{"id":16709,"date":"2025-01-08T17:02:33","date_gmt":"2025-01-08T17:02:33","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=16709"},"modified":"2025-01-08T17:34:11","modified_gmt":"2025-01-08T17:34:11","slug":"resena-la-lengua-liminal-en-avidez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/01\/08\/resena-la-lengua-liminal-en-avidez\/","title":{"rendered":"[RESE\u00d1A] La lengua liminal en Avidez"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><em>\u00abSe iba levantando hacia nosotras, esa lengua lampi\u00f1a. Lanzamos lejos las hojas de afeitar y nos inclinamos a besarla y nos besamos con asco, con ansias, con furiosa avidez\u00bb.<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\">Lina Meruane, <em>Hojas de Afeitar<\/em>.<\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em><strong>Avidez<\/strong>\u00a0<\/em>(P\u00e1ginas de Espuma, 2020), sustantivo preciso para dar t\u00edtulo a la selecci\u00f3n de cuentos que componen uno de los libros m\u00e1s punzantes de<strong> Lina Meruane<\/strong>. Relatos que abarcan un periodo de treinta a\u00f1os de escritura en la carrera de la autora y que nos hablan de las pulsiones m\u00e1s voraces que encarnamos como sujetos animales, pero tambi\u00e9n, como sujetos humanos y posthumanos en la era del tardo capitalismo. Las protagonistas, todas mujeres, ni\u00f1as y adultas, se mueven en escenarios enrevesados por la violencia o por la fatalidad que ronda toda relaci\u00f3n de filiaci\u00f3n. Personajes contradictorios, que tendr\u00e1n como lugar com\u00fan, el desgarro existencial frente a la p\u00e9rdida de alg\u00fan ser amado, o la deriva er\u00f3tica de un cuerpo mutilado. Ambas, ruinas encarnadas en los cuerpos. Cuerpos escindidos, enfermos o hambrientos. Ansiosos y decididos por recuperar, o capturar, su objeto de deseo, que en los relatos ser\u00e1 siempre vicario, pero capaz de convocar a las fuerzas m\u00e1s feroces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El hambre \u2014biol\u00f3gica y ps\u00edquica\u2014 se convierte, entonces, en el motivo central de los cuentos, llev\u00e1ndonos a un espacio liminal, ese umbral donde la categor\u00eda de lo humano y lo no humano se desdibuja. De ah\u00ed que los personajes se nos presenten como entidades fluidas, que oscilan entre la frontera del s\u00ed mismo y de eso \u201cotro\u201d expulsado de m\u00ed, pero que me constituye. Cuentos que nos aproximan a lenguas aut\u00f3matas, a seres \u00e1vidos por carne, a madres delirantes, a C\u00edborgs an\u00f3malos. Todos, personajes abyectos en cuerpos abyectos, que habitan la fascinaci\u00f3n y la fatalidad, que oscilan entre normal y lo patol\u00f3gico, que logran esquivar el encierro o que son sometidos, pero en su mayor\u00eda, sujetos arrojados al hambre y la marginalidad. Carentes de una sustancia nutricia vital, que vocifera por su ausencia. Condici\u00f3n que por otro lado, tiene la cualidad de desplazar al logocentrismo y tensionar el orden social y simb\u00f3lico mediado por la cultura. Por ello,<strong> la lengua como met\u00e1fora es recurrente en <em>Avidez<\/em><\/strong>. \u00bfY c\u00f3mo no?, siendo el \u00f3rgano a trav\u00e9s del cual se experimenta el placer de saciar el hambre, el apetito sexual y las pulsiones vinculadas a los procesos primarios de significaci\u00f3n. Esa lengua liminal, posicionada en el l\u00edmite de lo que es posible articular como lenguaje y la irrupci\u00f3n de flujos instintivos, es de la que nos habla la autora: \u201cSi escrib\u00ed sobre la avidez, no pod\u00eda faltar un cuento sobre la lengua\u201d. As\u00ed nace <em>Reptil<\/em>, cuento protagonizado por la lengua de una ni\u00f1a afectada por la radiaci\u00f3n, con el que la autora \u201cgenera la costura invisible del libro\u201d, el que organiz\u00f3 seg\u00fan las edades de sus protagonistas, lo que otorga coherencia a la transformaci\u00f3n de las pulsiones durante la lectura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el imaginario de Meruane, la