{"id":21001,"date":"2026-07-27T02:00:52","date_gmt":"2026-07-27T02:00:52","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=21001"},"modified":"2026-07-27T02:00:53","modified_gmt":"2026-07-27T02:00:53","slug":"todos-los-hombres-abandonan-de-mathias-reimann-el-transito-de-un-dios-incompleto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/07\/27\/todos-los-hombres-abandonan-de-mathias-reimann-el-transito-de-un-dios-incompleto\/","title":{"rendered":"Todos los hombres abandonan\u00a0de Mathias Reimann: El tr\u00e1nsito de un dios incompleto"},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:48px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>\u201cSomos id\u00e9nticos yo y mi padre<br>vulgares, irreconciliables, vac\u00edos<br>somos de espuma yo y mi padre<br>el viento nos lanza contra las soleras\u201d<\/em><br><em>Codex<\/em>&nbsp;\u2013 Rodrigo Ortega<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hace varios meses, en la cuarta versi\u00f3n de Caudal \u2013festival del libro independiente de Valdivia\u2013 entre una concurrida audiencia me encontr\u00e9&nbsp;<strong><em>Todos los hombres abandonan<\/em><\/strong>. Abr\u00ed una p\u00e1gina al azar:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Resisto,<\/em><\/strong><em><br>a\u00fan deba tragarme toda tu creaci\u00f3n<br>la beber\u00e9 y me la llevar\u00e9<br>a otras tierras<br>donde no eres nadie,<br>ni nada,<br>porque todo florece cuando no est\u00e1s.<br>(&#8230;)<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>No lo pienso dos veces, lo compro. Inti Ediciones, responsable del libro, viaj\u00f3 para participar de la feria y presentar el poemario en Espacio Coma junto a Josefa Vecchiola y K\u00fctral Vargas Huaquimilla unos d\u00edas antes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El recorrido que ofrece Reimann en su poemario lo interpreto como la cr\u00f3nica po\u00e9tica (en cuatro actos) del viaje de un h\u00e9roe que no es un h\u00e9roe, pero tampoco un antih\u00e9roe. Como nadie dir\u00eda que la criatura de Shelley, es un h\u00e9roe o un antih\u00e9roe. M\u00e1s bien parece el diario con poemas de una criatura en desarrollo: una quimera obsesiva, herida y perdida.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La primera parte del poemario es la m\u00e1s cargada de erotismo. Nos presenta la voz po\u00e9tica de un joven parecido al primer arcano, el Mago: su ansia por entrar en el mundo sin saber que lo destruye a su paso. Un semidi\u00f3s en construcci\u00f3n o&nbsp;<em>transici\u00f3n<\/em>, atravesado por la confusi\u00f3n entre aquello que se quiere ser y aquello que se desea. El t\u00edtulo del cap\u00edtulo es el mismo que el del poema:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Mudo mi piel de hijo<\/em><\/strong><em><br>para ser tentaci\u00f3n del padre,<br>me enrosco entre sus barbas<br>muerdo su lengua sabia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ens\u00e9\u00f1ame a cazar,<br>cu\u00e1ndo<br>y c\u00f3mo pronunciar tu nombre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Di c\u00f3mo vestir<br>estas escamas<br>que revisten mi inocencia<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La obsesi\u00f3n morbosa con el propio proceso de transformaci\u00f3n instala una de las im\u00e1genes centrales del libro: la hibridez temporal de ese estado de crecimiento. El poemario apuesta \u2014especialmente en esta primera parte, aunque seguir\u00e1 asom\u00e1ndose en los otros cap\u00edtulos\u2014 por una escritura er\u00f3tica cargada por el deseo de abandonar la inocencia. Mas no en su corrupci\u00f3n, sino en su desplazamiento: el capullo que se abandona para dar paso a una criatura feroz. Este adolescente obsesionado con su metamorfosis fantasea con el Padre, con igualarlo y as\u00ed volverse sagrado.