{"id":2545,"date":"2016-10-29T21:46:10","date_gmt":"2016-10-29T21:46:10","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=2545"},"modified":"2017-07-21T03:40:06","modified_gmt":"2017-07-21T03:40:06","slug":"stranger-things-la-rareza-de-lo-habitual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/10\/29\/stranger-things-la-rareza-de-lo-habitual\/","title":{"rendered":"Stranger Things. La rareza de lo habitual (Parte I)"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Chico Jarpo<\/strong><\/h6>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 <\/p>\n<h4><strong>Cap\u00edtulo I: la pupila y la papilla<\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"align-right\">Hay muchas cosas que funcionan bien en <em>Stranger Things<\/em>, la serie que se ha convertido en el \u00faltimo \u00e9xito de la plataforma de <em>streaming<\/em> Netflix. De ellas, la menos importante, y no por eso la menos prolija, es su ambientaci\u00f3n ochentera. Esta sola caracter\u00edstica, que ha sido la principal estrategia de difusi\u00f3n del nuevo contenido (incluido el regreso de la Winona), de una forma algo \u201cextra\u00f1a\u201d, casi como emulando de manera inconsciente el nombre de la producci\u00f3n, se transform\u00f3 en una suerte de santo y se\u00f1a para hablar o, incluso, para rese\u00f1ar el efecto cautivante de la producci\u00f3n. Tanto as\u00ed, que pareciese como si la conmoci\u00f3n que caus\u00f3 en nosotros, su p\u00fablico, fuese producto de una impresi\u00f3n puramente ic\u00f3nica, cierto inexplicable embate superficial que nos impide una lectura compleja de la serie, como si un masticable no fuese una caluga frutal de colores chillones, dulce y empalagosa, sino s\u00f3lo la estramb\u00f3tica tipograf\u00eda de su envoltura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Netflix ech\u00f3 a rodar los dados del <em>marketing<\/em> con apetito de tah\u00far (y su ambici\u00f3n fue recompensada con creces). Eso s\u00ed, hay que reconocerle que fue detallista. La secuencia de apertura, por ejemplo, es un trabajo de orfebrer\u00eda. Vemos en ella suaves l\u00edneas de ne\u00f3n recortadas contra un fondo oscuro. Para cuando comenzamos a adivinar las letras que m\u00e1s tarde formar\u00e1n el t\u00edtulo, unas comparsas de siniestros sintetizadores han conseguido crear un clima sencillo y, sin embargo, rotundamente evocador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Es lamentable que ese trance hipn\u00f3tico nos haya impedido observar los elementos que pone en juego la serie. Porque algo anda mal en nuestra capacidad de dialogar con las estructuras narrativas si nuestro argumento para explicar la atracci\u00f3n que nos provoca <em>Stranger Things <\/em>(o \u201ccabra chica rara\u201d<em>, <\/em>como ap\u00f3crifamente la traduje) se limita a reproducir aquello que de antemano pone en evidencia algo tan elemental como un tr\u00e1iler.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una de dos: o somos analfabetos visuales o, estremecidos en lo m\u00e1s profundo de nuestra memoria emotiva, una vez m\u00e1s, hemos dejado que nuestro tan consentido ni\u00f1o\/a interno se apropie del juicio. Lo preocupante: si leemos tan pobremente una serie, \u00bfqu\u00e9 podemos esperar de nuestra capacidad para decodificar nuestro contexto (me refiero a esa espec\u00edfica dimensi\u00f3n que ata\u00f1e al orden simb\u00f3lico dentro de un sistema que abusa descaradamente de la representaci\u00f3n como instrumento de manipulaci\u00f3n ideol\u00f3gica)? \u00a1Y con qu\u00e9 dedicaci\u00f3n mimamos a esa criatura, licu\u00e1ndole los significantes visuales hasta formar una papilla indiscernible!