{"id":4302,"date":"2017-05-25T04:29:52","date_gmt":"2017-05-25T04:29:52","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=4302"},"modified":"2017-07-04T00:15:25","modified_gmt":"2017-07-04T00:15:25","slug":"el-deseo-invisible-o-una-memoria-marica-de-una-cartografia-borrada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/05\/25\/el-deseo-invisible-o-una-memoria-marica-de-una-cartografia-borrada\/","title":{"rendered":"El deseo invisible o una memoria marica de una cartograf\u00eda borrada"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Juan Pablo Sutherland<\/strong><\/h6>\n<p class=\"align-right\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup><em>El que no ha visto un puto en la Plaza de Armas o un cola <\/em><\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup><em>esperando que la liebre salte se ha perdido de algo.<\/em><\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup><em>\u00a0<\/em><\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup><em>Esa peque\u00f1a revuelta marica, precaria y marginal de las colas <\/em><\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup><em>de los a\u00f1os 70 en La Plaza de Armas podr\u00eda pensarse como nuestra propia Comuna de Par\u00eds.<\/em><\/sup><\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Como se\u00f1ala Gonzalo Asalazar al abrir este libro, <em>El deseo invisible. Santiago cola antes del golpe <\/em>(Cuarto Propio, 2017) es un mapa que reconstituye el encuentro entre colas y mostaceros en Santiago de Chile entre 1950 y el golpe de Estado de 1973. Desde esta declaraci\u00f3n o anuncio, lo primero que llama la atenci\u00f3n es la pol\u00edtica de enunciaci\u00f3n de los protagonistas, de los participantes de estas historias. Colas y mostaceros entrar\u00edan en la nomenclatura de cierto coa de gueto, de tribu, de pol\u00edtica del nombre que resignifica o le da un gesto de habla local a homosexuales, cafiches, putos que se desenvuelven en el campo del tr\u00e1fico sexual urbano tanto en las d\u00e9cadas que trabaja el libro como podr\u00eda serlo hoy d\u00eda. Me parece que el autor de\u00a0<em>El deseo invisible <\/em>ya ubica una pol\u00edtica del nombre desde el t\u00edtulo, fija y rescata un lugar local del habla marica. Al constituirlo como un lugar popular, desplaza la estigmatizaci\u00f3n y da espacio a nuevas formas de configuraci\u00f3n de los sujetos y de subjetivaci\u00f3n. \u201cCola\u201d se podr\u00eda pensar adem\u00e1s como el insulto, abyecci\u00f3n, habla al borde de la objetivaci\u00f3n; \u201ccola\u201d como veh\u00edculo de parodia:\u00a0<em>es cola, se le nota que es cola, es m\u00e1s cola que todas juntas, es terrible de cola, marchamos todas a la cola<\/em>. Tantas vueltas y tantos efectos de un viaje que realiza el rosario maripos\u00f3n, dir\u00eda Lemebel. Es interesante pensarlo hoy desde una arqueolog\u00eda del habla marica en la que se pueden superponer hablas m\u00e1s neutras como \u201clo gay actual\u201d, denominaciones exteriores que de alguna manera equilibran por su connotaci\u00f3n tanto lo despreciativo, lo hiperidentitario y tambi\u00e9n la clase social. En esa pol\u00edtica del nombre cola, me interesa rescatar la noci\u00f3n y resignificado del insulto o de la injuria que se vuelve campo sem\u00e1ntico de identidad tr\u00e1sfuga entre la tribu. Dice Gonzalo Asalazar: \u201cApropi\u00e1ndome de estos vocablos denigrantes, he utilizado su fuerza para nombrar, afirmativamente, a los practicantes del homoerotismo masculino. Ellos operan en un doble sentido. A) Como injurias vueltas al rev\u00e9s, cuya fuerza es productivizada y convertida en afirmaci\u00f3n. B) Con estas dos palabras, tambi\u00e9n reivindico el vocabulario popular chileno, con el fin de acercarme a t\u00e9rminos m\u00e1s honestos (latinos) para hablar