{"id":21859,"date":"2026-10-03T13:54:45","date_gmt":"2026-10-03T13:54:45","guid":{"rendered":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/?p=21859"},"modified":"2026-10-03T16:54:22","modified_gmt":"2026-10-03T16:54:22","slug":"ladran-sancho-que-vamos-pasando-algunas-tesis-sobre-la-nueva-escena-chilena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2026\/10\/03\/ladran-sancho-que-vamos-pasando-algunas-tesis-sobre-la-nueva-escena-chilena\/","title":{"rendered":"Ladran Sancho que vamos pasando: Algunas tesis sobre la nueva escena chilena"},"content":{"rendered":"\n<p>Debo partir con una confesi\u00f3n: escribir sobre fen\u00f3menos en desarrollo \u2013y, a\u00fan m\u00e1s, sobre aquellos con los que siento afinidad est\u00e9tica y emocional\u2013 nunca es una tarea sencilla. Hacerlo en tiempos de sobrecarga de contenido, opini\u00f3n instant\u00e1nea y ansiedad por diagnosticar los acontecimientos culturales apenas ocurren puede, adem\u00e1s, producir m\u00e1s ruido que reflexi\u00f3n, posici\u00f3n en la que no quisiera encontrarme. <strong>Y, sin embargo, mentir\u00eda si dijera que no me he sentido tentado a escribir sobre aquello que ha comenzado a llamarse \u201cLa Nueva Escena Chilena\u201d.<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>Son varias las preguntas: \u00bfQu\u00e9 tiene de \u201cnuevo\u201d esta escena? \u00bfEstamos realmente frente a una renovaci\u00f3n del rock chileno? \u00bfEs la est\u00e9tica indie la corriente que define a esta generaci\u00f3n de j\u00f3venes m\u00fasicos y m\u00fasicas? Desde mi perspectiva, <strong>efectivamente hay algo nuevo ocurriendo,<\/strong> pero no puede entenderse simplemente como el regreso de las guitarras el\u00e9ctricas, un relevo generacional del llamado Pop de Guitarras de la d\u00e9cada anterior, o un fen\u00f3meno que se inserta dentro de lo que se entiende como indie global. Es eso, pero tambi\u00e9n bastante m\u00e1s, no con pocos matices de por medio.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que define a esta escena parece ser el resultado de distintas aguas que finalmente desembocan en un mismo cauce, por lo tanto, es una unidad que no est\u00e1 determinada por un sonido \u00fanico, con m\u00e1rgenes que son complejos, porosos y extraordinariamente el\u00e1sticos, capaces de reunir proyectos de pop-rock, shoegaze, spoken word, folk, fusi\u00f3n o cantautor\u00eda. Para entender qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo, no basta con preguntarse qu\u00e9 m\u00fasica hacen estas bandas o qu\u00e9 condiciones materiales han hecho posible su auge, sino observar de d\u00f3nde vienen, qu\u00e9 tradiciones est\u00e1n heredando, qu\u00e9 comunidad han construido, qu\u00e9 sensibilidad generacional las hace reconocerse como parte de algo com\u00fan y el papel que la prensa ha jugado en a construcci\u00f3n de su narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>De continuidad a confluencias o por qu\u00e9 la Nueva Escena no es solo un cap\u00edtulo m\u00e1s del Indie Chileno<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La historia del indie chileno no comienza con Spotify, TikTok o Rate Your Music. Tampoco con los festivales multitudinarios de este siglo ni con la nostalgia de las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes por un tiempo que apenas conocieron. Existe una genealog\u00eda mucho m\u00e1s larga y menos visible.