{"id":12390,"date":"2020-08-19T03:21:04","date_gmt":"2020-08-19T03:21:04","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=12390"},"modified":"2020-08-19T18:29:05","modified_gmt":"2020-08-19T18:29:05","slug":"prologo-de-roberto-arlt-la-quimica-de-los-acontecimientos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2020\/08\/19\/prologo-de-roberto-arlt-la-quimica-de-los-acontecimientos\/","title":{"rendered":"Pr\u00f3logo de \u201cRoberto Arlt. La qu\u00edmica de los acontecimientos\u201d"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cTrabajando para conseguir el dinero o el poder o la gloria no se<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>aperciben que se va acercando la muerte\u201d.<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Arlt, <em>Los Lanzallamas.<\/em><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">1940 fue un a\u00f1o dif\u00edcil para Roberto Arlt, el fin de un ciclo, un tiempo marcado por el dolor y la muerte: hab\u00eda concluido legalmente su matrimonio con Carmen Antinucci \u2013quien muere de tuberculosis ese mismo a\u00f1o\u2013; Mirta Electra, su hija de quince a\u00f1os, se hab\u00eda fugado con un capit\u00e1n de aviaci\u00f3n mucho mayor que ella, con el que se cas\u00f3 y pronto se separ\u00f3 antes de cumplir veinte, y \u201cVecha\u201d, su anciana madre, le pronosticaba un futuro sombr\u00edo y lo reprend\u00eda con sermones religiosos. En medio de ese vendaval, el escritor se enamor\u00f3 de Elizabeth Shine, secretaria de la editorial Haynes \u2013que albergaba a la revista <em>El Hogar<\/em>, <em>Mundo Argentino<\/em> y el diario <em>El Mundo<\/em>, en el que Arlt escrib\u00eda desde 1928\u2013, pero sus nervios comenzaban a erosionarse y a poco andar el nuevo v\u00ednculo iba torn\u00e1ndose conflictivo. La m\u00e1quina vital no le daba respiro: se ocupaba de \u00a0la econom\u00eda de su ex esposa, de su hija y de su madre. \u201cEl sueldo de <em>El Mundo<\/em> no resuelve todos sus compromisos, a pesar de que lleva una vida modesta\u201d, atestiguaba su colega Ra\u00fal Larra. En marzo de ese mismo a\u00f1o, el Teatro del Pueblo \u2013que mont\u00f3 casi la totalidad de su dramaturgia\u2013 hab\u00eda estrenado su obra <em>La fiesta del hierro<\/em> y, a pesar de los siempre escasos billetes de la escritura, Arlt decidi\u00f3 dividir sus derechos de autor en dos partes: una para su hija Mirta y la otra para Elizabeth, pues la esperanza de obtener una fortuna y resolver los apremios econ\u00f3micos con sus proyectos industriales, a los que le dedicaba tiempo y energ\u00eda, permanec\u00eda intacta. \u201cInventar es para Arlt condici\u00f3n divina: inventando, el hombre se asemeja a dios. Inventa sue\u00f1os y sue\u00f1a inventos\u201d, dec\u00eda Larra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Buscando un par\u00e9ntesis, una distancia necesaria que le permitiera ordenar la confusi\u00f3n de sus d\u00edas, Arlt le pidi\u00f3 a Carlos Muzio-S\u00e1enz Pe\u00f1a, director de <em>El Mundo<\/em>, hacer un viaje a Chile y despachar a Buenos Aires art\u00edculos sobre el devenir cotidiano local. Los temas ser\u00edan la contingencia humeante, el acontecer pol\u00edtico y social, los fundamentos de la f\u00e9rrea oposici\u00f3n y los obst\u00e1culos en el camino del nuevo Frente Popular, con Pedro Aguirre Cerda a la cabeza del gobierno desde 1938, quien hab\u00eda puesto en marcha uno de los ejes de su programa presidencial, decretando: \u201cPara que la ense\u00f1anza pueda cumplir su misi\u00f3n social con toda amplitud es necesario que sea: gratuita, \u00fanica, obligatoria y laica\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En esa \u00e9poca, con la prensa escrita convertida en un medio de masas, los diarios enviaban a sus cronistas a recorrer otros mundos. El reportero dedicaba amaneceres y sobremesas a desentra\u00f1ar personajes, v\u00ednculos y filiaciones. Despu\u00e9s de unos cuantos d\u00edas ten\u00eda