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Los poemas convocan imaginarios de lo sagrado cruzados por lo incestuoso, reconocibles en cierta literatura homosexual chilena, sin que esas referencias eclipsen lo que Reimann intenta dibujar. A trav\u00e9s de fraseos populares, enredados con versos que se organizan como oraciones en letan\u00eda, la l\u00edrica se enra\u00edza en un chiste, una an\u00e9cdota o una referencia de la noche gay valdiviana. Un cable a tierra de la fantas\u00eda que se autoparodia y deja atr\u00e1s la pretensi\u00f3n; una cotidianidad como ca\u00edda del tel\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Este joven cazador recorre los tugurios de internet y Valdivia poseyendo hombres. Ese parece ser su camino a la consagraci\u00f3n: no encontrar amor ni otra mitad, sino volverse tan voraz y peligroso como su progenitor; y al ser reconocido como insaciable, convertirse tambi\u00e9n en su objeto de deseo, como una forma de asimilaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Me engancho<\/em><\/strong><em><br>en su flancos sin montura<br>son mis dedos la rienda<br>que dirige su galope.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Caigo,<br>me contiene,<br>giro sobre su lomo plateado.<br>Le inyecto mi ponzo\u00f1a,<br>aprende a relinchar<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Desde esta nota nos desplazamos a la segunda parte del poemario, que inicia con la imagen de una jeringa. All\u00ed este \u201cviaje\u201d entra en una met\u00e1fora \u2014hoy cl\u00e1sica, aunque siempre delicada\u2014 del estigma homosexual: la penetraci\u00f3n, las drogas, la sustancia, la adicci\u00f3n, la enfermedad y la marginalizaci\u00f3n de los sujetos; pero tambi\u00e9n la medicalizaci\u00f3n, la sangre y la transmisi\u00f3n. El cap\u00edtulo se titula&nbsp;<strong><em>Mudo mi sangre sin fe<\/em><\/strong>, y en \u00e9l la voz po\u00e9tica atraviesa un despertar espiritual al mismo tiempo que se integra al relato hospitalario. En esta l\u00ednea, su escritura deja deslizar otros referentes, ahora para inscribir el poemario en una perspectiva pol\u00edtica respecto al VIH\/Sida.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La primera se\u00f1al aparece cuando los giros c\u00f3micos de los poemas iniciales dan un vuelco hacia un espacio cotidiano, pero abyecto, que me hace pensar en los talleres de Moda y Pueblo, quiz\u00e1s el espacio en que Mathias trabajo su escritura los \u00faltimos a\u00f1os. Tambi\u00e9n es inevitable escuchar entrecruzada la voz de K\u00fctral Vargas Huaquimilla, una de las influencias literarias m\u00e1s importantes del escritor. En un acercamiento menos visceral, se asoma tambi\u00e9n la influencia de Lu N\u00fa\u00f1ez y Rodrigo Ortega, espec\u00edficamente&nbsp;<strong><em>Prospectos<\/em><\/strong>, exhibida el 2022 en el Museo de la Memoria. Ac\u00e1 hay una intenci\u00f3n de visibilizar e interrogar el malestar colectivo y la exigencia por la cura, para todas y todos. Mathias, en una entrevista, habla de lo inspirador que le result\u00f3 encontrarse con la urgencia del abordaje pol\u00edtico de la visibilidad presente en el trabajo de elles.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Este nuevo escenario y esta nueva forma de llevar el tiempo de la voz po\u00e9tica se entretejen con im\u00e1genes b\u00edblicas y rituales cat\u00f3licos que dan cuenta de una reapropiaci\u00f3n. Esta nueva fe es reconocida en sus compa\u00f1eras en la plaza p\u00fablica y en sus amantes en sus cuartos propios. Ac\u00e1 el Mago parece diluirse o camuflarse. Mathias sobre \u00e9l escribe:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Vivir\u00e9 mi nueva fe en secreto<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>No coser\u00e9 perlas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a los ojos de mi madre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No palparan diez cuentas\/las manos de mi abuela.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>As\u00ed deba hundirme en este r\u00edo G\u00f3lgota,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>transitar\u00e9 su dolorosa v\u00eda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en silencio<\/em>\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pareciera que se abandona a s\u00ed mismo, diluyendo la reivindicaci\u00f3n y tambi\u00e9n el deseo de consagrarse con su Padre. Persiste la sed.