{"id":15441,"date":"2024-06-04T11:27:38","date_gmt":"2024-06-04T11:27:38","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=15441"},"modified":"2024-06-04T11:27:38","modified_gmt":"2024-06-04T11:27:38","slug":"tres-visiones-sobre-el-invencible-verano-de-liliana-de-cristina-rivera-garza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/06\/04\/tres-visiones-sobre-el-invencible-verano-de-liliana-de-cristina-rivera-garza\/","title":{"rendered":"Tres visiones sobre El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><i>A prop\u00f3sito del reciente anuncio del Premio Pulitzer, volvemos a una lectura trascendental del \u00faltimo tiempo. Consuelo Ferrer, Daniela Machtig y Francisca Palma retornan a las p\u00e1ginas del volumen de la autora mexicana para rescatar sus emociones y recuerdos inspirados por \u00e9l. <\/i><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h1>\u00a0<\/h1>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong><i>Consuelo Ferrer:<\/i><\/strong><\/span><\/h1>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong><i>\u201c\u2018El duelo es el fin de la soledad\u2019\u201d<\/i><\/strong><\/span><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La primera vez que le\u00ed El invencible verano de Liliana, dos de sus frases me dejaron una huella que se sinti\u00f3 como un surco, que pasaron a nombrar un sentimiento que no hab\u00eda podido definir.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Fue el <\/span><b>octavo libro de duelo que le\u00ed <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">y luego me he sumergido en otros 25. A la fecha, que recuerde, ninguno me ha hablado tan directo como lo hizo Cristina Rivera Garza cuando escribi\u00f3 <\/span><b>\u201cel duelo es el fin de la soledad\u201d y \u201ces mentira que el tiempo pasa\u201d.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfC\u00f3mo va a pasar el tiempo para Rivera Garza? <\/span><b>En 1990, su hermana menor, Liliana, \u2013prodigiosa estudiante de arquitectura, nadadora frecuente, una mujer que sus amistades recuerdan como \u201clibre\u201d\u2013 fue asesinada por su ex novio en su propia casa,<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> que era en realidad el primer piso de la casa de una familia que le arrendaba el espacio. \u00c1ngel Gonz\u00e1lez Ramos salt\u00f3 el muro, forz\u00f3 el cerrojo de la puerta y entr\u00f3 en su dormitorio, donde la asfixi\u00f3, todo esto en un barrio residencial, todo esto debajo de una familia que dorm\u00eda. <\/span><b>Dice Rivera Garza que en ese minuto no ten\u00edan lenguaje para nombrar lo que hab\u00eda pasado, no exist\u00eda la palabra feminicidio, no exist\u00eda la noci\u00f3n de la violencia de g\u00e9nero<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. \u201cUno nunca est\u00e1 m\u00e1s inerme que cuando no tiene lenguaje\u201d. Su forma de proteger a su hermana en la muerte fue callando. <\/span><b>Pero ahora el lenguaje existe y lo usa no como una mera herramienta: lo usa como un arma.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Antes de decidirse a escribir el libro, Rivera Garza intenta reabrir la causa por el asesinato de su hermana, pero se encuentra con un sistema de justicia que ya perdi\u00f3 todo rastro de ella. Lo que es peor, lo que resulta m\u00e1s violento: todos los funcionarios con los que habla creen que es l\u00f3gico que haya desaparecido, porque el caso fue hace casi treinta a\u00f1os. Veintinueve a\u00f1os y tres meses y dos d\u00edas, precisa ella. Parece que las normas hubieran sido hechas por personas que nunca perdieron a nadie, que nunca fueron atravesadas por la noticia de una muerte. Veintinueve a\u00f1os y tres meses y dos d\u00edas podr\u00edan ser apenas algunas horas. \u201cA veces toma treinta a\u00f1os decir en voz alta, decirlo en voz alta ante un empleado del sistema de justicia, que uno busca justicia\u201d, dice ella. \u201cPasan tantas cosas en treinta a\u00f1os. La muerte pasa. La muerte nunca deja de pasar\u201d. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Nadie puede devolverle a su hermana y la justicia ni siquiera puede hacer el amague de aspirar a lo que le entrega su nombre. Nadie puede devolverle a su hermana excepto ella misma, que busca las cajas donde est\u00e1n todas sus cartas, sus diarios, sus manualidades. Nadie puede devolverle a su hermana excepto ella misma, que toma la huellas que dej\u00f3 su hermana y la invoca para nosotros.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace poco acompa\u00f1\u00e9 a un amigo a resolver la posesi\u00f3n efectiva de su mam\u00e1 y la ejecutiva del banco nos dijo, extra\u00f1ada, que la muerte hab\u00eda ocurrido hac\u00eda nueve a\u00f1os, que los vales vista se fueron a las arcas fiscales cuando se cumplieron 5. Que esa es la regla, que est\u00e1 definida por ley: luego de dos a\u00f1os pasa a acreencia bancaria, y luego de otros tres pasa al fisco. Nos cita la ley, como si nuestro trabajo fuera sabernos la ley de memoria en lugar de mantenernos vivos. \u00bfPor qu\u00e9 se demoraron nueve a\u00f1os?, pregunt\u00f3, frunciendo el ce\u00f1o, tratando de descifrar esa rareza. Porque Rivera Garza tiene raz\u00f3n: \u201cEs mentira que el tiempo pasa\u201d. Y cuando ella lo dice, el sentimiento de desolaci\u00f3n se aten\u00faa.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ese mismo tr\u00e1mite de posesi\u00f3n efectiva estaba en proceso hac\u00eda meses, quiz\u00e1s seis o m\u00e1s, y aunque hubo varios vales vista que ya no se pod\u00edan recuperar, hubo otros documentos que logramos rescatar. El proceso termin\u00f3 justo la misma semana en la que se cumpl\u00edan nueve a\u00f1os exactos de la muerte de la mam\u00e1 de mi amigo. Cuando terminamos el \u00faltimo tr\u00e1mite nos conmovimos, porque sent\u00edamos que la fecha no hab\u00eda sido casualidad, porque sent\u00edamos que el tr\u00e1mite hab\u00eda logrado llegar a buen fin precisamente porque era la semana del aniversario. Ten\u00edamos la convicci\u00f3n, la tenemos a\u00fan, de que ella estaba en esa caja del banco, acompa\u00f1\u00e1ndonos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eso es lo que dice tambi\u00e9n Rivera Garza en el libro, y por eso yo la vivo citando: \u201cVivir en duelo es esto: nunca estar sola. Invisible pero patente de muchas formas, la presencia de los muertos nos acompa\u00f1a en los min\u00fasculos intersticios de los d\u00edas. Por sobre el hombro, a un lado de la voz, en el eco de cada paso. Arriba de las ventanas, en el filo del horizonte, entre las sombras de los \u00e1rboles. Siempre est\u00e1n all\u00e1 y siempre est\u00e1n aqu\u00ed, con y adentro de nosotros, y afuera, envolvi\u00e9ndonos con sus calidez, protegi\u00e9ndonos de la intemperie. Este es el trabajo del duelo: reconocer su presencia, decirle que s\u00ed a su presencia. Siempre hay otros ojos viendo lo que veo e imaginar ese otro \u00e1ngulo, imaginar lo que unos sentidos que no son los m\u00edos podr\u00edan apreciar a trav\u00e9s de mis sentidos es, bien mirado, una definici\u00f3n puntual del amor. El duelo es el fin de la soledad\u201d.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Hace pocos d\u00edas, una cantante atea me dijo que su abuela, al morir, \u201cinaugur\u00f3 el cielo\u201d. Que ella no cre\u00eda en el cielo hasta que su abuela muri\u00f3, y que ahora tuvo que creer en \u00e9l porque necesita un lugar donde poner a su abuela, que muri\u00f3, s\u00ed, pero no puede haber dejado de existir. A m\u00ed sus palabras me resonaron. Antes, cuando era adolescente y era cat\u00f3lica, era m\u00e1s f\u00e1cil lidiar con la idea de la muerte, pero cuando mi pap\u00e1 muri\u00f3 yo ya no me persignaba, ya no iba a misa, ya no cre\u00eda en Dios. En lo que creo desde entonces es en mi pap\u00e1, no m\u00e1s. En \u00e9l como todo el imaginario de lo que puede escapar de la raz\u00f3n. En \u00e9l, que sigue tan vivo conmigo como lo est\u00e1 Liliana en las palabras de Cristina, que la logran traer de vuelta, que la dibujan con tanta exactitud que Liliana te hace re\u00edr, que te frustra, que te cae bien.