{"id":15969,"date":"2024-09-25T20:15:16","date_gmt":"2024-09-25T20:15:16","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=15969"},"modified":"2024-09-25T22:24:55","modified_gmt":"2024-09-25T22:24:55","slug":"tentados-por-el-fracaso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/09\/25\/tentados-por-el-fracaso\/","title":{"rendered":"Tentados por el fracaso"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>*Cr\u00f3nica escrita previo a las manifestaciones de personas jubiladas en Argentina de septiembre del 2024.<\/em><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><strong>\u201cEst\u00e1n haciendo un experimento con nosotros, como all\u00e1 en Chile, pero, a diferencia de antes, cuando se conversaba en las esquinas, en los caf\u00e9s, nadie dice nada, se la pasan metidos en el Internet.<\/strong> Los pibes ahora no saben nada. Bueno, y hay gente que ya sufri\u00f3 a\u00f1os, entonces est\u00e1 dispuesta a sacrificarse un tiempo m\u00e1s con tal de que algo cambie\u201d. As\u00ed describ\u00eda el librero de la calle Corrientes, lo que, a su juicio, era el retroceso civilizatorio del pueblo argentino. El diagn\u00f3stico social, econ\u00f3mico y cultural se desarrollaba al interior de su local, atestado de revistas, libros viejos y discos de acetato. <strong>Anochec\u00eda en Buenos Aires; G. consegu\u00eda algo de lo que busc\u00e1bamos, comprar los primeros libros y conversar con un argentino sobre la llegada de Milei y la ultraderecha a la Casa Rosada.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Minutos antes estuve en la librer\u00eda buscando a Julio Ram\u00f3n Ribeyro, escritor peruano en cuyo libro \u201cLa tentaci\u00f3n del fracaso\u201d, se podr\u00edan leer sus anotaciones, reflexiones y cuestionamientos sobre su oficio; caminar en la cornisa, en la tentaci\u00f3n del fracaso. Inevitablemente, se me cruzan la ficci\u00f3n y la coyuntura en Argentina.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ribeyro escribi\u00f3 novelas, obras de teatro, ensayos, diario, cr\u00f3nica y cuento, que para muchos son el espejo de su propia vida. Su pluma se despleg\u00f3 en personajes marginales, de clase baja y atrapados en una vida de exclusiones y rutina. A los veinte a\u00f1os escribe \u201cLa vida gris\u201d. Le\u00ed que en Paris trabaj\u00f3 de obrero en una estaci\u00f3n de trenes, portero de un hotel, repartidor de diarios y revistas en triciclo: oficio que lo maravill\u00f3 por la cantidad de gente que conoci\u00f3 en el pedalear por este pa\u00eds europeo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las anotaciones mentales no me sirvieron de mucho. No estaba en la vitrina, ni en los estantes de la librer\u00eda. En una consulta breve al due\u00f1o, su respuesta fue: \u201cumm no, no tengo nada de \u00e9l\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Decid\u00ed esperar en la calle para contener la primera derrota. Una brisa fr\u00eda se mezcla con el hormigueo de voces y luces de la calle Corrientes. Un cascar\u00f3n brillante sin reclamos ni pancartas; ausencia de volantes anarquistas barridos por la mala memoria. Esta escena no era m\u00e1s que otro reflejo de la conversaci\u00f3n que manten\u00edan G. y el librero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La noche avanza y nos buscamos con la mirada. En el reencuentro seguimos investigando en otras librer\u00edas. Mientras pisamos los adoquines, analizamos la experiencia que est\u00e1bamos viviendo en las primeras horas en la capital de Argentina. <strong>El silencio pol\u00edtico de la gente, la influencia de las redes sociales en la desinformaci\u00f3n y el desinter\u00e9s de los j\u00f3venes estaban marcando nuestra visita.