{"id":18023,"date":"2025-06-10T03:33:34","date_gmt":"2025-06-10T03:33:34","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=18023"},"modified":"2025-06-10T17:25:26","modified_gmt":"2025-06-10T17:25:26","slug":"tres-miradas-presentaciones-sobre-albricia-de-soledad-farina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/06\/10\/tres-miradas-presentaciones-sobre-albricia-de-soledad-farina\/","title":{"rendered":"Tres miradas \/ presentaciones sobre Albricia de Soledad Fari\u00f1a"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Camila Hormaz\u00e1bal, Francisco Cardemil y Emilia Peque\u00f1o presentaron en La Furia del Libro una re edici\u00f3n del segundo libro de la poeta Soledad Fari\u00f1a, bajo el sello de <\/em><a href=\"https:\/\/www.editorialcuneta.com\/product\/albricia\/\"><em>Editorial Cuneta.<\/em><\/a><em> Lejos del amor rom\u00e1ntico y sus f\u00f3rmulas, Albricia construye una voz propia que interroga el deseo y la fertilidad desde la materialidad del lenguaje. Esta reedici\u00f3n forma parte de la colecci\u00f3n 15 a\u00f1os de Cuneta.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>***<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"658\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Albricia-2-658x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-18024\" style=\"width:840px;height:auto\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfPuede una lengua saborear la palabra? Ideas alrededor del deseo y el lenguaje en <\/strong><strong><em>Albricia<\/em><\/strong><strong> de Soledad Fari\u00f1a<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><em>Por Camila Hormaz\u00e1bal M.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tomo conciencia de mi lengua contra el paladar y me aventuro a explorar sus movimientos, las posibilidades que ofrece el limitado espacio de mi boca. Entre mis dientes, advierto la ausencia de aquello que estuvo: una textura, un chasquido. La lengua acaricia el recuerdo, evoca un cosquilleo que env\u00eda una se\u00f1al al cuello en forma de escalofr\u00edo. Y as\u00ed, sin necesidad de abrirse, de la boca germinan invisibles ramas que abrazan el resto de mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz po\u00e9tica de&nbsp;<em>Albricia<\/em>&nbsp;me impele a trav\u00e9s de un verso: \u201c\u00bfva la lengua a saborear mi esencia?\u201d. Un misterio.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Albricia<\/em><\/strong><strong>&nbsp;es el segundo libro publicado por la poeta Soledad Fari\u00f1a, tambi\u00e9n el segundo libro suyo que le\u00ed. En \u00e9l, la voz po\u00e9tica inquiere, tantea y se aventura, entre otras cosas, a proponer im\u00e1genes de un interior cuya materialidad acuosa escurre y resplandece. Esta breve pero contundente obra navega en las corrientes del deseo y la fertilidad<\/strong> y me gustar\u00eda compartir algunas impresiones sobre la primera de estas ideas. Para ello, inicio con una confidencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi relaci\u00f3n con el deseo no tiene palabras y aunque obvia, este poemario me hizo ver esta afirmaci\u00f3n como algo m\u00e1s que un lugar com\u00fan. No tiene que ver con lo inefable del encuentro f\u00edsico o con aquello que no se puede nombrar m\u00e1s que en complicidad, ambas dificultades propias del impulso a\u00f1orante. La verbalizaci\u00f3n del deseo niega asirse a mi boca, a mis pensamientos, incluso. <strong>La poes\u00eda de Fari\u00f1a fue un hallazgo, pues en ella encontr\u00e9 im\u00e1genes que me permitieron rodear la complejidad de un sujeto deseante y, por consiguiente, condicionado: por la corporalidad, por la ansiedad y, sobre todo, por el lenguaje<\/strong>: \u201cQu\u00e9 lengua \/ piensa mi lengua \/ caracoleando perdida esta raz\u00f3n \/ qu\u00e9 esencia \/ aflora de la ci\u00e9naga verde\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>A prop\u00f3sito de lenguaje: el t\u00edtulo de la obra alude al imaginario de Gabriela Mistral, quien delimit\u00f3 el concepto de albricia del siguiente modo: \u201cEl sentido de la palabra en la tierra m\u00eda es el de suerte, hallazgo o regalo. Yo corr\u00ed tras la albricia en mi valle de Elqui, grit\u00e1ndola y vi\u00e9ndola en unidad\u201d<\/strong><strong>.