{"id":3789,"date":"2017-03-18T00:16:56","date_gmt":"2017-03-18T00:16:56","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=3789"},"modified":"2017-07-04T03:51:53","modified_gmt":"2017-07-04T03:51:53","slug":"las-canciones-que-mi-madre-me-enseno-postales-literarias-de-la-vida-misma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/03\/18\/las-canciones-que-mi-madre-me-enseno-postales-literarias-de-la-vida-misma\/","title":{"rendered":"Las canciones que mi madre me ense\u00f1\u00f3: postales literarias de la vida misma"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por <a href=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/author\/daniela-machtig\/\">Daniela Machtig<\/a><\/strong><\/h6>\n<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">La experiencia de amor maternal\/filial es una de aquellas cosas que atropelladamente asumimos como un valor universal. Los m\u00e1s culturalistas se detendr\u00e1n a pensar que, quiz\u00e1, la figura maternal en Latinoam\u00e9rica \u2013parad\u00f3jicamente, un lugar marcado por el lastre del machismo m\u00e1s brutal\u2013 tiene un rol fundamental. Por lo menos, podemos afirmar que muchos de nosotros \u2013la mayor\u00eda, probablemente\u2013 amamos a nuestras mam\u00e1s por sobre todas las cosas del mundo. Eso no nos hace especiales en lo absoluto; quien se enrede en la infructuosa tarea de poner en palabras todo lo que significa su mam\u00e1 en su vida seguramente terminar\u00e1 lateando al interlocutor y frustrado por los mezquinos l\u00edmites del lenguaje. En esta dif\u00edcil proeza, <em>Las canciones que mi madre me ense\u00f1\u00f3<\/em> (V\u00edctor Ortega, 2016) se presenta como una propuesta que no entra en la competencia del manjar Col\u00fan, sino que m\u00e1s bien es una entrada a la relaci\u00f3n de madre e hijo cuyo eje est\u00e1 puesto, sobre todo, en lo simple e \u00edntimo en que se desarrolla el v\u00ednculo, haciendo tambi\u00e9n un recorrido por lugares y personajes que marcaron la formaci\u00f3n propia. Si bien es un libro muy personal, no es un mero ejercicio de autorreferencia; es una acci\u00f3n que pone en valor la narraci\u00f3n y los nexos e identidades que se construyen al calor de esta. La evocaci\u00f3n a la cotidianidad de la sobremesa, los comentarios que interrumpen el programa de televisi\u00f3n o los trayectos a casa representan la profundidad de la figura materna en la experiencia vital del autor, sin necesidad de mayor explicaci\u00f3n. El car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico preponderante \u2013y transversal en el libro\u2013 interpela al lector en sus afectos m\u00e1s profundos sin necesidad de recurrir a empalagosas alabanzas. El diario vivir es un lugar com\u00fan suficiente por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Formalmente, el libro es una colecci\u00f3n de \u201cmomentos\u201d que, de antemano, nos sit\u00faa en la relaci\u00f3n de un hijo y su madre. Sin embargo, en una primera hojeada al volumen, caemos en cuenta de que no son exclusivamente relatos sobre ella; desde los primeros pasajes se entremezclan descripciones pueblerinas, escenas y personajes que habitan el pasado nost\u00e1lgico del autor y que ponen en di\u00e1logo la figura materna con todos aquellos elementos forjadores de la identidad de un sujeto. En ese sentido, el conjunto de cuentos opera m\u00e1s bien como un \u00e1lbum de fotos en el que podemos encontrar recuerdos fundamentales como postales que parecieran tener m\u00e1s sentido para el compilador que para el lector. Es uno de los peligros, o de las riquezas \u2013seg\u00fan el punto de vista\u2013, de invitar al ba\u00fal de los recuerdos a un otro; son cuentos anclados en una temporalidad, una territorialidad, una vinculaci\u00f3n a una clase y una forma particular de relacionarse con el entorno. Las numerosas referencias puntuales que cita Ortega (oriundo de Malloco) ponen en funcionamiento una serie de lugares comunes de la cultura popular <em>chilensis<\/em> de los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os, pero desde un lugar tangencial al centralismo; son las rutinas de quien vive en un pueblo cercano a la gran ciudad, de quien decide vincularse a un club de f\u00fatbol \u201cchico\u201d por razones sentimentales, un personaje al que la globalizaci\u00f3n le permite conectarse con referentes musicales y cinematogr\u00e1ficos occidentales sin renunciar a las din\u00e1micas locales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El