{"id":1515,"date":"2016-04-17T18:04:55","date_gmt":"2016-04-17T18:04:55","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=1515"},"modified":"2017-10-02T04:35:10","modified_gmt":"2017-10-02T04:35:10","slug":"monologo-de-isabel-viendo-llover-en-macondo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/04\/17\/monologo-de-isabel-viendo-llover-en-macondo\/","title":{"rendered":"Mon\u00f3logo de Isabel viendo llover en Macondo"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/strong><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">El invierno se precipit\u00f3 un domingo a la salida de misa. La noche del s\u00e1bado hab\u00eda sido sofocante. Pero a\u00fan en la ma\u00f1ana del domingo no se pensaba que pudiera llover. Despu\u00e9s de misa, antes de que las mujeres tuvi\u00e9ramos tiempo de encontrar un broche de las sombrillas, sopl\u00f3 un viento espeso y oscuro que barri\u00f3 en una amplia vuelta redonda el polvo y la dura yesca de mayo. Alguien dijo junto a m\u00ed: \u201cEs viento de agua\u201d. Y yo lo sab\u00eda desde antes. Desde cuando salimos al atrio y me sent\u00ed estremecida por la viscosa sensaci\u00f3n en el vientre. Los hombres corrieron hacia las casas vecinas con una mano en el sombrero y un pa\u00f1uelo en la otra, protegi\u00e9ndose del viento y la polvareda. Entonces llovi\u00f3. Y el cielo fue una sustancia gelatinosa y gris que alete\u00f3 a una cuarta de nuestras cabezas. Durante el resto de la ma\u00f1ana mi madrastra y yo estuvimos sentadas junto al pasamano, alegre de que la lluvia revitalizara el romero y el nardo sedientos en las macetas despu\u00e9s de siete meses de verano intenso, de polvo abrasante. Al mediod\u00eda ces\u00f3 la reverberaci\u00f3n de la tierra y un olor a suelo removido, a despierta y renovada vegetaci\u00f3n, se confundi\u00f3 con el fresco y saludable olor de la lluvia con el romero. Mi padre dijo a la hora de almuerzo: \u201cCuando llueve en mayo es se\u00f1al de que habr\u00e1 buenas aguas\u201d. Sonriente, atravesada por el hilo luminoso de la nueva estaci\u00f3n, mi madrastra me dijo: \u201cEso lo o\u00edste en el serm\u00f3n\u201d. Y mi padre sonri\u00f3. Y almorz\u00f3 con buen apetito y hasta tuvo una entretenida digesti\u00f3n junto al pasamano, silencioso, con los ojos cerrados pero sin dormir, como para creer que so\u00f1aba despierto.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Llovi\u00f3 durante toda la tarde en un solo tono. En la intensidad uniforme y apacible se o\u00eda caer el agua como cuando se viaja toda la tarde en un tren. Pero sin que lo advirti\u00e9ramos, la lluvia estaba penetrando demasiado hondo en nuestros sentidos. En la madrugada del lunes, cuando cerramos la puerta para evitar el vientecillo cortante y helado que soplaba del patio, nuestros sentidos hab\u00edan sido colmados por la lluvia. Y en la ma\u00f1ana del lunes los hab\u00eda rebasado. Mi madrastra y yo volvimos a contemplar el jard\u00edn. La tierra \u00e1spera y parda de mayo se hab\u00eda convertido durante la noche en una substancia oscura y pastosa, parecida al jab\u00f3n ordinario. Un chorro de agua comenzaba a correr por entre las macetas. \u201cCreo que en toda la noche han tenido agua de sobra\u201d, dijo mi madrastra. Y yo not\u00e9 que hab\u00eda dejado de sonre\u00edr y que su regocijo del d\u00eda anterior se hab\u00eda transformado en una seriedad laxa y tediosa. \u201cCreo que s\u00ed \u2014dije\u2014. Ser\u00e1 mejor que los guajiros las pongan en el corredor mientras escampa\u201d. Y as\u00ed lo hicieron, mientras la lluvia crec\u00eda como \u00e1rbol inmenso sobre los \u00e1rboles. Mi padre ocup\u00f3 el mismo sitio en que estuvo la tarde del domingo, pero no habl\u00f3 de la lluvia. Dijo: \u201cDebe ser que anoche dorm\u00ed mal, porque me he amanecido doliendo el espinazo\u201d. Y estuvo all\u00ed, sentado contra el pasamano, con los pies en