{"id":16857,"date":"2025-02-01T03:14:58","date_gmt":"2025-02-01T03:14:58","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=16857"},"modified":"2025-02-18T03:12:10","modified_gmt":"2025-02-18T03:12:10","slug":"cuento-el-ablandador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/02\/01\/cuento-el-ablandador\/","title":{"rendered":"Cuento: El Ablandador"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><em>No es raro que un hombre, al ser intimidado de una manera sin precedentes, irracional y violenta, vea c\u00f3mo sus creencias m\u00e1s firmes comienzan a tambalearse<\/em><\/h4>\n<h4 style=\"text-align: right;\">(Herman Melville)<\/h4>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">El fiscal Tamayo contaba a lengua trabada el hecho reciente, en tanto que el periodista, el \u00fanico que apareci\u00f3 en la escena, apuntaba en un cart\u00f3n de cigarros con un l\u00e1piz masticado. Era media noche en S\u00e1nchez Del Chivo donde lo corriente era el robo de reses y chiquillos fornicando en la ca\u00f1ada antes de llegar al vado, pero no eso que acababa de ocurrir. De repente, Tamayo ahuec\u00f3 toscamente la falda del saco y abri\u00f3 la puerta. Al ver el cuerpo en el suelo el periodista sinti\u00f3 que las rodillas se le doblaban para atr\u00e1s y pidi\u00f3 a Tamayo la botellita que \u00e9ste siempre llevaba en el bolsillo secreto. Tamayo no le pregunt\u00f3 c\u00f3mo sab\u00eda sobre su debilidad por el aguardiente y de inmediato desenrosc\u00f3, sorbi\u00f3 ruidosamente y se la alcanz\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En el viejo patrullero, a media cuadra, esperaban Violante, \u00c1mbar y Tellez. Violante apoyado en el tim\u00f3n, fumaba como desde hac\u00eda semanas, uno tras otro cigarrillo mentolado, mientras \u00c1mbar vigilaba a Tellez, casi recostado en el asiento de atr\u00e1s. Desde que lo encontraron sab\u00edan que vigilarlo ser\u00eda una cuesti\u00f3n de protocolo antes que de oficio. A pesar de lo que hab\u00eda hecho, el detenido se mostraba tranquilo, consciente de lo que vendr\u00eda para \u00e9l m\u00e1s adelante; amable en su mirada y c\u00e1lido en su trato, limpio de actitudes o man\u00edas propias de un asesino de pel\u00edcula que era el \u00fanico referente que ten\u00edan los guardias del pueblo respecto de un criminal. Era gordo, sin embargo, ten\u00eda la cabeza peque\u00f1a. Ojos saltones, boca diminuta, ment\u00f3n en bolita, orejas carnosas, lentes de medida con marco de pl\u00e1stico, ambas patas sujetas con cinta de papel. Siempre en guayabera amarilla impregnada de un fuerte olor a sangre.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfVa a demorar mucho el doctor Tamayo?, pregunt\u00f3 Tellez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfTienes algo m\u00e1s que hacer? Dijo Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No, Manuel.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Ac\u00e1 soy detective Violante y Ricardo es detective \u00c1mbar, que te quede claro Ablandador!<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No me digas as\u00ed, soy Daniel Tellez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Eras, porque desde ahora te van a llamar diferente por lo que acabas de hacer, no se\u00f1or carnicero, ni Tellito, ni se\u00f1or Tellez, sino Ablandador, El Ablandador.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar mir\u00f3 a Tellez y le dijo que el fiscal Tamayo iba a demorar revisando la escena, que por ser la primera vez ten\u00eda que hacer apuntes para\u2026<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me parece que Tamayo es Juez de paz, interrumpi\u00f3 Tellez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para estos casos est\u00e1 autorizado, pero eso no te importa, Ablandador, dijo Violante. Est\u00e1s hasta el cuello.