{"id":16434,"date":"2024-11-29T14:23:41","date_gmt":"2024-11-29T14:23:41","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=16434"},"modified":"2024-11-29T14:24:29","modified_gmt":"2024-11-29T14:24:29","slug":"sinrazones-para-contagiarse-con-marica-como-vamos-a-morir-de-diego-zamora-estay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2024\/11\/29\/sinrazones-para-contagiarse-con-marica-como-vamos-a-morir-de-diego-zamora-estay\/","title":{"rendered":"Sinrazones para contagiarse con \u00abMarica: c\u00f3mo vamos a morir\u00bb de Diego Zamora Estay"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>A comienzos de octubre, el autor Diego Zamora Estay lanz\u00f3 el libro \u00abMarica: c\u00f3mo vamos a morir\u00bb. En \u00e9l aborda temas complejos como el VIH y la cultura LGBTIQ+, explorando la vida de los \u00abMariposones del barrio\u00bb, personajes que, aunque visibles y reconocidos por su comunidad, viven en la soledad, la pobreza y el exilio, siendo discretos y generosos, pero sin pertenecer del todo. Un testimonio sincero y sin estigmas sobre la homosexualidad en Chile. Ignacio Andr\u00e9s Garay nos comparte su lectura personal \u2013casi \u00edntima\u2013 del libro.<\/em><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cY si el mundo se opone<\/em><br \/>\n<em>sin raz\u00f3n ni justicia<\/em><br \/>\n<em>contra el mundo, yo ir\u00e9\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Benny Mor\u00e9<\/strong><\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hay una historia paralela donde <em>Marica: c\u00f3mo vamos a morir<\/em> toca intimidades de mi propia trayectoria poblacional, obrero-campesina y provinciana. Un espacio donde la poblaci\u00f3n El Peumo de la Ligua se toca con la calle Los \u00c1lamos de Limache. Un recorrido en bicicleta por las parcelas de la V regi\u00f3n en que la madre de Diego bromea con la m\u00eda. Una sala de espera donde mi t\u00eda Lucy, desahuciada por su c\u00e1ncer, termina consolando al \u201cPepe\u201d. Un circo pobre donde Diego se maravilla con la peluca de matas de cebolla de \u201cRamoncito\u201d y yo con la peluca de cintas de cassette de La Coralito. Pero esa historia paralela, quiz\u00e1, quiera reserv\u00e1rmela. Sin embargo, le aseguro, sea usted o no tan hip\u00f3crita lector como yo, que encontrar\u00e1 su propia historia contra el mundo en este libro.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cA veces voy, donde reina el mal<\/em><br \/>\n<em>es mi lugar, llego sin disfraz\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Virus<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>Marica: c\u00f3mo vamos a morir<\/em>, primer libro en prosa del poeta Diego Zamora Estay, se compone de tres apartados: \u201cRetratos\u201d, \u201cPaisajes\u201d y \u201cLecturas\u201d. La separaci\u00f3n de este libro es su primera corporalidad, disfrazada y tramposa. Sus retratos tienen horizontes con atardeceres de primas fuertonas y melanc\u00f3licas. Sus paisajes tienen facciones alejadas del canon ateniense u \u00f3rganos extirpados para el examen anat\u00f3mico de la disidencia sexual. Sus lecturas son, sin lugar a dudas, otros cuerpos donde la sangre ha reconocido tambi\u00e9n su contagio para \u201cjuntar en una misma oraci\u00f3n la palabra enfermedad y la palabra sexo, y, por qu\u00e9 no, la palabra muerte entre ambas\u201d. <strong>Llamar cr\u00f3nicas a los quince textos que componen cada una de sus partes ser\u00eda desconocer la lectura que hace Diego de su tradici\u00f3n barroca, donde la prosa de Pedro Lemebel y N\u00e9stor Perlonger convive con la poes\u00eda de Enrique Lihn o la narrativa de Natalia Berbelagua.<\/strong> Son, entonces, manifiestos oper\u00e1ticos, no para ocultar el rostro, sino para darle vida a un personaje que le permita reconocerse, porque \u201cluego, ni\u00f1a, llega el personaje y una se va haciendo m\u00e1s o menos famosa entre este paisaje empobrecido de nuestro escenario homosexual\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Manifiestan, entonces, su declaraci\u00f3n pol\u00edtico-escritural. <strong>Manifiestan, patente y claro, el derecho al placer y la identidad de una comunidad estigmatizada.