{"id":5554,"date":"2017-10-20T03:09:33","date_gmt":"2017-10-20T03:09:33","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=5554"},"modified":"2017-10-31T01:39:19","modified_gmt":"2017-10-31T01:39:19","slug":"santa-rosa-de-pelequen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/10\/20\/santa-rosa-de-pelequen\/","title":{"rendered":"Santa Rosa de Pelequ\u00e9n"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Nicol\u00e1s Meneses<\/strong><\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En el auto mi hermano pregunta hace cu\u00e1nto que no voy. Le respondo que hace a\u00f1os, sin tener clara la cifra exacta, pero con la consciencia de que son muchos, quiz\u00e1s la distancia misma que separa mi infancia de la adultez. El auto tirita como al inicio de un terremoto. Son los rodamientos del eje, me dice, como si yo entendiera algo de autos. Ahora la iglesia no tiene esa c\u00fapula como de trompo, la cambiaron por una cruz despu\u00e9s del terremoto. Le contesto que s\u00ed, que no he ido hace tiempo a Pelequ\u00e9n. Pero que al menos s\u00ed he visto de pasada c\u00f3mo reconstruyeron la iglesia rosada tras el 27\u2013F.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El d\u00eda amanece nublado y me pierdo en las nubes que se acercan de la costa. Con mi hermano vamos camino al \u00faltimo d\u00eda de la fiesta de Santa Rosa de Pelequ\u00e9n. Es domingo y la carretera se ve despejada desde que dejamos Buin hasta la altura del peaje Angostura. Mi sobrino, inquieto por la espera, pregunta a cada rato cu\u00e1nto falta para llegar. Mi hermano lo reta enojado, como si \u00e9l nunca hubiese sido ni\u00f1o. Quiz\u00e1s soy el \u00fanico en el auto que lo conoce desde que dej\u00f3 de hacerse pich\u00ed en la cama, mucho antes que yo, por supuesto. Ninguno arriba del veh\u00edculo va a pagar una manda ni a pedirle algo a Santa Rosa. Mi cu\u00f1ada, su mam\u00e1 y mis sobrinos van a vitrinear. Mientras que yo con mi hermano, aunque suene cursi, vamos a recordar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/7Eo0tHI.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-5558\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/7Eo0tHI-768x1024.jpeg\" alt=\"7Eo0tHI\" width=\"768\" height=\"1024\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>No estoy seguro del a\u00f1o exacto en que conoc\u00ed Pelequ\u00e9n, pero para mi familia era un viaje obligado, pese a que eran evang\u00e9licos. La explicaci\u00f3n es muy simple. Mi abuelo es comerciante ambulante, un vendedor de comida r\u00e1pida en peque\u00f1os puestos que levantaba en la mayor\u00eda de las fiestas religiosas a lo largo de Chile: Andacollo, Pelequ\u00e9n, la Compa\u00f1\u00eda, el Monte, Isla de Maipo, incluso a veces La Tirana, aunque la distancia nunca lo hizo un viaje rentable. Mi abuelo fue y sigue siendo un vendedor reconocido en La Ligua, famoso por un humor que no perdona a nadie y que roza peligrosamente la autoflagelaci\u00f3n y la ridiculizaci\u00f3n constante. Es decir, se r\u00ede no s\u00f3lo de los dem\u00e1s, sino, sobre todo, de s\u00ed mismo. El Tuco, como le dicen, fue mi puerta de entrada a ese universo de comerciantes de toda laya que comparten, se ayudan y suben el \u00e1nimo durante largas jornadas de trabajo en interminables filas de puestos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Al llegar a la intersecci\u00f3n de la peque\u00f1a localidad dependiente de la Municipalidad de Malloa (la misma de la empresa de salsas de tomate) me sorprende la presencia de peajes laterales que la concesionaria instal\u00f3 en los ingresos a las localidades de la sexta regi\u00f3n, sobre todo en el que da la entrada a Pelequ\u00e9n. Veo estacionamientos improvisados en peladeros, corredores en forma de cruz, lienzos que advierten del tr\u00e1nsito de peregrinos a orillas de la carretera, la pasarela repleta de multitudes\u2013hormigas, apelotonadas como en un camino de az\u00facar que lleva a la arteria que se extiende alrededor de la iglesia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mi abuelo siempre trabaj\u00f3 junto a mi pap\u00e1 en la fiesta de Pelequ\u00e9n. Remarco fiesta, porque el aniversario de la virgen de Lima que se celebra a fines de agosto, durante casi dos semanas, siempre fue una fiesta para m\u00ed. Nunca vi a peregrinos martirizarse o arrastrarse dram\u00e1ticamente a los pies de la santa para pedir alg\u00fan milagro. Las primeras veces que estuve en Pelequ\u00e9n no me alej\u00e9 mucho del puesto en que mi pap\u00e1 vend\u00eda pasteles de La Ligua, bebidas, choripanes, empanadas de queso y horno que algunos clientes rechazaban por ser \u201cm\u00e1s caras que las de los puestos de la entrada\u201d. Todav\u00eda recuerdo lo que mi pap\u00e1 les dec\u00eda: \u201csi le gusta el encebollado, bien por usted, pero estas tienen un vacuno dentro\u201d. Convenc\u00eda as\u00ed a m\u00e1s de alguien que, inapelablemente, se rend\u00eda a la mano de mi abuela y de la t\u00eda Yaya, una familiar de La Ligua que iba a ayudar en la preparaci\u00f3n de las cientos \u2013y hasta miles\u2013 de empanadas de pino que se vend\u00edan en esos d\u00edas a los creyentes.