{"id":17720,"date":"2025-05-20T17:00:34","date_gmt":"2025-05-20T17:00:34","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=17720"},"modified":"2025-05-20T21:24:25","modified_gmt":"2025-05-20T21:24:25","slug":"la-palabra-como-trinchera-apuntes-para-una-clase-de-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/05\/20\/la-palabra-como-trinchera-apuntes-para-una-clase-de-literatura\/","title":{"rendered":"La palabra como trinchera. Apuntes para una clase de literatura"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><em>La escritora y tallerista feminista P\u00eda Barros comparti\u00f3 su experiencia con estudiantes de un curso de narrativa de la Universidad de Santiago, donde regres\u00f3 para ofrecer una clase magistral que fusion\u00f3 literatura, historia y feminismo. Sus palabras destacaron el valor del cuento como forma literaria precisa y poderosa, y subrayaron la relevancia de los talleres literarios como espacios comunitarios de aprendizaje.<\/em><\/h2>\n\n\n\n<p>El \u00c1gora de la <strong>Biblioteca Central de la Universidad de Santiago<\/strong> se transform\u00f3 en una sala de clases poco convencional. All\u00ed, la voz caracter\u00edstica de <strong>P\u00eda Barros<\/strong> son\u00f3 poderosa y a la vez relajada. Es escritora, tallerista, feminista. Pudo ser Licenciada en Castellano, pero la dictadura c\u00edvico militar le impidi\u00f3 titularse en esta universidad; sin embargo, esa ma\u00f1ana de abril llen\u00f3 la sala de estudiantes de un curso de narrativa que leyeron con entusiasmo sus libros y que concurrieron para conocer su trabajo en mayor profundidad. Si citar mujeres en el repertorio bibliogr\u00e1fico de los programas de estudio sigue siendo un desaf\u00edo, la posibilidad de un di\u00e1logo horizontal es un sue\u00f1o: \u00bfcu\u00e1ntas veces en nuestro proceso formativo tuvimos la oportunidad de interactuar con autoras vivas? El grupo se sabe afortunado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u201cLa literatura implica tomar partido\u201d<\/strong>. Barros record\u00f3 que en ese entonces hab\u00eda que tener cuidado con lo que se escrib\u00eda, pues entre los asistentes a los talleres que se desarrollaron en contexto de dictadura no se encontraban solo quienes sent\u00edan un inter\u00e9s genuino por las letras. Toda agrupaci\u00f3n, por peque\u00f1a que fuera, era vigilada con descaro y estos encuentros no eran la excepci\u00f3n. Los infiltrados de la polic\u00eda de Pinochet estaban atentos al contenido de cualquier mensaje que invitara a la revoluci\u00f3n. En este sentido, destac\u00f3 el rol de quienes se posicionaron en el lado menos aventajado de esta historia: los profesores y profesoras que apelaron por los estudiantes expulsados, arriesgando el trabajo y la vida; las bibliotecarias que protegieron los libros de las quemas y facilitaron que los ejemplares circularan con discreci\u00f3n, evadiendo los severos mecanismos de censura al que estaba sometida la industria cultural. La escritora nos conect\u00f3 con el dolor que todav\u00eda se siente mientras se recorren los pasillos de la UTE: m\u00e1s de 90 v\u00edctimas entre estudiantes, funcionarios y acad\u00e9micos, que fueron detenidos desaparecidos o ejecutados pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ya que escribir es posicionarse, elegir el cuento como forma textual tambi\u00e9n lo es para ella.