<\/strong> Manifiestan, en no pocos momentos, un aire a oraciones paganas o bacanales ancestrales perdidas tan necesarias de recuperar en la niebla postoctubrista. Manifiestan, sin pedir disculpas ni rendir cuentas, esa mercanc\u00eda indeseada que recorre la sangre de Diego desde los veinti\u00fan a\u00f1os y que, en no pocas ocasiones, es m\u00e1s un chiste repetido que una espada de Damocles para la homosexualidad masculina.<strong> Manifiestan, adem\u00e1s, una condici\u00f3n, aunque peligrosa, propia de la belleza seg\u00fan Baudelaire: su lectura promete felicidad.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLos marcianos llegaron ya. <\/em><br \/>\n<em>Y llegaron bailando ricach\u00e1. <\/em><br \/>\n<em>Ricach\u00e1, ricach\u00e1, ricach\u00e1<\/em><br \/>\n<em>As\u00ed llaman en marte al chachach\u00e1\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Rosendo Ruiz Quevedo<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Patudez enorme hablar de felicidad en un libro donde el VIH ronda en todo momento y cuyo subt\u00edtulo es \u201cC\u00f3mo vamos a morir\u201d, si no fuera el mismo Diego quien removiera esa mirada c\u00f3moda sobre lo seropositivo. <strong>En sus manifiestos, se evidencia c\u00f3mo la sociedad sana a\u00fan sigue balanceando esta enfermedad entre la condena punitiva al deseo, el maltrato sanitario, la condescendencia ramplona ante sus consecuencias o, como lo dice el mismo autor, un \u201coptimismo exagerado que se inculca como un medicamento a los enfermos\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Este optimismo-medicamento proviene, o deviene quiz\u00e1, de la optimizaci\u00f3n del cuerpo propia de una sociedad neoliberal. <strong>Byng-Chul Han<\/strong>, por ejemplo, apuntar\u00eda a una sociedad positiva donde lo pulido, pulcro, liso e impecable, como imperativos, son se\u00f1as de nuestra identidad. <strong>Leila Guerrero<\/strong> agregar\u00eda que ese cuerpo pulido es fruto de las toneladas de autoayuda y mindfulness que tragamos a diario. Podr\u00edamos plantear, entonces, como una cuota de negatividad la escritura manifiesta de Diego Zamora Estay. Solo que \u00e9l, consciente de que toda dicotom\u00eda reducir\u00eda nuestra lectura social, no reh\u00faye de una mirada autocr\u00edtica de las disidencias ni homologa <em>negatividad<\/em> con pesimismo, como cuando hinca la mirada en los gais venidos a m\u00e1s que logran arrendar, v\u00eda Airbnb, un espacio blanqueado en el centro capitalino. (\u00bfNo es, en el fondo, la misma mentalidad de la clase media chilena que arrienda por v\u00edas similares su espacio de validaci\u00f3n frente a las costas de Florian\u00e1polis, cuna del Bolsonarismo?). Esta consciencia tambi\u00e9n le impide escribir desde ese discurso hegem\u00f3nico del \u201cvenceremos\u201d, tan <em>ad hoc<\/em> y funcional a las masculinidades de izquierda y derecha: \u201cme cuesta entender nuestra relaci\u00f3n con las enfermedades como una lucha contra ellas, como una guerra entre la especie humana y un virus, un lenguaje militar que se sustenta en la victoria de los hombres sobre la naturaleza (separaci\u00f3n absurda y masculina)\u201d. Lucha de la que no escapa, tampoco, la comunidad homosexual masculina, ya que para Diego esa b\u00fasqueda de cuerpos europeizantes \u201cse entiende mejor cuando consideramos la obsesi\u00f3n por los cuerpos j\u00f3venes, atl\u00e9ticos y hegem\u00f3nicos;<strong> la salud como lugar com\u00fan de nuestro deseo<\/strong>\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Aqu\u00ed vale la pena recordar: a quienes detentan el poder en nuestro pa\u00eds y a\u00fan est\u00e1n orgullosos de su progreso inequitativo ya no les satisface catalogar como c\u00e1nceres a cualquier discurso disidente a las l\u00f3gicas del mercado.<strong> Hoy las enfermedades cl\u00ednicas, mentales o sociales s\u00f3lo son aceptadas cuando es insoslayable su presencia, como virus extraterrestres.