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La tercera parte del poemario,&nbsp;<strong><em>Muda mi tierra<\/em><\/strong>, es quiz\u00e1s la m\u00e1s rom\u00e1ntica. Se asoma cierta renuncia, o al menos una distancia de la urbanidad, como si la ciudad quedara atr\u00e1s convertida en recuerdo de los cuerpos enfermos, de las habitaciones cerradas, de la noche y de la circulaci\u00f3n ansiosa del deseo. La criatura del poema se refugia en el territorio: hace un giro hacia el bosque, el cielo, la lluvia y la costa.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<em>(&#8230;)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Bailaremos en el cielo<br>con ansiedad de dos cuerpos<br>en descomposici\u00f3n.<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>A esta altura aparece Niebla, o al menos un territorio semejante, donde la selva y el oc\u00e9ano se encuentran, y la tierra se acaba en riscos, cuevas y bordes h\u00famedos. All\u00ed la voz po\u00e9tica parece trepar, esconderse, deshacerse. Sin embargo, este desplazamiento no vuelve buc\u00f3lico al libro. No hay idealizaci\u00f3n del paisaje ni descanso pastoral. Hay, m\u00e1s bien, una admiraci\u00f3n por la sutileza de lo vivo y de lo feral, pero sin abandonar ese tono putrefacto y bizarro que marca el car\u00e1cter de la voz po\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El territorio no purifica al cuerpo: lo expone de otra manera. La naturaleza no funciona como refugio inocente, sino como una continuaci\u00f3n del deseo por otros medios. El bosque, la costa y la lluvia no lavan la herida; la vuelven m\u00e1s antigua, m\u00e1s animal, m\u00e1s dif\u00edcil de nombrar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Te acercas<br>como perro callejero,<\/em><\/strong><em><br>sabe ser\u00e1 alimentado.<br>Sostines tu invasi\u00f3n<br>desaf\u00edas mi deseo.<br>Cosquillean mis dedos,<br>se delizan suave<br>sorbe la aspereza de tu cr\u00e1neo<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es en este escenario donde la criatura pareciera sorprenderse con el amor, la ternura o al menos con la posibilidad de un futuro diferente. Despu\u00e9s de la voracidad, despu\u00e9s del cuerpo entendido como caza, enfermedad, rito y desaf\u00edo, aparece una escena m\u00e1s vulnerable. En un poema titulado&nbsp;<strong><em>Nuestro primer encuentro<\/em><\/strong>&nbsp;dice:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<em>Te amo.<br>Me degrado en explosi\u00f3n de colores,<br>en este oc\u00e9ano destinado a ser sal.<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La frase no abandona la degradaci\u00f3n, pero la vuelve luminosa. Amar tambi\u00e9n es degradarse, aunque ahora esa ca\u00edda no parece \u00fanicamente ligada a la p\u00e9rdida o a la abyecci\u00f3n, sino a una forma de belleza que ocurre mientras el cuerpo se deshace. Todo parece avanzar hacia una disoluci\u00f3n inevitable, pero en esa disoluci\u00f3n todav\u00eda hay color, todav\u00eda hay encuentro.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Este cap\u00edtulo es tambi\u00e9n el m\u00e1s experimental en t\u00e9rminos de escritura. Algunos poemas parecen jugar con el deterioro de la palabra, con su respiraci\u00f3n, con su desgaste material. Aparecen juegos sonoros a trav\u00e9s de consonantes, cortes abruptos y experimentaciones con el sonido que hacen las palabras al perder sus vocales. La lengua, igual que el cuerpo; muda, falla, se desarma. El procedimiento es coherente con la imagen central del libro: nada permanece entero, ni el deseo, ni la fe, ni el territorio, ni la voz. Sin embargo, este ejercicio tambi\u00e9n corre el riesgo de deshilacharse. Despu\u00e9s del impulso heroico del primer tramo, la muda de fe y la muda de territorio parecen guiarnos hacia una zona menos triunfal, como si la metamorfosis no condujera a una revelaci\u00f3n, sino a una forma m\u00e1s opaca de sobrevivencia.