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No deja de ser sugerente en ese sentido que, tal como me coment\u00f3 un amigo hace poco, pareciese que en tiempos que exigen decisiones adultas, un segmento importante de nuestra generaci\u00f3n busca ficciones desarrolladas a partir de la mirada de sujetos infantes. Qui\u00e9n sabe, tal vez bajo ese avatar se oculte la proyecci\u00f3n de fragilidades que describen un sentimiento de desamparo general frente a un sistema indolente. Sin ir m\u00e1s lejos, esa podr\u00eda ser una clave de lectura para entender el fen\u00f3meno de la denominada \u201cliteratura de los hijos\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cabe advertir, antes de comenzar, que no creemos en las iluminaciones (mucho menos en los iluminados). Perplejos al igual que todos por la serie, nos dispusimos a leer nuestra propia fascinaci\u00f3n. A medida que avanz\u00e1bamos nos convenc\u00edamos de que la hermen\u00e9utica ensayada era diametralmente distinta a la labor del cr\u00edtico profesional. Rehu\u00edamos de un ejercicio solitario, onanista, sobre todo por considerarlo poco apropiado para analizar un producto que tiene este nivel de impacto global. Descubrimos algo as\u00ed como un imperativo pol\u00edtico: la apremiante necesidad del di\u00e1logo con los y las amigas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se nos ocurre una especie de arte po\u00e9tica de la cr\u00edtica cultural. Creemos que no es suficiente describir o adelantar posibles hip\u00f3tesis que funcionen s\u00f3lo en el \u00e1mbito de la ficci\u00f3n. No atreverse a jugar con los contextos \u2013tal como nos consta que ya de por s\u00ed lo hacen los propios productos culturales\u2013 es limitarse a ejercer la labor del publicista. Ese juicio que se supedita al producto hasta el punto de ser una especie de anuncio con visos de experto debe ser reformulado, subvertido incluso. Reservamos serenos, sin ojeriza, esos altares a los cr\u00edticos de series que contin\u00faan esa l\u00ednea, como Hermes el Sabio. O a quienes han utilizado la producci\u00f3n como eslab\u00f3n perdido para comprobar la autenticidad de ciertas teor\u00edas noventeras acerca de nuestras inclinaciones culturales y, de paso, canonizarse como figuras prof\u00e9ticas, tal como lo hizo recientemente Alberto Fuguet.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Les deseamos suerte (\u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00edamos de hacerlo?, en este pa\u00eds todos los que nos dedicamos a la cultura merecemos tenerla). Pero no es lo nuestro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2548 \" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/2016-09-14-13-300x189.png\" alt=\"2016-09-14-13\" width=\"438\" height=\"276\" \/><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Cap\u00edtulo II: <em>The<\/em> <em>80\u2019s<\/em><\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La primera pregunta que debiese formular un an\u00e1lisis de una serie como <em>Stranger Things <\/em>es la siguiente: \u00bfqu\u00e9 temporalidad est\u00e9tica est\u00e1 representada en su composici\u00f3n visual? La respuesta no es tan sencilla. No basta con decir: la d\u00e9cada de los ochenta. Es ese automatismo el que requiere ser desprogramado o, al menos, puesto en entredicho.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Partamos por determinar qu\u00e9 significa esa espec\u00edfica porci\u00f3n de tiempo a la que alude la producci\u00f3n: \u00bfdesde d\u00f3nde se proyecta? \u00bfqui\u00e9nes la administran? \u00bfqui\u00e9n establece, por ejemplo, que esas l\u00edneas de ne\u00f3n sean reconocidas desde esa emotividad que nos predispone a adoptar una irresistible candidez frente a ellas? (y no se nos escapa que la elecci\u00f3n de figuras infantiles como protagonistas logra explotar de una forma arrolladora ese recurso).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para empezar, hay que reconocer en los ochenta el triunfo indiscutido del imaginario estadounidense a nivel global. No es ocioso describir a grandes rasgos los elementos que componen ese universo referencial. Se trata de un periodo que comprende la comercializaci\u00f3n masiva del VHS, el primer reproductor de pel\u00edculas casero, el apogeo de las m\u00e1quinas de v\u00eddeo y de <em>flipper<\/em> y, que, en resumidas cuentas, describe el arco de su par\u00e1bola desde la consolidaci\u00f3n de MTV a la cautivante <em>Blade Runner<\/em>. En t\u00e9rminos de productos culturales, es probablemente la \u00faltima fase an\u00e1loga del capitalismo tard\u00edo. Me refiero a un momento en que el \u00e1mbito de lo cibern\u00e9tico y lo digital era apenas intuido. En otras