{"id":19312,"date":"2025-11-10T20:16:15","date_gmt":"2025-11-10T20:16:15","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=19312"},"modified":"2025-11-10T20:16:16","modified_gmt":"2025-11-10T20:16:16","slug":"una-mujer-se-sienta-en-el-borde-de-una-terraza-de-madera-con-sus-pies-colgando-sobre-el-mar-arriba-de-nina-avellaneda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/11\/10\/una-mujer-se-sienta-en-el-borde-de-una-terraza-de-madera-con-sus-pies-colgando-sobre-el-mar-arriba-de-nina-avellaneda\/","title":{"rendered":"Una mujer se sienta en el borde de una terraza de madera con sus pies colgando. Sobre \u201cEl mar arriba\u201d de Nina Avellaneda"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-medium-font-size\"><em>Presentaci\u00f3n de V\u00edctor Quezada del libro publicado por Ediciones Overol. La actividad se realiz\u00f3 en Inquieta Librer\u00eda el 25 de octubre junto a la autora y a Megumi Andrade.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:100px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Siempre he imaginado que los libros tienen puertas y ventanas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay relatos ideol\u00f3gicos al respecto:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>El documento como una puerta al pasado, que permite conocerlo \u201ctal como ha sido\u201d.<\/li>\n\n\n\n<li>Los manuscritos, los diarios como ventanas a la vida de escritoras o escritores, que nos permiten <a>conocerles<\/a> en su fuero \u00edntimo.<\/li>\n\n\n\n<li>La novela como una ventana abierta al d\u00eda, que nos permite conocer el mundo.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Todos, mitos de la virginidad documental, la acumulaci\u00f3n natural, la continuidad entre realidad y representaci\u00f3n. Pero eso no es lo que quiero decir. Es famoso el comienzo de <em>Nadja <\/em>de Andr\u00e9 Breton<em>:<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQui\u00e9n <strong>soy<\/strong> yo? Como excepci\u00f3n podr\u00eda guiarme por un aforismo: en tal caso, \u00bfpor qu\u00e9 no podr\u00eda resumirse todo \u00fanicamente en saber a qui\u00e9n <strong>\u2018frecuento\u2019<\/strong>?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Qui <strong>suis<\/strong>-je? Si par exception je m\u2019en rapportais \u00e0 un adage: en effet pourquoi tout ne reviendrait-il pas \u00e0 savoir qui je <strong>\u2018hante\u2019<\/strong>?<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan la edici\u00f3n castellana de editorial C\u00e1tedra, los verbos en franc\u00e9s ocupados por Bret\u00f3n (<em>\u00eatre, hanter<\/em>; equivalentes a \u201cser\u201d y \u201cperseguir\u201d o, seg\u00fan la traducci\u00f3n citada, \u201cfrecuentar\u201d) refieren tanto al dicho \u201cdime con qui\u00e9n <strong>andas <\/strong>y te dir\u00e9 qui\u00e9n <strong>eres<\/strong>\u201d (<em>dis-moi qui tu <strong>hantes<\/strong>, je te dirai qui tu <strong>es<\/strong><\/em>), como a la ocurrencia de una aparici\u00f3n sobrenatural. Es decir, tal construcci\u00f3n verbal refiere tanto al citado dicho, como a la idea (en particular el segundo verbo, <em>hanter<\/em>) de ser atormentado por apariciones fantasmag\u00f3ricas o, como decimos m\u00e1s coloquialmente, de ser \u201cpenados\u201d por fantasmas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Por eso, a la pregunta de Breton: <strong>\u00bfqui\u00e9n soy yo?<\/strong>; podemos llegar a responder que <strong><em>yo <\/em>es<\/strong> <strong>una casa embrujada <\/strong>o que <strong><em>yo <\/em>es una casa llena de fantasmas<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Entonces, para volver a comenzar, la idea es la siguiente<strong>: los libros tienen puertas y ventanas que conducen a diferentes piezas; puertas y ventanas por las que vamos de libro en libro, en la casa interminable de la escritura. All\u00ed <em>\u2013<\/em>como lectores<em>\u2013<\/em> somos casa y fantasmas<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, en <em>Souza \u2013<\/em>el libro anterior de Nina<em>\u2013 <\/em>una o varias puertas van a dar a <em>El mar arriba<\/em> -el libro actual-:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u00a1<em>Qu\u00e9 trabajo ser persona!, y pensar que hay quienes se complacen. Talentosos, nunca haber deseado nacer enredadera, cirros, ox\u00edgeno. Tener durante toda la vida el mismo nombre y miedo, estar destinada a tener miedo, un gran o peque\u00f1o miedo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo anterior podr\u00eda haberlo escrito Luiza desde el extranjero en el reverso de una postal, una confesi\u00f3n sombr\u00eda seguida de un saludo amoroso. Sin embargo, <strong>soy yo quien lo ha escrito<\/strong>, Luiza ha mejorado. Va al teatro a diario (&#8230;) La soledad ha dejado de ser un problema, a Luiza la ha adoptado una familia, una familia teatral. Si piensa en Souza escribe una carta que lleva al correo caminando, si su pensamiento es nost\u00e1lgico entonces escribe para s\u00ed misma. Temo por la vida de Luiza cuando la obra acabe, s\u00e9 que todos pondremos de nuestra parte para hacer que funcione, que esta mujer sobreviva, la necesitamos, <strong>necesitamos leer la historia de una mujer que sobrevive<\/strong>.