{"id":19134,"date":"2025-10-22T17:03:49","date_gmt":"2025-10-22T17:03:49","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=19134"},"modified":"2025-10-25T14:34:02","modified_gmt":"2025-10-25T14:34:02","slug":"poner-a-burbujear-el-agua-estancada-alrededor-presentacion-de-actas-urbe-de-elvira-hernandez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/10\/22\/poner-a-burbujear-el-agua-estancada-alrededor-presentacion-de-actas-urbe-de-elvira-hernandez\/","title":{"rendered":"Poner a burbujear el agua estancada alrededor: presentaci\u00f3n de Actas Urbe de Elvira Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Actas Urbe re\u00fane, publicado por Alquimia Ediciones, seis poemas extensos que, debido a sus condiciones de publicaci\u00f3n, se encontraron por muchos a\u00f1os en estado de \u201cinencontrables\u201d. A saber: \u00a1Arre! Halley \u00a1Arre! (1986); Meditaciones f\u00edsicas por un hombre que se fue (1987); Carta de Viaje (1989); El orden de los d\u00edas (1991), Tr\u00edstico (1995) y Se\u00f1a de mano para Giorgio de Chirico (1996).<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>Este es el texto de presentaci\u00f3n preparado por Gabriel Lane, le\u00eddo el martes 7 de octubre del 2025 en Librer\u00eda Proyecci\u00f3n, en compa\u00f1\u00eda de la autora y la periodista Francisca Palma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1080\" height=\"1440\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/lanzamiento-Actas-Urbe-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-19132\"\/><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Cuando se trata de organizar la obra de Elvira Hern\u00e1ndez, trazar genealog\u00edas, rutas de entrada y de salida \u2014y sobre todo de salida\u2014, entramos a cr\u00e1neo partido en un problema sin ra\u00edz ni horizonte. Porque con la obra de Elvira Hern\u00e1ndez, si es que no hablamos de tan solo uno de sus libros, por d\u00f3nde comenzar, cuando muchos de ellos fueron publicados diez, veinte a\u00f1os despu\u00e9s que se escribieran, en un proceso de abierta construcci\u00f3n y de suspicacia profunda, incluso, sobre sus propios recursos. Obra demorada pero sostenida, \u00abanimal de muchas cabezas\u00bb es tambi\u00e9n el caso de <em>Actas Urbe<\/em>, libro, nos revela el pr\u00f3logo, que naci\u00f3 menos por un empe\u00f1o program\u00e1tico que por una complicidad entre el editor y la autora y, sobre todo, por la retenci\u00f3n, en cada uno de los ocho trabajos que la recopilaci\u00f3n contiene, de una experiencia colectiva, com\u00fan, capturada y puesta en circulaci\u00f3n. Varios de los textos de <em>Actas Urbe<\/em>, antes que publicaciones, circularon, y algunos de manera clandestina, como se\u00f1ales de una posici\u00f3n parapetada, siempre encubierta, que primero, y por seguridad, fue material vivo y accesible solo para unos pocos, o los suficientes, para que la gran mayor\u00eda de estos textos fueran inencontrables luego de los ochenta y los noventa, y hasta hace no demasiado tiempo. De este primer momento de circulaci\u00f3n, podr\u00edamos decir entonces, gran parte de estos trabajos quedaron leudando hasta su momento de publicaci\u00f3n en el territorio chileno, a nuestra conveniencia, la de sus lectores, gracias a la primera edici\u00f3n de <em>Actas Urbe<\/em> el a\u00f1o 2013.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y hoy, doce a\u00f1os exactos m\u00e1s tarde, vuelvo a la pregunta: por d\u00f3nde comenzar. Quiz\u00e1, en la demora y en la reticencia a la publicaci\u00f3n precipitada, hay una primera sospecha, primera de tantas, a la vez que una toma de posici\u00f3n. Quiz\u00e1, en el desciframiento de sus claves, con estos textos es necesario tomarse un segundo; no tom\u00e1rselo tan de prisa. Quiz\u00e1 \u00abpara apurarse, hay que atrasarse, y esa la \u00fanica manera para ver lo que hay que ver\u00bb, dir\u00eda la propia Elvira citando a Gonzalo Rojas; y habr\u00eda que salir a caminar y con el olfato bien encendido seguirle la pista a las