<\/p>\n<p>\u00a0<a href=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/xTfMHM0.jpeg\"><br \/> <\/a><\/p>\n<p>Llegamos al estacionamiento administrado por la Municipalidad. El orden es prioritario en la organizaci\u00f3n de la fiesta, y a pesar de los atochamientos en los ingresos, logramos encontrar un lugar cerca de la entrada y el ba\u00f1o mecano. El primer puesto que nos saluda es el de s\u00e1nguches de potito, con dos se\u00f1oritas de delantal blanco, una de ellas peinada a lo <em>geisha<\/em>, con las pesta\u00f1as encrespadas y un exceso de maquillaje que llama la atenci\u00f3n y que hace pensar que la higiene alimentaria parte por la belleza de las vendedoras. Avanzamos entre la multitud a paso de ping\u00fcino, casi en caravana, para evitar perdernos la pista. De pronto vemos el primer puesto que antiguamente era trabajado por mi pap\u00e1, ahora ocupado por una t\u00eda que trabaja con su hija y su nuero. Atr\u00e1s, fuera de la vista, y tapado con las cajas plataneras donde se ofrecen los pasteles, mi abuelo anuncia por meg\u00e1fono las ofertas: \u201ccinco pasteles por mil, los cachitos con manjar Soprole\u201d, \u201cempanadas de horno con un vacuno entero y atr\u00e1s una gallina poniendo huevos\u201d. Su vozarr\u00f3n ya no es el de antes, se ha quebrado por el paso de los a\u00f1os trabajando. Una vida de pega que el viejo no quiere dejar porque \u201cen el momento que deje de trabajar me voy a morir\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Comenzamos a recorrer la fila interminable de puestos. Local por medio un parlante arroja m\u00fasica. A pesar de la abundancia del reggaet\u00f3n, el estilo que domina es la ranchera. Sobreviven negocios de venta de discos, otros comercian <em>pendrives<\/em> con mixes de bachata, reggaet\u00f3n, rancheras y cumbias. Los m\u00e1s osados venden sus discos vestidos de charros con acorde\u00f3n y guitarra. Estos \u00faltimos son los m\u00e1s cotizados, quiz\u00e1s porque la performance del traje es la mejor publicidad, una garant\u00eda de autenticidad para la gente. En un puesto de ropa un pap\u00e1 le dice a su hijo de unos siete a\u00f1os que le toque la teta a una maniqu\u00ed. En otro puesto, con una hilera de parrillas, una familia completa vende <em>kabak<\/em>, una bola de carne bien ali\u00f1ada que tiene forma de papa, cocinada a la parrilla y embutida en una marraqueta como un chorip\u00e1n. Mi cu\u00f1ada compra uno y me cuenta que sabe como hamburguesa. Esa es la \u00fanica comida no t\u00edpica que me encuentro entre los puestos: nada de sushi, hamburguesas de soya, fajitas o comida vegana. Anticuchos s\u00ed, y completos, salchipapas, empanadas, alitas de pollo, pasteles de La Ligua, pasteles curicanos, algod\u00f3n de az\u00facar, charqui y cuchuflis.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Santa Rosa de Lima, seg\u00fan consignan algunas infograf\u00edas al lado de la iglesia, naci\u00f3 el a\u00f1o 1586. Su nombre real era Isabel Flores Oliva. Era tan bonita que su nana la llamaba Rosa. Desde los cinco a\u00f1os se sinti\u00f3 \u201cflechada por el se\u00f1or\u201d. A los quince recibi\u00f3 su primera propuesta de matrimonio y la desech\u00f3 cort\u00e1ndose el pelo. A los veinte le dieron el h\u00e1bito de Santo Domingo en la Capilla de Nuestra Se\u00f1ora del Rosario, en el templo de Santo Domingo. Santa Rosa cre\u00eda fervorosamente en el martirio como nexo con el ideal de Jesucristo y como acceso a la gracia. Cuentan que rezaba con una corona de clavos y que usaba uno para amarrarse el cabello. Ayudaba a los m\u00e1s necesitados, sobre todo a enfermos e ind\u00edgenas, por lo que se hizo conocida como \u201cla madrecita de los pobres\u201d. Muri\u00f3 a los treinta y un a\u00f1os. En 1668 fue declarada beata y en 1671 el Papa Clemente X la nombr\u00f3 Santa Patrona de Am\u00e9rica y Filipinas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/xTfMHM0.