{"id":17672,"date":"2025-05-20T15:11:22","date_gmt":"2025-05-20T15:11:22","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=17672"},"modified":"2025-05-20T15:12:18","modified_gmt":"2025-05-20T15:12:18","slug":"discurso-los-insurrectos-irredentos-del-mundo-y-algunos-apuntes-en-torno-a-vargas-llosa-el-joven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/05\/20\/discurso-los-insurrectos-irredentos-del-mundo-y-algunos-apuntes-en-torno-a-vargas-llosa-el-joven\/","title":{"rendered":"Discurso: \u00abLos insurrectos irredentos del mundo\u00bb y algunos apuntes en torno a Vargas Llosa el joven"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">\u2026El artista es un complot dice Graciela a la sala alunada repleta de acad\u00e9micos ojerosos. Aunque perfectamente pudo haber dicho \u201cLa literatura es fuego\u201d, tal como Mario Vargas \u2015el joven\u2015 profiri\u00f3 en un discurso incendiario en Caracas (hay que considerar la existencia de por lo menos un universo paralelo \u2015cifra aunque menor no desestimable\u2015 en que Mario sigue leyendo a Fanon, y Gabo le pega un combo a Donoso por negarle una carcajada al mudito).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Un ponencista suelto en Bogota cap. Viii<\/p>\n\n\n\n<p>La guada\u00f1a sigue la siega de esa distante cosecha sembrada en la d\u00e9cada del treinta del siglo pasado y este oto\u00f1o fue el turno del casi nonagenario escritor peruano Mario Vargas Llosa. Su deceso es el del sexto premio Nobel latinoamericano; y tambi\u00e9n el del \u00faltimo referente vivo de aquella escena que elev\u00f3 la literatura regional al mote hiperb\u00f3lico y&nbsp; des-territorializado, aunque inequ\u00edvocamente occidental, de \u201cuniversal\u201d; asimismo, del miembro m\u00e1s longevo de ese turbulento y talentoso club de caballeros que signific\u00f3 el fen\u00f3meno comercial y cr\u00edtico del BOOM. Fallece la personalidad ya no de follet\u00edn; sino de telenovela; el joven encerrado por el padre en la academia militar en una jugada desesperada por purgar sus aspiraciones literarias, el sobrino que despos\u00f3 a su t\u00eda Julia y la dej\u00f3 para casarse con su prima hermana Patricia; y que hasta no hace mucho sostuvo una relaci\u00f3n con la socialit\u00e9 hispanofilipina Isabel Preysler, que inici\u00f3 semanas despu\u00e9s de celebrar sus bodas de oro con Patricia Llosa; que dur\u00f3 siete a\u00f1os y termin\u00f3 con puyas despechadas y un pu\u00f1ado de cuentos ponzo\u00f1osos por parte del por esos d\u00edas, Marqu\u00e9s de Vargas Llosa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desaparece del plano de la carnadura terrenal quien, de un combo certero -y sorpresivo seg\u00fan testigos del pu\u00f1etazo propulsado en el vest\u00edbulo de un cine mexicano-, entintara el ojo izquierdo y parte del p\u00f3mulo a Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, hecho que quebr\u00f3 de una vez y para siempre, el hueso de la amistad que sostuvieron los para ese entonces compadres y, con el tiempo, premios nobel latinoamericanos. Un incidente del que nunca se refirieron en entrevistas y que, aunque los bifurca en trayectos polares en el plano pol\u00edtico, no alcanz\u00f3 a mellar la admiraci\u00f3n literaria por parte del peruano a <em>Cien a\u00f1os de soledad <\/em>y su car\u00e1cter de obra capital de la est\u00e9tica vern\u00e1cula de la regi\u00f3n. Cinco a\u00f1os antes del altercado el reconocimiento al genio del colombiano se tradujo en un ensayo de m\u00e1s de seiscientas p\u00e1ginas que dedic\u00f3 a su narrativa y mediante el cual Vargas Llosa se doctor\u00f3 de la Universidad Complutense de Madrid. Un estudio que terminar\u00eda public\u00e1ndose bajo el nombre <em>Historia de un deicidio<\/em> (1971).