se\u00f1ales de esta poes\u00eda merodeadora, que transita la calle y con la cabeza siempre gacha, casi invisible entre la gallada, le busca las esquinas chuecas a una ciudad que ha sabido levantarse sobre un suelo erosionado, curtido por los cuerpos que devuelven los r\u00edos. Una y otra vez con tenacidad \u00absalir a patrullar Santiago\u00bb, dir\u00eda Elvira citando esta vez a Rodrigo Lira, y as\u00ed observar las velocidades con que nos encaminamos a nuestros trabajos, para de pronto detenernos y, si estamos de suerte, reparar en ese tiempo tan particular cuando el reloj nos chicotea los dedos, y entrevemos en el mundo un peso que no solo se nos carga encima y nos encorva los hombros hacia delante, sino que pareciera cubrirlo todo: los edificios, el cielo, la respiraci\u00f3n. \u00abRadiograf\u00eda ps\u00edquica del territorio urbano\u00bb, fue como alguna vez defini\u00f3 Raquel Olea a <em>El orden de los d\u00edas<\/em>, y esta bien podr\u00eda ser por extensi\u00f3n una premisa que rodea la obra mayor de su autora. Repito la definici\u00f3n: \u00abRadiograf\u00eda ps\u00edquica del territorio urbano\u00bb, una condensaci\u00f3n, pueden ver, de dos planos en apariencia irreconciliables, hist\u00f3ricamente escindidos \u2014y a\u00fan m\u00e1s si lo miramos a trav\u00e9s del vidrio de nuestro tiempo\u2014, que son el plano de lo colectivo y el plano del intimismo. Y aqu\u00ed recurro a las palabras del poeta mexicano Iv\u00e1n Cruz, que su manera de referirse a este problema me parece formidable: \u00abElvira Hern\u00e1ndez es due\u00f1a de sus palabras y sobre todo de sus silencios. Deambula hacia s\u00ed misma para encontrar en lo externo lo que se fractura dentro. No hay poes\u00eda m\u00e1s intimista que aquella que desgarra con la sangre propia los muros del crimen\u00bb. En <em>Actas Urbe<\/em>, si acaso se traza mapa alguno, este es un mapa de cruces que no llevan a ning\u00fan tesoro. No hay en este mapa nada que est\u00e9 terminado, nada que se haya cristalizado. En una ciudad inacabada, estos poemas no encuentran, y son m\u00e1s bien instrumentos como una l\u00e1mpara sin bombilla, que a la oscuridad a su alrededor, sin iluminarla la vuelve un hervidero. En esta ciudad inacaba, <em>El cuento sigue<\/em>, como se titula uno de los poemas de la secci\u00f3n <em>Acta Diurna Urbis<\/em>, y la escena da vueltas y la voz que habla no es sino aquella \u00abla vacilante\/ la que va para all\u00e1 y luego para ac\u00e1\/ en un cuadro de irresoluci\u00f3n aguda\u00bb. O como dice otra, en <em>Poemas fugaces<\/em>: \u00abNo puedo decir a esta hora: conclusi\u00f3n\/ apenas confusi\u00f3n\/ y esta palabra tambi\u00e9n me sobra\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Vuelvo a abrir comillas: \u00ab\u00bfAlguien sabe algo que pueda decirlo?\u00bb, pregunta una de las voces, esta vez en el poema \u00abMi\u00e9rcoles ceniza\u00bb, como si de entre tantas voces pudi\u00e9semos escuchar al vuelo esta pregunta caminando por la calle. Son estas voces los llamados testigos-nadie, como los definir\u00eda el editor y escritor Rodrigo Landaeta; esas voces m\u00faltiples que desde su anonimato y desubjetivaci\u00f3n transparentan una conciencia quebrada. Para cuando termin\u00e1ramos la lectura de este libro, si volvi\u00e9ramos a comenzarlo como un acto de honesto desconcierto, nos encontrar\u00edamos con que la primera palabra que abre el libro es \u00abTantear\u00bb, mientras que la \u00faltima es \u00abnosotros\u00bb. Como un acto extremadamente caprichoso, podr\u00edamos leer el recorrido a trav\u00e9s de este mapa como un tantearnos, como un cotejo de una voz que se pluraliza y se examina. Pero en la caracterizaci\u00f3n de Landaeta, me parece ver c\u00f3mo este yo-nosotros-testigos-nadie cobra una significaci\u00f3n inesperada, y donde estas actas de la urbe exceden la acepci\u00f3n de acta como mero testimonio, pues si el testigo, ante todo, es una figura dual, de quien recibe y simult\u00e1neamente entrega una informaci\u00f3n, el objeto que se