Después del 68. Transformación de la protesta estudiantil en la calle y las aulas

El movimiento estudiantil de 1968 se insertó en un contexto definido y es relativamente fácil encontrar datos, testimonios, cronologías y semblanzas en distintos recursos materiales y digitales. Antes de continuar, es preciso aclarar que al hablar del “movimiento” estamos englobando las distintas etapas que conformaron la organización estudiantil que, si bien adquiere notoriedad en julio de aquel año, no termina con la masacre del 2 de octubre, sino que va más allá, con la encarcelación de los principales líderes y, en general, con la estigmatización del movimiento por parte del gobierno de aquel entonces. Dada la magnitud del evento, el ‘68 se convirtió en un referente que marcó un antes y un después en la historia contemporánea de México.
 
El interés del presente escrito es, por un lado, dar cuenta de los cambios en las peticiones y exigencias que se hicieron en las conmemoraciones del 2 de octubre, desde la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) hasta recientes fechas; y, por el otro, analizar lo que se ha enseñado en la educación básica (primaria y secundaria) sobre el ‘68 y el papel de las tecnologías de la información en la difusión de hechos, testimonios y nuevos documentos que cada año aparecen en el marco del aniversario de la protesta estudiantil.
 
 

Las demandas

 
Inmediatamente después de los hechos ocurridos en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz impuso una fuerte censura hacia los medios de comunicación, sin embargo, lograron salir a la luz diversas publicaciones de escritores como Rosario Castellanos, Luis González de Alba, José Emilio Pacheco, Octavio Paz, Elena Poniatowska y Ramón Ramírez, entre otros, que denunciaron e hicieron pública la represión del movimiento.
 
Posterior al gobierno de Díaz Ordaz el sexenio de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) tuvo la necesidad de tomar distancia de las acciones del anterior gobierno e intentó mostrarse conciliador, al menos en apariencia, con quienes habían participado en el movimiento estudiantil, por lo que liberó a los dirigentes que continuaban detenidos y a otros presos políticos. A pesar de ello el régimen de aquel entonces continuaba con una política autoritaria y el tema del movimiento estudiantil, dentro de los discursos oficiales, quedó relegado al silencio.
 
Por su parte, los estudiantes de las principales universidades mexicanas iniciaron la práctica de conmemorar el 2 de octubre y comenzaron a incorporar otras demandas sociales además de la búsqueda de la verdad durante la represión del 68 1. Cabe insistir que, durante los primeros años, el movimiento fue mayoritariamente estudiantil ya que diferentes grupos políticos de izquierda estaban debilitados y algunos operaban en la clandestinidad.
 
Sin embargo, las protestas, las exigencias y el recuerdo de aquel trágico día no se constriñeron a las remembranzas anuales. La memoria se mantuvo viva dentro de las aulas universitarias, ahí donde no llegó ni la censura ni la vigilancia del gobierno. En ese entorno se rememoraron los hechos que habían vivido los estudiantes y maestros para de ese modo ser legado a las siguientes generaciones. Así, desde ese momento surgió la frase que al día de hoy se mantiene guía la búsqueda de justicia: “dos de octubre, no se olvida”.
 
La configuración y los alcances del movimiento cambiarían desde finales de los años setenta, cuando el gobierno de José López Portillo (1976-1982) realizó una reforma política en la que reconoció constitucionalmente a los partidos políticos como “entidades de interés público”. A partir de este momento, movimientos y partidos políticos de izquierda, así como sindicatos, principalmente universitarios, se incluyeron en las conmemoraciones del 2 de octubre y tomaron su liderazgo. También durante esta etapa, los discursos y las exigencias cambiaron. En este punto comenzó a hablarse sobre el esclarecimiento de los hechos y saber la verdad de lo que había pasado; asimismo, el discurso se transformó y los actores del movimiento del ‘68 pasaron a ser pioneros de la lucha democrática en el país.
 