&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tiene gracia que sus aniversarios de muerte queden en casillas tan cercanas en el calendario de abril; 13 el peruano y 17 el colombiano. Cuatro d\u00edas similares a las pintas desiguales de una pieza de domin\u00f3; o una ficha de macondo. Como fuere, me parece que la relaci\u00f3n debiese archivarse en las carpetas metaf\u00edsicas del principio de oposici\u00f3n en la literatura latinoamericana. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Muere tambi\u00e9n el candidato presidencial y tal vez uno de los m\u00e1s enconados intelectuales \u201corg\u00e1nicos\u201d al servicio de corrientes liberales de centro derecha y, en sus \u00faltimas intervenciones p\u00fablicas, de fuerzas pol\u00edticas nuevas de extrema derecha -fue el caso de su apoyo a la candidatura de Bolsonaro en Brasil y de Jos\u00e9 Antonio Kast en Chile y Keiko Fujimori en su propio pa\u00eds-, como si en su \u00faltima transfiguraci\u00f3n&nbsp; de provocador&nbsp;&nbsp;p\u00fablico hubiese rematado los trazos de un personaje err\u00e1tico, protagonista de su propia novela de (de)formaci\u00f3n ideol\u00f3gica, demasiado tenaz en su extrav\u00edo como para articular una trama coherente. Una ponderaci\u00f3n completa y cr\u00edtica del \u201cpersonaje pol\u00edtico\u201d en que se convirti\u00f3 Vargas Llosa durante el primer cuarto del siglo XXI, como miembro de \u201cla internacional reaccionaria\u201d y connotado adalid de los tanques de pensamiento globales (<em>thin tanks<\/em>), es la que pronuncia la periodista peruana Laura Arroyo que dejo enlazada&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.youtube.com\/watch?v=Wix-0FTKyZY&amp;t=144s\">aqu\u00ed<\/a> porque es de lo mejor que se ha escrito sobre el perfil neoliberal, elitista y de visos antidemocr\u00e1ticos que sostuvo el difunto hasta su muerte.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed y todo, se equivocan los que pegan su l\u00e1mina junto a la de Jorge Luis en el \u00e1lbum de la narrativa del XX ; porque si bien es cierto ambos van del lado derecho de la cancha, juegan en distintas posiciones y hasta distintos estadios -aunque siempre en primera divisi\u00f3n-. Uno de sus encuentros documentados fue a mitad de los ochenta y es relatado por Ricardo Piglia en una de sus conferencias literarias transmitidas por la tv p\u00fablica. El autor de La ciudad y los perros fue a visitar a Borges a su departamento. Un tanto perplejo ante la visi\u00f3n de la austeridad de su piso en el centro de Buenos Aires, con poco mobiliario y goteras que repicaban en ruidosas palanganas repartidas por la sala, le pregunt\u00f3 c\u00f3mo pod\u00eda ser que viviera as\u00ed. Pronto Borges lo despidi\u00f3 en la puerta, apostillando que los caballeros argentinos no acostumbraban hacer alarde. Al otro d\u00eda el escritor del Aleph coment\u00f3 que hab\u00eda recibido a un peruano que deb\u00eda trabajar en una inmobiliaria porque parec\u00eda muy interesado en que se mudara.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>*<\/p>\n\n\n\n<p>Es en el singular cruce de estas dos vetas -la del precoz y ambicioso novelista profesional y la del incansable proselitista pol\u00edtico- que convergen de forma algo esperp\u00e9ntica en su figura p\u00fablica- en donde parece oportuno rescatar un encuadre m\u00e1s o menos perdido de su trayectoria intelectual; uno que lo localiza en las coordenadas de un campo cultural latinoamericano emergente, que est\u00e1 volcado con entusiasmo en las tareas radicales que demandan las transformaciones revolucionarias de la d\u00e9cada de los sesenta -por entonces con el hito de la revoluci\u00f3n cubana como precioso sextante-.