pasa entonces es el que se trafica de mano en mano en una carrera de relevos. Un poema es un testigo, no solamente porque ve donde otros no han visto, sino, sobre todo, porque debe pasarse, seguir en circulaci\u00f3n. Un poema no es un punto de llegada, dice Mario Montalbetti, sino la posibilidad viva de seguir diciendo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Siempre he cre\u00eddo que los lugares por los que circula un texto dice tanto o m\u00e1s que su contenido. En su mayor\u00eda escritos en los ochenta, hay aqu\u00ed pr\u00e1cticas y secuencias, a su vez que vac\u00edos y silencios, en que vale la pena detenernos. Si arm\u00e1ramos una cronolog\u00eda de escritura, tal como se hizo en la antolog\u00eda <em>Los trabajos y los d\u00edas<\/em>, los textos contenidos en <em>Actas Urbe<\/em> tendr\u00edan un antecedente importante: bien sabida es la demora que tuvo la publicaci\u00f3n de <em>La bandera de Chile<\/em>, que ya circulaba en mime\u00f3grafo el 81, y que fue publicada diez a\u00f1os despu\u00e9s en Buenos Aires por la editorial Libros de Tierra Firme. La misma suerte corri\u00f3 para <em>El orden de los d\u00edas<\/em>. Si bien su escritura data del a\u00f1o 82, fue publicado despu\u00e9s de nueve a\u00f1os en Roldanillo, Colombia, de la mano del editor y artista visual Omar Rayo. Para qu\u00e9 hablar de la demora que tuvieron las <em>Meditaciones f\u00edsicas por un hombre que se fue<\/em>, o de <em>Cuerpos encontrados en varias partes<\/em>. Nace as\u00ed la pregunta: \u00bfcu\u00e1ndo y d\u00f3nde comienza un libro? Cu\u00e1ndo comienza, pero d\u00f3nde termina, cuando los restos de una historia bastardeada siguen como ra\u00edz levantando las calles, echando pie en nuestras historias, haci\u00e9ndonos tropezar incluso adentro de nuestras propias casas. La dictadura supo reorganizar su herencia, y en nuestros d\u00edas pareciera primar una confusi\u00f3n desprovista de estrella. Una estrella cuya sombra a\u00fan nos deslumbra los caminos, en medio de la desorientaci\u00f3n del entretanto, cuando transitamos bajo el movimiento de un presente pret\u00e9rito. Es este movimiento, el de un presente que gira en banda \u2014en un espacio a ratos poco reconocible\u2014 el que se traspapela en el presente y el pasado como una sola amalgama hecha de carne y de polvo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y de carne y de polvo es la poes\u00eda de Elvira Hern\u00e1ndez, la de un cuerpo arrojado a la escritura. Es en sus palabras \u00abun estar cautiva que compromete no solo a la mano sino a todo el cuerpo al sometimiento de las palabras\u00bb. Como un cuerpo arrojado, errante y testigo de la violencia y de los restos que se resisten a los embates del tiempo, estos poemas son tambi\u00e9n una pregunta por c\u00f3mo acaban los cuerpos y c\u00f3mo el discurso tiene un l\u00edmite. Hay en estos poemas una conciencia sobre c\u00f3mo los cuerpos debiesen ocupar un sitio cada vez m\u00e1s importante en nuestra cotidianidad, y tambi\u00e9n en la discusi\u00f3n de las ideas. Si nos detenemos en el poema \u00abRestos\u00bb, por ejemplo, a esta altura medular en la obra de Elvira Hern\u00e1ndez, o en <em>Cuerpos encontrados en varias partes<\/em>, los cuerpos son productos de una violencia que nada tiene que ver con la ret\u00f3rica. Aqu\u00ed la violencia \u2014y en especial la violencia armada\u2014 no solo destruye: tambi\u00e9n engendra nuevos seres, nuevas existencias que irrumpen en el mundo. Esta es la extensi\u00f3n por el espacio que puede una <em>persona<\/em>, tal como lo ha pensado el poeta peruano Jos\u00e9 Carlos Ag\u00fcero: cuando un cuerpo explota, cuando se descompone, no solo desaparece un ser: se generan otros. Si ese cuerpo arde, se transforma, y da origen a nuevas formas de materia. Podemos llamarlas residuo, resto, exceso \u2014usemos la teor\u00eda que queramos\u2014, pero en el fondo son entidades que hemos decidido excluir del campo de la normalidad. Las tratamos como anomal\u00edas, y sin embargo, si somos honestos, sabemos que no lo son: el siglo xx y buena parte del xxi est\u00e1n poblados por estos seres. Compartimos el mundo con ellos. Hay demasiadas guerras, genocidios, holocaustos y dictaduras como para fingir que se trata de singularidades. Me parece que cuando Nicanor Parra dice que \u00abSantiago es un desierto.