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La premisa que subyace la pr\u00f3xima reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica es que, ciertamente, la Nueva Escena es el \u00faltimo eslab\u00f3n en la Historia del indie nacional. Desde comienzos de los noventa, proyectos como <strong>Supersordo, Congelador o Tob\u00edas Alcayota<\/strong> construyeron una tradici\u00f3n de autogesti\u00f3n, circulaci\u00f3n alternativa y b\u00fasqueda est\u00e9tica que convivi\u00f3 al margen del mainstream, sostenida por peque\u00f1os sellos, tocatas, centros culturales, foros y p\u00fablicos reducidos pero comprometidos. En los 2000 y 2010, esa infraestructura se ampli\u00f3 y profesionaliz\u00f3 con sellos como <strong>Algo Records, Cazador y Quemasucabeza<\/strong>, dando paso a la llamada Generaci\u00f3n del Bicentenario, encargada de protagonizar el paisaje del \u201cPara\u00edso del Pop\u201d, con nombres como <strong>Ases Falsos, Alex Anwandter, Javiera Mena, Gepe, Camila Moreno, Marineros y D\u00ebnver,<\/strong> que tensionaron las fronteras entre independencia y masividad. Era indie, pero con pr\u00e1cticas propias del mainstream. Sobre ese legado se desarroll\u00f3 posteriormente el llamado Pop de Guitarras, con bandas como<strong> Tus Amigos Nuevos, Los Valentina, Planeta No, Medio Hermano y Ni\u00f1os del Cerro<\/strong>, adem\u00e1s de la cantautor\u00eda exploratoria de <strong>Ni\u00f1a Tormenta y Martina Lluvias (hoy Montaldo)<\/strong>. Este espacio, atravesado por el indie global, los blogs musicales y el desgaste emocional de la postransici\u00f3n, recuper\u00f3 la canci\u00f3n pop como una forma de expresi\u00f3n generacional, alcanzando uno de sus puntos de maduraci\u00f3n con <em>Lance<\/em> de Ni\u00f1os del Cerro en 2018. Es, en primera instancia, desde esta columna hist\u00f3rica que se desprende la Nueva Escena. Una continuaci\u00f3n de 30 a\u00f1os de tradici\u00f3n independiente y de un cat\u00e1logo que amalgama exploraci\u00f3n con sutileza pop.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ser\u00eda un error detener all\u00ed la genealog\u00eda. Al escuchar a algunos de los grupos m\u00e1s representativos de esta Nueva Escena e indagar en sus pr\u00e1cticas y discursos, aparecen una suma de influencias m\u00e1s variadas y or\u00edgenes diversos que tienen sus ra\u00edces en movimientos como el hardcore, el rock barrial y otros fen\u00f3menos m\u00e1s can\u00f3nicos para el imaginario cultural chileno. Panorama que no es para nada una exclusividad. Son varios los cap\u00edtulos de la Historia del rock chileno compuestos por una suma de tradiciones variadas, ecl\u00e9cticas y dispersas, que a veces confluyen y otras se tensionan entre distintas est\u00e9ticas, generaciones y hasta posiciones pol\u00edticas. Pas\u00f3 en los sesenta, en los ochenta y los noventa. Considerar, entonces, que un movimiento como la Nueva Escena no ha recibido tambi\u00e9n el influjo de toda esta Historia desde sus cimientos ser\u00eda ver un cuadro incompleto, ya que una de las caracter\u00edsticas m\u00e1s interesantes de la escena actual es que parece haber heredado simult\u00e1neamente tradiciones que durante mucho tiempo fueron pensadas como pertenecientes a mundos distintos.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s de la obvia herencia de las generaciones anteriores del indie rock, est\u00e1, por supuesto, la tradici\u00f3n de la canci\u00f3n pop y de la capacidad de convertir experiencias cotidianas en comentarios sobre el pa\u00eds. All\u00ed caben <strong>Los Prisioneros y Los Tres<\/strong>, pero tambi\u00e9n muchas otras experiencias de la canci\u00f3n popular chilena. Est\u00e1 tambi\u00e9n la tradici\u00f3n de la experimentaci\u00f3n, de la sofisticaci\u00f3n arm\u00f3nica y de la b\u00fasqueda de una identidad que