una silla y la cabeza vuelta hacia el jard\u00edn vac\u00edo. Solo al atardecer, despu\u00e9s que se neg\u00f3 a almorzar dijo: \u201cEs como si no fuera a escampar nunca\u201d. Y yo me acord\u00e9 de los meses de calor. Me acord\u00e9 de agosto, de esas siestas largas y pasmadas en que nos ech\u00e1bamos a morir bajo el peso de la hora, con la ropa pegada al cuerpo por el sudor, oyendo afuera el zumbido insistente y sordo de la hora sin transcurso. Vi las paredes lavadas, las junturas de la madera ensanchadas por el agua. Vi el jardincillo, vac\u00edo por primera vez, y el jazminero contra el muro, fiel al recuerdo de mi madre. Vi a mi padre sentado en el mecedor, recostadas en una almohada las v\u00e9rtebras doloridas, y los ojos tristes, perdidos en el laberinto de la lluvia. Me acord\u00e9 de las noches de agosto, en cuyo silencio maravillado no se oye nada m\u00e1s que el ruido milenario que hace la Tierra girando en el eje oxidado y sin aceitar. S\u00fabitamente me sent\u00ed sobrecogida por una agobiadora tristeza.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Llovi\u00f3 durante todo el lunes, como el domingo. Pero entonces parec\u00eda como si estuviera lloviendo de otro modo, porque algo distinto y amargo ocurr\u00eda en mi coraz\u00f3n. Al atardecer dijo una voz junto a mi asiento: \u201cEs aburridora esta lluvia\u201d. Sin que me volviera a mirar, reconoc\u00ed la voz de Mart\u00edn. Sab\u00eda que \u00e9l estaba hablando en el asiento del lado, con la misma expresi\u00f3n fr\u00eda y pasmada que no hab\u00eda variado ni siquiera despu\u00e9s de esa sombr\u00eda madrugada de diciembre en que empez\u00f3 a ser mi esposo. Hab\u00edan transcurrido cinco meses desde entonces. Ahora yo iba a tener un hijo. Y Mart\u00edn estaba all\u00ed, a mi lado, diciendo que le aburr\u00eda la lluvia. \u201cAburridora no \u2014dije. Lo que me parece es demasiado triste es el jard\u00edn vac\u00edo y esos pobre \u00e1rboles que no pueden quitarse del patio\u201d. Entonces me volv\u00eda mirarlo, y ya Mart\u00edn no estaba all\u00ed. Era apenas una voz que me dec\u00eda: \u201cPor lo visto no piensa escampar nunca\u201d, y cuando mir\u00e9 hacia la voz, s\u00f3lo encontr\u00e9 la silla vac\u00eda. El martes amaneci\u00f3 una vaca en el jard\u00edn. Parec\u00eda un promontorio de arcilla en su inmovilidad dura y rebelde, hundidas las pezu\u00f1as en el barro y la cabeza doblegada. Durante la ma\u00f1ana los guajiros trataron de ahuyentarla con palos y ladrillos, Pero la vaca permaneci\u00f3 imperturbable en el jard\u00edn, dura, inviolables, todav\u00eda las pezu\u00f1as hundidas en el barro y la enorme cabeza humillada por la lluvia. Los guajiros la acostaron hasta cuando la paciente tolerancia de mi padre vino en defensa suya: \u201cD\u00e9jenla tranquila \u2014dijo\u2014. Ella se ir\u00e1 como vino\u201d.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Al atardecer del martes el agua apretaba y dol\u00eda como una mortajada en el coraz\u00f3n. El fresco de la primera ma\u00f1ana empez\u00f3 a convertirse en una humedad caliente; era una temperatura de escalofr\u00edo. Los pies sudaban dentro de los zapatos. No se sab\u00eda qu\u00e9 era m\u00e1s desagradable, si la piel al descubierto o el contacto con la ropa en la piel. En la casa hab\u00eda cesado toda actividad. Nos sentamos en el corredor, pero ya no contempl\u00e1bamos la lluvia como el primer d\u00eda. Ya no la sent\u00edamos caer. Ya no ve\u00edamos sino el contorno de los \u00e1rboles en la niebla, en un atardecer triste y desolado que dejaba en los labios el mismo sabor con que se despierta despu\u00e9s de haber so\u00f1ado con una persona desconocida. Yo sab\u00eda que era martes y me acordaba de las mellizas de San Jer\u00f3nimo, de las ni\u00f1as ciegas que todas las semanas vienen a la casa a decirnos canciones simples, entristecidas por el amargo y desamparado prodigio de sus voces. Por encima de la lluvia yo o\u00eda la cancioncilla de las mellizas ciega y las imaginaba en su casa, acuclilladas, aguardando a que cesara la lluvia para salir a cantar. Aquel d\u00eda no llegar\u00edan las mellizas de San Jer\u00f3nimo, pensaba yo, ni la pordiosera estar\u00eda en el corredor despu\u00e9s de la siesta, pidiendo como todos los martes, la eterna ramita de toronjil.