Es demasiado triste

Ella cree que es la protagonista de esta historia pero no lo es. Ella cree que esto girará en torno a ella pero no lo hará. Y aunque el tiempo le hará creer a todos que esto se trata de solo una historia de amor, de una banda de rock que se termina por un mal amigo, de una calentura y un montón de celos, ellos saben que esto se trata de mucho más que eso.

 

Ellos tienen diecisiete años y una banda y como en casi todas las bandas (o conjunto, ellos llamarán a esta banda conjunto) habrá un genio talentoso insoportable propenso a las adicciones, un responsable con poco casi nada de talento y un tercero que para efecto de esta historia no nos importa. Años después, ella se enamorará del responsable con poco casi nada de talento, con él hará una vida no roquera, con él cambiará pañales después de los ensayos y con él arrendará una casa donde lo esperará despierta los días de concierto. Ella se sentirá sola y triste un día cualquiera, sentirá que su vida es demasiado normal para ser la mujer de un roquero y le abrirá las puertas de su casa al amigo genio talentoso insoportable propenso a las adicciones que andará en busca de refugio. Esa tarde ella pondrá la palma de su mano abierta sobre el pecho de él para consolar sus divagaciones existenciales, sus ímpetus autodestructivos y la insatisfacción (que comparten) sobre la falta de talento del resto de la banda. Al día siguiente, él pasará por su casa a dejar un libro del que hablaron el día anterior y ella le mentirá al hombre con el que vive cuando este le pregunte de dónde lo sacó. Dos semanas después, dormirán juntos un lunes, un miércoles, un jueves y un sábado. Así hasta que él encuentre una nueva adicción y decida contarle a su amigo que ha estado tirando con su mujer, que ha estado tirando con su mujer en su casa, que ha estado tirando con su mujer en su cama y que ha estado escribiéndole canciones de amor que deberá tocar en su guitarra.

 

Las conversaciones que tendrán él con él y él con ella serán muy distintas. Entre ellos habrá golpes y amenazas, con ella casi todo será lágrimas, súplicas, promesas de un futuro distinto y más lágrimas. Cuando el genio talentoso insoportable propenso a las adicciones converse cara a cara con su amigo responsable con poco casi nada de talento, le dirá que sin él no es nada, que no puede irse de la banda, que no puede dejarlo, que sus caminos están unidos y que sus habilidades en la guitarra solo existen porque antes él escribió las canciones e inventó las melodías. Le dirá que es un cobarde, que si quisiera dejar la banda ni siquiera estaría ahí teniendo esa conversación, que ella no significa nada para él, que fue un juego, que la soledad, que sus malas relaciones anteriores, que le cautivó su simpleza pero que nada en ella le parece realmente interesante. Entonces, el no tan talentoso, romperá en furia y golpeará al genio mientras este sonríe medio irónico pensando que después de los golpes todo se resolverá (siempre ha creído que su amigo es así de simple). Pero esta historia no continúa como él piensa, ella no es la protagonista y lo que parece el fin no es más que el comienzo.

 

Pasará el tiempo y ella volverá con el que es su marido para volver a tener una vida no roquera. Su marido, dejará la banda (o el conjunto) y se dedicará a lo que todos llaman “proyectos personales en solitario”. El genio talentoso seguirá su rumbo de genio talentoso pero ahora internacionalmente, viajará sin ni un peso por el mundo haciendo canciones, grabando el disco más importante de su vida, grabando el disco más importante de la historia del rock de su país, grabando el disco más importante de la vida de muchos. Le dedicará en anonimato las canciones a un amor que tuvo y con el que ya no puede estar, se buscará una nueva integrante para la banda pero en realidad se convertirá en solista incluso antes de que lo haga oficialmente. Ella (la que cree ser protagonista) y su marido no tan talentoso, no tan roquero, se sabrán las canciones de memoria aunque odien hacerlo, las letras se le meterán por osmosis dentro del cerebro y dentro de las tripas, él ni sospechará que tendrá que tocar esas canciones muchos años después y ante miles de personas.

