la cabeza.
 
El héroe
 
PERO había un HOMBRE, había
uno en la Sierra, geológico, planetario, justo,
“PATRIA O MUERTE, PATRIA O MUERTE, PATRIA O MUERTE”,
clamaba gigantesco toro.
Una
barba tenía,
de macho navegado en tormentas, en poderosas alucinaciones,
con la pasión en el corazón, dinamita de lujo,
tenso, contumaz, de fulgurante oleaje,
erguido, como pabellón de ajusticiado; un olor
a lobo huérfano, a pescado podrido había,
un hueso roto del mar Caribe al Monte de la Luna,
de muerte lenta, de venérea cola,
una hiena escarlata,
un pringado dios terrible y loco.
 
Entre pirañas y escualos de pectorales negro,
o gallos de cresta rajada, la miseria rondaba como el salvaje
[Onagro,
como alguien que mueve la pierna enfurecida,
arrojando arroz sobre la tierra, arroz quemado.
 
COMANDANTE ¡Qué jornada! “Nuestro
espantoso viaje” es largo
como la tristeza del tabaco o el vuelo del águila sobre la piedra.
Pero
no estás solo. Vigilamos como bisontes en la noche.
¡Y qué duro
cuero te ceñía el corazón! Y cuba adentro con sus tornados
terribles como besos de mujeres.
 
Los que gemimos en América,
los tuertos
y mancos de corazón,
los aplastados, o desnucados, o descoyuntados como pájaros
[muertos
los que han hambre y sed, como en el tiempo de las
[catástrofes
los errabundos,
los locos,
los que vagamos en los cementerios, hieráticos o a caballo,
los borrachos,
los tristes,
los que saltamos del génesis al apocalipsis, con la pierna cortada,
comiendo pan en las bodegas, torvos,
desvaídos; quienes viajamos en una barcaza negra,
todos, Capitán,
todos, enfurecido camarada,
los harapientos, los despavoridos de este mundo,
los reventados,
los abandonados,
los desechados,
los que vendemos ojos y orejas en el mercado;
los atorrantes por necesidad, los de rostro de ceniza,
el que cultiva un hongo de pus en la boca del horno,
la que parió en el desierto un animal atónito, de rostro casi
[humano,
el que perdió la cabeza y sobrevive a las inundaciones,
preguntando su horóscopo a los perros, y se desploma sobre
[los espejos, anonadado, solo;
el que navega lejos de sí mismo, a mil leguas de su postrer
[amor,
exiliado, como pájaros fuera del viento ultramarino,
extranjero,
mulato en su propio corazón,
TODOS,
te entregamos la piel,
los ojos invencibles, como erguidos escuadrones,
un bastión,
una torre inexpugnable
PARA DEFENDER CUBA.
 
Gustavo Ramírez
ramirezgustavot@gmail.com