Versos a la Memoria o Poesía (des)Aparecida

La extraordinaria humanidad de nuestro pueblo en resistencia es una llama que no se extinguirá, porque hace 50 años, llevaron el sueño de un Chile popular que se construía a pulso y sin permiso, donde el mayor orgullo fue aportar a las transformaciones necesarias para una sociedad sin discriminaciones. En ancha masividad y desprendimiento se volcaron sonrientes a la causa de un Chile con su pueblo como protagonista.
 
Los dispositivos culturales manifestaron esa efervescencia, los libros por primera vez llegaban a las casas más modestas, la música se esparcía en todas las plazas, las orquestas populares infantiles comenzaban a ramificarse, el acceso a la educación y el buen vivir permitieron que el periodo de la Unidad Popular sea recordado como un reír en colectividad, con mucho trabajo sin duda, pero por primera vez un trabajo que no era enajenado ni expoliado.
 
Nuestro pueblo se puso a echar versos por todos los vientos. La gente se atrevió a escribirle al amor. Aquellos que ya tenían alguna experiencia fundaron colectivos de escritores, gestionaron publicaciones propias. Fueron mil días de creación heroica y colectiva.
 
Ya en la clandestinidad, aunque pareciera ilógico, muchos de ellos y ellas sólo encontraron algo de sazón escribiendo, algunos lo hicieron presintiendo la cobardía infame de lo que ocurriría con la dictadura; otros ya siendo detenidos y torturados, persistieron en su humanidad de manera estremecedora y cualquier recurso sirvió para seguir resistiendo sostenidos por el cordel donde extendieron sus últimas líneas.
 
Esta recopilación es un modesto homenaje a todos ellos y ellas, a quienes pudieron escribir y a quienes no. A quienes llevaron a la palabra parte de su quehacer, de su sentir, de su forma diáfana de interpretar la vida. Sepan que están con nosotros, clavados en los pechos de nuestras casas, seguirán abriendo chilcos y las tencas se mantendrán cantando para ustedes, porque de acá nos los borra nadie compañeros/as.
Ariel Santibáñez Estay
 
El Espantatriste
 
Una alteración de pájaros
ocupa a todos mis sentidos.
El día con su caballo gris
es una sombra más, una sombra.
Soy más oscuro que una iglesia
ocultando su penumbra.
Soy un pájaro que se enreda en sus propias alas.
De mi depende encerrar
a las palomas en la casa del sol,
sin embargo me despreocupo de ellas
y colecciono estampillas con rostro de vírgenes,
Y a veces, como me gusta caminar,
salgo a la calle disfrazado de espantatriste
y regreso sin ojos, sin nariz, sin orejas.
Y ahora vuelvo a hacer lo mismo.
 
(Arica, 1967)
 
 
Domingos
 
Minuciosamente los domingos
de esta vida provinciana me caminan,
más la desenmascaro en la retreta
de oberturas, cuecas, valses.
Y hay militares que cargan instrumentos
En vez de fusiles, porque es domingo
y hay retreta
–amarga música de vuelos frustrados de palomas–
Encontrar a jóvenes mientras pasean
circularmente riéndose y contándose
noticias imprevistas; entre vitrinas
y neones es vida de domingo.
Para olvidar, a veces el silencio
de una amada: un cine;
pero ni películas italianas de vaqueros terminan
con la dulce úlcera de la ciudad lampiña.
 
(Arica, agosto 1968)
 
 
La maleta vacía
 
Vacía la maleta nos dejaste, abuelo, por tantos
años, podridos por el aire y los pulmones,
también se te pudrieron y las fosas nasales
desatadas por la soledad, la pampa ferroviaria.
Allí: Carmen Alto, donde las esperanzas
se te fueron a la cresta —como a todos
los hombres de esta tierra, para no regresar
como pensabas; Carmen Alto, allí donde tú
fuiste, paradero inglés, espalda chilena
para carga inglesa, testigo de los muchos
que cayeron sin guerra verdadera.
Mi abuelo,
en sala común,
regresando realmente hasta nosotros,
con la maleta más vacía que nunca.
 
