El día que juntos recuperamos nuestro mar

¿Cómo podríamos recuperar el mar los bolivianos? Tal vez en el cielo, donde apunta, cual si quisiera señalarnos y decirnos que allá descansa la respuesta a esa pregunta eterna, el índice de la mano izquierda de la estatua de Eduardo Abaroa, héroe emblema de la resistencia frente al invasor chileno en la Guerra del Pacífico – ubicada justo en el centro de la plaza que lleva su nombre como homenaje. Este año como cada 23 de marzo desde 1953, en la plaza Abaroa se celebrarían los actos conmemorativos del Día del Mar.

 

Los preparativos esta vez requerían más tiempo y planificación. El Ministerio de Culturas del Estado Plurinacional de Bolivia era responsable de realizar documentales sobre la Guerra del Pacífico y las consecuencias económicas de la pérdida del litoral, pero como el pedido tardó demasiado en ser procesado y aprobado en los recovecos de la burocracia plurinacional, simplemente se acordó en que se utilizaría un presupuesto especial destinado a la compra de lienzos, banderas y escarapelas, para ser lucidas en el desfile por los miles de funcionarios públicos paceños en la noche del 22 y la mañana del 23 de marzo.

 

El 23 de marzo, a las 12:45 pm. el Vicepresidente Álvaro García Linera empezó su discurso llamando al silencio. Silencio en honor de los héroes de la cruenta batalla, una batalla injusta que debía terminar. En el punto alto de su intervención, que estuvo dirigida a los medios de comunicación del país, altos mandos militares y ministerios, sostuvo la idea de que ya “llegó el momento para que los organismos internacionales, los gobiernos amigos y el mundo entero, reconozcan que Bolivia nació a la vida republicana con una salida marítima, y por ello, ahora el gobierno del proceso del cambio, ha tomado la tarea de reencausar las negociaciones para demandar al gobierno chileno la salida que nos arrebató”. Los aplausos no se hicieron esperar y a cada minuto que se oían las palabras “soberanía”, “desarrollo económico”, “guerra injusta”, “militares”, “pueblo en su conjunto” se hicieron no sólo más recurrentes sino que adquirieron un tono más solemne y patriótico, como hace años no se escuchaba.

 

Cuando fue turno de Evo Morales, Presidente del Estado, las palabras fueron un poco distintas, pero el fondo de su discurso fue el mismo. Un país casi aniquilado a causa del enclaustramiento marítimo. Otro país que se niega a dialogar y no se comporta como amigo. Unas fuerzas armadas que son, y han sido siempre, el bastión de defensa de la soberanía del Estado. Un gobierno acompañado de organizaciones sociales que luchará y agotará todas las medidas y escenarios para recuperar el mar para los bolivianos, porque todos los bolivianos necesitan conocer el mar.

 

La idea había sido sembrada. El gobierno tenía como norte, luego de la repercusión mediática de los desajustes económicos que derivaron en la escasez de azúcar, el alza de los precios en la canasta familiar y el gasolinazo, la recuperación del mar. Los Ministerios de Defensa, de Culturas y de Educación serían los encargados de elaborar una estrategia política – y mediática – para que todos los bolivianos y los residentes en el país llegados de otros lugares, además de los representantes políticos de Chile y Perú, asumieran la importancia que tiene el mar para el desarrollo y crecimiento de un país. Y como añadido, para que apoyaran la demanda marítima porque el mar pertenecía históricamente a los bolivianos.

 

 
 
Los Preparativos

 

Se realizaron documentales con imágenes de distintos archivos porque todas aquellas imágenes que disponía el Museo de Historia Militar no eran adecuadas y el trabajo de edición hubiera retardado demasiado el producto final. No se trataba de ser fieles a la historia, la intención era despertar la emotividad en los ciudadanos. El agresor: el pueblo chileno. Los indefensos: el sorprendido ejército boliviano que no tuvo ni la oportunidad ni el tiempo de reaccionar a tiempo ante la ofensiva militar chilena. Los impostores: todos aquellos diplomáticos que quisieron una salida al mar pero que se enfrascaron en bizantinas reuniones bilaterales. El escenario ya tenía a sus actores. La fecha, el 29 de abril de 2011. El pueblo, una vez más, como cada vez que los temas urgentes pasan a tercer plano, empezó a demandar una salida al mar.

