{"id":20580,"date":"2026-06-24T00:56:54","date_gmt":"2026-06-24T00:56:54","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=20580"},"modified":"2026-06-24T01:02:17","modified_gmt":"2026-06-24T01:02:17","slug":"notas-para-una-etnografia-de-la-victima-del-amor-romantico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/06\/24\/notas-para-una-etnografia-de-la-victima-del-amor-romantico\/","title":{"rendered":"Notas para una etnograf\u00eda de la v\u00edctima del amor rom\u00e1ntico."},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La v\u00edctima contempor\u00e1nea ocupa un lugar extra\u00f1o dentro del orden social. Se le exige simult\u00e1neamente sufrimiento y reflexividad. No basta con haber atravesado la violencia; adem\u00e1s debe interpretarla correctamente. Debe reconstruir escenas, ordenar secuencias, conservar pruebas, recordar fechas, responder contradicciones y transformar una experiencia viva \u2014confusa, fragmentaria, corporal\u2014 en un relato coherente y administrable para otros. El dolor, por s\u00ed solo, carece de legitimidad p\u00fablica. Necesita adquirir la forma de archivo.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay algo profundamente moderno en eso. La v\u00edctima ya no aparece \u00fanicamente como cuerpo herido, sino tambi\u00e9n como gestora de su propia inteligibilidad social. Debe convertirse simult\u00e1neamente en sobreviviente, investigadora y analista de s\u00ed misma. Una especie de bur\u00f3crata afectiva obligada a clasificar retrospectivamente la ruina de su intimidad.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Termin\u00e9 comprendiendo eso mientras escuchaba una y otra vez los audios del hombre que amaba. Ya no abr\u00eda esos registros como quien vuelve sobre un recuerdo, sino como quien examina las ruinas materiales de una cat\u00e1strofe. Su voz aparec\u00eda usando mi tama\u00f1o y mi militancia con l@s trabajador@s sexuales para insultarme. Mi cuerpo reducido a signo moral. Lo peque\u00f1o asociado a lo rid\u00edculo, a lo insuficiente, a aquello que puede despreciarse sin culpa. Y lo \u201cputa\u201d, para qu\u00e9 ahondar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y mientras repet\u00eda esas grabaciones con aud\u00edfonos puestos, tomando notas como una funcionaria de mi propio expediente sentimental, empec\u00e9 a ver algo sumamente inc\u00f3modo. Las violencias rara vez irrumpen de golpe. Antes de organizarse f\u00edsicamente sobre los cuerpos, suelen ensayarse lentamente dentro del lenguaje. Primero se altera el estatuto simb\u00f3lico de la otra persona. Se la vuelve exagerada, absurda, hipersensible, peque\u00f1a. Despu\u00e9s el cuerpo simplemente termina obedeciendo aquello que el discurso ya hab\u00eda comenzado a producir.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Entonces entend\u00ed que aquellos insultos nunca hab\u00edan sido met\u00e1foras. El mismo tama\u00f1o que serv\u00eda para degradarme verbalmente fue el que permiti\u00f3 que ese hombre \u2014desbordado, trastornado, vuelto una mezcla miserable entre furia y p\u00e9rdida absoluta de control\u2014 me levantara en brazos para arrojarme. A m\u00ed. Igual que a la foto de mi hijo. Igual que al moledor de marihuana. Igual que al separador de ambientes. La violencia reorganiza el espacio bajo una l\u00f3gica brutal donde los objetos queridos y las personas empiezan a compartir un mismo estatuto material. Todo se vuelve desplazable dentro de la trayectoria de la furia de un desequilibrado.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pero incluso eso termin\u00f3 siendo menos perturbador que lo que vino despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Porque lo verdaderamente desconcertante no fue \u00fanicamente la violencia, sino descubrir hasta qu\u00e9 punto una persona puede ejercer da\u00f1o y seguir percibi\u00e9ndose \u00edntimamente a s\u00ed misma como inocente. Y no hablo aqu\u00ed de inocencia jur\u00eddica. Hablo de una inocencia subjetiva, casi ontol\u00f3gica. Una imposibilidad radical de reconocerse como responsable de aquello que se hizo. Como si los gritos hubieran surgido espont\u00e1neamente desde el ambiente. Como si la agresi\u00f3n fuese apenas una reacci\u00f3n inevitable frente a circunstancias insoportables. Como si el problema nunca hubiese sido la violencia ejercida, sino el hecho de que \u00e9sta produjera consecuencias sociales, judiciales o afectivas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay algo casi igualmente fascinante, a la vez que doloroso, en observar c\u00f3mo alguien pudo destruir una habitaci\u00f3n entera y aun as\u00ed seguir habitando psicol\u00f3gicamente el lugar del incomprendido. El lugar de quien se siente injustamente