 
Discorrayado
 
La vieja vitrola del tío, muerto a mediados de siglo,
todavía toca discos de repente, y son 78 giros por minuto.
Y giró y gira el mundo para todos:
mi padre le hacía escuchar a mi madre
la voz de Gardel y el verdadero sentido del amor.
Y soy, yo soy el que toma la manija estas tardes
de domingo, y doy vuelta y vuelta y te hago
escuchar Gardel, y tú, Gladys, sigues el movimiento
silenciosamente, pensando, quizá, en nuestro lejano hijo.
 
 
Ariel Danton Santibáñez Estay, casado, ex estudiante de la Universidad del Norte (Antofagasta), profesor de castellano, militante del MIR. Gana el Premio Municipal de Arica (1967) en la “Semana de la Ciudad”, con el seudónimo de “Gladiador”. Fue cofundador de  la Revista “Tebaida” (fortaleza en el desierto) en la misma ciudad.
 
A los 26 años, fue detenido por la DINA el 13 de noviembre de 1974 en lugar y circunstancias que se ignoran, siendo visto después de su arresto en el recinto denominado Villa Grimaldi regentado por ese organismo de seguridad.
 
Cabe hacer notar que Ariel Santibáñez Estay, fue detenido por primera vez en noviembre de 1973 en la ciudad de Antofagasta, permaneciendo recluido 3 días en el Cuartel de Investigaciones de la ciudad, en donde fue violentamente interrogado con golpes y aplicación de corriente eléctrica en todo el cuerpo, principalmente en los testículos y uñas. Una vez en libertad, encontrándose en casa de sus padres reponiéndose de las torturas, lo fueron a detener los mismos detectives aprehensores de la vez anterior; pero esta vez, con la ayuda de sus vecinos, logró huir permaneciendo 3 meses oculto, para en definitiva viajar a Santiago. Poco antes de su aprehensión del 13 de noviembre de 1974, había comentado a su hermana Ingrid que se había topado con uno de los detectives aprehensores de Antofagasta y que incluso lo habían seguido en el interior de la FISA. Su esposa, Gladys Rojas Segovia, pierde al hijo que lleva en su vientre por un schok nervioso, debido al allanamiento y la desaparición de Ariel.
Máximo Gedda Ortiz
 
Amanece
 
Anda a tu casa compañero,
y revuelve tu miseria
de cualquier casa que tengas,
saca sacude el miedo,
recoge los muertos,
toma un extenso vaso de agua para tu sed tan vieja,
ármate del dolor que vamos a usarlo mucho,
junta tu equipaje,
colócalo en la puerta,
tómate una foto tú mismo
del tipo «Buscado»
y clávala antes de salir en el pecho de tu casa,
clávala después de salir en el pecho de los galpones,
en el vientre de los trenes,
en el gran pecho de debajo de la tierra,
en el pecho de los muertos de aquí de ahora que siguen muriendo,
en los grandes pechos llorados por donde ha rodado tanta cabeza de hijo
promisorio
y sigue rodando.
Brutalmente amanece,
picotean los pájaros en tu hígado de batalla,
no sabes que amanece.
Por la rendija en que sobrevives nos asomamos todos,
entre cementos,
picanas,
puntapiés y garrotes,
se perdió tu perfil y cada cual alarga su mano y te recompone,
ya sabíamos esto y sin embargo lo aprendemos.
Preguntaste alguna vez también por tu hijo
apretaste alguna vez también los dientes
cerraste el libro de golpe,
descubriste el día con espanto,
arrinconaste a tu mujer,
dijiste la palabra con dureza,
abriste una puerta,
la cerraste,
entraste,
te quedaste,
aquí estás, de este lugar verdaderamente no te saca nadie
eso es lo importante,
ni con fusiles ni con patadas,
de aquí no te borra nadie,
aquí estás por lo que hiciste no
porque te destruyeron.
 