 

Dirigentes campesinos, obreros, cívicos de todos los lugares del país, opositores y miembros del gobierno, reclamaban en todas las arenas donde se presentaban: el mar era un derecho inalienable de todos y cada uno de los bolivianos y recuperarlo era un deber cívico, patriótico y militar.

 

Dentro de la Unidad de Comunicación del Ministerio de las Culturas, los dos directores unieron sus cabezas en una danza frenética contra el tiempo y la historia. Acordaron que se necesitaba un evento masivo que concitara la atención de los medios y del pueblo en general. Un espectáculo donde diríamos al mundo, o al menos al continente, que Bolivia nació con mar y debería volver a tenerlo. Una conversación:

 

 

– ¿Se acuerdan de las Olimpiadas del 39 en Alemania?
 

 

Silencio
 

 

– Lo que necesitamos es hacer algo así, yo recuerdo que hicieron un documental sobre las olimpiadas, y se explotó la figura de Hitler para encumbrarlo. Necesitamos hacer algo así.
 
– ¿Pero cómo?
 
– Pediremos que el canal nacional nos apoye en cámaras. Nosotros vamos a diseñar cómo se deben tomar las imágenes y a quiénes entrevistar, y con todo ese material haremos un documental y lo mandaremos a nuestras embajadas de todo el mundo.
 
– No es mala idea, de hecho, creo que se podría realizar. Pero casi no hay tiempo.
 
– Eso no importa. Tampoco necesitamos mucho equipo, con unas cuantas cámaras y dos entrevistados es suficiente.
 
– Sí, pero necesitamos algo más.
 
– Afiches, puede ser.
 
– Sí, pasacalles y propaganda. Que salga en el canal estatal cada que termina un programa, como cortina entre sección y sección.
 
– También grabar dos o tres spots, en aymara, en quechua y en castellano, para que no molesten y los hacemos pasar por la red de radios Patria Nueva, ¿qué les parece?
 
– Sí, eso está bien.
 
– Además, el Presidente ha dicho, que se deben agotar los esfuerzos. Así que no se van a poder negar.
 
– Entonces, vayan organizando todo, yo me voy a reunir con los otros ministros y veremos de cuánto dinero disponemos.
 

 

Se resolvieron algunos detalles administrativos concernientes a la gestión del Ministerio de Culturas y se volvió a priorizar el tema del mar. La reunión entre los dos directores de la Unidad de Comunicación, los Viceministros de Interculturalidad, Turismo, Descolonización, y la Ministra de Culturas, terminó con abrazos y apretones de manos y los asistentes salieron con diversas tareas pendientes y sobre todo el sentimiento de que habían logrado el consenso para entre todos recuperar el mar.
 
Se diseñaron postales con imágenes de Eduardo Abaroa, de los Astilleros de Tocopilla y Antofagasta y de un buque anclado en medio del mar. Todas las fotos fueron bajadas de Internet o escaneadas de viejos libros de texto escolar que explican lacónicamente los motivos y consecuencias de la Guerra del Pacífico. Cuando se propuso que se revisara el archivo de la carrera de Historia o de la Academia Militar para cotejar fechas y fotos, se nos volvió a decir que el tiempo estaba sobre nosotros y que era una pérdida de esfuerzos cotejar datos si todos sabían cuándo y dónde había sido la masacre marítima. Esas eran las órdenes y las instrucciones, no perder el tiempo en minucias o imágenes de archivo inéditas. Con Wikipedia bastaba.
 
¿Quién habrá contactado al cantautor argentino Piero? Se le explicaron las condiciones de su visita y los motivos. Él dijo que justamente estaba escribiendo una cancioncilla que hablaba sobre la libertad y la metáfora del mar, y que no tendría problemas en adaptarla y ponerle algunas palabras más para estrenarla a su llegada al país. Risas de gratitud y sorpresa. Los interlocutores celebraban la significativa coincidencia. Otro encargado habló con Eduardo Galeano, quién en un primer momento dijo que sí, pero días antes del evento manifestó que le era imposible llegar por motivos de salud.
 
