{"id":15663,"date":"2024-08-12T13:52:14","date_gmt":"2024-08-12T13:52:14","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=15663"},"modified":"2024-08-26T03:11:03","modified_gmt":"2024-08-26T03:11:03","slug":"tres-notas-sobre-del-diario-de-vida-que-nunca-escribi-de-hernan-rivera-letelier","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/08\/12\/tres-notas-sobre-del-diario-de-vida-que-nunca-escribi-de-hernan-rivera-letelier\/","title":{"rendered":"Tres notas sobre \u00abDel diario de vida que nunca escrib\u00ed\u00bb de Hern\u00e1n Rivera Letelier"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"align-right\">I<\/p>\n<p><span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Cuando Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez se propuso publicar sus memorias, s\u00f3lo el primer volumen, que abarcaba la alucinada longitud de sus a\u00f1os de infancia y juventud, se convirti\u00f3 en un mamotreto de casi seiscientas p\u00e1ginas. Tanto as\u00ed que las dem\u00e1s entregas del proyecto nunca fueron escritas. De modo que nada m\u00e1s se supo de la <em>summa<\/em> de sus peripecias y desventuras de adultez; al rev\u00e9s del Cristo, el colombiano dej\u00f3 el relato del transcurso de su ni\u00f1ez y escamote\u00f3 esos otros de consagraci\u00f3n, par\u00e1bolas y calvario que advinieron luego de publicar <i>Cien a\u00f1os de soledad<\/i> a los cuarenta a\u00f1os.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Y quiz\u00e1s mejor as\u00ed. Ahora bien, al parecer el esfuerzo fue tan cabr\u00f3n que <i>Vivir para contarla <\/i>(2002), con esa portada de la foto en blanco y negro del escritor ni\u00f1o, sujetando una galleta mordida y mirando ensimismado la c\u00e1mara, marca la etapa final de su obra y, vista en perspectiva, se\u00f1ala la antesala de su retiro. Su siguiente novela ser\u00e1 la \u00faltima que publique en vida; con mucho la peor de sus ficciones dentro de una carrera literaria con muy poco derrape cr\u00edtico.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Hern\u00e1n Rivera Letelier (Premio nacional de literatura 2022) encara la misma tarea de manera diametralmente distinta. Este a\u00f1o el escritor pampino acaba de publicar con Random House -el Real Madrid de los grupos editoriales-: <i>Del diario de vida que nunca escrib\u00ed<\/i>, el libro con el que vuelve a las pistas luego de haber ganado el premio nacional y que dedica a la retrospectiva de sus recuerdos de infancia. A diferencia del colombiano -a quien el autor identifica como un influjo literario fundamental en m\u00e1s de una entrevista-, Rivera Letelier procede desde la intensidad econ\u00f3mica del encuadre. Con esa consigna est\u00e9tica en mente, el novelista consigue dibujar un conjunto de escenas que evocan sus primeros a\u00f1os de vida; fulminantes vi\u00f1etas que contienen cuadros de ni\u00f1ez en los que no parece faltar ninguna de las se\u00f1as que hacen de la representaci\u00f3n de la infancia un t\u00f3pico primordial, no solo del paso del tiempo, sino de la identidad y la esencia del sujeto moderno.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Ciento treinta p\u00e1ginas son suficientes para que el escritor transmita los deslumbramientos, desgarros y transgresiones que signan la narraci\u00f3n fulgurante de la ni\u00f1ez; la sintaxis secreta que subyace a su po\u00e9tica. Est\u00e1 esa tarde de r\u00e1fagas de vientos recalentados que le deja la piel chinita y en la que descubre que su cuerpo no est\u00e1 hecho solo de barro -\u2026que no corre na <i>coca-cola<\/i> por el ramaje de sus venas-, y que el esp\u00edritu se le arroba cuando siente el desierto soplar sobre su conmovida carne morena. O esa primera aproximaci\u00f3n sexual a los nueve, <i>calato<\/i> bajo la mesa del comedor despu\u00e9s de empaparse el cuerpo chico en las refriegas de una guerra de agua, o esa otra en que trabajando de canillita se arrezaga a la estampida del resto de suplementeros que sale a la calle para sentarse a leer los cuentos que publica el diario los domingos, o aquella, sobrenatural y luctuosa a la vez, en que una hermana de la iglesia profetiza la desgracia que golpear\u00e1 pronto a su devota familia.