<\/strong> Considerado como un g\u00e9nero menor, enfatiz\u00f3 en la necesidad de la precisi\u00f3n en el uso del lenguaje debido a su extensi\u00f3n, una forma en que nada debe sobrar. Es como si existiera una econom\u00eda de las palabras, que deber\u00edan lograr mucho en muy poco espacio. Para cumplir con este desaf\u00edo, se\u00f1al\u00f3 la existencia de un <em>tempo<\/em> que, seg\u00fan la autora, parece prestado de las cocinas y las frases que flotaban junto a esos vapores: <strong>\u201cLas mejores historias que yo escuch\u00e9, son aquellas que estaban prohibidas para se\u00f1oritas y eran las historias que contaban las mujeres en las cocinas cuando, en teor\u00eda, no hab\u00eda nadie oyendo\u201d<\/strong>. Evidenci\u00f3 que esta escritura desde siempre tuvo un estrecho v\u00ednculo con ser mujer: los cuentos que o\u00edamos desde ni\u00f1as, los cuentos que nos contaban y que nos contamos para sobrevivir. Tambi\u00e9n los cuentos que nos contaron para silenciarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>A estas alturas, la audiencia que vino a aprender sobre narrativa se fue despojando de importantes mitos. El primero de ellos es que <strong>el aprendizaje de la literatura no est\u00e1 limitado al conocimiento que habita solo en la academia y tampoco es, como se piensa, una actividad solitaria, sino que posee una profunda naturaleza comunitaria: florece en los talleres y en el colectivo.<\/strong> Otra falsa creencia incluye serios cuestionamientos en relaci\u00f3n a los soportes en los que se imprimen los textos. En este caso, las cajitas de f\u00f3sforos, los individuales, el cart\u00f3n y la papeler\u00eda menos glamorosa son soportes v\u00e1lidos que resisten a la l\u00f3gica capitalista que permea el mercado editorial. En oposici\u00f3n a la producci\u00f3n en cadena, surgi\u00f3 la idea de que cada uno de nosotres puede fabricar un dispositivo \u00fanico de lectura, del mismo modo en que las consignas estampadas en las paredes pueden construir un universo mucho m\u00e1s complejo que aquel que se expone en las novelas.<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito de las materias primas, incorporamos la idea de que<strong> la rabia es tambi\u00e9n un material fundamental.<\/strong> Es parte de nuestra herencia cultural, una respuesta visceral que emerge por el\u00a0 \u201cdeber ser\u201d del que vivimos rodeadas mujeres y disidencias. <strong>En un mundo escrito por y para los hombres, dejamos de ser extranjeras en el lenguaje que habitamos cuando aprendemos a manipular nuevos c\u00f3digos y a hacer uso de sus facultades infinitas.<\/strong> En una \u00e9poca en que los cuerpos perfectos parecen construir una arquitectura uniforme a trav\u00e9s del cine, la publicidad y las redes sociales, P\u00eda Barros ha escrito desde la diversidad de cuerpos, de clases sociales y de las distintas formas en que se vivencia nuestro deseo. Cuerpos migrantes, latinoamericanos, morenos, fragmentados, no hegem\u00f3nicos, en conclusi\u00f3n, una met\u00e1fora del continente que habitamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para finalizar, existe una pregunta fundamental en la est\u00e9tica que siempre aparece en los conversatorios. Esta cuestiona el rol de la literatura en la sociedad actual: \u00bfPara qu\u00e9 sirve? Tal vez es dif\u00edcil dar con una respuesta certera. Algo que s\u00ed podemos responder es cu\u00e1nto se puede aprender en una clase de literatura, aunque medirlo con exactitud sea t\u00e9cnicamente imposible. Una unidad de medida podr\u00eda ser la cantidad de aplausos emitidos por el grupo de futuros profesores y profesoras de castellano que ocuparon el auditorio hasta el final, indicador que marc\u00f3 el cumplimiento exitoso de una premisa fundamental en el cuento y en la pedagog\u00eda: lograr mucho en un espacio temporal definido y con recursos muy limitados.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escritora y tallerista feminista P\u00eda Barros comparti\u00f3 su experiencia con estudiantes de un curso de narrativa de la Universidad de Santiago, donde regres\u00f3 para ofrecer una clase magistral que fusion\u00f3 literatura, historia y feminismo. 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