Se mandaron a confeccionar más de 3000 poleras blancas, con letras serigrafiadas en azul que decían:
 
JUNTOS RECUPERAMOS EL MAR
 

 

Los estudiantes de primaria y secundaria de los Colegios Ayacucho, Liceo Valenzuela, Liceo La Paz y el Colegio Bolivia prepararían el armado de mosaicos con banderolas en las graderías del Estadio Hernando Siles. Se le pidió al cantante de música protesta Luis Rico que interpretara una de sus canciones. Se negoció la llegada de dos conjuntos de Chile, uno de folklore: Inti Illimani, y el otro de rock punk: Los Miserables. Así también se delegó al grupo de rock Deszaire la composición de una canción alusiva a la fecha: el grupo entregó la canción “Corazones Azules”. El coro de niños de la coral boliviana ensayó la canción “Yo quiero un mar”. Se contrató a los grupos folklóricos bolivianos Kollamarka y Rijchari para que interpretasen a dos canciones cada grupo antes del cierre del evento. Se encargó la compra de mil globos aerostáticos y 30 minutos de fuegos artificiales. Finalmente, se concretó la presencia de representantes de medios de comunicación en radio y prensa de Chile y dirigentes del partido de la Igualdad y de los Obreros de Chile.
 
Todo esto se hizo para que el 29 de abril de 2011 en el Estadio Hernando Siles se realizase el Día de la Reivindicación Marítima. Se convocaba a los ciudadanos a asistir a todas las actividades programadas, enfatizando además que sería el momento indicado para mostrarle a la comunidad internacional que Bolivia estaba unida en su demanda de recuperar el mar.
 

 

 
El día que el mar se convirtió en banderita
 
Aquel día desde tempranas horas de la mañana, en las inmediaciones del Estadio se vivía un ambiente similar al que habría en la final de la Copa América. Helados de todas las empresas, vendedores ambulantes de algodón de azúcar y globos de colores de distintas formas y precios. Superman, Bambi, cocodrilos amarillos y culebras azules. Señoras que vendían sándwiches de huevo, enrollado, apanado de carne, escabeche de pollo con locoto picado y salsa de ají colorado, choripanes, hotdogs. Hombres cargando canastas repletas de bolsas de papas fritas y pipocas, vendedores de gafas de sol, de gorros de cartón y de asientos de tergopol.

 

En las puertas del estadio la gente preguntaba si el ingreso tenía algún costo. Las chicas emo, vestidas con jeans ajustados a la cadera y soleras en tonos pasteles compraban helados, y dudaban si entrar o no. Si ingresar al estadio a celebrar el día de la reivindicación marítima sería un momento para ver a los chicos o sólo para pasar las horas.

 

Poco a poco aparecieron los últimos vendedores que faltaban. Los que ponían el precio justo al metro cuadrado de banderas bolivianas y los que, quizás más osados o tal vez desesperados por tener el producto estocado en los almacenes, sacaron a la venta las verdes camisetas de la selección nacional. Muchos otros se sacaban fotos con sus celulares en el ingreso con las delegaciones de estudiantes que llegaban acompañados de una banda de música.

 

Dentro del estadio el ambiente era otro. Se ultimaban los detalles del sonido y de iluminación del palco principal. Runa Marka hacia prueba de sonido a eso de las dos de la tarde mientras un camión de la PIL distribuía Pilfrut a los estudiantes que desde medio día estaban en sus lugares repitiendo, por enésima vez, el orden de los mosaicos que mostrarían a los pescadores. La pantalla gigante del estadio se encendió y empezó el documental sobre la Guerra del Pacífico. Luego de que terminara apareció el logo del Ministerio de Culturas que permaneció como fondo de pantalla hasta que empezó el evento.

 

El canal estatal interrumpió su programación habitual y empezó a transmitir el evento en directo, mientras una voz en off preguntaba si había llegado o no el programa final del evento. Las autoridades fueron llegando desde las tres de la tarde. El primero en llegar fue el senador por Cochabamba, Adolfo Mendoza; quién dijo: “Este es un gran día para los bolivianos, hoy vamos a poner de nuevo en el tapete la demanda histórica del mar. Es el deseo del señor Presidente del Estado Plurinacional que todos los bolivianos nos unamos en este día porque el mar significa progreso y desarrollo para todos nosotros”.

