{"id":14193,"date":"2022-05-11T04:58:05","date_gmt":"2022-05-11T04:58:05","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=14193"},"modified":"2022-05-11T05:00:06","modified_gmt":"2022-05-11T05:00:06","slug":"desde-la-herida-memorias-de-los-cuerpos-territorios-que-importan-de-margarita-bustos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2022\/05\/11\/desde-la-herida-memorias-de-los-cuerpos-territorios-que-importan-de-margarita-bustos\/","title":{"rendered":"Desde la herida: memorias de los cuerpos\/territorios que importan de Margarita Bustos"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Margarita Bustos, <em>Desde la herida<\/em>, Santiago de Chile, Editorial Signo, 2022.<\/p>\n<p>Gilda Luongo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">\u201cUna memoria puede ser voluntariosa, obstinada. Y sabemos lo que ocurre \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 cuando hacemos esto. Nos acusan de ser quienes se interponen en la reconciliaci\u00f3n. Creen que eres la persona que todav\u00eda no ha hecho lo que otras ya han hecho: superarlo; superarte, olvidarlo. Te conviertes en la herida abierta porque no dejas que se cure.\u201d<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Sara Ahmed, <em>Vivir una vida feminista<\/em>, p. 354<\/h6>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>Desde de la herida<\/em>, me interpela, me toca en el hombro para que me d\u00e9 vuelta y vuelva a mirar, atenta, desde mi coraz\u00f3n taquic\u00e1rdico Cuerpo a cuerpo con la herida. Soy la que se (re)vuelve a mirar\/sentir con <em>Desde la herida<\/em>. No hay escapatoria a esta interpelaci\u00f3n. Aunque me resista, vuelvo, porque est\u00e1 aqu\u00ed a mi mano, a esta mano que sostiene su \u00a0peso pesado. Margarita Bustos, la poeta y compa\u00f1era feminista, me dona provocadora\u00a0 y subversiva este peso pesado. Me quedo, de este modo, asida al t\u00edtulo que nombra esta materialidad libro, conjunto de poemas, provocadora de sentidos intensos, cuerpos-territorios, im\u00e1genes, lugares, escenas, en el eco multiplicado de nombres propios de mujeres. \u00a1Qu\u00e9 bien nombrarnos po\u00e9ticamente! Gratitud a Margarita Bustos, por ello.<\/p>\n<p>\u00a0Me detengo minuciosa en este sintagma. <em>Desde<\/em>, esa preposici\u00f3n que condensa tiempo y espacio, una cronotop\u00eda que abre una polifon\u00eda posible y preciosa en el poemario. Imagino tiempos y lugares dis\u00edmiles, sus desplazamientos: antes y despu\u00e9s del golpe \u00a0de Estado c\u00edvico militar del a\u00f1o 1973, en Chile. No, no es posible, desde mi lectura incardinada, obviar el antes. Porque incardino a esa muchacha, de origen proletario, nacida en pobreza, militante de las Juventudes Comunistas, secretaria pol\u00edtica de la base Domingo Torres del Comit\u00e9 local Chac\u00f3n Corona, del Regional San Miguel, creyente fiel en el proyecto socialista de la Unidad Popular. No es posible olvidar el antes. Un espacio-tiempo en blanco y negro que qued\u00f3 impreso como horizonte precioso, atesorado, con un halo \u00e9tico que puede ser solo imaginaci\u00f3n po\u00e9tica hoy. Y aparece entonces el sustantivo enorme reverberado por la preposici\u00f3n, contenido en ella, multiplicado en ella, en ese espacio-tiempo: <em>la herida<\/em>. \u00bfC\u00f3mo duele la herida? \u00bfCu\u00e1nta sangre ha manado de ella? \u00bfCu\u00e1l es su sabor, su olor, su forma? \u00bfCu\u00e1les los cuerpos que la cargan, la sostienen, la soportan, la intentan sanar? Entonces aparecen, en este poemario, los nombres propios preciosos de las mujeres transgresoras. As\u00ed las nombramos, nos nombramos, las feministas de hoy, las que a\u00fan hacemos memoria. Porque no \u00e9ramos feministas, \u00e9ramos las compa\u00f1eras que subvert\u00edamos el ordenamiento social desde las propias estructuras partidarias de raigambre patriarcal. Algunas sent\u00edamos esta tensi\u00f3n en