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>De esta alquimia literaria que compone Rivera Letelier surge el retrato de un periodo de infancia dotado del magnetismo inefable que envuelve la po\u00e9tica de la ni\u00f1ez. Como explica el propio autor en el \u201cprefacio prescindible\u201d, su principal secreto para lograr esta tesitura est\u00e9tica consisti\u00f3 en abordar la escritura del pasado sin indulgencias. O parafraseando al autor nortino, tratar a la memoria tal como al kiltro viejo que vive en ella. Sin ensalzar ni humillar al perro callejero que habita el recuerdo lejano. Evitar cualquier palmoteo de aprobaci\u00f3n en el lomo; y nada de ense\u00f1arle a saludar como si fuese persona. Una memoria apenas domesticada, provista de lo esencial para ser narrada. O en palabras del escritor, una que se conforme \u201cCon su hueso en la tierra, su gato en el techo y su luna en el cielo\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>2.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En <i>La literatura y el mal <\/i>(1957), el poeta y pensador franc\u00e9s George Bataille escribe una serie de ensayos que giran en torno al arte literario y su irresistible inclinaci\u00f3n a la subversi\u00f3n. Ah\u00ed reconoce en el terreno de lo prohibido la expresi\u00f3n quinta esencial de lo tr\u00e1gico, que es tambi\u00e9n, para este autor que abominaba del mote de fil\u00f3sofo, el territorio de lo sagrado -etimol\u00f3gicamente sacrificio, un t\u00e9rmino basal en la obra ensay\u00edstica del escritor, es \u201chacer sagrado\u201d-. Es precisamente el peso simb\u00f3lico-material del reino de lo proscrito lo que magnifica su transgresi\u00f3n. Es decir, \u201cla prohibici\u00f3n diviniza aquello a lo que proh\u00edbe el acceso\u201d y por eso, se\u00f1ala el autor, su presencia es tanto un obst\u00e1culo como una incitaci\u00f3n; es el l\u00edmite y, al mismo tiempo, el deseo secreto de trasponer sus lindes. Asimismo, el impulso que gobierna su consumaci\u00f3n est\u00e1 signado por \u201cuna divina embriaguez\u201d que el \u201cmundo de los c\u00e1lculos\u201d subraya el pensador franc\u00e9s \u201cno puede soportar\u201d. Esto porque Bataille entiende el <b>bien<\/b> como aquel plano que se concibe desde una preocupaci\u00f3n por las contingencias del futuro; es decir, desde la imposici\u00f3n aprensiva que obliga considerar las posibles consecuencias del porvenir. De alguna manera se trata de una actitud racional, de conservaci\u00f3n del ordenamiento de la cosas; \u00a0de una actitud de reserva -latente o manifiesta- que apuesta por la continuidad de lo instituido. Las fuerzas dionisiacas en cambio, arrasan con cualquier mesura que aplace la violenta irrupci\u00f3n del instante. Es ese \u201cimpulso espont\u00e1neo\u201d el que el autor franc\u00e9s identifica con el signo de la infancia, reconociendo en la ni\u00f1ez el reino del impulso libre de premeditaci\u00f3n y conjetura; el \u201csanto decir s\u00ed\u201d que escrib\u00eda Nietzsche en el Zaratustra como la plenitud de la soberan\u00eda humana. No por nada Bataille observa que \u201cen la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os se suele definir generalmente el<strong> Mal<\/strong> como preferencia por el instante presente\u201d. Y echando mano al decibel po\u00e9tico de su pensamiento, agrega la siguiente observaci\u00f3n; \u201cLos adultos prohiben a los que deben alcanzar la madurez, el divino reino de la infancia. Pero la condena al instante presente con miras al porvenir, aunque es inevitable, es aberraci\u00f3n cuando es \u00faltima\u201d. La literatura anota en ese mismo ensayo, es la \u201cinfancia por fin recobrada\u201d.<\/p>\n<p>Traigo a Bataille al baile porque leer la infancia que narra Hern\u00e1n Rivera Letelier en su \u00faltimo libro desde las se\u00f1as que propone el acto de transgresi\u00f3n dentro de la po\u00e9tica de la infancia es un ejercicio interpretativo casi sin desperdicio. Se puede decir que la desobediencia cruza -sin mirar a ambos lados- algunos de los \u00e1ngulos m\u00e1s significativos de estas memorias. Est\u00e1 ya inscrita en el juego pampino que inspira el dise\u00f1o de portada de esta edici\u00f3n, y \u00a0en el que desobedecer la advertencia de no abrir los ojos dentro del remolino des\u00e9rtico permite mirar de frente \u00a0la cara del diablo. Pero por sobre todo su presencia es perceptible en pasajes que definen figuras y espacios que ser\u00e1n puntales