{"id":14053,"date":"2022-03-16T21:18:39","date_gmt":"2022-03-16T21:18:39","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=14053"},"modified":"2022-03-16T21:18:39","modified_gmt":"2022-03-16T21:18:39","slug":"preservacion-de-la-inocencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2022\/03\/16\/preservacion-de-la-inocencia\/","title":{"rendered":"Preservaci\u00f3n de la inocencia"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Traducci\u00f3n de Franco Urra Cabezas<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"align-right\"><em>Negro, pobre y homosexual: estos tres tipos de identidad social, tres maneras de experimentar la discriminaci\u00f3n, confluyeron en la figura de James Baldwin, uno de los escritores afroestadounidenses m\u00e1s influyentes del siglo pasado. Desde muy ni\u00f1o, Baldwin experimentar\u00eda esta forma de triple opresi\u00f3n, tanto en el \u00e1mbito p\u00fablico como en el privado. Y, sin embargo, no tardar\u00eda en encontrar la que se convertir\u00eda en su guarida predilecta: la librer\u00eda fue para \u00e9l un verdadero oasis que lo alejaba, aunque fuera moment\u00e1neamente, de la crueldad apabullante del mundo exterior. La lectura y la escritura pronto se convertir\u00edan en las grandes aliadas que le permitir\u00edan a Baldwin hacer frente al racismo y la homofobia imperantes en la sociedad estadounidense de la \u00e9poca. Pero no pasar\u00eda mucho tiempo antes de que \u201cJimmy\u201d, como lo llamaban sus m\u00e1s cercanos, se diera cuenta de que \u00e9sta ser\u00eda una batalla que no podr\u00eda llevar a cabo en su tierra natal. Con tan solo 24 a\u00f1os, Baldwin decide autoexiliarse en Francia, donde vivi\u00f3 la mayor parte de sus d\u00edas hasta su muerte el 1 de diciembre de 1987, a la edad de 63 a\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>Entre los grandes temas que caracterizan la obra de James Baldwin, quiz\u00e1s uno de los m\u00e1s persistentes sea el de la autoaceptaci\u00f3n: de qu\u00e9 forma sus protagonistas logran (o no) aceptarse como miembros de un grupo cuya identidad es constantemente invisibilizada o despreciada por el resto de la sociedad. Una lucha interna con la que el mismo Baldwin tuvo que lidiar de manera frecuente, llev\u00e1ndolo incluso a considerar el suicidio como la \u00fanica forma de escapar de una depresi\u00f3n que lo atorment\u00f3 intermitentemente durante la mayor parte de su vida. Porque si en el centro de Nueva York eran los polic\u00edas quienes lo atormentaban por negro, en Harlem, el barrio que lo vio nacer, eran sus mismos vecinos quienes lo acosaban por homosexual. Una dolorosa cruz con la que cargar, y que Baldwin supo retratar de manera tan aguda y, a la vez humana, en su obra. <\/em><\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><em>\u201cPreservaci\u00f3n de la inocencia\u201d es, precisamente, un ejemplo de ello. Publicado en ingl\u00e9s durante el verano de 1949 en la revista parisiense Zero, este ensayo se divide en dos partes: en la primera, Baldwin critica el supuesto car\u00e1cter \u201cantinatural\u201d de la homosexualidad, develando las distintas contradicciones que surgen al momento de emplear un criterio semejante a lo que \u00e9l considera uno m\u00e1s de los diversos rasgos distintivos de la especie humana. En la segunda parte, el autor cuestiona la manera en la que la homosexualidad es retratada en una serie de novelas estadounidenses de la primera mitad del siglo XX, y apela a una caracterizaci\u00f3n humana y desprejuiciada de los personajes a los que los y las novelistas dan vida en sus escritos.