\/ Creemos ser pa\u00eds\/ y la verdad es que somos apenas un paisaje\u00bb, se refiere a un paisaje de nuestro tiempo que comparte la naturaleza de nuestra gen\u00e9tica. Si un perro husmeando en la basura se devora un cuerpo, comparte algo de nuestra condici\u00f3n; y cuando el perro muera, los organismos que lo consuman prolongar\u00e1n esa cadena. El mar mismo es otra forma de sangre, como dice Ag\u00fcero, y en ello \u2014vuelvo a insistir\u2014 no hay ret\u00f3rica alguna. Nuestro alrededor es cuerpo, y como alguna vez dijo B\u00e1rbara D\u00e9lano en <em>Playas de fuego,<\/em> \u00abEste es el lugar de los cr\u00edmenes.\/ La muerte es el \u00fanico museo abierto\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es en este contexto que en la obra de Elvira Hern\u00e1ndez hay un fondo de valores a reconocer. Cuando la mordaza militar oblig\u00f3 a rearticular la palabra y el ejercicio de la escritura fue forzada al retraimiento \u2014aunque a su vez a una estricta vigilia\u2014, a contramano de los a\u00f1os m\u00e1s oscuros de la dictadura se conform\u00f3 una eclosi\u00f3n po\u00e9tica importante. En 1982, a\u00f1o en que se data la escritura \u2014como ya dec\u00eda\u2014 de <em>Cuerpos <\/em><em>encontrados en varias partes <\/em>y <em>El orden de los d\u00edas<\/em>, hay una productividad colectiva en ebullici\u00f3n. Adem\u00e1s de <em>Antepara\u00edso <\/em>de Zurita, a estos dos trabajos de Elvira Hern\u00e1ndez se suman <em>Estaci\u00f3n de los desamparados <\/em>de Enrique Lihn e <em>Introducci\u00f3n a Santiago <\/em>de Jos\u00e9 \u00c1ngel Cuevas, como textualidades que est\u00e1n pensando la construcci\u00f3n de una ciudad que se ha vuelto otra; que se vuelven al tr\u00e1nsito y atestiguan una temporalidad nueva de individuos que sufrieron el exilio interior en medio de la transformaci\u00f3n urbana. Un a\u00f1o despu\u00e9s se publicar\u00eda el debut literario de Carmen Berenguer, <em>Bobby Sands desfallece en el muro<\/em>, y <em>Chistes para desorientar a la <\/em><em><s>polic\u00eda<\/s><\/em><em> poes\u00eda <\/em>de Nicanor Parra; y si tomamos tan solo ese par de a\u00f1os como antecedente, entonces la pregunta se precipita: cu\u00e1nto horror requiere desgranar la palabra, al tiempo en que el silencio se vuelve un alfabeto complejo y en expansi\u00f3n; y c\u00f3mo empezar nuevamente, sin un suelo donde afirmarse, donde reafirmar arraigo. Como una po\u00e9tica de la vigilia insomne, entremedio del pantano estos poemas formaron parte de una historia de rearticulaci\u00f3n, tan colectiva como informe, y se detuvieron y miraron lo suficiente para poner a burbujear el agua estancada a su alrededor, la palabra vaciada.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Esta, sin embargo, es una peque\u00f1a parte de la contemporaneidad y las confluencias que tuvo en su momento los primeros textos que hacen parte de <em>Actas Urbe<\/em>. Ya mencion\u00e9 la figura del testigo, que como quien recibe es tambi\u00e9n quien entrega, por lo tanto, a la vez que estas actas son un testimonio de una producci\u00f3n en una geograf\u00eda territorial, es tambi\u00e9n una herencia, como si fuera lanzada dentro de una botella al mar abierto, con una relevancia imposible de sopesar. No hace demasiado tiempo hablaba con el poeta Gast\u00f3n Carrasco, y me contaba de alguna vez durante el estallido social que entrevist\u00f3 a Elvira Hern\u00e1ndez, y de c\u00f3mo su obra lo hab\u00eda marcado, y la impresi\u00f3n que le hab\u00edan causado las conversaciones que lo hac\u00edan entrar, en sus palabras, en un \u00abtiempo distinto\u00bb, y tambi\u00e9n de la impresi\u00f3n que le dio la despedida de este encuentro, cuando al alejarse repar\u00f3 