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>En la b\u00fasqueda de Julio Ram\u00f3n Ribeyro entramos a una librer\u00eda peque\u00f1a, casi una boutique. Fui directo a mirar los autores que me interesaban y mientras repasaba el lomo de sus libros record\u00e9 que m\u00e1s temprano estuvimos degustando pizzas, cervezas y un arroz con leche. Fue en un local inaugurado en 1932, con mesas en la calle y una fachada que a\u00fan manten\u00eda su se\u00f1or\u00edo. Mesones de madera que ya no existen y espejos biselados se cargaban con el aroma a comida italiana.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Nos acomodaron en una mesa cerca del mes\u00f3n de los pedidos. Acordamos el tipo de masa para la pizza, sus ingredientes y el sabor de la jarra de cerveza. En la espera, las pupilas comenzaron a rescatar las im\u00e1genes del vetusto lugar. El local estaba lleno. A los pocos minutos una mujer bien vestida, con paso inseguro y orillando los 70 a\u00f1os se sent\u00f3 a un costado de nuestra mesa. La acompa\u00f1aba un cincuent\u00f3n excedido en peso, despeinado y con mal aliento. Ped\u00eda comida para llevar, sin considerar las sugerencias de la que parec\u00eda ser su madre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Vienen de cobrar la jubilaci\u00f3n, pens\u00e9. \u201cMilanesa y papas fritas\u201d, dijo el hombre con un tono malhumorado. El pedido lleg\u00f3 r\u00e1pido y la dama sac\u00f3 de su cartera un fajo de billetes de colores. Pocos de veinte mil y un interminable rollo atado con un el\u00e1stico dos mil pesos. Su delicado acompa\u00f1ante le arrebat\u00f3 el turro y comenz\u00f3 a separar el dinero. Los 171 mil pesos que recibi\u00f3 este mes, m\u00e1s un t\u00edmido subsidio, se desvanecieron por el costo del almuerzo. Veinte mil pesos salieron de la mano de aquella jubilada. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sin propina y dejando salpicada la mesa de mala educaci\u00f3n y saliva agria, el brabuc\u00f3n tom\u00f3 a su financista y se retiraron del local. No hubo registro verbal sobre el costo de la vida y las pol\u00edticas econ\u00f3micas que ahogan los bolsillos. <strong>La inflaci\u00f3n supera el 270% y los jubilados tienen que seguir trabajando porque no les alcanza como antes.<\/strong> Se estima que los ingresos m\u00ednimos en los hogares llegan a 262 mil pesos mensuales, pero el costo de la vida se empina por sobre los 291 mil. <strong>El pueblo argentino est\u00e1 silente, aturdido y anestesiado esperando no caer en la tentaci\u00f3n de un nuevo fracaso.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>En el taxi de regreso al hotel podr\u00eda haber un giro de esta primera impresi\u00f3n. No est\u00e1bamos tan lejos pero el cansancio ya se hac\u00eda sentir. <strong>La figura del conductor ultra informado y ansioso de saber nuestra opini\u00f3n sobre f\u00fatbol y pol\u00edtica se qued\u00f3 en nuestra fantas\u00eda.<\/strong> El viaje fue corto y pagamos casi tres mil pesos argentinos. Al igual que en la comida, se not\u00f3 el golpe de la inflaci\u00f3n por el alza de los combustibles y el t\u00e9rmino de los subsidios estatales a productos y servicios.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En nuestro segundo d\u00eda inici\u00e1bamos la <strong>planificaci\u00f3n para ir al encuentro del escritor Ricardo Piglia, a quien visitar\u00edamos en el Cementerio de la Chacarita<\/strong>, donde reposan sus restos luego de su muerte en enero del 2017. Hasta all\u00ed nos dirigimos. Las combinaciones del subte nos dejar\u00edan a pocos metros del campo santo. En el tren subterr\u00e1neo los rostros son variopintos. Cerca de las once de la ma\u00f1ana, j\u00f3venes leen novelas o textos de estudio, otros escuchan m\u00fasica en el vaiv\u00e9n de los carros. A esa hora no hay vendedores ambulantes, pero s\u00ed un extra\u00f1o ambiente de des\u00e1nimo entre los m\u00e1s adultos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Ricardo Piglia public\u00f3 en 1967 su primer libro \u201cLa invasi\u00f3n\u201d, premiado por Casa de las Am\u00e9ricas de Cuba.