 

El Ministro de Comunicación, Iván Canelas cuando se le preguntó si el mar significaba una forma de desarrollo para Bolivia manifestó lo siguiente: “El mar es de Bolivia y significa una salida al mar, al Pacífico y por ello es necesario que todos nos unamos en una sola voz pidiendo a la comunidad internacional que interceda por nosotros ante Chile y encontremos pronto una solución a este problema”.

 

El Gobernador de Cochabamba, Edmundo Novillo, dijo: Yo creo que el mar es para todos los bolivianos y que no podemos quedarnos en el pasado. Fue una guerra injusta y perdimos porque no teníamos las condiciones, ahora todo ha cambiado. Y lo que pedimos es que se nos escuche y se nos devuelva el mar, porque el mar es progreso y bienestar para todos los productores y comerciantes que trabajan día a día para hacer de esta una patria grande”.

 

La Ministra de Defensa, Cecilia Chacón, cuando se le preguntó acerca del significado del día de la reivindicación marítima, manifestó que “es una gran oportunidad para vivir una fiesta democrática, una fiesta donde la soberanía del Estado y de la nación boliviana están en juego, es un día que quedará en la memoria de todos porque hoy entre todos los bolivianos demostraremos que nuestra demanda es legítima y que el mar es nuestro, recuperarlo es un deber”.

 

A las cuatro y media de la tarde hizo su ingreso el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, junto al Vicepresidente, Álvaro García Linera. Morales hizó la tricolor, y García Linera la Whipala, mientras cantaban el Himno Nacional en su versión larga. Los estudiantes de los colegios armaron el mosaico de la bandera tricolor y lo mantuvieron hasta que las banderas estuvieron flameando en lo alto del mástil.

 

A las 4:38 se entonó el Himno del Mar y luego se procedió a dar lectura al Decreto Supremo Nº 859 que instaura el Premio Eduardo Abaroa a las iniciativas públicas o privadas que ayuden a recuperar el mar de los bolivianos. El Decreto dicta la institucionalización de la educación cívica y patriótica, así como un premio en metálico, no especificado, que será otorgado a quienes hayan contribuido a la lucha por la reivindicación marítima. Este decreto instruye a los medios de comunicación a dedicar al menos un día a la semana a publicar y difundir mensajes con contenido patriótico y en referencia a la demanda marítima.

 

Mientras todo aquello sucedía, los dos jefes de la Unidad de Comunicación tuvieron que resolver un problema por separado. Uno de ellos se encargó de realizar las notas desde la pista de atletismo, ya que el encargado de hacerlo se dedicó a entrevistar a los demás periodistas al viejo estilo: puntabola y libreta en mano. Ella, la otra mitad de ese cuerpo inseparable, Jefe de Comunicación y, sobre todo, especialista en protocolo y regalona de sonrisas condescendientes, estuvo pendiente de los canapés, pasteles y cafés estuvieran listos y fueran distribuidos a todos los invitados de honor que ya sufrían el viento seco de la tarde.

 

Al término de la lectura del decreto se escucharon las notas iniciales del llamado segundo himno de Bolivia, la cueca “Viva mi patria Bolivia”. El Presidente y la Ministra de Defensa bailaron mientras recibían los aplausos de los invitados especiales y delegados internacionales con los que compartían el palco. En la tribuna los estudiantes armaban de nuevo el mosaico con la tricolor boliviana y el espejo celeste en cuyo centro se veía un corazón negro.

 

Al final de la cueca, el maestro de ceremonias empezó a nombrar a todos los presentes a tiempo de agradecerles su visita y su participación en tan importante fecha. Se detuvo especialmente en saludar en quechua y en aymara a los representantes de estas naciones, lo que generó una gran ovación por parte de quienes estaban sentados tanto en el palco como en las tribunas. Cuando terminó de saludarlos dio la orden de que soltasen los globos aerostáticos que representaban los sueños y anhelos de todos los bolivianos por recuperar el mar y sus costas pérdidas a causa de una guerra injusta. “Los globos mostrarían al mundo entero nuestro mensaje, un mensaje de unidad y hermandad por una causa noble y necesaria como es la salida al mar para Bolivia. ¡Viva Bolivia! ¡Viva el Mar de Bolivia! ¡Viva nuestro Presidente Evo Morales!” gritó cuando los globos ya se encontraban en el firmamento.