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00ed s\u00e9 Manuel\u2026 detective, s\u00ed s\u00e9 lo que me toca. Seg\u00fan el c\u00f3digo son quince a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfT\u00fa lees el c\u00f3digo?, pregunt\u00f3 Violante riendo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar hizo un gesto de resignaci\u00f3n y se rasc\u00f3 un costado de la cabeza.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es homicidio calificado, dijo Tellez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ni modo Ablandador, a lo hecho pecho, dijo Violante lanzando la colilla por la ventana y al cabo encendi\u00f3 otro cigarro.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfMe puedes invitar uno?, pregunt\u00f3 Tellez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante sacudi\u00f3 la cabeza: Despu\u00e9s de lo que hiciste, ni hablar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar no estaba de acuerdo. Palme\u00f3 la espalda de Violante y le dijo: D\u00e9jalo fumarse uno, por los viejos tiempos. Violante alz\u00f3 la mano sin voltear y Tellez cogi\u00f3 el cigarrillo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Te voy a permitir s\u00f3lo uno por los tiempos de mierda que se te vienen, Ablandador, dijo Violante, aunque s\u00e9 que despu\u00e9s me vas a pedir que te quite las marrocas, o que te ayude a escapar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1No!, dijo Tellez y chup\u00f3 con gusto, enseguida pas\u00f3 el cigarrillo a \u00c1mbar, pero \u00e9ste lo rechaz\u00f3. No era mi intenci\u00f3n escapar, \u00bfa d\u00f3nde ir\u00eda?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar le pregunt\u00f3 si acaso no ten\u00eda hermanas en la capital. Antes de alcanzar el pucho a Violante, Tellez chup\u00f3 extenso y dijo que s\u00ed, un hermano muerto en el atentado contra el Gobernador Venero y tres hermanas sin oficio, todos mayores, pero \u00e9l ni loco que ir\u00eda a un lugar tan grande:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mucho para ver y muchos vi\u00e9ndolo a uno.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las pocas veces que estuvo se sinti\u00f3 absorbido por una sensaci\u00f3n de abandono y cierto p\u00e1nico al desconocimiento de lo que podr\u00eda estar aguardando por \u00e9l a la vuelta de la esquina. \u00abCalles multiplic\u00e1ndose como ganado a cada paso, edificios con barrotes en las ventanas, como c\u00e1rceles, avenidas corriendo como r\u00edos negros y sobre \u00e9stos un cambalache de comercios y ambulantes atacando como en la guerra, montados en sus carretillas descachalandradas que gritan un clamor ferroso que asusta\u00bb<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfComerciantes atacando? Pregunt\u00f3 \u00c1mbar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No me gustan las ciudades violentas, dijo Tellez, y Violante escupi\u00f3 el humo en una bulliciosa carcajada. \u00c1mbar dijo que lo l\u00f3gico era escapar, se pregunt\u00f3 por qu\u00e9 Tellez no lo hab\u00eda hecho.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El carnicero ley\u00f3 su gesto: No ten\u00eda planificado que me descubrieran, pero me gan\u00f3 el mal, dijo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>De repente, apareci\u00f3 Tamayo sorteando con dificultad las piedras de la trocha, casi cargando al periodista.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>A ver, Manuelito, dijo revolviendo el dedo para que \u00e9ste bajase la luna del carro; van a pedir permiso a sus mujeres porque esto va a demorar, voy a ir con este se\u00f1or al juzgado a recoger unos papeles y volvemos en lo que canta un gallo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El periodista, un muchacho de cabeza angulosa y maneras de ni\u00f1o, asinti\u00f3 y sigui\u00f3 el paso tambaleante de Tamayo hacia la oscuridad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1No se puede hacer nada bien!, dijo Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar pidi\u00f3 a Tellez seguir con su relato.