{"id":16388,"date":"2024-11-27T00:42:40","date_gmt":"2024-11-27T00:42:40","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=16388"},"modified":"2024-11-27T01:34:36","modified_gmt":"2024-11-27T01:34:36","slug":"presentacion-de-lemebel-sin-lemebel-postales-amorosas-de-una-ciudad-sin-ti-de-juan-pablo-sutherland","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/11\/27\/presentacion-de-lemebel-sin-lemebel-postales-amorosas-de-una-ciudad-sin-ti-de-juan-pablo-sutherland\/","title":{"rendered":"Presentaci\u00f3n de \u201cLemebel sin Lemebel. Postales amorosas de una ciudad sin ti\u201d de Juan Pablo Sutherland"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Texto presentado este mi\u00e9rcoles 20 de noviembre en Teatro La Memoria. Las fotos son de Eduardo Jim\u00e9nez. <\/em><\/strong><\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Ante la brutalidad de la muerte solo nos queda escribir para no olvidar parece susurrar entre l\u00edneas este libro que nos lleva al dolor, la melancol\u00eda, pero tambi\u00e9n a la ternura y la risa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Leer de una sentada, pocas veces ocurre; sin embargo as\u00ed fue con este libro de Juan Pablo Sutherland<\/strong>: escritor, activista, investigador, amigo, \u201cprima\u201d de <strong>Pedro Lemebel, el m\u00e1s punk de los escritores en la historia de Chile. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Estamos ante un volumen anhelante de lectura, que consigue atraparnos mediante una prosa que se mueve entre la intensidad febril y la calma<\/strong>, llena de inflexiones que remiten a la intimidad de dos yoes vulnerables y violentados. Un libro que resuena a intensidad contracultural, cuando desde las artes se pretend\u00eda dar la lucha contra todas las hegemon\u00edas y que ahora comienza a sonar como una palabra gastada, una etiqueta sin sentido.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En esta escritura retumba como un metr\u00f3nomo un lugar particular: Latinoam\u00e9rica, pero esa Latinoam\u00e9rica cargada de pobreza, de marginalidad, de creatividad, de rabia y esperanza. Pienso en Jos\u00e9 Mar\u00eda Arguedas y su discurso \u201cNo soy un aculturado\u201d de 1968, cuando recibi\u00f3 el premio Inca Garcilazo de la Vega y su f\u00e9rrea marca de clase, donde se sit\u00faa como un \u201cquechua moderno, inserto en un pa\u00eds oprimido por el desprecio social, la dominaci\u00f3n pol\u00edtica y la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica\u201d. En Sutherland, est\u00e1 esa dignidad del lugar que se habita, atrapado m\u00e1s en sus derrotas que en sus aciertos, donde adem\u00e1s se identifica el origen de la degradaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n <strong>los modos de resistencia, sustentados en la pertenencia a la cultura popular, la vida en comunidad y el derecho a la palabra.<\/strong>\u00a0 Ayer y hoy el neoliberalismo, la cultura de castas, el patriarcado y la homofobia. Por lo mismo, pese a mirar al pasado incesantemente, este volumen resulta cargado de presente, fervorosamente joven en su \u00e1nimo revolucionario.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong><em>Lemebel sin Lemebel<\/em><\/strong><strong>. <em>Postales amorosas de una ciudad sin ti<\/em>, nos remite a dos vidas, pero tambi\u00e9n a una comunidad en torno a un ser humano tan prodigioso como real<\/strong><strong>.<\/strong> Es as\u00ed como se conjugan dos registros narrativos: el de Juan Pablo Sutherland y el de Pedro Lemebel. \u00a0Un Pedro Lemebel, amigo y escritor, figura p\u00fablica, mediado por la voz de Sutherland y <strong>un Juan Pablo Sutherland que cumple tres funciones: autor, testigo y part\u00edcipe<\/strong>. La funci\u00f3n autor se manifiesta en el propio acto de la escritura de este libro, pero tambi\u00e9n en las reflexiones en torno al proceso de escritura y el estilo. La funci\u00f3n testigo, por su parte, nos sit\u00faa ante la mirada de un yo y el despliegue de una otredad. La tercera funci\u00f3n, part\u00edcipe, expone al narrador como parte de la vida de su sujeto. Las tres funciones carecen de neutralidad, aparecen siempre intervenidas por un punto de vista c\u00f3mplice con el otro. Las tres, adem\u00e1s, se unifican en la configuraci\u00f3n de un sujeto, Sutherland, siempre en di\u00e1logo cr\u00edtico con el contexto-pa\u00eds.