la piel, sin nombrarla; otras la silenciaban, genuflectas, ante el mandato hegem\u00f3nico partidario. La cuesti\u00f3n de la diferencia de clase era el centro que nos mov\u00eda. No hab\u00eda m\u00e1s. Transformar\u00edamos esta sociedad injusta, excluyente, olig\u00e1rquica, violenta y construir\u00edamos una sociedad justa en la que hombres, mujeres y ni\u00f1as\/ni\u00f1os proletarios tendr\u00edamos un lugar para vivir en dignidad. Y entonces la poeta se da a la labor de nombrar a estas transgresoras a boca llena y al hacerlo les rinde homenaje a luchadoras singularizadas, que fueron detenidas, torturadas y asesinadas por los agentes encargados de extirpar el c\u00e1ncer marxista. Y entonces, el ensa\u00f1amiento brutal con estos cuerpos femeninos. Violencia pol\u00edtica-sexual, decimos hoy las feministas, anhelando que sea tipificado como delito de lesa humanidad, en su especificidad<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. No cabe duda, una trama \u00e9tico-est\u00e9tico-pol\u00edtica se despliega generosa desde el t\u00edtulo de esta creaci\u00f3n po\u00e9tica para remecernos una y otra vez.<\/p>\n<p>Esta materialidad libro, por otro lado, nos provoca desde su portada y contraportada, con \u00f3leos de la artista pl\u00e1stica argentina, Alejandra Etcheberry. \u201cRostros\u201d, es el nombre de esta creaci\u00f3n. Perfil sobre perfil, en tonos ocre y rojos. La cara, el viso, esa parte anterior de la cabeza que es singular en cada una de nosotras, nos invita a hojear este texto. No hay dos rostros iguales. Cada una de nosotras porta\u00a0 caracter\u00edsticas f\u00edsicas que, de alguna manera, para siempre, avisan quienes estamos siendo. Mujeres en nuestras diferencias, habitar la casa de las diferencias, como se\u00f1ala Audre Lorde. Esta imagen definitiva es la puerta de entrada a la materialidad que se despliega en los signos po\u00e9ticos que Margarita Bustos construye bella y memoriosamente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El primer apartado po\u00e9tico del libro lleva por nombre \u201cMemorias\u201d. Sentipienso que el plural desinstala el lugar de una \u00fanica memoria posible, una hegem\u00f3nica, pienso, una oficial, una solo individual o una solo colectiva. Esta manera de sustantivar el territorio rememorativo introduce el lugar heterog\u00e9neo, din\u00e1mico, m\u00faltiple de los posibles ejercicios de memoria. Contramemoria, entonces, esa no oficial, minoritaria, de las cualquiera. Tantas memorias como sujetos, podr\u00eda decir, tantas memorias como afectos, posicionamientos, selecciones de eventos, situaciones y personajes involucrados. Esa pluralidad me hace sentipensar en la propia autora como sujeto que hace materia s\u00edgnicopo\u00e9tica de la labor rememorativa. Margarita, puede no haber vivido los acontecimientos del pasado lejano que evoca, ni conocer de primera mano a las mujeres que nombra y sus luchas, referentes hist\u00f3rico-pol\u00edticos; sin embargo es capaz de sentir cercana, c\u00f3mplice en la distancia generacional y epocal, desde una subjetividad otra, que escucha, observa y palpa la herida y puede hacerla suya para ofrecer una zona de transformaci\u00f3n posible.<\/p>\n<p>Margarita cubre intensa este apartado con un intertexto de la poeta chilena Elvira Hern\u00e1ndez. Este multiplica sentidos posibles, pero que a su vez sit\u00faa, singulariza, dibuja un territorio y un tiempo precisos, el cronotopos otra vez. La <em>Bandera de Chile <\/em>fue escrito como poemario el a\u00f1o 1981. Texto que circul\u00f3 clandestinamente como edici\u00f3n mimeografiada en los ochenta del siglo pasado, y fue publicado reci\u00e9n en el a\u00f1o 1991 en Buenos Aires. Elvira Hern\u00e1ndez relata los avatares de esa publicaci\u00f3n en una entrevista: es un texto que produjo despu\u00e9s de estar detenida<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. <em>La Bandera<\/em> no publicada