{"id":12573,"date":"2020-09-22T04:38:57","date_gmt":"2020-09-22T04:38:57","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=12573"},"modified":"2020-09-22T04:38:57","modified_gmt":"2020-09-22T04:38:57","slug":"una-larga-cola-de-burro-para-pinochet-miguel-littin-clandestino-en-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2020\/09\/22\/una-larga-cola-de-burro-para-pinochet-miguel-littin-clandestino-en-chile\/","title":{"rendered":"Una larga cola de burro para Pinochet: Miguel Littin clandestino en Chile."},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Una de las razones por las cuales la pel\u00edcula <em>No<\/em> de Pablo Larra\u00edn me dej\u00f3 un gusto amargo fue esa extra\u00f1a par\u00e1bola donde, a pesar de todas las revueltas, de lo crudo de la dictadura, de los varios grupos que en la clandestinidad intentaron (la mayor parte de las veces fracasando rotundamente) desbaratar a la Junta militar a punta de balazo y dinamita, el fin de un proceso tan oscuro como violento se acababa con v\u00edtores y aplausos a un publicista extranjero que intent\u00f3 sacar lo m\u00e1s na\u00eff del chileno de los \u201880. Dem\u00e1s est\u00e1 decir que, pasada la larga resaca de los noventa, el desencanto que el arco\u00edris del <em>No<\/em> alumbrara con su est\u00e9tica <em>kawaii<\/em>, volv\u00eda a instalarse en la forma de una constataci\u00f3n cruel: no, las cosas no hab\u00edan cambiado tanto. El 18 de octubre del 2019 \u00ad\u2013pienso ahora mientras revisito este texto de cara a un nuevo 11 de septiembre\u00ad\u2013 fue quiz\u00e1 el ejemplo m\u00e1s claro de aquello: militares asesinos sueltos, una \u00e9lite pol\u00edtica que practica la gimnasia de rotarse esca\u00f1os en el congreso o en los ministerios, entre otras millones de cosas que reventar\u00edan una \u00falcera. <em>La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile <\/em>de Garc\u00eda M\u00e1rquez es un documento valioso en tanto permite acercarse a esa extra\u00f1a cotidianeidad que se urd\u00eda en este pa\u00eds durante la dictadura. M\u00e1rquez, por supuesto, se borra absolutamente de esta empresa y deja que la voz de Littin vaya perfilando los pormenores de un viaje en donde la muerte se encontraba en los ojos de un carabinero perspicaz o en los de alg\u00fan sapo de la DINA. \u201cLo \u00fanico que deb\u00eda evitar era re\u00edrme\u201d, dice Littin en las primeras p\u00e1ginas del libro, \u201cpues mi risa es tan caracter\u00edstica que me habr\u00eda delatado a pesar del disfraz. Tanto, que el responsable de mi cambio me advirti\u00f3 con todo el dramatismo de que fue capaz: \u00abSi te r\u00edes te mueres\u00bb\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El contexto es m\u00e1s o menos conocido: luego de diez a\u00f1os, Pinochet saca a la luz p\u00fablica una lista de personas que pueden, bajo estricta vigilancia de la Junta, volver del exilio. Anexa a esa lista hab\u00eda otra con un n\u00famero importante de personas non gratas. Littin, para su completa desgracia, se encontraba en la segunda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda que volver.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El costo: transformarse en otro. Despersonalizarse. Volver al pa\u00eds que te expuls\u00f3 siendo un extranjero. \u201cLa transfiguraci\u00f3n del cuerpo fue m\u00e1s f\u00e1cil, pero exigi\u00f3 de m\u00ed un mayor esfuerzo mental. El cambio de cara era en esencia un asunto del maquillaje, pero el del cuerpo requer\u00eda un entrenamiento psicol\u00f3gico espec\u00edfico y un mayor grado de concentraci\u00f3n. Porque era all\u00ed donde ten\u00eda que asumir a fondo mi cambio de clase\u201d. Mientras unos cuerpos eran torturados, Littin debe leer esa pol\u00edtica de los cuerpos para ser una suerte de cuerpo-aceptable-para-el-nuevo-r\u00e9gimen. En este caso, y en un tono que a ratos es una parodia, imita a la perfecci\u00f3n el perfil del pa\u00eds que se est\u00e1 construyendo: Littin performa a un extranjero que desea colocar sus inversiones en estos pagos. Encarna as\u00ed al <em>sujeto ideal<\/em> para el gobierno de turno. En el r\u00e9gimen de la incertidumbre y la desconfianza, ingresa a Chile conociendo los c\u00f3digos bajo los cuales se ha reconfigurado su pa\u00eds, para desde ese lugar siempre incierto, lanzarse a la arriesgada tarea de documentar el ocaso del proyecto de la Unidad Popular.