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Ese d\u00eda perdimos el orden de las comidas. Mi madrastra sirvi\u00f3 a la hora de la siesta un plato de sopa simple y un pedazo de pan rancio. Pero en realidad no com\u00edamos desde el atardecer del lunes y creo que desde entonces dejamos de pensar. Est\u00e1bamos paralizados, narcotizados por la lluvia, entregados al derrumbamiento de la naturaleza en una actitud pac\u00edfica y resignada. Solo la vaca se movi\u00f3 en la tarde- De pronto, un profundo rumor sacudi\u00f3 sus entra\u00f1as y las pezu\u00f1as se hundieron en el barro con mayor fuerza. Luego permaneci\u00f3 inm\u00f3vil durante media hora, como si ya estuviera muerta, pero no pudiera caer porque se lo imped\u00eda la costumbre de estar viva, el h\u00e1bito de estar en una misma posici\u00f3n bajo la lluvia, hasta cuando la costumbre fue m\u00e1s d\u00e9bil que el cuerpo. Entonces dobl\u00f3 las patas delanteras (levantadas todav\u00eda en un \u00faltimo esfuerzo ag\u00f3nico las ancas brillantes y oscuras), hundi\u00f3 el babeante hocico en el lodazal y se rindi\u00f3 por fin al peso de su propia materia en una silenciosa, gradual y digna ceremonia de total derrumbamiento. \u201cHasta ah\u00ed lleg\u00f3\u201d, dijo alguien a mis espaldas. Y yo me volv\u00ed a mirar y vi en el umbral a la pordiosera de los martes que ven\u00eda a trav\u00e9s de la tormenta a pedir la ramita de toronjil. Tal vez el mi\u00e9rcoles me habr\u00eda acostumbrado a ese ambiente sobrecogedor si al llegar a la sala no hubiera encontrado la mesa recostada contra la pared, los muebles amontonados encima de ella, y del otro lado, en un parapeto improvisado durante la noche, los ba\u00fales y las cajas con los utensilios dom\u00e9sticos. El espect\u00e1culo me produjo una terrible sensaci\u00f3n de vac\u00edo. Algo hab\u00eda sucedido durante la noche. La casa estaba en desorden; los guajiros, sin camisa y descalzos, con los pantalones enrollados hasta las rodillas, transportaban los muebles al comedor. En la expresi\u00f3n de los hombres, en la misma diligencia con que trabajaban se advert\u00eda la crueldad de la frustrada rebeld\u00eda, de la forzosa y humillante inferioridad bajo la lluvia. Yo me mov\u00eda sin direcci\u00f3n, sin voluntad. Me sent\u00eda convertida en una pradera desolada, sembrada de algas y l\u00edquenes, de hongos viscosos y blandos, fecunda por la repugnante flora de la humedad y de las tinieblas. Yo estaba en la sala contemplando el desierto espect\u00e1culo de los muebles amontonados cuando o\u00ed la voz de mi madrastra en el cuarto advirti\u00e9ndome que pod\u00eda contraer una pulmon\u00eda. Solo entonces ca\u00ed en la cuenta de que el agua me daba en los tobillos, de que la casa estaba inundada, cubierto el piso por una gruesa superficie de agua viscosa y muerta.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Al mediod\u00eda del mi\u00e9rcoles no hab\u00eda acabado de amanecer. Y antes de las tres de la tarde la noche hab\u00eda entrado de lleno, anticipada y enfermiza, con el mismo lento y mon\u00f3tono y despiadado ritmo de la lluvia en el patio. Fue un crep\u00fasculo prematuro, suave y l\u00fagubre, que creci\u00f3 en medio del silencio de los guajiros, que se acuclillaron en las sillas, contra las paredes, rendidos e impotentes ante el disturbio de la naturaleza. Entonces fue cuando empezaron a llegar noticias de la calle. Nadie las tra\u00eda a la casa. Simplemente llegaban, precisas, individualizadas, como