Manifiestos del 68: palabras en conflicto

Pocos géneros textuales se encuentran más cercanos del cruce entre cultura y política que los manifiestos. Desde su “escena originaria” en el opúsculo de Marx y Engels de 1848 hasta encarnaciones más recientes –pero no por eso menos fundacionales–, como la Primera Declaración de la Selva Lacandona, se trata de textos volcados a la interpelación de sus circunstancias. Al involucrarse de manera radical con su coyuntura, buscan articular un sentir epocal y crear el vocabulario que mejor interprete el momento en que se sitúan. Por eso hemos querido rescatar algunos textos contenciosos de 1968, un año rico en animosidad de lucha.

 

Tres textos surgieron de esa invocación: el Llamamiento de La Habana, emanado del congreso cultural realizado en Cuba que agrupó a intelectuales de todas partes del mundo; la declaración de los participantes de Tucumán Arde, experiencia artística que reunió a investigadores sociales, periodistas y artistas visuales en torno a la precarización de la provincia argentina; y el llamado a la Gran Marcha Silenciosa, del 13 de septiembre, convocada por el Consejo Nacional de Huelga en el México convulso de la movilización estudiantil. Tres momentos que evidencian la fuerza de las palabras, su utilización como otras armas de protesta y como la ocupación de un espacio que hoy resuena con incierta familiaridad.
Llamamiento de La Habana 1

 

En una época en que el número y el papel de los intelectuales en los procesos sociales son radicalmente diversos de lo que fueron hasta no hace mucho, y ello tanto en el plano de las ciencias y las técnicas, de la producción material y de la gestión, de la formación e información de los hombres como en el de la creación cultural; en una época en que, objetivamente, se encuentran en las posiciones de las clases trabajadoras y de los movimientos de liberación nacional, y adquieren mayor conciencia de este hecho; en una época en que el imperialismo norteamericano hace pesar sobre la vida misma de los pueblos y sobre el porvenir de la cultura el peso de una amenaza universal;

 

Nosotros,

 

intelectuales venidos de 70 países y reunidos en congreso en La Habana, proclamamos nuestra activa solidaridad con todos los pueblos en lucha contra el imperialismo, y muy particularmente con el heroico pueblo de Viet Nam.

 

Convencidos de que dichos pueblos han de hacer frente a una empresa global dirigida por el imperialismo norteamericano, secundado éste de diversos modos por todos los demás, y que tiende a mantenerlos o a volver a hundirlos, en un estado de sujeción y subdesarrollo económico, social y cultural; convencidos asimismo de que el imperialismo, encabezado por los Estados Unidos, para desarrollar su dominación, extiende o refuerza la agresión militar, política, económica y cultural, particularmente en Corea, Laos y Cambodia, en el Congo (K), en el mundo árabe, en las colonias portuguesas de África, en Venezuela, Bolivia, así como en otros países; convencidos por otra parte de que los trabajadores de los países capitalistas son objeto de una explotación sustentada en el mismo sistema económico; comprobamos que dicha empresa de dominación se despliega bajo todas las formas de las más brutales a las más insidiosas, y que se sitúa a todos los niveles; político, militar, económico, racial, ideológico y cultural. Se apoya en medios financieros gigantescos y dispone de oficinas de propaganda enmascaradas como instituciones culturales.

 

El imperialismo intenta hacer prevalecer, mediante las técnicas más variadas de adoctrinamiento, el conformismo social y la pasividad política; al mismo tiempo, un esfuerzo sistemático tiende a movilizar a los técnicos, hombres de ciencia e intelectuales en general, al servicio de los intereses y los objetivos capitalistas y neocolonialistas. Así, talentos y habilidades que podrían y deberían participar en una obra de progreso y liberación se ven convertidos en los instrumentos de la comercialización de la cultura, de la degradación de los valores, y del mantenimiento del orden social y económico impuesto por el sistema capitalista. El interés fundamental, el imperioso deber de los intelectuales exigen de éstos que resistan y respondan sin vacilar a dicha agresión: se trata de apoyar las luchas de liberación nacional, de emancipación social y descolonización cultural de todos los pueblos de Asia, África y América Latina, y la lucha contra el imperialismo, en su centro mismo, sostenida por un número cada día creciente de ciudadanos negros y blancos de los Estados Unidos. Se trata, para los intelectuales, de participar en el combate político contra las fuerzas conservadoras retrógradas y racistas, de desmitificar su ideología, de afrontar las estructuras que la sustentan y los intereses a que sirve.