no dependa del folclorismo m\u00e1s evidente, conocido como rock de ra\u00edz. All\u00ed aparecen <strong>Congreso, Los Jaivas y Fulano,<\/strong> tres proyectos fundamentales para entender que el rock chileno pod\u00eda dialogar con el jazz, la m\u00fasica latinoamericana, la experimentaci\u00f3n y la tradici\u00f3n sin dejar de ser rock, adem\u00e1s de demostrar que la identidad chilena pod\u00eda construirse desde la mezcla, desde la apropiaci\u00f3n y desde el di\u00e1logo entre lenguajes. En una dimensi\u00f3n cultural similar, aunque est\u00e9ticamente distinta, est\u00e1 la cultura popular muy bien administrada por grupos como <strong>Chancho en Piedra,<\/strong> que permite pensar que lo chileno tambi\u00e9n puede expresarse desde el humor, la exageraci\u00f3n, la corporalidad, la cultura cotidiana y una relaci\u00f3n desprejuiciada con el pop, asumiendo como referentes a figuras televisivas, del mundo del folklore y de la cultura popular. Finalmente, y un poco m\u00e1s resentida en el relato de los medios de comunicaci\u00f3n, est\u00e1 el rock urbano y barrial, con <strong>Weichafe, Hielo Negro <\/strong>y, desde otros lenguajes, las escenas hardcore de <strong>Asamblea Internacional del Fuego o Tenemos Explosivos<\/strong>. All\u00ed aparece otra traza: la que construy\u00f3 comunidad alrededor de la potencia sonora, el barrio, la rabia y la independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo interesante es que la generaci\u00f3n actual parece haber recibido todas esas tradiciones de manera simult\u00e1nea. No necesariamente como un programa consciente ni como una colecci\u00f3n de influencias declaradas, sino como parte de un archivo cultural mucho m\u00e1s amplio (que incluso alcanza a referentes de la literatura como Elvira Hern\u00e1ndez y Pablo de Rokha, por nombrar algunos). Las influencias de Mec\u00e1nica Popular en <strong>Inundaremos<\/strong>, de Chancho en Piedra en <strong>Estoy Bien<\/strong>, de Fulano en <strong>Mar\u00eda<\/strong> <strong>y Los Templos<\/strong>, de Congreso en <strong>Abeloca\u00edn<\/strong>, de Mauricio Redol\u00e9s en <strong>Hesse Kasel<\/strong>, de Jorge Gonz\u00e1lez en <strong>Floresalegr\u00eda<\/strong>, de La Floripondio en <strong>Conf\u00edo en tus Amigos,<\/strong> de Los Tres en <strong>Asia Menor<\/strong>, de Violeta Parra en <strong>Phuyu y la Fantasma<\/strong>, de Los \u00c1ngeles Negros en <strong>\u00c9l se Quemar\u00e1,<\/strong> de De Saloon en <strong>Anttonias<\/strong>, de Los Jaivas en <strong>Teodioteodio<\/strong> y de Los Prisioneros en <strong>Candelabro o C\u00f3clea,<\/strong> son evidentes y hasta han sido expl\u00edcitas mediante comunicados en entrevistas, colaboraciones y covers, aunque a veces no resaltan a la vista desde el punto de vista sonoro.<\/p>\n\n\n\n<p>La Nueva Escena parece haber perdido la obligaci\u00f3n de elegir entre tradici\u00f3n y modernidad, entre canci\u00f3n popular y experimentaci\u00f3n, entre rock y m\u00fasica de ra\u00edz, entre pop y ruido. Puede escuchar a Los Prisioneros, Manuel Garc\u00eda, Saiko, Marcel Duchamp y Ni\u00f1os del Cerro sin necesidad de ordenar esas referencias dentro de una jerarqu\u00eda. Esta misma confluencia ayuda a explicar que sus fronteras est\u00e9ticas sean tan el\u00e1sticas. Si intentamos agrupar a las bandas exclusivamente por su sonido, probablemente fracasaremos. Hay shoegaze, como en Columpios al Suelo; hardcore emo y post-hardcore, como en C\u00e1mara Chilena de la Destrucci\u00f3n, Todos Mis Amigos Est\u00e1n Tristes, Yucat\u00e1n, Matar a Grax o Canut de Bon; spoken word, como en Teodioteodio o