{"id":21747,"date":"2026-10-13T00:29:34","date_gmt":"2026-10-13T00:29:34","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=21747"},"modified":"2026-10-13T00:29:35","modified_gmt":"2026-10-13T00:29:35","slug":"relatos-de-vida-ritual-de-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/10\/13\/relatos-de-vida-ritual-de-memoria\/","title":{"rendered":"Relatos de vida: ritual de memoria."},"content":{"rendered":"\n<div style=\"height:60px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Cr\u00f3nica de lectura agradecimiento<\/p>\n\n\n\n<p>a Victoria Elena Barra S\u00e1nchez y familia.<\/p>\n\n\n\n<p>En memoria de Berta Mardones, a d\u00edas de su fallecimiento.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:60px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>Autora y contexto de producci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<div style=\"height:49px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Victoria Elena Barra S\u00e1nchez es poeta y narradora chilena, naci\u00f3 el 9 de agosto de 1930. Es la hija mayor de Don Albino Barra Villalobos y de Do\u00f1a Gregoria Victoria S\u00e1nchez Serrano. Comenz\u00f3 a escribir a los 10 a\u00f1os. En 1957 contrajo matrimonio con Roberto Uribe Sald\u00edas, profesor normalista, su compa\u00f1ero de vida hasta el a\u00f1o 2020. De esa uni\u00f3n nacieron cuatro hijos: An\u00edbal, Milena, Helen y Melva.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Relatos de vida<\/em>&nbsp;fue publicado por Editorial Dhiyo, con revisi\u00f3n de textos de Jaime Ram\u00edrez Z\u00fa\u00f1iga, Silvia Lagos y Cecilia Inostroza, y abre con palabras de la autora que dicen: \u201cSolo quiero entregar al lector un poco de amor y reflexi\u00f3n por las palabras aqu\u00ed escritas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>El gesto<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<div style=\"height:49px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El hijo de Elena, An\u00edbal, me entreg\u00f3 el libro en una reuni\u00f3n. Fuimos a tomar un caf\u00e9 a Providencia e hicimos intercambios: \u00e9l me dio&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>&nbsp;de Elena Barra S\u00e1nchez y yo le entregu\u00e9&nbsp;<em>La distancia entre tu nombre y el m\u00edo<\/em>, novela que, en ese entonces, a\u00fan no hab\u00eda sido publicada. D\u00edas despu\u00e9s la present\u00e9 en GAM bajo el sello editorial Los Libros de la Mujer Rota. En el local cerca del portal Lyon, ped\u00ed un americano y An\u00edbal un caf\u00e9 helado. Hablamos del contexto pol\u00edtico chileno, de su hija en el extranjero y de mis primeros meses viviendo en el sur. No hace mucho hab\u00eda dejado la capital para aventurarme a hacer las paces con la lluvia en Puerto Montt.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hubo en ese gesto algo muy hermoso: querer compartir conmigo las creaciones de su madre, que est\u00e1 pronta a cumplir cien a\u00f1os. Trabajo de toda una vida. Con An\u00edbal compartimos durante a\u00f1os en un taller literario presencial que moder\u00e9 en \u00d1u\u00f1oa, para el Departamento de Personas Mayores. Escribimos y reescribimos juntos durante largas temporadas. Admiro su escritura, por lo cual me intrig\u00f3 conocer sobre qu\u00e9 versa la escritura de su centenaria madre. Vida, caf\u00e9, literatura. Palabras cruzadas y afectos. Todo hizo sentido en el gesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>&nbsp;El artefacto como archivo de memoria personal<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<div style=\"height:49px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Al abrirlo me encontr\u00e9 un verdadero artefacto de memoria. Los poemas no son solo acompa\u00f1ados con las im\u00e1genes, sino que las im\u00e1genes proponen asociaciones alternativas, enriquecen las lecturas, ampl\u00edan los m\u00e1rgenes de representaci\u00f3n. Son fotograf\u00edas de familia, de amigas, de sus hijos, de los padres, de las compa\u00f1eras, de una mujer mirando al mar.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Es un artefacto en la medida que la memoria personal despliega diferentes mecanismos que nos permiten apreciar la vida de la autora como un tramado de elementos visuales. Reformula la memoria. En lugar de buscar la inscripci\u00f3n en la oficialidad, propone una memoria \u00edntima, dom\u00e9stica, de siglo XX, hecha de \u00e1lbumes, de mamaderas, de retratos escolares. Y por eso es pol\u00edtica y profundamente afectiva: guarda lo que la Historia grande olvida (o cede al campo de la a veces tan malquerida&nbsp;<em>microhistoria<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Este libro se levanta desde el af\u00e1n de reconstrucci\u00f3n de la memoria. Desde ese lugar \u2014desde lo personal que se hace archivo\u2014 plantea sus propuestas m\u00e1s valientes. En tanto artefacto,\u00a0<em>Relatos de vida<\/em>\u00a0me invita a leer en red, como pens\u00f3 Barthes (2004) en\u00a0<em>S\/Z<\/em>\u00a0el tejido de voces sin centro o el texto-red, fuera de los l\u00edmites tradicionales que marca el libro, como un dispositivo vincular entre siglos.