Marzo 1974
 
 
¿Dónde serás guardado, dónde?
Se atreverán a abrirte una brecha en la tierra de los cementerios?
¿Te pondrán de espalda acaso en una zanja desconocida?
¿Te entregarán de costado, encogido, desarmado,
como caigas, a una pila común de enterrados,
donde te abrazarás extraordinariamente con los otros?
 
Serás guardado aquí,
en una mortaja mañanera
con la cual cada uno corta su miseria/
y ocupa su día cada día con su deber/
y lo acompaña con el mismo canto/
que no hay otro.
Serás guardado aquí
serás repartido aquí
se arreglarán tus cuentas aquí
se sacará tu lección
se ocupará tu lugar
y el jirón de tu camisa convertido en bandera/
y la certeza de tu gesto en metralla/
y por donde él iba contigo entró
seguiremos entrando
y en la gran rendija histórica
¡Aquí estás!
 
Último poema, 1974, Santiago.
 
 
Máximo Antonio Gedda Ortiz, periodista, militante del MIR, fue detenido por la DINA el 16 de julio de 1974, en hora y circunstancias que se ignoran. Al día siguiente, fue llevado por 5 agentes a la residencia ubicada en Providencia 1722, 6° piso, perteneciente a un amigo de su familia, don Juan Bautista Rossetti Colombino, ex-parlamentario, Ministro de Estado y Embajador de Chile en Francia. Allí fue visto por la empleada doña Norma Inostroza quien le abrió la puerta. Permaneció encerrado en una pieza -en la cual pernoctaba algunas veces- acompañado por 4 de los agentes, por alrededor de unos 10 minutos. Luego se despidió de la empleada diciéndole que volvería enseguida. No volvió nunca más a esa casa. Es uno de los 25 periodistas desaparecidos y/o asesinados en Chile entre 1973 y 1990. De esos 25, 13 son detenidos desaparecidos, entre ellos Máximo.
 
A los 15 años Máximo integraba el grupo Espiga, de jóvenes cristianos, como poeta y cuentista. Su hermano, Francisco Gedda, le contagió el gusto por la fotografía y en 1967 lo trajo a Santiago. Máximo animó el primer programa emitido por Televisión Nacional desde los nuevos estudios de Bellavista #0990, el 18 de septiembre de 1970. Con 22 años, integraba un grupo de asistentes de dirección y camarógrafos formados en 1969 por el español Manuel Calvelo. El joven se desarrolló profesionalmente, escribió poesía, colaboró en Punto Final y descolló como dirigente sindical.
Mónica Llanca Iturra
 
El sueño que se hará realidad
 
Desde el día en que te conocí
supe que te amaría toda una vida
y ahora tu ves
que te amo más que nunca
te quiero, te quiero mucho
mi pequeño niño
tú, tú nunca me dejarás
no es verdad? mi amor?
no, nunca me vas a abandonar
porque tú serás mío
y yo seré tuya
solo tuya podría ser
dime mi amor,
cuándo vas a llegar
ese día en que tuya he de ser
en que nos amamos
para nunca separarnos
cuando llegue ese día
mi corazón llorará,
llorará de alegría
porque desde ese día
se sentirá todo tuyo
tú me vas a hacer muy feliz
lo mismo que yo a ti
pasaremos nuestras penas juntos
pero el amor siempre va a brillar
en nuestro lugar
porque así debe ser
Oh ¡mi vida, lo único
que deseo es que pronto
llegue ese día
en que nos tengamos
que unir por toda una vida!
 
 
Poema que escribe Mónica Ghislayne Llanca Iturra a a su esposo Manuel. Posteriormente fue detenida por agentes de la DINA el 6 de setiembre de 1974; fue vista por testigos en el ex Cuartel Ollagüe, en la calle José Domingo Cañas, Ñuñoa, como también en el recinto Cuatro Álamos, desde donde desapareció. Su nombre apareció en la lista de los 119 de la Operación Colombo. Nació en Santiago el 28 de julio de 1951, casada y madre de un niño. Era funcionaria del Gabinete Central de Identificacion.
 