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEn lo m\u00e1s profundo del invierno aprend\u00ed al fin que hab\u00eda en m\u00ed un invencible verano\u201d, escribi\u00f3 Albert Camus primero, y luego Liliana cuando aconsejaba a sus amigas frente a amores desventurados, y luego Cristina para darle un ep\u00edlogo a ese libro sobre su hermana. Ya muerta hace treinta a\u00f1os, Liliana elige su propio ep\u00edgrafe a trav\u00e9s de las cartas en las que ella todav\u00eda se desborda.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> El verano de Liliana fue invencible, porque su memoria es eterna. Y todo suena a un clich\u00e9 pero la verdad es simple, y se siente absoluta, y no necesita decoraciones. Eso es lo que nos regala Rivera Garza a quienes estamos en duelo: la esperanza de que nuestros muertos, aunque siempre parezca que acaban de morir, tambi\u00e9n siempre nos van a seguir acompa\u00f1ando.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">***<\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><i>Daniela Machtig:\u00a0<\/i><\/span><\/h1>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><i>\u201cUn espacio de ternura despu\u00e9s de tanta desolaci\u00f3n\u201d<\/i><\/span><\/h1>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Le\u00ed \u201cEl invencible verano de Liliana\u201d al d\u00eda siguiente de la \u00faltima p\u00e9rdida que tuve el a\u00f1o pasado. Despu\u00e9s de tanto quebranto, pensaba que mi coraz\u00f3n no iba a resistir m\u00e1s dolor, y tem\u00ed que se me rompiera irremediablemente. <\/span><b>Lo tom\u00e9 de la biblioteca de mi amiga sin ninguna expectativa m\u00e1s que intentar distraerme para dejar de llorar. <\/b><b>Y me sumerg\u00ed en un mundo paralelo en el cual, por alguna raz\u00f3n, hab\u00eda una tregua para tanta tristeza. Buscando mi cura, luego no pude parar de leer.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>Naufragando en la oscuridad, la escritura de Cristina fue para m\u00ed un regalo.<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> Un abrazo que me recibi\u00f3 en la soledad que viene despu\u00e9s de la despedida irrenunciable, en la palabra que queda muda despu\u00e9s de la tragedia. <\/span><b>Fue el espacio de ternura que necesitaba, despu\u00e9s de tanta desolaci\u00f3n.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Leyendo a Consuelo, me sorprendo con el hecho de que ambas fuimos marcadas con las mismas frases (entre otras, muchas, que est\u00e1n en el texto de Cristina). Tal vez no sea tan casual, puesto que compartimos la experiencia tanto del duelo, como de vernos empujadas cada una en su momento a tener que construir nuevas identidades a partir de \u00e9l. <\/span><b>Las distintas emociones y estados de \u00e1nimo que se recorren en el libro, son un retrato vivo del viaje doloroso de la p\u00e9rdida. Es un camino largo, pesado, que puede ser tedioso y tambi\u00e9n sinuoso. Es en esas curvas donde encontramos espacios luminosos que nos permiten elaborar el duelo, y sobrevivir.<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> El reflejo de estos procesos, tan delicados y complejos, hacen de \u00e9l un libro doloroso, pero tambi\u00e9n tremendamente sanador.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando amigos y cercanos vinieron a acompa\u00f1arnos en el funeral de mi hermano, la frase m\u00e1s visitada fue: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El dolor no se va, pero uno aprende a vivir con \u00e9l<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Ya la conoc\u00eda, de todos modos (sin desmerecer el cari\u00f1o con el que me la dedicaron, tantas veces). Leyendo a Cristina, pude sentirme no s\u00f3lo comprendida, sino que alguien le pon\u00eda palabras certeras y genuinas a esos remansos de paz que aparecen en la desolaci\u00f3n. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El duelo es el fin de la soledad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, dice Cristina, y en eso deviene cuando aceptamos y reconocemos la presencia de la otra persona en nosotrxs, encontr\u00e1ndonos con ellos \u201cen los min\u00fasculos intersticios de los d\u00edas\u201d. Es una experiencia que tambi\u00e9n me comparti\u00f3 mi padre, quien, sin haber le\u00eddo el libro, me sorprendi\u00f3 d\u00edas despu\u00e9s cont\u00e1ndome que cuando contemplaba la cordillera, sent\u00eda que era su hijo quien dirig\u00eda su mirada. <\/span><b>Tal vez aquello que Rivera Garza nos comparte desde un lugar tan \u00edntimo y personal es algo tan universal como el amor y el dolor.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><b>En la escritura de Cristina Rivera Garza hay una profunda y genuina humanidad. <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">En ella encontramos amor, dolor, memoria, reivindicaci\u00f3n, resiliencia, fortaleza.<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> Si Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, parafraseando a Cardoza y Arag\u00f3n, dijo que la poes\u00eda era la prueba de la existencia del hombre, <\/span><b>la literatura de Cristina es la prueba de la existencia de la humanidad. <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">Incluso m\u00e1s que eso: Cristina resuelve el enigma ancestral de la inmortalidad. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Al usar el <\/span><b>archivo de su hermana como fuente primaria, abre un espacio para darle voz a Liliana,<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> traerla al presente, apuntar a su asesino y al sistema feminicida, y compartirnos la injusticia artera de habernos dejado tanto a ella como nosotrxs sin m\u00e1s mundo para vivirnos. Sin m\u00e1s mundo que el espacio que Cristina cre\u00f3, donde las heridas se abren pero para hablar, donde la sangre vuelve a correr pero para respirar, donde existe el desgarro pero tambi\u00e9n el amparo. Un espacio donde podemos volver a encontrarnos. Y llorar.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">***<\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><i>Francisca Palma:<\/i><\/span><\/h1>\n<h1><span style=\"text-decoration: underline;\"><i>\u201cLa escritura como otra forma de existencia\u201d<\/i><\/span><\/h1>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Busqu\u00e9 el libro en la biblioteca para comenzar mi aporte a este texto, pero no lo encontr\u00e9. Luego de un breve momento de desesperaci\u00f3n por uno de los pocos apegos materiales que tengo, que son los libros, me pregunt\u00e9 qui\u00e9n lo ten\u00eda. Por suerte \u2013y no solo por haber evitado la p\u00e9rdida\u2013 <\/span><b>se lo hab\u00eda prestado a una de mis grandes amigas. Que estuviera con ella significaba no s\u00f3lo que el libro estaba seguro, sino sobre todo que alguien m\u00e1s a quien quiero ten\u00eda acceso a leer esta trascendental historia.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ahora que me toca escribir sobre este libro, a prop\u00f3sito del premio que ha recibido la autora, debo confesar que no recuerdo en detalle su contenido, como tantos otros que he le\u00eddo. Esta condici\u00f3n no se corresponde con el significado que tengan las propuestas escriturales para mi, es solo mi memoria. Este puede ser otro momento de desesperaci\u00f3n o tambi\u00e9n una oportunidad de <\/span><b>evocar: qu\u00e9 siento, qu\u00e9 sent\u00ed y qu\u00e9 me qued\u00f3 en la memoria sobre este libro de Cristina Rivera Garza.