<\/strong> En 1980 apareci\u00f3 \u201cRespiraci\u00f3n artificial\u201d, que lo consagr\u00f3 internacionalmente.\u00a0 Fue profesor de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de California en Davis y la Universidad de Princeton. Incursion\u00f3 en la novela dist\u00f3pica con \u201cLa ciudad ausente\u201d, para luego componer la \u00f3pera hom\u00f3nima<strong>. Ganador del premio Planeta con su novela \u201cPlata quemada\u201d, se alza como un referente de la nueva literatura <\/strong><strong>trasandina<\/strong><strong>. Hizo clases clandestinas durante la dictadura en Argentina. Motivos de sobra para ir a su encuentro. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Est\u00e1 despejado y comienza a entibiar la ma\u00f1ana. Iniciamos la caminata cruzando las columnas imponentes que se abren para recibir a los visitantes y dolientes. Buscamos alg\u00fan cartel que nos indicara el lugar donde pod\u00eda estar Piglia. Fue escritor y debe estar en una zona de f\u00e1cil acceso, pens\u00e9-. Avanzamos bastante como para darnos cuenta que sin una pista concreta nos iba a devorar la necr\u00f3polis, as\u00ed que decidimos regresar a la entrada para preguntar en la administraci\u00f3n. A los pocos metros, un jardinero sale del ba\u00f1o p\u00fablico. Lo abordo:<\/p>\n<p>&#8211;<em>Buenos d\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Buen d\u00eda\u2026 \u00a1Son chilenos!<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>S\u00ed. Tal vez usted nos pueda ayudar.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Claro, dec\u00edme.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Estamos buscando a Ricardo Piglia. Era un escritor y falleci\u00f3 en 2017. <\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Mmm, Piglia. No lo conozco. Pero si era famoso como dec\u00eds, deber\u00eda estar cerca de las estatuas. <\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>\u00bfY d\u00f3nde quedan las estatuas?<\/em>, pregunt\u00f3 G.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Y\u2026caminen por esta calle, llegan al fondo y ver\u00e1n una pileta (fuente de agua). Tomen la diagonal hacia la derecha. Ah\u00ed se topar\u00e1n con las estatuas de los famosos y por ah\u00ed lo deber\u00edan encontrar.<\/em><\/p>\n<p>El calor era m\u00e1s primaveral y sin chaquetas en el cuerpo, seguimos las indicaciones del jardinero. Sorteamos la pileta y dos responsos f\u00fanebres. Llegamos a un pa\u00f1o de tierra con cruces y l\u00e1pidas sencillas. Ac\u00e1 le hubiese gustado estar, coment\u00f3 en voz baja G. Luego me cont\u00f3 que <strong>Piglia escribi\u00f3 en sus cuadernos, \u201cvivo en hoteles, en pensiones, en casa de amigos, siempre de paso, no hay un lugar propio, no hay propiedad privada\u201d.\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>Recorrimos con la vista casi todo el cuadrado de tierra seca y pastizales. Pero nada. A lo lejos, una estatua abandonada de una deidad griega que nos mira sin darnos pistas de Piglia.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Vamos a preguntar a esas se\u00f1oras del fondo. Pueden ser funcionarias<\/em>, le dije a G.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Bueno. Yo sigo buscando y te aviso si lo encuentro.<\/em><\/p>\n<p>Sentadas, las se\u00f1oras beb\u00edan agua y sosten\u00edan escobas que hab\u00edan sacudido la basura. Estaban en el pante\u00f3n de los boxeadores. Me miran a la distancia mientras avanzo.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Buenas tardes.