de nuestra presencia en la historia\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De alguna manera, una pol\u00edtica que piensa un lugar desde la abyecci\u00f3n, pero que en el paisaje local lo vuelve lenguaje particular, molecular y no molar. Por otra parte, el mostacero es una clave del hampa, del coa callejero que relaciona el comercio sexual, el tr\u00e1fico de cuerpos entre el cola y el \u201chombre\u201d o puto o \u201croto\u201d, pues en el espacio familiar de las locas el mostacero es parte del mismo campo sem\u00e1ntico, entre una masculinidad con porosidad, con venta o transacci\u00f3n. En ese sentido, el mostacero o el hombre o el roto se piensa en el imaginario marica como un paisaje virilizado posible en el callejeo urbano de la loca. Es sutil y pol\u00edtico este recorte, pues piensa y abre la posibilidad de recorrer el paisaje marica reconstituyendo una \u00e9poca que habla de las relaciones sexuales en un campo urbano cruzadas por la violencia de la calle, de la institucionalidad y del poder, finalmente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h4><strong>Artesan\u00eda del libro y po\u00e9ticas de escritura<\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me parece que el texto que construye Asalazar es un h\u00edbrido que, trabajando con algunas herramientas de las ciencias sociales (entrevistas, investigaci\u00f3n de campo), se desplaza m\u00e1s bien al territorio de la cr\u00f3nica hist\u00f3rica, a la historia oral que rescata pulsiones, memorias fragmentadas, recuerdos, fisuras y pasajes de sus entrevistados, pero que se vuelven en su escritura espacios de resignificaci\u00f3n de lo minoritario, del cuerpo marica urbano en medio de la violencia de los controles policiales y de las hegemon\u00edas culturales del tiempo que investiga.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No es menor que adem\u00e1s haya escogido lugares del deseo que se configuran en una ciudad con un mapa visible y otro territorio que nadie ve. Este mapa puesto en escena abrir\u00e1 para Asalazar un cuarto oscuro como espacio abierto en la ciudad. Aunque la noci\u00f3n de cuarto oscuro no podr\u00eda aplicarse por consideraciones de \u00e9poca, es cierto que los devenires y los espacios que trabaja el libro construyen un territorio donde se contaminan lugares sobre\u2013erotizados que los protagonistas de esta historia copan cotidianamente con sus deseos, en sus cuerpos y en sus pulsiones. No es menor pensar c\u00f3mo el deseo fue modelando la arquitectura de la ciudad a trav\u00e9s del tiempo, c\u00f3mo convirti\u00f3 a la Plaza de Armas en el <em>punctum<\/em> del deseo colisa y prostibular, c\u00f3mo las galer\u00edas del centro se convirtieron en flujos, zonas, v\u00e9rtices y habit\u00e1culos que acogieron ese deseo invisible que circulaba por Santiago. El que no ha visto un puto en la Plaza de Armas o un cola esperando que la liebre salte se ha perdido de algo, de ese instante posible en que la ciudad se vuelve c\u00f3mplice y revierte el pan\u00f3ptico de las pol\u00edticas de higiene y blanqueamiento c\u00edvico. El ciudadano busca ano, boca, flujos, cuerpos viejos y j\u00f3venes, pero esa ciudadan\u00eda sexual paria y bastarda de entonces tuvo que localizar tal flujo. Contaminar o administrar ese espacio de deseo que fue configur\u00e1ndose en el casco urbano como \u00fanico lugar posible para vivir una biograf\u00eda corporal que hab\u00eda sido negada en cada uno.