suficientes historias en la libreta de anotaciones y, sobre todo, en la retina. As\u00ed, el corresponsal se dilu\u00eda para tender puentes entre culturas mientras los lectores de la gran ciudad compraban diarios y revistas de a cientos y a miles, para informarse y viajar con la imaginaci\u00f3n. Arlt conoc\u00eda de sobra los rigores del oficio period\u00edstico: \u201cperge\u00f1ar notas para ganarse el puchero\u201d, dec\u00eda, \u201cacosado por la obligaci\u00f3n de la columna cotidiana\u201d; hab\u00eda tecleado en \u201credacciones estrepitosas\u201d, en las que alternaba su trabajo period\u00edstico con las piezas literarias que compon\u00eda en el solitario horario nocturno para alimentar esa inmensa e insaciable boca que es un diario. A sus cuarenta a\u00f1os de edad, ya hab\u00eda conocido el reporteo callejero; el v\u00e9rtigo y el prestigio que significaba tener una muy le\u00edda columna en un peri\u00f3dico de gran tiraje como <em>El Mundo<\/em>, sobre sus recorridos por Buenos Aires, para luego transformarse en un cronista viajero que iba variando su adjetivaci\u00f3n para dar cuenta de nuevos rumbos como la Patagonia, Uruguay, Espa\u00f1a y Chile. El d\u00eda que se publicaba, \u201c<em>El Mundo<\/em> aumentaba su tirada, se vend\u00eda casi exclusivamente por las notas de Arlt\u201d, aseguraba Ra\u00fal Larra. Finalmente, el director de <em>El Mundo<\/em> acept\u00f3 la propuesta de su cronista m\u00e1s le\u00eddo \u2013por eso, \u00e9l mismo se ocupaba de corregir los textos de Arlt\u2013, de ese hombre obsesivo al que sol\u00eda presentar en las visitas a la redacci\u00f3n como: \u201cEl atorrante Arlt. Un gran escritor\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u201cLA NECESIDAD DE ALGO HERMOSAMENTE SERIO\u201d<\/strong><\/p>\n<p><strong>(Los d\u00edas de Arlt en Chile)<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Con el coraz\u00f3n herido, dominado por la confusi\u00f3n, arrastrando con dificultad la implacable cadena del amor atada a uno de sus tobillos, Arlt inici\u00f3 su viaje rumbo a Santiago, a esa ciudad de \u201cabandono y miseria\u201d que rastrear\u00e1 al otro lado de la cordillera. \u201cSe hab\u00eda peleado conmigo y quer\u00eda irse. Nos segu\u00edamos peleando por carta\u201d, dijo Elizabeth Shine d\u00e9cadas despu\u00e9s en una entrevista publicada por el diario argentino <em>La Naci\u00f3n<\/em> en 1999, ten\u00eda 86 a\u00f1os y viv\u00eda en un hogar de ancianos en el barrio de Villa Devoto en Buenos Aires, y agreg\u00f3: \u201cLos dos \u00e9ramos terriblemente celosos. Antes de que saliera para Chile, yo le aclar\u00e9 que no ten\u00eda vocaci\u00f3n de Pen\u00e9lope y \u00e9l se puso furioso. En realidad hab\u00eda comenzado un pul\u00f3ver, pero no ten\u00eda intenci\u00f3n de terminarlo y empezarlo de nuevo\u2026 A veces \u00e9l me pegaba en la calle, pero yo le devolv\u00eda. Cuando se fue a Chile, quer\u00eda hacer un viaje largo, quer\u00eda librarse de m\u00ed. Sufr\u00edamos mucho. Era un sufrimiento, pero tambi\u00e9n era una necesidad estar juntos. Era un amor a pesar de nosotros\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Arlt lleg\u00f3 a Santiago en diciembre de 1940, acosado por el delirio y los \u201cimpulsos que retuercen al hombre\u201d, como dijo \u00e9l mismo, de los que no logr\u00f3 librarse. Era un \u00edmpetu desbocado que lo traicionaba. En su novela <em>El juguete rabioso<\/em>, hab\u00eda escrito un presagio posible de la cat\u00e1strofe y la esperanza: \u201cPod\u00eda hacer lo que se me antojara\u2026 Matarme si quer\u00eda\u2026 Pero eso era algo rid\u00edculo\u2026 Y yo\u2026 Yo ten\u00eda necesidad de hacer algo hermosamente serio, bellamente serio: adorar a la vida\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En esa entrevista de <em>La Naci\u00f3n<\/em>, Elizabeth reconstruy\u00f3 los arrebatos del escritor: \u201cUn d\u00eda fui a trabajar y encontr\u00e9 unos sobres escritos con su letra