{"id":19104,"date":"2025-10-24T16:30:15","date_gmt":"2025-10-24T16:30:15","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=19104"},"modified":"2025-10-24T16:31:44","modified_gmt":"2025-10-24T16:31:44","slug":"la-vida-desfila-ante-los-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/10\/24\/la-vida-desfila-ante-los-ojos\/","title":{"rendered":"La vida desfila ante los ojos"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:36px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos perdidos. Llev\u00e1bamos horas caminando en la oscuridad sin que pudi\u00e9ramos encontrar el sendero que deb\u00eda conducirnos hasta El Para\u00edso, el cuartel de la Cuarta Brigada de Ej\u00e9rcito que \u00edbamos a atacar esa noche en la que se realizar\u00eda la operaci\u00f3n m\u00e1s grande de la guerra civil de El Salvador hasta ese momento. Seguramente el resto de nuestro destacamento ya hab\u00eda ocupado sus posiciones. El asalto estaba planeado para las dos de la ma\u00f1ana y nosotros tendr\u00edamos que haber llegado una hora antes de entonces, pero faltaban pocos minutos para la hora prevista para el asalto y todav\u00eda nos encontr\u00e1bamos a la deriva.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00eda agotad\u00edsimo y todos est\u00e1bamos con hambre y mucha sed. Transit\u00e1bamos un sendero y luego nos deten\u00edamos sin saber d\u00f3nde est\u00e1bamos. Vladimir, el jefe de pelot\u00f3n e In\u00e9s, el segundo al mando, trataban de decidir cu\u00e1l era el camino m\u00e1s adecuado. Part\u00edamos hacia un lado, despu\u00e9s tom\u00e1bamos otra direcci\u00f3n s\u00f3lo para cambiar de rumbo poco m\u00e1s adelante. Lo \u00fanico positivo era que todos los desplazamientos eran \u2013 supon\u00edamos \u2013 m\u00e1s o menos en un mismo sentido. Yo avanzaba como un zombi, medio inconsciente. Aquel era territorio enemigo, por eso nuestros compa\u00f1eros no estaban familiarizados con la zona y sus veredas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sud\u00e1bamos copiosamente por el esfuerzo y nuestras cantimploras estaban vac\u00edas desde hac\u00eda horas. En las zonas controladas por la guerrilla conoc\u00edamos la ubicaci\u00f3n de pocitos naturales y de los riachuelos que brotaban por todas partes, pero este era terreno agr\u00edcola, as\u00ed es que no hab\u00eda ning\u00fan acceso al agua. Nuestra \u00faltima comida hab\u00eda sido a las seis de la ma\u00f1ana del d\u00eda anterior, un par de tortillas con unos pocos frijoles. M\u00e1s tarde, hac\u00eda ya unas ocho horas, me hab\u00eda echado a la boca un pu\u00f1adito de nuestra raci\u00f3n operativa, consistente en no m\u00e1s de doscientos gramos de harina cruda con un poco de az\u00facar. Mi amigo Arnulfo vino a mi rescate emocional: \u00abNo se preocupe, Rodrigo \u2013 ese era mi nombre de guerra -, ya vamos a llegar al cuartel y ah\u00ed vamos a tener toda el agua que queramos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos mov\u00edamos a ciegas entre milpas de ma\u00edz y otras plantaciones. Cruzamos un huerto de maicillo, o sorgo, que no es adecuado para el consumo humano y se usa como forraje para ganado. Vi a algunos combatientes que arrancaban los granos y se los echaban a la boca para calmar el hambre. Hice lo mismo. Por supuesto que no sab\u00eda a nada comestible, y eran dur\u00edsimos. Cuando logr\u00e9 quebrar algunos con los dientes y los remoj\u00e9 con la poca saliva que me quedaba, al chuparlos me di cuenta, pese al sabor detestable, que mi propia saliva calmaba algo el hambre y enga\u00f1aba la sed.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Est\u00e1bamos tan atrasados que comenzamos a trotar para ganar tiempo. Eso fue el colmo para m\u00ed, ya no me pod\u00eda las piernas. Estaba al l\u00edmite de mi resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto vimos el cielo iluminado por el reflejo de unas luces algo m\u00e1s adelante. Algunos combatientes exclamaron \u201c\u00a1El Para\u00edso!\u201d. Comenzamos a subir una lomita y de pronto apareci\u00f3 el cuartel en todo su siniestro esplendor. Qued\u00e9 totalmente sorprendido por sus enormes dimensiones.