{"id":19333,"date":"2025-11-21T12:19:47","date_gmt":"2025-11-21T12:19:47","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=19333"},"modified":"2025-11-21T12:26:59","modified_gmt":"2025-11-21T12:26:59","slug":"alguien-se-raya-enfin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2025\/11\/21\/alguien-se-raya-enfin\/","title":{"rendered":"ALGUIEN (SE) RAYA, ENFIN"},"content":{"rendered":"\n<p><em>Paisajes de Laverna<\/em>, Carlos Leiton<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>1<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os, en 2007, en una peque\u00f1a plaza, hacia la median\u00eda de la calle Lastarria, en Santiago, junto a mi hija, descubrimos y fotografiamos un rayado.&nbsp;<em>Rayar es natural<\/em>. Desde entonces, guardo esa fotograf\u00eda, la dejo que me ronde. Al leer este libro de Carlos Leiton, ella inexorablemente vuelve a la memoria. El acto de descubrirla y todo lo dem\u00e1s.&nbsp;<em>Rayar es natural<\/em>, escrito en blanco sobre la barra lateral azul de un columpio (en el que jugaba mi hija Cl\u00e9o). De fondo, diversos tags hechos con spray blanco sobre un fondo rosa oscuro. Y, en un verde&nbsp;n\u00edtido, la palabra READ, en may\u00fasculas. Alguien lee.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>2<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 podemos decir. Alguien y algunos hurgan en este libro. Desde la portada se advierte el trazo de un escrito, un tag, adivinamos, sobre un muro (y el eco de ese trazo en el nombre de la editora, Traza, que publica este libro). Parece caligraf\u00eda oriental, debido a su verticalidad buscada, al voltear aquel trazo, de alg\u00fan modo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien y algunos hurgan. Ada y V\u00edctor, por ejemplo. Hurgar aqu\u00ed tambi\u00e9n es anotar, fotografiar, observar, dibujar, dejar un papel arrugado bajo una piedra, buscar un escrito que responde a otro. Alguien escribe. Alguien raya. Alguien lee lo que alguien escribe. Alguien fotograf\u00eda un rayado, como cualquiera. Algo as\u00ed como \u201ccristales de legibilidad\u201d, como escribe Georges Didi-Huberman, pensando en WalterBenjamin, creo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:42px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>3<\/p>\n\n\n\n<p>Un desv\u00edo es un par\u00e9ntesis, es un eco, a ratos. En el reciente ensayo de \u00c1lvaro Bisama, sobre Carlos Droguett, leo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Muchos narran porque no pueden hacer nada m\u00e1s y porque hacerlo es asumir un precario control del tiempo y de las cosas[\u2026]. Ah\u00ed el orden del mundo se revela como una Epifan\u00eda, mientras sus personajes deciden qu\u00e9 van a hacer o c\u00f3mo van a hundirse en la lengua y las historias, c\u00f3mo van a ser consumidos o transfigurados por la obsesi\u00f3n<\/em><a href=\"applewebdata:\/\/9CBFAFDA-B904-4F97-AD18-206162D5AEB0#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>No s\u00e9. Algo de eso veo aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Una forma de controlar el tiempo, las cosas, el orden de los paisajes.&nbsp;Alguien ha le\u00eddo. Ha le\u00eddo objetos, pr\u00e1cticas, lugares, huellas. Ha le\u00eddo a flor de piel, ha le\u00eddo lo m\u00e1s profundo, la piel, de las cosas. Ha le\u00eddo cosas, ha le\u00eddo el gesto de leer el gesto de escribir. Al leer se ha convertido en enredadera, se ha enredado. Ha escrito, fotografiado, recolectado, archivado, grafitado, paginado y vuelto a comenzar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>4<\/p>\n\n\n\n<p>Llam\u00e9mosle, siguiendo las indicaciones paratextuales de la contratapa, una novela. Pero qu\u00e9 es eso. Dispositivo textual\/visual, ser\u00eda otra posible designaci\u00f3n, una m\u00e1quina. Acaso, lo mismo. Una cosa, la otra. La rotura de esa antigua dicotom\u00eda moderna entre texto e imagen, discurso y&nbsp;<em>opus mechanicum<\/em>, seg\u00fan el propio Kant. \u00bfQu\u00e9 es un libro, aqu\u00ed, qu\u00e9 es una novela?