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ol style=\"list-style-type:upper-roman\" class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>\u00a0La astucia ecopo\u00e9tica: flores, palomas y voces<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<div style=\"height:49px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Lo que me interesa de esta astucia ecopo\u00e9tica es c\u00f3mo se ancla a una memoria personal que viene de otro siglo. Elena escribe desde un Chile de los a\u00f1os 50\u2019, 60\u2019, 70\u2019. Una memoria de larga duraci\u00f3n. Y trae con ella una forma de vincularse que hoy hemos perdido: hablarle a las palomas (p\u00e1g.51), comparar a las compa\u00f1eras con flores (p\u00e1g.25), acaso dibujar personas como plantas (\u00bfcu\u00e1les sus ra\u00edces?) escuchar el trino como compa\u00f1\u00eda en la noche oscura del alma. Esa animalidad\/aparici\u00f3n vegetal (o indeterminaci\u00f3n humana) es memoria antigua y posibilidad nueva. La presencia animal y vegetal dentro de estas escrituras ecopo\u00e9ticas permite la proliferaci\u00f3n de potencias simb\u00f3licas. La animalidad abre un espacio de inversi\u00f3n de roles e incluso de \u00e9ticas humanas, lo que vuelve bastante interesante que la voz po\u00e9tica adquiera estas derivas. Pienso, por ejemplo, en el poema \u201cLlegaron\u201d de la p\u00e1gina 51:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>mis palomas se posaron<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con confianza en tu fulgor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pero tus almas me miraron<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>\u00abMi cuerpo todo se estremeci\u00f3\u00bb cierra la estrofa para evidenciar que hay dos cosas sucediendo al mismo tiempo: las palomas posan con confianza en el fulgor de otro (\u00bfel gran Otro?) que est\u00e1 mir\u00e1ndose y, a la vez, cuerpos que se estremecen a prop\u00f3sito de las miradas de estas almas. Esta construcci\u00f3n en capas de sentido es iniciada por la aparici\u00f3n de lo animal, en un intento de, quiz\u00e1s, subvertir la importancia del valor humano respecto a otras formas de presentar los v\u00ednculos tendidos en miradas. Me atrevo a proponer esta lectura porque ocurre en distintos momentos, la voz po\u00e9tica insiste en el recurso.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En \u201c\u00a1No!\u201d (p\u00e1g.41) leemos:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>entregaba a un ser humano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mi m\u00e1s puro amor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en eso pas\u00f3 la vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y me dijo \u00a1No!, \u00a1no!, \u00a1no!<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Ante la frustraci\u00f3n por el designio vital, la voz po\u00e9tica recurre al trino de las aves como sost\u00e9n ante el vac\u00edo de sentido. Avanzado en el poema, leemos en la p\u00e1gina 42:\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Cantaba en la cumbre triste, la soledad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a mi alrededor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En eso un trino de aves me dijo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No est\u00e1s sola. \u00a1Aqu\u00ed estoy yo!<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Ante la soledad humana, el trino de aves figura compa\u00f1\u00eda. Hay una subversi\u00f3n de las nociones m\u00e1s cl\u00e1sicas del amor, de la compa\u00f1\u00eda, del cuerpo, de las biolog\u00edas que sostienen las emociones por las cuales la voz po\u00e9tica transcurre. Animales, flores, diferentes manifestaciones de Dios figuran\u00a0<em>rumor de lo viviente<\/em>. De all\u00ed, el que podamos sostener que en esta serie de afirmaciones sobre la memoria emotiva de Elena nazcan tantas preguntas (p\u00e1g.36) y que las corporalidades no-humanas remitan a memoria antigua como una \u201cgolondrina que busca \/ emociones por el mundo\u201d (p\u00e1g.71).