Hesse Kassel; post-rock, como en Phuyu y la Fantasma o Cherc\u00e1n; math rock como en Yerko Urra y S u a a v e; cantautor\u00eda, como en Nando Garc\u00eda y Paskurana; hardrock como en Samsara; pop, como en Anttonias, Abeloca\u00edn o Inundaremos; indie, como en D\u00e9jenme Dormir, Fosfenos, Nicolicio y Mi In\u00fatil Narval; art rock, como en Javiera Electra o Mar\u00eda y los Templos; y fusi\u00f3n alternativa, como en Candelabro o El Fruto del Ruido. <strong>Pero tambi\u00e9n encontramos espacios todav\u00eda m\u00e1s dif\u00edciles de clasificar dentro de las fronteras tradicionales del rock.<\/strong> Artistas en apariencia m\u00e1s lejanas como Rosario Alfonso, Cualmarcelo, Alfilera, Cuchitamon o Jota Ampuero, por ejemplo, pueden vincularse con una sensibilidad de folk, canci\u00f3n de ra\u00edz y rescate de la m\u00fasica tradicional que convive perfectamente tanto con proyectos de sensibilidad cultural af\u00edn a la Nueva Escena y otros mucho m\u00e1s cercanos al pop contempor\u00e1neo. Elasticidad que ha permitido incluir entre sus filas a proyectos m\u00e1s antiguos, pero de pulsiones culturales similares, como Paracaidistas, Fonosida, Frucola Frapp\u00e9, Silabario y Chini.png.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que permite que Alfilera pueda compartir ecosistema con Anttonias, que Candelabro dialogue con Hesse Kassel o que El Significado de las Flores pueda convivir con proyectos de fusi\u00f3n como Scott y los Pelmazos no es que todos hagan la misma m\u00fasica, sino que, en diferentes grados, participan de una misma tradici\u00f3n con m\u00faltiples afluentes, una peque\u00f1a infraestructura cultural, de p\u00fablicos que se cruzan, de espacios compartidos, de redes de amistad, de medios en v\u00edas de especializaci\u00f3n y de una sensibilidad generacional que no necesita uniformidad est\u00e9tica para reconocerse. Un cuadro que no es totalmente nuevo en la Historia de la m\u00fasica chilena y&nbsp; que recuerda a otros episodios en donde sensibilidades muy distintas entre s\u00ed pod\u00edan convivir dentro de circuitos comunes antes de que la industria estabilizara los relatos y transformara la diferencia en categor\u00edas m\u00e1s f\u00e1ciles de vender, como ocurri\u00f3 entre 1988 y 1994, cuando De Kiruza, Fulano, Sexual Democracia, Peores de Chile y Los Tres pod\u00edan coexistir en la construcci\u00f3n de un horizonte est\u00e9tico, pol\u00edtico y cultural amplio, previo a que la inversi\u00f3n de sellos multinacionales como EMI y BMG contribuyera a estabilizar un relato m\u00e1s excluyente y can\u00f3nico bajo el r\u00f3tulo de Nuevo Rock Nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Podemos hablar de las influencias internacionales de estos grupos (en primera instancia, el midwest emo, la escena de Windmill y el rock alternativo son visibles sin mucho esfuerzo), pero tal diversidad de caudales har\u00eda que enumerar los modelos externos que dan orden a la Nueva Escena se convierta en una tarea extenuante y, por su naturaleza, infructuosa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Condiciones materiales e identitarias \u00bfPor qu\u00e9 ahora?