en Chile, <em>La Bandera<\/em> en las precarias manos del MIR, <em>La Bandera<\/em> en las torturadoras manos de la CNI, <em>La Bandera<\/em> pegada en un muro de alguna universidad durante la dictadura. Trayecto que habla de <em>La Bandera de Chile<\/em>, incorporado a la presente lectura\/escritura. Este escrito monta la aparici\u00f3n de un emblema repetido hasta el infinito en dictadura en el espacio de lo p\u00fablico. Esta representaci\u00f3n emblem\u00e1tica de la naci\u00f3n aglutinada en un pedazo s\u00edgnico da lugar a la entrada del absurdo, aquel que como legado est\u00e9tico-filos\u00f3fico (Jarry, Ionesco, Kafka, Beckett) desarma la raz\u00f3n y con ello descalabra lo racional humano.\u00a0 Hace ostensible el uso abusivo para representar la naci\u00f3n-estado-patriarcal-, salvada del marxismo y recuperada para lavar al pueblo de Chile de la mancha proletaria. Leo estos sentidos reverberando en las im\u00e1genes po\u00e9ticas elaboradas por Margarita Bustos. Pero estas \u201cmemorias\u201d del pasado lejano que se abren desde el ep\u00edgrafe, se despliegan luego pegadas a una imagen fotogr\u00e1fica en blanco y negro, datada\u00a0 de mayo del a\u00f1o 2021. Pasado lejano y pasado reciente se pliegan sinuosos. En la imagen fotogr\u00e1fica aparece un muro cercano (en el pie de la foto dice \u201ca una cuadra\u201d) de la Plaza Dignidad en la que se leen pinturas y pintes que dicen: NO + IMPUNIDAD. La letra O del NO est\u00e1 intervenida con el dibujo de un ojo que alude a las mutilaciones padecidas por lxs manifestantes callejerxs, esa violencia a\u00fan impune. Adem\u00e1s, se lee NI PERD\u00d3N NI OLVIDO! Otros signos se dejan ver fragmentados en letra imprenta may\u00fascula: ANIMALES, PACO CULIAO, YUTA QLIA; tambi\u00e9n unos grafitis en signos ilegibles para m\u00ed. El fragmento de un par de \u00e1rboles se ven al costado izquierdo de la imagen: una palmera y un arbolito joven, escu\u00e1lido y muy feble; algo de pasto hirsuto se ofrece temeroso en medio de la tierra. Leo esta imagen de la Alameda de la ciudad de Santiago del 2019 como un gui\u00f1o que nos hace la poeta para instalar el trabajo de memorias como un juego interminable de tiempos y lugares en su poemario. El pasado reciente se ilumina con ese pasado lejano y los ecos de sentidos posibles se pliegan y despliegan generosos. Ilumino este presente nuestro con estas reverberancias, no hay posibilidad de olvido, me digo, quedamos encandiladas, un tanto ciegas por esas luces encendidas en los muros de la ciudad de ayer y la de hoy, en los muros de este poemario.<\/p>\n<p>Y entonces la \u201cherida abierta\u201d toma por asalto a la ciudad. Somos habitantes de esa herida en los territorios diurnos y nocturnos. Nos cubren los verbos que hacen algo con nosotras en este territorio cadav\u00e9rico, herido: o\u00edr, aguzar inevitablemente el o\u00eddo para saber de las cosas, esas cosas que vemos e imaginamos en el cotidiano habitar esta city. La herida mana, derrama palabras, como las de la fotograf\u00eda, me digo, esa pizarra p\u00fablica que\u00a0 no se muerde la lengua, la libera, me digo, nos libera inquiet\u00e1ndonos una y otra vez.<\/p>\n<p>Si la herida abierta pasea por la ciudad diurna y nocturna, pareciera que Chile entero, el territorio expandido, se cierra sobre s\u00ed mismo en el olvido. El intertexto, una canci\u00f3n bella de Violeta Parra e Isabel Parra, \u201cAl centro de la injusticia\u00bb, ilumina estos sentidos posibles. Uno de los versos de la canci\u00f3n dona el t\u00edtulo para el poema. Si la canci\u00f3n elabora una entrada a este pa\u00eds entero intentando mapear su geograf\u00eda territorial y social como denuncia de la injusticia, el poema de \u201cDesde la herida\u201d condensa la afirmaci\u00f3n de \u201cChile limita al centro de la injusticia\u201d entre mar, cordillera y bosques de la tierra. All\u00ed, los m\u00faltiples habitantes de este territorio, compelidos por una fuerza sugerida como \u201cbestia\u201d, quedamos disgregados, separados, desunidos, dispersos. Y en este modo peligroso de habitar, \u00a0la hablante del poema, nos advierte al predecir el olvido de la herida: \u201cAjenos a la herida olvidaremos los nombres de quienes\/abrieron la herida.