 

Cuando las cosas parezcan calmadas, el roquero aparecerá en la casa que antes arrendaba su amigo y de la que ahora es el dueño. Llegará drogado y perdido, le dirá que viene para olvidar lo único inolvidable de esta historia, les rogará (sentado en el sillón de la casa y mirando las fotos de los que alguna vez fueron sus ahijados) que duerman con él que los dos duerman con él, que él entiende que no se van a separar, que él está solo y que eso es injusto. Dirá algo como que sabe que no puede tenerlos por separado, que solo les está pidiendo una noche juntos, los tres, les preguntará si alguna vez recuerdan cuando todo era amable y divertido. El que antes fuera su amigo, lo mirará tratando de reconocer al flaco del liceo con el que soñaba tener un conjunto, incrédulo ante lo que escuchará se pondrá de pie y le preguntará cuándo te perdiste, cuándo dejaste de ser lo que eras. Ella llorará, nadie se atreverá a echarlo de la casa, todos estarán prisioneros de ellos mismos, de su historia, de un amor que nadie sabe hacia dónde se dirige, donde nadie sabe quién ama a quién ni cómo escapar de ahí.

 

El genio talentoso saldrá de la casa para tomar un taxi a quién sabe dónde y despertará a la mañana siguiente en un hospital luego de cortarse las venas.

 

Pesé a todo lo esperable, el genio drogadicto sobreviviente talentoso insoportable propenso a las adicciones, tampoco es el protagonista de esta historia, aunque es él quien más desea no es quien dirige la acción, sus decisiones no hacen que la trama avance, su actuar no devela ningún secreto. Ninguno de sus actos (hasta ahora) nos lleva a entender el desarrollo de este drama: ni fundar una banda, ni escribir las canciones, ni dormir con la mujer de su mejor amigo y guitarrista del conjunto, ni drogarse,  ni rogar por un trío, ni cortarse las venas. Él no mueve nada. Lo único que acelerará esta historia (hasta muchos años después) serán las faltas, las negligencias, las negativas y los silencios del amigo responsable con poco casi nada de talento ahora dedicado a sus “proyectos personales en solitario”. Tendrá que pasar mucho tiempo para que él, siendo medianamente famoso y reconocido, escriba un libro y aparezca en la televisión dando miles de entrevistas para hablar de su vida, la de quien fuera su mujer y la del que alguna vez fuera su mejor amigo. Uno de esos días de entrevistas y de cantar canciones antiguas (que en realidad no le pertenecen), llegará a su casa y en la cuneta estará sentado el genio, al parecer sobrio, con el libro en la mano. Le dirá que ha venido a que se lo dedique, a que escriba en la primera página las cinco letras que conforman su nombre y que lo han perseguido durante los últimos treinta años. Ambos entrarán en la casa e incluso antes de sentarse uno de los dos pronunciará las siguientes palabras:

 

Siempre fuiste tú, desde el principio. Tu libro tiene razón, todo siempre fue por ti. dirá el genio parado en el umbral de la puerta Recién ahora lo entiendo, llevo cuarenta años tomando decisiones por las razones equivocadas.

 

El ahora escritor (y también protagonista de esta historia), mirará a su ex amigo con la incredulidad que años antes lo había mirado ante la propuesta inverosímil de hacer un trío con la había sido su mujer. Le preguntará si acaso vino a reírse de él en su cara, le dirá que no entiende cómo pudo pasarse la vida sin decir lo único que realmente importaba, que si hubiera hablado a los diecisiete quizás lo habría entendido, quizás la banda no se habría terminado, le dirá que alguna vez lo admiró por haberse pasado la vida diciendo lo que nadie decía (en una época donde ninguna verdad podía ser dicha) y que su silencio no habría hecho otra cosa más que destruirlo todo. El genio llorará y pondrá su mano en el espacio del sofá que los separa, no pedirá perdón y no se arrepentirá de nada.

 

Cuéntale esto a alguien dirá el responsable con poco casi nada de talento escritorCuéntale esto a alguien antes de que esta historia termine por enfermarte.
Marcela Morales
mar.quecela@gmail.com