palabras, el peso de la materialidad de los productos; su tacto, su olor, el sonido de sus piezas al ser manipuladas, cargaba de un aura voluptuosa a los objetos tecnol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esa profusi\u00f3n de materiales audiovisuales pronto alcanza un potencial pol\u00edtico que dar\u00e1 inicio a un ciclo de sobreexplotaci\u00f3n de la imagen, ciclo que de forma paulatina terminar\u00e1 por mancillar la artificiosa inocencia que sign\u00f3 sus primeros impulsos. No hay que olvidar que, a la mediatizada y espectacular ca\u00edda del muro de Berl\u00edn, le sigui\u00f3 la televisaci\u00f3n de las maniobras en la Guerra del Golfo cuyo colof\u00f3n, doce a\u00f1os despu\u00e9s, fue la transmisi\u00f3n del ataque a las torres gemelas (ya volveremos a este punto de inflexi\u00f3n en la historia norteamericana reciente). Por el momento, basta se\u00f1alar que la ejecuci\u00f3n del atentado supuso una conciencia superlativa de la importancia que tiene el s\u00edmbolo audiovisual dentro de la cultura estadounidense contempor\u00e1nea \u2012y, por extrapolaci\u00f3n l\u00f3gica, en todo el \u00e1mbito global.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El exceso de referentes f\u00edlmicos en la serie ayuda a clausurar la \u00e9poca sobre s\u00ed misma e impide cualquier fuga que se precipite hacia una temporalidad ulterior capaz de perturbar la pureza de la ficci\u00f3n. De esta forma, se configura en ella una suerte de \u201cedad de la inocencia\u201d, algo as\u00ed como una <em>belle \u00e9poque <\/em>posmoderna, en la que el futuro de aquel momento, que no es otro que nuestro presente, se encuentra s\u00f3lidamente tapiado. As\u00ed, la transici\u00f3n entre los ochenta y nuestros d\u00edas (con todo lo que ocurre desde el 2001) desaparece como posibilidad est\u00e9tica y narrativa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo esta focalizaci\u00f3n recargada en un periodo espec\u00edfico, que una mala lectura podr\u00eda acusar de abusiva o saturada, consigue no s\u00f3lo eludir los pozos de la caricatura, sino que resiste la tentaci\u00f3n de sucumbir a la parodia? Esto \u00faltimo, a pesar de que el material con que se trabaja consista en un conjunto de signos que han llegado a configurar nada m\u00e1s ni nada menos que una constelaci\u00f3n visual completa y suficiente. Ese es sin dudas el mayor m\u00e9rito art\u00edstico de la serie. Sin embargo, tampoco nos enceguece la indiscutible brillantez del trazo. Creemos entender la estrategia. A\u00fan podemos explicar la cultura hegem\u00f3nica.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pero concluyamos ac\u00e1 dilucidando al menos la atracci\u00f3n casi un\u00e1nime que produjo la serie. \u00bfCu\u00e1l es entonces la raz\u00f3n de esta identificaci\u00f3n a quemarropa, que nos pilla medio inermes ante el est\u00edmulo? Su respuesta nos devuelve de golpe [sic] a nuestros ochentas. Es en ese \u201cotro lado\u201d del periodo donde debemos ser capaces de leer nuestra particular y violenta inserci\u00f3n en un proceso neoliberal galopante. Uno en el que, por ejemplo, los imaginarios latinoamericanos fueron sistem\u00e1ticamente arrasados (incluidos, muchas veces, sus creadores) y ese universo de referentes ocup\u00f3 una parte relevante de nuestro imaginario infantil. Esa identidad emotiva, intensa, absolutamente cautivante, es la que nos fulmina de una forma tan contundente que nos impide observar la estructura subcut\u00e1nea, por decirlo de alg\u00fan modo, que la serie propone.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tampoco hay misterio aqu\u00ed. \u00bfQu\u00e9 son los efectos especiales sino una t\u00e9cnica dedicada a complacer los apetitos colosales de la fantas\u00eda infantil? Me atrever\u00eda a decir que el \u00e9xito de la cultura estadounidense, su rotunda estatura imperial, se funda en esa misma prerrogativa est\u00e9tica: desde Chaplin a Walt Disney, de Spielberg a Pixar. Lo suyo parece ser trabajar con los insumos de la ni\u00f1ez como concepto universal de identificaci\u00f3n. Analizar el imperialismo y su respectiva colonizaci\u00f3n de imaginarios de una forma aguda pasa por reconocer