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para que una escena florezca necesita lugares donde tocar, personas dispuestas a escuchar, medios que registren lo que ocurre, sellos que publiquen, productores que organicen y redes que permitan que una banda que hoy toca frente a cincuenta personas pueda ma\u00f1ana llegar a quinientas. Antes de la eclosi\u00f3n del concepto Nueva Escena en los medios de comunicaci\u00f3n tradicionales, las tocatas peque\u00f1as, los espacios autogestionados, los colectivos horizontales y los nuevos sellos independientes como Registro M\u00f3vil o Casata fueron construyendo una infraestructura desde abajo. Una arquitectura potenciada virtuosamente con canales de YouTube (Profesor Rayado, Quemando Discos), programas especializados (revista Insectario o el medio La Quinto Pared), redes de amistad y desarrollo art\u00edstico en com\u00fan (las Fondas Ritmo y los Festivales Uva Robot) y lugares hoy considerados catedrales del nuevo circuito santiaguino (Centro Cultural Rojas Magallanes o Caja Ac\u00fastica, entre otros). Lugares que cobran especial importancia para una generaci\u00f3n que ya no vive la experiencia social de la m\u00fasica a trav\u00e9s de la radio o el intercambio de discos piratas (casettes o web), quedando determinados por su contexto a buscar en la tocata, el festival y el show en vivo su lugar natural \u2013y a veces \u00fanico\u2013 de interacci\u00f3n social. Vale tambi\u00e9n decir que esta urgencia por la interacci\u00f3n social y la creaci\u00f3n de comunidad ha fortalecido una red de colaboraciones, invitaciones a tocatas y formaci\u00f3n de bandas paralelas conformadas por integrantes de distintas bandas madres, como el caso de Cicuta y A Favor del Loco.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos estos elementos ayudaron a construir una comunidad antes que un mercado, precisi\u00f3n importante, ya que la muchas veces es la industria la que detecta una tendencia, la convierte en producto y posteriormente construye un relato alrededor de ella. Sin embargo, en este caso, el relato lleg\u00f3 a los grandes medios construido inicialmente por sus propios protagonistas: m\u00fasicos, p\u00fablicos, espacios y gestores que construyeron una comunidad cultural posteriormente atendida de manera m\u00e1s amplia. En definitiva, la Nueva Escena no apareci\u00f3 cuando la prensa decidi\u00f3 nombrarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n, hay varios factores de arraigo m\u00e1s simb\u00f3lico y estrictamente vinculados al momento cultural del pa\u00eds. La Generaci\u00f3n Z y los \u00faltimos millennials \u2013protagonistas de la actual escena\u2013 crecieron observando c\u00f3mo la generaci\u00f3n anterior cuestionaba simb\u00f3licamente los a\u00f1os noventa y la transici\u00f3n democr\u00e1tica, mientras ellos heredaban simult\u00e1neamente buena parte de su imaginario cultural. Hay algo profundamente chileno en esa contradicci\u00f3n. Mientras el discurso pol\u00edtico pod\u00eda denunciar los a\u00f1os noventa como el per\u00edodo de consolidaci\u00f3n del neoliberalismo y del capitalismo tard\u00edo, parte importante de esta sensibilidad joven comenz\u00f3 a mirar con nostalgia algunos de sus restos culturales como los malls, el cable, MTV, los fotologs, el internet precario, las peque\u00f1as tocatas y determinadas formas de consumo cultural. Pero esa nostalgia no necesariamente implica una reivindicaci\u00f3n del modelo pol\u00edtico o econ\u00f3mico que produjo aquel mundo. Puede ser, simplemente, nostalgia por haber sido joven \u2013o ni\u00f1o\u2013 dentro de \u00e9l. En la etapa temprana de Candelabro \u2013banda insigne del fen\u00f3meno\u2013, la banda dot\u00f3 a la cultura pop y otros hitos culturales de la transici\u00f3n a la democracia como foco central de su narrativa, con visuales con comerciales de televisi\u00f3n y el culto a figuras como Eduardo Bonvallet, resignificando su impronta para un nuevo p\u00fablico que se relacionaba de manera menos tensa con la arqueolog\u00eda neoliberal dejada por las empresas chilenas en la retina social o el animador que entrevist\u00f3 con guante blanco a Pinochet.