 

Por todo ello, desde La Habana, en medio del pueblo revolucionario de Cuba, y después de una confrontación de ideas caracterizada por la libertad de expresión tan indispensable para las batallas y las tareas de hoy, como para la nueva sociedad que de ellas surgirá, llamamos a los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza, a los estudiantes, a emprender y a intensificar la lucha contra el imperialismo, encabezado por el imperio norteamericano, a tomar la parte que les corresponde en el combate por la liberación de los pueblos.

 

Este compromiso debe reflejarse en una toma de posición categórica contra la política de colonización cultural de los Estados Unidos, lo cual implica un rechazo de toda invitación, toda beca, todo empleo o todo programa cultural o de investigación, en la medida en que dicha aceptación constituyera una colaboración con la política mencionada.
Tucumán Arde: declaración de la muestra de Rosario 2

 

A partir del año 1968 comenzaron a producirse dentro del campo de la plástica argentina, una serie de hechos estéticos que rompían con la pretendida actitud de vanguardia de los artistas que realizaban su actividad dentro del Instituto Di Tella, la institución que hasta ese momento se adjudicaba la facultad de legislar y proponer nuevos modelos de acción, no sólo para los artistas vinculados a ella, sino para todas las nuevas experiencias plásticas que surgían en el país.

 

Estos hechos que irrumpieron en la decantada y exquisita atmósfera estetizante de las falsas experiencias vanguardistas que se producían en las instituciones de la cultura oficial, fueron connotando incipientemente el lineamiento de una nueva actitud que conduciría a plantear el fenómeno artístico como una acción positiva y real, tendiente a ejercer una modificación sobre el medio que lo generaba.

 

Esta actitud apuntaba a manifestar los contenidos políticos implícitos en toda obra de arte, y proponerlos como una carga activa y violenta, para que la producción del artista se incorporara a la realidad con una intención verdaderamente vanguardista y por ende revolucionaria. Hechos estéticos que denunciaban la crueldad de la guerra de Vietnam o la radical falsedad de la política norteamericana indicaban directamente la necesidad de crear no ya una relación de la obra y el medio, sino un objeto artístico capaz de producir por sí mismo modificaciones que adquieran la misma eficacia de un hecho político. El reconocimiento de esta nueva concepción llevó a un grupo de artistas a postular la creación estética como una acción colectiva y violenta destruyendo el mito burgués de la individualidad del artista y del carácter pasivo tradicionalmente adjudicado al arte. La agresión intencionada llega a ser la forma del nuevo arte. Violentar es poseer y destruir las viejas formas de un arte asentado sobre la base de la propiedad individual y el goce personal de la obra única. La violencia es, ahora, una acción creadora de nuevos contenidos: destruye el sistema de la cultura oficial, oponiéndole una cultura subversiva que integra el proceso modificador, creando un arte verdaderamente revolucionario. El arte revolucionario nace de una toma de conciencia de la realidad actual del artista como individuo dentro del contexto político y social que lo abarca.

 

El arte revolucionario propone el hecho estético como núcleo donde se integran y unifican todos los elementos que conforman la realidad humana: económicos, sociales, políticos; como una integración de los aportes de las distintas disciplinas, eliminando la separación entre artistas, intelectuales y técnicos, y como una acción unitaria de todos ellos dirigida a modificar la totalidad de la estructura social: es decir, un arte total.

 

El arte revolucionario acciona sobre la realidad mediante un proceso de captación de los elementos que la componen a partir de una lúcida concepción ideológica basada en los principios de la racionalidad materialista.

 

El arte revolucionario, de esta manera, se presenta como una forma parcial de la realidad que se integra dentro de la realidad total, destruyendo la separación idealista entre la obra y el mundo, en la medida en que cumple una verdadera acción transformadora de las estructuras sociales: es decir, un arte transformador.

 

El arte revolucionario es la manifestación de aquellos contenidos políticos que luchan por destruir los caducos esquemas culturales y estéticos de la sociedad burguesa, integrándose con las fuerzas revolucionarias que combaten las formas de la dependencia económica y la opresión clasista: es, por lo tanto, un arte social.