\u201d (18)<\/p>\n<p>Entonces, elucubro desde mi lectura de este apartado, que la herida toma cuerpo y\u00a0 \u00a0palabra. Es necesario que as\u00ed sea, es urgente para habitar y habitarnos de otra manera. La palabra po\u00e9tica, me digo, es propicia para ofrecer y donar el trabajo memorioso. Nada mejor en ese arrastre subjetivo, (para decirlo con Alicia Genovese, poeta argentina<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>). Y el cuerpo de las mujeres, -territorio-cuerpo\/cuerpo territorio (para decirlo con las feministas comunitarias de Abya Yala)- puede, desde la intimidad sensible, como la nombra Julia Kristeva, volver a la herida para hacer justicia po\u00e9tica\/memoriosa. As\u00ed, el mar salobre con su olor y sabor permite la b\u00fasqueda incansable de las y los desaparecidxs, como tambi\u00e9n el desierto, me digo y todo espacio marcado, las casas de tortura, \u00a0los galpones o los dis\u00edmiles centros de detenci\u00f3n y tortura que coexisten silentes en barrios y comunas de este pa\u00eds que duele.\u00a0 La palabra po\u00e9tica pareciera encabritarse frente a la imposibilidad de que ella misma nombre aquello que los ojos han visto: muerte, mentira, miedo, ausencia de los cuerpos amados. No obstante, la persistencia de esta creaci\u00f3n posibilita \u00a0inevitablemente la emergencia de aquello silenciado, amordazado, obturado, secreto, no dicho. \u201cLa fidelidad al pasado es un deseo\u201d, dice Paul Ricoeur en <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>. Y\u00a0 leo en ese deseo, en esa pulsi\u00f3n, la figura del hambre dicha como met\u00e1fora tremenda del apetito por\u00a0 habitar en la b\u00fasqueda y persistencia de decir a boca llena en los territorios citadinos, en los muros y en\u00a0 la p\u00e1gina en blanco de la propia escritura po\u00e9tica el dolor\u00a0 de la herida una y otra vez: golpe-encierro-mordaza-desaparici\u00f3n. \u00a0Desde el hambre, leo el reverberar inevitable en el pasado reciente y el presente del rojo y el negro rabiosos. Colores marcados por banderas de resistencia pol\u00edtica partidaria, por cuerpos pintados, mutilados, manchados, ensangrentados. \u00a0La\u00a0 emoci\u00f3n de la rabia coloreada\u00a0 de rojo y negro que sostuvo y sostiene las revueltas de ayer y de hoy: los nombres de lxs desaparecidxs, los cuerpos lanzados al mar, lxs mutiladxs y muertxs de hoy. La memoria persiste, insiste, ineluctable y el poema que cierra este apartado le rinde tributo en im\u00e1genes poderosas, por ella y para ella, me digo, este imaginario que no se rinde ante el olvido:<\/p>\n<p>\u201cfalena\u00a0 farfulla lejos\/acantiladas y azules\/palabras en sus ba\u00fales\/que solo el agua conoce\/en su pronombre y el goce\/ve cortezas de abedules.\u201d (25)<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El segundo apartado po\u00e9tico, \u201c11 ayer y hoy\u201d, se abre con palabras de Ana Gonz\u00e1lez de Recabarren, como ep\u00edgrafe, mujer luchadora social que batall\u00f3 por los derechos humanos hasta su muerte. Ana Gonz\u00e1lez supo del terror de la dictadura en carne y hueso. Vivi\u00f3 la detenci\u00f3n y desparici\u00f3n de su pareja Manuel Recabarren, de sus hijos Luis Emilio Recabarren, Manuel \u201cMa\u00f1ungo\u201d Recabarren, y de su nuera Nalvia Rosa Mena, embarazada de tres meses al momento de su desaparici\u00f3n. Pedro Lemebel en su cr\u00f3nica \u201cA su linda risa le falta un color\u201d, la dibuja: \u201cPorque la Ana Gonz\u00e1lez de Recabarren era as\u00ed, fresca y alegre con su risa de joven comunista arengando a los pobladores callampas a que se tomaran las casas nuevitas, reci\u00e9n hechas y destinadas, como siempre, a santiaguinos con ahorros.