conducidas por el barro l\u00edquido que corr\u00eda por las calles y arrastraba objetos dom\u00e9sticos, cosas y cosas, destrozos de una remota cat\u00e1strofe, escombros y animales muertos. Hechos ocurridos el domingo, cuando todav\u00eda la lluvia era el anuncio de una estaci\u00f3n providencial, tardaron dos d\u00edas en conocerse en la casa. Y el mi\u00e9rcoles llegaron las noticias, como empujadas por el propio dinamismo interior de la tormenta. Se supo entonces que la iglesia estaba inundada y se esperaba su derrumbamiento. Alguien que no ten\u00eda por qu\u00e9 saberlo, dijo esa noche: \u201cEl tren no puede pasar el puente desde el lunes. Parece que el r\u00edo se llev\u00f3 los rieles\u201d. Y se supo que una mujer enferma hab\u00eda desaparecido de su lecho y hab\u00eda sido encontrada esa tarde flotando en el patio.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Aterrorizada, pose\u00edda por el espanto y el diluvio, me sent\u00e9 en el mecedor con las piernas encogidas y los ojos fijos en la oscuridad h\u00fameda y llena de turbios pensamientos. Mi madrastra apareci\u00f3 en el vano de la puerta, con la l\u00e1mpara en alto y la cabeza erguida. Parec\u00eda un fantasma familiar ante el cual yo misma participaba de su condici\u00f3n sobrenatural. Vino hasta donde yo estaba. A\u00fan manten\u00eda la cabeza erguida y la l\u00e1mpara en alto, y chapaleaba en el agua del corredor. \u201cAhora tenemos que rezar\u201d, dijo. Y yo vi su rostro seco y agrietado, como si acabara de abandonar una sepultura o como si estuviera fabricada en una substancia distinta de la humana. Estaba frente a m\u00ed, con el rosario en la mano, diciendo: \u201cAhora tenemos que rezar. El agua rompi\u00f3 las sepulturas y los pobrecitos muertos est\u00e1n flotando en el cementerio\u201d. Tal vez hab\u00eda dormido un poco esa noche cuando despert\u00e9 sobresaltada por un olor agrio y penetrante como el de los cuerpos en descomposici\u00f3n. Sacud\u00eda con fuerza a Mart\u00edn, que roncaba a mi lado. \u201c\u00bfNo lo sientes?\u201d, le dije. Y \u00e9l dijo \u201c\u00bfQu\u00e9?\u201d Y yo dije: \u201cEl olor. Deben ser los muertos que est\u00e1n flotando por las calles\u201d. Yo me sent\u00eda aterrorizada por aquella idea, pero Mart\u00edn se volte\u00f3 contra la pared y dijo con la voz ronca y dormida: \u201cSon cosas tuyas. Las mujeres embarazadas siempre est\u00e1n con imaginaciones\u201d.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Al amanecer del jueves cesaron los olores, se perdi\u00f3 el sentido de las distancias. La noci\u00f3n del tiempo, trastornada desde el d\u00eda anterior, desapareci\u00f3 por completo. Entonces no hubo jueves. Lo que deb\u00eda ser lo fue una cosa f\u00edsica y gelatinosa que hab\u00eda podido apartarse con las manos para asomarse al viernes. All\u00ed no hab\u00eda hombres ni mujeres. Mi madrastra, mi padre, los guajiros eran cuerpos adiposos e improbables que se mov\u00edan en el tremedal del invierno. Mi padre me dijo: \u201cNo se mueva de aqu\u00ed hasta cuando no le diga lo qu\u00e9 se hace\u201d, y su voz era lejana e indirecta y no parec\u00eda percibirse con los o\u00eddos sino con el tacto, que era el \u00fanico sentido que permanec\u00eda en actividad.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Pero mi padre no volvi\u00f3: se extravi\u00f3 en el tiempo. As\u00ed que cuando lleg\u00f3 la noche llam\u00e9 a mi madrastra para decirle que me acompa\u00f1ara al dormitorio. Tuve un sue\u00f1o pac\u00edfico, sereno, que se prolong\u00f3 a lo largo de toda la noche. Al d\u00eda siguiente la atm\u00f3sfera segu\u00eda igual, sin color, sin olor, sin temperatura. Tan pronto como despert\u00e9 salt\u00e9 a un asiento y permanec\u00ed inm\u00f3vil, porque algo me indicaba que todav\u00eda una zona de mi consciencia no hab\u00eda despertado por completo. Entonces o\u00ed el pito del tren. El pito prolongado y triste del tren fug\u00e1ndose de la tormenta. \u201cDebe haber escampado en alguna parte\u201d, pens\u00e9, y una voz a mis espaldas pareci\u00f3 responder a mi pensamiento: \u201cD\u00f3nde&#8230;\u201d, dijo. \u201c\u00bfqui\u00e9n esta ah\u00ed?