esa mella que moldea nuestra estructura de sentimiento. Bajo esta perspectiva, el consumo, esa categor\u00eda fr\u00eda y un tanto inh\u00f3spita, despachada casi siempre con cierto facilismo por la cr\u00edtica cultural masiva, adquiere su peso gravitante en el estado actual de nuestra idiosincrasia globalizada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Cap\u00edtulo III: gallina McFly<\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta el momento, la \u201ccr\u00edtica\u201d en torno a la serie se circunscribe a la realizaci\u00f3n de compulsivos listados, m\u00e1s o menos ingeniosos, de pel\u00edculas que han inspirado a los creadores. De cierta forma, lo que se hace aqu\u00ed no es m\u00e1s que pasarle la lengua a la tapa del yogur; es decir, relamerse en la libre exploraci\u00f3n de la forma, dejando intacto el fondo. Este ejercicio, adem\u00e1s de revelar una tenaz domesticaci\u00f3n del ojo, pasa por alto aquellos aspectos a trav\u00e9s de los cuales los realizadores saldan cuentas con su propio periodo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Porque si bien la serie se ambienta en la representaci\u00f3n cinematogr\u00e1fica de los ochentas, a cada tanto aparecen peque\u00f1os mensajes cifrados, casi como si los estuvi\u00e9semos recibiendo por un <em>woki\u2013toki<\/em> chicharriento, de c\u00f3mo esa \u00e9poca nos condujo a esta (nos incluyo porque la globalizaci\u00f3n lo hace). Tomemos como ejemplo la escena en que Once sale de su escondite para recorrer la casa deshabitada. Las gruesas cortinas no son capaces de frenar la luz solar, que cae pesada como chuzo e ilumina algunos \u00e1ngulos de la casa en penumbras. Ese peque\u00f1o viaje por los curiosos objetos de la casa (el sill\u00f3n reclinable, el tel\u00e9fono) concluye frente al televisor. Es en ese instante en que la protagonista enciende la tele y recibe el primer destello cat\u00f3dico sobre la cara, en el que podemos acceder a una especie de s\u00edntesis que nos permite penetrar la urdimbre abisal de la serie.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por un lado, el crudo reflejo de los colores del televisor en los ojos de la ni\u00f1a es capaz de volver a exhibirnos una escena cotidiana de nuestra propia infancia, es decir, nos permite revisitar un rito com\u00fan de nuestra ni\u00f1ez (ya desde el sonido de la perilla debi\u00e9semos experimentar una nostalgia anal\u00f3gica punzante). Incluso ah\u00ed se encuentra una clave que trasciende la simple acumulaci\u00f3n de referencias en la que se han empantanado los colegiados cr\u00edticos de series. Por otro lado, los contenidos que Once mira en la pantalla son capaces de articular un incisivo mensaje dirigido al contexto actual. Porque, aun cuando la est\u00e9tica de los ochenta se encuentra clausurada, todos los significados que desarrolla la serie son contempor\u00e1neos. De ese modo, se puede observar a trav\u00e9s de los ojos de la protagonista esta sugerente sintaxis de contenidos: un mensaje de Reagan acerca de Siria (lo que remite a la crisis de refugiados que afecta a Europa, a partir de la cual los creadores han resuelto empujar a la pol\u00edtica exterior de su pa\u00eds al estrado); un extracto (para nada inocente) de He\u2013man y una tanda de comerciales m\u00e1s bien sedantes, los cuales conducen a una colorida publicidad de coca\u2013cola que propiciar\u00e1 un <em>flashback<\/em> que nos remitir\u00e1 a un nuevo episodio en la narraci\u00f3n de la vida de Once. No est\u00e1 de m\u00e1s se\u00f1alar que ese \u00faltimo enroque, el de la bebida de fantas\u00eda con el pasado del personaje, tambi\u00e9n debiese lograr sincronizar nuestro reconocimiento personal de la marca, gatillando as\u00ed nuestro propio y contradictoriamente \u00edntimo, a la vez que masivo, <em>flashback<\/em>. En ese preciso punto es donde podemos medir en toda su extensi\u00f3n y potencia esta \u201cidentidad global de consumo\u201d sobre la cual construye su mundo ficticio la serie. Si pudi\u00e9semos imaginar su rostro, me pregunto si acaso no imaginar\u00edamos la efigie de un monstruo tan tierno que sus fauces semejaran una flor de p\u00e9talos muy abiertos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Volvamos a la tele. Reagan, el presidente que alguna vez fue actor de Hollywood, habla sobre Siria; a continuaci\u00f3n, He\u2013man, ese musculoso, ario y, sin embargo, siempre bronceado mono animado, apoya la espada contra su morrudo pecho y grita: \u201c\u00a1yo tengo el poder!