{"id":2499,"date":"2016-10-12T23:23:37","date_gmt":"2016-10-12T23:23:37","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=2499"},"modified":"2017-07-12T18:02:04","modified_gmt":"2017-07-12T18:02:04","slug":"entre-el-huracan-y-sus-ruinas-editorial-hecha-a-manos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/10\/12\/entre-el-huracan-y-sus-ruinas-editorial-hecha-a-manos\/","title":{"rendered":"Entre el hurac\u00e1n y sus ruinas \/ Editorial hecha a manos"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>\/ por La Raza<\/strong><\/span><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>[VOCES]<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>\u00a1Misericordia! \u00a1Naufragamos, naufragamos!<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>\u00a1Adi\u00f3s, mujer, hijos! \u00a1Adi\u00f3s, hermano!<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>\u00a1Naufragamos, naufragamos!<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>ANTONIO<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub>Hund\u00e1monos con el rey.<\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub><em>\u00a0<\/em><\/sub><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sub><em>La Tempestad<\/em>, William Shakespeare<\/sub><\/h6>\n<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>Am\u00e9rica en el ojo del hurac\u00e1n colonial<\/strong><\/span><\/h4>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">No existe consenso po\u00e9tico a\u00fan (ni existir\u00e1) acerca de la imagen exacta que pueda describir con precisi\u00f3n la potencia de un hurac\u00e1n.\u00a0 Poco y nada se puede hacer frente a la invencible tromba de viento arrasando las fr\u00e1giles, tristes e impotentes construcciones humanas (sean \u00e9stas edificios o versos). Algunos entendidos en la materia no descartan la posibilidad de que el hurac\u00e1n sea en s\u00ed mismo el poema m\u00e1s perfecto y desenfrenado que haya escrito la naturaleza sobre la corteza terrestre. Lo que s\u00ed sabemos con certeza es que la ferocidad de su tolvanera la obtiene del mar. El espacio abierto del oc\u00e9ano parece excitar sus delirios de monstruo marino.<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Y sin embargo, ese contacto violento que arriba a las costas de los lugares que devasta jam\u00e1s tendr\u00e1 parang\u00f3n con aquel que desembarc\u00f3 un 12 de octubre de 1492. La colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica arras\u00f3 con la poblaci\u00f3n ind\u00edgena de las Antillas. Tanto con los \u201cd\u00f3ciles\u201d ta\u00ednos como con los feroces y \u2013seg\u00fan los afiebrados relatos de los cronistas de Indias\u2013 antrop\u00f3fagos caribes. Pronto, la dimensi\u00f3n del tornado colonial adquiri\u00f3 apetitos colosales. Traslad\u00f3 poblaciones enteras desde \u00c1frica a los territorios en los que hab\u00eda conjurado su sanguinario trapiche de oro y pillaje. Desde ese momento, pareciese que el s\u00edmbolo del hurac\u00e1n, de cuando en cuando, nos visita para recordarnos, con la avasallante precisi\u00f3n de sus versos henchidos de aire y humo, que mientras no subvirtamos aquel primer asalto imperial, estaremos condenados para siempre a sufrir sus arteros ataques.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">El desastre m\u00edtico que se avecin\u00f3, comenz\u00f3 a remover desde ese d\u00eda todo lo que hasta entonces exist\u00eda en la extensi\u00f3n de tierra sin unidad ni nombre que hoy llamamos Am\u00e9rica y, a la vez, dispuso todo seg\u00fan el orden del emperador, papa, conquistador, cura, encomendero y mercader que detentaban y ostentaban el poder. Durante el desastre fueron surgiendo r\u00e1pidamente nuevos nombres a diestra y siniestra, dictados por el imaginario del colonizador. El lenguaje, en su capacidad recreadora, afianz\u00f3 la desigualdad de las fuerzas implantadas por la violencia ya en ese primer encuentro. Entre los conceptos impuestos por la cultura dominante cobraron especial fuerza los que permit\u00edan la distinci\u00f3n racial. De este modo, los europeos \u2013con una larga y conflictiva historia de interrelaciones culturales\u2013, al llegar a este territorio que ellos supon\u00edan ignoto, se consideraron a s\u00ed mismos como los \u201cblancos\u201d y al conjunto diverso de poblaciones conquistadas les denominaron \u201cindias\u201d, \u201cnegras\u00bb o \u201ccaribes\u201d, seg\u00fan la ocurrencia del conquistador de turno. Consiguientemente, bajo esa misma l\u00f3gica, la supuesta inferioridad racial de los nativos justific\u00f3 su sometimiento cultural, pol\u00edtico y econ\u00f3mico.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Hoy, <em>mutatis mutandis<\/em>, esa estructura de dominaci\u00f3n contin\u00faa revelando sus da\u00f1os.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>El Caribe desbordado<\/strong><\/span><\/h4>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Mucho antes que el Caribe fuera colonias de plantaciones, socialismo castrista, pobreza estructural y <em>resorts<\/em> <em>all\u2013inclusive<\/em>, las tormentas tropicales azotaban a los ta\u00ednos y arahuacos, quienes ya sab\u00edan navegar esos mares que sorprendieron a Crist\u00f3bal Col\u00f3n en 1495. Tres a\u00f1os despu\u00e9s de que las Antillas convencieran al navegante de que eran un para\u00edso terrenal, la experiencia con un cicl\u00f3n lo llev\u00f3 a declarar: \u201cNada a excepci\u00f3n del servicio a Dios y la extensi\u00f3n de la monarqu\u00eda me expondr\u00edan a tal peligro [nuevamente]\u201d. Sin embargo, la colonia se asent\u00f3, y as\u00ed como los huracanes viajan anualmente desde las costas de Marruecos (potenci\u00e1ndose con la ira del devenir occidental), un poco m\u00e1s al sur el traslado de millones de esclavos africanos vino a darle nuevos retoques de horror a la experiencia colonial, que ni siquiera calm\u00f3 su voracidad con la desaparici\u00f3n de los \u00fanicos habitantes que aprendieron a existir junto al hurac\u00e1n.