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><strong>La voz de Sutherland por algunos momentos se ubica muy dentro de la vida de Lemebel; sin embargo, jam\u00e1s deja de operar como individualidad. Es este, uno de los grandes m\u00e9ritos del libro.<\/strong> Su capacidad para componer, al modo de una fotograf\u00eda, escenas, donde el narrador est\u00e1 fuera de cuadro, pero tambi\u00e9n siempre dentro. De paso, como he se\u00f1alado, proponer una modalidad de autobiograf\u00eda que puedo denominar espejeada. Me refiero con ello a las autobiograf\u00edas que establecen un di\u00e1logo entre el yo narrador y un yo otro. Dos individualidades que se van entrecruzando y distanciando como parte de un proceso de conformaci\u00f3n de subjetividad no oficial, pero tambi\u00e9n no metaf\u00f3rica. De ah\u00ed que <strong>uno de los aspectos estil\u00edsticos que m\u00e1s aprecio en esta escritura es la ausencia de met\u00e1foras. Es m\u00e1s, predomina una hipermaterialidad.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sutherland se aleja de cualquier ruta narcisa y genera una voz sin ostentaciones, cautelosa, pero tambi\u00e9n desbordante, que consigue penetrar en los recovecos de su memoria, para iluminar fragmentariamente dos vidas y un contexto. <strong>Agradezco la ausencia de una voz autoritaria en esta narrativa, lo cual permite que el narrador, pese a su cercan\u00eda por m\u00e1s de treinta a\u00f1os con Lemebel, no se yerga como una voz oficial.<\/strong> Hay una consciencia expl\u00edcita de la diversidad de modulaciones en una figura como Pedro Lemebel. Por tanto, la modelizaci\u00f3n fragmentaria, es decir la representaci\u00f3n de una realidad recortada, es el m\u00e9todo preciso de expresi\u00f3n literaria seleccionado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La voz autoral en el g\u00e9nero de no ficci\u00f3n tiene un protagonismo esencial. Atravesada por la experiencia de vida, se vuelve incontrovertible y prioritaria. Pues bien, en esta ocasi\u00f3n, Sutherland logra un efecto contrario. <strong>Su posici\u00f3n se reduce dejando lugar a la voz y figura del amigx, el amor, el c\u00f3mplice, el maestro<\/strong>. Este gesto bell\u00edsimo, lejano al narcicismo propio de las y los escritores, no anula la experiencia del que escribe, del que elabora un trabajo de memoria donde se cruza con el documental, el testimonio, la autobiograf\u00eda, la cr\u00f3nica, la historia de vida.\u00a0 Este transitar por diversos g\u00e9neros confirma la hibridez de la escritura de Sutherland. Un itinerar, rechazando los l\u00edmites de un g\u00e9nero literario. Solo desde la mixtura ser\u00e1 posible acceder a esta l\u00facida propuesta.\u00a0 Por lo mismo, <strong>desde el inicio, el autor afirma la inorganicidad de su libro, la falta de planificaci\u00f3n del mismo y su rechazo a la noci\u00f3n de homenaje que siempre tiende a institucionalizar. Porque este no es un libro que glorifique, sino que humaniza. Que saca de cualquier pedestal a la figura del escritor de culto y lo aproxima con intensidad a nuestras vidas comunes. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de este volumen, tal como se\u00f1ala el autor, opera como un mantra que posterga un adi\u00f3s definitivo, pero que remite a la falta. La ausencia de Lemebel podr\u00eda leerse como una anomal\u00eda. Lemebel ya no est\u00e1 y ni la vida ni el paisaje es ni ser\u00e1n los mismos. Pero tambi\u00e9n, quiero leer la falta, como la ausencia del padre-madre imaginarios<strong>. \u00a0La huerfan\u00eda, sin embargo, aparece en parte compensada con el legado lemebeliano: su escritura, la del maravilloso ojo coliza, capaz de ver y cuestionar sin miramiento alguno, el env\u00e9s y el rev\u00e9s de la trama sociopol\u00edtica, literaria y cultural del pa\u00eds. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Antes de esta lectura me preguntaba si Lemebel estaba consciente de c\u00f3mo se utilizaba su figura y su palabra. El volumen nos deja en claro que s\u00ed, su mirada cr\u00edtica tambi\u00e9n era aplicada sobre s\u00ed mismo. <strong>Lemebel era un escritor plebeyo y como tal ten\u00eda que sobrevivir en un mundo apropiado por la burgues\u00eda<\/strong>. Con esto me refiero fundamentalmente a sus v\u00ednculos con la academia y la gran industria del libro. Un mundo de cuicos y cuicas que Lemebel identificaba con precisi\u00f3n. Solo aquelles que han experimentado la pobreza, saben lo complejo que resulta ser pobre, homosexual, de piel oscura, rasgos ind\u00edgenas y lengua filosa. <strong>Lemebel como un escritor moderno, supo leer su tiempo y con ello no transar en su escritura, haciendo visible su po\u00e9tica de la resistencia marica, sin perder consciencia de su clase, de su diferencia ni menos entregarse al poder. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ingreso a esta escritura como un tributo, un reconocimiento, un acto de admiraci\u00f3n y afecto no solo al intelectual Lemebel, sino a la \u201camiga\u201d, la \u201cprima\u201d. \u00a0Una escritura donde la voz narrativa, ampl\u00eda y empeque\u00f1ece su mirada, desplaz\u00e1ndose por las pr\u00e1cticas de vida compartidas. El relato nos involucra con una naturalidad impresionante en dos modulaciones culturales que marcan posiciones. Desde all\u00ed se habla, piensa, escribe y vive. Me refiero con ello a las marcas de pertenencia al mundo popular y a la comunidad homosexual. Ambas comunidades van unidas y se revelan no solo en la discursividad ideol\u00f3gica, sino que principalmente en la vida diaria. Como sucede con la secuencia de las \u201conces\u201d compartidas, donde podemos ver a un Pedro y un \u201cJuanpi\u201d (Sutherland) que disfrutan de un pan con palta y su consabida sobremesa o las eternas llamadas desde un tel\u00e9fono fijo para hablar de todo y nada. Como ocurre en la cotidianeidad con los que amamos, donde decir no tiene un objetivo definido.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>Peque\u00f1os retazos de dos vidas van apareciendo es este itinerario de recuerdos gozosos y tristes, donde la focalizaci\u00f3n oscila entre Sutherland y Lemebel.\u00a0 <strong>Sutherland se pone al costado, y en ocasiones junto a Lemebel, evitando la arrogancia de sobrepasar al maestro<\/strong>. Un ejemplo notable es el relato de Sutherland en torno a la muerte de su propio hermano. Sutherland consigue mediante una prosa intensa y trist\u00edsima elaborar una escena de dolor que tambi\u00e9n se vuelve nuestra y, por supuesto, de Pedro. Siempre ah\u00ed, apoyando con su abrazo y hasta peque\u00f1as dosis de su humor \u00e1cido.\u00a0 <strong>La muerte circula por estas p\u00e1ginas, donde la familia, los amigos y amigas van desapareciendo. No as\u00ed la escritura y Sutherland lo sabe. <\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Pienso si es posible considerar este libro como parte de un duelo. Y respondo que s\u00ed.<\/strong> Cito ac\u00e1 a Paul Ricoeur en su libro <em>La lectura del tiempo pasado:\u00a0 memoria y olvido<\/em>, donde se\u00f1ala que \u201cuna vez que se acaba el trabajo del duelo, el yo se encuentra de nuevo libre y desinhibido\u201d.\u00a0 Desde su perspectiva, habr\u00eda un cierre. <strong>Desde la vereda contraria, pienso que la escritura de Sutherland nos demuestra que ante la muerte de los amores no hay cierre.