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me gan\u00f3 el mal Ricardo, no quer\u00eda que mi esposa sintiera dolor, por supuesto, pero ten\u00eda que irse, era lo justo por lo que me hizo, pero no de esa forma tan dolorosa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante exhal\u00f3 enfadado, pero no interrumpi\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En la tarde cerr\u00e9 el puesto en el mercadillo y por los nervios olvid\u00e9 el \u00abSabor a m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfPensabas darle veneno? \u00a1Miserable!, dijo Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00ed, pensaba darle, pero alguien me dijo que si le agregaba chumbe, cotilpa, y citronela para el olor, Marta no sufrir\u00eda, se dormir\u00eda y listo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n te dijo eso?, pregunt\u00f3 Violante<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No importa qui\u00e9n proporciona el arma, detective, sino qui\u00e9n la dispara<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Entonces eso confirma que no has le\u00eddo un carajo del c\u00f3digo!<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez no respondi\u00f3 y continu\u00f3 su relato: al d\u00eda siguiente me despertar\u00eda como todos los d\u00edas, dej\u00e1ndola dormida en la cama, tomar\u00eda mi desayuno y al salir encontrar\u00eda al lechero Ganoza dici\u00e9ndome: \u00bfYa est\u00e1 despierta la Marta? Y yo le dir\u00eda: Sigue privada como un oso, a ver si te escucha. Pero, como ya dije, olvid\u00e9 la sustancia. Entonces pens\u00e9 posponer lo que iba a hacer, pero en la plaza me cruc\u00e9 con El Andaluz y fue cuando el mal me gan\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar, algo nervioso, pregunt\u00f3 si s\u00f3lo fue por celos, sin embargo, Violante exigi\u00f3 a Tellez repetir los efectos de la mezcla.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se queda dormida, detective Violante; si hay vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, quiero pensar que entonces Martita vivir\u00e1 so\u00f1ando por la eternidad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Eso es absurdo!, dijo \u00c1mbar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante hizo un largo silencio. Tellez enjug\u00f3 el sudor de su cara contra el hombro. \u00c1mbar contempl\u00f3 a Violante que estiraba lentamente los brazos sobre la consola del carro hasta marcarse el emblema del tim\u00f3n en la frente. Los lloriqueos de Tellez parec\u00edan el crujir del vidrio, se oy\u00f3 tambi\u00e9n el chirriar de las marrocas que le ajustaban m\u00e1s de la cuenta, y el sorber atropellado de su diminuta nariz. Violante no quer\u00eda pensar en lo que vendr\u00eda. Esa misma noche, horas antes, Avelino Feo, lo busc\u00f3 en su casa y le dio el recado de Daniel Tellez. \u00bfA d\u00f3nde vas? le pregunt\u00f3 Obdulia, su mujer, pero Violante no respondi\u00f3, hac\u00eda semanas que no le hablaba por el tema de la perfumer\u00eda. Con su pensamiento de vuelta en el patrullero Violante dijo a Tellez:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Entonces \u00bfle diste s\u00f3lo un golpe con el ablandador?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00ed, en la nuca, y te mand\u00e9 llamar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y dime \u00bfdesde cu\u00e1ndo tu mujer se encamaba con El Andaluz?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez dijo que antes de llegar a los cuarenta su esposa no hab\u00eda necesitado oler bien para nadie, aunque sonara extra\u00f1o, a Marta Tellez la seduc\u00eda m\u00e1s el tufo de la menudencia, el mondongo, la lengua y el ri\u00f1\u00f3n. \u00c1mbar arrug\u00f3 la frente y dilat\u00f3 las fosas en un gesto simiesco. Seg\u00fan su marido, Marta Tellez hubiera descrito su prurito por la fetidez como una forma de admiraci\u00f3n al carnicero, quien le perdon\u00f3 tener la matriz m\u00e1s seca que una penca, a pesar de ser joven. El carnicero Tellez