[\u2026] Su risa de entonces le arqueaba las cejas, sonrojaba sus mejillas, y puedo verla sin la trizadura amarga que despu\u00e9s del golpe de Estado le arrebat\u00f3 su mejor color\u201d.<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/p>\n<p>Lucha, llanto, verdad y justicia son los lugares a los que alude Ana Gonz\u00e1lez en\u00a0 las palabras del ep\u00edgrafe que Margarita Bustos selecciona para iniciar este apartado po\u00e9tico. El eco afectivo-\u00e9tico-pol\u00edtico de estas zonas caras al trabajo memorioso de las mujeres por los derechos humanos, cubre la elaboraci\u00f3n po\u00e9tica de este apartado que tiene su centro en las figuras femeninas desplegadas como nombres propios, cuerpos-territorios en lucha por la justicia social: las transgresoras innombradas, desconocidas hoy. Y la imagen fotogr\u00e1fica otra vez, para hacernos ver: una baldosa por la memoria honra la existencia y la muerte de la militante del MIR, Eugenia Mart\u00ednez Hern\u00e1ndez, detenida y desaparecida por la dictadura c\u00edvico-militar, el 24 de octubre de 1974 en la f\u00e1brica textil Laban.\u00a0 El poema dedicado a Eugenia la dibuja muchacha en sus veinte, briosa y luchona, alumbra los posibles lugares de su detenci\u00f3n: Venda Sexy, Cuatro \u00c1lamos, y la Operaci\u00f3n Colombo o Caso de los 119 como montaje de la DINA otra vez. \u00a1Ni perd\u00f3n, ni olvido! El muro de la calle Alameda resuena como grito\u00a0 en este poemario. Y Eugenia toma de la mano a Marta Ugarte. Nombre tan sonoro que tiene historia conocida, militancia, laboriosidad como educadora, secretaria de Mireya Baltra, integrante del Comit\u00e9 Central del Partido Comunista durante la Unidad Popular, detenida el 9 de septiembre de 1976 por la DINA y desaparecida para ser encontrada, al fin, en una playa del litoral, arrojada por las olas del mar generoso que la devolvi\u00f3 justiciero. El poema de Margarita Bustos le rinde tributo bello a esta mujer militante y elabora el hallazgo: \u201cMarta lanzada al mar\u201d (31);\u00a0 condensa el horror de su paso por el odio asesino: \u201cYa no quedan palabras\/ balbuceos erizan la piel\u201d (30). Y el cuerpo de Marta torturado y vejado para ser llorado \u201c70 veces 7 oc\u00e9anos\u201d (30). Marta habr\u00eda pasado por Villa Grimaldi, Centro de Memoria hoy. Y junto a Marta, aparece Mar\u00eda Cristina L\u00f3pez Stewart: \u201ctodo en ella era miel\/amplificando su fuerza\u201d, dice el poema para que imaginemos otra vez, su figura de muchacha en su ausencia\/presencia, \u201cla memoria fragmentada entre ejercicios de aire\u201d. Muchacha en sus veinte, como Eugenia, estudiante de Historia y geograf\u00eda en la Universidad de Chile, militante del MIR, forma parte de los 119 de la Operaci\u00f3n Colombo. Un a\u00f1o antes\u00a0 de las muertes de Mar\u00eda Cristina y de Eugenia, en noviembre de 1974, Lumi Videla aparece en la Embajada de Italia. El poema la dibuja en medio del terror y del olvido junto a otros nombres, lxs de tantos. \u00a0No hab\u00eda tregua en esos tiempos de la bota civil y milica asesina impune. \u201cEl terrorismo \u00edntimo del estado chilensis\u201d(34), dice uno de los versos del poema que\u00a0 rinde tributo a Lumi; \u201cDesde el jard\u00edn instalan p\u00e1nico bajo la piel\u201d (34). Ning\u00fan espacio escapaba a esa voracidad de muerte del r\u00e9gimen dictatorial. El poema que acoge la memoria de Gloria Lagos Nilsson, el \u00faltimo nombre propio desaparecido, dibuja un paisaje en movimiento y en \u00e9l la b\u00fasqueda. La muchacha embarazada de tres meses detenida el a\u00f1o 1974, no regresar\u00e1 m\u00e1s. Esa ausencia se hace presencia: \u201cbusca el silencio que habita los pasos extintos\/buscamos\u201d (36).