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los personajes de estas historias son castigados, invisibles o, m\u00e1s bien, fueron exhibidos si eran atrapados con las manos en las manos, en el cuerpo, en otro cuerpo como un delito sexual, clasificado en la jerarqu\u00eda moral de los c\u00f3digos como el peor delito. En la escena del chico Oscar, proleta, y Ricardo, cliente decente de la \u201cpujante Providencia\u201d, dice el narrador, este \u00faltimo es dejado libre, excusado en la idea de que puede tener un desliz como padre de familia; pero el otro, el pobre, el maric\u00f3n joven, el objeto de la violencia de una masculinidad brutal, estatal, policial, queda aprisionado en la trama institucional del poder. Quiz\u00e1s esta escena no escape a lo que fue, pues siempre la realidad puede ser m\u00e1s brutal. En ese juego, los personajes aqu\u00ed retratados son parte de una biograf\u00eda que no ha sido atendida en el imaginario social. Estas historias recreadas en la pluma de Gonzalo Asalazar vuelven a mostrar la precariedad y el deseo juntos como fronteras posibles respecto a c\u00f3mo se vivi\u00f3 ese traj\u00edn cotidiano del sexo so\u00f1ado tras las bambalinas del Rex, el Miami, el Gran Palace y tantos otros.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por otra parte, est\u00e1 el gui\u00f1o de Gonzalo a autores como N\u00e9stor Perlongher, quien ya en los a\u00f1os ochenta realizaba una etnograf\u00eda de la prostituci\u00f3n masculina en esa gran metr\u00f3polis de Brasil que es S\u00e3o Paulo (trabajo que a estas alturas es se\u00f1ero en el campo de la antropolog\u00eda latinoamericana y del cuerpo traficado por la prostituci\u00f3n masculina). El argentino no tan solo describi\u00f3 sino que m\u00e1s bien se introdujo en el tr\u00e1fico sexual de los miches y locas, levantando una taxonom\u00eda exquisita y deseante, texto inigualable para repensar el flujo del deseo zigzagueante, apresurado a concretarse y vivirse en la noche paulista. Asalazar conjuga algo de ese trayecto, pero escoge un camino quiz\u00e1s m\u00e1s elusivo, m\u00e1s de cr\u00f3nica sexual que de una cl\u00e1sica investigaci\u00f3n de campo de las ciencias sociales. Este aspecto es un acierto, en la medida en que, a estas alturas, hay muchos estudios que pueden dar cuenta de ciertos recortes de lo homoer\u00f3tico o de las masculinidades deseantes.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me interesa destacar el espacio entre la escritura y la memoria como territorio, lo que constituye un aporte en el texto de Asalazar, aporte que potencia un rescate de las pr\u00e1cticas sociales y ese fuego marica presente en la urbanidad. Dice Didier Eribon en <em>Cuesti\u00f3n Gay<\/em> que los maricas tuvieron que emigrar desde los sectores rurales para poder vivir nuevamente en la ciudad, espacios que les daban la posibilidad del anonimato, el relajamiento y un estilo de vida que no pudieron tener en sus lugares de origen. Asimismo, ese \u00e9xodo marica a las ciudades se vuelve inverso, existe adem\u00e1s un \u00e9xodo interno de la <em>pobla<\/em> al centro, donde la loca se pierde y conoce los flujos deseantes al dedillo, escap\u00e1ndose, como lo advierte el texto, de los gritos, de la violencia masculina de su entorno. En ese cruce entre masculinidad y violencia, que puede articularse como uno de los nudos del trabajo de Gonzalo Asalazar, me parece que hay una huella, un repertorio, un archivo de pr\u00e1cticas violentas que muy pocos historiadores se detienen a \u201cobservar\u201d. Y, a prop\u00f3sito, escribo\u201cobservar\u201d, pues la cientificidad hist\u00f3rica, en pro de su verdad y metodolog\u00eda, deja fuera la historia bastarda, la oralidad que convoca la memoria, como en este caso, y tambi\u00e9n la violencia, cuesti\u00f3n que no ha cambiado mucho. Masculinidad y violencia que se topan siempre en la frontera de la ciudad y el deseo (bastar\u00eda recordar esa bella y cruel cr\u00f3nica de Lemebel en su mejor libro, <em>La esquina es mi coraz\u00f3n<\/em>, donde la loca y el rufi\u00e1n bailan solos en juego de cuchillo y de sexo, del miembro de carne y el de metal, como metonimia