\u201d; por \u00faltimo, la publicidad se nos abalanza con su musiquita p\u00e1lida y deslavada, para recordarnos su rol omnipresente en la cultura impuesta por el capitalismo tard\u00edo. El discurso pol\u00edtico (ya atravesado por la industria cultural y encarnado en el mandatario\u2013actor) junto con la animaci\u00f3n, entendida como ese espacio que acapara la mirada infantil, tiene al elemento publicitario como \u00faltima hebra para rematar una trenza de signos que configura la mirada cr\u00edtica de un adulto respecto al periodo. Los dibujos animados y los comerciales, que constituyeron el universo exclusivo y cautivante de la ni\u00f1ez, ahora deben lidiar con el factor disruptivo que impone el mensaje presidencial. Esa brusca yuxtaposici\u00f3n incinera cualquier lectura pueril, y frente a ella el conjuro muscular y testoster\u00f3nico de He\u2013man adquiere connotaciones pol\u00edticas solventes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Regresar a los ochenta a partir de la mirada del ni\u00f1o\/a que fuimos supone el imperativo \u00e9tico de visibilizar aquello que el ojo no atrap\u00f3. Todo eso que se mir\u00f3 pero no se vio. Por eso, si se nos requiriese en el abigarrado juego de las referencias, dir\u00edamos que la \u00fanica pel\u00edcula que sirve para tender un puente entre la forma y el fondo es una que, parad\u00f3jicamente, se encuentra escamoteada de los principales gui\u00f1os que propone la serie. Hablamos de <em>Volver al futuro<\/em>. Es en esa premisa argumental, en la que el viaje al pasado permite deshacer los errores cometidos, en la que cabr\u00eda compaginar el esfuerzo de <em>Stranger Things<\/em>. La dupla que la dirige, oculta bajo el seud\u00f3nimo de <em>Duffer Brothers<\/em> (o \u201chermanos amermelados\u201d, seg\u00fan traducci\u00f3n personal), bien podr\u00eda llamarse los \u201cgallinas McFly\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, desde ahora nada nos impide so\u00f1ar con un futuro en el que seamos capaces de reconocer los viajes a trav\u00e9s del tiempo de la representaci\u00f3n mediante el an\u00f3malo avistamiento de un brusco discurrir; ya sea las llameantes marcas de unos neum\u00e1ticos en el pavimento o bien un hilo de sangre oscura manando de la nariz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2549\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/reagan-tele-300x154.png\" alt=\"\" width=\"359\" height=\"185\" \/><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2550\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/2016-09-14-8-300x169.png\" alt=\"2016-09-14-8\" width=\"344\" height=\"193\" \/><\/h6>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hasta el momento, la \u201ccr\u00edtica\u201d en torno a la serie se circunscribe a la realizaci\u00f3n de compulsivos listados, m\u00e1s o menos ingeniosos, de pel\u00edculas que han inspirado a los creadores. <\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":2546,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[21],"tags":[81,52,295,362,361],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-2545","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-las-entranas-del-monstruo","tag-chico-jarpo","tag-critica","tag-critica-cultural","tag-netflix","tag-stranger-things"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2545","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2545"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2545\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2546"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2545"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2545"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2545"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=2545"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=2545"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}