<\/em><\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El problema del homosexual, relacionado de forma tan intensa con el bien y el mal, lo antinatural en oposici\u00f3n a lo natural, tiene sus ra\u00edces en la naturaleza del hombre y de la mujer, y en la relaci\u00f3n del uno con el otro. Al mismo tiempo que hablamos de la naturaleza y de la naturaleza del hombre, en ambas ocasiones hablamos de algo que conocemos muy poco, y hacemos la admisi\u00f3n t\u00e1cita de que no son lo mismo. Entre la naturaleza y el hombre hay una diferencia; existe, de hecho, una guerra perpetua. Se desprende que, cuando pensamos en ello, no s\u00f3lo es un estado natural perversamente indefinible afuera del vientre o antes de la tumba, sino que no es en lo absoluto un estado que sea completamente deseable. Menos mal que cocinamos nuestra comida y que no nos desconcertamos por los ba\u00f1os y que no copulamos en la v\u00eda p\u00fablica. Las personas que no han aprendido esto no son admiradas como naturales, sino que son temidas por ser primitivas, o encarceladas por considerarse dementes. Dedicamos inmensas cantidades de tiempo y de energ\u00eda emocional en aprender c\u00f3mo no ser naturales y en eludir la trampa de nuestra propia naturaleza, y por lo tanto, resulta muy dif\u00edcil saber a qu\u00e9 nos referimos exactamente cuando hablamos de lo antinatural. No podemos tener ambas cosas a la vez, por un lado usar la naturaleza como el \u00e1rbitro definitivo de la conducta humana, y por el otro oponerse a ella tan furiosamente como acostumbramos hacer. Como estamos siendo imprecisos, quiz\u00e1s desesperadamente defensivos y haciendo, a la inversa, una admisi\u00f3n tan da\u00f1ina cuando describimos como inhumano alg\u00fan acto reprobable cometido por otro ser humano, entonces nos involucramos irremediablemente en una paradoja cuando describimos como antinatural algo que encontramos en la naturaleza. Un gato torturando a muerte a un rat\u00f3n no es descrito como inhumano pues asumimos que es perfectamente natural; tampoco declaramos como antinatural una mesa sabiendo que no tiene nada que ver con la naturaleza. Lo que realmente parecemos estar diciendo cuando hablamos de lo inhumano, es que no soportamos enfrentarnos a esa insondable bajeza compartida por toda la humanidad, y, cuando hablamos de lo antinatural, que no podemos imaginarnos qu\u00e9 tormentos se le ocurrir\u00e1n luego a la naturaleza. En s\u00edntesis, cuando sea que se invoca a la naturaleza para respaldar nuestras divisiones humanas, tenemos todo el derecho de mostrarnos suspicaces, luego de que la naturaleza traicionara \u00fanicamente el inter\u00e9s m\u00e1s desconcertante e inconfiable en el hombre, y ninguno siquiera en sus instituciones. Resentimos esta indiferencia, y nos asusta; la resistimos;\u00a0 afirmamos incesantemente el milagro de nuestra existencia contra este poder implacable. A\u00fan as\u00ed, no sabemos nada del nacimiento ni de la muerte excepto que permanecemos impotentes al enfrentarnos a ambas. Por mucho que resintamos, o amenacemos, o engatusemos a la naturaleza, \u00e9sta se reh\u00fasa absolutamente a ceder; puede que en cualquier momento juegue su mejor carta, que nunca falla en mantener escondida, y dejarnos en la bancarrota. Con el tiempo (su aliado y su testigo demasiado expl\u00edcito), el sol se levanta y se esconde y la faz de la tierra cambia; finalmente las extremidades se endurecen, y la luz desaparece de los ojos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6><em>Y de la hoz del tiempo nada podr\u00e1 defenderse<br \/>\nSalvo la descendencia que le har\u00e1 frente cuando de aqu\u00ed te lleve.