posible y conjugada para ofrecer una escena <em>voyeur<\/em> y s\u00e1dica a la ciudad deseante. Es una escena que toma cuerpo en el cerro Santa Lucia, territorio triangulado en el libro de Asalazar como parte del Bellas Artes. Tri\u00e1ngulo de las Bermudas apretad\u00edsimo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h4>\u00a0<\/h4>\n<p><\/p>\n<h4>\u00a0<\/h4>\n<h4>\u00a0<\/h4>\n<h4><strong>La memoria como archivo de politizaci\u00f3n en el imaginario marica<\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me interesa especialmente un fragmento de memoria que rescata Asalazar, que corresponde al 22 de abril de 1973: la primera manifestaci\u00f3n cola contempor\u00e1nea, creo, desde la perspectiva de sentido de comunidad, de grupo, de conciencia de s\u00ed e impacto en el espacio p\u00fablico. Tambi\u00e9n quiero destacar que ese fragmento o pedazo de memoria se repuso a trav\u00e9s del trabajo de V\u00edctor Hugo Robles en <em>Bandera Hueca<\/em>. El trabajo de Asalazar me parece valioso pues se hace cargo de las trayectorias anteriores de nuestra invisibilizada historia, pudiendo estar de acuerdo o no con quienes investigaron antes. Lo relevante es abrir el territorio y luego inscribir tu propia huella, que sin duda en nuestras comunidades representan un colectivo, una colactiva, una comunidad. En boca de una de las l\u00edderes de la manifestaci\u00f3n de la Plaza de Armas, la gitana increpa: \u201cLo que nosotros queremos es que nos dejen tranquilos, que nos permitan vivir nuestras vidas sin molestarnos, si no hacemos mal a nadie, pero carabineros y detectives nos persiguen. Nos maltratan y nos cortan el pelo\u201d. Al mismo tiempo, las maricas declararon \u201cno ser delincuentes, sino enfermos\u201d. Me interesa detenerme en estas declaraciones que demuestran las l\u00f3gicas clasificatorias (y auto\u2013clasificatorias) del Estado policial levantado durante el siglo XX. Sus pol\u00edticas de higiene social enclaustraron a los homosexuales en la ecuaci\u00f3n medicalizante de <em>homosexualidad=patolog\u00eda<\/em>, secuencia que muchos activistas tuvimos que desalojar a finales de los ochenta y en pleno periodo de la transici\u00f3n o posdictadura.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Existe otro nudo que me interesa: las colas pobres, marginales, las que fruto de la violencia represiva arman una respuesta hiperidentitaria en la forma, colas que a todas se les nota y, por otra parte, colas que vienen del mundo popular, basti\u00f3n de marginalidad y violencia masculina. Es decidor que las locas pobres sean quienes inicien un \u00e1nimo de \u00e9poca, que sean las que inauguran cierta contemporaneidad p\u00fablica en las sexualidades cr\u00edticas, que a estas alturas su interrupci\u00f3n resulte \u00e9pica y legendaria al mirarse desde los ojos de hoy. No son las locas en el cl\u00f3set ni las que se escond\u00edan tras el viaje so\u00f1ado a vivir su homosexualidad ABC1 en Europa las que arman este \u201c18 de Brumario marica\u201d, en palabras de Alejandro Modarelli; m\u00e1s bien, son las locas que reciben el impacto de la pobreza, del acoso policial y estatal, como ellas manifiestan. Tampoco es sorprendente esta autoclasificaci\u00f3n de \u201cenfermos\u201d y no de\u201cdelincuentes\u201d, aunque muchas veces la masculinidad hegem\u00f3nica diga que prefiere tener un hijo delincuente antes que uno cola. En este cruce de memoria, esa historicidad de cuerpos exhibidos por la prensa sensacionalista tanto de derecha como de izquierda juega al \u00e1nimo clasificatorio y degradante. En ese marco, me parece que las colas de la Plaza de Armas son nuestra Comuna de Par\u00eds, pues su revuelta precaria, pobre y marica dibuja un flujo que no se puede controlar en la urbe, un deseo invisible que se vuelve visible por la