{"id":20372,"date":"2026-05-08T18:46:20","date_gmt":"2026-05-08T18:46:20","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=20372"},"modified":"2026-05-08T18:46:21","modified_gmt":"2026-05-08T18:46:21","slug":"encender-el-deseo-de-hacer-mundo-notas-sobre-un-rayo-cualquiera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/05\/08\/encender-el-deseo-de-hacer-mundo-notas-sobre-un-rayo-cualquiera\/","title":{"rendered":"Encender el deseo de hacer mundo. Notas sobre Un rayo cualquiera."},"content":{"rendered":"\n<p>\u00a0\u201cNo se trata de EL rayo, sino de un rayo cualquiera<em>\u201d <\/em>(p. 176), afirma <strong>Natalia Ortiz Maldonado<\/strong> al concluir este ensayo que explora el \u201ccontinuum ef\u00edmero\u201d de la vida y celebra su \u201cmaterialidad presente\u201d<em>.<\/em> <em><strong>Un rayo cualquiera,<\/strong> <\/em>nada ostentoso ni atronador. Y sin embargo, una energ\u00eda capaz de erizar nuestra piel, record\u00e1ndonos la irreductible porosidad de la piel del mundo. Lejos de la imagen majestuosa de un Dios-Uno, ese Dios con may\u00fascula del Apocalipsis, que desde su trono descarga rel\u00e1mpagos y truenos sobre nosotras, como castigo implacable, como manifestaci\u00f3n poderosa. No estamos ante un rayo fulgurante, empu\u00f1ado como un arma por una deidad guerrera, ni confiscado por la mitolog\u00eda b\u00e9lica como s\u00edmbolo de fuerza. Todo en este libro \u2014sus afectos, memorias e intensidades\u2014 se teje a contrapelo de ese imaginario viril y heroico que, desde su posici\u00f3n altiva, busca dominar a otrxs. La escritura de <em>Un rayo cualquiera <\/em>se concibe m\u00e1s bien como un conjuro para deso\u00edr la voz del h\u00e9roe que escinde nuestro mundo entre d\u00e9biles y poderosos. Natalia susurra una lengua ind\u00f3cil a este \u201cmecanismo binarizante\u201d, porque sabe, como lo sabe \u00darsula K. Le Guin, como lo hemos aprendido todas, que la violencia patriarcal \u201chabla en dicotom\u00edas\u201d: \u201cEl hombre blanco habla en dicotom\u00edas, su lenguaje expresa los valores del mundo dividido (\u2026): sujeto\/objeto, yo\/otro, mente\/cuerpo, dominante\/sumiso, activo\/pasivo, Hombre\/Naturaleza, hombre\/mujer, y as\u00ed sucesivamente. La lengua paterna se habla desde arriba. Va en una sola direcci\u00f3n. No espera, ni escucha ninguna respuesta\u201d (K. Le Guin, 2023, p.24). Contra esta \u201clengua b\u00edfida\u201d que divide el mundo en dos, para instalar jerarqu\u00edas y dominaciones, y as\u00ed decir al mismo tiempo lo incontestable de su poder, <em>Un rayo cualquiera <\/em>da cobijo a un murmullo de lenguas m\u00faltiples que desacatan las posiciones jer\u00e1rquicas y la fijeza de la identidad. Natalia <em>habla en lenguas, <\/em>como las brujas que fueron perseguidas por ello,<em> <\/em>para prestar atenci\u00f3n a las heridas del binarismo sobre nuestros cuerpos, para curar \u201clas marcas del poder en la materia\u201d (p. 100).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cSolemos confundir el rel\u00e1mpago con el rayo\u201d (p. 175). Desde anta\u00f1o, los detentores del poder, que quieren que acallemos nuestros cuerpos para que impere sin contrapeso su deseo de verlo y saberlo todo, nos han hecho confundir el rel\u00e1mpago con el rayo. Esperan que nos ciegue su fulgor, que nos aturda el golpe sordo de su grito, que el cauce desbocado de lo que somos se subyugue ante su autoridad. Pero Natalia, que no escribe para ellos ni ante ellos, que no responde a <em>su<\/em> <em>verdad<\/em>, sino que busca sanar las heridas \u2014capitalistas, patriarcales, coloniales\u2014 