<\/em><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a><\/h6>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Llegamos a la acusaci\u00f3n m\u00e1s antigua, insistente y vehemente, enfrentrada por el homosexual: es antinatural porque ha renegado de su funci\u00f3n procreadora por una uni\u00f3n que es est\u00e9ril. Esto, en s\u00ed mismo, puede considerarse un crimen serio, incluso imperdonable, pero como no es considerado como tal al tener en cuenta a otras personas, los solteros o los asolados por la pobreza o los d\u00e9biles, y como su existencia no siempre suscit\u00f3 esa histeria a la que se enfrenta ahora, es seguro sugerir que su car\u00e1cter intocable en la actualidad debe su fuerza motriz a otras causas diversas. Perm\u00edtanme sugerir que su degradaci\u00f3n actual, y nuestra obsesi\u00f3n hacia \u00e9l, corresponden a la degradaci\u00f3n en la relaci\u00f3n entre los sexos; y que su posici\u00f3n ambigua y terrible en nuestra sociedad refleja las ambig\u00fcedades y el terror que el tiempo ha depositado en esa relaci\u00f3n, como el mar amontona algas y escombros a lo largo de la costa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Porque, despu\u00e9s de todo, supongo que nadie puede estar seriamente perturbado por la tasa de natalidad: cuando la raza cometa suicidio no lo har\u00e1 en Sodoma. Tampoco podemos continuar gritando \u201cantinatural\u201d cuando nos encontramos frente a un fen\u00f3meno tan antiguo como la humanidad, un fen\u00f3meno que, adem\u00e1s, la naturaleza ha repetido maliciosamente en todo su dominio. Si vamos a ser naturales, entonces esto es parte de la naturaleza; si rehusamos aceptarlo, entonces hemos rechazado a la naturaleza y debemos encontrar otro criterio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Instant\u00e1neamente, se nos viene a la mente la Deidad, sospecho que de una forma muy similar a la que \u00e9sta se materializ\u00f3 aquel d\u00eda fr\u00edo y oscuro en el que descubrimos que a la naturaleza no le import\u00e1bamos en lo absoluto. Su aparici\u00f3n, que por s\u00ed sola ten\u00eda el poder de salvarnos de la naturaleza y de nosotros mismos, tambi\u00e9n cre\u00f3 la conciencia de uno mismo y, por lo tanto, tensiones y terrores y responsabilidades con las que antes no hab\u00edamos lidiado. Marc\u00f3 la muerte de la inocencia; instal\u00f3 la dualidad del bien y el mal; y ahora el Pecado y la Redenci\u00f3n, esas campanas poderosas, iniciaron ese llanto que no cesar\u00e1 hasta que, por medio de otro acto de creaci\u00f3n, trascendamos nuestra antigua moralidad. Antes de que fu\u00e9ramos desterrados del Ed\u00e9n y se pronunciara la maldici\u00f3n, \u201cCrear\u00e9 enemistad entre ti y la mujer\u201d, el homosexual no exist\u00eda; tampoco lo hac\u00eda, propiamente hablando, el heterosexual. Todos nos encontr\u00e1bamos en un estado de naturaleza.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Estamos forzados a considerar esta tensi\u00f3n entre Dios y la naturaleza y nos enfrentamos, as\u00ed, a la naturaleza de Dios pues \u00c9l es la creaci\u00f3n m\u00e1s intensa del hombre, y no es a vista de la naturaleza que se condena al homosexual, sino que a vista de Dios. Esto implica un fracaso profundo y peligroso en el concepto, ya que un n\u00famero incalculable de personas en el mundo son, de este modo, condenadas a algo m\u00e1s bajo que la vida misma; y por supuesto, no podr\u00edamos hacer esto sin limitarnos a nosotros mismos. La vida, es cierto, es un proceso de alternativas y decisiones, el conocimiento consciente y la aceptaci\u00f3n de nuestras limitaciones. Sin embargo, la experiencia, sin mencionar a la historia, parece claramente indicar que no es posible disipar o falsear ninguna necesidad humana sin someternos nosotros mismos a un proceso de falsificaci\u00f3n y de p\u00e9rdida. \u00bfY qu\u00e9 hay del asesinato? Una caracter\u00edstica humana, por cierto. \u00bfDebemos acoger al asesino? Pero la pregunta deber\u00eda formularse de otro modo: \u00bfes posible no acogerlo? Pues \u00e9l es nuestro y est\u00e1 