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-5556 size-large\" src=\"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/xTfMHM0-970x1024.jpeg\" alt=\"\" width=\"970\" height=\"1024\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Seguimos nuestra andanza entre puestos y me encuentro una peque\u00f1a mesa donde un viejecito trafica dildos. Un vendedor de velas, vestido de blanco y tambi\u00e9n entrado en edad, le dice a un perro: \u201cme comiste el s\u00e1nguche m\u00edo y el que te traje\u201d. Entre todas las transacciones que se hacen en este peregrinaje consumista es com\u00fan escuchar las gracias acompa\u00f1adas de un \u201cDios te bendiga\u201d. Mi hermano, igual de entusiasmado que yo con el descubrimiento, me apunta con una pistola a balines. Ese era nuestro pago todos los a\u00f1os por ayudarle a nuestro pap\u00e1 a atender el puesto. Una vez lo apunt\u00e9 a la cara con la pistola cargada y \u00e9l, que era mayor y m\u00e1s fuerte que yo, me dijo que si le disparaba me sacaba la cresta. Pensando que no estaba cargada, segur\u00edsimo de ello, hund\u00ed el gatillo y casi le saco un ojo. Luego de sobarse la cara me sac\u00f3 la cresta. Ahora mi sobrino es el que se lleva una de esas armas para la casa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Buscando una cociner\u00eda para almorzar nos encontramos con las antiguas casas de adobe transformadas en restoranes espor\u00e1dicos y minimarkets improvisados. Entramos a un galp\u00f3n y desde el fondo nos llama un garz\u00f3n con gorro de vaquero. Nos sienta en una mesa con sillas pl\u00e1sticas de Coca\u2013Cola y toma la orden. Por entre la gente pasa un charro tocando covers de Los Luceros del Valle. Otro vendedor ofrece sal de fruta. La mayor\u00eda de las mujeres alrededor visten de buzos y yoquis deportivos y disfrutan la m\u00fasica. Mi sobrino me reta a una pelea de espadas con su cuchillo y hacemos la hora hasta que llega la comida. Al lado un caballero prueba una luma de fierro que acaba de comprar, simula pegarle a un delincuente imaginario. Al t\u00e9rmino de la comida nos separamos las mujeres y los hombres. Con mi sobrino y mi hermano nos vamos a recorrer la iglesia. Vemos fotos del desastre que provoc\u00f3 el terremoto del 2010. Nos sorprende la c\u00fapula de bronce abollada entre pedazos de adobe, vigas rotas y bancas destrozadas. Nos llama la atenci\u00f3n una foto del Cristo del altar desde un \u00e1ngulo en que parece una <em>selfie<\/em> desde la cruz, exhibiendo sin pudor la magnitud de la destrucci\u00f3n. Nos imaginamos un posible estado de Facebook para esa foto de Cristo, \u201cpeque\u00f1o recado de mi padre\u201d o algo as\u00ed.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Otra infograf\u00eda que acompa\u00f1a la biograf\u00eda de Santa Rosa cuenta que su figura lleg\u00f3 a Pelequ\u00e9n tras la guerra con la Confederaci\u00f3n Per\u00fa\u2013Bolivia. Un oficial chileno, originario de Nancagua, se vino con un \u201ccholito\u201d, llegaron en barco a Valpara\u00edso y de ah\u00ed tomaron el camino real hacia el sur. Pasando por los alrededores de Pelequ\u00e9n, acudieron a la casa de do\u00f1a Mar\u00eda Ter\u00e1n a pedir ayuda, ya que el cholito ven\u00eda enfermo de tifus. El enfermo tra\u00eda consigo una imagen de Santa Rosa de Lima que su mam\u00e1 le entreg\u00f3 para que lo cuidara. Pusieron en un lugar visible la imagen, y la due\u00f1a y toda la gente de su casa rezaron por la salud del enfermo, que al otro d\u00eda amaneci\u00f3 sano. En forma de agradecimiento dej\u00f3 la imagen de regalo a do\u00f1a Mar\u00eda Ter\u00e1n y as\u00ed comenz\u00f3 la devoci\u00f3n. Con mi hermano nos asombramos de la ignorancia que tenemos sobre la santa, pese a los muchos a\u00f1os en que hemos ido. Entramos a una de las \u00faltimas misas que se celebrar\u00e1n este a\u00f1o por la fiesta y escuchamos al sacerdote hablar sobre lo que Santa Rosa tiene para entregarnos: la fuerza de su esp\u00edritu y la pureza ingenua de Jesucristo. Mi hermano me llama afuera y con un garabato me comenta lo impresionado que est\u00e1. Recuerdo que cuando ni\u00f1o yo era de los que no dec\u00eda chuchadas en la iglesia. Cre\u00eda que era un lugar sagrado y, sobre todo, bajo la vigilancia constante de Dios. Mal que mal, era su casa.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sup>\u2013\u2013\u2013<\/sup><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sup>Fotograf\u00edas del autor<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El d\u00eda amanece nublado y me pierdo en las nubes que se acercan de la costa. 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