<\/strong> Mediante la omisi\u00f3n de la falta (albricias no tiene un modo singular) surge un nuevo significante, que mantiene y a la vez singulariza su sentido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las huellas de Mistral siguen presentes en&nbsp;el poemario: el ep\u00edgrafe, estrofa del poema \u201cLa cabalgata\u201d, refleja expectaci\u00f3n en medio de la nocturnidad fantasmag\u00f3rica: \u201cO\u00edr, o\u00edr, o\u00edr, \/ la noche como valva, \/ con ijar de lebrel \/ o vista acornejada, \/ y temblar y ser fiel \/ esperando hasta el alba\u201d. Un dato: este poema forma parte de una subsecci\u00f3n de su libro&nbsp;<em>Tala<\/em>, cuyo nombre es \u201cGestos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Gestos. Temblar, esperar. \u201cSalta la vena azul \/ y me sumerjo en ella \/ Nadando \/ a contracorriente \/ para encontrar raz\u00f3n a ese latido oscuro\u201d, declara la voz de <em>Albricia<\/em>. Gestos. Sumergir, encontrar.<\/p>\n\n\n\n<p>En un ensayo sobre las obras in\u00e9ditas de Mistral publicadas en los \u00faltimos a\u00f1os, el editor Vicente Undurraga, plantea la siguiente idea: \u201cLa impronta de la escritura mistraliana es abismante en ese sentido, se\u00f1era: se\u00f1ala vac\u00edos y tambi\u00e9n nuevos espacios. A menudo suena extra\u00f1a, pero nunca ajena ni remota. Abri\u00f3 posibilidades literarias que se proyectar\u00edan\u201d. Sospecho que estas caracter\u00edsticas trascienden el an\u00e1lisis de <strong>la escritura de Mistral, pues tambi\u00e9n forman parte de su legado, del que Soledad Fari\u00f1a me parece una valiosa heredera.<\/strong>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si persigo las palabras de Undurraga, compruebo que <strong>la obra de Fari\u00f1a se\u00f1ala vac\u00edos, abre nuevos espacios<\/strong>. Es experimental \u2013una virtud dada por su riesgo y originalidad formal y tem\u00e1tica\u2013, ni ajena ni remota. <strong>\u00bfQu\u00e9 es la poes\u00eda sino el deseo de un abrazo obcecado al extra\u00f1amiento?&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mencion\u00e9 que <em>Albricia<\/em> fue el segundo libro que le\u00ed de la autora. Conoc\u00ed su poes\u00eda a trav\u00e9s de <em>Narciso y los \u00e1rboles<\/em>, libro que me permiti\u00f3 una aproximaci\u00f3n al lenguaje del deseo entonces desconocida para m\u00ed. Revisit\u00e9 la obra mientras preparaba este texto y me encontr\u00e9 con el siguiente poema: \u201cfrente al espejo \/ voy a observar \/ c\u00f3mo se va coloreando \/ este enjambre de p\u00e9talos \/ al salir de mi \/ boca\u201d. Junto a \u00e9l, trazados con l\u00e1piz grafito hall\u00e9 un asterisco, una fecha y una observaci\u00f3n que anot\u00e9. Entonces me urg\u00eda hacer tangible un sentimiento que, en su desborde, me hizo perder brevemente la raz\u00f3n. La visualidad de estos versos, la conmoci\u00f3n f\u00edsica que me recorri\u00f3 al leerlos es una experiencia que recuerdo v\u00edvidamente. En busca de m\u00e1s llegu\u00e9 a <strong>lo que Soledad Bianchi llam\u00f3 \u201cla arrebatadora lengua\u201d de <\/strong><strong><em>Albricia<\/em><\/strong><strong>, obra en la que, siguiendo sus palabras, el cuerpo encuentra a otros; tambi\u00e9n, se acerca y explora lo distante tanto en el interior como fuera.