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablo del discurso que pronuncia el novelista peruano de 31 a\u00f1os al recibir el premio R\u00f3mulo Gallegos el a\u00f1o 1967 por La casa verde. Esto porque el texto que declama en la ceremonia de recepci\u00f3n en Caracas es una inflamada proclama sobre el destino del escritor en las sociedades latinoamericanas modernas. Refiri\u00e9ndose a \u00e9l, Emir Rodriguez Monegal escribe a prop\u00f3sito de su posterior circulaci\u00f3n por el pu\u00f1ado de revistas literarias que celebran la intervenci\u00f3n del autor, que es una alocuci\u00f3n que por fin rompe \u201ctal vez sin propon\u00e9rselo\u201d un tab\u00fa que era necesario transgredir; el de mencionar a Cuba en un acto oficial. Esto considerando que el escritor peruano, a\u00fan alineado con las prerrogativas revolucionarias, corr\u00eda el riesgo de, al aceptar el premio, consentir de forma impl\u00edcita el r\u00e9gimen que se lo otorgaba. Esto debido a que la presidencia de Ra\u00fal Leoni alcanza ese a\u00f1o su punto de m\u00e1xima tensi\u00f3n con Fidel Castro luego del fallido desembarco de guerrilleros entrenados en Cuba en las playas de Machurucuto. De ah\u00ed que Vargas Llosa agradezca profundamente el honor de este premio que acepta porque estima \u201cque no exige (\u2026) ni la m\u00e1s leve sombra de compromiso ideol\u00f3gico, pol\u00edtico o est\u00e9tico\u201d de su parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, el discurso contiene el germen de esa defensa sin&nbsp;concesi\u00f3n&nbsp;de la necesidad de la autonom\u00eda plena del oficio literario frente al poder. Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s ese oscuro hado de los escritores como agentes de sabotaje de la narrativa oficial que Vargas Llosa pronuncia como un sibilino y &nbsp;desasosegado credo, se expresar\u00e1 de forma explosiva con la detenci\u00f3n de&nbsp;Heberto Padilla en Cuba, un periodo de rigidez inquisidora en materia cultural que da inicio a lo que la propia historiograf\u00eda cr\u00edtica cubana calific\u00f3 como \u201cquinquenio gris\u201d y dividi\u00f3 a la escena intelectual y literaria en bandos irreconciliables.<\/p>\n\n\n\n<p>Su tono, repleto de desplantes desafiantes, desentona con la etiqueta inofensiva y amable que caracteriza el protocolo de este tipo de ceremonias, y ser\u00e1 la tesitura con la que&nbsp;Vargas Llosa module un discurso de aceptaci\u00f3n cuya confesada consigna consiste en \u201caguar la fiesta\u201d que supone su propia premiaci\u00f3n. Se trata de un documento escrito durante a\u00f1os \u00e1lgidos, en los que el compromiso con la causa de la lucha por la emancipaci\u00f3n de los pueblos oprimidos es adquirido con aut\u00e9ntico y filoso furor&nbsp;por el campo cultural literario latinoamericano y caribe\u00f1o. Ese pacto intransable que marca el convulso primer cuarto de la segunda mitad del siglo XX,&nbsp; permite a los escritores ocupar un proscenio universalista que es una \u201calternativa a la afiliaci\u00f3n partidista\u201d tradicional, desde el que tal como apunta la argentina Claudia Gilman en su estudio \u201cEntre la pluma y el fusil\u201d (2012) conservan una posici\u00f3n privilegiada para desarrollar un pensamiento cr\u00edtico. Se conforma as\u00ed un territorio ideol\u00f3gico com\u00fan, o como la autora propone, un \u201clugar simb\u00f3lico\u201d del intelectual como conciencia cr\u00edtica, bajo el cual \u201cmuchos de los escritores del periodo fundaron su legitimidad\u201d (73).<\/p>\n\n\n\n<p>El texto en ese sentido, no tiene desperdicio, y su punto de partida es por s\u00ed mismo un interesante anclaje a la inscripci\u00f3n de un canon moderno de la literatura latinoamericana; algo as\u00ed como una revisitaci\u00f3n de la par\u00e1bola del \u201cRey burgu\u00e9s\u201d de Rub\u00e9n Dar\u00edo en <em>Azul <\/em>(1888), en la que la figura del poeta muere aterida afuera del lujoso palacio del monarca burgu\u00e9s y su caprichosa e indiferente corte. Por eso es que durante las primeras l\u00edneas de su discurso Vargas Llosa evoca la imagen del poeta Carlos Oquendo de Amat (1905-1936) como ejemplo arquet\u00edpico del