y dirigidos a amigos de la redacci\u00f3n. Era temprano. Todav\u00eda no hab\u00eda llegado nadie. Me apropi\u00e9 de ellos y los abr\u00ed: dec\u00eda cosas espantosas sobre m\u00ed, incluso intimidades. Hice desaparecer las cartas y al rato me avisaron que ten\u00eda una llamada de larga distancia. Era \u00e9l desde Chile que me dec\u00eda arrepentido: \u2018Hice una gran macana, les mand\u00e9 unas cartas a esos piojosos, sac\u00e1selas, que no las vayan a leer\u2019\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En Chile, Arlt \u201ctrabaja directamente sobre la interpretaci\u00f3n de la noticia; escribe con un estilo de una amplitud desconocida: usa la primera persona para hablar sobre todo y por todos, y discrimina el uso de la palabra como si estuviera inventando una lengua. En Arlt abundan las observaciones sobre las modalidades ling\u00fc\u00edsticas y las convenciones verbales: el periodismo es siempre una teor\u00eda del lenguaje\u201d, dijo Ricardo Piglia sobre su escritura de prensa. Desmenuz\u00f3 la coyuntura pol\u00edtica del Frente Popular como un renegado que escruta una ciudad ajena, con la desolaci\u00f3n a cuestas. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 cartas: en una dirigida a su madre, le dice: \u201cYo bien, trabajo mucho y estudiando m\u00e1s, pues nada conoc\u00eda y me imaginaba de un pa\u00eds como \u00e9ste. Est\u00e1 a un paso de la Argentina y por su abandono y miseria es peor que \u00c1frica. La capital, un barrio de Buenos Aires, la Boca o Mataderos. Para nosotros los argentinos que traemos dinero la vida es barata, pero para los nativos es sumamente cara. La ropa cuesta como en BA y los sueldos m\u00e1ximos son de 200 pesos. Una sirvienta gana en la capital 10 por mes. Aqu\u00ed en Santiago vive Ra\u00fal Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n con quien me veo frecuentemente y que es un muy grande amigo y muy buen muchacho\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En otra carta le cont\u00f3 del alivio cardiaco que sent\u00eda en estos lares: \u201cTodos los trastornos que padec\u00eda del coraz\u00f3n se han pasado, lo que me hace creer que esos trastornos no eran del coraz\u00f3n sino de origen g\u00e1strico, provocados por los mejoradores qu\u00edmicos que en la Argentina los panaderos le echan al pan. De otra manera no se explica c\u00f3mo es posible que aqu\u00ed pueda tomar vino, comer comida con salsas y no sufrir absolutamente nada ni del est\u00f3mago ni del coraz\u00f3n\u201d. La respuesta de la madre no se hizo esperar. Ella le dijo que no se aleje de la religi\u00f3n y que no se olvide de su hermana muerta: \u201cMi querido Roberto: No me siento nada bien y quiero decirte una cosa antes de morir. Te ruego para el bien de tu alma, para tu salvaci\u00f3n, buscate un fraile o un cura y confesate y comulg\u00e1\u2026 Roberto, no tires esta carta y pens\u00e1 que en lo que te digo est\u00e1 la salvaci\u00f3n, acordate lo que te dijo Lila antes de morir&#8230; Roberto, tenemos que volvernos a ver pues Lila est\u00e1 en el Cielo con los Santos\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Instalado en Santiago, Arlt esperaba encontrar consuelo y distracci\u00f3n a sus tormentos amorosos, a sus dudas y temores, escribiendo. Aferr\u00e1ndose a su labor como \u00fanica tabla de salvaci\u00f3n frente a un naufragio inminente, como cualquiera de sus personajes, con esa a\u00f1oranza disgustada, con el fracaso permanente de la b\u00fasqueda de un sentido, y tal como ellos, volvi\u00f3 a esa mujer idealizada que se ha perdido, como las que habitan en sus cuentos y novelas. Sin ella el mundo era disputas y rencor lunfardo, argucias y culpas y sentimentalismo de arrabal, como en un tango de Alfredo de Angelis.