<\/strong> \u00bfHabr\u00e1 bailado nuestra ex primera dama ese famoso chachach\u00e1 de Rosendo Ruiz Quevedo sospechando que en 1955 pudo ser compuesto como una parodia de la Revoluci\u00f3n Cubana? Dif\u00edcil saberlo y, a\u00fan m\u00e1s, imaginarlo sin torcer los brazos y apostar a la pose de gallina-tiranosaurio de su pareja de baile; es decir, dif\u00edcil escribirlo sin caer en parodias, cuando el \u00fanico rasgo en com\u00fan de esos cuerpos entronizados en el poder es el carerajismo con que han justificado tanto violaciones a los Derechos Humanos, como coimas inveros\u00edmiles, sueldos millonarios o cuentas en el extranjero, piscos sours dudosos o violencias ac\u00e9rrimas en contra de la <em>otredad<\/em>. El espejo, en todo caso, no nos perdona: \u00bfhabr\u00e1 sido la falta de fragilidad en nuestro discurso victorioctubrista una de las causas por las que no logramos desestabilizar un sistema que se hace agua por todas partes?<\/p>\n<p>Me pierdo en estas y otras preguntas, pero es culpa de Diego por contagiarme. \u00bfQu\u00e9?, a\u00fan estoy pregunt\u00e1ndomelo, despu\u00e9s de haber le\u00eddo un par de veces su libro. En su \u00faltima novela \u2013donde, cabe mencionar, el peor basurero de la frontera mexicoestadounidense se llamaba \u201cChile\u201d\u2013 otro enfermo nos dec\u00eda: \u201cSiempre hay que hacer preguntas, y siempre hay que preguntarse el porqu\u00e9 de nuestras propias preguntas. \u00bfY sabes por qu\u00e9? Porque nuestras preguntas, al primer descuido, nos dirigen hacia lugares adonde no queremos ir. \u00bfPuedes ver el meollo del asunto, Harry? Nuestras preguntas son, por definici\u00f3n, sospechosas. Pero necesitamos hacerlas\u201d. <strong>Las respuestas, siempre, est\u00e1n equivocadas, pero las preguntas carecen de moral y, cuando uno transita por las que plantea <em>Marica: c\u00f3mo vamos a morir<\/em>, las sospechas que despiertan recaen en nosotros.<\/strong> \u00bfQui\u00e9n puede perder su condici\u00f3n de marciano de esa forma?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cPorque alg\u00fan d\u00eda se va a abrir esta trampa mortal<\/em><br \/>\n<em>Pero hasta entonces llevar\u00e1s en tu cara, una sombra<\/em><br \/>\n<em>Y no presumas m\u00e1s de ser un humano normal<\/em><br \/>\n<em>Y no te hagas m\u00e1s el gil que el defecto te nombra\u201d.<\/em><br \/>\n<strong>Charly Garc\u00eda<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hay una escena conmovedora y reveladora del silencio que pesa sobre la enfermedad en Marica. A comienzos de los noventa, el Diego-Ni\u00f1o enferma y vive, como un spoiler, ese humillante peregrinar por consultorios y hospitales, com\u00fan para quienes est\u00e1n obligados a atenderse en los servicios p\u00fablicos de salud. <strong>El Diego-Ni\u00f1o mejora, sin embargo, no es suficiente para su familia: su abuela rompe todas las fotograf\u00edas donde se delataban las consecuencias de su enfermedad.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El mal de la infancia, clausurado; la fragilidad, borrada. Higienizaci\u00f3n de la enfermedad, pero, m\u00e1s importante, de su relato.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, ya con el diagn\u00f3stico seropositivo, ese mismo ni\u00f1o reflexionar\u00e1 sobre el mayor riesgo en esta era postpand\u00e9mica: \u201cpensar que estamos sanos, que no podemos enfermarnos si actuamos bajo una normativa higi\u00e9nica, si seguimos la norma, si consumimos los medicamentos necesarios, si nos ejercitamos al d\u00eda, si accedemos al mejor plan de Isapre\u201d. Ilusi\u00f3n peligrosa, entonces, la nuestra. <strong>La higiene no borra el relato, s\u00f3lo lo oculta \u2013y no por siempre\u2013 bajo el alcohol gel, las clases de Yoga o pilates, operaciones est\u00e9ticas, el espejismo del cr\u00e9dito o los aparentes beneficios del escalamiento social.