esp\u00edritu incansable y malogrado del artista local; de su triste y grandiosa proeza de crear en un medio en que la literatura es despreciada, cuando no derechamente ignorada. El poeta peruano, autor de <em>5 metros de poemas<\/em> (1929) -un magn\u00edfico libro-artefacto desplegable que al extenderse por completo cumple con la promesa que compromete el t\u00edtulo- funciona como el pivote para que su compatriota exprese la \u201cdiaria y furiosa inmolaci\u00f3n\u201d que se asume cuando se profesa la vocaci\u00f3n de escritor por estos lados de la tierra. As\u00ed, el poeta que tuvo miedo de ser \u201cuna rueda\/ un color\/ un paso\u201d, y que se dejo arrastrar por los sorochos l\u00edricos del lenguaje alucinado de las vanguardias, hasta despe\u00f1arse en la negrura de los \u201chachazos de tiempo\u201d transcurrido, ser\u00e1 la chispa que encienda el discurso que pronuncia su compatriota en Caracas. Combusti\u00f3n trepidante que en su llamarada m\u00e1s imponente llevar\u00e1 a Vargas Llosa el joven a asegurar que \u201cla literatura es fuego\u201d, advirtiendo de paso a las sociedades latinoamericanas presentes y futuras -incluidas las de corte socialista por las que apuesta- el peligro que entra\u00f1a la mera existencia de ese ser an\u00f3malo que es el escritor cuando hace de su oficio una barricada permanente. Con ello el discurso esboza la idea de la concepci\u00f3n del ejercicio literario latinoamericano como una insurrecci\u00f3n perenne contra el sosiego y el conformismo; una sublevaci\u00f3n consumada por el s\u00f3lo hecho de existir, como la florida maleza que crece entre las estrechas franjas que separan las veredas de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>Corre el a\u00f1o 1967, en febrero Bolivia promulga una nueva constituci\u00f3n. A principios de ese mismo mes muere Violeta Parra. Chile, Bolivia y M\u00e9xico suscriben el tratado de Tlatelolco, que rechaza la fabricaci\u00f3n de armas nucleares. En Cuba Fidel Castro declara la abolici\u00f3n de la propiedad intelectual, y a partir de ah\u00ed la revoluci\u00f3n publica y traduce textos t\u00e9cnicos sin pagar derechos de autor. En Mayo Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez publica Cien a\u00f1os de soledad, y Mario Vargas Llosa pronuncia este incendiario y poco conocido discurso al recibir el Premio R\u00f3mulo Gallegos que hoy rescatamos en memoria de ese joven impertinente y subversivo que fue por un breve instante de su carrera el Nobel peruano.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ya sin m\u00e1s, el discurso \u00edntegro:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"691\" height=\"691\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/05\/WhatsApp-Image-2025-04-23-at-11.07.24-PM-691x691-1.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-17673\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p>\u00abHace aproximadamente treinta a\u00f1os, un joven que hab\u00eda le\u00eddo con fervor los primeros escritos de Breton, mor\u00eda en las sierras de Castilla, en un hospital de caridad, enloquecido de furor. Dejaba en el mundo una camisa colorada y \u201cCinco metros de poemas\u201d de una delicadeza visionaria singular. Ten\u00eda un nombre sonoro y cortesano, de virrey, pero su vida hab\u00eda sido tenazmente oscura, tercamente infeliz. En Lima fue un provinciano hambriento y so\u00f1ador que viv\u00eda en el barrio del Mercado, en una cueva sin luz, y cuando viajaba a Europa, en Centroam\u00e9rica, nadie sabe por qu\u00e9, hab\u00eda sido desembarcado, encarcelado, torturado, convertido en una ruina febril. Luego de muerto, su infortunio pertinaz, en lugar de cesar, alcanzar\u00eda una apoteosis: los ca\u00f1ones de la guerra civil espa\u00f1ola borraron su tumba de la tierra, y, en todos estos a\u00f1os, el tiempo ha ido borrando su recuerdo en la memoria de las gentes que tuvieron