{"id":2563,"date":"2016-10-30T15:34:26","date_gmt":"2016-10-30T15:34:26","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=2563"},"modified":"2017-07-21T03:48:37","modified_gmt":"2017-07-21T03:48:37","slug":"2563","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2016\/10\/30\/2563\/","title":{"rendered":"Stranger Things. La rareza de lo habitual (Parte III)"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Chico Jarpo<\/strong><\/h6>\n<p><\/p>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><strong>Cap\u00edtulo VI: continuidad de los onces<\/strong><\/h4>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<p>Y bien, hasta aqu\u00ed hemos descendido a lo que, creemos, son los yacimientos de sentido de la serie. Ambiciosos Pirquineros, ahora nos preguntamos si es posible jugar con los elementos que conjuga el material analizado; extraemos la piedra y ahora nos gustar\u00eda forjarla con nuestras propias herramientas. Nos gusta pensarnos en el paradigma desarrollista, incluso cuando hacemos cr\u00edtica cultural. A partir de ac\u00e1 nos internamos en los desafiantes terrenos de la metacr\u00edtica (no confundir con las exhaustivas tesis de la metacumbia, o las embriagadoras del metatinto, ambas disciplinas respetables como cualquiera).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Regresemos a lo nuestro. Si consideramos la interpretaci\u00f3n del nombre de la protagonista que acabamos de proponer en el cap\u00edtulo anterior, entendi\u00e9ndola como una solapada referencia al 11 de septiembre gringo, ello nos permite hacer una nueva lectura, esta vez localizada. Esta debiese contrapuntear esa matriz simb\u00f3lica metropolitana a trav\u00e9s de la compaginaci\u00f3n de nuestro 11 de septiembre. Esos dos hitos, interpelados apenas en su composici\u00f3n audiovisual, integrantes ambos de memorias traum\u00e1ticas en donde el \u00edcono se enreda de forma inexpugnable con lo cin\u00e9tico, poseen una apabullante semejanza. Ah\u00ed las im\u00e1genes de los aviones atacando edificios emblem\u00e1ticos, el sonido de su vuelo rasante, la estridencia sorda de las explosiones y, un momento despu\u00e9s, las mudas rondas del fuego con el humo apretando el fatigado hormig\u00f3n conforman una continuidad de registros que impresiona. Un paso afuera de esas representaciones documentales, y se levanta colosal el pu\u00f1o indolente de Estados Unidos, la aciaga maquinaci\u00f3n de su pol\u00edtica exterior (e interior).<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Puestas este pu\u00f1ado de piezas en posici\u00f3n, habr\u00eda que decir que los ochentas que nos describe la serie son susceptibles a una reapropiaci\u00f3n por nuestra parte. En ella ser\u00eda leg\u00edtimo constatar ese momento en que el imperio nos puso de cabezas ese tablero en el que, con toda la juventud por delante, hab\u00edamos apostado por nuestro futuro. Vivimos hace cuarenta y tres a\u00f1os en ese \u201cotro lado\u201d de la historia, conviviendo con nuestros proverbiales monstruos, muchas veces sueltos e impunes, respirando el aire nocivo de la cat\u00e1strofe irresuelta y, por tanto, irredimible de nuestro tiempo expoliado. \u00bfPero acaso no son las madres tambi\u00e9n, en Chile y en Latinoam\u00e9rica, las inmensas, las fuertes, quienes no cejan en alzar su desga\u00f1itada e incansable voz, record\u00e1ndonos el furor del padre violento y fat\u00eddico?<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Y otro tanto habr\u00eda que decir sobre el Plan Z, esa infame mentira de la estrategia castrense, que supuso la apertura de enormes portales para que escapara lo m\u00e1s p\u00fatrido y bajo de la condici\u00f3n humana local. Esa calculada pantomima, la teor\u00eda del enemigo imaginario, de manera similar a lo que propone la serie, termin\u00f3 por arrasar al pueblo (sin embargo, aqu\u00ed se nos corre un punto en el tejido, puesto que nuestro concepto popular de pueblo espejea d\u00e9bilmente aquel de peque\u00f1a comarca que durante los ochenta f\u00edlmicos ocup\u00f3 el centro de las fantas\u00edas del cine comercial estadounidense).