<\/strong> La cloaca de las ilusiones de la demosgracia chilensis ya fue abierta, y s\u00f3lo una presuntuosidad desalmada apostar\u00eda por su negaci\u00f3n. Literaturas como la de Diego, liberadoras, son velos que permiten ocultarnos de \u2013y, a la vez, transparentar\u2013 esas ilusiones que tragamos, aunque hiedan 24\/7 en nuestro escenario nacional.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cAqu\u00ed no hay luces de escena<\/em><br \/>\n<em>Y algo en m\u00ed no se serena\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Los abuelos de la nada<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Santiago, esquina de Jos\u00e9 Miguel de la Barra con Merced. Diego Zamora Estay y su pareja reparten condones a la entrada del Ciber Revelaci\u00f3n. Diego interrumpe su trabajo para saludarme. Conversamos, a la pasada, cosas intrascendentes. No recuerdo el a\u00f1o, pero me aventuro a que es 2015 o 2016, cuando \u00e9l acababa de recibir su diagn\u00f3stico seropositivo. Nos conoc\u00edamos por un Laboratorio de Escritura Er\u00f3tica. Hasta entonces mi admiraci\u00f3n se reduc\u00eda a su poes\u00eda, donde ya lat\u00eda lo que despu\u00e9s ser\u00eda el talento innegable de versos como:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">\u201cDecimos poes\u00eda chilena para no decir territorio.<br \/>\nDecimos territorio para no decir pueblo o comunidad.<br \/>\nDecimos pueblo o comunidad para no decir fundo.<br \/>\nDecimos fundo para no decir esclavitud o sequ\u00eda,<br \/>\npara evitar conversaciones en la mesa<br \/>\npara olvidar que la cosecha se ha perdido\u201d.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Diego, con la sencillez no exenta de l\u00facida acidez que le caracteriza, me explica en qu\u00e9 est\u00e1. Me entero, de esa forma azarosa, de su trabajo voluntario en una ONG dedicada al testeo y atenci\u00f3n de enfermedades de transmisi\u00f3n sexual. Ya por entonces, como si fuera algo que hiciera a la pasada, adelantaba una premisa del trabajo literario desprendido en <em>Marica<\/em>: \u201cNo se puede leer sin la sangre y la m\u00eda tiene una marca que se re\u00fane con la historia del sida, cuyo archivo incluye la muerte, el activismo, la lucha contra las farmac\u00e9uticas, el deseo, las org\u00edas y el chiste. El chiste, del que nos re\u00edmos y por el que lloramos a la vez, anda por este cuerpo que escribe\u201d. Desde entonces y hasta ahora he admirado esa generosidad sin grandilocuencias de su trabajo. <strong>Porque hace inseparables literatura y sangre, y sin embargo en la hoja esta mancha no es pontificada ni idealizada, a pesar de todos los recursos que exhibe con maestr\u00eda.<\/strong> Diego, como buen poeta, ya intu\u00eda que \u201clas met\u00e1foras son tan necesarias como tramposas\u201d. Si no me cree, lea los quince manifiestos de <em>Marica: C\u00f3mo vamos a morir<\/em> y conversemos si no cae en sus trampas, si la luz de nuestro escenario le es ya inaguantable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u201cYa agarraste por tu cuenta las parrandas<\/em><br \/>\n<em>Paloma negra, paloma negra, d\u00f3nde, d\u00f3nde andar\u00e1s\u201d<\/em><br \/>\n<strong>Chabela Vargas<\/strong><\/h6>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>1999, El Show de los Libros, cap\u00edtulo dedicado a <strong><em>Loco af\u00e1n: cr\u00f3nicas de sidario<\/em><\/strong>, segundo libro publicado por <strong>Pedro Lemebel.<\/strong> En el programa el autor se\u00f1ala de entrada: \u201cpara hablar de literatura homosexual en Chile habr\u00eda que hablar de un corpus literario. Yo creo que eso est\u00e1 en proceso. Hay algunos materiales, hay algunas obras, pero a\u00fan as\u00ed, faltan elementos. Falta una construcci\u00f3n cultural m\u00e1s potente, que ponga en escena una est\u00e9tica propia y que ponga en escena, fundamentalmente, una visi\u00f3n de mundo\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Veinticinco a\u00f1os separan estas palabras de Lemebel y <em>Marica: c\u00f3mo vamos a morir<\/em> de Diego Zamora Estay. Veintiocho, si contamos desde el a\u00f1o de publicaci\u00f3n de Loco Af\u00e1n. Quiz\u00e1 porque dentro de la literatura chilena la homosexualidad ha tenido m\u00e1s de un referente blanqueado, ese cuerpo literario hoy a\u00fan est\u00e1 construy\u00e9ndose. <strong>Sin embargo, la lengua de Pedro y Diego tienen el mismo ritmo, la misma desgarradora poes\u00eda, aunque su estrategia sea el corte o la medida, quiz\u00e1 porque a \u00e9l le ha tocado desde m\u00e1s joven someterse a la invasi\u00f3n de los ex\u00e1menes.