la suerte de conocerlo y de leerlo. No me extra\u00f1ar\u00eda que las alima\u00f1as hayan dado cuenta de los ejemplares de su \u00fanico libro, encerrado en bibliotecas que nadie visita, y que sus poemas, que ya nadie lee, terminen muy pronto trasmutados en humo, en viento, en nada, como la insolente camisa colorada que compr\u00f3 para morir. Y, sin embargo, este compatriota m\u00edo hab\u00eda sido un hechicero consumado, un brujo de la palabra, un osado arquitecto de im\u00e1genes, un fulgurante explorador del sue\u00f1o, un creador cabal y empecinado que tuvo la lucidez, la locura necesarias para asumir su vocaci\u00f3n de escritor como hay que hacerlo: como una diaria y furiosa inmolaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Convoco aqu\u00ed, esta noche, su furtiva silueta nocturna, para aguar mi propia fiesta, esta fiesta que han hecho posible, conjugados, la generosidad venezolana y el nombre ilustre de R\u00f3mulo Gallegos, porque la atribuci\u00f3n a una novela m\u00eda del magnifico premio creado por el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes como est\u00edmulo y desaf\u00edo a los novelistas de lengua espa\u00f1ola y como homenaje a un gran creador americano, no s\u00f3lo me llena de reconocimiento hacia Venezuela; tambi\u00e9n, y sobre todo, aumenta mi responsabilidad de escritor. Y el escritor, ya lo saben ustedes, es el eterno aguafiestas. El fantasma silencioso de Oquendo de Amat, instalado aqu\u00ed, a mi lado, debe hacernos recordar a todos \u2014pero en especial a este peruano que ustedes arrebataron a su refugio del Valle del Canguro, en Londres, y trajeron a Caracas, y abrumaron de amistad y de honores- el destino sombr\u00edo que ha sido, que es todav\u00eda en tantos casos, el de los creadores en Am\u00e9rica Latina. Es verdad que no todos nuestros escritores han sido probados al extremo de Oquendo de Amat; algunos consiguieron vencer la hostilidad, la indiferencia, el menosprecio de nuestros pa\u00edses por la literatura, y escribieron, publicaron y hasta fueron le\u00eddos. Es verdad que no todos pudieron ser matados de hambre, de olvido o de rid\u00edculo. Pero estos afortunados constituyen la excepci\u00f3n. Como regla general, el escritor latinoamericano ha vivido y escrito en condiciones excepcionalmente dif\u00edciles, porque nuestras sociedades hab\u00edan montado un fr\u00edo, casi perfecto mecanismo para desalentar y matar en \u00e9l la vocaci\u00f3n. Esa vocaci\u00f3n, adem\u00e1s de hermosa, es absorbente y tir\u00e1nica, y reclama de sus adeptos una entrega total. \u00bfC\u00f3mo hubieran podido hacer de la literatura un destino excluyente, una militancia, quienes viv\u00edan rodeados de gentes que, en su mayor\u00eda, no sab\u00edan leer o no pod\u00edan comprar libros, y en su minor\u00eda, no les daba la gana de leer? Sin editores, sin lectores, sin un ambiente cultural que lo azuzara y exigiera, el escritor latinoamericano ha sido un hombre que libraba batallas sabiendo desde un principio que ser\u00eda vencido. Su vocaci\u00f3n no era admirada por la sociedad, apenas tolerada; no le daba de vivir, hac\u00eda de \u00e9l un productor disminuido y ad-honorem. El escritor en nuestras tierras ha debido desdoblarse, separar su vocaci\u00f3n de su acci\u00f3n diaria, multiplicarse en mil oficios que lo privaban del tiempo necesario para escribir y que a menudo repugnaban a su conciencia, y a sus convicciones. Porque, adem\u00e1s de no dar sitio en su seno a la literatura, nuestras sociedades han alentado una desconfianza constante por este ser marginal, un tanto an\u00f3nimo que se empe\u00f1aba, contra toda raz\u00f3n, en ejercer un oficio que en la circunstancia latinoamericana resultaba casi irreal. Por eso nuestros escritores se han frustrado por docenas, y han desertado su vocaci\u00f3n, o la han traicionado, sirvi\u00e9ndola a medias y a escondidas, sin porf\u00eda y sin rigor.