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Buenas\u2026<\/em>&#8211; responden.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Tal vez ustedes nos puedan ayudar. Estamos buscando a Ricardo Piglia, un escritor\u2026nos dijeron que podr\u00eda estar cerca de las estatuas de los famosos.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Ahhh, pero no es ac\u00e1 pibe. Ten\u00e9s que caminar hacia el otro lado. \u00bfVes esa malla verde? Sigue por esa diagonal, bordeas la pileta y all\u00ed derecho encontrar\u00e1s las estatuas. Ac\u00e1 est\u00e1s buscando entre los muertos del COVID.<\/em><\/p>\n<p>Regreso y le comento a G.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Es para el otro lado. \u00a1El jardinero confundi\u00f3 el sentido de las diagonales! Pens\u00f3 que la derecha era la izquierda!<\/em><\/p>\n<p>Nos miramos y la carcajada sali\u00f3 espont\u00e1nea.<\/p>\n<p><em>-\u00bfY si por aqu\u00ed est\u00e1<\/em><em> Gustavo<\/em><em> Cerati?-<\/em> me sugiri\u00f3 G.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Mmm, tal vez. Mira, all\u00e1 viene un cuidador.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Hola, \u00bfusted sabe d\u00f3nde podemos encontrar la tumba de Cerati?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Buenas tardes. All\u00e1 en la malla verde que se ve, al frente est\u00e1 el lugar del cantante. <\/em><\/p>\n<p>Est\u00e1bamos a 20 metros de la indicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Gracias. De todas maneras, \u00bfusted sabe d\u00f3nde podemos encontrar a Ricardo Piglia?<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>No lo conozco. Pero lo m\u00e1s seguro es ir a la Administraci\u00f3n. Por esta calle al fondo encontrar\u00e1n la entrada. <\/em><\/p>\n<p>Teniendo la ruta a la mano, iniciamos la caminata hasta la tumba de Cerati. Este a\u00f1o se conmemoran diez a\u00f1os desde su muerte. Una visita breve antes que la tarde siguiera avanzando. En nuestras cabezas su tumba ten\u00eda la figura de un pante\u00f3n cl\u00e1sico, con columnas romanas y rodeado de flores, cartas de amor y guitarras. Pero no hab\u00eda rastros de \u00e9l. Al lado de la malla verde, un edificio de color ladrillo sin se\u00f1ales de ser el lugar donde rendir un homenaje silencioso.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Vamos a la administraci\u00f3n, sino estaremos dando vueltas toda la tarde<\/em>&#8211; afirm\u00f3 G.<\/p>\n<p>En la administraci\u00f3n del cementerio nos atendieron con diligencia y rapidez. Sacamos un n\u00famero y mientras avanzamos para sentarnos, ya nos estaban llamando. Bast\u00f3 la fecha de defunci\u00f3n y sus apellidos para que aparecieran las sonrisas. Secci\u00f3n 7, manzana A, tabl\u00f3n 32, sepultura 34. Hab\u00eda que doblar a la izquierda y no a la derecha como nos dijo el jardinero. <em>\u00bfVot\u00f3 Milei?, <\/em>pensamos, miramos y nos seguimos riendo.<\/p>\n<p>El Cementerio de la Chacarita se abre entre diagonales, l\u00e1pidas, \u00e1rboles y prados. Llegamos al lugar y nos dividimos la ruta. Cerca de las una de la tarde el calor era casi veraniego. Est\u00e1bamos cerca y no hab\u00eda apetito, salvo el encontrar al escritor.<\/p>\n<p>La secci\u00f3n 7 era un rect\u00e1ngulo de l\u00e1pidas semi arregladas. Hab\u00eda pastelones sueltos y resquebrajados.\u00a0 Tierra seca, champas de pasto y el presentimiento de estar cerca. La ruta nos llev\u00f3 a las estatuas. Ah\u00ed estaban viejos tangueros, la escritora uruguaya Alfonsina Storni y dirigentes de f\u00fatbol. Era un peque\u00f1o oasis de sombra. Rodeamos las figuras y seguimos buscando a Ricardo Piglia.