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta lectura de un pa\u00eds imaginado en contexto de crisis econ\u00f3mica y de instituciones, acelerado por el Estallido Social, la posterior pandemia y el fracaso del intento constituyente, se entrelaz\u00f3 con un \u00e1nimo nost\u00e1lgico, melanc\u00f3lico y una sensaci\u00f3n de desencanto afectivo entre qui\u00e9nes tomaban las guitarras alrededor del a\u00f1o 2020. La necesidad de espacios emocionales m\u00e1s introspectivos, la b\u00fasqueda de nuevas formas de comunidad, el regreso de la guitarra como dispositivo expresivo y el deseo de participar del ritual de la m\u00fasica en vivo, se tradujo tambi\u00e9n en&nbsp; la conformaci\u00f3n multig\u00e9nero de muchos de los grupos (fen\u00f3meno que no es nuevo en la Historia del rock chileno, pero que hoy alcanz\u00f3 un car\u00e1cter natural), el variado origen social y geogr\u00e1fico de sus integrantes (con una notable menor preponderancia del \u201cintegrante de \u00d1u\u00f1oa o Providencia\u201d y un especial desarrollo en la periferia de Santiago y ciudades del sur de Chile como Chill\u00e1n, Concepci\u00f3n, Temuco y Valdivia) y distintas formaciones profesionales entre los miembros de las bandas (m\u00fasicos, dise\u00f1adores, creadores audiovisuales, profesores, periodistas y un largo etc\u00e9tera).<\/p>\n\n\n\n<p>Con estas condiciones a cuestas, el a\u00f1o 2025 fue testigo del punto de eclosi\u00f3n de la escena, particularmente gracias a la edici\u00f3n de los discos <em>La brea<\/em> de Hesse Kassel y <em>Deseo, carne y voluntad<\/em> de Candelabro. Lo interesante de estos discos \u2013adem\u00e1s de su recepci\u00f3n cr\u00edtica y su capacidad de convocar p\u00fablicos j\u00f3venes alrededor de las guitarras\u2013, es que condensan buena parte de aquello que hace particular a esta generaci\u00f3n, ya que no intentan representar a Chile como postal o recurrir al clich\u00e9 de la canci\u00f3n de protesta f\u00e1cil, m\u00e1s bien, representan de manera natural al pa\u00eds post victoria del Rechazo como experiencia social, asumiendo la funci\u00f3n cultural de convertir el clima afectivo de una \u00e9poca en canciones, tal como antes hicieron Los Jaivas o Los Prisioneros. Como estos ejemplos, la Nueva Escena parece profundamente chilena sin necesidad de recurrir al folclorismo evidente. Hay ciudad, precariedad, iron\u00eda, ansiedad de clase media, deseo, erotismo, referencias digitales, memoria emocional, religiosidad, costumbrismo y una relaci\u00f3n muy particular con el fracaso y la expectativa. No tienen respuestas pol\u00edticas expl\u00edcitas para todo lo que ocurre a su alrededor \u2013tampoco tienen por qu\u00e9 tenerlas\u2013, pero registran con sensibilidad aquello que todav\u00eda no sabemos nombrar del todo. Y, me temo, en este sentido, est\u00e1n aprobando la c\u00e1tedra mejor que otros fen\u00f3menos culturales juveniles contempor\u00e1neos en el Chile de los 2020.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente \u2013y no es menor\u2013, tambi\u00e9n ocurrieron acontecimientos capaces de reconectar a nuevas audiencias con la historia del rock chileno. El aniversario n\u00famero sesenta de Los Jaivas y el regreso a los escenarios de Los Bunkers y Los Tres son parte de ese contexto. La guitarra, entonces, no regresa simplemente como instrumento. Regresa como signo cultural. En una \u00e9poca en que la m\u00fasica urbana hab\u00eda alcanzado una centralidad enorme dentro de la cultura popular, la banda, la