dentro nuestro. No podremos ser libres hasta que lo entendamos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La naturaleza del hombre y la mujer, y su relaci\u00f3n el uno con la otra, cubre mares de conjetura, y una inmensa proporici\u00f3n de los mitos, leyendas y literatura del mundo se dedican a este tema. Por la evidencia presentada en cualquier librer\u00eda, deducimos que ha causado una incomodidad no menor. Se puede observar que mientras m\u00e1s imaginamos lo que hemos descubierto, menos sabemos, y que, adem\u00e1s, la necesidad de descubrir y, el esfuerzo y la autoconciencia involucradas en esta necesidad, hacen m\u00e1s y m\u00e1s compleja esta relaci\u00f3n. Hombres y mujeres parecen funcionar como espejos imperfectos, y a ratos reticentes, del uno y la otra; una falsificaci\u00f3n o distorsi\u00f3n de la naturaleza de uno es inmediatamente reflejada en la naturaleza de la otra. Una divisi\u00f3n entre ambos s\u00f3lo puede revelar una divis\u00f3n en el alma de cada uno. Las cosas no se facilitan si a continuaci\u00f3n decidimos que los hombres deben recapturar su estatus como hombres y que las mujeres deben acoger su funci\u00f3n como mujeres; el resultado es una rigidez de actitud que no s\u00f3lo extermina cualquier comuni\u00f3n posible, sino que, habiendo enumerado las simples caracter\u00edsticas f\u00edsicas, nadie est\u00e1 preparado para ir m\u00e1s all\u00e1 y decidir, de entre nuestros m\u00faltiples atributos humanos, cu\u00e1les son masculinos y cu\u00e1les femeninos. En cuanto decimos que las mujeres tienen sensibilidades m\u00e1s refinadas y delicadas, se nos recuerda que ellas son insistentemente, m\u00edticamente e incluso hist\u00f3ricamente, traicioneras. Si somos tan impulsivos como para decir que los hombres tienen mejor resistencia, se nos recuerda la procesi\u00f3n de hombres que han ido a sus grandes casas mientras las mujeres caminaban por las calles\u2014llorando, seg\u00fan nos dicen, pero sin duda, chismeando y yendo de compras al mismo tiempo. No podemos leer ninguna novela, ning\u00fan drama, ning\u00fan poema; no podr\u00edamos analizar ninguna f\u00e1bula ni ning\u00fan mito sin toparnos con esta despiadada paradoja de los sexos. Es una paradoja que la mera experiencia es capaz de iluminar, y esta experiencia no es comunicable en ninguna lengua que conozcamos. El reconocimiento de esta complejidad es se\u00f1al de madurez; marca la muerte del ni\u00f1o y el nacimiento del hombre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se dir\u00eda, con una exageraci\u00f3n enormemente m\u00e1s aparente que real, que una de las m\u00e1s grandes ambiciones estadounidenses es rehuir de esta metamorfosis (la transformaci\u00f3n del ni\u00f1o en hombre). En el intento, verdaderamente impresionante, del estadounidense de, al mismo tiempo, preservar su inocencia y llegar a un estado de hombr\u00eda, se ha creado y perfeccionado ese est\u00fapido monstruo, el tipo duro, cuya masculinidad se halla en las exterioridades m\u00e1s infantiles y elementales, y cuya actitud hacia las mujeres es el casamiento entre el romanticismo m\u00e1s fatal y la desconfianza m\u00e1s implacable. Es imposible creer, por un momento, que cualquier h\u00e9roe de Cain o Chandler<a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a> ame a su mujer; nos proporcionan evidencia aplastante de que la desea, pero no es lo mismo y, adem\u00e1s, lo que parece desear es venganza: lo que los acerca el uno al otro no es ni siquiera la pasi\u00f3n o la sexualidad, sino que un rechinar incre\u00edblemente furioso e inf\u00e9rtil. Est\u00e1n rodeados de sangre y traici\u00f3n, y su amarga c\u00f3pula, que posee la urgencia y la precisi\u00f3n de una r\u00e1faga de ametralladora, se proclama y enfatiza en el