<br><br><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Yo imagin\u00e9, luego de leer <em>El mar arriba<\/em>, que hab\u00eda alguna puerta trasera que conduc\u00eda a <em>Souza<\/em>, porque me parec\u00eda que la sinestesia del segundo libro se correspond\u00eda con la hiperestesia del primero; la figura de la m\u00e1scara, con la del doble.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:121px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"709\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/WhatsApp-Image-2025-10-27-at-08.50.19-1-709x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-19310\"\/><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:121px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Entonces volv\u00ed a leer <em>Souza <\/em>\u2013porque tambi\u00e9n ten\u00eda una deuda personal con ese libro: haberlo le\u00eddo solo una vez, antes de su forma final, y terminar fantase\u00e1ndolo\u2013. Y en <em>Souza<\/em> estaba este impensado pasadizo hacia <em>El mar arriba<\/em>: la necesidad de contar\/leer la historia de una mujer que sobrevive.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Tras entrar por esa puerta me fue dif\u00edcil volver a la lectura de <em>El mar arriba<\/em> con otros ojos que estos. Antes hab\u00eda elegido una entrada diferente: la luz y la oscuridad, la l\u00ednea del horizonte, el color azul que para Goethe parece \u201calejarse de nosotros\u201d (\u201ccomo el cielo, como las monta\u00f1as distantes\u201d, dice en <em>Teor\u00eda de los colores<\/em>, p\u00e1rr. 780; como el mar arriba, a\u00f1ado yo).<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda fantaseado esta otra entrada por un criterio casi cuantitativo: porque <strong>en once de sus fragmentos se nombra el color azul y porque hay un hiato de cuarenta p\u00e1ginas en el que no se nombra; hasta las \u00faltimas ocho p\u00e1ginas en las que es nombrado otras dos veces.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u00bfY qu\u00e9 pasa en ese hiato?, \u00bfqu\u00e9 vemos por esa ventana?<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Un aligeramiento, la p\u00e9rdida de un peso.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Ese hiato comienza con el relato de un recuerdo infantil que abre a otras escenas de la infancia propia y ajena, vivida y vista, mientras en paralelo algo se desata, algo se desprende. En esas escenas aparecen la mam\u00e1 (solo una vez), el pap\u00e1, un vecino llamado el Compadre.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay una imagen en esta escena del Compadre que me enternece. El Compadre era un vecino que ten\u00eda un nogal en el patio. El patio de ambas casas estaba dividido por una reja de malla cuadrada (o con forma de rombos m\u00e1s bien). Nunca se visitaban, pero a trav\u00e9s de la reja el Compadre le regalaba nueces a la protagonista-ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, el compadre cae o se lanza a un pozo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Antes de <em>eso<\/em> [la muerte del Compadre], aparece la siguiente imagen, que sirve para sugerir la realidad de un paso sin retorno en la experiencia de una ni\u00f1a; una transformaci\u00f3n o una apertura:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>El Compadre ten\u00eda un patio lindo que a ella le gustaba m\u00e1s que el suyo. Es posible que hayan sido las hojas secas acumuladas, los matorrales, los gatos flacos, o era tan solo que no era el suyo. No recuerda haber puesto un pie en \u00e9l. Tan solo <strong>la mano empu\u00f1ada que una vez cruzado el rombo se abr\u00eda para sentir c\u00f3mo era el aire del otro lado.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Son fantas\u00edas, fantasmas, preguntas simples y dif\u00edciles las que aparecen en la mente de una ni\u00f1a: \u00bfc\u00f3mo es el aire del otro lado?, \u00bfc\u00f3mo es el aire del lado de la muerte?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En el libro despuntan muchas im\u00e1genes como esta, que tienen la capacidad de sugerir sin determinar, a riesgo de pasar desapercibidas; im\u00e1genes que parecen ser la materializaci\u00f3n de una apuesta literaria que est\u00e1 en el camino de extremar sus recursos. Esos que ya eran visibles en sus libros anteriores (<em>Souza, La Extrav\u00eda<\/em>, que son los que he le\u00eddo):<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>la concatenaci\u00f3n desjerarquizada de elementos;<\/li>\n\n\n\n<li>la puesta en relaci\u00f3n sutil antes que la yuxtaposici\u00f3n;<\/li>\n\n\n\n<li>la sugerencia de im\u00e1genes (mediadas por la fantas\u00eda, la sinestesia, el sue\u00f1o) antes que el relato l\u00f3gico y pormenorizado de hechos;<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Estos recursos montan la escena de un mundo anclado en la relaci\u00f3n (juguetona, a veces; otras, melanc\u00f3lica) entre la protagonista y la narradora, que hace posible un <strong>yo<\/strong> que difumina su dimensi\u00f3n referencial, sin llegar a confundirse.