<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Ahora bien, cuando al comienzo acusamos de soslayo cierto abuso de una lectura infantil de los productos culturales, lo hicimos manifestando la desidia de cierta pr\u00e1ctica particular, de una pose de espectador de primer mundo que nos resulta siempre odiosa. Una actitud pasiva y consumista que nada tiene que ver con la aerodin\u00e1mica de una infancia que inventa con las piezas que tiene a su disposici\u00f3n las reglas de un juego que no teme ensuciarse las manos con las cuarteaduras del territorio. Pues aun suponiendo que nuestra generaci\u00f3n tiene una tendencia irrefrenable por las figuras infantiles o por los productos que forman parte de ese universo (quien no se comunique con ese espacio primordial arriesga una existencia miserable; Gabriela, la m\u00e1s maciza monta\u00f1a de nuestra geograf\u00eda literaria lo expres\u00f3 sin aspavientos: \u00abEso de haberse rozado en la infancia con las rocas es algo muy trascendental\u00bb), nos es preciso buscar otras formas de habitar esos paisajes interiores. Por lo pronto, propongo rememorar el ojo aguzado, las rodillas peladas, ninguna cadencia artificial, jam\u00e1s un <em>jingle<\/em>, s\u00f3lo el rodar de la pelota pl\u00e1stica por un pasaje lleno de amigos. S\u00f3lo as\u00ed es posible que el consumo pasivo se torne productivo, anti<em>\u2013<\/em>hegem\u00f3nico, zarpao. De esa forma podemos acceder a la contemplaci\u00f3n directa de los monstruos propios. Saldar las cuentas con la historia, tal como lo ha hecho, como espero haya quedado expuesto en esta columna con \u00ednfulas de ensayo, la serie<em>.<\/em><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: left;\"><strong>Cap\u00edtulo VII: El Monstruo<\/strong><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00bfQu\u00e9 motivo hay ya para ocultar lo evidente? Que este texto se ha convertido en algo monstruoso (nuestro dulce y violento Caliban se nos columpia insomne en la sangre). Perseverar por \u00faltima vez en su instinto teratol\u00f3gico debiese ser una buena manera de cerrarle por fin los brazos al engendro. Volvemos entonces a proponer el ejercicio del contrapunteo. Porque, cuando hablamos de los ochenta de <em>Stranger Things, <\/em>nos invade una inc\u00f3moda interrogante: \u00bfson estos realmente nuestros ochentas? Es decir, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n las casas pari\u00e1s, las bombitas de agua, el rasmill\u00f3n y las costras, la artesa y su breve, pero inmenso, mar de lavazas?, \u00bfd\u00f3nde el chalequito de lana tejido por la abuela, la mam\u00e1 o la t\u00eda (una vez m\u00e1s las figuras femeninas fuertes y protectoras)?. Pues bien, este punto no es tan obvio como parece. Lo son y no lo son, la complejidad de la cultura global es as\u00ed de parad\u00f3jica. Lo son en cuanto compartimos un archivo audiovisual com\u00fan; no lo son porque su repertorio es un\u00edvoco: la calle que proponen tiene una sola direcci\u00f3n.