El partido en el poder siempre estuvo en jaque desde los acontecimientos del 2 de octubre hasta la entrada del nuevo milenio. Durante los años ochenta hubo una serie de hechos que marcaron esa década: el terremoto que afectó el centro del país en 1985, la huelga estudiantil de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) (1986-1987) y las elecciones presidenciales donde Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) resultó ganador en unos comicios fraudulentos. Todos estos sucesos dieron como resultado la revitalización del movimiento del ‘68 y de las organizaciones de izquierda. El gobierno de Salinas de Gortari tuvo que mostrarse abierto y conciliador con varios sectores sociales para ganar legitimidad. La coyuntura fue aprovechada por los líderes del ‘68 para lograr que el movimiento creciera aún más.
 
En ese contexto, desde la esfera institucional se comenzó a hablar del esclarecimiento de los hechos. Los tiempos habían cambiado y con ellos la sociedad civil se fortaleció y tomó gran importancia en la escena pública.
 
En 1993 se intentó crear una comisión por parte de la Cámara de Diputados para la investigación de lo ocurrido veinticinco años atrás. Este fue un primer antecedente pues la investigación que habían propuesto los diputados no prosperó, pero no fue el único intento, ya que el 2 de octubre de 1997 se formó una comisión especial para investigar los sucesos del ‘68. De igual forma que su predecesora esta comisión no tuvo acceso a distintos archivos del gobierno, por lo que sus resultados fueron limitados.
 
La entrada al nuevo siglo trajo consigo renovadas esperanzas para el movimiento. Después de más de 70 años de gobierno el partido en el poder había sido derrotado y daba paso a una alternancia política que no se mostró indiferente ante el movimiento. Al comienzo del sexenio de Vicente Fox (2000-2006) se ofreció a abrir al público los expedientes del ‘68 del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), cuyo archivo tenía los documentos de direcciones policiales ya extintas y de organismos de inteligencia que participaron activamente durante ese año y la posterior Guerra Sucia; para octubre del 2001, en tanto, se desclasificaron esos expedientes, pero sólo tuvieron acceso a ellos la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) que fue creada especialmente para investigar y castigar a quienes resultaran culpables.
 
Cabe aclarar que pese a la promesa de hacer pública la información no sucedió así y sólo la Fiscalía tuvo acceso.
 
La vida de la FEMOSPP fue de alrededor de seis años y sus logros fueron cuestionables. Por un lado, hubo muchos avances en el esclarecimiento de lo sucedido durante el movimiento del ’68: sacó a la luz los nombres de los responsables del ejército, de la policía y del gobierno que participaron directa e indirectamente en los hechos. Asimismo, la Fiscalía promovió dos grandes juicios por los delitos de genocidio y privación ilegal de libertad en la matanza del 2 de octubre de 1968 y del 10 de junio de 1971 (este último se produjo durante la Guerra Sucia). No obstante, se demostró que la organización de la Fiscalía careció de una organización plural al no incluir a representantes de la sociedad civil, y que la justicia en México tenía límites. A principios del 2007 la FEMOSPP comenzó a desarticularse pues la Procuraduría General de la República (PGR), institución de la que dependía, consideró que ya había realizado su labor principal.
 
Lo más increíble del asunto fue que al final no se castigó a ninguno de los inculpados pues las causas y acusaciones que les imputaron fueron desestimadas, y por si fuera poco el expresidente Luis Echeverría, que fue señalado como el principal responsable, fue exonerado en 2009.
 
Hoy en día la memoria de aquel 2 de octubre se mantiene viva debido a que el movimiento se ha transformado en los últimos años. Junto a las demandas históricas sobre el esclarecimiento de los hechos y el legítimo reclamo de saber la verdad, se han añadido otras demandas sociales vinculados al sector estudiantil. De esta manera, hoy en día se escuchan las demandas por que se haga justicia en casos donde los estudiantes, en épocas recientes, fueron reprimidos, encarcelados y hasta desaparecidos; asimismo se pide por el acceso a una educación universitaria de calidad y mejoras en las oportunidades laborales. También se unieron otros sectores como el magisterio, los sindicatos y Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que encontraron un espacio para hacer públicas sus demandas que año tras año en lugar de disminuir, aumentan y se diversifican.
Cartel del diseñador gráfico Fernando Escobar Tavera

Lo que se enseña sobre el 68

 
Ya hemos atendido, en lo general, las vicisitudes que tuvieron que pasar las víctimas del movimiento del ‘68 para que sus demandas se vieran cumplidas, al menos parcialmente, puesto que todavía queda mucho por esclarecer. Ahora me parece interesante exponer brevemente cómo se ha explicado el movimiento estudiantil a la sociedad en general.
 