guitarra, el ruido y la canci\u00f3n ofrecieron a otra generaci\u00f3n una forma distinta de organizar la experiencia musical: m\u00e1s f\u00edsica, m\u00e1s comunitaria, m\u00e1s \u00edntima y, muchas veces, deliberadamente imperfecta. No se trata de afirmar que un lenguaje haya reemplazado completamente a otro. Se trata de observar que el mapa cultural volvi\u00f3 a abrirse para una generaci\u00f3n m\u00e1s nueva de auditores que comenzaron a ver el rock nuevamente como una posibilidad est\u00e9tica, emocional, social y con valoraci\u00f3n cultural.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sent\u00ed las voces: Lo nuevo, la inflexi\u00f3n y el futuro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La legitimaci\u00f3n de proyectos como Chini.png, Asia Menor y Candelabro con sus respectivos Premios Pulsar; la creciente presencia de estas bandas en la prensa especializada como Radio Futuro, Rockaxis, el diario La Tercera e incluso espacios inusuales como La Junta o El Mercurio; su circulaci\u00f3n en festivales como Primavera Fauna, Lollapalooza o el regreso de Neutral; la agenda de giras nacionales e internacionales e hitos de conciertos en lugares cada vez con mayor convocatoria como el anunciado lleno total de Candelabro en el Teatro Caupolic\u00e1n a fines de 2026; muestran que aquello que durante un tiempo pudo parecer una peque\u00f1a comunidad comenz\u00f3 a adquirir una legitimidad cultural m\u00e1s amplia.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante mucho tiempo el rock chileno independiente existi\u00f3 con escenas activas, p\u00fablicos fieles y circuitos de producci\u00f3n discogr\u00e1fica de buena factura, pero sin conseguir necesariamente la visibilidad que merec\u00eda. Esta escena, en cambio, parece haber conseguido instalarse r\u00e1pidamente en una conversaci\u00f3n cultural m\u00e1s amplia, protagonizando debates nacionales y ocupando espacios reservados de manera exclusiva a artistas consagrados, sin a\u00fan estarlo. Y aunque esto podr\u00eda parecer un rasgo novedoso en nuestro rock, vale la pena recordar que, en la Historia del periodismo musical chileno, los titulares grandilocuentes y las agendas instaladas por intereses de ciertos sectores (a veces corporativos, otras por simple apetito de ser primero en decir tal o cual cosa) han dejado una larga lista de momentos con titulares que versan sobre \u201cla banda del momento\u201d, \u201cla nueva promesa del rock\u201d, \u201cel grupo revelaci\u00f3n\u201d, \u201cel movimiento que salv\u00f3 el rock\u201d, \u201cel mejor a\u00f1o de la m\u00fasica chilena\u201d o \u201cel para\u00edso del pop\u201d (en su versi\u00f3n m\u00e1s conocida), que no siempre envejecieron de la mejor manera. Pero pese al cuidado que podemos invitar a tener sobre c\u00f3mo nos referimos a esta Nueva Escena, es innegable que hoy, en t\u00e9rminos coloquiales, el ruido, aunque a veces un tanto excesivo, parece ser proporcional a la cantidad de nueces. Las credenciales que esta generaci\u00f3n de bandas j\u00f3venes ha demostrado en su corta existencia son suficientes para asegurar que, al menos la atenci\u00f3n, est\u00e1 m\u00e1s que justificada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda es demasiado pronto para saber qu\u00e9 bandas atravesar\u00e1n su propio momento generacional, cu\u00e1les encontrar\u00e1n nuevas formas de reinventarse y cu\u00e1les quedar\u00e1n asociadas a este per\u00edodo espec\u00edfico. Y est\u00e1 bien que as\u00ed sea. No necesitamos convertir inmediatamente una escena viva en patrimonio. La historia de la m\u00fasica necesita tiempo para separar