tratado. La violencia aparec\u00eda siempre narrada como exceso emocional, accidente, desborde irrepetible, nunca como estructura. Nunca como responsabilidad propia. Y quiz\u00e1s ah\u00ed reside una de las dimensiones m\u00e1s inquietantes de ciertas masculinidades contempor\u00e1neas. No tanto en la agresi\u00f3n misma \u2014hist\u00f3ricamente demasiado conocida\u2014 sino en la extraordinaria capacidad de separar el acto de la autopercepci\u00f3n moral. La mano que arroja y la conciencia que sigue sinti\u00e9ndose buena parecen pertenecer a personas distintas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Entonces comenz\u00f3 otra escena igualmente brutal, aunque mucho m\u00e1s silenciosa. La pedagog\u00eda institucional del trauma. Tuve que convertirme en investigadora de mi propia vida. Ordenar cronolog\u00edas. Revisar fotograf\u00edas. Escuchar audios. Explicar por qu\u00e9 ten\u00eda miedo. Explicar por qu\u00e9 no estaba exagerando. Explicar por qu\u00e9 una mujer no inventa el temblor que permanece en una casa despu\u00e9s de una explosi\u00f3n afectiva.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y mientras tanto, el aparato judicial desplegaba sus lenguajes administrativos para nombrar el desastre. Suspensi\u00f3n condicional del procedimiento. Medidas cautelares. Incumplimientos. Plazos. Firmas. El Estado gestionando la cat\u00e1strofe sentimental mediante sintaxis burocr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Su hij@ adolescente me dijo que me cuidara y que \u00e9l no va a cambiar. Escuchar eso me produjo una tristeza dif\u00edcil de describir, porque no proven\u00eda de la rabia ni del resentimiento, sino de algo mucho peor: la naturalizaci\u00f3n precoz de la violencia en la conciencia de un@ ni\u00f1@. Como si hubiese aprendido demasiado temprano que existen hombres para quienes el arrepentimiento no es transformaci\u00f3n, sino apenas una pausa narrativa entre episodios.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s por eso el problema nunca fue \u00fanicamente individual. Nunca fue solo \u201cmi historia\u201d, \u201cmi relaci\u00f3n\u201d o \u201cmi mala experiencia amorosa\u201d. Las violencias \u00edntimas funcionan precisamente porque logran presentarse como excepciones privadas en lugar de aparecer como s\u00edntomas sociales. Y alrededor de ellas se organiza toda una econom\u00eda contempor\u00e1nea del silencio. Amigos que relativizan. Entornos pol\u00edticos que retroceden hacia la neutralidad cuando el agresor tiene rostro cercano. Feminismos convertidos en est\u00e9tica incapaces de sostener la incomodidad concreta del da\u00f1o. Instituciones que administran el conflicto sin preguntarse demasiado por las condiciones que lo producen.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay algo particularmente inquietante en los espacios que hacen del feminismo una identidad cultural o un lenguaje de \u00e9poca, pero que frente a la violencia concreta vuelven r\u00e1pidamente hacia la comodidad de la neutralidad. Porque ah\u00ed el problema deja de ser solamente la violencia ejercida por un hombre y pasa a ser tambi\u00e9n la facilidad con que un entorno entero encapsula el da\u00f1o bajo la categor\u00eda tranquilizadora de \u201casunto privado\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y nombrar la violencia como problema privado nunca es inocente. Es una operaci\u00f3n pol\u00edtica antigua. Consiste en arrancarle espesor colectivo al da\u00f1o y devolverlo al territorio de lo \u00edntimo, all\u00ed donde la incomodidad p\u00fablica desaparece y las redes afectivas, laborales o simb\u00f3licas pueden seguir funcionando sin fracturas aparentes. As\u00ed, la comunidad se preserva a s\u00ed misma mientras la experiencia de quien denuncia queda reducida al estatuto de conflicto interpersonal.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pero tampoco me interesa el reverso moralista de ese problema. Hay algo profundamente violento en ciertas formas contempor\u00e1neas de sororidad cuando el gesto de \u201crescatar\u201d a otra mujer se construye desde la sospecha de que ella no piensa bien, no eval\u00faa bien o no comprende bien su propia vida. Porque entonces el rescate deja de ser acompa\u00f1amiento y se convierte en una operaci\u00f3n de inferiorizaci\u00f3n. Una pedagog\u00eda del desprecio disfrazada de cuidado.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Lo veo con claridad cuando ciertos feminismos hablan sobre las trabajadoras sexuales como v\u00edctimas absolutas incapaces de consentimiento. Muchas veces terminan reproduciendo exactamente aquello que dicen combatir: la negaci\u00f3n de la voluntad femenina. Se concede dolor, pero no criterio. Y esa misma l\u00f3gica aparece frente a mujeres atrapadas en v\u00ednculos violentos. \u201c\u00bfC\u00f3mo no te das cuenta?