quer\u00eda tener ni\u00f1os, por supuesto, pero Marta era para \u00e9l la vida, as\u00ed que decidi\u00f3 vivir sin la \u00absagrada compa\u00f1\u00eda de los cr\u00edos\u00bb. As\u00ed pasaron los a\u00f1os. Daniel y Marta Tellez se resignaron a la ausencia en compa\u00f1\u00eda. Para ambos fue doloroso, pero s\u00f3lo Daniel hizo un estoico ritual de renuncia. Meti\u00f3 los huevos en una taza de toronjil hirviente y se declar\u00f3 un cuarent\u00f3n con el destino marcado por su propia voluntad. Al principio los esposos hicieron lo que todos en tales condiciones, se enmascararon en un \u00edmpetu juvenil de dos chiquillos que recorren el mundo haciendo autostop, derritiendo bajo el calor de todas sus voluptuosidades el poco cobre que ten\u00edan, celebrando la ausencia de responsabilidades o embarc\u00e1ndose a conciencia en un naufragio. Sin embargo, la suerte les lleg\u00f3 en el preciso momento en que hab\u00edan perdido el rumbo. El padre de Daniel Tellez, un viejo carnicero que nunca ech\u00f3 la carne al asador sin antes escrutar con lupa la totalidad de sus estr\u00edas, se convirti\u00f3 en un recipiente parlante de cientos de par\u00e1sitos de puerco. \u00abParadoja\u00bb, dijo el viejo Tellez en su lecho de muerte, se\u00f1alando el pil\u00f3n de barril que conectaba su cuerpo a una v\u00e1lvula que ya no lograba drenar el universo de trichinella que lo hab\u00eda pose\u00eddo. As\u00ed Daniel Tellez se hizo carnicero y Marta Tellez una ama de casa que jur\u00f3 vivir para amar a su marido, aunque el destino volviese a conjurar. Conscientes del privilegio que significa recibir una gran oportunidad en un pueblo de mierda sembrado de tolvas y cascajales, propiciaron con esfuerzo el crecimiento del negocio que nunca consider\u00f3 la expansi\u00f3n. En sus ratos libres, que eran pocos, hicieron sobrios y breves viajes a la frontera regional, a Yerbabuena: Las playas v\u00edrgenes de S\u00e1nchez; asistieron obsequiosos a cenas con sus m\u00e1s cercanos amigos, entre ellos \u00c1mbar y Violante; almuerzos, ceremonias de aniversario donde apenas llegaban al medio litro de cerveza. Pensaron adoptar un ni\u00f1o en la ciudad, pero r\u00e1pidamente desistieron, ah\u00ed fue Marta la que hizo un ritual. Sinti\u00e9ndose curados de sus anhelos compraron un perro al que llamaron Ep\u00edlogo y al que adoraron con <em>adolescencial<\/em> euforia, pero a las pocas semanas termin\u00f3 como un rollo de carne casi soldado a la defensa del Jeep de Octavio Dongo, un arrocero del valle. \u00abSup\u00f3n que no era un perro, sino nuestro hijo\u00bb \u2026. \u00ab\u00a1C\u00e1llate, Daniel!\u00bb, dijo Marta arrancando las hilachas sangrantes que quedaban del peque\u00f1o animal. Despu\u00e9s de enterrar al perro en las pampas de La Balanza agradecieron no tener hijos. Esa misma noche, no saben por qu\u00e9, tuvieron relaciones en posiciones tales y se tiraron abajo el mosquitero del dormitorio. En adelante la vida continu\u00f3 con la misma consciencia de privilegio hasta el d\u00eda que Marta adquiri\u00f3 un inusual olor a bergamota que la acompa\u00f1\u00f3 todo el lunes. Al d\u00eda siguiente almizcle blanco que, llegado el mi\u00e9rcoles, cambi\u00f3 a peon\u00eda y a jazm\u00edn el jueves, s\u00e1ndalo el viernes, jacinto el s\u00e1bado y en la misa del domingo el padre Villasante no la confesar\u00eda sin antes conocer la marca del perfume que estaba usando&#8230; \u00abVolupt\u00e9\u00bb, dijo la esposa del carnicero del pueblo. Llegado el lunes sus olores torcieron a un fuerte y dom\u00e9stico efluvio marino.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1\u00bfQu\u00e9 hubieran hecho ustedes en mi lugar si sus mujeres\u2026? \u00a1Pon! La cabeza de Tellez golpe\u00f3 contra la lata tras recibir un culatazo de Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1No te atrevas a mencionarlas, asesino de mierda!, dijo y baj\u00f3 del patrullero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar se frot\u00f3 la cara y s\u00fabitamente se acerc\u00f3 a Tellez:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no me hiciste llamar a m\u00ed antes que a Violante?