{"id":20084,"date":"2026-04-30T11:22:26","date_gmt":"2026-04-30T11:22:26","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=20084"},"modified":"2026-04-30T11:22:27","modified_gmt":"2026-04-30T11:22:27","slug":"herencias-vivas-la-memoria-de-los-derechos-humanos-en-la-infancia-chilena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/04\/30\/herencias-vivas-la-memoria-de-los-derechos-humanos-en-la-infancia-chilena\/","title":{"rendered":"Herencias vivas: la memoria de los derechos humanos en la infancia chilena"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La memoria no es un archivo silencioso del pasado; es un tejido vivo que se entrelaza con cada infancia. En Chile, la dictadura (1973\u20131990) dej\u00f3 huellas que a\u00fan respiran en los patios de las escuelas, en los relatos familiares contados a medias, en los textos que celebran h\u00e9roes y ocultan v\u00edctimas, y en banderas y monumentos que llenan plazas y calles. Cada gesto cultural, cada silencio, cada s\u00edmbolo transmite algo que la infancia recoge, cuestiona y transforma. As\u00ed, construye su propio sentido de la justicia, la violencia y la historia que la precede, pero tambi\u00e9n se siente convocada a inventar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Desde grandes ciudades como Santiago o Valpara\u00edso hasta peque\u00f1os pueblos, las escuelas conmemoran fechas, cantan himnos y levantan banderas, pero la memoria no siempre llega en su totalidad. Las historias muchas veces se transmiten de manera oral y fragmentada, por familiares que temen contar demasiado, ya sea por miedo o por cuidado. As\u00ed, la memoria se convierte en un territorio mixto: lo recordado y lo silenciado conviven, y los ni\u00f1os y ni\u00f1as recorren ese legado con ojos curiosos, preguntas infinitas y un deseo profundo de entender.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es aqu\u00ed donde la pedagog\u00eda cr\u00edtica se vuelve indispensable. Ense\u00f1ar derechos humanos no es enumerar fechas o hechos aislados; es abrir espacios donde la memoria viva se haga presente. All\u00ed, los s\u00edmbolos, los textos, los monumentos, el arte y las canciones pueden leerse, cuestionarse y resignificarse. Ense\u00f1ar memoria es invitar a los ni\u00f1os y ni\u00f1as a mirar m\u00e1s all\u00e1 de lo dado, a relacionar lo que escuchan en la escuela con lo que viven en su entorno y a descubrir la diversidad de historias que coexisten en un mismo pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La memoria no es neutra y tampoco impacta a todas las infancias por igual. Un feminismo interseccional, en este contexto, no solo reconoce la desigualdad de g\u00e9nero, sino que comprende c\u00f3mo se entrecruzan las opresiones de clase, raza y territorio. Es un feminismo que surge de los lugares donde se vive, que escucha los cuerpos cercanos y atiende las vidas que se ven amenazadas por las pol\u00edticas y l\u00f3gicas del neoliberalismo: la explotaci\u00f3n laboral, el extractivismo y los da\u00f1os ambientales. Esta perspectiva se hace tangible en la labor de mujeres que, durante y despu\u00e9s de la dictadura, bordaron arpilleras, organizaron talleres comunitarios, compartieron relatos familiares y crearon formas art\u00edsticas de duelo y resistencia. Un ejemplo emblem\u00e1tico es la&nbsp;<em>cueca sola<\/em>: una variante de la danza nacional en la que una mujer baila sin pareja, portando la imagen de su ser querido desaparecido, que fue estrenada por el conjunto folcl\u00f3rico de la Agrupaci\u00f3n de Familiares de Detenidos Desaparecidos el a\u00f1o 1978 como denuncia del dolor y la ausencia provocados por la desaparici\u00f3n forzada y la impunidad. Esta manifestaci\u00f3n combina memoria, arte y protesta en una performance de duelo y presencia frente a quienes fueron arrancados de la vida y sigue siendo, hasta hoy, s\u00edmbolo de resistencia y exigencia de justicia. Incorporar esta mirada permite que la educaci\u00f3n y la transmisi\u00f3n de memoria no solo informen sobre el pasado, sino que tambi\u00e9n abran espacios de reflexi\u00f3n, \u00e9tica y acci\u00f3n, para que cada infancia pueda construir su propia comprensi\u00f3n del mundo y de la justicia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Los tab\u00faes hist\u00f3ricos han marcado profundamente lo que las infancias reciben y c\u00f3mo lo reciben. Durante d\u00e9cadas, hablar de violencia pol\u00edtica o desapariciones estaba prohibido; en las escuelas, los libros de texto ofrec\u00edan relatos parciales y los s\u00edmbolos patrios impon\u00edan narrativas unilaterales. Sin embargo, esos silencios tambi\u00e9n han abierto posibilidades. La infancia que pregunta por lo que no se dice, que discute y que interroga, se convierte en un sujeto activo de la memoria, capaz de dialogar con lo que se celebra y con lo que se pretende olvidar, y de transformar la herencia que recibe.