lengua animal se torna profundamente po\u00e9tica al aventurarse en territorios inexplorados del cuerpo, donde lo emocional, lo irracional y lo ca\u00f3tico encuentran cabida, permitiendo que el lenguaje se despliegue de manera distinta. Esa posibilidad est\u00e1 dada justamente por su localizaci\u00f3n, pr\u00f3xima a la \u201cdimensi\u00f3n pre-verbal, pre-discursiva, pre-social que, parad\u00f3jicamente s\u00f3lo se manifiesta en el plano de lo simb\u00f3lico (lo verbal, lo discursivo, lo social)\u201d (Del Sarto 2010 p.55). Por ello es que en los relatos de <em>Avidez<\/em> las lenguas carnales operan semi\u00f3ticamente, as\u00ed como tambi\u00e9n la figura de la madre, que est\u00e1 constantemente atravesada por flujos y deseos que pueden derivar en cualquier direcci\u00f3n, desterritorializando la hegemon\u00eda de la madre representada como una totalidad de pureza y amor por el ethos cristiano. Una mirada que desmonta la construcci\u00f3n de una femineidad pasada por la ley del Padre, cuestionando ese eterno femenino esencialista creado por la filosof\u00eda de los varones. <strong>Mirada que mata \u201cal \u00e1ngel del hogar\u201d, en palabras de Virginia Woolf.<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En consecuencia, <strong>la voz materna se presenta semi\u00f3ticamente en la narraci\u00f3n, y tiene la capacidad de transitar por tiempos, significaciones y modulaciones diversas, a las que solo es posible acceder por el defecto de sus contornos:<\/strong> \u201c\u00bfMadre?, exclaman frot\u00e1ndose los p\u00e1rpados. \u00bfEst\u00e1n limpias?, \u00bfest\u00e1n listas para salir?, pregunto olvidada del habla de nuestra madre en la pantalla. Quiero decir, digo, \u00bfest\u00e1is?, \u00bfest\u00e1is limpias y listas?\u201d, pregunta una de las tres voces que performan a \u201cMadre\u201d en <em>Funci\u00f3n Triple<\/em>. Falla que desatar\u00e1 la ira de las otras hermanas, por su no-coincidencia con la matriz deseada. Aqu\u00ed, \u201cMadre\u201d, \u201cmadrecita cachip\u00fan\u201d, es un aparato narrativo complejo. Una voz en plural que cuando est\u00e1 fuera de la narraci\u00f3n, habla por la tres, o a veces, solo por dos de ellas. El personaje excluido se vuelve entonces una voz intradieg\u00e9tica, sin que podamos identificar claramente si quien nos habla es la hija primera, la gemela o la trilliza, ya que en su ominoso juego van cambiando siempre de posici\u00f3n: \u201cT\u00fa eres la segunda, te toca a ti. No es cierto, yo sal\u00ed tercera; soy la por minutos menor. Ser\u00e1s t\u00fa la primog\u00e9nita\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De manera similar, la simbiosis narrativa que se da entre la protagonista de <em>Hambre Perra<\/em> y, su perra, \u201cla Negra\u201d, tiene momentos en los que no se distingue el cuerpo de la una o de la otra. No se diferencian las cr\u00edas de sus amas, ni la leche que las alimenta: \u201cNo soy yo, es mi cuerpo el que amamanta a la negra y a la criatura que desde hace unas horas lleva dentro\u201d. En esta paradoja, la leche materna se vuelve vinculante, un fluido que sale de una y entra a la otra, desdibujando cualquier distinci\u00f3n entre especies, lo que nos lleva a preguntarnos hasta qu\u00e9 punto la construcci\u00f3n de la alteridad femenina en lo animal, es tambi\u00e9n es cultural. La mujer, en su diferencia sexual, ha sido narrada hist\u00f3ricamente o por los mitos, o por el naturalismo biologicista, lo que la ubica del lado sagrado de la naturaleza, o del lado feroz de lo primitivo: \u201cNegra es la perra, la madre, la noche y el hambre; perra es el hambre, pero tambi\u00e9n, el t\u00e9rmino que designa a la prostituta, a la madre de la narradora y a ella misma en el relato\u201d (Girona 2021).