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es cierto que en los \u00faltimos a\u00f1os las cosas empiezan a cambiar. Lentamente se insin\u00faa en nuestros pa\u00edses un clima m\u00e1s hospitalario para la literatura. Los c\u00edrculos de lectores comienzan a crecer, las burgues\u00edas descubren que los libros importan, que los escritores son algo m\u00e1s que locos benignos, que ellos tienen una funci\u00f3n que cumplir entre los hombres. Pero entonces, a medida que comience a hacerse justicia el escritor latinoamericano, o m\u00e1s bien, a medida que comience a rectificarse la injusticia que ha pesado sobre \u00e9l, una amenaza puede surgir, un peligro endiabladamente sutil. Las mismas sociedades que exilaron y rechazaron al escritor, pueden pensar ahora que conviene asimilarlo, integrarlo, conferirle una especie de estatuto oficial. Es preciso, por eso, recordar a nuestras sociedades lo que les espera. Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebeli\u00f3n, que la raz\u00f3n del ser del escritor es la protesta, la contradicci\u00f3n y la cr\u00edtica. Explicarles que no hay t\u00e9rmino medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creaci\u00f3n art\u00edstica y elimina de una vez por todas a ese perturbador social que es el escritor o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene m\u00e1s remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de iron\u00edas, de s\u00e1tiras, que ir\u00e1n de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del v\u00e9rtice a la base de la pir\u00e1mide social. Las cosas son as\u00ed y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguir\u00e1 siendo un descontento. Nadie que est\u00e9 satisfecho es capaz de escribir, nadie que est\u00e9 de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometer\u00eda el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocaci\u00f3n literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuici\u00f3n de deficiencias, vac\u00edos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrecci\u00f3n permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, d\u00edscola, fracasar\u00e1n. La literatura puede morir pero no ser\u00e1 nunca conformista.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo si cumple esta condici\u00f3n es \u00fatil la literatura a la sociedad. Ella contribuye al perfeccionamiento humano impidiendo el marasmo espiritual, la autosatisfacci\u00f3n, el inmovilismo, la par\u00e1lisis humana, el reblandecimiento intelectual o moral. Su misi\u00f3n es agitar, inquietar, alarmar, mantener a los hombres en una constante insatisfacci\u00f3n de s\u00ed mismos: su funci\u00f3n es estimular sin tregua la voluntad de cambio y de mejora, aun cuando para ello deba emplear las armas m\u00e1s hirientes y nocivas. Es preciso que todos lo comprendan de una vez: mientras m\u00e1s duros y terribles sean los escritos de un autor contra su pa\u00eds, m\u00e1s intensa ser\u00e1 la pasi\u00f3n que lo una a \u00e9l. Porque en el dominio de la literatura, la violencia es una prueba de amor.<\/p>\n\n\n\n<p>La realidad americana, claro est\u00e1, ofrece al escritor un verdadero fest\u00edn de razones para ser un insumiso y vivir descontento. Sociedades donde la injusticia es ley, para\u00edso de ignorancia, de explotaci\u00f3n, de desigualdades cegadoras de miseria, de condenaci\u00f3n econ\u00f3mica cultural y moral, nuestras tierras tumultuosas nos suministran materiales suntuosos, ejemplares, para mostrar en ficciones, de manera directa o indirecta, a trav\u00e9s de hechos, sue\u00f1os, testimonios, alegor\u00edas, pesadillas o visiones, que la realidad est\u00e1 mal hecha, que la vida debe cambiar. Pero dentro de diez, veinte o cincuenta a\u00f1os habr\u00e1 llegado, a todos nuestros pa\u00edses como ahora a Cuba la hora de la justicia social y Am\u00e9rica Latina entera