violencia de su tiempo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h4><strong>Las escrituras <\/strong><\/h4>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>Por otra parte, quisiera volver a la escritura que Asalazar ha materializado en este libro, una escritura que navega entre la investigaci\u00f3n de campo y la memoria oral de las locas, junto con la propia traducci\u00f3n que el autor realiza. La escritura de Asalazar toma aire de muchas otras que retratan el \u00e1nimo callejero del ligue sexual. En ese rumbo, tendremos a Perlongher con <em>Prostituci\u00f3n masculina <\/em>y a Lemebel con <em>La esquina es mi coraz\u00f3n<\/em> y gran parte de sus cr\u00f3nicas urbanas que, no siendo de la \u00e9poca, son capaces de levantar una forma, un ojo, un dispositivo po\u00e9tico y pol\u00edtico que enuncia ese lugar, que maquilla, no sapea; es una escritura c\u00f3mplice, desde el coraz\u00f3n deseante de la ciudad marica (Genet\/Joe Orton\/Capote). En ese juego, rescato la sinuosidad, el ritmo, las im\u00e1genes, el fraseo coloquial marica, que juega a ese <em>voyeur <\/em>lemebeliano pero que se fuga a un tono m\u00e1s propio, donde el habla se hace parte de los personajes, se reconstituye ese tecnolecto marica, ese metalenguaje de la noche, del ligue (<em>\u00bfentiendes?, \u00bft\u00fa entiendes?<\/em>), frases codificadas para escapar del pan\u00f3ptico visible del tr\u00e1nsito diario.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Asalazar ha construido una narrativa sexual que juega a desplazarse en los tiempos, vuelve con un personaje y luego, como gui\u00f3n de cine, lo encontramos en otro momento, en ese juego escritural. Hay un dispositivo narrativo que acompa\u00f1a el fluido del deseo, que deja huella en ese tr\u00e1nsito fugitivo que puede recordarnos nuestras propias andanzas en el Cine Capri, en El Lido \u2013he visto a muchas por ah\u00ed (no lo dir\u00e9), aunque se pueda entender hoy como una pr\u00e1ctica en extinci\u00f3n\u2013, solo para dinosaurias como parte de la prehistoria del deseo callejero, pero que se vive callejeando, lejos de la perfecci\u00f3n representacional de la grinderman\u00eda como deseo a la carta. Finalmente, celebro el trabajo hist\u00f3rico de Marisol Vera y Editorial Cuarto Propio con las escrituras maricas en los \u00faltimos treinta a\u00f1os, as\u00ed como, por supuesto, a Gonzalo por su escritura cola.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u2014\u2014\u2014<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sup>\u00a0[Portada] Fotograf\u00eda de Paz Err\u00e1zuriz<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo relevante es abrir el territorio y luego inscribir tu propia huella, que sin duda en nuestras comunidades representan un colectivo, una colactiva, una comunidad.<\/p>\n","protected":false},"author":38,"featured_media":4320,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[203,202,201,200],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-4302","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-yo-la-peor-de-todas","tag-editorial-cuarto-propio","tag-el-deseo-invisible","tag-gonzalo-asalazar","tag-juan-pablo-sutherland"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4302","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/38"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4302"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4302\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4320"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4302"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4302"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4302"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=4302"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=4302"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}