{"id":15288,"date":"2024-05-01T11:52:25","date_gmt":"2024-05-01T11:52:25","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=15288"},"modified":"2024-05-01T12:02:10","modified_gmt":"2024-05-01T12:02:10","slug":"cronica-mexicana-4-un-relato-incompleto-y-un-cuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/05\/01\/cronica-mexicana-4-un-relato-incompleto-y-un-cuento\/","title":{"rendered":"[Cr\u00f3nica Mexicana parte 4] Un relato incompleto y un cuento"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\"><b>Este es un relato incompleto porque no todos escribimos<\/b>. Lo es tambi\u00e9n porque hemos olvidado parte de lo acontecido en el mismo momento en que un nuevo segundo lleg\u00f3 a la experiencia. Un mes en M\u00e9xico. Tambi\u00e9n porque nunca una historia se puede contar del todo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>No caer en el vicio de dirigir la mirada, nos dijimos. Lo intentamos, \u00bfpudimos?<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 cosas quedaron afuera? Muchas, casi todas. Algunas improbables, como decir algo, constatar una situaci\u00f3n y que al rato sucediera. En el metro de Ciudad de M\u00e9xico no te cantan las estaciones. Te las tienes que saber, porque la altura de los carros no siempre da el campo visual para detectar en qu\u00e9 estaci\u00f3n est\u00e1s, pero si llegas a ver su iconograf\u00eda ver\u00e1s que a trav\u00e9s de ella se cuenta toda la historia de la colonizaci\u00f3n de este territorio. C may\u00fascula de Correspondencia, o Combinaci\u00f3n, como decimos por ac\u00e1. Estaciones en reparaci\u00f3n porque las v\u00edas se derrumbaron. Orientaciones preliminares que pronto cuajan y dejan de ser intuici\u00f3n pasando a convertirse en ubicaci\u00f3n espacial. <b>\u00bfC\u00f3mo se ubica un ciego en este tren subterr\u00e1neo? Se pregunta alguien que cree ver. <\/b>Una estaci\u00f3n despu\u00e9s de lanzar la pregunta se suben dos, hablando, c\u00f3mplices. Ellos, con clara ubicaci\u00f3n espacial, se desenvuelven con naturalidad entre pasajeros que venden porta celulares en forma de sillas de playa, reposeras pl\u00e1sticas en las que so\u00f1amos estirar el cuerpo apenas podamos salir de la ciudad.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>El transporte tambi\u00e9n vuela, se encumbra. <b>El cableb\u00fas de Iztapalapa nos lleva a las alturas de la colonia m\u00e1s grande de la ciudad y nos permite ver la intimidad de sus habitantes en sus techumbres decoradas con murales y con enseres, <\/b>que tambi\u00e9n nos entregan luces para ubicarnos en la espacialidad desde otra altura: el Museo de la Revoluci\u00f3n. Un pedazo de palacio que no prosper\u00f3 es el que ahora guarda y narra de forma historiogr\u00e1fica y lineal este suceso trascendental y sabroso.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A unas cuantas cuadras del museo est\u00e1 el <b>caf\u00e9 La Habana, que visitamos con la esperanza de tomarnos una mesa en la que Roberto Bola\u00f1o se haya sentado con su banda a compartir la especulaci\u00f3n de la poes\u00eda<\/b>; mismo espacio en el que tambi\u00e9n se reuni\u00f3 Fidel Castro con el Che Guevara y otros \u00eddolos blancos h\u00e9terosexuales del siglo XX que desconocemos. Vamos all\u00ed siguiendo en escala menor la b\u00fasqueda de los detectives salvajes, porque el traje detectivesco nos genera una sana distancia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>Una que no buscamos pero que s\u00ed est\u00e1 siempre presente es Gabriela Mistral<\/b>. En los murales, en los regalos, en los libros: en la base de la historia de M\u00e9xico, que luego tambi\u00e9n vimos en sombras de lugares poco apropiados para recordar este viaje, como es Santiago, donde anda por ah\u00ed uno que otro nopal huacho, dejando atr\u00e1s el n\u00e1huatl.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><b>\u2013Antes todo esto era lago \u2013dijo el \u00e1guila posada sobre un nopal. <\/b>Desde esa posici\u00f3n tuvo una visi\u00f3n. En esa imagen Moctezuma, antes de convertirse en estaci\u00f3n de metro, les pregunt\u00f3 a sus consejeros m\u00e1s fieles y cercanos, reunidos en la c\u00faspide del templo mayor:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2013\u00bfHan visto a mi padre?, se llama Pedro P\u00e1ramo \u2013.