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En mi lectura de este poemario se hizo presente el t\u00e1cito pacto de silencio que he mantenido largamente con mi cuerpo, el cual, presumo, es la causa de mi impedimento por moldear el deseo a trav\u00e9s de palabras. \u201cClavada a la piel de tu ojo \/ Espero la frase la Sentencia\u201d, dice la voz de <em>Albricia<\/em> y, como un ave que atraviesa la ma\u00f1ana con su canto, la precisi\u00f3n de esta espera por el verbo ajeno me desgarra cada vez: \u201centre l\u00edquenes negros \/ algas \/ veo flotar \/ mi rostro carcomido por lenguas \/ Ah\u00ed va ese ojo como boca sedienta \/ Qu\u00e9 busca \/ Arriba \/ Abajo\u201d.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n espero, busco y encuentro los vanos intentos por decir. <strong>Me pregunto si basta con el habla para encauzar el deseo: <\/strong>\u201cQu\u00e9 sintaxis \/ Qu\u00e9 paisajes que mis ojos no vieron \/ Quieren brotar desde esas aguas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La fil\u00f3sofa argentina Florencia Abadi, en uno de los ensayos que componen su libro <em>El nacimiento del deseo<\/em>, se\u00f1ala: \u201cel deseo es un efecto de superficie, un mecanismo caprichoso que puede cambiar de objeto de un instante a otro, surgir, intensificarse o desaparecer a partir de un mero y repentino gesto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Gestos.&nbsp; Cambiar, surgir. Me pregunto, en este punto, la similitud entre el deseo y el misterio.<\/p>\n\n\n\n<p>Si entendi\u00e9ramos el deseo como un misterio en los t\u00e9rminos descritos por Abadi, este ser\u00eda no comunicable por el lenguaje discursivo, es decir, intransmisible en t\u00e9rminos de signos. Su connotaci\u00f3n \u00fanicamente podr\u00eda, por tanto, simbolizarse: \u201cLas comisuras \/ llenas de escenas innombrables \/ Surge savia desde pozos profundos \/ Intenta \/ la lengua caracoleando abrirse entre corrientes\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Renunciar al lenguaje podr\u00eda, al parecer, develar un nuevo modo de decir, \u00bfser\u00e1 esta mi propia albricia?&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente tomo conciencia de mi lengua. La muevo a voluntad, la dejo en descanso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>&nbsp;\u201cSOY LA SEMILLA OSCURA \/ APENAS DELINEADA\u201d, susurra una vez m\u00e1s la voz de <\/strong><strong><em>Albricia<\/em><\/strong><strong>. Me aferro a ella aguardando el misterio.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>***<\/strong><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"576\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/foto1-576x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-18025\" style=\"width:840px;height:auto\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>O\u00edr, o\u00edr, o\u00edr, la escritura como valva<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><em>Por Francisco Cardemil<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Digo: el cuerpo como medio, como canal, como instrumento. No. Borrar. Digo, entonces: la escritura se estira y toma forma, hace su propio pulso y por ello cobra un cuerpo: el cuerpo de una voz. No. Borrar. Quiz\u00e1s: al principio, la hablante se propone una empresa ambiciosa: construir un lenguaje para el deseo, un lenguaje puro, que no est\u00e9 sometido a una l\u00f3gica predeterminada, sino inmerso en los sentidos; <strong>te pregunta, lector, lectora, por ellos: \u00bfd\u00f3nde el gusto, d\u00f3nde el tacto, el o\u00eddo, la vista, el aroma, d\u00f3nde el equilibrio anida en lo que entregas al transitar poema a poema?