{"id":5750,"date":"2017-12-01T03:34:24","date_gmt":"2017-12-01T03:34:24","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=5750"},"modified":"2018-01-23T21:07:14","modified_gmt":"2018-01-23T21:07:14","slug":"sigo-siendo-caribe-o-lo-sublime-contra-lo-bello","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/12\/01\/sigo-siendo-caribe-o-lo-sublime-contra-lo-bello\/","title":{"rendered":"\u201cSigo siendo Caribe\u201d o lo sublime contra lo bello"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\u00a0<\/strong><strong>\/ por Mar\u00eda Emilia Tijoux<\/strong><\/h6>\n<p class=\"align-right\">\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este es un libro* que presenta al sol. A ese sol que no llevamos en el cuerpo, porque si lo llev\u00e1ramos ya habr\u00edamos muerto quemados. Es un libro de isla caliente que choca con este fr\u00edo isle\u00f1o que encierra y empuja a separar, a odiar, a envidiar; y que al mismo tiempo convoca a los cuerpos vistos como ajenos, peligrosos, seductores y amenazantes que la inmigraci\u00f3n actual propone cuando quiere ser vista desde el prisma racista.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ingresar al libro de Johan Mijail es entrar de pleno en las islas que dejan ver distintas dimensiones que pueden emerger desde un mundo que busca siempre diferenciarse. Un mundo latinoamericano. Mijail invita y empuja a la reflexi\u00f3n cr\u00edtica que implica pensar al mundo desde lo que somos. Se hace necesario entonces pellizcar el punto de vista que una construye en la vida seg\u00fan c\u00f3mo la viva, desde el g\u00e9nero, la edad, el dinero, el barrio, los amigos y amigas que tenga. Entremedio de estas posibilidades, no puedo dejar de ver en primer lugar a mi amigo\u2013amiga en su condici\u00f3n de inmigrante que la marca y la convierte en un ser puesto en una dimensi\u00f3n esclava, negra, dominicana, racializada, sexualizada y oprimida en este Chile de hoy. Las islas que produce el libro adquieren forma y tienen sentido en la mara\u00f1a de lo que nos dice, entre poes\u00eda y verso, entre felicidad y sufrimiento. Advierto tambi\u00e9n mi extranjeridad frente a algunas palabras y frases venidas de sus tierras que no entiendo, pero que me obligan a imaginar, interpretar, leer, buscar y sobre todo a tratar de entender un poco m\u00e1s de la dificultad de quienes llegan de lejos para rozarse con los variados <em>po\u2019<\/em> de un Chile encadenado a la naci\u00f3n que ahoga y alza a sus chilenos y chilenas hacia la monta\u00f1a, donde se instalan para seleccionar a la gente y mirarla de lejos y con desprecio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La isla tibia donde mi amigo\u2013amiga se hunde en sus olas se encuentra con esta otra isla larga que permanece con sus terremotos. Y en ese punto de encuentro siento c\u00f3mo trata de sostenerse el orgullo fatuo de esta naci\u00f3n quebrada que le ha ofrecido una identidad chueca y aniquiladora, proponi\u00e9ndole un <em>habitus<\/em> de gusto agrio que lo convierta en un hombre serio eternamente vestido de gala, exhibiendo la correcci\u00f3n que oculta lo que siempre fue. Ese ella que se asoma en el cuello de su abrigo. Puede que esta naci\u00f3n de tanto querer ser ordenada desee que recupere la profesi\u00f3n del padre, el cuerpo del padre o el auto que brilla en el barrio. A lo mejor as\u00ed ser\u00eda amado y besado y admirado y dejar\u00eda la porf\u00eda por abrir la entrada a los nuevos capitales que le aguanten la vida a pesar de hundirlo en ella. Para sacar, relegar o disimular lo que tra\u00eda como tesoro preciado y almacenado de ese sol dominicano puesto en su cuerpo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Este libro tiene olor. Me hace sentir el perfume de las flores de nombre desconocido de un Caribe que desaloja al turista que busca erotismo detr\u00e1s de la l\u00ednea paradis\u00edaca que la postal ofrece, para sufrir, rugir y aparecer en su otro lado de esta isla nuestra: en Quilicura, en Recoleta, en los campamentos de Antofagasta o en los rincones nauseabundos del Maule, donde los patrones depositan a tantos trabajadores sin nombre del mercado de sus vinos. Porque se trata de la crueldad. Sin embargo, cuando les hablo de ella, me dicen que pueden re\u00edr, y que r\u00eden ante lo que nos espanta. Al igual como cantan los peluqueros cuando dise\u00f1an los