el entusiasmo del legado. Lo que s\u00ed podemos hacer ahora es escuchar sin convertir inmediatamente a estos m\u00fasicos en salvadores de una tradici\u00f3n, ni exigirles que cumplan los papeles heroicos que la historia del rock chileno ha impuesto tantas veces a sus protagonistas. Papel que, voluntaria o involuntariamente, ha reca\u00eddo en Mat\u00edas \u00c1vila, l\u00edder de Candelabro. Una asignaci\u00f3n natural, pues es el l\u00edder de la banda m\u00e1s importante de la escena. Su discurso ha alcanzado un posicionamiento m\u00e1s all\u00e1 de la esfera del rock y, como es sabido, cada generaci\u00f3n requiere para s\u00ed sus propios h\u00e9roes. No obstante, en gran medida, no deja de ser una connotaci\u00f3n insana, coercitiva y, por tanto, injusta.<\/p>\n\n\n\n<p>No tienen que ser los nuevos Prisioneros.<\/p>\n\n\n\n<p>No tienen que ser los nuevos Tres.<\/p>\n\n\n\n<p>No tienen que salvar al rock chileno.<\/p>\n\n\n\n<p>Les basta con haber encontrado una voz propia y eso, para nuestra historia, es m\u00e1s que suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>No ser\u00eda extra\u00f1o que sellos, festivales, medios y agentes comerciales intentaran estabilizar la diversidad y sensibilidad mostrada por estos j\u00f3venes bajo una etiqueta f\u00e1cilmente reconocible, bordeando peligrosamente la posibilidad de que aquello que hizo interesante a la escena \u2013su elasticidad, su mezcla, su comunidad y su capacidad de convivir con m\u00faltiples tradiciones\u2013 termine convertido en una f\u00f3rmula reducida a su capacidad exportable. La historia del rock chileno ofrece suficientes ejemplos como para estar atentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace algunos a\u00f1os, el cantante peruano de cumbia chicha Chacal\u00f3n hizo famosa la frase \u201ccuando canto, los cerros bajan\u201d. En el reciente lanzamiento de <em>Deseo, carne y voluntad<\/em> de Candelabro, en el Teatro La C\u00fapula, Mat\u00edas \u00c1vila comenz\u00f3 a interpretar las primeras l\u00edneas de \u201cDomingo de Ramos\u201d. Entonces ocurri\u00f3 algo dif\u00edcil de explicar con estad\u00edsticas, tendencias, reproducciones o categor\u00edas de Spotify: la canci\u00f3n creci\u00f3. Cientos de j\u00f3venes \u2013y no tan j\u00f3venes\u2013 alzaron su aliento en un estribillo que invitaba a desalambrar, sentir y escuchar las voces, como si varias voces de Historia de nuestra m\u00fasica descendieran sobre aquel escenario a la vez. Estaba V\u00edctor Jara, Jorge Gonz\u00e1lez y \u00c1lvaro Henr\u00edquez. Estaban Congreso, Fulano, Ni\u00f1os del Cerro, Sol y Medianoche, La Floripondio y todas esas m\u00fasicas que, de una u otra forma, hab\u00edan construido antes el camino. La cordillera, por un instante, baj\u00f3 a cantar con todas esas almas.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s eso sea, finalmente, la Nueva Escena Chilena: no el regreso del rock, sino el momento en que una nueva generaci\u00f3n descubre que puede tomar una Historia que parec\u00eda ajena, hacerla pasar por sus propios cuerpos, sus propias ciudades, sus propias contradicciones y sus propios afectos, para convertirla nuevamente en presente, porque el camino ahora deben recorrerlo ellos y ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Enhorabuena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Debo partir con una confesi\u00f3n: escribir sobre fen\u00f3menos en desarrollo \u2013y, a\u00fan m\u00e1s, sobre aquellos con los que siento afinidad est\u00e9tica y emocional\u2013 nunca es una tarea sencilla. 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