<\/p>\n<p>El des\u00e1nimo volv\u00eda. La mazana A no se dejaba ver. No hab\u00eda carteles, ni se\u00f1al\u00e9ticas que indicaran algo. Cada tabl\u00f3n ten\u00eda una tumba 34 y no logr\u00e1bamos descifrar la orientaci\u00f3n. De pronto, un funcionario asom\u00f3 su cabeza desde un cuartucho de madera. En su mano un plato con restos de comida que dejar\u00eda en uno de los basureros.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Hola. Buenas tardes. Estamos buscando la manzana A. Ricardo Piglia, un escritor. Nos dijeron en la Administraci\u00f3n que estaba por aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>S\u00ed, lo he visto. Acomp\u00e1\u00f1enme.<\/em><\/p>\n<p>Luego de unos minutos llegamos. El jardinero nos dej\u00f3 a los pies de una l\u00e1pida rodeada de pasto bien cuidado, alguna mariposa coqueta y el alivio de G. que con emoci\u00f3n contenida lo salud\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211;<em>Lo encontr\u00e9, maestro.<\/em><\/p>\n<p>Una hermosa y rigurosa ceremonia de lectura pon\u00eda fin a la b\u00fasqueda. \u00a0Varios minutos m\u00e1s tarde retomamos la caminata.<\/p>\n<p>Yo fui a saludar al Polaco Goyeneche, que, hablando de conmemoraciones, se cumpl\u00edan 30 a\u00f1os de su muerte. \u201cTurbio fondeadero donde van a recalar barcos que en el muelle siempre han de quedar\u201d, dice la letra de Niebla del riachuelo. En mi mente los desayunos de fin de semana con mis padres.<\/p>\n<p>Finalmente, Alfonsina Storni y una estatua en su honor sellaba el segundo rito.<\/p>\n<p>Antes de ir por algo refrescante y alimento, llegamos a la tumba de Gustavo Cerati, ubicada en un mausoleo que se asemeja a la fachada de un instituto sin acreditaci\u00f3n. Era al lado de la malla verde que cubr\u00eda unas reparaciones de ca\u00f1er\u00edas. No entramos antes porque parec\u00edan oficinas administrativas. Los guardias nos indican el lugar con voz baja y mirada puntillosa. Nos acercamos al sitio donde un beso con l\u00e1piz labial marca la l\u00e1pida. Es reciente, no se desgasta el amor por el cantante. Coraz\u00f3n delator.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5><strong>Saliendo del Cementerio nuestra mirada qued\u00f3 fija en el suelo cuando el brillo del sol nos indic\u00f3 unas placas con nombres de v\u00edctimas de la dictadura en Argentina (1976 y 1983).\u00a0 Con este gesto se comenzaba a romper ese silencio pol\u00edtico que nos recibi\u00f3.\u00a0 <\/strong>El sitio de memoria no est\u00e1 circunscrito al campo santo donde fueron enterrados de manera clandestina los opositores a la dictadura. En la Recoleta y Belgrano tambi\u00e9n estaban las letras eternas de la violencia pol\u00edtica. Entradas de escuelas y esquinas eran lugares de detenci\u00f3n y desaparici\u00f3n forzada. \u201cBarrios x Memoria y Justicia\u201d un proyecto impulsado en el a\u00f1o 2016 y que sigue ah\u00ed para quienes caminan cabizbajos a la sombra de Javier Milei.<\/h5>\n<h5>Estamos entre las calles Guzm\u00e1n, Newbery, las v\u00edas del Ferrocarril San Mart\u00edn, Garmendia, Del Campo y el Cano. Buscamos un lugar para comer y alguna librer\u00eda, pero encontramos m\u00e1s que eso. G me muestra un muro con un rayado. Es el primer mensaje directo: <strong>\u201cHay que echarlo!\u201d<\/strong>. All\u00ed estaba el p\u00e1lpito de rebeld\u00eda que busc\u00e1bamos.<\/h5>\n<h5>La tarde avanza y entramos a una librer\u00eda en el Barrio de la Chacarita; nutrida de textos para llevarse con gr\u00faa. Su due\u00f1a escucha radio y el an\u00e1lisis del costo de la vida. La nueva alza en los alimentos es inminente. D\u00edas previos, fue la nafta (bencinas) y las garrafas (cilindros de gas); asoman, adem\u00e1s, las primeras denuncias sobre la violencia de g\u00e9nero que le imputan al ex presidente Alberto Fern\u00e1ndez, quien es investigado por golpear a su ex esposa.