“El 6 de septiembre de 1974, a las 3:30 hrs de la madrugada, unos golpes rudos sacuden la puerta de nuestra casa en Conchalí (Cordillera de los Andes #5319). Entran unos hombres armados; 2 civiles y los otros uniformados de la FACH, al mando de un hombre que coincide fisicamente con los rasgos de Osvaldo Romo Mena. Sin exhibir orden alguna ni formular ningún cargo, excepto que debían llevársela. Yo les exigí que me mostraran la orden de detención, a lo que me respondieron en forma negativa. Les propuse que me llevaran a mí, pues ella tenía que estar con la guagua de 2 años y 2 meses. Pero todo fue en vano; luego de proceder a allanar la casa sin encontrar nada que la comprometiera, sólo la dejaron que sacara del baño un cepillo de dientes, y de paso se despidió de mí con un beso tembloroso que todavia lo siento”.
 
Testimonio de Manuel Maturana Palma, a quien está dirigido este poema.
Jaime Ossa Galdames
 
Familia numerosa
 
La madre está al centro de la mesa dispuesta.
El padre vigila en la puerta entornada.
Ella distribuye el pan con manos dormidas,
él mantiene fresca el agua con su aliento cansado:
para los ausentes que se fueron,
para los invitados que no llegan.
 
Hay un silencio en los muros de la casa.
 
Jamás dudaron que una noche romperían sus brazos
y olvidarían sus rostros para combatir el horizonte
con pájaros en las alforjas y semillas en los zapatos.
 
Piensan si ya tarda el mensajero
con noticias que ya saben y aromas que aún respiran.
 
La madre reparte el pan.
El padre refresca el agua.
Se duerme la casa en un silencio de rostros,
se cubren los muros de huellas ausentes.
 
Era una familia numerosa: así nos dice la crónica del viento.
 
 
Jaime Ignacio Ossa Galdames, profesor de castellano de la Universidad Católica y militante del MIR, fue detenido el 20 de octubre de 1975, cuando tenía 32 años. Profesor de castellano de colegio y de la Universidad Católica de Chile, catedrático americano de Ciencias Fónicas y Teatro Chileno e Hispanoamericano, ejerciendo hasta el día de su detención.
 
Alrededor de las once horas del 20 de octubre de 1975, seis agentes de la DINA –cinco hombres y una mujer– entraron violentamente a la casa de Jaime Ossa, en calle Argentina #9157, comuna de La Cisterna. Sólo se encontraban sus padres y José Moya Raurich, también militante del MIR, quien fue atado e interrogado. Jaime Ossa llegó cerca de las doce e inmediatamente fue golpeado, mientras trasladaban a sus padres a otra pieza. Aproximadamente a las quince horas se llevaron a ambos jóvenes envueltos en frazadas y los subieron a una camioneta. “Desde ese día no volvimos a ver a Jaime”, declara su prima Rosa Reyes. Sus tíos permanecieron cinco días retenidos e incomunicados en su propio hogar, convertido en una ratonera por agentes de la DINA.
 
Jaime Ossa murió luego de 5 días seguidos de tortura; recibiendo golpes, siendo colgado en árboles, recibiendo descargas de electroshock. Sufrió un paro cardiaco luego de que sus torturadores le suministraran agua y continuaran con las descargas eléctricas.
 
Fue miembro del primer Taller de Escritores de la Universidad Católica, creado en 1969, que publicó numerosos libros con la producción de sus integrantes. La Sociedad de Escritores de Chile (SECh), de manera inédita lo declaró socio póstumo.
Juan Bautista Barrios Barros
 
Los ojos verdes son malos
Los azules traicioneros
Los cafés como los tuyos
Son puros y también sinceros
 
El color café me gusta
El color café prefiero
Porque café son los ojos
De la chiquilla que yo quiero
 