se habr\u00e1 emancipado del imperio que la saquea, de las castas que la explotan, de las fuerzas que hoy la ofenden y reprimen. Yo quiero que esa hora llegue cuanto antes y que Am\u00e9rica Latina ingrese de una vez por todas en la dignidad y en la vida moderna, que el socialismo nos libere de nuestro anacronismo y nuestro horror. Pero cuando las injusticias sociales desaparezcan, de ning\u00fan modo habr\u00e1 llegado para el escritor la hora del consentimiento, la subordinaci\u00f3n o la complicidad oficial. Su misi\u00f3n seguir\u00e1, deber\u00e1 seguir siendo la misma; cualquier transigencia en este dominio constituye, de parte del escritor, una traici\u00f3n. Dentro de la nueva sociedad, y por el camino que nos precipiten nuestros fantasmas y demonios personales, tendremos que seguir, como ayer, como ahora, diciendo no, rebel\u00e1ndonos, exigiendo que se reconozca nuestro derecho a disentir, mostrando, de esa manera viviente y m\u00e1gica como s\u00f3lo la literatura puede hacerlo, que el dogma, la censura, la arbitrariedad son tambi\u00e9n enemigos mortales del progreso y de la dignidad humana, afirmando que la vida no es simple ni cabe en esquemas, que el camino de la verdad no siempre es liso y recto, sino a menudo tortuoso y abrupto, demostrando con nuestros libros una y otra vez la esencial complejidad y diversidad del mundo y la ambig\u00fcedad contradictoria de los hechos humanos. Como ayer, como ahora, si amamos nuestra vocaci\u00f3n, tendremos que seguir librando las treinta y dos guerras del coronel Aureliano Buend\u00eda, aunque, como a \u00e9l, nos derroten en todas.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra vocaci\u00f3n ha hecho de nosotros, los escritores, los profesionales del descontento, los perturbadores conscientes o inconscientes de la sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos irredentos del mundo, los insoportables abogados del diablo. No s\u00e9 si est\u00e1 bien o si est\u00e1 mal, s\u00f3lo s\u00e9 que es as\u00ed. Esta es la condici\u00f3n del escritor y debemos reivindicarla tal como es. En estos a\u00f1os en que comienza a descubrir, aceptar y auspiciar la literatura, Am\u00e9rica Latina debe saber, tambi\u00e9n, la amenaza que se cierne sobre ella, el duro precio que tendr\u00e1 que pagar por la cultura. Nuestras sociedades deben estar alertadas: rechazado o aceptado, perseguido o premiado, el escritor que merezca este nombre seguir\u00e1 arroj\u00e1ndoles a los hombres el espect\u00e1culo no siempre grato de sus miserias y tormentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Otorg\u00e1ndome este premio que agradezco profundamente, y que he aceptado porque estimo que no exige de m\u00ed ni la m\u00e1s leve sombra de compromiso ideol\u00f3gico, pol\u00edtico o est\u00e9tico, y que otros escritores latinoamericanos con m\u00e1s obra y m\u00e1s m\u00e9ritos que yo, hubieron debido recibir en mi lugar \u2014pienso en el gran Onetti, por ejemplo, a quien Am\u00e9rica Latina no ha dado a\u00fan el reconocimiento que merece\u2014 demostr\u00e1ndome desde que pis\u00e9 esta ciudad enlutada tanto afecto, tanta cordialidad. Venezuela ha hecho de m\u00ed un abrumado deudor. La \u00fanica manera como puedo pagar esa deuda es siendo, en la medida de mis fuerzas, m\u00e1s fiel, m\u00e1s leal, a esta vocaci\u00f3n de escritor que nunca sospech\u00e9 me deparar\u00eda una satisfacci\u00f3n tan grande como la de hoy.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestra vocaci\u00f3n ha hecho de nosotros, los escritores, los profesionales del descontento, los perturbadores conscientes o inconscientes de la sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos irredentos del mundo, los insoportables abogados del diablo. No s\u00e9 si est\u00e1 bien o si est\u00e1 mal, s\u00f3lo s\u00e9 que es as\u00ed. 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