<\/p>\n<p>En estas ausencias\/presencias \u00a0de mujeres pol\u00edticas transgresoras siento el pulso de lo que Paul Ricoeur nombra bellamente como \u201cmemoria feliz\u201d: cuando la imagen po\u00e9tica completa el trabajo de duelo, ese camino obligado de la labor de recuerdo (106)<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Una posibilidad de lo posible para decirlo con Sara Ahmed, para sostenernos en vilo. La memoria feliz construye lo ostensible en ese trabajo evocador inevitable. Aparecen las mujeres detenidas desaparecidas y puedo decir, podemos decir: \u00a1son ellas!, son sus existencias de mujeres transgresoras, las que se involucraron en un proyecto pol\u00edtico porque era imposible no hacerlo en esos tiempos \u00e1lgidos, cuando lo social y su transformaci\u00f3n radical constitu\u00eda un llamado perentorio. S\u00ed, \u00a1son ellas! Y gracias a esta labor po\u00e9tica memoriosa de Margarita Bustos podemos reconocerlas, hacer nuestras sus experiencias de manera c\u00f3mplice, amorosa y atesorar su entrega luchona vital, imprescindible.<\/p>\n<p>La poeta Margarita Bustos, cierra este apartado con la figura de Fabiola Campillay, en un poema que en el mismo tono anterior, le rinde tributo a la mujer que qued\u00f3 viva, luchadora que fue cegada por la violencia policial durante la revuelta social del a\u00f1o 2019. Sus im\u00e1genes recuperan la luz y la oscuridad, las tonalidades posibles cubren la figura y su presencia. En \u201cCampillay\u201d el cuerpo es presencia ancha y la ausencia lo es de luz, sin embargo, esta pareciera suplirse con el regreso poderoso de la corporalidad femenina iluminada: \u201cSiempre regresas como la luz que conociste\/ y le arrebataron a tus pupilas\u201d (38). El \u00edmpetu memorioso de la poeta construye un movimiento sinuoso, interminable: del pasado lejano al pasado reciente y ambos al presente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El tercer apartado del libro titulado \u201cPlegarias desde la (her)ida\u201d, construye un di\u00e1logo ancho de sentidos que va desde la palabra \u201clibertad\u201d de la canci\u00f3n del ep\u00edgrafe, a la fotograf\u00eda, esta vez en color, de una imagen de la calle Alameda, frente a la Biblioteca Nacional, en la revuelta del mes de octubre-noviembre \u00a0del 2019. Un lienzo de fondo rojo, de dimensiones enormes copa la foto y en \u00e9l el escrito fulgurante en letras blancas: \u201cLA POES\u00cdA EST\u00c1 EN LA KALLE\u201d. Es esta libertad la que la poeta callejera asume para construir el poemario completo me digo. Y esa libertad se desata en este \u00faltimo apartado.<\/p>\n<p>\u00a0El tono po\u00e9tico se vuelve ir\u00f3nico y par\u00f3dico. Sus figuras se levantan a partir del discurso religioso-cristiano que invertido y deconstruido, parodiado en su sacralidad fervorosa, provoca un descalabro de aquello que constituye en Occidente la supuesta \u00fanica salvaguarda de la fe.\u00a0 Me digo, desde mi lectura, siguiendo a Julia Kristeva<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>, si la plegaria lo es del coraz\u00f3n, un recogimiento que permite restaurar la uni\u00f3n con la divinidad y transfigura\u00a0 de este modo al hombre y la naturaleza, estas plegarias subvierten el modo tradicional y normativo para restaurar. Lo religioso y su ordenamiento consabido quedan en suspenso para atisbar otro tipo de restauraci\u00f3n de esta sociedad: lo femenino sagrado posible que inste a construir un\u00a0 v\u00ednculo distinto con lo humano y la naturaleza. Pareciera que los \u00faltimos versos del poema final abren esa posibilidad de lo posible (Sara Ahmed): \u201cAhora y en la hora de nuestra vida consciente\/ las voces de las diosas han despertado\u201d (46). Lo sagrado conectado a las \u201cdiosas\u201d que han despertado incuban el cambio radical y la transformaci\u00f3n del descalabro civilizatorio en que estamos hoy. Pienso en la preciosa escritora, poeta y feminista Adrienne Rich, en su texto \u201cCuando las muertas despertamos: escribir como re-visi\u00f3n\u201d<a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. All\u00ed la escritora feminista y lesbiana, aborda su propia experiencia de llegada a la escritura. Pienso en esta relaci\u00f3n que imagino entre \u201cdiosas y escritoras feministas\u201d que abre un espacio de indagaci\u00f3n para seguir, incansables, haci\u00e9ndonos preguntas, desde nuestra intimidad sensible de mujeres feministas, en el anhelo e \u00a0\u00edmpetu de transformaci\u00f3n radical de una sociedad capitalista, androc\u00e9ntrica y patriarcal que ha demostrado\u00a0 que como sistema, nunca ha podido sostener la vida buena, el buen vivir.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Las compa\u00f1eras feministas del colectivo \u201cMujeres sobrevivientes siempre resistentes\u201d han dado una lucha tenaz y radical para denunciar la violencia pol\u00edtica-sexual de ayer y de hoy.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Ver: Gilda Luongo, \u201cMemoria, escritura po\u00e9tica y diferencia sexual: dos poetas chilenas\u201d en <em>Paso de Pasajes, <\/em>Tiempo Robado Editoras, Santiago de Chile, \u00a0p, 150.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Alicia Genovese, <em>Leer poes\u00eda. Lo leve, lo grave, lo opaco<\/em>. Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2011.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Ver: Gilda Luongo, <em>En carne y hueso. Mujeres en cr\u00f3nicas de Pedro Lemebel. Cr\u00edtica feminista<\/em>. Santiago de Chile,\u00a0 Ediciones Libros del Cardo, p.235-236.<\/sub><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Paul Ricoeur, <em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, Buenos Aires, p 106.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Ver: Catherine Clement y Julia Kristeva, \u00a0<em>Lo femenino y lo sagrado<\/em>, Madrid, Ediciones C\u00e1tedra, 2000.<\/sub><\/p>\n<p><sub><a href=\"applewebdata:\/\/74CF44E7-FEF4-4C7B-AEB7-5264C0026118#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Adrienne Rich, \u201cCuando las muertas despertamos: escribir como re-visi\u00f3n\u201d en <em>Sobre mentiras secretos<\/em> y <em>silencios<\/em>,\u00a0 Barcelona, Icaria Editorial, 1983, pp.45-67.<\/sub><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y entonces la \u201cherida abierta\u201d toma por asalto a la ciudad. Somos habitantes de esa herida en los territorios diurnos y nocturnos. Nos cubren los verbos que hacen algo con nosotras en este territorio cadav\u00e9rico, herido: o\u00edr, aguzar inevitablemente el o\u00eddo para saber de las cosas, esas cosas que vemos e imaginamos en el cotidiano habitar esta city. La herida mana, derrama palabras, como las de la fotograf\u00eda, me digo, esa pizarra p\u00fablica que\u00a0 no se muerde la lengua, la libera, me digo, nos libera inquiet\u00e1ndonos una y otra vez.<\/p>\n","protected":false},"author":132,"featured_media":14194,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[3064,3065,51,1102,3063,479,355],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-14193","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-yo-la-peor-de-todas","tag-desde-la-herida","tag-editorial-signo","tag-feminismo","tag-gilda-luongo","tag-margarita-bustos","tag-memoria","tag-poesia"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14193","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/132"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14193"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14193\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14194"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14193"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14193"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14193"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=14193"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=14193"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}