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Acto seguido, el consejo se\u00f1al\u00f3 hacia el suroriente, punto por el cual hab\u00eda hu\u00eddo Quetzalc\u00f3atl, la serpiente emplumada.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2013Desde all\u00e1 vendr\u00e1 tu padre \u2013le respondieron.<\/p>\n<p>\u2013Y no vendr\u00e1 solo, m\u00e1s de 4000 hombres acompa\u00f1ar\u00e1n su paso \u2013agregaron.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El \u00e1guila, interrumpida por una sonoridad que ven\u00eda de qui\u00e9n sabe donde, volvi\u00f3 sobre s\u00ed, esta vez posada sobre una pipa de agua, de esas que coronan lo alto de todas las casas de la Ciudad de M\u00e9xico como quim\u00e9rica propuesta para enfrentar la sequ\u00eda. 10 mil litros de agua que se transaccionan en unos US $100. El paisaje a su alrededor hab\u00eda cambiado, tal como lo hab\u00eda anunciado la serpiente antes de ser engullida. <b>Los lagos Zumpango, Xaltocan, Texcoco, Xochimilco y Chalco eran ahora un mermado rastro de su otrora inmensidad.\u00a0\u00a0\u00a0<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El sonido se hac\u00eda cada vez m\u00e1s n\u00edtido: <b>\u201c<\/b><b><i>Se compran colchones, refrigeradores, estufas, lavadoras, microondas o algo de fierro viejo que venda<\/i><\/b><b>\u201d<\/b><b>, rezaba el preg\u00f3n antiguo, una y otra vez con un canto devocional, digno heredero del barroco novohispano.<\/b> Desconcertado con tal s\u00f3rdida melod\u00eda, el \u00e1guila regurgit\u00f3 a la serpiente para interpelarla. Las arcadas eran tan ensordecedoras que todo el mundo dej\u00f3 de hacer lo que estaba haciendo y fijaron su mirada sobre el ave; 126 millones de personas le dijeron al \u00e1guila al un\u00edsono \u2013 \u00a1Salud!<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Un verdadero espect\u00e1culo aconteci\u00f3 entre el es\u00f3fago del \u00e1guila real y el resto de su organismo convertido en un caudal de escamas, sangre, saliva y plumas que eyaculaba desde su cuerpo. <b>Por un instante parec\u00eda que \u201cQuetzalc\u00f3atl\u201d se alzaba entre las nubes y el sol de febrero.\u00a0<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Antes de que el cuerpo de la serpiente hiciera contacto con el ardiente asfalto, el \u00e1guila la volvi\u00f3 a morder, extendi\u00f3 sus alas un metro a cada lado y justo antes de emprender el vuelo se hundi\u00f3 en sus pensamientos vi\u00e9ndose sobre el reflejo de un espejo de obsidiana, que reverberaba su imagen en monedas, medallas, playeras, toallas, calendarios, documentos y sellos oficiales.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ahorita vamos! \u2013exclam\u00f3 el \u00e1guila, mientras dentellada el cuerpo del reptil. Ese \u201cahorita\u201d, espacializ\u00f3 el tiempo y lo amplific\u00f3 hacia posibilidades irreconocibles, en las que no hab\u00eda que tomar ninguna decisi\u00f3n. Emprendieron el vuelo por todo el An\u00e1huac, desde las alturas vieron el penacho de Moctezuma derruido en las escalinatas, vieron un grupo de ind\u00edgenas alzarse en armas al interior de las monta\u00f1as al suroeste de Ocosingo; vieron el \u00faltimo respiro de Zapata al entrar por el dintel de la hacienda en Chinameca, mientras los\u00a0 Tzompantli, cantaban a coro su llegada al Mictlan. A lo lejos vieron el mar, y desde su rugido de tiempos antiguos emerg\u00eda Malintzin, Marina del Mar, la Malinche y en la orilla miles de mujeres y ni\u00f1as le bailaban y le hac\u00edan ofrendas de flores y velas que flotaban sobre las aguas. Se elevaron cada vez m\u00e1s, llegaron tan alto que sus alas resplandec\u00edan sobre la cima de los volcanes Iztacc\u00edhuatl y Popocat\u00e9petl. Desde esas alturas, escucharon el gemido de las piedras volc\u00e1nicas, que se confund\u00edan con los cuerpos derramados sobre Tlatelolco, Teotihuac\u00e1n y Tenochtitl\u00e1n. En un descenso vertiginoso e inmersivo, cruzaron a trav\u00e9s de millones de mariposas monarcas que iban en vuelo hacia otras vidas.