 

La obra que realiza el Grupo de artistas de vanguardia es la continuación de una serie de actos de agresión intencionada contra instituciones y representantes de la cultura burguesa, como por ejemplo la no participación y el boicot al Premio Braque, instituido por el Servicio Cultural de la Embajada de Francia, que culminó con la detención de varios artistas que concretaron violentamente el rechazo.

 

La obra colectiva que se realiza se apoya en la actual situación argentina, radicalizada en una de sus provincias más pobres, Tucumán, sometida a una larga tradición de subdesarrollo y opresión económica. El actual gobierno argentino, empeñado en una nefasta política colonizante, ha procedido al cierre de la mayoría de los ingenios azucareros tucumanos, resorte vital de la economía de la provincia, esparciendo el hambre y la desocupación, con todas las consecuencias sociales que ésta acarrea. Un “Operativo Tucumán” elaborado por los economistas del gobierno, intenta enmascarar esta desembozada agresión a la clase obrera con un falso desarrollo económico basado en la creación de nuevas o hipotéticas industrias financiadas por capitales norteamericanos. La verdad que se oculta detrás de este Operativo es la siguiente: se intenta la destrucción de un real y explosivo gremialismo que abarca el noroeste argentino mediante la disolución de los grupos obreros, atomizados en pequeñas explotaciones industriales u obligados a emigrar a otras zonas en busca de ocupación temporaria, mal remunerada y sin estabilidad. Una de las graves consecuencias que este hecho acarrea, es la disolución del núcleo familiar obrero, librado a la improvisación y al azar para poder subsistir. La política económica seguida por el gobierno en la provincia de Tucumán tiene el carácter de experiencia piloto, con la que se intenta comprobar el grado de resistencia de la población obrera para que, subsecuentemente a una neutralización de la oposición gremial, pueda ser trasladada a otras provincias que presentan características económicas y sociales similares.

 

Este “Operativo Tucumán” se ve reforzado por un “operativo silencio”, organizado por las instituciones del gobierno para confundir, tergiversar y silenciar la grave situación tucumana, al cual se ha plegado la llamada “prensa libre” por razones de comunes intereses de clase.

 

Sobre esta situación, y asumiendo su responsabilidad de artistas comprometidos con la realidad social que los incluye, los artistas de vanguardia responden a este “operativo silencio” con la realización de la obra Tucumán Arde.

 

La obra consiste en la creación de un circuito sobreinformacional para evidenciar la solapada deformación que los hechos producidos en Tucumán sufren a través de los medios de información y difusión que detentan el poder oficial y la clase burguesa. Los medios de comunicación son poderosos elementos mediadores, susceptibles de ser cargados de contenido diverso; de la realidad y veracidad de los contenidos depende la influencia positiva que estos medios producen en la sociedad. La información sobre los hechos producidos en Tucumán vertida por el gobierno y los medios oficiales tiende a mantener en el silencio el grave problema social desencadenado por el cierre de los ingenios, y a dar una falsa imagen de recuperación económica de la provincia que los datos reales desmienten escandalosamente. Para recoger estos datos y poner en evidencia la falaz contradicción del gobierno y de la clase que los sustenta, el grupo de artistas de vanguardia viajó a Tucumán, acompañado de técnicos y especialistas, y procedió a una verificación de la realidad social que se vive en la provincia. El proceso de la acción de los artistas culminó con una conferencia de prensa, donde hicieron público, y de manera violenta, su repudio a la actuación de las autoridades oficiales y a la complicidad de los medios culturales y de difusión que colaboran en el mantenimiento de un estado social vergonzoso y degradante para la población obrera tucumana. La acción de los artistas fue realizada en colaboración con grupos estudiantiles y obreros, que se integraron así a la materialización de la obra.

 

Los artistas viajaron a Tucumán con una amplia documentación sobre los problemas económicos y sociales de la provincia y un conocimiento detallado de toda la información que los medios habían elaborado sobre los problemas tucumanos. Este último informe había sido sometido previamente a un análisis crítico para medir el grado de tergiversación y desvirtuación ejercido sobre los datos. En una segunda instancia se elaboró la información recogida por los artistas y técnicos que serviría para la realización de la muestra que se presenta en las Centrales Obreras. Y finalmente, la información que los medios han elaborado sobre la actuación de los artistas en Tucumán, integrará el circuito informacional de la primera etapa.