\u201d, \u201c\u00bfPor qu\u00e9 sigues ah\u00ed?\u201d, \u201cMe sorprende que ese tipo consiga mujeres\u201d. Como si humillar a alguien pudiera fortalecerla.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Y lo terrible es que esa violencia suele producir exactamente el efecto contrario. Porque quien es tratada como est\u00fapida deja de sentirse acompa\u00f1ada y empieza a sentirse expuesta. Se repliega. La ret\u00f3rica salvadora, cuando est\u00e1 cargada de superioridad moral, no rescata a nadie. Deja m\u00e1s aislada.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>A veces tengo la impresi\u00f3n de que ciertos discursos ya no buscan transformar el mundo, sino simplemente demostrar superioridad \u00e9tica. Y en ese ejercicio dejan detr\u00e1s un paisaje devastado: mujeres solas, infantilizadas, obligadas a defenderse no s\u00f3lo de aquello que viven, sino tambi\u00e9n de quienes dicen venir a salvarlas. Y qu\u00e9 triste que el Estado tenga tan clara la trayectoria t\u00edpica que siguen estos hombres agresores (como si se hubieran le\u00eddo un manual com\u00fan) y no se vele por reducir el peligro potencial de alguien a quien no se le ha \u201cachicado la calle\u201d como deber\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Porque el orden contempor\u00e1neo ya no necesita negar frontalmente la violencia para perpetuarla. Le basta con psicologizarla, privatizarla o burocratizarla. Le basta con convertirla en expediente, en exceso emocional, en \u201cproblema de pareja\u201d, en tragedia dom\u00e9stica sin espesor pol\u00edtico. Y quiz\u00e1s esa sea hoy una de las formas m\u00e1s sofisticadas de conservaci\u00f3n del poder. No la defensa abierta del agresor, sino la fragmentaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la experiencia de las v\u00edctimas hasta volver imposible leer en ella una estructura colectiva.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La v\u00edctima contempor\u00e1nea no s\u00f3lo sangra. Tambi\u00e9n clasifica, transcribe, adjunta pruebas y aprende a hablar el idioma administrativo del dolor. Se convierte simult\u00e1neamente en sobreviviente, archivista y analista de su propia devastaci\u00f3n. Intimidad convertida en archivo. Correos, amenazas, fotos, hematomas, transcripciones. Todo aquello adquiere una materialidad extra\u00f1a cuando pasa a ser un expediente que me sobrevivir\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s por eso contar lo ocurrido me parece apenas un gesto m\u00ednimo. Alguien podr\u00eda abrir esos documentos dentro de d\u00e9cadas buscando comprender c\u00f3mo operaba la violencia en nuestra \u00e9poca y encontrar all\u00ed los restos de un desastre que dej\u00f3 de ser \u00edntimo desde el momento en que la maquinaria institucional intervino y comenz\u00f3 a ponerse en marcha. A partir de entonces las cosas siguieron un curso totalmente autom\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Por lo mismo, no creo tener demasiadas lecciones que ofrecer. Tampoco soluciones. Pero s\u00ed creo que la \u00fanica forma \u00e9tica de prevenir estas violencias consiste en conversar sobre ellas. Hablar entre iguales. Compartir experiencias sin pedagog\u00edas y sin convertir el dolor ajeno en una oportunidad para demostrar lucidez. Simplemente hablar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Mientras Argentina vuelve a preguntarse c\u00f3mo fue posible el asesinato de otra adolescente, y mientras cada treinta horas aprox. un hombre se convierte en femicida en la regi\u00f3n, resulta dif\u00edcil no pensar que la pregunta ya no es qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo. La evidencia lleva d\u00e9cadas acumul\u00e1ndose frente a nosotr@s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Tal vez el problema nunca haya sido la falta de informaci\u00f3n. Tal vez la verdadera dificultad radique en otro lugar. Hemos hablado largamente de las v\u00edctimas y conocemos bastante bien las conductas recurrentes de quienes ejercen estas violencias. Sin embargo, la masculinidad sigue ocupando un lugar extra\u00f1o dentro de estas discusiones. Tal vez sea porque constituye el punto ciego del patriarcado: aquello que produce el da\u00f1o, pero que rara vez comparece ante el an\u00e1lisis con la misma insistencia que las v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La v\u00edctima contempor\u00e1nea ocupa un lugar extra\u00f1o dentro del orden social. Se le exige simult\u00e1neamente sufrimiento y reflexividad. No basta con haber atravesado la violencia; adem\u00e1s debe interpretarla correctamente. 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