<\/strong> No por nada la palabra \u201cexamen\u201d proviene de las agujas de las balanzas. No por nada esa aguja tambi\u00e9n recibe el nombre de \u201cfiel\u201d, como si no se pudiera escapar de su dictamen.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En este punto, donde las tradiciones se corporizan y tocan, pero tambi\u00e9n se distancian, es necesario destacar un acierto de Invertido Ediciones en el cuerpo material de<em> Marica: c\u00f3mo vamos a morir<\/em>. La portada de esta edici\u00f3n, sobria si la comparamos con referentes anteriores, remite tanto a un <em>darkroom<\/em> como a una dimensi\u00f3n desconocida, un espacio de la enfermedad al cual Diego Zamora Estay nos invita. Aventuro tambi\u00e9n otra cosa a partir de esa entrada donde podr\u00edamos perdernos. Como en sus inicios lo hicieran las cr\u00f3nicas de Lemebel, Diego ir\u00e1 forjando sus lectores desde ese lugar desconocido y marginal, donde borbotea inc\u00f3lume todo aquello que es v\u00edctima de la higienizaci\u00f3n, antes que desde el establishment literario. <strong>La prosa de Diego, como ya lo es su poes\u00eda, no podr\u00e1 ser fiel a c\u00f3mo la habr\u00e1n de (so)pesar. Pero ah\u00ed no habr\u00e1, de momento, una real p\u00e9rdida.<\/strong> Diego Zamora Estay sabe, como Antonio Silva, que ese espacio de validaci\u00f3n ser\u00eda aceptar el circo o el museo de la pobreza chilensis, un oper\u00e1tico paisaje del que lograremos escapar si estamos dispuestos a entrar en la provincia marica, seropositiva y po\u00e9tica de su libro. He ah\u00ed su promesa de felicidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Zamora Estay, Diego. <em>Marica: c\u00f3mo vamos a morir. <\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong>Santiago de Chile: Invertido Ediciones, 2024.<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Rese\u00f1as biogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6><strong>Diego Zamora Estay.<\/strong><br \/>\n(La Ligua, 18 de noviembre de 1989).<\/h6>\n<p>Es profesor de lengua castellana por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Ha publicado los libros M\u00fasica Hardcore (Editorial Moda y Pueblo), Las manos de mi padre parecen p\u00e1jaros heridos (Fea Editorial), adem\u00e1s de investigaciones de poes\u00eda en revistas acad\u00e9micas. Se adjudic\u00f3 el FONDART de creaci\u00f3n con el poemario Chullec (2019) y Taller de escritura para personas VIH+ (2024).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6><strong>Ignacio Andr\u00e9s Garay<\/strong><br \/>\n(Limache, 3 de marzo de 1985).<\/h6>\n<p>No tiene estudios universitarios finalizados y ha desempe\u00f1ado diversas labores: agricultor de nopales, barman en un barco fluvial, locutor radial amateur, monitor en colonias de verano para ni\u00f1os, picador de cebolla en una f\u00e1brica de masas y empanadas, envasador de comida para perros, gu\u00eda tur\u00edstico, fotocopiador de pruebas estandarizadas PISA, auxiliar docente de reemplazo en ense\u00f1anza secundaria, profesor voluntario de espa\u00f1ol para refugiadas del \u00c1frica Subsahariana, tallerista de un centro creativo para adolescentes y cuidador de bicicletas en la Furia del Libro. No ha recibido premios ni reconocimientos, salvo diplomas a peor compa\u00f1ero en el colegio. Actualmente prepara la traducci\u00f3n de la antolog\u00eda Mir\u00f3 ate agora, del poeta pernambucano Mir\u00f3 da Muribeca al espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; A comienzos de octubre, el autor Diego Zamora Estay lanz\u00f3 el libro \u00abMarica: c\u00f3mo vamos a morir\u00bb. 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