 

La segunda parte de la obra es la presentación de toda la información reunida sobre la situación y sobre la actuación de los artistas en Tucumán, parte de la cual será difundida en sindicatos y centros estudiantiles y culturales, así como la muestra que en forma audiovisual y actuada se realiza en la CGT de los Argentinos regional Rosario y posterior traslado a Buenos Aires.

 

El circuito sobreinformacional que tiene como intención básica promover un proceso desalienante de la imagen de la realidad tucumana elaborada por los medios de comunicación de masas, tendrá su culminación en la tercera y última etapa al provocar una información de tercer grado que será recogida y formalizada en una publicación donde constarán todos los procesos de concepción y realización de la obra y toda la documentación producida junto con una evaluación final.

 

La posición adoptada por los artistas de vanguardia les exige no incorporar sus obras a las instituciones oficiales de la cultura burguesa, y les plantea la necesidad de trasladarlas a otro contexto; esta muestra se realiza entonces en la CGT de los Argentinos, por ser éste el organismo que nuclea a la clase que está a la vanguardia de una lucha cuyos objetivos últimos comparten los autores de esta obra.

 

María Teresa Gramuglio y Nicolás Rosa

 

Participan en esta obra: María Elvira de Arechavala, Beatriz Balvé, Graciela Borthwick, Aldo Bortolotti, Graciela Carnevale, Jorge Cohen, Rodolfo Elizalde, Noemí Escandell, Eduardo Favario, León Ferrari, Emilio Ghilioni, Edmundo Giura, María Teresa Gramuglio, Martha Greiner, Roberto Jacoby, José María Lavarello, Sara López Dupuy, Rubén Naranjo, David de Nully Braun, Raúl Pérez Cantón, Oscar Pidustwa, Estella Pomerantz, Norberto Puzzolo, Juan Pablo Renzi, Jaime Rippa, Nicolás Rosa, Carlos Schork, Nora de Schork, Domingo J. A. Sapia, Roberto Zara.

 

Rosario-CGT de los Argentinos, 3 al 9 de noviembre de 1968.
Convocatoria a la Gran Marcha del Silencio, México 1968 3

 

Al pueblo

 

El Consejo Nacional de Huelga convoca a todos los obreros, campesinos, maestros, estudiantes y pueblo en general, a la

 

Gran Marcha del Silencio

 

En apoyo a los seis puntos de nuestro pliego petitorio:

 

  1. Libertad de todos los presos políticos.
  2. Derogación del artículo 145 del Código Penal Federal.
  3. Desaparición del cuerpo de granaderos.
  4. Destitución de los jefes policiacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías.
  5. Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
  6. Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
En la que exigiremos la solución inmediata y definitiva por parte del Poder Ejecutivo a nuestras demandas.

 

Reiteramos que nuestro Movimiento es independiente de la celebración de los XIX Juegos Olímpicos y de las fiestas cívicas conmemorativas de nuestra independencia, y que no es en absoluto intención de este Consejo obstruir su desarrollo en lo más mínimo. Reafirmamos, además, que toda negociación tendiente a resolver este conflicto debe ser pública.

 

La marcha partirá a las 16 horas del día de hoy, viernes 13, del Museo Nacional de Antropología e Historia, para culminar con un gran mitin en la Plaza de la Constitución.

 

Ha llegado el día en que nuestro silencio será más elocuente que las palabras que ayer callaron las bayonetas.

Notas:

  1. [Obtenido de Casa de las Américas N°47 (marzo-abril 1968): 100-101]
  2. [Obtenido de Ana Longoni y Mariano Mestman, Del Di Tella a “Tucumán Arde”. Vanguardia artística y política en el 68 argentino. Buenos Aires: EUDEBA, 2010. 233-235]
  3. [Obtenido de Elena Poniatowska, La noche de Tlatelolco. Testimonios de historia oral. México: Ediciones Era, 2014. 104]
Matías Marambio de la Fuente
matias.marambiodlf@gmail.com