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pero habl\u00e1bamos de una ventana. Esa ventana de cuarenta p\u00e1ginas se abre a escenas de la infancia propia y ajena, mientras en paralelo algo se desprende. Podr\u00edamos plantearlo de otra manera, en <em>El mar arriba<\/em>, espec\u00edficamente en esta gran secci\u00f3n central que hemos identificado con una ventana, se narra un alivio.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>No sabemos bien qu\u00e9, pero algo se alivia, se pierde un peso. Y, de pronto, aparece un caballo:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Peque\u00f1o milagro \u2013he llegado a pensar\u2013, la facultad de nombrar y poner en palabras, decir. Si hasta mi cuerpo se deshizo de su eterna contracci\u00f3n y sinti\u00f3 casi que mor\u00eda porque <strong>nada lo sujetaba de las crines y lo obligaba a soportar. \u00bfQu\u00e9 era aquello que mi cuerpo cargaba, y qui\u00e9n lo hab\u00eda puesto ah\u00ed?<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El cuerpo es un caballo, nos dice Nina, sujetado por las crines, contra\u00eddo, aguachado. El cuerpo es un caballo de carga, antes del peque\u00f1o alivio que significa deshacerse de ese peso, para ser por fin caballo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Este fragmento es en s\u00ed mismo una peque\u00f1a puerta (un postigo). Esta puerta con forma de caballo nos da la libertad de saltar sesenta p\u00e1ginas al pasado (de la 94 a la 34), donde leemos un nuevo recuerdo o fantas\u00eda de infancia (la abuela ni\u00f1a que, como cualquier otro animal, duerme a la intemperie, entre caballos):<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Duerme sobre sus rodillas, el lomo es su frazada. El d\u00eda entero estuvo arreando caballos; mientras com\u00edan, su amiga la cubri\u00f3 de abrazos. Durante siete a\u00f1os, todo el d\u00eda lo pasaron en el cerro ella y su amiga arreando.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No cruza el umbral, duerme afuera.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Los hombres altos enciman su cuerpo sin hablar. Para decir algo har\u00eda falta un momento de ternura, su padre le arrojaba de vez en cuando una galleta. Reten\u00eda un sue\u00f1o intacto en sus ojos, <strong>la abuela ni\u00f1a, sujeta a las crines de un caballo<\/strong>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Esta es la escena central de la breve secuencia de tres escenas a la que saltamos. Son las escenas de la madre, entre la p\u00e1gina 32 y la 35; las escenas de la abuela y de la madre, de la madre y de la hija trenzadas. Lo que llama la atenci\u00f3n de esta breve secuencia no es tanto su extensi\u00f3n (o s\u00ed), si no que esta historia que se abre podr\u00eda haber sido contada de diferentes formas: m\u00e1s o menos extensas; con mayor o menor cantidad de recursos y referencias.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>De alguna manera, es f\u00e1cil reconocer aqu\u00ed ciertos sujetos hist\u00f3ricos vinculados al campo chileno durante el siglo XX. Quiz\u00e1s podr\u00eda ser plausible vincular esta historia con el gran ciclo de transformaci\u00f3n econ\u00f3mica que deriv\u00f3 en el desplazamiento de muchas familias del campo a la ciudad y, respecto de ese desplazamiento, examinar sus intersecciones de g\u00e9nero y clase. Esto podr\u00eda ser. Pero Nina elige otros caminos:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Comenzar\u00eda con mi madre. Las peque\u00f1as peripecias r\u00edo abajo en un cuenco de madera. Para continuar con su madre, superpuesta a la hija haciendo girar la historia. Y la madre de aquella, la orfandad de cada una destronando el rencor. <strong>Yo construir\u00eda esa narrativa. El relato donde todos somos absueltos por la desgracia que nos antecede<\/strong>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:39px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>A la luz de este deseo, quiz\u00e1s haya otra alternativa. As\u00ed como en <em>Souza,<\/em> donde \u201cla historia de una mujer que sobrevive\u201d abr\u00eda una puerta a <em>El mar arriba<\/em>, podr\u00eda ser que \u201cla secuencia de la madre\u201d abra otra puerta, anuncie la posibilidad de otro libro (trenzado, m\u00e1s extra\u00f1o, m\u00e1s sutil) en el camino de Nina, pero eso ya no depende de nosotros.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:99px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/WhatsApp-Image-2025-10-27-at-08.50.22-1024x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-19309\"\/><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Presentaci\u00f3n de V\u00edctor Quezada del libro publicado por Ediciones Overol. 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