libro toma el car\u00e1cter de un <em>collage<\/em>, cuyos fragmentos no siempre establecen un di\u00e1logo directo con lo que uno espera, <em>a priori<\/em>, del libro. As\u00ed como no todos los pasajes involucran a la madre en un rol participativo (no es un libro exclusivamente \u201csobre-su-mam\u00e1\u201d), tambi\u00e9n podemos encontrar escenas que parecen sueltas, pero que luego dialogan con otras. Incluso, hay un par que parecen no hacerlo tan directamente. El orden del supuesto desorden no es algo antojadizo; los textos que abren el libro hacen referencia a la sobremesa y a la relaci\u00f3n de dos personas que construyen su universo en el mero acto de \u201ccontar\u201d, donde el caudal de referencias no distingue entre las verdades y las mentirillas, las confesiones o los comentarios al azar. Sin embargo, al poco andar hay un punto de inflexi\u00f3n en que el autor confiesa un cambio de rumbo hacia una mayor intimidad. Tal cual, como en una conversaci\u00f3n con qui\u00e9n reci\u00e9n conocemos, decidimos tomar m\u00e1s confianza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo que a primera vista puede resultar desconcertante en t\u00e9rminos estructurales (lo que esperamos de un \u201ccuento\u201d), el paisaje general que configura este <em>collage<\/em> de casi cincuenta postales, devela la multidimensionalidad del espacio materno en la experiencia vital del autor, cuya motivaci\u00f3n por narrar nos invita a hacer lo propio tambi\u00e9n. Y, por si no se entendiera, la propuesta del relato fragmentario se manifiesta con toda su fuerza en el texto que da el nombre al libro: \u201cLas canciones que mi madre me ense\u00f1\u00f3 son recortes de diario, revistas miscel\u00e1neas, jugos de frutas. Son crucigramas, partidos de f\u00fatbol por la TV, idas al estadio, idas al restaurant favorito, idas al caf\u00e9 Paula, cortes de pelo y frutos secos. Son cosas que no se cuentan, y otras que s\u00ed se cuentan, son salidas de malandra con los amigos y promesas de amor que no resultan. Son un collage de cosas musicalizadas con canciones que se reproducir\u00e1n mil millones de veces en cualquier lugar del mundo, en donde a ra\u00edz del todo y de la nada, tu recuerdo aparezca en mi mente y empiece en la sala de cine de mi cabeza, una nueva pel\u00edcula del pasado que nos uni\u00f3 de por vida\u201d (62-63).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo una esquematizaci\u00f3n de recuerdos (ficcionales o no) lo que construye este conjunto de relatos cortos; la misma forma en que se presenta se proyecta como una met\u00e1fora del acto de recordar y enfrentar la ausencia de un sujeto clave en la formaci\u00f3n personal. El deambular de la rememoraci\u00f3n y la narraci\u00f3n toma caminos propios, que pueden ser poco convencionales y hasta inc\u00f3modos para un lector habituado a la forma m\u00e1s tradicional del concepto de \u201ccuento\u201d. Con esto, propongo e insisto en una forma particular de lectura del libro de Ortega, la de un \u00e1lbum fotogr\u00e1fico literario.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>Las canciones que mi madre me ense\u00f1\u00f3<\/em><\/p>\n<p>V\u00edctor Hugo Ortega<\/p>\n<p>Barravento Editores, 2016<\/p>\n<p>Narrativa, 140 p\u00e1gs<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El libro toma el car\u00e1cter de un collage, cuyos fragmentos no siempre establecen un di\u00e1logo directo con lo que uno espera, a priori, del libro.<\/p>\n","protected":false},"author":15,"featured_media":3793,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[245,246,243,244],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-3789","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-persiana-americana","tag-barravento-editores","tag-daniela-machtig","tag-las-canciones-que-mi-madre-me-enseno","tag-victor-hugo-ortega"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3789","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/15"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3789"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3789\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3793"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3789"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3789"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3789"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=3789"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=3789"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}