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cUnos 15.000 ejemplares del libro del escritor colombiano Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez <em>Miguel Littin: una aventura clandestina en Chile<\/em> fueron quemados a finales del pasado mes de noviembre en Chile por \u00abpropagar doctrinas totalitarias y atacar a las Fuerzas Armadas\u00bb\u201d. Seg\u00fan el periodista Arturo Navarro, representante en Santiago de Chile de la editorial colombiana Oveja Negra, la orden de incineraci\u00f3n fue dada por el almirante Hern\u00e1n Rivera Calder\u00f3n. Otro libro quemado fue el titulado <em>Proceso a la izquierda<\/em>, de Teodoro Pettkoff, ex candidato presidencial de Venezuela\u00bb (<em>El Pa\u00eds, <\/em>25 de enero de 1987).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cLa cultura consumista y l\u00fadica que transfigur\u00f3 Las Vegas hace casi treinta a\u00f1os gana cada d\u00eda nuevo terreno en nuestra relaci\u00f3n cotidiana con la ciudad, all\u00e1 donde vivamos: Par\u00eds, El Cabo, Tokio, Sao Paulo, Mosc\u00fa. Todos somos habitantes de Las Vegas\u201d dice Bruce B\u00e9gout en <em>Zer\u00f3polis. <\/em>Su diagn\u00f3stico, lapidario aunque no por eso menos acertado, permite leer el desconcierto al que Littin se enfrenta luego de llegar al Santiago de la dictadura: \u201cEn efecto, el acceso al antiguo aeropuerto Los Cerrillos era una carretera antigua a trav\u00e9s de tugurios industriales y barriadas pobres, que sufrieron una represi\u00f3n sangrienta durante el golpe militar. El acceso al actual aeropuerto internacional, en cambio, es una autopista iluminada como en los pa\u00edses mejor desarrollados del mundo, y esto era un mal principio para alguien como yo, que no s\u00f3lo estaba convencido de la maldad de la dictadura, sino que necesitaba ver fracasos en la calle, en la vida diaria, en los h\u00e1bitos de la gente, para filmarlos y divulgarlos por el mundo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mientras Littin busca la pornomiseria para despertar el repudio de la comunidad internacional, el panorama se le presenta de forma perturbadoramente contraria: un pa\u00eds limpio, en absoluto orden. Littin peca de ingenuo. Santiago se estaba transformando en una ciudad abierta a los nuevos flujos: el capitalismo posindustrial, la apertura del mercado inmobiliario, la construcci\u00f3n de una imagen pa\u00eds ad hoc con determinados est\u00e1ndares internacionales. Si la UP busc\u00f3 bosquejar una imagen de un Chile que avanzaba con obreros y campesinos organizados, Pinochet y su tropa apostaron todas sus cartas por organizar una nueva cartograf\u00eda que operase como asepsia del relato construido con la clase trabajadora.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ese relato ordenador, donde la ciudad limpia, sin afiches, sin grafitis, sin protestas, llena de publicidad transnacional y transitada exclusivamente para ir al trabajo; la ciudad, digamos, como dispositivo que permite la existencia de un modo de organizar la econom\u00eda; esa ciudad y ese relato, <em>estamos-mejor-ahora-que-antes, <\/em>fetichizado en el sentido que entendi\u00f3 Marx la fetichizaci\u00f3n de la mercanc\u00eda, es al que Littin se enfrenta, sorprendido y todav\u00eda ordenando el modo de afrontar ese significante vac\u00edo que se le ofrec\u00eda con toda su seducci\u00f3n[note] A prop\u00f3sito de esto, sugiero la lectura de este art\u00edculo de Rodrigo Arroyo, \u00abIm\u00e1genes ante el vac\u00edo\u00bb: <a href=\"http:\/\/letras.mysite.com\/rarr290620.html\">http:\/\/letras.mysite.com\/rarr290620.html<\/a> [\/note].<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cAproximadamente un mes m\u00e1s tarde lleg\u00f3 al Aeropuerto de Santiago una caja que ven\u00eda directamente de la f\u00e1brica K\u00f3dak (Rochester) que la aduana dej\u00f3 entrar porque no significaba ning\u00fan coste para el Estado. Chris Marker reuni\u00f3 los recursos en Europa y realiz\u00f3 el pedido directamente a la f\u00e1brica de Estados Unidos. La caja conten\u00eda 43 mil pies de pel\u00edcula (aproximadamente 14 horas) en 16 mm y blanco y negro, m\u00e1s 134 cintas magn\u00e9ticas para Nagra\u201d. La an\u00e9cdota es de Patricio Guzm\u00e1n y nos permite en parte entender lo complejo que era, ya para principios de la d\u00e9cada del \u201870, llevar a cabo una filmaci\u00f3n. En este caso, la an\u00e9cdota remite al famoso documental <em>La batalla de Chile, <\/em>posible gracias a la ayuda de un Chris Marker