cad\u00e1ver misterioso y pasmado. La mujer, en estos trabajos energ\u00e9ticos, es la cantidad desconocida, la encarnaci\u00f3n del mal sexual, del sonriente con el cuchillo. Es el hombre el que, por toda su ret\u00f3rica y sus metralletas, es el inocente, inexplicablemente, compulsivamente y perpetuamente traicionado. El hombre y la mujer pr\u00e1cticamente han\u00a0 desaparecido de nuestra cultura popular, dejando solo esta inquietante serie de efigies cuya fuerza motriz se nos ha dicho que es el sexo, pero que es, en realidad, un anhelo de ensue\u00f1o, una insatisfacci\u00f3n m\u00e1s melanc\u00f3lica que la de la Bella Durmiente esperando el toque revitalizante del Pr\u00edncipe predestinado. Pues el sue\u00f1o americano del amor insiste en que el Chico consiga a la Chica; el chico duro posee una tendencia desconcertante para recaer abruptamente en el lenguaje infantil e irse con Ella \u2014primero habiendo verificado que ella no es culpable del derramamiento de sangre\u2014, y siempre nos dicen que esto es lo que \u00e9l <em>realmente<\/em> quiere, dejar atr\u00e1s toda esta cacer\u00eda y sentar cabeza, tener hijos y una vida plena con una mujer que, desgraciadamente incluso cuando aparece, no logra existir. La ingenuidad despiadada del se\u00f1or James M. Cain dio con una soluci\u00f3n efectiva para este problema en una novela reciente<a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn3\" name=\"_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>, al hacer que su protagonista se enamore de una muchacha de doce a\u00f1os, una mujer a la que no se le podr\u00eda cargar con ning\u00fan crimen, que no era culpable a\u00fan del derramamiento de sangre y que, de ah\u00ed en adelante, se mantuvo pura para el h\u00e9roe hasta que \u00e9ste regres\u00f3 de sus pruebas extenuantes e improbables. Esta idea absurda e ins\u00edpida, en el mundo del se\u00f1or Cain, no pareci\u00f3 en lo absoluto absurda o ins\u00edpida, sino que por el contrario, funcion\u00f3 como una inspiraci\u00f3n eminentemente afortunada y visionaria.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El se\u00f1or Cain, de hecho, ha conseguido un p\u00fablico enorme y, yo esperar\u00eda, una fortuna no despreciable en base a su excepcional preocupaci\u00f3n con el hombre viril. Uno podr\u00eda sugerir que fue el dinamismo de su material lo que lo puso en la situaci\u00f3n de introducir en una novela temprana, <em>Serenata<\/em>\u2014 brevemente, y con el aire de un hombre usando guantes antis\u00e9pticos\u2014 a un invertido para nada atractivo que fue prontamente asesinado a apu\u00f1aladas por la amante del h\u00e9roe, una se\u00f1orita vigorosa e improbable. Esta novela contiene una admisi\u00f3n curiosa por parte del h\u00e9roe, para el efecto de que en cualquier lugar siempre hay un homosexual que puede agotar la resistencia del hombre normal, si sabe qu\u00e9 botones apretar. Esto se presenta como una advertencia seria y melanc\u00f3lica, y es cuando el invertido de <em>Serenata<\/em> empieza a apretar muchos botones al mismo tiempo que llega a su s\u00f3rdido y sangriento final. De este modo se protege la masculinidad inmaculada dentro de nosotros; de este modo, y de manera abrupta, lidiamos con cualquier obst\u00e1culo para la uni\u00f3n entre el Chico y la Chica. \u00bfPodemos dudar de la sabidur\u00eda que significa correr las cortinas cuando ambos finalmente se juntan? Pues el instante en el que el Chico y la Chica se convierten en el Novio y la Novia, se nos fuerza a abandonarlos; no suponiendo realmente que el drama se ha acabado o que hemos sido testigos de la realizaci\u00f3n de dos seres humanos, aunque nos gustar\u00eda creer en ello, sino que constre\u00f1idos por el conocimiento de que nuestros ojos no ser\u00e1n testigos del