\u00a0 Cada vez m\u00e1s cerca de la superficie terrestre, vieron entre las rocas como a Xochipilli le sal\u00edan flores por todo el cuerpo que regaban el valle, mientras el conejo de la luna eclipsaba al sol 400 veces al son de extinciones, calentamientos globales y glaciaciones.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Vieron tanto que no pod\u00edan dejar de ver, incluso debajo del agua, sintieron el llanto de los cenotes arrojados de su desaparici\u00f3n, en nombre del progreso y la locomotora de la historia y sus rieles perfectamente dise\u00f1ados hacia el despe\u00f1adero. Vieron al poeta Nezahualc\u00f3yotl, declamar su trascendencia. <b>Vieron a Sor Juana In\u00e9s de la Cruz junto con Tonantzin en un abrazo que creaba los amaneceres. <\/b>Vieron al funcionario p\u00fablico que por m\u00e1s de un siglo segu\u00eda timbrando las mismas estampillas en las que un \u00e1guila mordiendo una serpiente cascabel se posaba sobre un nopal.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2013Antes todo esto era lago \u2013repet\u00eda el \u00e1guila.<\/p>\n<p>\u2013Antes todos los r\u00edos eran serpientes \u2013retrucaba el reptil.<\/p>\n<p>\u2013Esto est\u00e1 de la verga \u2013expres\u00f3 el \u00e1guila real.<\/p>\n<p>\u2013Una fosa a cielo abierto, bien culera \u2013confirm\u00f3 la serpiente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ya sobrevolaban por los canales de Xochimilco, \u00e1guila y serpiente en un solo cuerpo de escamas y plumas, cuando un conjunto de violines, trompetas y voces volvi\u00f3 a sacar al \u00e1guila de su viaje profundo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 chingados est\u00e1 sonando? \u2013pregunt\u00f3 el rapaz.<\/p>\n<p>\u2013A poco no conoces \u201cLas Ma\u00f1anitas\u201d \u2013contest\u00f3 capciosa la serpiente.<\/p>\n<p>\u2013Me vale verga, \u00bfa poco te la sabes? \u2013respondi\u00f3 de forma prepotente el ave.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Esta vida vale verga! \u2013exclam\u00f3 el reptil y agreg\u00f3\u2013 estamos arrojados a ser desaparecidxs, de hecho a ti te extinguieron all\u00e1 por el 2012 cuando el tiempo moderno colaps\u00f3 \u2013respondi\u00f3 la serpiente, mir\u00e1ndome fijamente a los ojos desde el interior de la botella de mezcal. No supe qu\u00e9 sentir y me sent\u00ed pendejo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Un viol\u00edn que sonaba a mi lado me sac\u00f3 del viaje profundo y volv\u00ed sobre la trajinera. Un charro que estaba al lado m\u00edo, estirando su mano en se\u00f1al de pago me dijo: \u2013Primero lo que deja y luego lo que apendeja\u2013.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>R\u00e1pidamente saqu\u00e9 un billete de 200 pesos mexicanos de esos que en el reverso tienen un \u00e1guila real sobrevolando un desierto con abundantes cact\u00e1ceas y que en la inscripci\u00f3n dice: \u201c<i>ecosistema de desiertos y matorrales, con el \u00e1guila real en la reserva de la Bi\u00f3sfera, El Pinacate y Gran Desierto de Altar en Sonora patrimonio natural de la humanidad<\/i>\u201d. Al ver el billete pens\u00e9 que es dif\u00edcil creer que todav\u00eda existan \u00e1guilas reales y humanidad. Acto seguido, y recuperando la voz, me puse a entonar \u201cLas Ma\u00f1anitas\u201d. En el fondo, all\u00e1 sobre las nubes, un punto resplandeciente observaba nuestro canto y nuestras flores.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vieron tanto que no pod\u00edan dejar de ver, incluso debajo del agua, sintieron el llanto de los cenotes arrojados de su desaparici\u00f3n, en nombre del progreso y la locomotora de la historia y sus rieles perfectamente dise\u00f1ados hacia el despe\u00f1adero. Vieron al poeta Nezahualc\u00f3yotl, declamar su trascendencia. Vieron a Sor Juana In\u00e9s de la Cruz junto con Tonantzin en un abrazo que creaba los amaneceres. 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