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">M\u00e1s all\u00e1 de la historia misma, mis sensaciones apuntan a la genialidad de la escritura, que no s\u00f3lo es a dos manos, sino que a cuatro. <\/span><b>El valor del archivo hace que podamos leer el pasado, que efectivamente el libro sea escrito con la autor\u00eda de Cristina y de Liliana. <\/b><span style=\"font-weight: 400;\">Si bien hay un trabajo de selecci\u00f3n y catalogaci\u00f3n, la materia prima hace que podamos leerla. Esta posibilidad acent\u00faa su ausencia al evidenciar su voz como parte de un pasado, pero <\/span><b>nos acerca a Liliana desde su imaginario y vitalidad en su juventud<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">; todo adem\u00e1s a partir de una cuidada huella de subjetividad: la tipograf\u00eda creada para representar su propia letra, que en el fondo es otra forma m\u00e1s de hacerla presente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Tambi\u00e9n,<\/span><b> la preservaci\u00f3n del material nos habla de otra forma de afectividad: el cuidado de su legado, de su escritura como otra forma de existencia<\/b><span style=\"font-weight: 400;\">. A partir de esto pienso en una experiencia personal. Conservo las cartas que se enviaban mis padres en su \u00e9poca de pareja incipiente y en su posterior conformaci\u00f3n familiar con el nacimiento de mi hermano en la d\u00e9cada del \u201880. Cuando peque\u00f1a me gustaba hurgar en la bolsa de productos AVON que a\u00fan las conservan. En este caso, valoro lo grueso del pl\u00e1stico que ha protegido esas palabras y esas hojas viejas de las mudanzas, los cambios de ciudad y la propia muerte. Ahora de grande, siempre tem\u00ed alterar el orden de esas cartas, pero una amiga archivera me dijo que el criterio era ordenar por fecha, sin temor \u201cord\u00e9nalas por fecha\u201d. Y eso hice: abr\u00ed cada papel y lo orden\u00e9 por d\u00eda de emisi\u00f3n. Al hacerlo, encontr\u00e9 hojas sueltas lo que me llev\u00f3 a vivir un peque\u00f1o momento detectivesco: juntar piezas, tocar materialidades, buscar pliegues comunes. Con ese ejercicio logr\u00e9 reunir cartas que estaban partidas, para lo cual tuve que hacer algo que no quer\u00eda en ese momento: leer las ideas de la parte inferior y superior de las hojas que, presum\u00ed, eran del mismo mensaje. Solo eso, ver si calzaban las ideas, pues en este proceso se me ocurri\u00f3 escribir lo que va pasando entre mensaje y mensaje, entre las misivas de mi madre en el sur de Chile o en Santiago, y las de mi padre desde Iquique o Santiago. Especular desde la ficci\u00f3n sobre qu\u00e9 les pasaba en sus vidas cotidianas entre carta y carta. Pero esta era solo una idea. Cuando le\u00ed el Invencible Verano de Liliana, me convenc\u00ed de hacerlo alguna vez.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y este \u00faltimo ejemplo es <\/span><b>una de las potencias del libro: remecer la memoria, las afectividades y comprensi\u00f3n de ciertos fen\u00f3menos como la muerte, sobre c\u00f3mo se vive cuando alguien cercano se ha muerto. Vivir en modo duelo.<\/b><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otra cosa no menor: una de las lecciones del libro es la necesidad de nombrar. Decir feminicidio como acto pol\u00edtico contra lo que no se quiere reconocer, contra lo que se quiere aislar. Generar un t\u00e9rmino para decir, expresar, situar. Elaborar una palabra, un concepto para describir una realidad que ya existe.<\/span><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Son tantas cosas las que se pueden decir sobre el libro\u2026 Por ahora solo quiero recomendarlo, hacerlo circular. Un premio es sin duda un espacio de visibilidad, que me alegra que tenga esta historia, pero <\/span><b>El invencible verano de Liliana trasciende cualquier reconocimiento. Por siempre Liliana, por siempre en la escritura de Cristina.<\/b> <span style=\"font-weight: 400;\">En el olor a cloro de la piel de tu hermana que nada, en la escritura a cuatro manos que ella propici\u00f3, en la b\u00fasqueda de justicia que trataste de generar, en la persistencia y la insistencia de la memoria.<\/span><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A prop\u00f3sito del reciente anuncio del Premio Pulitzer, volvemos a una lectura trascendental del \u00faltimo tiempo. 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