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pronto Arlt descubri\u00f3 la hebra del acontecer pol\u00edtico local y sus bifurcaciones, las que se esmer\u00f3 en comprender: observaba, escuchaba, le\u00eda, anotaba. Cruz\u00f3 el centro de Santiago, se acerc\u00f3 a la redacci\u00f3n del diario <em>El Siglo<\/em> \u2013en la calle Moneda esquina Mac-Iver\u2013, en busca un antiguo amigo y compa\u00f1ero de sus tiempos como reportero policial en el diario <em>Cr\u00edtica<\/em>, el poeta Ra\u00fal Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, \u201cel pich\u00f3n de Argentina\u201d, radicado en Chile. Luego de su paso por Espa\u00f1a en los medios republicanos <em>La Nueva Espa\u00f1a<\/em> y <em>El Diario<\/em>, donde hab\u00eda conocido a Garc\u00eda Lorca, Alberti, Machado, Hemingway y Dos Passos. Al caer la Rep\u00fablica, Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n hab\u00eda abandonado el pa\u00eds para volver a Sudam\u00e9rica con sus amigos Neruda y Delia del Carril.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En Chile, el poeta argentino retom\u00f3 el periodismo, el ejercicio permanente de la columna de opini\u00f3n, el reporteo de las luchas obreras, pero tambi\u00e9n la poes\u00eda, escribiendo lo que luego ser\u00eda su libro <em>Himno de p\u00f3lvora<\/em>, publicado en 1943: \u201cpoemas civiles\u201d \u2013como \u00e9l mismo los llamaba\u2013 sobre viajes, barrios de Par\u00eds, Buenos Aires y Nueva York; pueblos cordilleranos o de la Patagonia, personajes del circo, oscuros tugurios, marineros, hampones y contrabandistas, o sobre acontecimientos pol\u00edticos y sociales. \u201cEscribir poes\u00eda combativa era escribir a la sombra de Ra\u00fal Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, el Rub\u00e9n Dar\u00edo de la poes\u00eda social\u201d, declar\u00f3 alguna vez Octavio Paz. En <em>El Siglo<\/em>, el poeta alimentaba las columnas \u201cDe sol a sol\u201d y \u201cEl diablo cojudo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para ese reencuentro santiaguino con su amigo Gonz\u00e1lez Tu\u00f1\u00f3n, Arlt llevaba bajo el brazo el manuscrito de su libro in\u00e9dito de relatos <em>El criador de gorilas<\/em>; quer\u00eda publicarlo, confiaba en su amigo, sab\u00eda que \u00e9l lo orientar\u00eda y lo pondr\u00eda al tanto de la vida cultural de esta ciudad ajena. En la redacci\u00f3n conoci\u00f3 al escritor Volodia Teitelboim, uno de los fundadores del peri\u00f3dico, quien estaba al tanto de los s\u00f3lidos antecedentes literarios del escritor y periodista argentino quien para entonces ya hab\u00eda publicado novelas, cuentos, obras de teatro y los vol\u00famenes de sus Aguafuertes porte\u00f1as y espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las visitas a la redacci\u00f3n de <em>El Siglo<\/em> se hicieron habituales. Arlt llegaba por las tardes, al final de la jornada, comentaba sin reservas su trabajo del d\u00eda, sus colaboraciones para <em>El Mundo <\/em>\u2013sus \u201cCartas de Chile\u201d, en las que analizaba la estructura pol\u00edtica del pa\u00eds, el d\u00e9ficit de salario y alimentaci\u00f3n, adem\u00e1s de un par de obras literarias locales como la de Benjam\u00edn Subercaseaux y Chela Reyes, citando err\u00f3neamente el nombre de una de sus obras\u2013. Tambi\u00e9n permanec\u00eda atento a los cables internacionales, segu\u00eda el ascenso en Europa del nazismo y su rastro infame; en columnas como \u201cEl terrorista Hess aterrorizado\u201d o \u201cTierras fecundas para el ocultismo\u201d se detiene en algunos de sus singulares personajes, los v\u00ednculos entre la astrolog\u00eda y la doctrina nazi que imprim\u00eda su sello de muerte.