 
Juan Bautista Barrios Barros nació el 16 de junio de 1947 en Santiago. Casado, dos hijos, era obrero en Vittorino Calzados. Militante del MIR, al momento de su detención participaba en el Grupo Político Militar 9 en el sector de Barrancas, actual Pudahuel, cuyo jefe era Luis Julio Guajardo Zamorano. Allí realizó tareas de propaganda y formación política junto a Ofelio de la Cruz Lazo Lazo y Eduardo Enrique Alarcón Jara. El 27 de julio de 1974, a los 27 años, fue detenido en un operativo de la DINA a cargo de Osvaldo Romo, cuando ingresaba a su casa en Villa Manuel Rodríguez. Días después se detuvo también a los militantes mencionados Ofelio Lazo y Eduardo Alarcón. Los tres permanecen en condición de desaparecidos.
Jorge Peña Hen
 
La Serena, 12 de Septiembre de 1973
 
Querida Nella e hijos:
 
Siempre tuve el sentimiento premonitorio que mi vida terminaría a los 45 años. Siempre pasó por mi mente esa idea punzante, sin definir qué, cómo, y sin intuir las circunstancias en que ello podría ocurrir.
 
Presiento que mi fin está próximo, que mi fin material no tardará en llegar, así como el fin de mi atormentada vida interior ya ha sucedido. He querido, por tanto, escribirles este último mensaje, lo cual creo me aliviará y me permitirá afrontar con entrega la dura prueba (…).
 
Hoy he tenido información del fusilamiento de algunos compañeros, que no han hecho en su vida otro daño que luchar por sus ideales. Sabemos y sé que muchos de nosotros estamos marcados y sentenciados por el delito de amar a la humanidad, al hombre histórico, a través de la construcción de un nuevo orden, de real libertad, igualdad y justicia social (…).
 
 
Carta escrita entre los días 12 y 13 de septiembre de 1973 por el músico, compositor, maestro y académico de la Universidad de Chile, Jorge Peña Hen; un escrito en una hoja que lleva el membrete de la Universidad de Chile, que quedó inconcluso luego que fuera tomado prisionero. El 16 de octubre de 1973 fue fusilado, junto a otros 14 prisioneros políticos, por la comitiva de militares que integraron la denominada “Caravana de la Muerte”, a su paso por La Serena. Tenía 45 años.
 
Jorge Peña Hen fundó el Conservatorio Regional de Música, la Sociedad de Música de Cámara y el coro Juan Sebastián Bach. En 1964 creó la primera Escuela Experimental de Música y la primera Orquesta Sinfónica de Niños de Iberoamérica. Su sueño era que la música fuera accesible y se esparciera por todos los rincones de esta sociedad.
 
En prisión y ocupando como recurso un fósforo quemado sobre papel de cigarrillo escribe su última composición: Melodía inconclusa, sin título.
Luciano Durán Böger
 
El Pañuelo
 
Adiós
Ya nos vamos
¿Volveremos
al punto de partida
de un 11 de septiembre? ¡No!
Ya nos vamos
hermanos chilenos
que nadie
siembre alegrías
sobre la sangre caliente
de las calles de Santiago
Ya nos vamos
de aquí
de este encerrón colectivo;
dentro
de nuestro corazón boliviano
dos manos
se dan la mano
y el hambre
hecho dolor abrió una zanja profunda;
en nuestros pechos hermanos
se dan
un abrazo de adiós,
Chilenos y Bolivianos.
 
 
Luciano Durán Böger fue un escritor, poeta y novelista boliviano. Nació en el departamento del Beni en Santa Ana de Yacuma en 1904. En 1973, estando en Chile, Durán Böger fue detenido en calidad de prisionero político luego del golpe de Estado, siendo recluido en el Camarín Nro. 3 del Estadio Nacional de Chile.
 
El día 9 de octubre de 1973, con motivo del traslado de los reclusos bolivianos del camarín y sin saber hacía dónde los llevarían, pidió un papel para escribir un poema de despedida; no habiendo papel, pidió a Santiago Cavieres, escritor, poeta y abogado chileno, también recluido, que le alcanzará un pañuelo. El pañuelo fue firmado por los prisioneros del camarín y conservado por Santiago Cavieres, quien lo entregó a su esposa antes de ser trasladado a Chacabuco. Luciano Durán sobrevivió a la reclusión y la tortura y el pañuelo fue donado al archivo del Museo de la Memoria.
Erick Valenzuela Bello
evalenzuelabello@gmail.com