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Por otro lado, la negritud (del pelo, de las lenguas, de los agujeros), al igual que la oscuridad y la noche, emergen como escenario de lo siniestro en los cuentos de Meruane<\/strong>. Un recurso que nos recuerda el universo literario de Bola\u00f1o. \u201cAhora s\u00ed el cielo se trag\u00f3 la luz\u201d, le dice \u201cCarlota\u201d al \u201cCucho\u201d, su hermano menor y narrador de <em>La Huesera<\/em>, cuando al fin saltan la reja que les imped\u00eda llegar al destino que tanto anhelaban. Este ser\u00e1 el \u00fanico relato en el que la noche se convierte en un espacio festivo, mientras que la tarde encarna la fatalidad del viaje que cruza la ciudad. Los protagonistas son hermanos y necesitan con premura conseguir el brebaje para la celebraci\u00f3n que han planeado. Deben hacerlo antes de que caiga \u201cel lumicio de noche, como el solsticio de tarde\u201d. Ambos, amantes del circo, deciden convertirse en estatuas vivientes para conseguir las monedas suficientes, pero el acting resulta fallido, tan fallido como sus infancias. Sin embargo, Carlota est\u00e1 decidida: llegar a destino es prioritario. Bajo un perverso consentimiento obligatorio, ser\u00e1 ella la que ponga el cuerpo (su cuerpo, infestado de mocos y alergia), como transacci\u00f3n para obtener la bebida que animar\u00e1 la celebraci\u00f3n. El \u201cCucho\u201d petrificado, solo oir\u00e1 a su hermana \u201caullar como perro perdido en la plaza\u201d. Finalmente, Carlota, que ha resistido \u201ccon su voz quebrada y su sudor de fiebre\u201d, lo consigue. Por fin, llegan al lugar donde est\u00e1n sus padres y se llenan la boca de papas fritas, chicle y vino. Engullen su momento de libertad. Ella cacarea de risa, con la misma felicidad que se tiene cuando se est\u00e1 en la cama de los padres. Y baila, baila para regular todo lo que su cuerpo ha resistido. Una fiesta que acabar\u00e1 cuando amanezca.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El libro es as\u00ed una antolog\u00eda que ofrece m\u00faltiples accesos de an\u00e1lisis, en que habr\u00e1 tambi\u00e9n relatos en que los personajes no tienen carencias afectivas, ni tampoco padecen hambre, esa que retuerce las tripas, sino que el motivo que desate la avidez ser\u00e1 el hambre sexual. En <em>Varillazos<\/em>, hay una b\u00fasqueda por un castigo que promete ser tan excitante como el intercambio de vestimentas entre las y los personajes, j\u00f3venes de un colegio acomodado. Meruane juega aqu\u00ed con el erotismo que adquiere la performatividad del g\u00e9nero y el placer de enga\u00f1ar las normas que impone la instituci\u00f3n escolar y religiosa. Asimismo, en <em>Hojas de Afeitar<\/em>, las protagonistas son dos adolescentes que comparten el deseo desenfrenado por el vello corporal, pero sobre todo el riesgo placentero de afeitarlo. La navaja afilada tocando la piel, y la excitante posibilidad de abrir esa piel. Un ritual que repiten semanalmente en el ba\u00f1o del colegio, aguardando con las mismas ansias con las que se esperan los encuentros sexuales en la adolescencia. La hoja filuda con la que pelan sus piernas, sus brazos y sus nalgas, servir\u00e1 tambi\u00e9n para pelar los membrillos del recreo y guardar las c\u00e1scaras que calmen el ardor. <strong>Personajes en los que el lugar de la enunciaci\u00f3n emana justo en el margen de lo que es aceptable dentro de la cultura, y, por supuesto, del colegio ingl\u00e9s donde ocurre la historia.<\/strong> Limite que se rompe cuando aparece en escena la compa\u00f1era nueva, \u201cPilar\u201d, a la que someter\u00e1n de manera violenta, motivadas por la excitaci\u00f3n incontrolable que les provoca la abundancia de pelos que le rasurar\u00e1n hasta ver su precioso pubis \u201cnegro e hinchado\u201d, de donde sale una enorme lengua que desata a\u00fan m\u00e1s el placer y la pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La deriva er\u00f3tica, tambi\u00e9n, es recurrente en el libro, por ser un desv\u00edo posible en las maneras en que opera el cuerpo, que, como dice la autora, \u201ctiene sus propias econom\u00edas libidinales\u201d (Robleblog: \u201cLa avidez de Lina Meruane\u00bb). <strong>Adem\u00e1s, confiesa que cuando escribe cuentos, no tiene mucho control sobre el relato, ya que para ella en la ficci\u00f3n no siempre se est\u00e1 siguiendo a los personajes.