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Pero a pesar de todo, la representaci\u00f3n posee sus pasadizos secretos, sus inesperados atajos. Traslademos una vez m\u00e1s un vaso conductor de la serie a nuestra realidad pol\u00edtica. Ah\u00ed est\u00e1 la \u201cdesaparici\u00f3n de un ni\u00f1o a manos de un monstruo, cuyo origen es el producto de un Estado que podr\u00eda ser tildado de terrorista\u201d o, m\u00e1s preciso a\u00fan: \u201clos funcionarios siniestros que, con tal de liberarse de la amenaza comunista, desatan un monstruo sediento de sangre que no pueden controlar\u201d. Los \u201conces\u201d, ya se sabe, se traslapan. \u00a0Bien, pues ah\u00ed est\u00e1 Rodrigo Anfruns, quiz\u00e1s el m\u00e1s emblem\u00e1tico de todos, con esas fotos que develan un ni\u00f1o qu\u00e9, ir\u00f3nicamente, posee un corte de pelo y unas tenidas notoriamente estadounidenses. Pero tambi\u00e9n Carlos Fari\u00f1a Oyarce, asesinado de dos tiros por la espalda a la edad de 13 a\u00f1os. Un cabro pobre, cuyas osamentas reci\u00e9n fueron encontradas el a\u00f1o 2000. O en Coquimbo, Jim Christie Bossy, de 7 a\u00f1os, junto a su amigo Rodrigo Javier Palma, de 8, alcanzados por balas del ej\u00e9rcito cuando jugaban en una calle aleda\u00f1a a unos gaseoductos custodiados por los milicos. Y, todav\u00eda, en la poblaci\u00f3n San Gregorio, a poca distancia de donde escribo esto, Jeanette Fuentealba, de 10 a\u00f1os, alcanzada por un proyectil arrojado por uno de los Hawker Haunter que se dirig\u00edan a la Moneda.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2568 size-medium alignleft\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/RODRIGO-217x300.jpg\" alt=\"rodrigo\" width=\"217\" height=\"300\" \/><br \/> <img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2567 size-medium aligncenter\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/christie_bossy_diario3-300x279.jpg\" alt=\"christie_bossy_diario3\" width=\"300\" height=\"279\" \/><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Monstruos, monstruos, m\u00e1s que monstruos, b\u00edpedos con ojos y narices normales, que tuestan el pan y le echan un chorrito de leche al caf\u00e9. Los peores monstruos.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">No ser\u00e9 yo, querido lector, el promotor de ning\u00fan sosiego. A estas alturas ya lo deber\u00edamos tener claro: el pasado resuella sus infecciosos vahos sobre el presente. El Demogorg\u00f3n sigue aqu\u00ed. Leamos a Once por \u00faltima vez: v\u00edctima de un Estado negligente, desatadora de un monstruo que parece venir de otra dimensi\u00f3n, pero que no es m\u00e1s que la consecuencia de la fr\u00eda ferocidad del sistema. Traslademos su figura a nuestra realidad. Podr\u00edamos imaginar acaso alguna otra situaci\u00f3n que no fuese la de los ni\u00f1os del SENAME, marcados a fuego por la defecci\u00f3n, v\u00edctimas de un estado negligente, expuestos a improvisados experimentos de inserci\u00f3n; muertos de rabia y de miedo, violentos porque cualquier otro lenguaje les parecer brutalmente ajeno, obscenamente extranjero, imp\u00fadicamente extra\u00f1o.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Esta secci\u00f3n de <em>La Raza C\u00f3mica\u00a0<\/em>se titula \u201cLas entra\u00f1as del monstruo\u201d y est\u00e1 inspirada en la c\u00e9lebre frase que Mart\u00ed anotara durante su trabajo como corresponsal en New York. Quiz\u00e1s sea tiempo de modificar el enunciado y decir que de lo que se trata hoy es de plantearnos el problema mucho m\u00e1s obtuso y urgente que supone vivir con el monstruo en las entra\u00f1as.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: left;\">Dem\u00e1s est\u00e1 decir que no creemos en el v\u00f3mito. O lo metabolizamos o nos convertiremos en \u00e9l.<\/h6>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2565 alignleft\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2016\/10\/2016-09-14-23-300x212.png\" alt=\"2016-09-14-23\" width=\"336\" height=\"237\" \/><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volvemos entonces a proponer el ejercicio del contrapunteo. 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