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez abri\u00f3 los ojos, agit\u00f3 la cabeza y torci\u00f3 la cara en una sonrisa cansada. Un punto de luz se encendi\u00f3 en la oscuridad. Violante acababa de encender otro cigarro que fum\u00f3 a medias mirando al cielo. Segundos despu\u00e9s entr\u00f3 al patrullero enmascarado en una nube de humo. Tellez se quiso disculpar con \u00e9l, pero \u00c1mbar lo interrumpi\u00f3 proponiendo a Violante llevar al detenido a la comisar\u00eda, ya que sospechaba que Tamayo y el periodista no volver\u00edan.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ha pasado tiempo suficiente Manuel, ya sabemos c\u00f3mo es esto\u2026 Deben estar en el bar de Rubirosa, arranca.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfEntonces le metiste Chumbe, Cotilpa y qu\u00e9 m\u00e1s? Pregunt\u00f3 Violante con la mirada al frente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez dijo que s\u00ed, una infusi\u00f3n de las dos primeras y una pasta de Citronela que deb\u00eda ser molida en piedra.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 dices Manuel?, intervino \u00c1mbar<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante se tir\u00f3 contra el espaldar del asiento haciendo crepitar el cuero y se pein\u00f3 con ambas manos los parietales, luego ech\u00f3 una larga exhalaci\u00f3n que parec\u00eda una serpiente bajo la luz cuprosa de la bombilla. \u00c1mbar vio eso y trat\u00f3 de esconder la cara en su propio reflejo contra la ventana. Tellez sinti\u00f3 que grado a grado el ardor en las mu\u00f1ecas aplacaba. El silencio se prolong\u00f3 en el sal\u00f3n del patrullero. \u00c1mbar pens\u00f3 en coger su pistola y salir corriendo, a \u00e9l s\u00ed le gustaba la vida en la ciudad, la libertad; hab\u00eda nacido en la quinta Vaca, en el pasaje de los curanderos que est\u00e1 a dos cuadras de la Plaza Mayor de Luenga, palabra que nunca pudo pronunciar correctamente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante encendi\u00f3 otro cigarro y busc\u00f3 el reflejo de \u00c1mbar en un pa\u00f1o nuboso que se hab\u00eda formado en el vidrio. De repente cogi\u00f3 el tim\u00f3n y pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n hace guardia hoy en el mercado?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00c1mbar cruz\u00f3 los brazos y cerr\u00f3 los ojos arrugando la frente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Cocoli! Dijo Tellez entusiasmado, y ya sabes que es una tumba.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante arranc\u00f3. Desconcertado, \u00c1mbar quiso preguntar si lo que estaba pasando, realmente estaba pasando, pero de haberlo hecho hubiera quedado como un pelele frente a sus amigos que conoc\u00edan sus vidas al derecho y al rev\u00e9s. \u00c1mbar sinti\u00f3 miedo y al mismo tiempo se compadeci\u00f3 de Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Yo no voy Manuel, yo me bajo ac\u00e1 y me busco una coartada en el acto.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante sujet\u00f3 firmemente el tim\u00f3n y con el otro brazo zaf\u00f3 un duro rev\u00e9s sobre la cabeza de \u00c1mbar forzando una curva en la oscuridad para evitar estrellarse en la ca\u00f1ada. La expectativa carcom\u00eda de felicidad a Tellez. \u00c1mbar meti\u00f3 la cabeza entre las rodillas tratando de unir el boquete que le hab\u00eda abierto Violante con el engaste del anillo. Sac\u00f3 un pa\u00f1uelo, lo dobl\u00f3 e hizo presi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00edtenme las marrocas por favor, se los ruego!, dijo Tellez excitado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los polic\u00edas no le hicieron caso. Afuera la cortina de polvo ascend\u00eda enrojecida por los faros del patrullero. Violante retom\u00f3 la marcha sobre la trocha. Minutos despu\u00e9s aparcaron a espaldas del mercado. \u00c1mbar repasaba las indicaciones que le dio Tellez, mientras Violante explicaba a Cocoli lo que es capaz de hacer un calibre 38 en el culo de un ser humano.