que cargan nuestros cuerpos desobedientes, castigados por esa misma insumisi\u00f3n, sustrae al rayo de las manos viriles que quisieron capturarlo, y nos los ofrenda como ofrenda este libro \u201ca los mundos que amamos juntes\u201d: \u201cel rayo es invisible. Lo que perciben nuestros ojos es la luz del rel\u00e1mpago, as\u00ed como nuestros o\u00eddos perciben el bramido del trueno (\u2026) El rayo no est\u00e1 en el dios que trae el fuego originario entre sus manos, sino en los mil encuentros de los que podemos contar la historia, los n-1 fuegos de lo que existe y de lo que <em>a\u00fan no<\/em>\u201d (pp. 175-176). El rayo no se ve, no se oye, es un <em>pulso<\/em>, una potencia de otro orden, que estremece con persistencia las corporalidades, humanas y no humanas, y que, cimbrando en m\u00faltiples ritmos, experimentan de este modo su com\u00fan pertenencia terrestre.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cCualquier encuentro entre materialidades puede ser el lugar del rayo\u201d, escribe Natalia casi al final de su libro (p. 176), y mi imaginaci\u00f3n se enciende como la peque\u00f1a luz de un f\u00f3sforo dom\u00e9stico, esa \u201clumbre menudilla que de lejos no [es] m\u00e1s que un parpadeo\u201d, como la describe bellamente Gabriela Mistral, y que para la poeta tiene el mismo relumbrar que la palabra <em>resistencia<\/em> (2020, pp. 445-446).\u00a0 Natalia, como Mistral, tambi\u00e9n piensa en un destello sin aspavientos, en gestos y escrituras capaces de albergar a esos \u201crayos invisibles, diminutos y constantes\u201d que han dejado su rastro, para\u00a0 que tal vez otrxs, que como nosotras tambi\u00e9n son cualquiera, abiertas al azar de los encuentros, dispuestas a prestar atenci\u00f3n, lleguen a percibirlos<em>.\u00a0 <\/em>\u201cEl rayo\u201d, dice Natalia en las primeras p\u00e1ginas de este contraconjuro al \u201cdeseo que se vuelve fascista\u201d, \u201ces aquello que abre un canal perceptivo y trastoca materialmente lo que hasta un segundo antes era un mundo\u201d (p. 17). La leo y nace en m\u00ed la imagen de un haz de luz entrando por la ventana, regal\u00e1ndole a lxs ni\u00f1xs, o al infante que a\u00fan habita en nosotrxs, la contemplaci\u00f3n evanescente y ligera del baile de unas motas de polvo en suspensi\u00f3n. Una iluminaci\u00f3n profana, sin jerarqu\u00eda ni dominaci\u00f3n, que en su m\u00ednimo destello nos hace parte de una fiesta de part\u00edculas. Un \u201cmal\u00f3n de <em>bichxs cuir\u201d, <\/em>dir\u00eda tal vez Natalia, retomando la imagen que ella toma a su vez de Karen Barad, ejercitando un \u201canimismo-ni\u00f1e y cu\u00e1ntico\u201d <em>\u00a0<\/em>que \u201cdesmantel[a] las fronteras entre animal-mineral, pero tambi\u00e9n las escalas antropocentradas\u201d (p.55).\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Con Barad, y con las otras voces de su linaje desobediente (Isabel Stengers, Donna Haraway, Gloria Andalz\u00faa, M\u00f3nica Wittig, \u00darsula Kroeber Le Guin, a la par que las memorias disidentes, las poetas, fil\u00f3sofas, amigas, los cantos de las ancestras, las experiencias transfeministas), Natalia comparte un <em>animismo radical. \u201c<\/em>Los encuentros sensibles requieren cierto animismo en la mirada\u201d, afirma en <em>Un rayo cualquiera<\/em>, desplaz\u00e1ndonos del ojo imperial, que insiste en objetualizar lo otro, disponi\u00e9ndolo en posici\u00f3n de sumisi\u00f3n. \u201cSe trata m\u00e1s bien del animismo de la ni\u00f1a que por la ma\u00f1ana le pregunta a sus juguetes qu\u00e9 so\u00f1aron, por la tarde se conmueve