 

Tras esas palabras presentaron al cantautor Piero que declaró su agrado por estar de nuevo en La Paz y acompañar desde su sitio la demanda del pueblo boliviano. Interpretó una canción llamada “Yo soy”, su estribillo decía “Bolivia es como un barco que sale al mar”.

 

Entretanto, los encargados de promoción cultural se hicieron presentes en la pista de atletismo y tras una breve reunión con la mitad femenina de la jefatura de Comunicación del Ministerio de Defensa, abrieron presurosos las bolsas de yute que acababan de llegar. En ella estaban todas las poleras blancas que el serigrafista había terminado de secar. Muchas de las poleras fueron entregadas en los distintos Ministerios por medio de la Unidad de Recursos Humanos, pero las que llegaban recién a contemplar el evento eran para ser regaladas a los asistentes cuando estos ingresaran al estadio. Para subsanar el retraso en el tiempo de entrega, tuvieron que entregar varias poleras a los primeros de cada fila para que las fueran pasando hasta atrás.

 

Al final de la canción tomó la palabra el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, Almirante Armando Pacheco Gutiérrez, quien señaló que la demanda marítima es un derecho histórico del pueblo boliviano, pero que también se deberían priorizar otras salidas. “Existe la Hidrovía Paraguay-Paraná, está el Puerto de Ilo que nos es dado por un acuerdo bilateral, y no estamos aprovechándolo como se debe. Nosotros tenemos la capacidad para asentarnos en esos territorios y levantar soberanía y desarrollo desde esos puntos que para muchos están olvidados en la geografía perdida de nuestro continente. Nosotros como Fuerzas Armadas y como Naval de nuestra nación somos conscientes del potencial que tenemos en esas costas y por ello nos hemos permitido redactar un plan de acción alternativo que es el que entregamos ahora a nuestras autoridades, para que lo evalúen y vean las posibilidades de darle viabilidad cuanto antes, porque el mar está ahí y sólo tenemos que esforzarnos en alcanzarlo. El mar es nuestro, nos pertenece por derecho y recuperarlo es un deber de hoy y siempre”.

 

Luego de esas palabras, al promediar las 17:20, Luis Rico resaltó la calidez de “este evento de sentimiento nacional, que nos une y nos compromete a luchar por nuestros derechos”. Luego interpretó la canción compuesta para la fecha, “Canción por un continente” que en un momento decía que todos los bolivianos se unirán en un gran abrazo cuando por fin sus pies puedan ser lavados en las aguas del Pacífico.

 

Tras algunos arreglos en los micrófonos, la entrega del disco de Luis Rico El mar nuestro de cada día a todos los asistentes del palco y los saludos protocolares correspondientes, se dio el micrófono a Aucan Huilcaman, representante del pueblo Mapuche. El dirigente dijo que su pueblo se siente comprometido en la recuperación del mar boliviano porque el gobierno que lo arrebató también destruyó su nación y su cultura. Huilcaman, resaltó la necesidad del liderazgo indígena para restablecer el territorio ancestral de los pueblos del continente que fue pisoteado por intereses foráneos. Intereses, que según las palabras del dirigente, “siguen vivos en las oligarquías que nos gobiernan, en los partidos políticos que intentan representarnos y los militares que siempre han sido sus lacayos serviles porque les gusta el poder pero no son capaces de tomarlo, ellos son los que nos han destrozado humana y territorialmente, por eso estoy aquí como representante del pueblo Mapuche, porque está lucha es de todos, aquí se decide quién tiene el poder”. Cuando terminó de hablar el estadio en pleno lo aplaudió y muchos de los representantes del gobierno boliviano lo abrazaron y lo felicitaron por sus palabras.