Líneas arriba se mencionó que la memoria de los hechos y la lucha del movimiento estudiantil quedaron vivas dentro de las aulas universitarias. Sin embargo, desde ese entonces, tal como ahora, el porcentaje que puede ingresar a una educación universitaria es muy bajo ya que hasta hace un año (2017) sólo el 17% de la población entre 25 y 64 años podía tener estudios universitarios y gran parte de ese porcentaje se concentra en las principales ciudades del país.
 
Cabe mencionar que en México la Educación básica (primaria y secundaria) 2 es laica, gratuita y obligatoria, y está regulada por el Estado a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP). También hay una notable presencia de escuelas privadas; sin embrago, se tienen que ceñir al modelo educativo que marca la SEP. En este sentido, el gobierno es quien se encarga de definir los temas que se tienen que estudiar en diferentes áreas del conocimiento.
 
Si bien al día de hoy se cuenta con una amplia gama de libros de texto a elegir, éstos están acreditados por la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), entidad que produce, supervisa y avala los contenidos de los libros que se distribuyen en las escuelas de educación básica.
 
Hablar del ‘68 en México en los libros de Historia oficial en la educación primaria es relativamente nuevo. Hasta el año de 2007 en la educación básica se utilizó un libro cuyo último tema a estudiar era “La consolidación del México contemporáneo” que tenía que ver con los logros del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964); es decir, el libro de historia que estudiamos hasta bien entrado el siglo XXI terminaba justo antes de la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz (Garrido, 1997).
 
Para la nueva generación de libros que se editaron a partir de 2008 el penúltimo capítulo del libro de historia de quinto grado habla sobre las principales transformaciones de México e incluye un breve capítulo sobre el movimiento estudiantil, pero el texto se queda sólo en la descripción del movimiento sin llegar a los hechos del 2 de octubre (Reyes, 2010). No es sino hasta las dos últimas generaciones de libros para primaria (2011 y 2014) que se menciona la represión en unas cuantas líneas.  Luego de describir las demandas del movimiento estudiantil del ‘68 el texto continúa:
 
 
En respuesta los manifestantes fueron agredidos. Muchos murieron, otros resultaron heridos y encarcelados. La hostilidad del gobierno y de los medios de comunicación hacia el movimiento estudiantil fue tal, que su magnitud fue silenciada.  3 (Reyes, 2016).
 
 
En el caso de los libros de educación secundaria sabemos que los títulos y contenidos para este nivel educativo no variaron en lo fundamental y que tuvieron una redacción muy parecida. En la página electrónica de la CONALITEG, se pueden consultar 25 ediciones diferentes pero que, al tener un programa de estudios bien definido, no varían mucho el contenido, el estilo ni la redacción del tema que trata el movimiento estudiantil de 1968.
 
Por otro lado, en la actualidad los ciudadanos de México y el mundo asumimos que somos y nos desarrollamos dentro de la sociedad de la información. Lo anterior nos coloca en una situación privilegiada ya que a partir de diversas herramientas digitales conocidas como las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) podemos procesar, transmitir generar y almacenar información digitalizada.
 
Para el caso del movimiento estudiantil de 1968, las TICs sirven de mucho para divulgar los hechos y hacer un recuento pormenorizado de lo que sucedió hace cincuenta años. Un ejemplo loable es la plataforma “A 50 del 68” que está integrada por la revista Proceso, del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT), el Centro Nacional de Comunicación Social (CUENCOS) y Cultura Colectiva (CC), cuyo objetivo es, por un lado, dar a conocer de una manera innovadora cada uno de los acontecimientos desde el 22 de julio hasta el 12 de octubre, día de la inauguración de los juegos olímpicos de aquel año.
 
Por otro lado, la idea es que las generaciones jóvenes conozcan esos acontecimientos por medio de las redes sociales, como Facebook, Twitter e Instagram con el hashtag #a50del68. El objetivo es que en cada fecha importante se publicarán pequeños fragmentos de lo que ocurrió, así como fotos o videos de documentos fidedignos. De igual modo la misma plataforma notifica eventos académicos y culturales que conmemoran al movimiento estudiantil.
 
