{"id":11187,"date":"2020-04-06T16:28:46","date_gmt":"2020-04-06T16:28:46","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=11187"},"modified":"2020-04-07T00:42:42","modified_gmt":"2020-04-07T00:42:42","slug":"una-incursion-viral-en-tiempos-de-cuarentena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2020\/04\/06\/una-incursion-viral-en-tiempos-de-cuarentena\/","title":{"rendered":"Una incursi\u00f3n viral en tiempos de cuarentena"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Texto editorial escrito por Mat\u00edas Marambio de la Fuente, a partir de categor\u00edas de\u00a0asedio en tres tiempos al coronavirus: como fen\u00f3meno global, como acontecimiento infausto y como repliegue en nuestras casas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p><b>Pandemia\u00a0<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfEn qu\u00e9 idioma habla un virus? Todos y ninguno, al parecer. La circulaci\u00f3n ubicua de la enfermedad que hoy nos tiene entre la paranoia y la ansiedad, entre la reclusi\u00f3n asfixiante y la compulsi\u00f3n higi\u00e9nica, ha estado garantizada por mucho m\u00e1s que sus propiedades bioqu\u00edmicas. El movimiento de personas ha acompa\u00f1ado de antiguo al movimiento de enfermedades, al punto en que ser\u00eda imposible hacer una historia de la globalizaci\u00f3n \u2013desde el siglo XV hasta hoy\u2013 sin que ella sea una historia de las dolencias desplazadas a lo largo de kil\u00f3metros. Viruela, sarampi\u00f3n, s\u00edfilis: las enfermedades del momento de la expansi\u00f3n evangelizadora en Am\u00e9rica; fiebre amarilla y malaria, las del imperialismo en \u00c1frica y Asia; el VIH, la patolog\u00eda del capitalismo neoliberal. Tanto sus causas como sus curas fueron expresiones del mundo que emerg\u00eda de las conexiones cada vez m\u00e1s intensas entre territorios que, hasta entonces, se encontraban distanciados f\u00edsica o imaginariamente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Visto desde una perspectiva \u201ct\u00e9cnica\u201d, la diferencia entre epidemia y pandemia ser\u00eda de escala: pandemia &gt; epidemia. Pero sabemos que la diferencia cuantitativa puede tornarse cualitativa bajo las circunstancias precisas. La declaraci\u00f3n oficial de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud a prop\u00f3sito del car\u00e1cter pandemia del COVID-19 ocurri\u00f3 el 11 de marzo de 2020, a pesar de que el fen\u00f3meno se encontraba ya en un nivel de expansi\u00f3n que nos hac\u00eda pensar que la OMS estaba llegando tarde a la fiesta. Durante las semanas previas \u2013aqu\u00ed en la f\u00e9rtil provincia y en otras latitudes\u2013 los medios realizaron su tarea diligente de calentar el horno para un fen\u00f3meno global como pocos. Por cierto, lo pand\u00e9mico del coronavirus no puede ser solamente la cantidad de personas afectadas, sino el hecho de que nos encontramos viviendo un drama a la vez simult\u00e1neo y en diferido respecto del resto del mundo.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La noci\u00f3n de que lo que observamos en China a fines de 2019 y que vemos hoy en Espa\u00f1a o Italia llegar\u00e1 a ocurrir en nuestra realidad inmediata puede graficarse de la siguiente manera: es el paso de la curiosidad con tintes racistas (v\u00e9anse los videos de \u201csopas de murci\u00e9lago\u201d) hacia el pasmo horrorizado ante el colapso de un pseudo-Primer Mundo (los hospitales de guerra revividos ocho d\u00e9cadas despu\u00e9s de la debacle europea). Somos contempor\u00e1neos de la misma tragedia, a la vez que nos ubicamos en un futuro\/pasado, en ese tiempo que nos permite evitar los errores cometidos por otres (o al menos eso quisi\u00e9ramos creer).\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Un virus globalizado nos revela el nivel de interdependencia que tenemos, a la vez que nos compromete con una temporalidad a la que no estamos suficientemente acostumbrades. De alguna forma, nos mundializamos desde la reclusi\u00f3n de nuestras casas gracias a la cadena invisible que nos devuelve a Wuhan. Las fantas\u00edas de la conectividad universal, de la ca\u00edda de todas las barreras, ahora se convierten en peligros \u2013\u201cel sue\u00f1o de la raz\u00f3n produce monstruos\u201d\u2013 y no sabemos si ser\u00e1 posible volver a un aislamiento que est\u00e1 tan atr\u00e1s en la historia que nos resultar\u00eda irreconocible el mundo en que no exist\u00edan este tipo de conexiones. Lo que el capital ha unido que no lo separe el hombre. Pero un virus es cualquier cosa menos un ser humano.