dibujos tribales en las cabezas chilenas que hacen filas dispuestas. O como tararean los ritmos aquellas chicas cansadas de los caf\u00e9s con piernas, lugares atiborrados de olor a deseo chileno clandestino tras el vidrio empavonado, mientras deben calzar zapatos imposibles que les da\u00f1an la vida. Imposible no pensar en la muerte silenciosa y criminal de las chicas negras de Magallanes. Sabe a distinto la risa que construyeron desde hace siglos los blancos chilenos, no tan blancos, como remedio casero ante el empuje al abismo, convencidos de que alg\u00fan d\u00eda ganar\u00edan algo de lo mucho que perdieron. Chile brota helado y hostil ante la sonrisa que este autor ofrece en cada presentaci\u00f3n, en cada fotograf\u00eda, en cada performance, en cada trasgresi\u00f3n que las redes proh\u00edben, porque asustan los l\u00edmites de la buena educaci\u00f3n nacional. Huele el miedo ante su testarudez.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las flores que salen de la tierra de mi amigo\u2013amiga tropiezan con la frialdad que nos caracteriza cuando las pisamos por el desconocimiento. Y as\u00ed el mundo de un sur se arma para no recibir, para condenar, para corroer el deseo de alguna creaci\u00f3n que Mijail inventa para dejarnos sin habla, sujetos a los m\u00faltiples ritmos que in\u00fatilmente intentamos imitar. Sus <em>Pordioseros del Caribe<\/em> invitan a pensar en una clase social empobrecida a m\u00e1s no poder, al punto de quedar pr\u00e1cticamente fuera de su clase, para permanecer en el margen que la deja sostenida a lo que el individuo pueda soportar o inventar para sobrevivir. Y tambi\u00e9n a una m\u00e1s sometida, que est\u00e1 a\u00fan m\u00e1s abajo que la anterior y que parece quedarse fuera de la humanidad, rozando siempre el margen para no ser evaluable y juzgada de modo permanente como una no\u2013clase. En el afuera.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me he sentido en momentos extra\u00f1a de sus notas, tanto como lo ser\u00edan otros que podr\u00edan verse acogidos en esta pluma que invita a detenerse en caribe\u00f1os y caribe\u00f1as pobres que ingresan buscando el sue\u00f1o del techo y el trabajo, al igual que lo hicieron los que fueron tra\u00eddos en otros d\u00edas de esos tiempos olvidados, encadenados al mercado de personas que les hab\u00edan fijado la vida en la ruta del trabajo que los volv\u00eda objeto. No ten\u00edan salida. Esta s\u00f3lo parec\u00eda asomarse cuando obedec\u00edan el aprendizaje de la plegaria del dios que les perdonara el atrevimiento del color, de la m\u00fasica, del cuerpo, del soportar, del emanciparse. Y, al mismo tiempo que les fijaba el punto del trabajo miserable para vivir su corta vida, les imped\u00eda la historia, desaloj\u00e1ndolos de la humanidad, animaliz\u00e1ndolos, explot\u00e1ndolos, castig\u00e1ndolos. Despu\u00e9s, cuando no mor\u00edan, deb\u00edan dar gracias a dios por el destino y besar las cruces y besar a los curas y consentir lo que les hicieran, porque era y es el destino de los excluidos pagar por las culpas de todos y, para evitar entristecerse, rezar para callar. La salvaci\u00f3n parece estar en la biblia le\u00edda de rodillas. Pero como nos dice mi amigo: s\u00f3lo \u201csi las tiene blanquitas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lo \u201cblanco\u201d del cuerpo me da la pista a seguir como la \u00fanica que permite la felicidad, el trabajo bueno, la vida sana, la aceptaci\u00f3n, la sonrisa, la bienvenida y el respeto; al mismo tiempo que tanto blanco y blanca que se cree blanco y blanca en Chile busca al caribe\u00f1o y a la caribe\u00f1a para tocarla, manosearla y usarla, para besarla hasta morder y hacerle da\u00f1o, demostrando que el blanco manda, sea rico o pobre. Porque la \u201craza\u201d marca la construcci\u00f3n del estigma que se\u00f1ala. Saborear el Caribe es ignorar las palmas, la isla, la historia que desconocemos, salvo cuando el avi\u00f3n llega para la espera del bus que conduce hasta el para\u00edso que nada tiene de tal. Lo blanco es lo bello. Pero lo negro es lo sublime, lo que supera al deseo, lo que est\u00e1 por encima o m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9l.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Los pordioseros de este libro interpelan a lo sublime y hacen que este tenga ese no s\u00e9 qu\u00e9 de la supervivencia que se ajusta a un <em>\u00bfc\u00f3mo hemos podido sobrevivir aqu\u00ed?