\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Tomar\u00e9 a Gabriel Giorgi quien, en&nbsp;<em>Formas comunes, Animalidad, cultura, biopol\u00edtica,<\/em>&nbsp;del a\u00f1o 2014, piensa en cierta&nbsp;<em>biolog\u00eda abierta<\/em>, concepto que he decidido trenzar en esta escritura a prop\u00f3sito de la memoria ecopo\u00e9tica en la voz centenaria de&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Se trata de biolog\u00edas abiertas, de corporalidades cuyo tener lugar mismo se vuelve instancia de interrogaci\u00f3n; ilumina el encuentro con potencias org\u00e1nicas, con fuerzas opacas, que vuelven a los contornos de los cuerpos y mapean sus campos de relaci\u00f3n y de devenir: el deseo, el afecto, la sensaci\u00f3n, la pulsi\u00f3n, lo que arrastra a la conciencia hacia su l\u00ednea de sombra que es aqu\u00ed tambi\u00e9n su l\u00ednea de creaci\u00f3n. Impersonal, asignificante, neutro: el rumor de lo viviente en las alternativas de la sexualidad, del desamparo, de la enfermedad; de eso hablan los animales que se asoman, como figuras inciertas. (Giorgi, 2014: 39)<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:32px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>Hablar a Dios cuando el cielo canta. Despersonalizaci\u00f3n para buscar a Dios.<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>En el tel\u00f3n de fondo siempre est\u00e1 Dios, incluso cuando en la mente penetra el misterio como sucede en \u201cCanto a la noche\u201d (p\u00e1g.40). Las figuras inciertas que merodean las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>&nbsp;se aferran y se entregan a Dios. Retorna a Dios el discurso constantemente, como una s\u00faplica ante la p\u00e9rdida. Tambi\u00e9n se implora por los hijos, por la comprensi\u00f3n del dolor, del fusilamiento (p\u00e1g. 76), la voz po\u00e9tica pide a Dios le ayude a vivir con la crueldad, a entender los tiempos humanos. En \u201cSoneto\u201d:<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Voz que canta en el cielo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>bosque ruge en el mar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>voz que suspira en la tierra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>voz que soy yo en el volc\u00e1n<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>gimen las voces de los hombres<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sobre la negra tierra sin amor<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>piden las voces, las flores<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>al sol su calor<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>La personificaci\u00f3n figura tambi\u00e9n despersonalizaci\u00f3n. En este sentido, hay un desplazamiento: el cielo canta, el mar ruge, las flores piden. Son potencias org\u00e1nicas que suplican ternura. La foto que acompa\u00f1a \u201cSoneto\u201d (p\u00e1g.49) confirma el procedimiento: una mujer (\u00bfquiz\u00e1s Elena?) alineada a un extremo de la imagen, chiquitita, mientras las piedras y el mar ocupan casi todo el cuadro. Ella se hace una con las rocas. A diferencia de \u201cA mi hijo reci\u00e9n nacido\u201d (pp.14-15) poema\/imagen que abre el libro, en donde la presencia humana es el centro, aqu\u00ed el paisaje es el que dialoga con m\u00e1s profundidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:55px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"664\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/WhatsApp-Image-2026-10-12-at-9.19.50-PM-1-1024x664.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21944\"\/><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:55px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>En esta despersonalizaci\u00f3n (o personificaci\u00f3n de lo no-humano) podemos leer los gestos ecopo\u00e9ticos del apartado anterior, como tambi\u00e9n un deslinde que busca a Dios; un querer ser del Todo y con el Todo. Y, si no, al menos un coqueteo con el amplio horizonte de posibilidades de la despersonalizaci\u00f3n como recurso significante.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n hay muerte y abandono. Leemos en \u201cSe fue y me dej\u00f3\u201d: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 te quiso llevar el Se\u00f1or\u201d? (p\u00e1g.32). Vamos y volvemos a Dios, con aceptaci\u00f3n y resignaci\u00f3n algunas veces. Con sentimiento de pendientes, otras. Somos distintas vidas. Cielos de distintos mundos.