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2026Y usted jefe no sabe lo que es capaz de hacer esto con un calibre Godzilla, respondi\u00f3 Cocoli acarici\u00e1ndose el culo con el gigantesco candado de la cancela.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Violante volvi\u00f3 al patrullero y \u00c1mbar fue al quiosco de Tellez en busca del preparado de chumbe, cotilpa y citronela. A los minutos subi\u00f3 al patrullero sin decir palabra, sac\u00f3 la botella de la bolsa y dijo: \u00a1Conforme! Enseguida Violante encendi\u00f3 el motor. En el camino Tellez volvi\u00f3 a pedir que le quitaran las marrocas y sus amigos volvieron a ignorarlo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo voy a sacar el veneno? Insisti\u00f3.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>S\u00f3lo una d\u00e9bil bombilla iluminaba la entrada de la casa. No era la primea vez que \u00c1mbar abr\u00eda la puerta de Tellez, la cerradura estaba tan aceitada que \u00abpodr\u00eda abrirse con una hoja de laurel\u00bb dec\u00eda. Nuevamente en el patrullero, recostado sobre el espaldar y listo para un nuevo golpe, \u00c1mbar dijo que los acompa\u00f1aba hasta ah\u00ed y que verdaderamente podr\u00eda conseguir una coartada\u2026 \u00a1Crec! Violante quit\u00f3 el seguro a su pistola y apret\u00f3 el ca\u00f1\u00f3n contra la frente de \u00c1mbar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esto se acaba en un par de horas. Ahorita Obdulia, en seguida El Andaluz\u2026 A ese perfumero de mierda s\u00ed le va a doler, dijo Violante.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No te vas a arrepentir Manuel, incluso si lo har\u00edas como yo hice, dijo Tellez\u2026 y \u00a1paf! Violante dispar\u00f3 su rev\u00f3lver a la lata del techo, muy cerca de la cabeza del carnicero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Aparcaron a dos calles de su casa. Violante y \u00c1mbar dejaron el patrullero y echaron llave a las puertas. Tellez daba fuertes cabezazos a las lunas y gritaba que sus manos y cuello empezaban a adormecerse:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00edtenme las marrocas mierda!<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s las primeras luces del d\u00eda llenaron el carro de un cobre chill\u00f3n que hizo despertar a Tellez quien, hasta hoy, asegura que ese resplandor fue el que lo devolvi\u00f3 de la muerte.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1En la casa de Violante! grit\u00f3 en cuanto vio a Tamayo y al periodista pasar abrazados por la calle, sin rumbo, montando y desmontado la vereda, andando y desandando el empedrado que se hac\u00eda tierra conforme se acercaba a la ronda. Tamayo abri\u00f3 la puerta y cogi\u00f3 la pistola del asiento en cuanto vio que Tellez no ten\u00eda marrocas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Las manos arriba, carnicero! dijo, buscando con la mirada al periodista que se hab\u00eda alejado para mear contra un bajo de carrizos, apoyando la cara al muro de adobe.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez vio sus manos libres y salt\u00f3 del asiento. Tamayo percut\u00f3 muy cerca con los ojos cerrados. Tras el disparo la oreja de Tellez termin\u00f3 como una loncha quemada sobre el empedrado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El siguiente es el certero, dijo Tamayo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tellez alz\u00f3 los brazos, conteniendo la hemorragia con su hombro derecho. \u00a1Est\u00e1n en la casa de Violante!, dijo enseguida.