dolor y la tempestad que acaecer\u00e1n. (Pues sabemos qu\u00e9 es lo que acaece; sabemos que, en realidad, la vida no es para nada as\u00ed.) \u00bfQui\u00e9nes somos nosotros, que ya hemos sido traicionados, para decir que, cuando este chico, esta chica, descubran que el cuchillo que los ha preservado el uno al otro, los ha incapacitado para la experiencia? Pues el chico no puede conocer a una mujer si nunca se ha transformado en un hombre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por lo tanto, violencia: esa brutalidad que se propaga de forma desenfrenada por nuestra literatura, es parte de la cosecha de dicho incumplimiento, testimonio estridente y espantoso de nuestra renovada y preciada inocencia. Consideren, en esas denuncias extravagantes que caracterizan a esas novelas que tratan sobre la homosexualidad \u2014que ser\u00e1n vistas cada vez con m\u00e1s frecuencia en las estanter\u00edas\u2014, qu\u00e9 precio tan alto le ponemos a este peligroso atributo. En <em>La <\/em><em>Ciudad y el Pilar de Sal<\/em><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>, el homosexual declarado que es el protagonista, asesina a su primer y \u00fanico amor perfecto cuando vuelven a encontrarse despu\u00e9s de un tiempo, pues no puede soportar asesinar, en su lugar, ese sue\u00f1o desolador e imposible de amor que ha cargado en su coraz\u00f3n por tanto tiempo. En <em>La hoja doblada<\/em>, el fr\u00e1gil e introvertido Lymie se suicida en un esfuerzo por escapar el peligro impl\u00edcito de su amor por Spud; un acto sangriento que, se nos dice, le ha valido su madurez. En <em>La <\/em><em>Ca\u00edda del Valor<\/em>, el endiosado Marine defiende su masculinidad con un p\u00f3ker, dejando muerto al asustadizo profesor que lo deseaba. Estas resoluciones violentas, todas ellas improbables por su car\u00e1cter extremo, son forzadas por un p\u00e1nico cercano a la locura. A estas novelas no les importa la homosexualidad, sino que el peligro siempre presente de la actividad sexual entre hombres.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es esta tensi\u00f3n sin admitir, el anhelo, y el terror y la furia lo que crea sus atm\u00f3sferas ins\u00edpidas y sin sentido, aunque ardientes. Es un error, pienso yo, que esta materia los aparte de forma fruct\u00edfera o significativa de cualquier cosa escrita por James M. Cain o Laura Z. Hobson o Mary Jane Ward. Se parecen, en el sentido de que son completamente incapaces de recrear o interpretar cualquier aspecto de la realidad o la complejidad de la experiencia humana; y esa \u00e1rea, cuyo prop\u00f3sito autodeclarado consiste en iluminar, es precisamente el \u00e1rea a la que le llega la luz m\u00e1s distorsionada. Como cuando uno cierra<em> El Acuerdo del Caballero<\/em><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>, que trata sobre paganos y jud\u00edos, sin haber adquirido conocimiento de ninguno de los dos; como cuando <em>El pozo de la serpiente<\/em> no revela nada sobre la locura, y James M. Cain no nos dice nada sobre los hombres y las mujeres; del mismo modo uno podr\u00eda leer cualquier novela interesada en el amor homosexual y encontrar apenas una procesi\u00f3n de clich\u00e9s, cuyo ancestro nuevamente puede rastrearse hasta los Rover Boys<a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftn6\" name=\"_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a> y su ideal dorado de castidad. Es totalmente imposible escribir una novela que valga la pena sobre un jud\u00edo, o un pagano, o un homosexual, ya que, desafortunadamente, la gente se reh\u00fasa a funcionar de forma tan prolija y unidimensional. Si el novelista considera que sus personajes no son m\u00e1s complejos que sus etiquetas, debe, por necesidad, producir un cat\u00e1logo en el que encontraremos, cuidadosamente apuntados, todos los atributos con los que se asocia a la etiqueta; y esto s\u00f3lo puede operar para reforzar el anonimato brutal y peligroso de nuestra cultura.