{"id":2375,"date":"2016-09-18T19:24:16","date_gmt":"2016-09-18T19:24:16","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=2375"},"modified":"2017-09-02T00:16:00","modified_gmt":"2017-09-02T00:16:00","slug":"editorial-aun-tenemos-patria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/09\/18\/editorial-aun-tenemos-patria\/","title":{"rendered":"Editorial: \u00bfA\u00fan tenemos patria?\u00a0"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por La Raza<\/strong><\/h6>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">La primavera se anuncia. Estamos en pleno septiembre. Una vez atravesado el retorno hist\u00f3rico del 11, cisma que nos lleva a la introspecci\u00f3n, la memoria y la lucha, pareciera que esquizofr\u00e9nicamente entramos en una especie de sopor, arrobados por un aire de fiesta democr\u00e1tica. Cada vez m\u00e1s tricolor, m\u00e1s humo parrillero, m\u00e1s supermercado y botiller\u00eda. Este mes, hasta la presidenta baila cueca en un s\u00edmbolo de unidad nacional y de alto al fuego. Se trata de un tiempo de carnaval e interrupci\u00f3n donde, qui\u00e9rase o no, nos sentimos extra\u00f1amente atravesados por la palabra \u00abpatria\u00bb. Y l\u00e9ase bien: dijimos <i>extra\u00f1amente<\/i>. Pues tal como Recabarren lo hizo en un ya lejano septiembre de 1905, tambi\u00e9n hoy nos preguntamos: \u201c\u00bfqu\u00e9 cosa celebra el pueblo en los d\u00edas llamados 18 de septiembre?\u201d.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">De primeras, parece evidente que aqu\u00ed <i>no hay nada que celebrar. <\/i>Saludos a la bandera, gestos,\u00a0 ritos y mascaradas televisivas en la esfera de la alta pol\u00edtica. Hace rato que se revelan huecos carentes de sentido, incluso obscenos. Los lazos, irreconciliablemente rotos, que ataban a <i>esa <\/i>pol\u00edtica y al pueblo; la feliz promesa de un pa\u00eds encarrilado en la senda del futuro, sin fricciones o antagonismos; no s\u00f3lo termin\u00f3 por desvanecerse en el aire, sino que se revel\u00f3 tambi\u00e9n como la ficci\u00f3n suprema, cuya matriz acaso era un arco\u00edris y la palabra NO. Para la transici\u00f3n, en efecto, la patria fue algo as\u00ed como un tren pujante en el que todos ca\u00edamos: \u00edbamos hacia adelante, como emprendedores y jaguares de la historia. Todo era posible; era cosa de trabajar duro, de no hablar muy alto, de respetar los consensos y cumplir el rol fijado, agradeciendo el pa\u00eds que nos legaban tras varias d\u00e9cadas de horror.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Pero esa f\u00e1bula a estas alturas hiede a desgaste y podredumbre. Pensemos en el espect\u00e1culo de los \u00faltimos meses: la patra\u00f1a constituyente, la pornogr\u00e1fica colonizaci\u00f3n del gran capital a la pol\u00edtica, el estado deplorable de una CUT que humilla su historia, los estrepitosos r\u00e9cords de las encuestas pol\u00edticas, la infamia de un sistema previsional que es igualado a un Mercedes Benz, el terrible cementerio en las costas chilotas. Y por supuesto, etc\u00e9tera: sabemos que la lista de afrentas puede correr y correr como los tickets de espera en el banco y la carnicer\u00eda. Y si bien toda esa lista nos tiene algo curados de espanto, es septiembre, y nosotros, c\u00f3mo no, anticucho en mano, soplando el carb\u00f3n, ali\u00f1ando tomates con cebolla o en medio de las infartantes colas de botiller\u00eda, olvidamos un poco esa sumatoria de agravios, olvidamos un poco la bronca y nos abocamos a lo que corresponde: celebrar. Pero, \u00bfqu\u00e9 exactamente?<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Dec\u00eda el viejo Bajtin que la potencia carnavalesca se caracterizaba por la transgresi\u00f3n, por la dislocaci\u00f3n de los l\u00edmites sociales y por la manera en que las identidades se dilu\u00edan. El servidor pod\u00eda as\u00ed ser servido por el amo, las diferencias de clase desaparec\u00edan, todo se entremezclaba en un torbellino colectivo que desmantelaba por un rato las arquitecturas del poder que rigen a las sociedades. Pero, \u00bfhay algo de eso ahora? \u00bfSon as\u00ed estos d\u00edas dieciocheros? Sabemos que no. M\u00e1s parecido a un clonazepam masivo o a un recreo en el campo de concentraci\u00f3n, ac\u00e1 la juerga dieciochera desagua los bolsillos, las tarjetas de cr\u00e9dito y, sobre todo, pone a nuestros cuerpos en actitud de resistencia. Sin transgresi\u00f3n posible y mareados de chovinismos nacionalistas, tras las fiestas, aparte de toneladas de basura, todo queda en su lugar. Y acaso peor que antes. La bandera es, naturalmente, un calmante.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">La pregunta que nos queda es entonces distinguir si hay o no lugar para esa subversi\u00f3n carnavalesca. Pues si bien nos borramos y avivamos un poco bailando una m\u00fasica \u2013entre Huasos Quincheros, pachanga y reggaet\u00f3n\u2013, lo cierto es que esa m\u00fasica la pone el patr\u00f3n, y el <i>statu<\/i><i>s<\/i><i> quo <\/i>se afianza y perpet\u00faa. Nos cambian los payasos, pero el circo sigue.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">En este escenario, urge pensar d\u00f3nde cabe <i>nuestro<\/i> carnaval, el de la <i>otra<\/i> patria, si a\u00fan fuera posible. Hablamos del carnaval de los que desde abajo resisten y se liberan, protegi\u00e9ndose en solidaridad plebeya mientras se afilan pu\u00f1ales contra los opresores. El festejo de esa patria que se api\u00f1a siempre ante lo adverso, y que acoge <i>necesariamente <\/i>a los hermanos migrantes, hijos tambi\u00e9n de esta patria m\u00e1s grande, m\u00e1s compleja: una que politiza y <i>se<\/i> politiza sin caer en la borrachera hipn\u00f3tica de los nacionalismos. Porque \u201codiar a la patria ajena es provocar el odio para nuestra patria\u201d, dec\u00eda, otra vez, Recabarren. Y remataba: \u201cYo no quiero que nadie odie mi patria, por eso amo las patrias de todos\u201d.<\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por La Raza \/ Sin transgresi\u00f3n posible y mareados de chovinismos nacionalistas, tras las fiestas, aparte de toneladas de basura, todo queda en su lugar. Y acaso peor que antes. 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