en c\u00f3mo quien escribi\u00f3 que \u00ablos naufragios comienzan tierra adentro\u00bb se quedaba durante largo rato, y si es que no horas, observando y literalmente tactando las frases, las im\u00e1genes y toda la escritura a rienda suelta que semanalmente se renovaba en las planchas met\u00e1licas afuera del Gam. Me pregunto si ser\u00eda posible dimensionar cu\u00e1nto hay de <em>P\u00e1jaros desde mi ventana<\/em> en los textos de <em>Avistamiento de aves y otros vuelos<\/em> de Carla Llamunao, o cu\u00e1nto hay de <em>Los poemas fugaces<\/em> en el libro <em>Nada o el vac\u00edo observable del espacio <\/em>de Felipe Caro, o la relevancia que tuvo <em>La bandera de Chile<\/em> en <em>Pieza pa\u00eds <\/em>de este mismo autor, o <em>Santiago Waria<\/em> en <em>Edad de la ira<\/em> de Patricio Alvarado. Curiosamente, estos tres poetas que tiro al vuelo son todos de Wallmapu, que es quiz\u00e1 otra manera que ha tenido Teresa Adriasola, nombre civil de Elvira Hern\u00e1ndez, de volver a Lebu, su tierra natal. Tambi\u00e9n se me vienen a la cabeza los escritos, y entre ellos su tesis de grado, que le ha dedicado la poeta renquina Catalina R\u00edos; o si quisi\u00e9ramos, podr\u00edamos hacernos la pregunta hacia el futuro de cu\u00e1ntos vasos comunicantes hay entre la escritura bot\u00e1nica de Victoria Ram\u00edrez y los poemas, en su mayor\u00eda a\u00fan in\u00e9ditos, que conformar\u00e1n alg\u00fan d\u00eda la publicaci\u00f3n <em>Cultivo de hojas<\/em>, otro ejemplo m\u00e1s de una autora que escribe mucho, y con m\u00e1s de quince libros a su haber, publica poco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Una persona ocupa cerca de doscientos m\u00fasculos para caminar. Al menos diecisiete para mirar, y porta en promedio ochenta y seis mil millones de neuronas con las que puede comunicarse, re\u00edr a mand\u00edbula batiente, llenarse los pulmones, escribir un poema. Habr\u00eda que preguntarse, a sus 74 a\u00f1os, cu\u00e1nto ha caminado Elvira Hern\u00e1ndez para escribir lo que ha escrito, para llegar a mirar lo que ha mirado. En parte, su escritura da cuenta de ello, y al igual que su autora, justa o injustamente \u2014e incluso con un Premio Tellier y un Premio Nacional bajo el brazo\u2014, esta ha sabido permanecer inadvertida.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es ese semblante sigiloso, de mirada cr\u00edtica y paso encendido, el que celebro con <em>Actas Urbe<\/em>. En un tiempo en que las librer\u00edas eran vaciadas y el libro incendiario era arrojado a la hoguera, Elvira Hern\u00e1ndez \u2014junto a toda una generaci\u00f3n\u2014 supo hallarle palabra a un nuevo mundo que nada tuvo que ver con el arrojo por los nuevos comienzos. Una autora que se opuso a la literatura de puerta cerrada y al literato de gabinete, y sali\u00f3 a la calle y desde all\u00ed puso la palabra en circulaci\u00f3n clandestina. Hay en ello toda una apuesta que nos invita a pensar sobre nuestros modos de elaborar pensamiento, y de c\u00f3mo el poema y la escritura circulan; en qu\u00e9 espacios se producen; d\u00f3nde se concentran; c\u00f3mo se posicionan frente al poder y sus sentidos comunes. Cuando tuvieron que pasar 73 a\u00f1os para que una poeta volviera a ganar el Premio Nacional de Literatura, que la edici\u00f3n de este libro, hoy nuevamente accesible, sirva para abrir nuevos flancos y que, al mismo tiempo que un evento a celebrar, sea una llamada al detenimiento y a la advertencia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Gabriel Lane<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">7 de octubre de 2025<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:10px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Actas Urbe re\u00fane, publicado por Alquimia Ediciones, seis poemas extensos que, debido a sus condiciones de publicaci\u00f3n, se encontraron por muchos a\u00f1os en estado de \u201cinencontrables\u201d. A saber: \u00a1Arre! Halley \u00a1Arre! 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