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me lo imaginaba, respondi\u00f3 Tamayo, luego cogi\u00f3 la pistola con la otra mano y sin dejar de apuntar se meti\u00f3 los cinco dedos zurdos a la garganta. Tellez jura que no vio caer vomito alguno, sino un pedazo de un h\u00edgado. Ya sin el v\u00e9rtigo que le hac\u00eda sentir la cara como un guante puesto al rev\u00e9s, Tamayo oblig\u00f3 a Tellez avanzar hasta el final de la calle, donde le hizo abrazar el poste y enseguida le coloc\u00f3 las marrocas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Luego de ver la escena en casa de Violante no fue necesario meterse los dedos para provocarse otro v\u00f3mito. Tamayo escupi\u00f3 s\u00fabitamente la otra mitad del h\u00edgado sobre el cuerpo de la se\u00f1ora Violante que parec\u00eda una caricatura saltando al vac\u00edo. Tamayo tambi\u00e9n salt\u00f3 sobre el sill\u00f3n cuando las suelas de sus zapatos empezaron a deslizarse incontrolablemente sobre la sangre. Seg\u00fan la pericia expr\u00e9s del juez de paz, la primera en caer habr\u00eda sido la se\u00f1ora Obdulia Violante luego de ese \u00fanico tiro en la frente. La suerte del marido hubiera sido la misma que la de Ricardo \u00c1mbar ya que su anhelo, despu\u00e9s de percutar, era tambi\u00e9n morirse, pero no con el mismo dolor que seguramente sintieron su esposa y su amigo. Violante fue a la cocina, ech\u00f3 \u00abSabor a m\u00ed\u00bb en una segunda taza que s\u00ed pudo sostener esta vez, y disolvi\u00f3 con dificultad la mezcla por la tembladera en las manos: chumbe, cotilpa, y citronela (receta que \u00c1mbar conoc\u00eda desde que fue infante en la quinta Vaca y proporcion\u00f3 al carnicero para su macabro fin. \u00abGracias amigo\u00bb, le dijo \u00e9ste y \u00c1mbar cogi\u00f3 sin verg\u00fcenza el billete de cien que le desliz\u00f3 bajo la mesa del bar).<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La habitaci\u00f3n ol\u00eda a perfume, pero los rayos de sol que empezaban a escanciar por las junturas de las tablas pon\u00edan en predominancia la sangre. Tamayo baj\u00f3 del sill\u00f3n y fue a saltos hasta la cocina, dio una patada al cuerpo de Violante que estaba en posici\u00f3n fetal, palma contra palma aprisionadas entre sus rodillas. Su sonrisa lo vivificaba. En el ba\u00f1o encontr\u00f3 a \u00c1mbar amortajado en papel higi\u00e9nico y sangre, como una momia de feria. Tamayo vomit\u00f3 una tromba de aire esta vez, y ya en la calle, un sanco de bilis luego de ver que la esquina estaba vac\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a1Telleeez!<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El periodista recostado en la vereda se hac\u00eda visera con la mano al tiempo que acariciaba a un perro callejero.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esas cosas pasan doctor.<\/p>\n<p><\/p>\n<h4>*Foto principal: Jhonatan Segura<\/h4>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es raro que un hombre, al ser intimidado de una manera sin precedentes, irracional y violenta, vea c\u00f3mo sus creencias m\u00e1s firmes comienzan a tambalearse<br \/>\n(Herman Melville)<\/p>\n","protected":false},"author":468,"featured_media":16858,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[3673,402,685,3672,40],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-16857","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-persiana-americana","tag-arequipa","tag-creacion","tag-cuento","tag-jhonatan-segura","tag-peru"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16857","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/468"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=16857"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/16857\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16858"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=16857"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=16857"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=16857"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=16857"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=16857"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}