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">El desastre natural impone su propia dial\u00e9ctica sobre las ruinas que visibiliza. Nos muestra las miserias del progreso en la tierra prometida y al mismo tiempo revuelve el polvo desde donde emergen aquellas naciones enterradas por los vencedores. Siguiendo la met\u00e1fora, tendr\u00edamos que ubicar a la isla de Cuba en el ojo del hurac\u00e1n, rodeados por una amenaza constante que bloquea su desarrollo. Adem\u00e1s, podemos decir, sin necesidad de la sociolog\u00eda, que la fuerza centr\u00edfuga de los vientos capitalistas han desplazado a miles de caribe\u00f1os hasta lugares impensados del mundo, como muchos dominicanos y haitianos que llegan a Chile, donde apenas conciliamos el sue\u00f1o buscando im\u00e1genes de solidaridad que nos permitan construir poblaciones en el aire. Y es que, como demostr\u00f3 Ben\u00edtez Rojo, \u201cel Caribe desborda con creces su propio mar\u201d.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">A\u00fan cuando los huracanes dif\u00edcilmente bajan del paralelo 12\u00b0 N \u2013es decir, que su danza impredecible se restringe a las Antillas\u2013, una vez que Matthew entr\u00f3 al archipi\u00e9lago de Santa Luc\u00eda como una tormenta tropical, en el norte de Colombia no pod\u00edan adivinar que este azote con nombre de gringo les iba a dar sus primeros coletazos justamente cuando se llamaba a la poblaci\u00f3n a terminar con un conflicto que ya cuenta seis d\u00e9cadas de hastiosa violencia. Matthew fue el chivo expiatorio de la abstenci\u00f3n y la indiferencia en el refer\u00e9ndum que, en cambio, fue apenas un d\u00e9bil remolino que no logr\u00f3 inundar los deseos del Caribe colombiano por terminar con la guerra ni tampoco sacudir las estructuras de la dominaci\u00f3n olig\u00e1rquica. As\u00ed como los otros huracanes no lograron espantar a los primeros gobernadores del Caribe en sus ambiciones imperiales, la fuerza mort\u00edfera de Matthew tampoco pudo competir con el resultado de siglos de disputa por el mismo fin: el poder y dominio sobre la tierra. Y lo que hay en ella, por supuesto.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\"><strong>Ni la fuerza de la naturaleza<\/strong><\/span><\/h4>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Ninguna cat\u00e1strofe, sea natural o simb\u00f3lica, parece capaz de afectar una l\u00f3gica de poder asentada de tal forma en la vida. Por m\u00e1s que queramos creer en el poder renovador de la destrucci\u00f3n, esta ya posee su lugar en la red simb\u00f3lica impuesta por el colonizador y su rearticulaci\u00f3n \u2013a menos que se trate de una destrucci\u00f3n total\u2013 no puede provenir solamente de un evento natural. El sentido com\u00fan es bastante fiel a esas estructuras y enmascara, renombra o confunde lo que existe. Dice, por ejemplo, que \u201cla naturaleza no discrimina\u201d, mientras un simple contraste de datos muestra que el mismo hurac\u00e1n termina con la vida de cerca de 1000 personas en Hait\u00ed y s\u00f3lo con una veintena en los EEUU. No nos deja ver tampoco que lo que se inunda, incendia o destruye muy pocas veces pertenece a los poderosos y casi siempre forma parte de las escasas propiedades de los dominados y dominadas. Entonces, cabe preguntarse, \u00bfqu\u00e9 hay de natural en el desastre que causa la naturaleza en lo humano? El orgulloso pueblo haitiano, que como ning\u00fan otro logr\u00f3 a trav\u00e9s de la rebeli\u00f3n liberarse de la esclavitud, no ha podido escapar del capitalismo que lo tiene sumido en la pobreza y expuesto al deterioro, y como si el hurac\u00e1n lo persiguiera, en su di\u00e1spora confirma que tristemente tampoco ha podido huir del racismo que surgi\u00f3 como reflejo de ese mismo sistema que una vez venci\u00f3.<\/span><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a0<\/span><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><span style=\"color: #000000;\">Tampoco existe consenso pol\u00edtico capaz de asumir las ruinas sobre las que se construye la sociedad caribe\u00f1a, pero al menos podemos reconocer que en la capacidad destructiva de las tristes tormentas tropicales se revela a su vez el despojo centenario al que han sido sometidos aquellos lugares azotados sistem\u00e1ticamente por el racismo y la colonizaci\u00f3n. No es tan llamativo que los nombres de fantas\u00eda de los huracanes (as\u00ed como antes el de los territorios), masculinos o femeninos, sigan siendo impuestos por el imperio de turno. Por ahora, mientras esperamos que los avances de la ciencia y la t\u00e9cnica moderna nos permitan saber con certeza d\u00f3nde y cu\u00e1ndo caer\u00e1 el rayo que nos permita volver al futuro, la historia latinoamericana es nuestro \u00fanico refugio, reducci\u00f3n y cautiverio.<\/span><\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por La Raza \/ No existe consenso po\u00e9tico a\u00fan (ni existir\u00e1) acerca de la imagen exacta que pueda describir con precisi\u00f3n la potencia de un hurac\u00e1n.  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