<\/strong> Lo er\u00f3tico est\u00e1 muy presente en <em>Lo Profundo,<\/em> donde su protagonista, \u201cMirta\u201d, se niega a cerrar la herida que ha quedado en su abdomen luego de una cirug\u00eda. Un agujero insondable, repugnante de pelos y pus, pero que en el relato se teje simult\u00e1neamente con la descripci\u00f3n deliciosa de las pantys rotas y la u\u00f1a quebrada de la secretaria del hospital, que rega\u00f1a a Mirta por tel\u00e9fono porque no ha ido a cerrar su agujero, el que ella milagrosa y sexualmente transformar\u00e1 en una m\u00e1quina de hacer dinero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, la ciudad, como espacio donde ocurren los hechos, aparece como un exterior ca\u00f3tico, aunque en algunos casos \u2013como en <em>Paltos Sucios<\/em> o <em>Tan Preciosa su piel<\/em>\u2013 es el espacio interior, dom\u00e9stico, el que se vuelve amenazante. Ahora bien, la ciudad no siempre es una referencia directa a un territorio espec\u00edfico, como en el viaje de las orfandades de <em>La Huesera<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En <em>Ay<\/em>, el \u00faltimo de los cuentos, la ciudad evoca a Santiago de Chile, aunque esta nunca se nombra. Pero lo intuimos, por las manadas de gente que rebalsan los paraderos esperando la micro y su velocidad. Ansiosas por volver a casa, no tendr\u00e1n piedad con quien se salte la fila: \u201cY las secretarias juraron arrancarte los ojos con los tacones de sus zapatos, y los escolares agarraron piedras, y las madres, tambi\u00e9n las madres con las guaguas llorando\u201d, le dice la madre sufriente a su hija \u00abAitana\u00bb, mientras le relata su accidente, o m\u00e1s bien, como ella imagina que fueron los hechos. Una madre que delira de dolor, que balbucea en el \u201cay\u201d, que pregunta si duele la neurosis y que no se alejar\u00e1 de su cr\u00eda putrefacta, hasta encontrar su mano mutilada, puesto que como nos recuerda Braidotti \u201cel cuerpo no es algo dado biol\u00f3gicamente, sino que es un campo de inscripci\u00f3n de c\u00f3digos sociosimb\u00f3licos: representa la materialidad radical del sujeto\u201d (2002, p.120).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>As\u00ed pues, la lucidez de una obra como Avidez radica no solo en su genialidad literaria, sino en que sus fabulaciones espejan las condiciones actuales de violencia y supervivencia<\/strong>. Miserias propiciadas por una estructura de poder abusiva, que enferma cuerpos y consume vidas. Porque si hay algo que la pluma de Meruane deja claro, es eso: que el cuerpo contin\u00faa siendo un \u201ccampo de batalla\u201d, la base de toda subjetividad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>Referencias Bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<h6>Braidotti, Rosi. <em>Sujetos n\u00f3mades<\/em>. Siglo XXI Editores, 2002.<br \/>\nDel Sarto, Ana. S<em>ospecha y goce: Una genealog\u00eda de la cr\u00edtica cultural en Chile.<\/em> Editorial Cuarto Propio, 2010<br \/>\nGirona, Nuria. \u00abLas lenguas del animal. F\u00e1bulas de la pobreza y la vida precaria\u00bb. <em>Estudios Filol\u00f3gicos<\/em>, vol. 67, 2021, Valdivia. SciELO, https:\/\/www.scielo.cl\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0071-17132021000100081.<br \/>\n\u00abRobleblog: La avidez de Lina Meruane.\u00bb <em>Robleblog<\/em>, Caro y Cuervo, https:\/\/cycradio.caroycuervo.gov.co\/robleblog-la-avidez-de-lina-meruane\/.<br \/>\nKristeva, Julia. <em>Poderes de la perversi\u00f3n: Ensayo sobre la abyecci\u00f3n.<\/em> Ediciones Siglo XXI, 1980.<\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00abSe iba levantando hacia nosotras, esa lengua lampi\u00f1a. Lanzamos lejos las hojas de afeitar y nos inclinamos a besarla y nos besamos con asco, con ansias, con furiosa avidez\u00bb. 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