con la muerte de las hormigas y por la noche siente las presencias en la oscuridad, habla con ellas o corre por el pasillo para que no toquen su espalda\u201d (p. 17). Natalia profesa este <em>animismo-ni\u00f1e<\/em>, que transforma lo cotidiano en maravilla, que afirma la agencia de todo lo que existe, que resiste al empobrecimiento de nuestras existencias, al estrechamiento de lo que somos capaces de sentir y pensar. Porque en esta <em>po\u00e9tica del habitar <\/em>se trata de eso, no de tener la raz\u00f3n, sino de enriquecer la vida: \u201c[habr\u00e1] que distinguir qu\u00e9 pr\u00e1cticas intensifican la vida y qu\u00e9 pr\u00e1cticas la debilitan, succion\u00e1ndola, tas\u00e1ndola, haci\u00e9ndola dato (\u2026) No hay equivalencia \u00e9tica ni pol\u00edtica entre el debilitamiento de la vida y aquello que procura proteger su vulnerabilidad\u201d (p. 41).\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Natalia, que sabe distinguir entre la dominaci\u00f3n y la amistad, defiende la experiencia del v\u00ednculo en el que nuestras existencias se ampl\u00edan en vez de estrecharse. Lejos de todo dispositivo heroico, nos tiende con dulzura la modestia de un simple rayo<em>, <\/em>uno entre otros, que en un momento inesperado vibra sobre las superficies, y que en su condici\u00f3n ef\u00edmera es capaz de interrumpir la estabilidad y el acomodo de un tiempo anest\u00e9sico, sin afectaci\u00f3n. Cuando un rayo cualquiera se precipita, \u201cuna materialidad [es] atravesada por otra\u201d (p. 17), y algo del acontecimiento de la vida, de sus afectaciones y vicisitudes, <em>se siente<\/em>. Natalia elige, como Mary Oliver, equilibrarse entre el \u201cagudo conocimiento del dolor\u201d y la \u201cintensa memoria del placer\u201d, afirmando que el rayo est\u00e1 del lado del asombro generoso y hospitalario ante la vastedad de lo que existe y lo que <em>a\u00fan no<\/em> es: \u201cOliver prefiere que del dolor tengamos un saber agudo, y que del placer tengamos una memoria intensa. Quiz\u00e1s sea porque el dolor contrae al cuerpo, lo repliega, lo tienta hacia la falacia de lo individual, mientras que el placer lo expande y lo invita al contacto\u201d (p. 175).<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Un rayo cualquiera <\/em>nos llega en medio del desastre y de la sensaci\u00f3n de impotencia que conlleva, como una fuerza mundana y venturosa que traza, entre el cielo y la tierra, una v\u00eda para volver a hacer sensible la materia que somos.\u00a0 Contra esos h\u00e9roes de coraz\u00f3n oscuro que se dan el lujo de declarar el fin del mundo, afirma que hay una vida superviviente que persiste en nosotras, que guarda la memoria del futuro, de las vidas por venir. Para contrarrestar <em>esa <\/em>idea de mundo donde prolifera la destrucci\u00f3n y la impotencia, nos llama a recordar que \u201cnuestro mundo no es ni todos los mundos que existen en el planeta, ni todos los mundos posibles\u201d (p.14).\u00a0 Solo desde la \u00f3ptica de la excepcionalidad humana, esa \u201cpiedra angular\u201d sobre la que se sostiene el binarismo hombre-naturaleza y su l\u00f3gica extractivista, se sostiene este <em>Modus moriendi <\/em>de hacer mundo. Para remecer este tono luctuoso de \u201cnuestra manera de mundizar\u201d (p.16), para \u201cmundizar distinto\u201d, es crucial prestar atenci\u00f3n a maneras m\u00e1s que humanas de hacer mundos, narrando encuentros sensibles que no tienen al hombre como protagonista. \u201cContar historias multiespecies\u201d, dice Natalia, quiz\u00e1s sea la v\u00eda \u201cpara hacer habitables estos