{"id":10865,"date":"2020-01-08T03:33:54","date_gmt":"2020-01-08T03:33:54","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=10865"},"modified":"2020-01-08T23:46:04","modified_gmt":"2020-01-08T23:46:04","slug":"la-raza-la-clase-sobre-pinen-de-daniela-catrileo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2020\/01\/08\/la-raza-la-clase-sobre-pinen-de-daniela-catrileo-2\/","title":{"rendered":"La raza \/ la clase. Sobre Pi\u00f1en, de Daniela Catrileo"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cHoras entre las salas y el comedor para impregnarnos con el olor de las sobras. Nosotros tambi\u00e9n \u00e9ramos migajas intentando ser unidos a la sustancia madre, al n\u00facleo del r\u00e9gimen. Pero una miga es una miga y pocas veces sirve m\u00e1s que para comida de p\u00e1jaros desahuciados\u201d. La que habla es Carolina Calfuqueo, personaje principal de <em>Pi\u00f1en<\/em> (Editorial Libros del Pez Espiral, octubre 2019), libro que marca la primera incursi\u00f3n de la premiada poeta Daniela Catrileo en el g\u00e9nero de la narrativa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Compuesto por tres cuentos o relatos entrelazados por la voz de Carolina, <em>Pi\u00f1en<\/em> es la evocaci\u00f3n de la infancia y la adolescencia transcurrida en una poblaci\u00f3n de blocks del sector sur de Santiago, desde un presente de mujer mapuche que se desplaz\u00f3 de ese paisaje para vivir en el centro de la <em>warria<\/em>, en el barrio Yungay.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Carolina Calfuqueo crece con el correr de las p\u00e1ginas y lo hace en medio de esa periferia santiaguina que tambi\u00e9n se erige como personaje. Cada uno de los relatos aborda un tema que permite a la autora llegar a otros; el primero lo hace con el homicidio, el segundo con la violaci\u00f3n y el tercero con el viaje, hilos narrativos que urden la infancia y la adolescencia poblacional cuya singularidad se condensa en el t\u00edtulo del primer cuento \u201c\u00bfHan visto c\u00f3mo brota la maleza de la tierra seca?\u201d, que quiebra con cualquier pretensi\u00f3n universalizadora del concepto de \u201cni\u00f1ez\u201d. La multiplicidad de esa experiencia aparece a modo de pliegues que aportan densidad y dureza a la narraci\u00f3n sobre una periferia que es geogr\u00e1fica, social y cultural: la migraci\u00f3n campo-ciudad, el narcotr\u00e1fico, la escuela y diversos tipos de violencia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El mundo popular que se despliega en <em>Pi\u00f1en<\/em> no es cualquiera, es el de los a\u00f1os \u201890 y esas poblaciones concebidas por la pol\u00edtica de vivienda de la dictadura, continuada durante la transici\u00f3n. No son esas poblaciones construidas por las propias manos de los pobladores y pobladoras, sino esa arquitectura antisocial (porque de social nada) que refleja en su forma la violencia de la erradicaci\u00f3n. No hay historias heroicas aqu\u00ed, porque desde esos blocks y casas pareadas hasta el infinito no se combati\u00f3 a la dictadura (la mayor\u00eda fueron construidas a fines de esta) ni fueron el resultado de tomas de terreno. Su principal gesto heroico ha sido resistir esa violencia arquitect\u00f3nica e insistir en ser parte de una ciudad que les da la espalda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esto es lo que Daniela Catrileo denomina la \u201cperiferia de la periferia\u201d, permanentemente caricaturizada y criminalizada por la televisi\u00f3n abierta en sus matinales, telenovelas y noticiarios, donde los habitantes de estas poblaciones rara vez son consignados en roles que no sean el de v\u00edctima, delincuente o payaso. Una periferia que la pluma de Daniela complejiza hasta hacer estallar no s\u00f3lo esas representaciones burdas de la televisi\u00f3n fascista, sino tambi\u00e9n los retratos elaborados por las ciencias sociales comprometidas, fuente inagotable de romanticismo sobre el \u201cser popular\u201d, cuyo impulso solidario no logra ocultar el desconocimiento y acortar la lejan\u00eda. Por el contrario, en <em>Pi\u00f1en <\/em>el mundo popular est\u00e1 lleno de fisuras, contradicciones y jerarqu\u00edas internas que hieren a algunos m\u00e1s que a otros (las ni\u00f1as, los ni\u00f1os y las mujeres), pero que al mismo tiempo es un conjunto condicionado en su totalidad por la violencia estructural y los empe\u00f1os por esquivarla o amortiguar su impacto.