 

Inmediatamente se alistó todo para que ingresase el grupo Inti Illimani al escenario. Igual que Rico hablaron sobre el mar antes de interpretara las dos únicas canciones que ejecutarían esa noche. Dijeron que ellos estaban ahí porque creían en Bolivia y que no les importaba que diarios como La Tercera o El Comercio los llamasen traidores, arribistas y oportunistas, a ellos lo que les importaba era responder a las expectativas de un pueblo que lucha por su soberanía y por su libertad marítima. Remataron diciendo: “En Chile se nos sentenció. Se nos dijo que, si veníamos, perderíamos la nacionalidad chilena, pero igual estamos aquí y si nos quitan nuestra nacionalidad, estamos seguros de que el Presidente Morales no se negará a darnos la boliviana”. El Presidente rompiendo el protocolo se levantó de su asiento y abrazó al que acababa de decir esas palabras. Ambos se miraron alrededor de unos cinco segundos en los que no se dijeron nada, pero la alegría se veía reflejada en sus rostros que fueron mostrados a todo el estadio por medio de la pantalla gigante, que acercaba el evento a los sectores más lejanos del estadio.

 

A las seis de la tarde, el coro de niños del Conservatorio Nacional interpretó la canción “Yo quiero un mar”, fue el momento para lanzar otra serie de globos blancos al cielo y pedir a todos los bolivianos que se unan en la lucha para recuperar el mar.
 

 

– ¿Dónde están los videos?

 

– No sé. Hemos traído cuatro en total. Uno para la cámara fija de don Zenón, otra para la que está en exteriores con el Mauricio, y dos casettes para nosotros.

 

– ¡Nada más! Pero si te he dicho que esto va a durar toda la tarde, Kevin. No sé qué harás, volá, conseguí mínimo dos más. Tenemos que tener por lo menos 30 horas en imágenes para que el documental salga poderoso. Con las tomas desde el suelo que tienes lo vamos a mostrar al Evo y a la Ministra. Y luego vamos a poner marchas de fondo. Pero hay que tener imágenes de respaldo para eso. Así que no sé qué harás, pero me consigues casettes ahorita.

 

– Debe haber por aquí. Además a este casette le queda una media hora más.

 

– Tomá. Andá al centro en taxi y compras, pero volá. Yo voy a seguir dando vueltas y grabando. Hay que aprovechar que todavía tenemos sol.

 

– ¿La factura la pongo al nombre del Ministerio?

 

– No. A mi nombre nomás, anotaté mi NIT.

 

– Ya vuelvo entonces.

 

– Ah, Kevin, me lo compras una hamburguesa del frente cuando estés volviendo.

 

– Listo.
 
 
A las seis con tres minutos, el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, dio su mensaje a la nación. Un mensaje donde primaron los datos históricos y los datos de pérdidas económicas a causa de no tener salida al Pacífico. Dijo que el mar siempre había sido considerado como boliviano, pero las ansias del Chile lograron tergiversar la historia. “Nuestro pueblo nació con mar, y es momento de recuperarlo, la historia nos lo demanda, porque ya no podemos estar enclaustrados en nuestro fatalismo a causa de una guerra injusta e inoportuna. Nosotros demandamos a Chile una revisión de los tratados firmados hasta la fecha para que así encontremos una salida en los niveles de la diplomacia. Nuestro interés no es generar una guerra, es tiempo de dialogar. De romper los muros que nos dividen y acercarnos como hermanos que somos. Pidamos a la OEA o a las Naciones Unidas su mediación. No tenemos miedo a esos niveles porque sabemos que nos darán la razón. Una salida compartida al mar nos permitirá desarrollarnos mutuamente y aprender unos de otros, no se trata de quitarles algo, se trata de trabajar conjuntamente por el bienestar de nuestros pueblos. Unámonos entonces en un solo grito: ¡Viva Bolivia¡, ¡Viva el Mar de Bolivia!”.

 

No bien el Presidente terminaba de pronunciar su discurso, las notas de la Marcha Naval empezaron a salir altisonantes por los parlantes negros ubicados en distintos puntos del estadio y, una vez más, los estudiantes armaron con sus banderas de plástico mosaicos que formaban cuadro a cuadro el mar, la bandera tricolor, el cielo blanco con el corazón negro en su centro y una variación: las olas del mar, esta vez con la tricolor boliviana en su interior.