narrativos reconocibles a lo largo de toda su trayectoria literaria y que se remontan a su sobresaliente debut con <i>La reina Isabel cantaba rancheras<\/i> (1994). Uno de ellos es el furtivo encuentro con la penumbra nimbada de las salas de cine. Eso porque descorrer el pesado cortinaje que flanquea el paso de la luz, y hacerse un sitio en el patio de butacas frente a la pantalla de los tres teatros que proyectan pel\u00edculas en la Antofagasta de su infancia, es un desaf\u00edo directo a la terminante prohibici\u00f3n que su familia evang\u00e9lica profesa respecto al ingreso a lo que considera una invenci\u00f3n perniciosa; un templo de idolatr\u00eda a las im\u00e1genes mundanas -y no dejo de pensar, pero sin el pasmo religioso, que un poco eso es-. Todav\u00eda m\u00e1s, esos jueves en que con el cambio de cartelera se estrena alguna pel\u00edcula protagonizada por Rosita Quintana, la actriz mexicana con la que sufre un obsesivo arrebato, el costo de la taquilla lo deja pato, y se ve en la necesidad de robarse manzanas que devora acicateado por remordimientos b\u00edblicos. De otro lado est\u00e1 el encuentro con el mundo sedoso, dulz\u00f3n e indecente de las prostitutas. El magnetismo que ejerce la cercan\u00eda a su narc\u00f3tica sensualidad a temprana edad, se propicia en el callejeo de ni\u00f1o trabajador, pregonando lo mismo empanadas que diarios por los rincones m\u00e1s rec\u00f3nditos de la ciudad. De modo que ese excitante hallazgo tambi\u00e9n es el resultado de un acto de transgresi\u00f3n, esta vez de aquellos espacios velados que marcan los l\u00edmites urbanos de los barrios portuarios; espacios que una vez traspuestos, albergan las trasl\u00facidas visiones del lupanar. La representaci\u00f3n de estas experiencias que rompen con el trazado que instituye el mandato adulto refieren a la intensificaci\u00f3n del instante; a la presencia del cuerpo en su circunstancia inmediata. Se trata de una figuraci\u00f3n que el ep\u00edgrafe de la poeta Louise Gl\u00fcck que recoge el autor para abrir su \u00faltima publicaci\u00f3n expresa de forma inmejorable: \u201cMiramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>3.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, abrir lo ojos en la mitad de la tolvanera del siglo pasado, como lo hace el escritor en estas memorias, posee un valor documental que trasciende sus m\u00e9ritos est\u00e9ticos -y es que al ser un g\u00e9nero de no ficci\u00f3n, en que experiencia e historia se encuentran trenzadas en una misma ristra, su lectura propone capas interpretativas adicionales-. En ese flanco muchos de los retablos que compone Hern\u00e1n Rivera Letelier est\u00e1n empapados &#8211;<i>empampados<\/i>&#8211; de un imaginario popular proveniente de un grupo sociol\u00f3gico espec\u00edfico y que, hasta la irrupci\u00f3n del autor en la escena literaria nacional, no estaba representado en la literatura chilena escrita a fines del siglo pasado. Esas se\u00f1as contra las que se recorta el recuerdo de sus primeros a\u00f1os de vida poseen contornos \u00a0bien delineados. Sus coordenadas est\u00e1n en el n\u00facleo familiar minero de mediados de siglo, en la experiencia de la ciudad nortina y en las tonalidades humanas del insolado pueblo que la habita. En un \u00e1ngulo m\u00e1s cerrado, el libro da cuenta, entre otras cosas, de las comunidades de hermanos evang\u00e9licos y de las condiciones sociales durante los \u00faltimos a\u00f1os de funcionamiento de las oficinas salitreras. Bajo ese nudo de circunstancias sociol\u00f3gicas se insin\u00faan los rasgos que retratan el esp\u00edritu de esta poblaci\u00f3n trashumante que sale a ganarse el pan huyendo de la pobreza de las regiones rurales, por lo general surgida desde el venero de las sobrepoblada prole de los valles centrales. Esta inmensa hojarasca humana que se traslada miles de kilometros a ofrecer su cuerpo a diversas formas de explotaci\u00f3n con tal de manotear las chauchas que deja tras de s\u00ed la m\u00e1quina extractivista puesta en marcha por capitales extranjeros, no tiene m\u00e1s remedio que encontrar la manera de arraigarse y reto\u00f1ar nuevas costumbres en medio de la aridez del desierto m\u00e1s desierto del mundo. Parte de esa epopeya cotidiana aparece plasmada en estas memorias, y lo hace junto a un horizonte de procesos pol\u00edticos significativos -pienso en la candidatura de Salvador Allende-, que abren en el texto invaluables vetas de riqueza documental. Menci\u00f3n aparte merece el pu\u00f1ado de fotograf\u00edas personales que acompa\u00f1an la edici\u00f3n y que a trav\u00e9s del aura ver\u00eddica del retrato como<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span>elemento paratextual, suman un matiz cardinal a la memoria emotiva moderna, d\u00e1ndole al \u00e1lbum de fotos el lugar que le corresponde en el imaginario sentimental contempor\u00e1neo.