tan comprometido como enigm\u00e1tico. Litt\u00edn, por su parte, despliega una estrategia digna de un film noir: dada las estrictas normas de seguridad, la \u00fanica forma de conseguir im\u00e1genes de Chile era coordinar a tres equipos extranjeros para que hicieran su ingreso legal al pa\u00eds a filmar documentales de otra \u00edndole. El cine, sabemos, es un trabajo orquestal en donde el montaje es finalmente el que dota de sentido a las im\u00e1genes recopiladas: la yuxtaposici\u00f3n es la que construye el discurso y Litt\u00edn lo sabe a la perfecci\u00f3n. Mientras el equipo de la televisi\u00f3n Italiana registra la gris tesitura de Santiago, el cineasta se mueve entre los c\u00edrculos clandestinos para ir conociendo la opini\u00f3n de aquellos que se vieron obligados a esa otra forma de exilio, probablemente la peor: el exilio interno. Peque\u00f1as c\u00e9lulas de resistencia que ir\u00edan tejiendo lentamente la rabia que estallar\u00eda el a\u00f1o 1986, para muchos el a\u00f1o en que el hast\u00edo fue m\u00e1s grande que el miedo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Garc\u00eda M\u00e1rquez en todo esto? \u00bfes sencillamente, tomando el rol que Littin asume a la hora de ensamblar las im\u00e1genes de ese Chile gris\u00e1ceo, el montajista de un relato ajeno? \u201cCuando Miguel Littin me cont\u00f3 en Madrid lo que hab\u00eda hecho, y c\u00f3mo lo hab\u00eda hecho, pens\u00e9 que detr\u00e1s de su pel\u00edcula hab\u00eda otra pel\u00edcula sin hacer que corr\u00eda el riesgo de quedarse in\u00e9dita\u201d dice Garc\u00eda M\u00e1rquez en el prefacio del libro. La cr\u00f3nica como el <em>backstage<\/em> de un hombre que debe transformarse en otro para volver a su pa\u00eds de origen, cuidar cada gesto con minuciosidad de relojero porque en esas estrategias del cuerpo est\u00e1 el l\u00edmite entre la vida y la muerte. \u201cEl estilo del texto final es m\u00edo, desde luego, pues la voz de un escritor no es intercambiable, y menos cuando ha tenido que comprimir casi seiscientas p\u00e1ginas en menos de ciento cincuenta\u201d. Cualquier persona que haya trabajado transcribiendo entrevistas sabe que hay sutilezas que el texto escrito a veces no puede captar con fidelidad: la prosodia, los silencios, el cambio de respiraci\u00f3n, la forma en que la mirada traza el \u00e1nimo del relator. Garc\u00eda M\u00e1rquez, en este caso, opera como traductor de Littin, mientras que Littin \u2013la memoria, sabemos, est\u00e1 llena de imprecisiones\u2013 intenta traducir su propia experiencia, su paseo por el horror, en una experiencia susceptible de ser colocada en palabras. La s\u00edntesis, la compresi\u00f3n y organizaci\u00f3n tem\u00e1tica es, en esta cr\u00f3nica, el trabajo de arquitectura que Garc\u00eda M\u00e1rquez ejecuta con precisi\u00f3n period\u00edstica y hasta, si cabe la expresi\u00f3n, sociol\u00f3gica. El relato oral, que suele carecer de sentido claro, estar lleno de tropiezos, ac\u00e1 es diseccionado para construir peque\u00f1as parcelas que le entregan al lector una sensaci\u00f3n de continuidad, una cronolog\u00eda que sintetice el caos informe que es la vida misma. \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>El resultado de esa aventura de persecuciones y paranoia, con un Littin que a ratos parece estar protagonizando un remake de <em>Le Samoura\u00ef <\/em>Jean-Pierre Melville en clave thriller pol\u00edtico, es <em>Acta de Chile<\/em>, una serie de tres documentales que, por un lado, va narrando los tropiezos de una memoria que intenta infructuosamente solapar la vieja imagen del pa\u00eds que se dej\u00f3, mientras que recopila los testimonios de diversos personajes que, a diferencia de <em>No<\/em> de Larra\u00edn, fueron los art\u00edfices de la ca\u00edda del r\u00e9gimen: abogados de la Vicar\u00eda, dirigentes sociales, incluso criaturas nefastas como Andr\u00e9s Zald\u00edvar aparecen all\u00ed dando cuenta del Horror que se instal\u00f3 diez a\u00f1os antes. Ese documental es, en la expresi\u00f3n del cineasta, la larga cola para el burro Pinochet. En este caso, una cola de siete mil metros de cinta.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras Littin busca la pornomiseria para despertar el repudio de la comunidad internacional, el panorama se le presenta de forma perturbadoramente contraria: un pa\u00eds limpio, en absoluto orden. Littin peca de ingenuo. 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