<\/strong> La libertad y la desinhibici\u00f3n, mencionadas por Ricoeur, se han ido. Se vive en una desolaci\u00f3n permanente. El duelo se experimenta tambi\u00e9n a partir de la clase. \u00a0En nuestra\/mi cultura popular no hay olvido, no hay un despu\u00e9s; no as\u00ed en las elites, que bien han aprendido a clausurar la memoria individual y colectiva, y a someterse a los dict\u00e1menes del neoliberalismo, donde todo resulta reemplazable, incluso las vidas. Ac\u00e1, en este libro, los cuerpos y las vidas son \u00fanicos, no hay trueque compensatorio. Es m\u00e1s, se expone, desde mi visi\u00f3n, un car\u00e1cter sagrado de la vida.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Sutherland logra elaborar fragmentariamente su memoria sobre Pedro Lemebel y tambi\u00e9n del pa\u00eds a trav\u00e9s de una tonalidad tan apacible como hiperkin\u00e9tica de palabras e im\u00e1genes que nos aproximan a dos seres intervenidos por la pulsi\u00f3n de vida, de goce y rabia. La te\u00f3rica y activista afroamericana Audre Lorde en su ensayo \u201cUsos de la ira; las mujeres responden al racismo\u201d as\u00ed nos dice sobre la ira: \u201cBien canalizada, la ira puede convertirse en una poderosa fuente de energ\u00eda al servicio del progreso y del cambio. Y cuando hablo de cambio no me refiero al simple cambio de posici\u00f3n ni a la relajaci\u00f3n pasajera de las tensiones, ni tampoco a la capacidad para sonre\u00edr o sentirse bien. Me refiero a la modificaci\u00f3n profunda y radical de los supuestos en que se basa nuestra vida\u201d. <strong>Tanto Sutherland como Lemebel son dos sujetos rabiosos en sus escrituras.<\/strong> Me sumo al sentimiento de ira sin culpa. Una ira no fascista, no republicana\/liberal como a la que nos est\u00e1n acostumbrando; sino una ira vitalista, ut\u00f3pica quiz\u00e1s, ante el rabioso imperialismo contrarreformista que se cierne sobre nosotras.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Sutherland va m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del homenaje, del duelo, del dolor, de los g\u00e9neros literarios, situ\u00e1ndose en un permanente estado de falta, de rechazo a una ausencia que combate con la memoria y la literatura.<\/strong> Su libro nos enfrenta a una geograf\u00eda del deseo, desde dos vidas situadas en un pa\u00eds del sur global, hist\u00f3ricamente derrotado. <strong>Lemebel, como un vidente, supo escribir con rigor implacable nuestro pasado y nuestro presente. Juan Pablo Sutherland, por su parte, desde su propio estilo literario y lugar, distante del neobarroco lemebeliano, se hace parte de esta funci\u00f3n testimonial y como un generoso emisario, nos permite recuperar al escritor y al ser humano y de paso aproximarnos a su propia desidentidad.<\/strong> Digo desindentidad como oposici\u00f3n a la identidad homog\u00e9nea, binaria y asignada. Sutherland, al igual que Lemebel, ha sabido construir su diferencia como activistas y escritores y eso en un territorio como el nuestro es decididamente heroico.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil escribir sobre autorxs como Pedro Lemebel u otros tan importantes, tan llenos de supuestos amigues. Sutherland no est\u00e1 para competencias in\u00fatiles, pero s\u00ed para exponer <strong>una prosa bullente de afecto, sensibilidad y respeto, con acertados matices de rabiosa critica<\/strong>; inscribi\u00e9ndose as\u00ed en la vanguardia, donde se anulan los l\u00edmites y el arte se confunde con la vida, donde la ausencia se derrota con la escritura viva como sucede en todas sus obras y, por supuesto, en las de Pedro Lemebel.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>M\u00e1s informaci\u00f3n sobre \u00abLemebel sin Lemebel. Postales amorosas de una ciudad sin ti\u201d, de Juan Pablo Sutherland en<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/alquimiaediciones\/p\/DCh1n02SyyB\/\"> Alquimia Ediciones.<\/a><\/strong><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sutherland va m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del homenaje, del duelo, del dolor, de los g\u00e9neros literarios, situ\u00e1ndose en un permanente estado de falta, de rechazo a una ausencia que combate con la memoria y la literatura. 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