{"id":16102,"date":"2024-10-16T21:45:00","date_gmt":"2024-10-16T21:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=16102"},"modified":"2024-10-16T21:45:00","modified_gmt":"2024-10-16T21:45:00","slug":"como-empezar-a-contarlo-todo-los-cuadernos-de-juan-emar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/10\/16\/como-empezar-a-contarlo-todo-los-cuadernos-de-juan-emar\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo empezar a contarlo todo? Los cuadernos de Juan Emar"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><b><i><span style=\"font-family: 'Arial',sans-serif;\">\u00a0<\/span><\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><i><span style=\"font-family: 'Arial',sans-serif;\">Este texto es parte del libro Romper el mar congelado de Felipe Reyes, volumen que forma parte de la <a href=\"https:\/\/carbonlibros.cl\/\">Colecci\u00f3n Marginalia de Carb\u00f3n Editores.<\/a> <\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><i><span style=\"font-family: 'Arial',sans-serif;\">\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"right\"><i><span style=\"font-family: 'Arial',sans-serif;\">Romper el mar congelado da cuenta de un oficio y una praxis que se funda en una pregunta permanente que impulsa la escritura, en una b\u00fasqueda que se desplaza por diversos temas: desde las implicancias del callejeo o la irrupci\u00f3n de los bohemios como categor\u00eda literaria, el diario de vida (y de muerte) o la lectura interrumpida, inconclusa, como un acto de preservaci\u00f3n del propio h\u00e1bito.<\/span><\/i><\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>***<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>UNA ANOTACIO\u0301N: \u00ab\u00bfCo\u0301mo empezar a contarlo todo? Tengo aqui\u0301 una montan\u0303a de notas, observaciones, narraciones y que\u0301 se\u0301 yo. Cuando quiero echar mano a ellas, se escabullen\u00bb (Umbral, Primer Pilar). <\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>***<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/h6>\n<p class=\"align-right\">Desde muy joven, Juan Emar volco\u0301 el testimonio de su vida en numerosos cuadernos. Un pensamiento en formacio\u0301n que ira\u0301 ensayando en apuntes sobre los ma\u0301s diversos cuestionamientos, temas y situaciones, a veces de forma intuitiva, frases como anotaciones al pasar; otras, ma\u0301s elaboradas y proyectadas hacia los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, el escriba que se convertiri\u0301a posteriormente en Juan Emar ya permite entrever una escritura fragmentaria, a veces oni\u0301rica, con atencio\u0301n en los detalles y en los gestos, sutil, melanco\u0301lica y, como en toda su obra posterior, de una ambigua singularidad. <strong>El impacto de su intere\u0301s por la pintura y la influencia de sus lecturas tempranas \u2013Baudelaire, Poe, Tolsto\u0301i, Dostoievski, Maupassant\u2013 ira\u0301n incrementando y diversificando un imaginario reto\u0301rico en constante expansio\u0301n,<\/strong> adema\u0301s de una creciente curiosidad por los escritos esote\u0301ricos que ma\u0301s tarde incorporara\u0301 en su voz narrativa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>En sus anotaciones cotidianas encontramos la semilla de su palpitacio\u0301n literaria \u2013en permanente disputa con el cliche\u0301 del \u00abdiario de escritor\u00bb\u2013,<\/strong> la que va ma\u0301s alla\u0301 de esa \u00abescritura de al lado\u00bb que, segu\u0301n Leonidas Morales, es \u00abel registro circunstanciado, la cro\u0301nica de una conciencia \u2039i\u0301ntima\u203a: interior, emocionada, libre en su movimiento, sometida a sus propios li\u0301mites. Una conciencia que se interroga en silencio y busca, obstinada, su verdad como una verdad del hombre\u00bb. Asi\u0301, sus anotaciones son el simulacro de lo i\u0301ntimo que se aventuran y se propagan en el artificio literario.