{"id":18809,"date":"2025-10-05T17:44:37","date_gmt":"2025-10-05T17:44:37","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=18809"},"modified":"2025-10-05T17:44:38","modified_gmt":"2025-10-05T17:44:38","slug":"la-luz-en-la-montana-y-una-mudanza-sobre-la-poesia-de-cristian-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/10\/05\/la-luz-en-la-montana-y-una-mudanza-sobre-la-poesia-de-cristian-cruz\/","title":{"rendered":"La luz en la monta\u00f1a y una mudanza; sobre la poes\u00eda de Cristi\u00e1n Cruz"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay lugares que son como una casa, aunque no lo son, pero en los que se percibe una atm\u00f3sfera familiar. Me pasa mucho con ciertos restaurantes, que por estos lados llamamos \u201cfuentes de soda\u201d y que en otros los tildan de \u201cbodegones\u201d. Los hay de todos los tama\u00f1os, colores y men\u00faes imaginables; sus mozos son despreocupados y h\u00e1biles en el arte del chiste corto, sus suelos no son los m\u00e1s limpios, ni sus cervezas las m\u00e1s heladas, pero hay algo en su pan crujiente, en la manera en que humea el consom\u00e9 que me hace bordear el sentido \u00faltimo y m\u00e1s profundo de la humanidad.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Una meta en mi vida ha sido registrar estos lugares en la memoria, conversarlos y exponerlos laxamente con amigos. Me pasa lo mismo con ciertos libros de poes\u00eda, que quedan prendados con sus im\u00e1genes y no nos sueltan en meses. Ah\u00ed est\u00e1 uno, en esas fuentes de soda, habl\u00e1ndole a una amiga de esos versos maravillosos, de ese conjunto de hojas que detuvo por un instante la maquinaria de la vida hiperproductiva. Me pas\u00f3, en este \u00faltimo verano, aprovechar un fin de semana para salir a acampar y llevar conmigo un solo volumen del que esperaba -no a ciegas- me hiciera compa\u00f1\u00eda entre los acantilados y chaguales del sur de Valpara\u00edso. Y estaba, nuevamente, leyendo en voz alta a mis compa\u00f1eros de viaje, que sin ser expertos en el arte de la poes\u00eda, saludaban esos versos movidos por la brisa marina.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Una bella noche para bailar rock, antolog\u00eda de la obra de Cristi\u00e1n Cruz (Editorial Aparte) merece tener su propia fuente de soda, o quiz\u00e1s la tiene y no lo sabemos, porque de un tiempo a esta parte nadie duda de la maestr\u00eda de este poeta por estas tierras. Si nos juntamos a hablar de los \u201cbuenos\u201d, de los que nos gustan, siempre est\u00e1 el nombre de Cruz. Ya hace casi 20 a\u00f1os que lo leemos y saludamos sus aparecimientos. Nada de aspavientos, ni de bombos o autobombos, mucho menos de los extintos suplementos culturales, Cruz no los necesita, es un oficiante de la palabra que merece su tiempo, ser acompa\u00f1ado de una copa y reimaginar en la mente las escenas que nos narra, durante meses.<br>Me volv\u00ed un parroquiano de su poes\u00eda tras leer El poema de la aldea de Kiang, una noble reescritura de un poema de Tu Fu, en claves rurales chilenas, sint\u00e9tica, casi cinematogr\u00e1fica. Un padre vuelve de la guerra en su versi\u00f3n fantasmal y le aconseja al aire de su casa cosas que no se deben dejar de hacer, y uno no sabe bien si alguien lo escucha o si no es realmente un fantasma, pero para quien lea este texto el\u00e1stico y profundo, debe saber que ah\u00ed existe alguien comunic\u00e1ndose con la otra vida.<\/p>\n\n\n\n<p><br>En Reducciones Cruz hizo la misma operaci\u00f3n, la de hablar con los muertos, pero ya no desde China, sino desde su cotidianidad. Es un libro fuerte, f\u00edsico, terrestre, brutal a momentos, una despedida a un padre y muchas cosas m\u00e1s. Es por eso que leemos a Cristi\u00e1n, porque en cada uno de sus libros hay una profunda sensaci\u00f3n de humanidad. Todo est\u00e1 dispuesto en sus versos para que nos miremos a nosotros mismos.