Furia diamante: el lector ante el abismo

La colección Pez Dorado de la editorial chilena Pez Espiral sigue creciendo con la publicación de Furia diamante, una colección de siete relatos cortos escritos por la joven autora argentina Valeria Tentoni, cuyas primeras incursiones en la literatura fueron a través de la poesía, lo que se nota de sobremanera en el cuidado de la prosa, en la elección precisa de cada palabra de las oraciones que va tejiendo para dar cuenta de situaciones cotidianas que de a poco se van mostrando como no tan convencionales. Lo anterior va unido a una visualidad que no hace más que constatar la experiencia de la autora en el terreno de la poesía; en Babosas, relato asfixiante en el que una mujer ve cómo su casa va siendo ocupada por una creciente cantidad de estos bichos pegajosos, se aprecia dicha cualidad visual hermanada con la atención en la belleza del lenguaje mismo. En el momento en que la narradora decide atacarlas con sal, menciona que la dueña de casa “Tomó un paquete de sal de la alacena y, sin discriminar ni apuntar, empezó a agitarlo. Una nieve impalpable crucificó a varias, pero no a todas”. O en preciosas descripciones de espacio, como en el relato final Lo que hay después de las nubes: “La avenida era una dentadura vieja, llena de huecos y manchas, cariada por pasadizos angostos que se hundían en las cuadras […]. Arriba nuestro el cielo era un cubrecama blanco, y detrás de eso estaba la luz, limpia, flotando para nadie”.
 
En los relatos de Tentoni nos encontramos con situaciones casi anecdóticas que a primera vista parecen imposibles –como la invasión total del hogar realizada por babosas o que una mujer que se opera la nariz por estética escucha todo el procedimiento a pesar de estar anestesiada– pero que, gracias a la precisión en la creación de atmósferas atrapantes e incluso horripilantes, no hacen sino que el lector crea y sienta todo lo que lee. Tramas aparentemente imposibles, pero no inverosímiles porque en la prosa de Tentoni todo cobra vida y de ahí que nos deje estupefacto, sobre todo gracias al ángulo, a la perspectiva desde la cual se nos narra. Como si mirar desde arriba –igual que un dron que espía un barrio peligroso– o frente a frente ya no fuera suficiente para captar la oscuridad de los personajes y de las situaciones, los narradores de estos relatos miran y enuncian desde los resquicios, desde un detalle que parece nimio pero que después se presenta como lo más fundamental para entender las situaciones que muchas veces no se dilucidan hasta la palabra final. Es como si Tentoni nos dijera que mirar desde un plano general ya no basta, que así sólo se capta lo superficial, que tener a mano todos los elementos del mundo narrado no sirve de nada, que así no se descubren los deseos de sus personajes, sino que todo se ve con más detalles bajo la mirada de un microscopio, desde el cuidadoso examen de lo que pasa desapercibido. Ese cuidado del lugar de la enunciación se condice con el cuidado en la prosa y en la elaboración de mundos y personajes a la vez brutales y frágiles, configurando relatos que pueden incluso insertarse dentro del género del horror tratado de maneras no tan convencionales. El cuento Ziploc –sobre un asesino en serie caníbal– y El martillo de plata –el de la mujer que siente cómo le operan la nariz– no tienen nada que envidiarles a los relatos de la ya maestra Mariana Enríquez: “Intenté hacerlo, sé que dirigí toda mi fuerza hacia mis piernas y manos para patalear pero no podía. Quería avisarles que estaba ahí, que estaba ahí, que yo estaba ahí, pero no había manera. Escuchaba y sentía todo, pero sin dolor: no era dolor. Un filo que se clavó, el tironeo”. Lo oculto, lo oscuro de los deseos de los personajes y sus vidas se van deshilvanando de a poco, lo que exige a un lector muy atento, activo en la construcción del sentido, tarea para nada sencilla ante la inusual manera de llevar los relatos. Balzac estaría estupefacto ante la lectura de estos narradores que no nos llevan cariñosamente de la mano, sino que nos dejan en el abismo.
 
Estamos, en definitiva, ante un libro absolutamente recomendable para todos los amantes de la narrativa, debido al inusual cuidado de las palabras, de la particularidad de la perspectiva y del respeto por la capacidad imaginativa del lector para indagar, con el riesgo de ahogarse, en los sórdidos rincones del alma humana.

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[Portada] Imagen utilzada por Librería Catalonia en redes sociales para promocionar el libro.
Diego Riveros
diego.riveros.m@ug.chile.cl