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>En su texto de juventud \u00abEscribir para si\u0301 y escribir para los otros\u00bb (incluido en el libro <em>Cavilaciones<\/em>), Emar fija los cimientos de lo que sera\u0301 (\u00bfo habra\u0301 querido ser?) su escritura compulsiva de cuadernos como una labor \u2013quiza\u0301\u2013 terape\u0301utica:<\/strong> \u00abSi bien es cierto que cuando escribo lo entrego a los dema\u0301s, obro, sin embargo, haciendo retroceder, hasta donde me sea posible, la idea de un pu\u0301blico que criticara\u0301. No le escucho en nada ni quiero obedecer a fo\u0301rmula alguna, aunque en verdad me hara\u0301 su presa sin que alcance yo a notarlo. Para mi\u0301 hay problemas, hay conjeturas, hay cosas vagas que flotan en el espacio y creo, por lo tanto, a fuerza de hacerme pesado e ilegible, que debo escribir todo aquello que en algo siquiera pueda aclarar mi pensamiento nebuloso\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00abAquellos inalcanzables cuadernos\u00bb <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>En su libro <em>Visiones de infancia, <\/em>Mari\u0301a Flora Ya\u0301n\u0303ez, su hermana menor tambie\u0301n escritora, da cuenta del desajuste con los aspectos pra\u0301cticos de la existencia de su hermano, imbuido en su temprana pulsacio\u0301n grafo\u0301mana: \u00abMi hermano teni\u0301a reacciones curiosas ante los acontecimientos ma\u0301s banales y se senti\u0301a en e\u0301l una tremenda soledad que ninguna presencia podi\u0301a romper. Su rostro, desde que apareci\u0301a a la familia, presagiaba el clima que de inmediato se iba a crear, sumie\u0301ndonos fatalmente dentro de e\u0301l. Clima que naci\u0301a de su estado de a\u0301nimo y que era el reflejo de una negra apati\u0301a o de una exaltacio\u0301n comunicativa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A ese muchacho de entonces, \u00abalto y flaco, con un rostro color cetrino, de frente desmesurada y oscuros ojos, [que] semejaba un extran\u0303o en casi todos los sitios\u00bb, se le vei\u0301a transitar a bordo de la nube de la incomodidad permanente \u2013o en otra sintoni\u0301a\u2013, confiriendo coherencia al seudo\u0301nimo con el que posteriormente inscribiri\u0301a el mito, y que quedaba como un traje a la medida y, a la vez, una declaracio\u0301n de principios: \u00ab<em>j\u2019en ai mare<\/em>\u00bb (adaptacio\u0301n de la expresio\u0301n francesa <em>estoy harto<\/em>). <strong>Mari\u0301a Flora recordaba que su impredecible hermano se encerraba en su pieza sin salir durante di\u0301as, sin aceptar la comida, anotando en alguno de sus cuadernos sus pensamientos, impresiones y quebrantos.<\/strong> Para ella, los cuadernos de su hermano despertaban una enorme curiosidad, pues sus anotaciones seri\u0301an la puerta de entrada a ese \u00abherme\u0301tico cerebro\u00bb. Pero e\u0301l \u00ablos escondi\u0301a celosamente dentro de un mueble coreano que habi\u0301a obtenido en una casa de remates\u00bb, dira\u0301 Mari\u0301a Flora, una de las pocas personas que logro\u0301 traspasar el umbral de la dimensio\u0301n paralela de esa escritura: \u00abUn di\u0301a logre\u0301 robar uno de aquellos inalcanzables cuadernos y me eche\u0301 sobre e\u0301l como un perdiguero, quedando pensativa ante la fri\u0301a fuerza que bulli\u0301a en sus pa\u0301ginas. Cuando cerre\u0301 el cuaderno, tuve la sensacio\u0301n de haber estado aspirando un frasco de e\u0301ter\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Asi\u0301, la escritura permanente de sus cuadernos se transformara\u0301 en el soporte de su relato biogra\u0301fico, en un refugio, en el manual de instrucciones de un desadaptado de la existencia, y en la bita\u0301cora de un viaje permanente \u2013f\u00edsico y metaf\u00edsico\u2013 en el que apuntara\u0301 los pliegues de su edificio narrativo, el que se nutre de sus cavilaciones, sus pesares y sentencias con un inquebrantable (y hasta u\u0301nico) empen\u0303o<\/strong>: a los diecisiete an\u0303os, Emar declaro\u0301 que no le interesaba heredar el estudio de abogados de su padre y le dijo: \u00abMire Boleto (lo llamaba Boleto), nunca trabajare\u0301 para ganar dinero\u00bb, y como una consecuencia casi lo\u0301gica del parentesco, debi\u0301an mantenerlo, pero en Pari\u0301s, o no sobreviviri\u0301a al tedio coterra\u0301neo. El padre se ofendio\u0301 con la revelacio\u0301n, \u00abhecha en tono perentorio\u00bb, y desde entonces \u00abuna gran frialdad que duro\u0301 toda la vida, reino\u0301 entre ambos\u00bb. El padre se resigno\u0301 y lo amparo\u0301 donde estuviese \u2013escribiendo\u2013, y \u00abel hijo, pues, fue la gran derrota de la vida triunfante del padre\u00bb, relata Mari\u0301a Flora.