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>Cat\u00e1strofe\u00a0<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si echamos mano de la etimolog\u00eda, cat\u00e1strofe nos remite al griego <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">katastrephein<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, que los diccionarios consignan como \u201cabatir\u201d. Vale la pena notar que el t\u00e9rmino se demora un tanto en entrar al castellano, y no es sino en 1780 que el <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Diccionario de la Real Academia Espa\u00f1ola<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> lo incluye como una voz. El primer significado, empero, es de orden po\u00e9tico: \u201cEl desenredo de los lances y empe\u00f1os en los poemas dram\u00e1ticos (<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">catastrophe<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">fabulae exitus<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">)\u201d. Mientras, el l\u00e9xico de Terreros y Pando, de 1786, la define como \u201cla mutaci\u00f3n, y revoluci\u00f3n imprevista, que se hace en un poema dram\u00e1tico, y que com\u00fanmente le da fin [&#8230;] Arist\u00f3teles prefiere en las tragedias el fin funesto al que no lo es\u201d. Ambos consignan como significado secundario el que hoy nos resulta m\u00e1s com\u00fan: \u201cSuceso infausto y extraordinario que altera el orden regular de las cosas. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Extraordinaria calamitas<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d y \u201cse dice figuradamente de un fin funesto e infeliz\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El predominio del sentido literario de cat\u00e1strofe s\u00f3lo cede hacia mediados del siglo XIX, cuando la sem\u00e1ntica del suceso funesto (la principal hasta hoy) se impone. El contraste con sus sin\u00f3nimos no puede ser m\u00e1s marcado: \u201ccalamidad\u201d se encuentra en uso ya en el diccionario de Sebasti\u00e1n de Covarrubias (1611), con el sentido de \u201cinfortunio y desdicha grande\u201d, conserv\u00e1ndose como un n\u00facleo estable en los diccionarios de la RAE la definici\u00f3n de \u201cdesgracia o infortunio\u201d (p\u00fablico o que afecta a mucha gente). \u201cDesastre\u201d, a su vez, amplifica el campo del infortunio como un \u201csuceso infeliz y lamentable\u201d, contenidos consignados bajo alguna forma ya en trabajos tempranos, como es el caso de Antonio de Nebrija.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que se\u00f1ala esta veloz incursi\u00f3n filol\u00f3gica es una aparente inadecuaci\u00f3n de la noci\u00f3n de cat\u00e1strofe en el plano de los conceptos pol\u00edticos que designan aquellos acontecimientos que conmueven el orden social. La falta de sincron\u00eda del concepto con la coyuntura central que identificamos con la modernidad ilustrada (1750-1850) podr\u00eda explicarse por la fuerza simb\u00f3lica que tuvieron en ese momento otros t\u00e9rminos pol\u00edticos, como son justamente calamidad, infortunio, desgracia o desastre. En ellos se conjura una dimensi\u00f3n que es, al mismo tiempo, colectiva y c\u00f3smica, inmanente y trascendente. Bajo esa capacidad de invocar lo secular y lo religioso, responden a un tipo de orden pol\u00edtico que hemos aprendido a ver como ajeno, sepultado ya por las manifestaciones modernas del Estado nacional.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La crisis del coronavirus, sin embargo, revive estas asociaciones, incluso si es que la intenci\u00f3n de Pi\u00f1era al decretar el estado de cat\u00e1strofe no hubiese sido devolvernos al tiempo preindustrial. Lo cierto es que la pol\u00edtica moderna sigue teniendo elementos de la pol\u00edtica antigua: con toda su sofisticaci\u00f3n te\u00f3rica, las implicancias pol\u00edticas del concepto de acontecimiento \u2013que resultan tan caras a miembros del escuadr\u00f3n filos\u00f3fico franc\u00e9s (Lacan, Foucault, Deleuze, Guattari o Badiou)\u2013 no se distancian por completo de las caracter\u00edsticas atribuidas por Maquiavelo a la fortuna. Aunque ha pasado mucha agua bajo el puente, la historia parece repetirse y nuestra situaci\u00f3n latinoamericana a\u00fan se encuentra determinada por el peso de un pasado que nunca se va del todo.