<\/strong> Pero no, borrar. Borrar de nuevo. Empezar otra vez. Leo con los dedos \u2014los mismos que el libro regresa con la yema humedecida\u2014; con ellos hago un gesto a la comprensi\u00f3n para acallarla, para que no pida razones, para que se deje estar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Soledad Fari\u00f1a, autora clave de la poes\u00eda chilena y una de las poetas m\u00e1s influyentes de su generaci\u00f3n, escogi\u00f3 la palabra \u00abalbricia\u00bb para titular este libro, cuya primera edici\u00f3n apareci\u00f3 en 1988 y form\u00f3 parte del conjunto <em>La vocal de la tierra<\/em>. Revisito cada parte. Hojeo. Salgo siempre con la sorpresa propia de la escritura de Fari\u00f1a y, junto con la sorpresa, un cuesco de mudez que crece imparable en mi cabeza (la garganta de los pensamientos, de las ideas, de la disecci\u00f3n). \u00bfQu\u00e9 puedo decir? Intento deshacer el nudo. Regreso al t\u00edtulo para utilizarlo como puerta de entrada: <strong><em>Albricia<\/em><\/strong><strong>, la palabra de las buenas nuevas, llama de inmediato a la tradici\u00f3n mistraliana y a aquella nota que aparece al pie de uno de los poemas del libro <\/strong><strong><em>Tala<\/em><\/strong><strong>, donde Mistral detalla el juego de la albricia como la b\u00fasqueda de un objeto escondido<\/strong>: \u00abEl sentido de la palabra en la tierra m\u00eda es el de suerte, hallazgo o regalo. Yo corr\u00ed tras la albricia en mi valle de Elqui, grit\u00e1ndola y vi\u00e9ndola en unidad\u00bb. <strong>La noticia feliz, el objeto buscado y querido, el sentido de la b\u00fasqueda como un juego, hace que la escritura de este libro se vuelva en s\u00ed misma una gran buscadora. \u00bfDe qui\u00e9n? Quiz\u00e1s de ti, lector, lectora, predestinada a recorrerlo, quiz\u00e1s del t\u00fa que se configura en femenino a lo largo de los veintitantos poemas que forman su corpus<\/strong>. Pero m\u00e1s importante que aquello buscado, \u00bfqui\u00e9n es la que busca? \u00bfLa poeta, su hablante, los poemas? Con el arrojo inconfundible de la obra de Fari\u00f1a, los poemas se resisten a ser digeridos, a decirlo todo, a darse a entender y, aun as\u00ed, estiran sus extremidades para alcanzarnos y acompa\u00f1arnos en el breve momento de la lectura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo al intento de la primera l\u00ednea \u2014lo que es, de cualquier manera, toda escritura, un intento, un ensayo\u2014 para expandir la nominaci\u00f3n del t\u00edtulo. Fallo. Y, ante el fracaso, prefiero enumerar las im\u00e1genes, los objetos que siempre resplandecen con una capa de humedad, de sudoraci\u00f3n, de aquello que llama a ser lentamente recorrido, entonces \u00abMe abraza su humedad me atrae me acicala\u00bb. Al permanecer at\u00f3nito, simplemente, \u00abMe aferro a mis moluscos\u00bb, como dir\u00eda la hablante, y recito: naranja, l\u00edquenes, belfa, zumo, anca, guedeja, carcaj, tent\u00e1culo. Al hacerlo reaparece la tendencia al forado, el amor por la cavidad. Ci\u00e9nagas verdes configuran un falso exterior mientras <strong>el libro se despliega como un interior multiplicado, una fuerza que llama al centro \u2014\u00bfcu\u00e1l centro? \u00bfqu\u00e9 centro? <\/strong>susurro\u2014. Pide el poema, pide la hablante, \u00abpide la lengua\u00bb: \u00abAdentro m\u00e1s adentro de la cavidad sonora \/ tus vocales las m\u00edas (&#8230;) \/\/ adentro m\u00e1s adentro llego hasta el estertor \/ el eco de otra lengua\u00bb. All\u00ed, en ese interior, la poeta construye una voz haci\u00e9ndose de texturas y sensaciones, casi sin discurso \u2014o sin un discurso transparente\u2014; los poemas lamen la m\u00fasica del ep\u00edgrafe de Mistral: \u00abO\u00edr,<em> <\/em>o\u00edr, o\u00edr \/ la noche como valva, \/ ijar de lebrel \/ y vista acornejada \/ y temblar y ser fiel \/ esperando el alba\u00bb. \u00bfSer\u00e1 este el mismo alba que describe el ep\u00edgrafe del <em>Popol vuh<\/em> que marca la segunda parte del libro? En ese caso, el sonido y el paladeo del \u00abamanecer de la vida\u00bb, el di\u00e1logo de quienes ofician la germinaci\u00f3n, la decisi\u00f3n de qui\u00e9n sostiene y qui\u00e9n nutre, se unen al juego