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>Mujeres que salen del papel<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El poema \u201cMis compa\u00f1eras\u201d (pp.25-26) est\u00e1 acompa\u00f1ado por una fotograf\u00eda en blanco y negro de alrededor de 30 mujeres. Ellas miran a la c\u00e1mara sin imaginar que ser\u00e1n parte de un libro del pr\u00f3ximo siglo. \u201cSon impulsivas, son so\u00f1adoras, nieve y son de sol\u201d (p\u00e1g.26), pero tienen el esp\u00edritu herido. Si al comienzo de&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>&nbsp;nos encontramos con la fotograf\u00eda del hijo, a no mucho andar las compa\u00f1eras nacen de las p\u00e1ginas, casi como si quisiesen salir del papel y agradecer por este espacio en la memoria. Lo cotidiano trenza redes afectuosas para vivir una vida donde la poes\u00eda es posible. Para que al abrir la p\u00e1gina 26, este grupo de mujeres te salude y seas invitada a descubrir estos rostros. Junto con presentar su red de afectos, acudimos al posicionamiento de una hablante que aboga por una vida otra. Y ah\u00ed es donde la escritura se presenta como un lugar de resistencia: tanto como resistencia al dolor para transformarlo en poes\u00eda, como en la creaci\u00f3n de mundos alternativos que parecen ser ventanas que la autora ha dibujado para que veamos entrar la luz.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:52px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"554\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/WhatsApp-Image-2026-10-12-at-9.19.50-PM-1-1-1024x554.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21946\"\/><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:52px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>\u00bfCu\u00e1nto abrimos nuestros corazones? Vivir como un p\u00e1jaro blanco<\/strong><\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El p\u00e1jaro blanco y las hojas que tienen mirada de amor. En \u201cNada m\u00e1s que sue\u00f1os\u201d (p\u00e1g.27) la voz po\u00e9tica enuncia: \u201cvivo en otro mundo, soy como un p\u00e1jaro blanco\u201d. Imagino ese p\u00e1jaro, hermoso, potencia abierta, surcando las p\u00e1ginas de&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>. En el mismo poema la voz habla sobre una deuda que la vida tiene con ella: el amor. Quiere amar y exige ser amada, \u00bfes algo que la vida pueda debernos?<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>A lo largo del libro la familia es representada como flores secas (p\u00e1g.29) y la vida pasa entre ellas. Y aparecen las hojas, aparece Dios, aparecen las potencias creadoras para resistir a la tristeza cual p\u00e1jaro blanco de otro mundo. Pese a la tristeza leo una permanencia en el amor. Permanencia y exigencia; todav\u00eda nos debe algo la vida: a\u00fan nos debe el amor. La tinta, la presencia acaso, enuncia: aqu\u00ed estoy. Tengo cabida.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><em>Y sin darme cuenta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>c\u00f3mo pas\u00f3 la vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>entre esas hojas yo hoy tengo cabida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y no siento tristeza<\/em><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hay una prosopopeya que permite que el aire pase por cuerpos de hojas para simbolizar la relaci\u00f3n que el cuerpo de carne tiene con Dios a trav\u00e9s de las palabras del esp\u00edritu. Es el amor lo que permite que la vida tenga sentido.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Pienso en cu\u00e1nto le decimos realmente a los otros, cu\u00e1nto les liberamos de la culpa, o cu\u00e1nto agradecemos aquellos movimientos que hacen que cada quien sea quien es. Entre ayer y hoy tuve dos conversaciones. Dos mujeres que hablaban de sus madres. Una me dijo \u201cyo no estoy preparada para vivir en un mundo donde no est\u00e1 mi mam\u00e1\u201d. La otra me dijo que estaba aprendiendo a soltar el control y agradecer el tiempo con su madre muy enferma. Las recuerdo mirando la fotograf\u00eda de la p\u00e1gina 33. Esa es una de las propuestas m\u00e1s bellas del libro: las fotograf\u00edas ampl\u00edan el horizonte de lectura y son un ejercicio de memoria en s\u00ed. Aprender a amar como un p\u00e1jaro blanco.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong><em>Sombras, solo sombras me reservar\u00e1s.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El sentido no est\u00e1 solo en la luz, sino tambi\u00e9n en la sombra. El amor tambi\u00e9n est\u00e1 en lo oscuro porque el amor est\u00e1 dentro de uno y dentro de uno tambi\u00e9n est\u00e1 la sombra. La batalla tenaz est\u00e1 dada en esa aparente dicotom\u00eda entre el adentro y el afuera. Hacia adentro se quema y se consume, hacia afuera se vuela.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:59px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"w-richtext-figure-type-image w-richtext-align-fullwidth wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"763\" src=\"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/WhatsApp-Image-2026-10-12-at-9.19.50-PM-2-1024x763.