\u201d, dije yo, mirando. Y vi a mi madrastra con un brazo largo y escu\u00e1lido extendido hacia la pared. \u201cSoy yo\u201d, dijo. Y yo le dije: \u201c\u00bfLos oyes?\u201d Y ella dijo que s\u00ed, que tal vez habr\u00eda escampado en los alrededores y hab\u00edan reparado las l\u00edneas. Luego me entreg\u00f3 una bandeja con el desayuno humeante. Aquello ol\u00eda a salsa de ajo y manteca hervida. Era un plato de sopa. Desconcertada le pregunt\u00e9 a mi madrastra por la hora. Y ella, calmadamente, con una voz que sab\u00eda a postrada resignaci\u00f3n, dijo: \u201cDeben ser las dos y media, m\u00e1s o menos. El tren no lleva retraso despu\u00e9s de todo\u201d. Yo dije: \u201c\u00a1Las dos y media! \u00a1C\u00f3mo hice para dormir tanto!\u201d Y ella dijo: \u201cNo has dormido mucho. A lo sumo ser\u00edan las tres\u201d. Y yo, temblando, sintiendo resbalar el plato entre mis manos: \u201cLas dos y media del viernes&#8230;\u201d, dije. Y ella, monstruosamente tranquila: \u201cLas dos y media del jueves, hija. Todav\u00eda las dos y media del jueves\u201d.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">No s\u00e9 cuanto tiempo estuve hundida en aquel sonambulismo en que los sentidos perdieron su valor. Solo s\u00e9 que despu\u00e9s de muchas horas incontables o\u00ed una voz en la pieza vecina. Una voz que dec\u00eda: \u201cAhora puedes rodar la cama para ese lado\u201d. Era una voz fatigada, pero no voz de enfermo, sino de convaleciente. Despu\u00e9s o\u00ed el ruido de los ladrillos en el agua. Permanec\u00ed r\u00edgida antes de darme cuenta de que me encontraba en posici\u00f3n horizontal. Entonces sent\u00ed el vac\u00edo inmenso, Sent\u00ed el trepidante y violento silencio de la casa, la inmovilidad incre\u00edble que afectaba a todas las cosas. Y s\u00fabitamente sent\u00ed el coraz\u00f3n convertido en una piedra helada. \u201cestoy muerta \u2014pens\u00e9\u2014. Dios. Estoy muerta\u201d. Di un salto de la cama. Grite: \u201c\u00a1Ada, Ada!\u201d La voz desabrida de mart\u00edn me respondi\u00f3 desde el otro lado: \u201cNo pueden o\u00edrte porque ya est\u00e1n fuera\u201d. Solo entonces me di cuenta de que hab\u00eda escampado y de que en torno a nosotros se extend\u00eda un silencio, una tranquilidad, una beatitud misteriosa y profunda, un estado perfecto que deb\u00eda ser muy parecido a la muerte. Despu\u00e9s se oyeron pisadas en el corredor. Se oy\u00f3 una voz clara y completamente viva. Luego un vientecito fresco sacudi\u00f3 la hoja de la puerta, hizo crujir la cerradura, y un cuerpo s\u00f3lido y moment\u00e1neo, como una fruta madura, cay\u00f3 profundamente en la alberca del patio. Algo en el aire denunciaba la presencia de una persona invisible que sonre\u00eda en la oscuridad.<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u201cDios m\u00edo \u2014pens\u00e9 entonces, confundida por el trastorno del tiempo\u2014. Ahora no me sorprender\u00eda de que me llamaran para asistir a la misa del domingo pasado\u201d.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0 \u00a0 <a href=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/ggm.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1516\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/ggm.jpg\" alt=\"ggm\" width=\"337\" height=\"480\" \/><\/a><\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gabo \/ Llovi\u00f3  durante  todo  el  lunes,  como  el  domingo.  Pero entonces  parec\u00eda  como  si  estuviera  lloviendo  de  otro modo, porque algo distinto y amargo ocurr\u00eda en mi coraz\u00f3n. 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