<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>5<\/p>\n\n\n\n<p>Qu\u00e9 evoca, de entrada, este t\u00edtulo:&nbsp;<em>Paisajes de Laverna<\/em>. Laverna, sus Paisajes, en plural, lo que se vislumbra. Laverna, pens\u00e9 (no s\u00e9 bien por qu\u00e9) que denotaba un lugar f\u00edsico. Puede ser. Se lee como si fuera as\u00ed. Es acaso ese rayado de la cubierta su se\u00f1a o cartograf\u00eda. Pero, aqu\u00ed, a poco andar, entendemos que se alude a la deidad romana protectora de ladrones e impostores. Es la diosa a la que se dirige en uno de los ep\u00edgrafes Horacio, el poeta latino: \u201cHermosa Laverna, dame el arte de enga\u00f1ar, de parecer justo, santo, inocente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ep\u00edgrafes se presentan sin punto aparte o seguido. Cuesti\u00f3n o gui\u00f1o o se\u00f1a que habr\u00e1 que ir atando. El primer ep\u00edgrafe, proviene del escritor serbio Milorad Pavi\u0107: \u201cEres de los que creen que el futuro proviene de la noche y no del d\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Laverna: se\u00f1ora del bajo mundo, mirando hacia el futuro, fabric\u00e1ndolo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>6<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que se despliega, aqu\u00ed, entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Al (h)ojear, vemos lo que se despliega a diferentes niveles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El libro se cierra con su \u00edndice, su esqueleto. 17 cap\u00edtulos, titulados de varias formas (C\u00f3mic, caligraf\u00eda, Calle V\u00edctor Manuel, papeles manchados, l\u00ednea de risa, l\u00ednea rota, fachadas), 3 textos que van intercalados, sus t\u00edtulos son la primera l\u00ednea, indicado por el uso de la it\u00e1lica:&nbsp;<em>Introduce la hoja entre ladrillos<\/em>&nbsp;(p. 11),&nbsp;<em>Introduce el metal bajo el ladrillo h\u00famedo&nbsp;<\/em>(p. 39),&nbsp;<em>Introduce los dedos con argamasa<\/em>&nbsp;(p. 63). Los otros t\u00edtulos se repiten o amplifican. Claramente, se trata de recorridos (acaso nocturnos, acaso textuales). Hasta que aparece, nuevamente Laverna. El t\u00edtulo&nbsp;<em>C\u00f3mic: Laverna<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>De qu\u00e9 trata todo esto. El campo sem\u00e1ntico env\u00eda al de la escritura, la cultura escrita en sus diversas expresiones.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>7<\/p>\n\n\n\n<p>Laverna, entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Diosa de ladrones e impostores. Se le hab\u00eda consagrado un bosque vecino a Roma, donde los ladrones iban para hacer sus reparticiones. Hab\u00eda all\u00ed una estatua de la diosa. Estatua, seg\u00fan unos, que era una cabeza sin cuerpo; seg\u00fan otros, un cuerpo sin cabeza. Le estaba particularmente consagrada la mano zurda, tenida por los antiguos como la mano del robo.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaso este libro, tambi\u00e9n, se encuentra consagrado a esa misma mano, la zurda, al escribir(se).<\/p>\n\n\n\n<p>Der\u00edvase su nombre o de&nbsp;<em>laverna<\/em>, que significa ladr\u00f3n, arma que usan los ladrones, ladr\u00f3n de profesi\u00f3n, o del griego<em>laphyria<\/em>&nbsp;\u2013despojos\u2013, o del lat\u00edn&nbsp;<em>latere<\/em>, ocultarse, o de&nbsp;<em>larva<\/em>, m\u00e1scara.