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No parec\u00eda un cuartel &#8211; como recordaba que eran los cuarteles de mi pa\u00eds, como el Maipo, o el Coraceros, e incluso el Silva Palma -, sino que \u00e9ste parec\u00eda una ciudad. Estaba completamente iluminado, como si fuera de d\u00eda (mis recuerdos aqu\u00ed son distintos a los reportes oficiales del ataque). Hab\u00eda una carretera que lo rodeaba y pod\u00edamos escuchar y ver un veh\u00edculo blindado con una ametralladora punto cincuenta que recorr\u00eda esa ruta, circundando la guarnici\u00f3n militar durante toda la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la periferia del cuartel se alzaban torres con ametralladoras, como las que recordaba del campo de concentraci\u00f3n de Puchuncav\u00ed, donde hab\u00eda estado prisionero en Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>Me pregunt\u00e9 c\u00f3mo era posible que, a pesar de todas esas luces, de la ausencia de vegetaci\u00f3n en las cercan\u00edas \u2013 pues el ej\u00e9rcito salvadore\u00f1o cortaba o quemaba todo lo que creciera alrededor para eliminar parapetos y posibles ataques sorpresa -, a pesar de las torres, del veh\u00edculo artillado, etc\u00e9tera, nuestras Fuerzas Especiales de todos modos hubieran penetrado el cuartel noche tras noche, explorando sistem\u00e1ticamente el basti\u00f3n enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para aproximarnos al punto de ataque que se nos hab\u00eda asignado, deb\u00edamos pasar justo a los pies de una de las torres. Ten\u00edamos que hacerlo muy despacio, cuidadosamente y en silencio para que los soldados en ella no nos detectaran, ya que, en todas las operaciones de ataque, si alg\u00fan grupo era detectado antes de la hora acordada para el inicio, se romp\u00eda el fuego y comenzaba la ofensiva en ese mismo momento.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, como \u00edbamos tan atrasados y a\u00fan nos faltaban unos ochenta metros para llegar a nuestra posici\u00f3n, no disminuimos el paso y seguimos trotando por una lomita, de bajada. Yo estaba tan extenuado que ten\u00eda las piernas como chicle y me ca\u00ed justo bajo la torre, encima de una pila de piedras. Mi cantimplora de aluminio dio botes sobre las rocas, haciendo un ruido tremendo. Todos nos volvimos apuntando los fusiles hacia arriba, esperando la lluvia de balas que de seguro nos caer\u00eda encima. Despu\u00e9s de algunos segundos en que estuvimos inm\u00f3viles como en el juego de la \u00abmomia\u00bb, al ver que nada ocurr\u00eda supusimos que los soldados estaban durmiendo. As\u00ed que continuamos nuestro trote.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de que pudi\u00e9ramos llegar a nuestra posici\u00f3n, escuchamos una r\u00e1faga. Ah\u00ed comenz\u00f3 a volar todo por los aires, incluidas las torres que ya hab\u00edamos dejado atr\u00e1s. Seguramente hab\u00edamos pasado junto a los compa\u00f1eros de las Fuerzas Especiales encargados de volarlas, pero estaban tan camuflados que no nos dimos cuenta de su presencia.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un a\u00f1o despu\u00e9s conoc\u00ed y me hice amigo de Rafa, el combatiente que comenz\u00f3 el ataque aquella noche y que dio inicio a los enormes fogonazos de las explosiones y a su ruido ensordecedor.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras todo eso ocurr\u00eda, un r\u00e1pido pensamiento pas\u00f3 por mi mente: \u201c\u00a1\u00bfQu\u00e9 hago aqu\u00ed?!\u201d. Yo era un profesor de edad &#8211; casi &#8211; mediana, con familia e hijos, que hab\u00eda sido simpatizante de la Democracia Cristiana en Chile, un terco pacifista durante la adolescencia y que casi se fue preso por rehusarse a hacer el servicio militar obligatorio. As\u00ed como dicen que pasa la pel\u00edcula de nuestras vidas ante los ojos cuando estamos a punto de morir, una serie de im\u00e1genes y de recuerdos interrelacionados comenzaron a circular por mi mente.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este libro es, en parte, un recuento de esas im\u00e1genes. Est\u00e1 basado en mis recuerdos. Me disculpo con los compa\u00f1eros que sobrevivieron, los que a\u00fan viven y que fueron parte de estas historias, si es que acaso sus memorias no coinciden exactamente con las m\u00edas. De hecho, unas importantes protagonistas de estas historias, Haydee y Ewa, su hija, tuvieron la oportunidad de revisar las p\u00e1ginas de este texto en las que aparecen ellas y estuvieron de acuerdo con muchos de mis recuerdos, pero no con otros, e incluso hasta medio se ofendieron con algunas partes del relato, que luego correg\u00ed. Pero, como dec\u00eda, no he tenido la posibilidad de hacer ese ejercicio de justicia con todos quienes son mencionados y aparecen en este libro.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:58px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Est\u00e1bamos perdidos. 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