mundos en desastre\u201d (p. 22). Ante la crisis clim\u00e1tica, la extinci\u00f3n acelerada de especies, los desplazamientos forzados de comunidades, los efectos genocidas de las pol\u00edticas del capitalismo extractivo, el mundo mismo convertido en vertedero (Marder, 2021, p.27), el ejercicio de imaginar con los vivientes se torna una tarea irrenunciable. Natalia escribe para <em>reenlazarnos <\/em>con el mundo, para ofrecer un lugar de existencia a todos los cuerpos heridos \u2014minerales, vegetales, animales\u2014 por la l\u00f3gica jer\u00e1rquica y extractivista de la dominaci\u00f3n. Al hacerlo, nos recuerda que la vida se escribe<em> <\/em>en plural<em>, <\/em>transitando en permanente mutaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Cambiar las preguntas, despertar nuevos asombros, es la manera en que este libro enciende nuestro deseo de hacer mundo. En el inicio de <em>Un rayo cualquiera, <\/em>Natalia nos cuenta que, en medio de un mundo devastado por la guerra, tiene lugar el hallazgo de dos conjuntos de manuscritos. En 1945, los manuscritos de Nag Hammadi fueron encontrados en una vasija de barro en el Alto Egipto. En 1947, los manuscritos del Mar negro fueron encontrados en cuevas situadas en Qumr\u00e1n, Cisjordania. Ambos hallazgos fueron hechos por ni\u00f1os beduinos, infantes n\u00f3mades capaces de mirar con atenci\u00f3n \u201cel suelo que pisan y donde juegan, buscando tesoros\u201d. Es otra ni\u00f1a peque\u00f1a, cuenta la leyenda pampeana que abre el primer cap\u00edtulo, la que descubri\u00f3 la escritura. Tras una fiesta de carnaval, la ni\u00f1a ciega, pero vidente, encuentra un rastro de sangre cerca de su casa, y al seguir su huella,\u00a0 descubre que la vida puede abrirse paso entre los signos. \u201c<em>Un rayo cualquiera<\/em> \u2014leemos en la nota editorial de Kikuyo\u2014 es un rayo nuestro, del com\u00fan, es el rel\u00e1mpago que fisura el cielo te\u00f3rico para dejar pasar una constelaci\u00f3n de brujas, cientifiques, poetas, chamanas, part\u00edculas subat\u00f3micas, organismos, curanderas y les otres que tambi\u00e9n somos. Como poetiza Purita Pelayo: <em>invocamos a lxs fantasmas heridxs en medio de la penumbra<\/em>\u201d (p. 198). En el colof\u00f3n, ese gesto editorial que a veces susurra entre l\u00edneas su deseo, anotan el impulso vital que pulsa en su anhelo de hacer libros y que comparten con Natalia: se trata de hacer libros como se hacen mundos, \u201cpara lxs cualquiera, aquellxs que, con las manos despiertas, sienten las pausas, las texturas, los rel\u00e1mpagos. Hay un rayo en sus miradas. Su voz es un trueno que retumba desde siempre en pampas y monta\u00f1as\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:30px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Kroeber Le Guin, \u00darsula (2023). <em>Entre las avenas silvestres: ensayos y poemas. <\/em>Ciudad de M\u00e9xico: El eterno retorno a casa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Marder, Michael (2024). <em>El vertedero filos\u00f3fico. Una fenomenolog\u00eda de la devastaci\u00f3n. <\/em>Barcelona: NED.<\/p>\n\n\n\n<p>Mistral, Gabriela (2020). <em>Obra reunida. Tomo VII. Prosa. <\/em>Santiago: Biblioteca Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u201cNo se trata de EL rayo, sino de un rayo cualquiera\u201d (p. 176), afirma Natalia Ortiz Maldonado al concluir este ensayo que explora el \u201ccontinuum ef\u00edmero\u201d de la vida y celebra su \u201cmaterialidad presente\u201d. Un rayo cualquiera, nada ostentoso ni atronador. 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