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El otro pliegue fundamental de <em>Pi\u00f1en<\/em>, sin duda el m\u00e1s relevante, es que las lectoras y lectores somos testigos de c\u00f3mo una hija de la di\u00e1spora del pueblo mapuche se construye a partir de fragmentos como una mujer mapuche urbana, con un sentido de pertenencia que es tan pol\u00edtico como afectivo. Un punto en el que la narrativa de Daniela recuerda gratamente el <em>Volverse Palestina <\/em>de Lina Meruane, donde lo importante no es el resultado, muchos menos el discurso claro y combativo, sino el proceso y las elecciones involucradas en \u00e9l. Igual o mejor que las buenas teor\u00edas antropol\u00f3gicas o filos\u00f3ficas al respecto, Daniela nos muestra que ese proceso es inevitablemente en respuesta al colonizador y sus marcaciones raciales, para apropiarlas, resignificarlas o tomar distancia de ellas, y emprender desde all\u00ed la construcci\u00f3n de una memoria capaz de darle sentido al presente y proyectar un horizonte al cual dirigirse. De esos trabajos de memoria se han levantado los actuales proyectos pol\u00edticos que coexisten en el mundo mapuche movilizado, desde la hist\u00f3rica lucha por la restituci\u00f3n territorial hasta el actual combate contra los poderes f\u00e1cticos que apropian y hieren el equilibrio de ese territorio. Proyectos que incluyen la opci\u00f3n del retorno, importante en las p\u00e1ginas de <em>Pi\u00f1en<\/em> con la historia de sus protagonistas mujeres, y con la evocaci\u00f3n de la figura de Mat\u00edas Catrileo, asesinado por el Estado de Chile el tercer d\u00eda del a\u00f1o 2008.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5><em>La mapuchada \/ los mapuchizados<\/em><\/h5>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Daniela Catrileo es una poeta y ahora narradora que ha puesto en el centro de su proyecto la identidad mapuche, de mujer mapuche para ser m\u00e1s precisa. Por lo tanto, identificarla como escritora mapuche contempor\u00e1nea es fundamental para comprender las claves de su escritura, pero se cometer\u00eda un grave error si se pensara que la propuesta literaria de Catrileo comienza en esa particularidad y termina con ella, como si no pudi\u00e9ramos encontrar algo nuestro en sus letras.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En <em>Pi\u00f1en<\/em>, esa posibilidad de encontrarse se hace real para los no mapuche en dos dimensiones: la de los sectores populares y la del pa\u00eds que hizo crisis en octubre. Porque si bien ella dedica el libro \u201cA la mapuchada\u201d, no puedo evitar pensarlo desde el lugar de los mapuchizados, siguiendo la idea de \u201clo popular indianizado\u201d con la que el recordado antrop\u00f3logo mexicano Guillermo Bonfil denomin\u00f3 la influencia ind\u00edgena en amplios sectores de la sociedad mexicana. Y sobre esto habr\u00eda que partir por el lenguaje, por la misma palabra <em>pi\u00f1en<\/em>, esa que sirve mejor que ninguna otra para nombrar el <em>pi\u00f1en<\/em> y para la que no tuvimos sin\u00f3nimos hasta que la educaci\u00f3n formal nos oblig\u00f3 a dejarla en la casa. Para quienes crecimos en esa periferia sabemos que la l\u00ednea entre lo popular y lo mapuche fue siempre borrosa, m\u00e1s de lo que siempre quisimos reconocer, y que por eso heredamos palabras, ritos, gestos y gustos que delataban nuestra mapuchizaci\u00f3n: el agua con harina, el merken (mucho antes de que se lo apropiara la movida gastron\u00f3mica multicultural), la medicina y la participaci\u00f3n activa en el circuito econ\u00f3mico que articula Santiago con el Ngulu Mapu, por mencionar sus se\u00f1ales m\u00e1s evidentes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tal vez no tengo derecho a realizar este paralelo considerando la dedicatoria que Daniela le hace a su gente, pero mi reflexi\u00f3n ser\u00eda hip\u00f3crita o al menos incompleta si, viniendo de ese mismo margen urbano, no me reconociera en las experiencias de racializaci\u00f3n y de clase que se despliegan en <em>Pi\u00f1en<\/em>. Porque en la senda del poeta David Ani\u00f1ir, pero de manera in\u00e9dita en la narrativa, hay aqu\u00ed una posibilidad cierta para pensar, de una vez por todas, lo popular como \u00a0espacio de impureza cultural y de intersecci\u00f3n (conflictiva) entre pueblos. Una opci\u00f3n para nombrar los mestizajes desde otro lugar, no como voluntad pol\u00edtica de homogeneizaci\u00f3n desde arriba (esa mestizofilia que tanta negaci\u00f3n ha causado), sino como manifestaci\u00f3n de la contradicci\u00f3n hist\u00f3rica y social desde abajo, como mestizajes marcados por la articulaci\u00f3n racial y sus expresiones m\u00e1s deplorables: la inferiorizaci\u00f3n cultural y f\u00edsica, la exclusi\u00f3n social y la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esto no deja de ser necesario, incluso urgente, en el contexto de un campo cultural todav\u00eda deficitario en diversidad social y cultural, pues con respecto a la narrativa, lo que tenemos sigue siendo una literatura mayoritariamente aburguesada y centralista, con buenos creadores, pero donde las y los sujetos de los paisajes que traza Daniela no aparecemos, o peor, aparecemos mal. Y no digo con esto que una tenga que exigir a la literatura que cuente tu propia historia (la maravilla de la buena literatura son precisamente sus claves universales, esas que permiten encontrarse en los Urales, la Amazon\u00eda, el B\u00f3sforo, los Andes o la Araucan\u00eda), pero es leg\u00edtimo constatar la escasa presencia de las experiencias populares en la literatura del Chile de hoy e interrogarse por ella.