Aunado a esa plataforma el Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (AHUNAM) puso a disposición del público los principales documentos, en formato digital, sobre el ‘68. Este acervo consta de cerca de seis mil documentos que se dividen en siete colecciones que contienen fotografías, propaganda, notas periodísticas y textos que se generaron durante el movimiento.
 
Estos son solo dos ejemplos de organizaciones e instituciones que se comprometieron con la sociedad en general y que utilizan recursos modernos para poder mantener vigente la memoria y promover la reflexión sobre lo que aconteció hace cincuenta años. A pesar de esto, estamos lejos de poder decir que al día de hoy ya se tengan en claro los pormenores del movimiento estudiantil de 1968, ya que cada año surgen nuevos testimonios y evidencias que aportan algo nuevo a la información que se tiene.
 
El 2 de octubre no se olvida, no porque sea una frase que se repita en las marchas o mediáticamente desde hace cincuenta años, sino porque se convirtió en consigna de la lucha social en México. El 2 de octubre no se olvidará pues trascendió el ámbito local y temporal en México y se coló a toda lucha estudiantil y social hasta nuestros días; esta consigna nos recuerda que hay muchas cosas, sobre todo en materia de justicia, pendientes en México y nos exige que nos mantengamos atentos a los nuevos tiempos que se aproximan.
Fotograma de la serie “Verano del 68” emitida por UNAM TV

Epílogo

 
Mientras doy una de las últimas revisiones de este escrito, encontré una nota del diario digital Sin Embargo que se titula “El gobierno de Peña censuró Verano del 68, y la UNAM la revivió: Carlos Bolado”.  La nota da cuenta del testimonio del director quien produjo esta serie que consta de 13 capítulos y que muestran los distintos episodios del movimiento del ‘68 y el papel represor del gobierno de Díaz Ordaz (Maristain, 2018).

 

El trabajo había sido producido desde 2010, sin embargo, fue comprado por una dependencia de la Secretaría de Gobernación, entidad que, a juicio del director, decidió censurarlo. No fue sino este año (2018) en el marco de la conmemoración del cincuenta aniversario del movimiento estudiantil, la UNAM haciendo valer su papel de coproductora, decidió estrenarla en su propio canal (TVUNAM).

 

Esta es una muestra de que a cincuenta años del ‘68, todavía desde la esfera gubernamental, existe mucha resistencia a hablar abiertamente de lo ocurrido. Todos los documentos, testimonios, informaciones, series radiofónicas, televisivas y proyecciones cinematográficas han salido a la luz pública gracias al apoyo y la presión social que ejerce su derecho a saber la verdad. Esto es un gran logro que vale la pena ser mencionado.

Notas:

  1. Líneas arriba se dijo que el gobierno de Echeverría intentó mostrarse como un gobierno que no seguía la misma política que su antecesor y que incluso se había mostrado dispuesto a liberar a los líderes estudiantiles y a otros presos políticos. Sin embargo, durante su mandato inició un nuevo periodo de represión y persecución hacia los movimientos estudiantiles y de izquierda que se conoce como la “Guerra Sucia”. Este es otro tema que valdría la pena relatar en otro momento.
  2. En el caso de la educación primaria se decretó como obligatoria desde la promulgación de la Constitución de 1917; esta educación abarca seis niveles, desde los seis hasta los doce años. Por su parte, la educación secundaria que consta de tres años, es decir de los doce hasta los quince, se hizo obligatoria hasta el 1993.
  3. Es de hacer notar que hay una pequeña pero significativa variación en la redacción de esta edición con la que se hizo en la generación del 2011. Como pueden observar la cita arriba señalada termina con la frase “La hostilidad del gobierno y de los medios de comunicación hacia el movimiento estudiantil fue tal, que su magnitud fue silenciada”. Sin embargo, en la edición de 2012 el párrafo termina diciendo “La hostilidad del gobierno y de los medios de comunicación hacia el movimiento estudiantil fue tal, que este crimen quedó oculto y falseado”. (Reyes, 2012)
Jorge Hernández Díaz
jorgehd.unam@gmail.com

Maestro en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctorando en Historia por la misma Universidad.