de la gran buscadora que es la voz del libro, la misma que, como un ente deseante, se para en medio de la fecundaci\u00f3n. All\u00ed, el interior, el adentro, el t\u00fa que tambi\u00e9n es ella, permanecen invariablemente agitados, humedecidos, ante la aridez de una y el agua que ofrece la otra. Entonces, la fuerza centr\u00edpeta del libro nos sumerge al fondo de las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve la tentaci\u00f3n, en ese momento, de hacer una grieta, cavar los surcos de un canal para inundar de citas mis ideas. Tejer un texto nuevo, una traducci\u00f3n, hacerme al menos yo inteligible: tema A, tema B, tema C, unidos por la tesis X, Y, Z \u2014la tesis, el ego del intelecto\u2014. <strong>La ambici\u00f3n debe siempre encontrarse con un gran muro para que las ideas florezcan y se vuelvan algo distinto: \u00bfc\u00f3mo se constelar\u00eda un libro como este? \u00bfC\u00f3mo llevar estos poemas a un hilo s\u00f3lido que amarre sus preocupaciones, sus tensiones, sus disparos?<\/strong> El muro, una suerte de se\u00f1al\u00e9tica, dice lo opuesto: no es necesario. Me repliego. Describir, describir contra la raz\u00f3n, el cuerpo de la voz que se hace paisaje. Un m\u00e9todo, esto que alcanzo a ver, aguzando los sentidos, o la silueta que deja el relampagueo del poema apeg\u00e1ndose a la retina. <strong>Pareciera, en esa indefinici\u00f3n, que lo que los poemas logran es un ejercicio de maximizaci\u00f3n corporal: cada fragmento del deseo, cada verso que ejerce como una s\u00faplica, como un gemido, expande un \u00f3rgano hasta abstraerlo.<\/strong><strong> <\/strong>Pienso en im\u00e1genes porque es lo que me resulta m\u00e1s familiar, pero algo de esto se aproxima a lo que la artista visual estadounidense Georgia O\u2019Keeffe realiza en su serie de flores: arte abstracto que es el resultado de un cuadro aumentado, del detalle del detalle de una flor: aqu\u00ed un pistilo, all\u00ed el borde de un p\u00e9talo, apenas la curvatura de la corola. Ese efecto deja vibrando los elementos que sustituyen ins\u00f3litamente el cuerpo de la hablante: \u00ab(mi naranja guardada por c\u00e1scara porosa) \/\/ Nadie entra en esta espera Apretada \/ me sumo Zumo l\u00edquidos que irrigan \/ mis conductos Pero las fosas husmean \/ buscando la fragancia Mi naranja olorosa \/ apretada resiste pero el dedo se hunde \/ desgarrando Me abro en gajos amarillos\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El poema ajusta sus caracoles. Escucha, dice, escucha el eco como miel, la onda como el corte de un cuchillo, las algas como golpe descarriado. \u00bfAcaso no tienes un cuerpo? \u2014me interroga\u2014. Usa tu cuerpo. Acerca tu oreja a la letra y escucha el molusco vibrante de la voz, la sustancia firme escurri\u00e9ndose en la comisura (\u00bfcu\u00e1l?, pregunto; cualquiera, dice, todas). Me pide sostener solamente el sonido, que deje la cabeza atr\u00e1s, que siga el hilo de saliva que dej\u00f3 su voz al buscar, albricia, tesoro ciego, porque, al decir de Mar\u00eda Negroni, \u00abno ver es hermoso\u00bb. Al fondo, sigue el poema, al fondo se desgaja. Al fondo mi dedo, me dice, mi dedo se hunde en tu zona blanda \u00ab\u00bfes \u00e1cida? \u00bfes amarga?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Y estando ah\u00ed, en ese espacio abisal, acompa\u00f1ado del poema, solo puedo decir que esto es suficiente. \u00bfPor qu\u00e9 no lo ser\u00eda? Al lado opuesto de m\u00ed, otra persona preferir\u00e1 las respuestas en ese lugar donde las preguntas crecen y prosperan en tierra f\u00e9rtil<\/strong>. En uno de los poemas finales de <em>Yllu<\/em> (Lom, 2015), un libro posterior de Soledad Fari\u00f1a, nos encontramos con este fragmento: \u00ab\u00bfFue ese fraseo mi alucinaci\u00f3n de despedida? \u00bfFue Ella quien trajo estas palabras a mi \u00faltimo aliento? \u00bfO fui yo quien las dijo aguzando el deseo?