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No significa esto que intente hacer recaer en Daniela Catrileo el peso de la representatividad del mundo popular contempor\u00e1neo, pero son reflexiones que me produce el hecho de haber reconocido como propias tantas im\u00e1genes, paisajes y situaciones en las p\u00e1ginas de <em>Pi\u00f1en<\/em> y de caer en la cuenta que eso no me pasaba por lo menos desde Lemebel. Im\u00e1genes como las de esos \u201cpalafitos\u201d, hermosa palabra que utiliza la escritora para nombrar los intentos por transformar ese tipo de vivienda (la ampliaci\u00f3n de los departamentos de los pisos superiores de los blocks, cuyas largas vigas se asemejan a \u00e9stos). O la evocaci\u00f3n de la tierra roja con cola fr\u00eda, esa soluci\u00f3n barata para alhajar los pisos de las viviendas, el recurso privilegiado de nuestras madres para lograr una casa decente (con bastante \u00e9xito, hay que decir); o las ferias, tan distintas a las de otras comunas de clase media y alta, etc. Tambi\u00e9n las balaceras y los asesinatos producidos por una violencia estructural que aqu\u00ed se ensa\u00f1a, vivencias que no se desean a nadie por m\u00e1s que el resentimiento social crezca con el \u201cascenso\u201d, porque no es f\u00e1cil llevar el supuesto \u00e9xito individual cuando se han acumulado tantas muertes entre los que fueron tus compa\u00f1eros de andanzas, esos que no fueron alcanzados por la desviaci\u00f3n estad\u00edstica que te pod\u00eda salvar el pellejo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sobre esto \u00faltimo trata tambi\u00e9n \u201cWarriache\u201d, el \u00faltimos de los relatos, en que la figura central es el viaje, en tanto desplazamiento f\u00edsico y social. Un viaje que puede ser le\u00eddo como ascenso, cuyo reverso inevitable es el desarraigo. Porque como bien lo representa Catrileo, esta periferia nunca se abandona del todo, porque siguen all\u00ed familiares y amigos, pero tambi\u00e9n porque se traslada con una a cada espacio social y laboral, para recordarnos que el ascenso tiene mucho de espejismo en una sociedad que reformula sus c\u00f3digos racistas y clasistas. La escritura de Daniela expone la complejidad de esos desplazamientos, cuya mayor expresi\u00f3n es la contradicci\u00f3n no resuelta, ni siquiera por la m\u00e1s elaborada identidad de clase (si es que optamos por ese camino), de ese mundo que nunca se abandona del todo, pero al que tampoco se puede volver completamente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h5 style=\"text-align: center;\">***<\/h5>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>Pi\u00f1en <\/em>es un libro doloroso y punzante sobre la desigualdad de la postdictadura, un per\u00edodo en el que la experiencia de los mapuche urbanos no es s\u00f3lo la parte, es tambi\u00e9n el todo, es ese pa\u00eds que estall\u00f3 el 18 de octubre de 2019. Desde esa voz de una mujer mapuche que crece en la periferia, Daniela Catrileo lee e interpela la ciudad neoliberal, la megal\u00f3polis que es Santiago y la historia colonial de Chile, ese peso colonial que se erige como uno de los pilares del neoliberalismo pero que ha sido escasamente mencionado en los an\u00e1lisis especializados sobre la crisis actual. <em>Pi\u00f1en<\/em> es una pieza literaria que antecede el estallido social de octubre (se escribi\u00f3 poco antes), pero tambi\u00e9n es su correlato, surgido de las trincheras de la contracultura donde las y los mapuche de la <em>f\u00fctra warria<\/em> han sido actores fundamentales. Por eso es que en los archivos de la revuelta, esos que ya est\u00e1n surgiendo por doquier, <em>Pi\u00f1en<\/em> es un libro que deber\u00eda tener un lugar protag\u00f3nico. Esperemos que la jerarqu\u00eda de saberes, esa que tambi\u00e9n se reproduce en el mundo social que tanto espacio concede a cientistas sociales y abogados constitucionalistas, no le arrebate a este tipo de literatura el lugar que se merece.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>Santiago, enero de 2020<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>A doce a\u00f1os del asesinato de Mat\u00edas Catrileo Quezada.<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo popular que se despliega en Pi\u00f1en no es cualquiera, es el de los a\u00f1os \u201890 y esas poblaciones concebidas por la pol\u00edtica de vivienda de la dictadura, continuada durante la transici\u00f3n. No son esas poblaciones construidas por las propias manos de los pobladores y pobladoras, sino esa arquitectura antisocial (porque de social nada) que refleja en su forma la violencia de la erradicaci\u00f3n. No hay historias heroicas aqu\u00ed, porque desde esos blocks y casas pareadas hasta el infinito no se combati\u00f3 a la dictadura (la mayor\u00eda fueron construidas a fines de esta) ni fueron el resultado de tomas de terreno. 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