<\/p>\n\n\n\n<p><br>No obstante, quiero saltar a una parte de este libro que es la que m\u00e1s me impacta. Se trata de \u201cCamada actual\u201d, un buen t\u00edtulo para recoger los escritos que van desde 2015 al 2024. Es como si Cruz hubiera juntado sus \u00faltimas creaciones y las hubiera subido en la parte de atr\u00e1s de una camioneta mientras \u00e9l conduce sin destino aparente. Aunque pronto el camino se torna oscuro, pedregoso, lleno de los baches de la existencia, a pesar de eso jam\u00e1s sus ocupantes pierden la chispa, todos saben que van a un lado aunque ninguno quiera mencionarlo. Y quiz\u00e1s Cruz termina estacionando su camioneta junto a un estanque, prende una fogata y se acompa\u00f1a de sus poemas, mientras en la radio se escucha una balada rockera de los ochenta. Entonces bailan, cantan, se cuentan cosas.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Eso es lo que siento al leer y releer \u201cCamada actual\u201d, es realmente un \u201cvamos cabros, s\u00fabanse\u201d y cada uno de esos escritos no ponen obst\u00e1culos, est\u00e1n hechos para andar juntos, se conocen, juegan pichangas juntos y les pasan pocos goles. Pero si hubiera uno que deber\u00eda ser nombrado capit\u00e1n ser\u00eda el m\u00e1s bello del conjunto y, no solo por lo bello, si no por su composici\u00f3n, porque efectivamente es una clase de movimiento y de eso que se dijo antes; de una profunda humanidad. \u201cMi hija patina una tarde de invierno\u201d muestra con desenvoltura una escena familiar, una ni\u00f1a que se acerca hasta su padre en una cancha de patinaje para preguntarle qu\u00e9 figura quiere que haga, un \u00e1ngel, un cisne o una paloma. Todo eso ocurre mientras el sol se oculta y deja su luz en el macizo de la cordillera. Esto lo dice mejor Cruz, pero no solo es un poema que contenga esa escena, porque detr\u00e1s de \u00e9l tambi\u00e9n existe una profunda reflexi\u00f3n sobre la escritura; del intento, una y otra vez de capturar la fugacidad, de dejar algo ante la debacle.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Por eso me gustan estos poemas, como el de la mudanza de los vecinos, el de tribunales y los antidepresivos, el de salir del hogar cuando las cosas andan mal, el de la congeladora y tantos m\u00e1s, porque funcionan, andan libres de polvo y paja, sueltos, ligeros, dicen lo que quieren, no esperan nada a cambio, son palabras y gestos que se mueven de aqu\u00ed para all\u00e1, con vida propia, pero si los quieres llevar juntos a un paseo, no lo dudan y est\u00e1n arriba de la camioneta antes de que los pases a buscar. Son una buena banda.<\/p>\n\n\n\n<p><br>Banda de rock, bandada, camada a fin de cuentas. Podr\u00eda releerlos siempre en esta fuente de soda que es el tiempo y el espacio en que me quedo mirando a ver c\u00f3mo pasan por fuera del ventanal. Cada uno de nosotros podr\u00edamos ser uno, si tan solo asumi\u00e9ramos qui\u00e9nes somos, si supi\u00e9ramos que despu\u00e9s de un d\u00eda de mierda viene un grandioso atardecer, si dij\u00e9ramos lo que pensamos y no nos escondi\u00e9ramos en enormes met\u00e1foras. En fin, si supi\u00e9ramos que en este lugar embaldosado el pan es crujiente, el consom\u00e9 humea, el piso no es el m\u00e1s limpio ni la cerveza la m\u00e1s helada. Una cosa s\u00ed: es una bella noche para bailar rock.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me volv\u00ed un parroquiano de su poes\u00eda tras leer El poema de la aldea de Kiang, una noble reescritura de un poema de Tu Fu, en claves rurales chilenas, sint\u00e9tica, casi cinematogr\u00e1fica. 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