\u00bb. La duda se fortalece y es protegida con recelo, como esa c\u00e1scara porosa que guarda la naranja. Si me arriesgo un poco m\u00e1s, el descubrimiento es que la \u00fanica certeza es la falta de certezas. Pero no solo eso: es la despreocupaci\u00f3n por la falta de certezas. Un continuo salto al vac\u00edo que no teme estrellarse contra el suelo y, en cambio, flota con levedad sintiendo todo a su paso. <strong>Sin direcci\u00f3n aparente, el deseo y la er\u00f3tica de la obra se abren y nos invitan a recorrerlos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al dedicarse a la construcci\u00f3n de un lenguaje propio, de una sintaxis, de un imaginario singular, <strong>Soledad Fari\u00f1a nos ha ofrecido una obra que, a pesar de los a\u00f1os, se ha mantenido sorprendentemente contempor\u00e1nea. Libro a libro, su po\u00e9tica ha apostado de lleno a la intuici\u00f3n, esas peque\u00f1as resistencias al sentido y a la convencionalidad que conf\u00edan en el trabajo del lector y que, de paso, han asegurado su perdurabilidad.<\/strong> Incluso en este libro, la posici\u00f3n de la duda sobre el propio discurrir del poema se mantiene abierta y signa la propia preocupaci\u00f3n de un <em>leitmotiv<\/em> que se despliega como una prueba. Y esta duda tambi\u00e9n podr\u00eda coincidir con la pregunta que nos ha fascinado de la obra de Soledad desde la primera vez que nos encontramos con ella: <strong>\u00ab\u00bfqu\u00e9 sintaxis qu\u00e9 paisajes que mis ojos no vieron \/ quieren brotar de estas aguas?\u00bb.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/foto3-1-768x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-18043\" style=\"width:840px;height:auto\"\/><\/figure>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong><em>Qu\u00e9 lengua piensa mi lengua<\/em><\/strong><strong>. Algunas palabras a partir de <\/strong><strong><em>Albricia <\/em><\/strong><strong>de Soledad Fari\u00f1a<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p><em>Por<\/em><strong><em> <\/em><\/strong><em>Emilia Peque\u00f1o Roessler<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Albricia, as\u00ed, sin <em>s<\/em>, es el modo en que Soledad Fari\u00f1a titula esta b\u00fasqueda en el tacto. Un juego que se construye en el vaiv\u00e9n de las vocales en la lengua que tuerce y moldea la palabra. Transformaciones, dislocaciones, calces, huidas. El recorrido de la voz es un viaje l\u00fadico hacia algo que podr\u00eda parecerse a un origen. \u201cCimarrona de planicies rosadas \/ te monto \/ y mi pelaje oscuro se incrusta \/ en tu sedosa blanca \/\/ Cada salto una albricia estremeciendo \/ el Anca\u201d. <strong>La fisionom\u00eda es dicha. La mano, el ojo, la boca palpan, preguntan, desplazan hacia la lengua. La lengua agencia el juego. Todo orden en funci\u00f3n de la expresi\u00f3n de significados es removido por este m\u00fasculo.<\/strong> Confusi\u00f3n del yo en el t\u00fa que obliga a decir m\u00e1s all\u00e1 del pronombre, cruzar la l\u00ednea de la sem\u00e1ntica y la gram\u00e1tica \u201cuna y otra vez\/ sin poder rescatarla \/ esta sintaxis\u201d. <strong>Al no estar quieta, la lengua es el lugar del nosotros. Precisa una ordenaci\u00f3n propia; la compresi\u00f3n de lo dicho y el espaciamiento en la hoja ser\u00e1n formas de esta inquietud.&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para Mistral la albricia es \u201csuerte, hallazgo o regalo\u201d. As\u00ed lo anota en un comentario al pie del poema <a href=\"https:\/\/www.gabrielamistral.uchile.cl\/poesia\/tala\/alucinacion\/Gestos-6gracia.html\"><em>La gracia<\/em><\/a>, donde hace referencia al juego de su infancia, a c\u00f3mo en la b\u00fasqueda un objeto singular se apropiaba de la palabra plural albricias, evaporando la s, como se hace en el habla chilena: \u201cLa feliz criatura que invent\u00f3 la expresi\u00f3n donosa y la solt\u00f3 en el aire, vio el contenido de ella en pluralidad, como una especie de gajo de uvas o de pu\u00f1ado de algas, y en plural la dio, puesto que as\u00ed la ve\u00eda\u201d. La confusi\u00f3n de lo m\u00faltiple con lo uno en el juego define, as\u00ed, la experiencia de una b\u00fasqueda com\u00fan. Se construye un colectivo que en su unidad no pierde lo m\u00faltiple.