{"id":1872,"date":"2016-05-25T15:38:29","date_gmt":"2016-05-25T15:38:29","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=1872"},"modified":"2023-11-14T14:09:48","modified_gmt":"2023-11-14T14:09:48","slug":"eme-la-sensacion-del-momento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/05\/25\/eme-la-sensacion-del-momento\/","title":{"rendered":"Eme, la sensaci\u00f3n del momento"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Fernando Llanca\u00a0<\/strong><\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Descansamos los cristales bajo la lengua con Santiago a los pies y sentados sobre las ra\u00edces de un \u00e1rbol que nos empujaba al abismo. Cual jugo <em>yupi<\/em> repasamos los restos del polvillo mirando con un solo ojo el fondo del envoltorio. Refugiados en un rinc\u00f3n del cerro a espaldas de la virgen, miramos con brazos abiertos la opulenta postal precordillerana. A esa perspectiva llegamos tras caminar una hora sobre asfalto, tierra firme y arena, bajo un sol seco que pesaba sobre los hombros. Caminamos hasta m\u00e1s arriba del manto gris de la metr\u00f3poli en busca de un escondite desde donde imaginarnos el mundo sin nuestra existencia.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Subimos el cerro un caluroso d\u00eda de verano para hacer nuestro propio v\u00eda crucis, sin calcular que justo ese d\u00eda habr\u00edan otras procesiones probablemente tan artificiales como nuestro juego. Abrumados y temerosos del contacto social nos resguardamos en la confianza e intimidad que exige un buen viaje, consejo \u2212me atrevo a decir\u2212 universal a la hora de abrir los chacras y disfrutar el placer que provoca el extra\u00f1amiento forzado.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Sin vuelta atr\u00e1s y sin mapa nos arrojamos a la traves\u00eda. Ansiosos tomamos el camino principal adelantando a turistas y familias que avanzaban a paso aburrido en busca la cima\u00a0donde arrodillarse. Llegamos al mirador. Nos pusimos a la sombra de un letrero que dec\u00eda \u00abpunto de seguridad\u00bb. Re\u00edmos y dimos media vuelta asustados por lo incierto de nuestras reacciones.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Zigzagueando entre ciclistas furiosos y <em>runners<\/em> pecho paloma lleg\u00f3 el primer espasmo el\u00e9ctrico bajando del cuello a la espalda. Como heridos de guerra nos apuramos por un costado de la ruta, buscando una sombra compasiva que nos alejara del sol insistente. S\u00f3lo la brisa sosten\u00eda nuestros cuerpos abrumados por la confusa mezcla de gritos, campanas de bicicleta, murmullos y olores nauseabundos. Con las piernas adormecidas levantamos los brazos en se\u00f1al de victoria, y sin pensar nos desviamos por un pasadizo secreto hacia el oriente del parque metropolitano.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: center;\">***<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Tal como si un ropero se hubiera cerrado. Dejamos atr\u00e1s la emoci\u00f3n infantil de la aventura y entramos a un bosque l\u00fagubre de verdes intensos y variados. Nos internamos hasta olvidar que alguien nos persegu\u00eda y que detr\u00e1s del follaje se escond\u00eda un monstruo con siete millones de cabezas. Caminamos hasta que el cuerpo nos exigi\u00f3 abandonar toda tarea, hasta suspender todo pensamiento sobre el pasado y el futuro.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Cruzamos el umbral del viaje sin retorno y apareci\u00f3 la ternura. Nos desplomamos sobre la tierra uno junto a la otra, con piernas y brazos esparcidos, enlazados en alg\u00fan punto s\u00f3lo para no perder la raz\u00f3n. Con los ojos cerrados agradecimos la compa\u00f1\u00eda, compartimos el entusiasmo de un antes y un despu\u00e9s en la vida. Respiramos profundo hasta sentir que el presente nunca hab\u00eda sido tan presente.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Pudo ser el\u00a0d\u00eda entero pero poco a poco se incrementaron los murmullos. A nuestras espaldas aparecieron turistas coreanos con sus c\u00e1maras desechables y gringos de piernas blancas y calcetas a la canilla. Ni\u00f1os en bicicleta se miraban apunt\u00e1ndonos entre sorprendidos y asustados, madres horrorizadas cubr\u00edan los ojos de sus hijas. Un helic\u00f3ptero sobrevolaba la escena cuando lleg\u00f3 rauda una ambulancia que con sus luces hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s dram\u00e1tica la escena.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u2015Se\u00f1ores! &#8211; grit\u00f3 un hombre desde lo alto. S\u00f3lo diez metros m\u00e1s arriba segu\u00edan pasando familias y turistas. Nadie se detuvo salvo un guardaparque joven que \u2212entre ri\u00e9ndose y siguiendo el protocolo\u2212 nos advirti\u00f3 de los peligros de estar desparramados en un sendero para ciclistas intr\u00e9pidos.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Desvergonzados y sin sacudirnos la tierra, continuamos a la siguiente estaci\u00f3n. Reconocido el cl\u00edmax, la experiencia logra un <em>continuum<\/em> placentero, el cuerpo pierde peso, todo se percibe cuadro a cuadro. Caminamos sin rumbo hasta el infinito -probablemente diez metros m\u00e1s- y nos sentamos, esta vez en una posici\u00f3n c\u00f3moda para cruzar y estirar las piernas. Conversamos de las cosas simples de la vida en toda su complejidad, sin culpa ni frustraci\u00f3n, con voz segura y neutra, dejando fuera lo irrelevante.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Luego el silencio c\u00f3modo.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Nunca he planificado bien los viajes, pero una de mis compa\u00f1eras era reincidente y pudo prever un buen aprovisionamiento como exige el Eme. Algo de fruta y uno que otro antojo para disfrutar todo el potencial del gusto, harta agua porque el cuerpo no sabe que se deshidrata y un par de premios para estabilizar el aterrizaje.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Caminamos hasta divisar que un tronco bloqueaba el sendero e intuimos que era el final del viaje, el umbral de salida. No est\u00e1bamos listos para enfrentar el mundo y extendimos el final de esa experiencia ya dilatada durante un a\u00f1o, en una bolsa <em>ziploc<\/em> guardada en el refrigerador. Nos despedimos sin decir lo evidente, satisfechos de las expectativas y maravillados con las hojas amarillas.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Subimos el cerro un caluroso d\u00eda de verano para hacer nuestro propio v\u00eda crucis, pero cuando bajamos era oto\u00f1o en la ciudad y tambi\u00e9n en nuestros corazones.<\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Fernando Llanca \/ Cruzamos el umbral del viaje sin retorno y apareci\u00f3 la ternura. 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