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En sus cuadernos es posible descubrir que sus textos parecieran estar en permanente dia\u0301logo con otros, como si intentaran una conexio\u0301n a trave\u0301s del tiempo y del espacio. Citas, retazos, hebras o frases de un origen reco\u0301ndito. <strong>Como en una mun\u0303eca rusa, su escritura i\u0301ntima \u2013privada\u2013 guarda otra en su interior, la que integra a su ficci\u00f3n en una precursora \u00abintertextualidad\u00bb, y que concibio\u0301 toda su creacio\u0301n como el fruto de un trabajo en permanente construccio\u0301n, ma\u0301s que como el resultado de la \u00abinspiracio\u0301n\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Su escritura se trenza inevitablemente con el viaje: Emar va y vuelve de Europa.<\/strong> Cruza el Atla\u0301ntico como quien va a la casa del frente, con el salvoconducto tutelar del auspicio paterno y la llave maestra del que porta un pasaporte diploma\u0301tico. Pari\u0301s es el faro que gui\u0301a y lo ilumina todo. El fulgor y el vaho de una ciudad que ya entonces \u2013como en el lenguaje de la publicidad\u2013 no era solo una cartograf\u00eda en blanco y negro, las cenizas del segundo imperio, un destino-producto, sino \u00abun estilo de vida\u00bb, y la balanza de occidente se inclinaba a su favor. Un resplandor que al parecer tambie\u0301n termino\u0301 \u2013como no\u2013 harta\u0301ndolo. Para Emar el <em>j\u2019en ai mare <\/em>no admiti\u0301a vacaciones ni fronteras.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Siempre inco\u0301modo, siempre extran\u0303o, siempre harto de todo, pero siempre anotando en su cuaderno. Un Ulises sin tierra prometida, un viajero que hizo del desplazamiento una forma de comunicacio\u0301n: un lenguaje cifrado y enviado hacia el futuro.<\/strong> Las personas, las cosas, las calles, cualquier objeto u\u0301til e inu\u0301til pueden contener una observacio\u0301n, una historia, un misterio, la contemplacio\u0301n de la vida con todo lo que lleva dentro, el tra\u0301nsito constante, permanente y necesario del que ha decidido \u00abencasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro, preguntarle a las cosas por sus nombres\u00bb, como en el poema de Lihn.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>***<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>OTRA ANOTACIO\u0301N: \u00abEl soliloquio hueco e insi\u0301pido que siempre mantenemos con nosotros mismos&#8230; Ni un soliloquio habra\u0301 ahora. Ahora dejaremos que ruede el mundo sobre nosotros y nosotros, en la calma total, sabremos que el mundo rueda alla\u0301 arriba\u00bb (Umbral, Dintel).<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>***<\/em><\/strong><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: center;\"><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/h6>\n<p>Al igual que en sus cuadernos y diarios tempranos, su obra literaria pareciera ser un eslabo\u0301n ma\u0301s de una obra concebida como una compleja autobiograf\u00eda en un territorio inexistente, en una <em>ciudad de papel <\/em>que, a la vez, integra retazos de la toponimia nacional: un mecanismo compuesto de cientos de engranajes y espirales que activan un aparato narrativo que se expande en diversas direcciones. Abre caminos o los destruye, como una eficaz bomba de relojeri\u0301a.