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda nombrarse en t\u00e9rminos de una comparecencia, al modo en que lo hace Jean-Luc Nancy, donde el t\u00fa se reparte en yo y los cuerpos no son otra cosa que aquello que potencialmente son en conjunto (Nancy, <em>La comunidad inoperante<\/em>). El sustantivo colectivo del que Mistral habla parece ser una idea af\u00edn al \u201cser singular plural\u201d del que se vale Nancy para hablar de la constituci\u00f3n del ser a partir de la coexistencia: \u201cEl ser no pre-existe a su singular plural. M\u00e1s exactamente, no <em>preexiste<\/em> en absoluto, como nada preexiste: s\u00f3lo existe lo que existe\u201d (Nancy, <em>Ser singular plural<\/em>). Esto es, el ser no existe antes de su existencia com\u00fan al mundo. Existir es participar de una existencia con el mundo. \u201cSer singular plural quiere decir: la esencia del ser es, y s\u00f3lo es, como co-esencia [&#8230;]. La co-esencialidad significa la participaci\u00f3n esencial de la esencialidad, la participaci\u00f3n a la manera de conjunto, si se quiere. Lo que a\u00fan podr\u00eda decirse de este modo: si el ser es ser-con, en el ser-con es el \u00abcon\u00bb lo que da el ser, sin a\u00f1adirse\u201d (Nancy, <em>Ser singular plural<\/em>).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hallazgo en el lenguaje, el uso de la palabra esencia por Nancy difiere y no de la forma en que Fari\u00f1a la usa. En ambos casos, es, de alguna manera, aquello que constituye la cosa, lo que hace posible identificar al ser y que se encuentra repartido, solo existe en la medida de que hay un \u00abcon\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Para Fari\u00f1a, la esencia aparecer\u00e1 como aquello de lo que la lengua pide saciarse, donde la lengua es tanto \u00f3rgano del gusto como de la palabra.&nbsp; La esencialidad y la forma en que participa a modo de conjunto la esencia ser\u00e1, entonces, un asunto de la lengua:<\/strong> \u201cCorre mi lengua a tu pez\u00f3n\/ para probar las gotas \/\/ Corro a buscar la miel\/ Unto comisuras de miel \/\/ Lleno el hueco de tu pecho con flores\u201d. \u00d3rgano inquieto, se extiende hacia el mundo con el que existe. La saciedad solo puede darse en la medida de una exterioridad que se hace propia, en la medida de la diferencia. El hueco, la grieta, el poro que la albricia abre y llena, bastante de s\u00ed. Tambi\u00e9n la herida, la fisura que es el pliegue de aquello que se estr\u00eda. La noci\u00f3n de lo no unitario ti\u00f1e la superficie y la transforma en el ensamble de dos que no pueden ser uno. En esta b\u00fasqueda del tacto, como hemos llamado a la albricia, ser\u00e1 la irregularidad el lugar donde la palabra anide: imposible pensarla en t\u00e9rminos distintos a la textura.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Lengua es tambi\u00e9n \u00f3rgano del tacto, aquello que posibilita alcanzar un t\u00fa en el yo, la diferencia y la confusi\u00f3n. La articulaci\u00f3n de las palabras es pliegue que distingue la materia que se ensambla, se\u00f1ala la apertura entre las funciones alternas de la primera y la segunda persona. <strong>Tocar no es otra cosa que la promesa de yo alcanzarte. La boca llena de esencia y de palabra<\/strong>. \u201cIntento abrir al ritmo de mi abdomen\/\/ un huevo a la palabra \/ Se encabritan las olas \/ de mi cabeza \/ a\u00fallo \/ a\u00falla \/\/ el celador \/ pliegue \/ de mi memoria\u201d. El crujir de la voz es signo e idioma de la apertura. El pliegue porta no solo la palabra sino que la memoria, la acumulaci\u00f3n del tiempo propio que intenta verterse al mundo. Las funciones se dispersan, como bien se dispersan los pronombres. La confusi\u00f3n no viene a atentar solamente contra la separaci\u00f3n de un yo y un t\u00fa, sino que se apropia de los l\u00edmites de cada cosa en el lenguaje inestable, la palabra es tambi\u00e9n m\u00faltiple y no repara en la fijeza: \u201cAcogen los labios\/ en su prisi\u00f3n el hueco de esta lengua\/\/muda quedamos \/\/ (el hummus cenagoso no se cuaja en palabra)\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La imposibilidad de articular un singular plural queda dicha en la forma singular del adjetivo mudo, \u00abmuda\u00bb, y la forma plural del verbo quedar, \u00abquedamos\u00bb. No basta la palabra para dar con el lugar, no hay un verbalidad capaz de dar con esa esencia. Solo queda su apertura. As\u00ed la estr\u00eda se mantiene estr\u00eda, lo dos no puede ser solo uno, la diferencia constitutiva de la co-esencia resiste a todo encuentro con el lenguaje. No hay fusi\u00f3n posible y sin embargo hay intento, pregunta, juego. \u201c(Qu\u00e9 lengua \/ piensa mi lengua \/ caracoleando perdida esta raz\u00f3n\/ Qu\u00e9 esencia \/ aflora de la ci\u00e9naga verde)\u201d. <strong>La irresoluci\u00f3n de este problema es auspiciosa. Una lengua que debe tantearse a s\u00ed misma y al mundo que comparte, buscando saciarse de esencia. En ese tanteo abre las palabras, la capacidad de decir yo o t\u00fa para denominar una existencia que no es sino com\u00fan.<\/strong> <strong>Como se\u00f1ala <\/strong><a href=\"https:\/\/www.ub.edu\/las_nubes\/archivo\/seis\/nubesyclaros\/derrida.htm\"><strong>Jacques Derrida en el ensayo <\/strong><strong><em>\u00bfQu\u00e9 es poes\u00eda?<\/em><\/strong><strong>,<\/strong><\/a><strong> no hay poema sin accidente, no hay poema que no se abra como una herida. En la escritura de Fari\u00f1a la imposibilidad, el error, la herida es la ocasi\u00f3n de la albricia.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Camila Hormaz\u00e1bal, Francisco Cardemil y Emilia Peque\u00f1o presentaron en La Furia del Libro una re edici\u00f3n del segundo libro de la poeta Soledad Fari\u00f1a, bajo el sello de Editorial Cuneta. Lejos del amor rom\u00e1ntico y sus f\u00f3rmulas, Albricia construye una voz propia que interroga el deseo y la fertilidad desde la materialidad del lenguaje. Esta reedici\u00f3n forma parte de la colecci\u00f3n 15 a\u00f1os de Cuneta.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":18026,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[3891,3892,357],"taxonomy\/multi-autores":[3895,3893,3894],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-18023","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-la-ciudad-letrada","tag-albricia","tag-editoria-cuneta","tag-soledad-farina","multi-autores-camila-hormazabal","multi-autores-emilia-pequeno","multi-autores-francisca-cardemil"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18023","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18023"}],"version-history":[{"count":14,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18023\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18053,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18023\/revisions\/18053"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18026"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18023"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18023"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18023"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=18023"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=18023"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}