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Arlt hac\u00eda preguntas, ataba cabos, establec\u00eda v\u00ednculos y filiaciones. Fue testigo y registr\u00f3, cuestion\u00f3, increp\u00f3 a los que levantaban objeciones y conspiraban contra el gobierno de Aguirre Cerda: \u201clos grandes terratenientes, financieros, industriales y pol\u00edticos de significaci\u00f3n afectados en sus intereses\u00a0 por el nuevo r\u00e9gimen\u201d, y asegur\u00f3 que \u201cpondr\u00e1n sus esperanzas en un pronunciamiento cuartelero\u201d, anota en la cr\u00f3nica \u201cEstructura pol\u00edtica de Chile\u201d, en la que presume que dichas agrupaciones \u201cestar\u00edan organizando clandestinamente brigadas de choque\u201d. En \u201cChile a trav\u00e9s de un arist\u00f3crata\u201d, fustig\u00f3 sin rodeos lo expuesto en <em>Chile o una loca geograf\u00eda<\/em> de Benjam\u00edn Subercaseaux; para Arlt \u201cun libro que es lo suficientemente superficial para merecer el elogio de sus contempor\u00e1neos\u201d, objetando el Premio Municipal de Santiago que hab\u00eda obtenido la obra ese mismo a\u00f1o (Gabriela Mistral, certera, hab\u00eda advertido a Subercaseaux: \u201cVan a zarandearlo por la gruesa columna de reparos que levanta en frente de la chilenidad\u201d). Arlt alude a \u201cla frivolidad de proporciones incre\u00edbles\u201d del an\u00e1lisis del escritor chileno. \u201cDudo que haya pa\u00eds Sud Americano donde las masas hayan sido m\u00e1s explotadas, hambreadas, masacradas y calumniadas que las masas proletarias de Chile. Alberg\u00e1ndose cuando pueden en un conventillo que nos recuerdan las m\u00e1s salvajes descripciones gorkianas, semidesnudos, estos tremendos desdichados han tenido que soportar sobre sus espaldas una sociedad que engendra literatos como Benjam\u00edn Subercaseaux, banqueros como Edwards, financieros como Ross Santa Mar\u00eda pol\u00edticos como Alessandri, es decir, los arquetipos m\u00e1s ferozmente enemigos del pueblo que pueda so\u00f1arse para castigo mismo\u201d, y concluye: \u201chay momentos en que el lector que conoce Chile se queda dudando si el libro que lee versa sobre Chile o sobre un pa\u00eds imaginario\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Arlt impugna el triste retrato de Subercaseaux amparado en el estudio <em>La realidad m\u00e9dico social chilena<\/em>, del entonces ministro de Salubridad del Frente Popular, el m\u00e9dico Salvador Allende, publicado poco tiempo antes, una fuente veraz sobre la miseria, el maltrato y el despojo hacia los m\u00e1s pobres. Teitelboim tambi\u00e9n recordaba que cada vez que \u00e9l deb\u00eda ir a la c\u00e1rcel a ver a sus camaradas, \u201cArlt quer\u00eda venir conmigo, le gustaba visitar encarcelados y me contaba de sus visitas a la Penitenciar\u00eda de Las Heras, donde hab\u00eda visto c\u00f3mo fusilaban a Severino Di Giovanni\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En alg\u00fan escritorio desocupado de la redacci\u00f3n, Arlt expon\u00eda su carpeta con hojas mecanografiadas que dieron cuenta de su lucha cotidiana con la forma: \u201cPara que vea que no macaneo. Sabe, a m\u00ed me gusta retorcerle el cogote a las palabras\u201d, dec\u00eda el argentino. \u201cEscrib\u00eda con faltas de ortograf\u00eda; pero respetaba las palabras\u201d, record\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s Teitelboim. Arlt, por su parte, hab\u00eda zanjado cualquier acusaci\u00f3n semejante en el pr\u00f3logo de su novela <em>Los Lanzallamas<\/em>: \u201cSe dice de m\u00ed que escribo mal. Es posible. De cualquier manera, no tendr\u00eda dificultad en citar a numerosa gente que escribe bien y a quienes \u00fanicamente leen correctos miembros de su familia. Para hacer estilo son necesarias comodidades, rentas, vida holgada. Pero por lo general, la gente que disfruta de tales beneficios se evita siempre la molestia de la literatura\u201d. Onetti va m\u00e1s all\u00e1, lee los acordes arltianos como la manifestaci\u00f3n de una corriente (o un vendaval) interior: \u201cla prosodia arltiana era la sublimaci\u00f3n del hablar porte\u00f1o: escatimaba las eses finales y las multiplicaba en mitad de las palabras como un tributo al esp\u00edritu de equilibrio que \u00e9l nunca tuvo\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arlt hac\u00eda preguntas, ataba cabos, establec\u00eda v\u00ednculos y filiaciones. 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