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Estos silencios y relatos parciales no solo circulan en palabras y textos; se filtran tambi\u00e9n en los espacios que los ni\u00f1os y ni\u00f1as transitan. As\u00ed, la memoria se imprime en los edificios, los barrios y los objetos cotidianos, donde lo hist\u00f3rico y lo vivido se encuentran de manera tangible.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La memoria tambi\u00e9n se construye en los espacios que habitamos. Las viviendas sociales de los a\u00f1os noventa, por ejemplo, no son meras construcciones: son testigos materiales de una historia que la infancia percibe incluso sin comprenderla del todo. No se trata de las casas de los a\u00f1os sesenta, pensadas bajo otra noci\u00f3n de lo p\u00fablico y lo comunitario, sino de aquellas edificadas bajo un modelo neoliberal consolidado al final de la dictadura y profundizado en la postdictadura, donde la dignidad del habitar qued\u00f3 subordinada a la l\u00f3gica del mercado.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Las viviendas Copeva se convirtieron en un s\u00edmbolo elocuente de esta herencia. No eran \u00fanicamente estructuras de cemento mal construidas; eran escenarios cotidianos donde la precariedad se hac\u00eda experiencia sensible. Casas que se inundaban cada invierno, muros h\u00famedos, fr\u00edo persistente. En esos espacios, los ni\u00f1os y ni\u00f1as crec\u00edan incorporando esas condiciones como parte de lo normal, aprendiendo \u2014sin que nadie se los explicara\u2014 que la desigualdad tambi\u00e9n se vive en el cuerpo y en el hogar. La memoria, en este sentido, no se transmit\u00eda como relato hist\u00f3rico, sino como vivencia reiterada, inscrita en lo cotidiano.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Esta precariedad material no se limitaba a la vivienda. Tambi\u00e9n se filtraba en otros espacios fundamentales de la infancia, como la escuela. La consolidaci\u00f3n del sistema educativo municipalizado durante la postdictadura produjo una geograf\u00eda escolar profundamente desigual. Para muchos ni\u00f1os y ni\u00f1as de sectores populares, la escuela era un lugar de infraestructura deteriorada, de escasos recursos y expectativas limitadas. All\u00ed, la memoria de la desigualdad se aprend\u00eda en silencio: en salas hacinadas, en la comparaci\u00f3n constante con otros establecimientos, en la realidad temprana de que no todas las infancias acceden al mismo derecho a aprender. La educaci\u00f3n, lejos de funcionar como espacio de reparaci\u00f3n, reproduc\u00eda una jerarqu\u00eda que la infancia internalizaba como natural.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>A ello se suma la memoria que se construye a partir del trabajo de los adultos. En los a\u00f1os noventa y dos mil, el empleo precario, los contratos temporales y la subcontrataci\u00f3n marcaron la vida de muchas familias trabajadoras. Para la infancia, esto se traduc\u00eda en ausencias prolongadas, cansancio permanente y silencios impuestos por el agotamiento. La memoria del modelo neoliberal se hac\u00eda presente en la econom\u00eda familiar y en los v\u00ednculos afectivos: en la espera, en la adaptaci\u00f3n temprana a la falta, en los vac\u00edos. As\u00ed, la precarizaci\u00f3n laboral dejaba de ser un concepto abstracto y se transformaba en una experiencia emocional que acompa\u00f1aba la construcci\u00f3n \u00e9tica de ni\u00f1os y ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>De este modo, la memoria no es solo hist\u00f3rica: es material, corporal y afectiva. Se inscribe en las casas, en las escuelas, en los tiempos compartidos \u2014o ausentes\u2014 con los adultos. Es una memoria que no siempre se nombra, pero que se vive. Y es profundamente pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Esta continuidad no pertenece \u00fanicamente al pasado reciente. A m\u00e1s de tres d\u00e9cadas del fin de la dictadura, muchas de las l\u00f3gicas que estructuraron la vida social en la postdictadura siguen organizando la experiencia cotidiana de la infancia en Chile. El modelo neoliberal, lejos de haber sido superado, contin\u00faa moldeando el acceso a la vivienda, a la educaci\u00f3n, a la salud y al tiempo de cuidado. Las nuevas generaciones crecen en un pa\u00eds donde la precariedad adopta formas distintas, pero mantiene ra\u00edces similares: endeudamiento familiar persistente, sistemas educativos segmentados y una organizaci\u00f3n