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>Encierro<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">De modo todav\u00eda indefinido, se nos ha interpelado a mantener nuestra vida en los confines del aislamiento dom\u00e9stico. El \u201cdistanciamiento social\u201d se vuelve eficaz toda vez que sea un distanciamiento f\u00edsico realizado en un espacio interior delimitado con claridad respecto de un afuera. M\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 de la profusa reflexi\u00f3n biopol\u00edtica que se ha generado en las \u00faltimas semanas (desde la diatriba poco aguda de Giorgio Agamben hasta las modulaciones locales), quedarnos en casa ha obligado a replantearnos la relaci\u00f3n que tenemos con ese espacio que, bajo otras circunstancias, utilizamos por pocas horas al d\u00eda si no es para dormir. Constatamos que el metraje cuadrado de nuestra casa o departamento es una dimensi\u00f3n fija y potencialmente asfixiante, sobre todo si es que habitamos las edificaciones del urbanismo neoliberal. S\u00f3lo el prospecto de un entrar y salir hace que olvidemos ese l\u00edmite del espacio. Mientras, aprovechamos el poder del vidrio para actuar como una membrana que nos cuida de las amenazas, a la vez que abre la posibilidad de variar nuestro paisaje casero.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Pero no lo olvidemos: el encierro es una medida sanitaria que responde a la incapacidad pol\u00edtica de un modelo en el que el bienestar colectivo se subast\u00f3 al mejor postor, luego se transform\u00f3 en instrumento de inversi\u00f3n, se concesion\u00f3 y, por \u00faltimo, en medio de su colapso, fue sometido a reg\u00edmenes de racionalizaci\u00f3n y precarizaci\u00f3n laboral. El prospecto de un colapso de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">todo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el sistema de salud, p\u00fablico y privado, debiera ser raz\u00f3n suficiente para mantenernos en casa.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las experiencias de encierro traen a la superficie, como suele ocurrir en las crisis, la radicalidad de nuestras desigualdades sociales. Para la clase dominante, esto va desde las im\u00e1genes romantizadas de una vida dom\u00e9stica a baja velocidad (retirada, por fuerza mayor, de la aceleraci\u00f3n cruel del capitalismo tard\u00edo), con el idilio familiar o de la intimidad del dormitorio, hasta la pulsi\u00f3n de fuga para evitar la cuarentena en la ciudad (con la aspiraci\u00f3n de reproducir el esquema anterior en un balneario lejos del caos que se teme). As\u00ed, entre el tono pl\u00e1cido y la ansiedad de la burgues\u00eda, quienes no contamos con tales recursos vemos que el encierro s\u00f3lo le sube el volumen a las angustias cotidianas del capital: intensificaci\u00f3n del trabajo de cuidados, dificultad creciente para cumplir con las \u201cobligaciones econ\u00f3micas\u201d impuestas por la precariedad del sistema neoliberal, conflictos por incompatibilidad en el uso del espacio dom\u00e9stico, miedo frente a la escasez.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ser\u00eda demasiado simple pensar que el encierro es la fantas\u00eda de unos y la pesadilla de otres, pero nuestra relaci\u00f3n con los medios de masas dificulta salir de esa dicotom\u00eda (que no tiene tanto de falsa como nos gustar\u00eda pensar). El cumplimiento del mandato de no salir y mantenernos en casa ha suscitado todo tipo de vigilancias morales: acatar o no acatar, pensar en quienes se encuentran bajo circunstancias de vulnerabilidad. La mutaci\u00f3n veloz desde el copamiento revoltoso de las calles hacia el encierro dom\u00e9stico por fuerza mayor instala la expectativa de que, una vez pasada la crisis, la marea volver\u00e1 a subir y que toda la energ\u00eda acumulada en el esfuerzo colectivo de contenci\u00f3n podr\u00e1 volverse en contra del modelo que nos tiene as\u00ed. A\u00fan es temprano para saber.<\/span><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que el capital ha unido que no lo separe el hombre. 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