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Proyecto mu\u0301ltiple y expansivo representado en su personaje Onofre Borneo,<\/strong> \u00abel bio\u0301grafo de todos los presentes y muchos ausentes\u00bb, quien afirma que \u00aben estos mundos el encadenamiento sin fin sucede como aqui\u0301 en la tierra de todos\u00bb. Sus personajes asumen roles ide\u0301nticos con identidades distintas: se llaman Juan Emar u Onofre Borneo y usurpan la biograf\u00eda de A\u0301lvaro Ya\u0301n\u0303ez, la que puede ser narrada por Lorenzo Angol o Rosendo Paine \u2013quien relata la historia de \u00abEl pa\u0301jaro verde\u00bb en su libro <em>Diez<\/em>\u2013, pues las identidades se con- funden, como hetero\u0301nimos que se superponen difuminando los contornos, se intercalan como un largo pasillo de espejos deformantes.<\/p>\n<p>En su obra, la <em>realidad <\/em>o todo embate de la contingencia es un castillo de naipes para derrumbar (de un soplido o un pun\u0303etazo), un camino para desviarse en la bifurcacio\u0301n entre lo posible y lo improbable, como anoto\u0301 en <em>Milti\u0301n 1934<\/em>: \u00abAunque quiero anotar aqui\u0301 u\u0301nicamente lo que en realidad acontecio\u0301, voy a tomarme la libertad de anotar algo que, a pesar de no haber acontecido, estuvo a punto de acontecer\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Fotos de Emar <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>\n<p>Emar pintor: un sombrero de lona, pero con abrigo y bufanda en un fri\u0301o di\u0301a de oton\u0303o. En la mano izquierda aprieta unos pinceles, y una maletita pequen\u0303a de madera para guardar los utensilios. En la mano derecha sostiene la pipa, la que le otorga un aire serio y distrai\u0301do, casi ausente, mientras mira al vaci\u0301o, a la nada o al horizonte, cavilando lo que, antes o despue\u0301s, quedara\u0301 en el cuaderno: \u00abDe cuando en cuando, de tarde en tarde, mejor dicho, el recuerdo de mis proyectos para mi vida futura, me hablaban desde el fondo de la conciencia, como una voz que me reprochaba duramente. Sobre todo, veni\u0301an a mi memoria cuando entraba a mi casa, desierta, silenciosa. En mi pieza todo me evocaba esos proyectos. Mi escritorio junto a la ventana, mis libros en desorden, mis cuadernos desparramados por todos lados, dos o tres aburridos dibujos al carbo\u0301n clavados en la pared. La penumbra de mi pieza que haci\u0301a sentir el sol fuerte que quemaba afuera, no se\u0301 por que\u0301, haci\u0301a renacer en mi\u0301 los deseos locos de entregarme a esa vida laboriosa, vida i\u0301ntima e intensa, vida que no defini\u0301a, pero de la cual senti\u0301a todo el encanto que estaba dispuesta a brindarme\u00bb (<em>M[i] V[ida], <\/em>julio 1914).<\/p>\n<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a0<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>\n<p>Emar con tenida estival: zapatos livianos de lona blanca, calcetas, pantalo\u0301n y camisa del mismo color. La chaqueta negra y el jockey ingle\u0301s de tela escocesa como contraste. Mira directo a la ca\u0301mara con aire de domingo, esta\u0301 sentado sobre un cilindro inmenso, el respiradero de la cubierta de un barco en medio del oce\u0301ano, el que contempla como un anacoreta. En esos an\u0303os va y vuelve de Pari\u0301s dando cuenta de su propio tormento creador: \u00abHace di\u0301as estoy leyendo <em>Le roman <\/em>de Leonardo da Vinci. No hace otra cosa que aumentar mi desesperacio\u0301n al verme sin hacer nada. Envidio la vida de Leonardo, siempre trabajando, estudiando y observando en todas partes. Me dan unos deseos inmensos de imitarlo en todo lo que pueda y pensando en esto me imagino ya en Santiago, entregado por completo al trabajo y gozando de una vida intelectual, ahi\u0301 en mi rinconcito favorito, siempre con una misio\u0301n que llenar. He apuntado un consejo de Leonardo que, en pocas palabras, dice lo siguiente: \u00abFijarse y estudiar siempre todo lo que nos rodea y apuntarlo y dibujarlo en un cuaderno que se traera\u0301 consigo\u00bb. Y yo pienso: cuando se lleva una vida sana y de trabajo, que\u0301 fa\u0301cil sale todo estudio y con que\u0301 ganas uno se entrega a e\u0301l, pero con mi vida actual me parece algo imposible cumplir el consejo de Leonardo, o en regla general hacer todo trabajo de embellecimiento\u00bb (<em>Diarios de viaje, <\/em>agosto 1910).