del trabajo que sigue tensionando los v\u00ednculos y los afectos. As\u00ed, la memoria de la desigualdad no se transmite solo como herencia hist\u00f3rica, sino tambi\u00e9n como presente vivido, donde la infancia reconoce \u2014con otras palabras, con otros cuerpos\u2014 que las promesas de dignidad y justicia a\u00fan permanecen incompletas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pero la memoria que se imprime en los espacios y en los cuerpos no es neutral: est\u00e1 atravesada por relaciones de poder que persisten m\u00e1s all\u00e1 de la dictadura y que configuran lo que es visible y lo que se oculta en la vida cotidiana. La memoria tambi\u00e9n est\u00e1 marcada por las estructuras de poder que sobreviven en el tiempo. Las mismas \u00e9lites que configuraron estas ciudades, estos barrios y estas pol\u00edticas sociales han reproducido sus privilegios de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, manteniendo la idea de que ciertos sectores est\u00e1n destinados a liderar y transformar el pa\u00eds. Esta concepci\u00f3n se filtra en la vida cotidiana, en la percepci\u00f3n de lo posible y lo imposible, en los relatos que los ni\u00f1os escuchan, en los ejemplos de \u00e9xito y fracaso que internalizan. As\u00ed, la memoria social no solo transmite la historia de la dictadura o de la desigualdad material, sino tambi\u00e9n la herencia simb\u00f3lica de jerarqu\u00edas, aspiraciones y exclusiones que los ni\u00f1os reciben y resignifican mientras construyen su propio sentido \u00e9tico y su noci\u00f3n de justicia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Sin embargo, incluso frente a estas estructuras de poder y privilegio, la infancia no es receptora pasiva. Cada ni\u00f1o y ni\u00f1a, con sus preguntas y experiencias, interact\u00faa con la memoria heredada y la transforma, creando nuevas formas de entender la justicia y la convivencia. Los ni\u00f1os y ni\u00f1as reciben la memoria y tambi\u00e9n la resignifican y la cuestionan, elaborando su propio juicio y construyendo su sentido \u00e9tico. Su experiencia moral dialoga con la herencia intergeneracional, pero no se limita a reproducirla: la trasciende, creando normas, valores y v\u00ednculos que van m\u00e1s all\u00e1 de la familia. En la escuela, en el barrio, en la interacci\u00f3n con pares y docentes, la infancia participa en la construcci\u00f3n de una comunidad afectiva, una red de cooperaci\u00f3n, respeto y empat\u00eda que demuestra que la memoria puede ser un espacio activo, creativo, emotivo y \u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Las canciones de resistencia, las arpilleras bordadas por mujeres, los monumentos dedicados a v\u00edctimas, las banderas que se ondean y los relatos escolares cuidadosamente elaborados son veh\u00edculos de memoria que, si se contextualizan y se piensan, pueden sembrar conciencia y sensibilidad. Cada elemento cultural permite que la infancia se conecte con el pasado de manera tangible y emocional, y la habilita para construir un presente m\u00e1s humano, cr\u00edtico y solidario, donde la historia vivida no se reduce a palabras, sino que se siente, se observa y se comprende en los cuerpos, los objetos y los espacios que la contienen.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:45px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En \u00faltima instancia, la memoria en la infancia es un acto de cuidado y creaci\u00f3n. No se trata de revivir el pasado con nostalgia o miedo, sino de reconocer lo que se ha transmitido y lo que se ha querido silenciar, de comprender c\u00f3mo esas huellas moldean la \u00e9tica y la percepci\u00f3n de las nuevas generaciones y de acompa\u00f1ar a los ni\u00f1os en la construcci\u00f3n de su propio sentido del mundo. La memoria viva que reciben no es simplemente un legado: es una herramienta de conciencia, participaci\u00f3n y justicia, siempre iluminada por una mirada feminista e interseccional que visibiliza las m\u00faltiples voces y experiencias que coexisten en Chile e invita a cada infancia a ser protagonista de la historia que heredamos y del futuro que creamos juntos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin embargo, incluso frente a estas estructuras de poder y privilegio, la infancia no es receptora pasiva. Cada ni\u00f1o y ni\u00f1a, con sus preguntas y experiencias, interact\u00faa con la memoria heredada y la transforma, creando nuevas formas de entender la justicia y la convivencia. Los ni\u00f1os y ni\u00f1as reciben la memoria y tambi\u00e9n la resignifican y la cuestionan, elaborando su propio juicio y construyendo su sentido \u00e9tico. 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