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s este libro congrega todo aquello: ladrones e impostores, poetas y traperos, que roban cosas, miradas, despojos, lo latente, m\u00e1scaras. Es todo ella. Cito del libro: \u201cLaverna de muchas caras. Soy la de cuatro rostros\u201d (p. 62).<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>8<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura es fragmentaria, tanto en la puesta en escritura y la puesta en texto (p\u00e1rrafos, sangr\u00edas, bloques peque\u00f1os de texto, visualidades escritas, etc.) como en la puesta en p\u00e1gina. Qu\u00e9 denota \/connota todo esto. Creo yo: forma, fondo, las voces que se dirigen hacia afuera y hacia adentro, entremezcladas, las observaciones y reflexiones del narrador o de los personajes, los p\u00e1rrafos sin punto aparte, como indicando que el flujo de esta escritura es la base de la acci\u00f3n en estas p\u00e1ginas. Para algunos, intuyo, pudiera parecer que poco ocurre en estas p\u00e1ginas. Poco relato, aparentemente. Todo aqu\u00ed se vislumbra, se apenas otea.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ladrones e impostores: el robo, uno de sus modos de existencia, es el robo fotogr\u00e1fico, robar rostros, robar escritos, fachadas. Dejarlo, luego, consignado en alguna de estas hojas. La impostura, ocurre con todo ello, la voz enunciativa escrita as\u00ed, a pedazos, fragmentos. Cito: \u201cLa almacenera no me dijo nada, pero me sabe ladr\u00f3n. S\u00e9 que no podr\u00e9 contar la historia porque no es m\u00eda. Es de ella: Ada. Tampoco es m\u00eda la historia de Manuel. No tengo nada de valor excepto lo que robo\u201d (p. 103).<\/p>\n\n\n\n<p>Se insin\u00faa as\u00ed lo que convenimos en llamar&nbsp;<em>po\u00e9tica<\/em>, la fabricaci\u00f3n (literalmente) de este escrito: el tanteo, la deambulaci\u00f3n, el ir y volver. Registrar es capturar, intentar decir es escribir, intentarlo, fabricar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>9<\/p>\n\n\n\n<p>Son los Paisajes, entonces, su f\u00e1brica, literalmente. Cito: \u201cIntroduje la hoja entre ladrillos, la m\u00fasica calla las escenas, as\u00ed&nbsp;<strong>la textura brinda el paisaje<\/strong>&nbsp;[\u2026]. Comienzo mi fotonovela de fachadas\u201d (p. 20). \u201cEscribo: las fachadas son rostros que ordenan la direcci\u00f3n a tomar. Los rostros matan o est\u00e1n muertos. Susurran. Esp\u00edan\u201d (p. 127).<\/p>\n\n\n\n<p>Cito: \u201cLa voz remarca el escupo del espray, lo paralelo de la ciudad en estas fotos con mis grafitis personales arrojados bajo la piedra\u201d (p. 135). Lo que vemos surgir son esas llamadas escrituras expuestas. Pero m\u00e1s: son las im\u00e1genes de esas escrituras, transpuestas a la p\u00e1gina, entre p\u00e1rrafos o en una l\u00ednea, por ejemplo, creando una interrupci\u00f3n, la posibilidad de un ritmo gr\u00e1fico. Aparecen los trazos, los pedazos de muros, superficies rayadas a destajo, entre otros. Tras esos modos de existencia de las escrituras, en latencia, hay formas de vida que aparecen, entrel\u00edneas, en filigrana.<\/p>\n\n\n\n<p>Es eso lo que aqu\u00ed tambi\u00e9n se despliega: una forma de habitar en estos paisajes, una forma de participar de la contingencia del mundo, una forma de requerir la estancia de la mirada, una forma de requerir corresponderles. Todos ellos, connotan y denotan, una serie de actos en estos paisajes, que los transforman en lugares. Despojos, m\u00e1scaras, ocultos trazos, otras acepciones de la palabra \u201claverna\u201d. <\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:41px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Acu\u00e9rdate.<\/p>\n\n\n\n<p>Cito: \u201cFrente a todas las cosas que pasan tienes la modestia de escribir, transcribir. Decir que es un paisaje y son solo manchas\u201d (p. 166). Recuerda, Laverna, ladrones e impostores te adoran, te fabrican.