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En el cuarto cap\u00edtulo,&nbsp;<strong><em>Y el verbo se hizo carne<\/em><\/strong>, el m\u00e1s breve del poemario, se intenta un cierre retornando al Padre como \u00faltima obsesi\u00f3n l\u00edrica. El cuerpo vuelve a la genealog\u00eda. La criatura que quiso transformarse, mudar la piel, la sangre, la fe y la tierra, regresa al origen de su deseo y de su herida.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Un poema dice:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u201c<strong><em>Padre,<br>finalmente soy tu hijo.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>No recordar\u00e1s<br>que de peque\u00f1o<br>quer\u00eda ser nana.<br>(&#8230;)<br>Padre,<br>nuestros nombres juntos<br>la tierra pesa<br>te aborrezco<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pareciera que ya no existe una persecuci\u00f3n, sino un espejeo desilusionado. Ya no se trata solamente de alcanzar al Padre, seducirlo, igualarlo o volverse sagrado ante su mirada. Lo que aparece ahora es una especie de reconocimiento oscuro: la filiaci\u00f3n como peso, el parecido como fracaso. Hay cierta decepci\u00f3n frente a lo que no se logr\u00f3 cortar, y tambi\u00e9n cierto terror ante aquello que, a pesar de la metamorfosis, volvi\u00f3 con otro rostro.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es en este momento del poemario donde m\u00e1s me resuena la obra de Rodrigo Ortega citada al inicio. Hay algo doloroso en explorar las similitudes que aparecen con el tiempo en quienes crecen cerca de la ausencia, sobre todo desde la perspectiva de los ideales y arquetipos de masculinidad que se forman en la oscuridad. El abandono contamina nuestras posibilidades de deseo como una enfermedad: deja la duda siniestra de ese yo posible que no conocemos, que no tuvimos la oportunidad de conocer, y que tampoco sabemos del todo c\u00f3mo desear.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El hijo ya no parece buscar consagrarse ante el Padre, sino constatar que algo de \u00e9l permanece. Y esa permanencia no es reconciliaci\u00f3n. Es una forma de aborrecimiento \u00edntimo, una evidencia de que el cuerpo transformado todav\u00eda arrastra nombres, mandatos, residuos familiares. El verbo se hizo carne, pero esa carne no llega limpia al final: llega marcada, pesada, contradictoria.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El poemario de Mathias Reimann alcanza un cl\u00edmax extra\u00f1o \u2014no queda claro si de forma intencional o accidental\u2014, que no resuelve del todo las fuerzas que convoca. M\u00e1s que definir una madurez, deja una experiencia interrumpida: un cuerpo que ha atravesado el deseo, la enfermedad, la fe, el territorio y el Padre, pero que no termina de estabilizarse en ninguna de esas formas.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Esa sensaci\u00f3n interrumpida puede leerse como una debilidad del libro, pero tambi\u00e9n como una de sus verdades.&nbsp;<strong><em>Todos los hombres abandonan<\/em><\/strong>&nbsp;parece escrito desde una identidad que todav\u00eda no quiere o no puede fijarse. Su fuerza est\u00e1 en esa criatura incompleta, a ratos feroz, a ratos rid\u00edcula, a ratos m\u00edstica, que insiste en mudar deseosa.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:46px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth alignright size-medium is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"545\" height=\"800\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/WhatsApp-Image-2026-07-26-at-9.22.37-PM-545x800.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21171\" style=\"width:385px;height:auto\"\/><\/figure><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSomos id\u00e9nticos yo y mi padrevulgares, irreconciliables, vac\u00edossomos de espuma yo y mi padreel viento nos lanza contra las soleras\u201dCodex&nbsp;\u2013 Rodrigo Ortega Hace varios meses, en la cuarta versi\u00f3n de Caudal \u2013festival del libro independiente de Valdivia\u2013 entre una concurrida audiencia me encontr\u00e9&nbsp;Todos los hombres abandonan. 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