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una novela demanda insistentemente la presencia y la pasi\u00f3n de seres humanos, que no pueden ser jam\u00e1s etiquetados. Una vez que el novelista ha creado a un ser humano, ha hecho a\u00f1icos la etiqueta y, trascendiendo el tema principal es capaz, por primera vez, de decirnos algo sobre \u00e9l, y de revelar cu\u00e1n profundamente entrelazadas est\u00e1n todas las cosas que involucran a los seres humanos. Sin esta pasi\u00f3n todos nos asfixiar\u00edamos hasta morir, atrapados en esas celdas etiquetadas, sin aire, que nos aislan el uno al otro y nos separan de nosotros mismos; y sin esta pasi\u00f3n, cuando hemos descubierto la relaci\u00f3n entre el Ni\u00f1o Scout que sonr\u00ede desde el cartel en el metro y ese inframundo que puede hallarse en todos los Estados Unidos, la hora vengativa caer\u00e1 sobre nosotros.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u00daltimos dos versos del\u00a0 \u201cSoneto XII\u201d de Willian Shakespeare. La traducci\u00f3n es m\u00eda.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> James M. Cain y Raymond Chandler, reconocidos precursores de la novela negra y el \u201chard-boiled\u201d, ambos subg\u00e9neros de ficci\u00f3n polic\u00edaca.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> <em>La mariposa<\/em>, novela de Cain publicada en 1946.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Las tres novelas mencionadas en este p\u00e1rrafo fueron escritas por los siguientes autores estadounidenses, respectivamente: Gore Vidal, William Maxwell y Charles R. Jackson.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Novela escrita por la autora Laura Z. Hobson, cuyo tema principal versa sobre el antisemitismo.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/DD535D91-27FA-41EC-8F7A-ED16AA24E3C2#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> <em>The Rover Boys<\/em> fue una serie juvenil de principios del siglo XX escrita por Arthur M. Winfield, protagonizada por estudiantes de un internado militar que gozaban haciendo travesuras y causando problemas a las autoridades.<\/sub><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El problema del homosexual, relacionado de forma tan intensa con el bien y el mal, lo antinatural en oposici\u00f3n a lo natural, tiene sus ra\u00edces en la naturaleza del hombre y de la mujer, y en la relaci\u00f3n del uno con el otro. Al mismo tiempo que hablamos de la naturaleza y de la naturaleza del hombre, en ambas ocasiones hablamos de algo que conocemos muy poco, y hacemos la admisi\u00f3n t\u00e1cita de que no son lo mismo. <\/p>\n","protected":false},"author":330,"featured_media":14056,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[2671,2891,1421],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-14053","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-ciudad-letrada","tag-ensayo","tag-james-baldwin","tag-lgbtq"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14053","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/330"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14053"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14053\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14056"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14053"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14053"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14053"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=14053"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=14053"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}