<\/h5>\n<h5>Con G. nos dividimos los estantes y comenzamos una nueva la cacer\u00eda de libros que en Chile no encontrar\u00edamos. Miro buscando autores latinoamericanos y mis ojos, desgastados con los a\u00f1os, no ayudan mucho, as\u00ed que -mejor- acudo a la due\u00f1a.<\/h5>\n<h5><em>-\u00bfTiene algo de Julio Ram\u00f3n Ribeyro?<\/em><\/h5>\n<h5><em>-Mmm, parece que s\u00ed. Tal vez. Dej\u00e1me mirar\u2026<\/em><\/h5>\n<h5>-G. abri\u00f3 sus ojos y \u00a0ante el posible acierto, volv\u00ed a ser ni\u00f1o.<\/h5>\n<h5>Algunos minutos de revisi\u00f3n y el fracaso volvi\u00f3.<\/h5>\n<h5><em>-No, no est\u00e1. Perdon\u00e1me. Tal vez est\u00e1 descontinuado en Argentina.<\/em><\/h5>\n<h5>&#8211;<em>No se preocupe-<\/em> respond\u00ed en voz baja.<\/h5>\n<h5>Seguimos recorriendo calles, barrios y librer\u00edas. En ning\u00fan lugar lo ten\u00edan, salvo en un carro de la Plaza Italia, cercana al Jard\u00edn Bot\u00e1nico, pero su precio no se condec\u00eda con el estado del texto. \u00a140 mil pesos argentinos me parec\u00edan un exceso!, y, por cierto, no era \u201cLa tentaci\u00f3n del fracaso\u201d.<\/h5>\n<h5>Volvimos al hotel. Descansamos y luego de una ducha salimos a comer algo cerca. Llegamos a un local en la calle Talcahuano.\u00a0 Desde el mediod\u00eda se hacen filas para ingresar a comer o retirar las pizzas. En la hora de la cena, solo algunos no pierden esa costumbre pese a la inflaci\u00f3n. Con una est\u00e9tica futbolera, el espacio inaugurado en 1934 ten\u00eda mesas vac\u00edas que contrastaban con la fila en la calle. Al comienzo no entendimos, pero pensamos que el ingreso ser\u00eda en grupos para ordenar los pedidos de comida y que la espera no iba a ser tan tediosa.<\/h5>\n<h5>Adentro, cuadros con jugadores profesionales que visitaron el lugar y recuerdos de todo tipo: Camisetas de f\u00fatbol, dedicatorias con plumones desgastados y la transmisi\u00f3n un partido de River Plate con V\u00e9lez Sarsfield, que a nadie parec\u00eda interesarle. Esta vez, una copa de vino ser\u00eda la antesala de la comida y la conversaci\u00f3n con G.<\/h5>\n<h5>Buscando a Julio Ram\u00f3n Ribeyro encontramos al maestro Ricardo Piglia, un labial esperando la respuesta de Gustavo Cerati y un pueblo aparentemente derrotado por a\u00f1os de politiquer\u00eda.<\/h5>\n<h5>&#8211;<em>Hay que echarlo!,<\/em> dec\u00eda el rayado en la Chacarita.<\/h5>\n<h5>&#8211;<em>\u00bfA todos de all\u00e1 y ac\u00e1?<\/em><\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<h5>\u00a0<\/h5>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estamos entre las calles Guzm\u00e1n, Newbery, las v\u00edas del Ferrocarril San Mart\u00edn, Garmendia, Del Campo y el Cano. Buscamos un lugar para comer y alguna librer\u00eda, pero encontramos m\u00e1s que eso. G me muestra un muro con un rayado. Es el primer mensaje directo: \u201cHay que echarlo!\u201d. All\u00ed estaba el p\u00e1lpito de rebeld\u00eda que busc\u00e1bamos.<\/p>\n","protected":false},"author":421,"featured_media":15964,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[23],"tags":[3503,3505,271,3504,3321,552],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-15969","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-civilizacion-y-barbarie","tag-buenos-aires","tag-chacarita","tag-cronica","tag-gustavo-cerati","tag-juan-guerra-aguilera","tag-ricardo-piglia"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/421"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15969"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15969\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15964"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15969"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=15969"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=15969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}