<\/p>\n<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a0<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>\n<p>Emar en una habitacio\u0301n, de perfil, con una tenue luz frontal que dibuja su calva sombra; con bata de seda y las manos en los bolsillos, imperturbable, serio. Esta\u0301 apoyado sobre un muro del que cuelga una pintura abstracta, oscura (\u00bfhecha por e\u0301l?); bajo el cuadro se asoma el borde de una repisa de madera y, unos centi\u0301metros ma\u0301s abajo, un calefactor, quiza\u0301 atormentado por los percances de la sobreabundancia de anotaciones y ninguna certeza: \u00abMi cabeza es un laberinto. Apenas una idea logra fijarse un tanto, apenas quiere formularse, ya es arrancada y se va. No hay que pensar aqui\u0301 como se piensa alla\u0301, alla\u0301, alla\u0301 en la parte desnuda de la Tierra. Porque su techo es demasiado portentoso. Su techo contiene estrellas y ellas, a todo momento, nos recuerdan nuestra insignificancia. O tal vez no contienen estrella alguna&#8230;\u00bb (<em>Umbral, Dintel<\/em>).<\/p>\n<\/li>\n<\/ol>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>La fotograf\u00eda es como la palabra: una forma que enseguida quiere decir algo, como anoto\u0301 Barthes, pero en el caso de Juan Emar, al igual que su escritura, su imagen es una pregunta, una interrogante permanente <\/strong>(y son tambie\u0301n las postales de un inmigrante), el rostro de un hombre solo, de familia, entre otras personas y el paso del tiempo sobre e\u0301l; en Santiago, en Pari\u0301s, en Vilcu\u0301n o en Lausanne, retratos de un viajero permanente que no sintio\u0301 arraigo en ninguna geograf\u00eda pues solo vivio\u0301 en su escritura, en ese texto mayor que es su obra y propio mundo, un solo corpus dividido en capi\u0301tulos (o libros). Un viajero que no regreso\u0301 jama\u0301s a Chile ni a Santiago, sino a San Agusti\u0301n de Tango, ese universo paralelo que contiene todas las ciudades, todos sus personajes, todas las e\u0301pocas y una toponimia propia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En sus fotos la expresio\u0301n impa\u0301vida o indescifrable, indiferente o simplemente ausente, se revela acaso como la representacio\u0301n exacta de ese alias que fue su nombre propio y que alimento\u0301 una leyenda hecha de omisio\u0301n, fragmentos y olvidos. El mito de una vida hilvanada de manera po\u0301stuma \u2013y acaso lateral\u2013, labrada a conciencia sobre el relato de una <em>rara avis <\/em>en medio del apacible y buco\u0301lico criollismo, hasta la militancia atesorada y preservada por curiosos lectores (y editores, que es lo mismo) que han sido el germen del redescubrimiento y la valoracio\u0301n reciente de una obra sin igual.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><strong>Sobre Felipe Reyes<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Felipe Reyes Flores (Santiago, 1977). Ha publicado la cr\u00f3nica biogr\u00e1fica Nascimento, el editor de los chilenos (2013); las novelas Migrante (2014) y Corte (2015); las cr\u00f3nicas y ensayos de Un reflejo en el agua movido por el viento (2019), Drago, oficio y escritura (2021), y por nuestra editorial Escribir es escuchar: Rodolfo Walsh, reportero en Chile (1970-1971) (2023), entre otros libros.<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este texto es parte del libro Romper el mar congelado de Felipe Reyes, volumen que forma parte de la Colecci\u00f3n Marginalia de Carb\u00f3n Editores. <\/p>\n","protected":false},"author":164,"featured_media":16097,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[3222,2579,3528],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-16102","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-ciudad-letrada","tag-carbon-libros","tag-felipe-reyes","tag-juan-emar"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/164"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16102"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16102\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16097"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16102"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=16102"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=16102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}