 

El maestro de ceremonias agradeció la disponibilidad, el tiempo y la presencia de todos los asistentes, y de todos aquellos que hicieron posible la realización del evento, y pidió a los asistentes que se quedaran en sus asientos porque tendrían la oportunidad de disfrutar de la actuación del grupo Deszaire, que interpretaría la canción “Corazones azules” en honor al Día de la Reivindicación Marítima. Mientras Deszaire tocaba, las graderías del estadio se fueron vaciando. Los únicos que se quedaron en sus asientos fueron todas aquellas chicas y chicos vestidos de negro o con prendas de verano que habían estado sentados desde mediodía esperando ese momento y que para entonces ya estaban sintiendo la rudeza del frío nocturno. Para afrontar el mal tiempo, empezaron a ponerse de pie y bailaron al ritmo de los acordes de la canción.

 

La mayoría de los funcionarios públicos se dirigieron a las puertas, que ya se encontraban abiertas, dado que a lo largo del evento estaban cerradas y custodiadas por efectivos de la policía militar. El instinto de alguna manera los guió en el repliegue. Fueron agrupándose según a las instituciones a las cuales pertenecían y salieron presurosos a las calles de Miraflores. Los funcionarios públicos que aún estaban atrapados en las filas para subir a sus distintos transportes públicos o en el césped del estadio, podían ser reconocidos con facilidad.

 

Llevaban en sus manos una pancarta de goma blanca con la siguiente inscripción en letras azules:

 

 

MAR
MAR
MAR
 
 
– ¿Te vas a quedar?

 

– Sí, un rato más. Estamos encargados de llevar las cámaras al Ministerio.

 

– Suerte, entonces. Yo me voy, me está haciendo frío.

 

– ¿Y para qué te estás llevando esa cosa?

 

– De recuerdo…

 

– ¿En serio?

 

– No, como pues, tan fea que es, por mí la boto. Lo que pasa es que están numeradas, están con nuestro número de ítem, y si no la presentamos el lunes nos descuentan tres días de haber.

 

– ¿De verdad? Qué cagada, yo no sé donde dejé la mía. Mejor la busco.

 

– Sí, buscá, habían varias botadas por el baño. Creo que no todos saben que hay que devolverlas.

 

– Uf, pero la cosa es encontrar la que tiene mi número.

 

– Ah, sí, cierto. Bueno, yo me voy. Nos vemos el lunes. Chau, te cuidas.

 

– Nos vemos.
 
 
Y en la cóncava inmensidad de la estrellada noche de La Paz, los miembros del protocolo presidencial subieron al palco de invitados portando un último obsequio. Una bandera. Una tela costurada a los costados de alrededor de 30 por 40 centímetros, de color celeste que tenía impreso el dibujo del mar con unas olas golpeando modestamente las rocas de la costa. Estaba escrita a ambos lados en letras negras, groseramente dispuestas y disfuncionales al sentido del dibujo.
 

 

Mojémonos        En el MAR
 
boliviano
 
 
Los miembros del protocolo las entregaron presurosos porque el Presidente tenía que marcharse para oficiar de anfitrión en la cena que se realizaría horas después en la residencia presidencial. Mientras los embajadores, cooperantes europeos, delegados consulares, y el presidente de Venezuela Hugo Chávez recibían las banderas, sus miradas buscaban no solo más datos sino la confirmación de que esas banderas debían acompañarlos hasta sus residencias, porque olvidarlas hubiera significado un desaire.
 
Esas banderas significaban el mar para Bolivia. Esas banderas era todo el mar que Bolivia podía en ese momento presentar como suyo.
 
Con esas banderas en las manos de los diplomáticos e invitados especiales, que se movían al ritmo de la canción compuesta por encargo se fue cerrando la noche. Los fuegos artificiales iluminaban intermitentemente el firmamento. Una vez más, como a lo largo de toda la tarde, la voz del maestro de ceremonias se escuchó ensordecedora y llena de júbilo: ¡Viva Bolivia! ¡Viva el Mar de Bolivia! ¡Juntos recuperaremos nuestro Mar!
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Crónica sobre la primera conmemoración del Día de la Reivindicación Marítima (23 de marzo de 2011) y que forma parte del libro “Bolivia a toda costa: crónicas de un país de ficción” (Editorial El Cuervo, 2012). Prólogo y selección de Fernando Barrientos.
Christian J. Kanahuaty
kanahuaty.j.christian@gmail.com