<\/p>\n\n\n\n<p>10<\/p>\n\n\n\n<p>Creo recordar haber le\u00eddo en alg\u00fan posteo de bloga Enrique Vila-Matas. Creo recordar una cita: \u201cTodas las novelas son autoficci\u00f3n, incluso la Biblia\u201d. Creo que esta novela, Paisajes de Laverna, de Carlos Leiton, tambi\u00e9n pudiera serlo. Y es que esos escritos, esos objetos escritos, puestos ah\u00ed, recogidos por la ciudad, permiten acercarse a ese ejercicio de fabricaci\u00f3n; esa po\u00e9tica, que constituye este libro, esta novela, esta escritura. Lo que se recoge y despliega. Algo que me lleva a entramar lo que el poeta Denis Roche vincula a&nbsp;<em>un lenguaje de superficie<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>Como unos locos: todos nosotros, encarnizados, furiosos, doblados (como al vomitar) sobre nuestros papeles, nuestras p\u00e1ginas, nuestras partituras, milim\u00e9tricas, nuestras trayectorias, nuestras proyecciones, ocupados en suma en escribir, dicho de otro modo: en hacerle (construirle) al papel&nbsp;<em>su piel<a href=\"applewebdata:\/\/9CBFAFDA-B904-4F97-AD18-206162D5AEB0#_ftn2\"><sup><strong>[2]<\/strong><\/sup><\/a><\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Alguien (se) raya, enfin. Acaso es esa piel la que se recorre con el nombre de estos paisajes, la piel m\u00faltiple de Laverna. Nadie escribe solo, nunca.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:52px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/9CBFAFDA-B904-4F97-AD18-206162D5AEB0#_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>\u00c1lvaro Bisama<em>. La rabia y el augurio. Un ensayo biogr\u00e1fico sobre Carlos Droguett<\/em>. Santiago: Ediciones UdP, 2023, p. 112- 113.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/9CBFAFDA-B904-4F97-AD18-206162D5AEB0#_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>Denis Roche,&nbsp;<em>Disparition des lucioles<\/em>. Paris: Editions de l&#8217;Etoile, 1982, p. 48.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llam\u00e9mosle, siguiendo las indicaciones paratextuales de la contratapa, una novela. Pero qu\u00e9 es eso. Dispositivo textual\/visual, ser\u00eda otra posible designaci\u00f3n, una m\u00e1quina. Acaso, lo mismo. Una cosa, la otra. La rotura de esa antigua dicotom\u00eda moderna entre texto e imagen, discurso y opus mechanicum, seg\u00fan el propio Kant. \u00bfQu\u00e9 es un libro, aqu\u00ed, qu\u00e9 es una novela?<\/p>\n","protected":false},"author":560,"featured_media":19424,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[3897,16],"tags":[3283,1071,55,3282,4242,757,4243],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-19333","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-carrusel","category-la-ciudad-letrada","tag-carlos-leiton","tag-literatura-chilena","tag-literatura-latinoamericana","tag-paisajes-de-laverna","tag-perdo-araya","tag-resena","tag-traza-editorial"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19333","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/560"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19333"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19333\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":19427,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19333\/revisions\/19427"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19424"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19333"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19333"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19333"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=19333"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=19333"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}