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-21948\"\/><\/figure>\n\n\n\n<div style=\"height:59px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Nota de (no)ep\u00edlogo: Para Berta, este v\u00ednculo entre siglos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:48px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>El contexto de escritura en el cual me encuentro es el duelo de una persona muy querida, Berta Mardones, mi t\u00eda abuela, que falleci\u00f3 mientras yo estaba editando este texto. Al encontrarme con los versos, siento que este texto tambi\u00e9n es una dedicatoria a ella y un di\u00e1logo generacional. Escribir sobre Elena, nacida en 1930, mientras despido a Berta, es escribir sobre un modo de habitar el siglo pasado que se va. Es la memoria personal de mujeres que sostuvieron la vida con cartas, con fotos pegadas con corchetes, con poemas escritos a mano, con plegarias. Mujeres que hicieron del v\u00ednculo \u2014con los hijos, con las compa\u00f1eras, con las flores, con Dios, con las palomas\u2014 una forma de resistencia.&nbsp;<em>Relatos de vida<\/em>&nbsp;me permite tocar esa memoria que no es solo de Elena, es una memoria compartida de nuestras abuelas. Una memoria vincular, donde lo personal se hace archivo y el archivo se hace abrazo entre siglos. Por eso este ritual de memoria es tambi\u00e9n un ritual de agradecimiento: por lo que qued\u00f3, por lo que alcanzamos a leer de la vida en voz de las grandes mujeres nuestras.<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Hace un par de d\u00edas fui al funeral de Berta y muchas de las preguntas que Elena inscribe remiten a lo existencial. Pregunta dice: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el amor? \u00bfest\u00e1 muy dentro de mi alma? \u00bfes una bella canci\u00f3n? \u00bfes el perfume de las rosas? \u00bfes que no existe? vida, \u00bfqu\u00e9 me dar\u00e1s? mundo, \u00bfqu\u00e9 me ense\u00f1ar\u00e1s? \u00bfqu\u00e9 lucha entre la prisi\u00f3n y el prisionero?\u201d. Leo un grito a Dios. Se le pregunta a Dios d\u00f3nde est\u00e1 el amor y Dios no responde, pero el poema ofrece signos: muy dentro del alma, escondido en una canci\u00f3n, en un sonido.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:29px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p>Gracias a Elena, a An\u00edbal y a su familia por compartir este artefacto conmigo. Y a Berta por todo lo que t\u00fa ya sabes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div style=\"height:80px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Barra S\u00e1nchez, Elena.<\/strong>&nbsp;(2025).&nbsp;<em>Relatos de vida.<\/em>&nbsp;Santiago de Chile: Editorial Dhiyo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Barthes, Roland<\/strong>.&nbsp;(2004).&nbsp;<em>S\/Z<\/em>&nbsp;(N. Rosa, Trad.). Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1970).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Giorgi, Gabriel.&nbsp;<\/strong>(2014).&nbsp;<em>Formas comunes. Animalidad, cultura, biopol\u00edtica.&nbsp;<\/em>Buenos Aires, Argentina: Eterna Cadencia Editora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Victoria Elena Barra S\u00e1nchez es poeta y narradora chilena, naci\u00f3 el 9 de agosto de 1930. Es la hija mayor de Don Albino Barra Villalobos y de Do\u00f1a Gregoria Victoria S\u00e1nchez Serrano. Comenz\u00f3 a escribir a los 10 a\u00f1os. En 1957 contrajo matrimonio con Roberto Uribe Sald\u00edas, profesor normalista, su compa\u00f1ero de vida hasta el a\u00f1o 2020.<\/p>\n","protected":false},"author":427,"featured_media":21942,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[3897,16],"tags":[],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-21747","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-carrusel","category-la-ciudad-letrada"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21747","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/427"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21747"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21747\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":21949,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21747\/revisions\/21949"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/21942"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21747"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21747"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21747"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=21747"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=21747"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}