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 \u00a0<\/span><\/p>\n<p>En un plano mucho m\u00e1s sutil si se quiere, el estilo de Hern\u00e1n Rivera Letelier est\u00e1 atravesado por una concepci\u00f3n c\u00f3mico popular del mundo narrado. Esa alegr\u00eda, que a veces puede estar atravesada por punzantes desasonez, es la que impulsa la chanza o la talla,<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0 <\/span>y es la misma con la que, en una entrevista antigua, responde cuando se le pregunta sobre si al escribir lee el diccionario -haciendo eco de un prejuicio clasista que recorri\u00f3 la escena literaria capitalina por esos a\u00f1os, y cuya insidia consist\u00eda en sostener serias suspicacias frente a la irrupci\u00f3n de este escritor maduro, que antes de su debut literario llevaba d\u00e9cadas trabajando al interior de las profundas fauces de las minas atacame\u00f1as-. C\u00f3mo era posible entonces que alguien de la clase trabajadora ocupara un l\u00e9xico tan amplio, y en determinados pasajes incluso rebuscado:<\/p>\n<p>-\u00bfHern\u00e1n Rivera, usted lee el diccionario cuando escribe? A lo que el novelista, con los ojos chinos y la comisura ligeramente torcida, responde: -No, no lo he le\u00eddo. Estoy esperando que salga la pel\u00edcula.<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>Ahora que lo pienso, esa peculiar condici\u00f3n que despierta la curiosidad de un campo cultural centralista y m\u00e1s bien homog\u00e9neo, tambi\u00e9n se deja leer como una transgresi\u00f3n; la de<span class=\"Apple-converted-space\">\u00a0<\/span>haber trastocado el destino que le deparaba su clase social. Todav\u00eda m\u00e1s, esa imprudencia tiene la gracia de estar bendita por otras subversiones al dictamen de la norma, pues tiene el privilegio de haber permitido la creaci\u00f3n de una obra que es le\u00edda por un p\u00fablico masivo, proveniente de sectores que no acostumbran leer; atravesando un cerco intelectual que muy pocos escritores nacionales han logrado trasponer.\u00a0<span class=\"Apple-converted-space\">Una\u00a0caracter\u00edstica que vale la pena tener en cuenta a la hora de ponderar este \u00faltimo trabajo en particular &#8211; y la carrera literaria en general- de este importante referente de las letras latinoamericanas y del t\u00edsico duende que le dicta sus novelas. \u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><sup><i>Del diario de vida que nunca escrib\u00ed<\/i><\/sup><\/p>\n<p><sup>Random house (2024).<\/sup><\/p>\n<p><sup>134 p\u00e1ginas.<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ciento treinta p\u00e1ginas son suficientes para que el escritor transmita los deslumbramientos, desgarros y transgresiones que signan la narraci\u00f3n fulgurante de la ni\u00f1ez; la sintaxis que subyace a su po\u00e9tica. <\/p>\n","protected":false},"author":24,"featured_media":15671,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[3441,3440,3439,2624],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-15663","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-ciudad-letrada","tag-alfaguara","tag-del-diario-de-vida-que-nunca-escribi","tag-hernan-rivera-letelier","tag-memorias"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15663","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15663"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15663\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15671"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15663"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15663"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15663"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=15663"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=15663"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}