<\/em> Para preguntarme por este pa\u00eds nuestro despu\u00e9s de la tragedia, pero m\u00e1s all\u00e1 de ella, como si no s\u00f3lo la tragedia continua de su historia pudiese explicar la crueldad de la condena de sentirse permanentemente colonizado: contra el ingl\u00e9s, contra el alem\u00e1n, contra el espa\u00f1ol, contra el norteamericano. La \u201cmagia\u201d que sugiere Mijail le propina un fuerte codazo a esta fuerza nacional que obligar\u00eda al pragmatismo de lo cotidiano, en este sur para \u201cguardar toda la ca\u00f1a en una caja o en un tubo donde ya nadie la vea, donde ya nadie nos haga esclavos, donde ya nadie nos venga a cambiarcomprar por oro\u201d: nos dice en una suerte de grito que recuerda la historia de ac\u00e1, la de otras y de otros esclavizados que a\u00fallan en el sur contra todo gobierno, desde tiempos antiguos, para declarar su b\u00fasqueda de emancipaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Y el Caribe que entibia a pesar de que aparece fant\u00e1stico en ofertas de viajes organizados por los malls iluminados, parece no entibiar tanto. M\u00e1s bien quema a esa parte que no cuenta pero que sirve de la gente que expulsa, explota, desprecia, para invitarnos a reflexionar tantas afirmaciones de este libro hasta empujarnos a preguntar por lo que somos ac\u00e1 y lo que tambi\u00e9n son all\u00e1: \u201csi ves una sonrisa, no te la creas, porque es una farsa\u201d. Cu\u00e1ntas veces hemos sido los farsantes de las calles de las plazas de los encuentros que buscan dar alegr\u00eda en lugar de felicidad. Al Caribe lo he ido conociendo lentamente con los que llegan, para ense\u00f1ar a resistir en barrios llenos de ellos, de ellas, donde se alquila para apilarse por un precio desmedido. Se saca la mesa a la calle, se juega domin\u00f3, se asa la carne y se reparte la risa, a pesar de los insultos y los portazos enojados de quienes corren la cortina con envidia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El Caribe es a lo mejor este resto depositado en su gente que nos provoca con sus risas y gestos de amistad que invitan no s\u00f3lo a la casa que consiguen armar en Chile, repartida al infinito, sino a la casa de \u201call\u00e1\u201d donde qued\u00f3 la madre, la abuela, los hijos, los primos, los vecinos y aquellos que juntan fuerza y se preparan para llegar. Est\u00e1 all\u00ed el Caribe de la madre que espera el llamado de la hija que lleg\u00f3 hace un a\u00f1o para asegurar el futuro de la ni\u00f1a, y debe responder a la madre asegurando que est\u00e1 bien, que logr\u00f3 contrato en la empresa de turismo donde practica su ingl\u00e9s, y que le llegar\u00e1 el dinero. No puede contar la verdad de su trabajo en Chile. No puede, no puede porque su cuerpo le impidi\u00f3 ser contratada, pues su forma, su juventud y su belleza fueron obst\u00e1culos.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Como el cuerpo obst\u00e1culo que encierra a este autor extra\u00f1o, cercano, atrevido y presto a enfrentar el castigo de hombre\u2013ni\u00f1a que me parece no busca salvarse, sino permanecer, para evitar la mudanza, el acarreo que todo inmigrante vive, aunque no quiera el viaje obligado, el viaje sin fecha, el viaje sin retorno que borra las huellas de la historia propia y lo coloca en un nombre que se grita y se escribe en insultos cotidianos. La mudanza me lleva a mi propia mudanza de maleta hecha para partir, de paquetes infinitos, de bolsas a guardar por si acaso cuando regresemos; cuando regresemos estar\u00e1 la lucha, la victoria, la solidaridad y la libertad de un sue\u00f1o hoy derrumbado y traicionado.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La poes\u00eda de Mijail quema, seduce, interpela, acusa y complica. Invita a sumergirse. Reconozco la idea proveniente del arresto, del acta judicial, de la novedad insoportable que lleva a pensar en construir un mu\u00f1eco que sea gemelo de la vida, que se presente ante los dem\u00e1s, que baile y sonr\u00eda, que firme y convenza, que asegure seriedad y responsabilidad. Que rompa al cuerpo\u2013c\u00e1rcel, que se desnude hasta m\u00e1s no poder y que se deje esposar manos atr\u00e1s mientras Johan observa tras la pared, all\u00ed donde la casa se reduce a la pieza, la cama, el rinc\u00f3n o el amor en cuyos brazos se busca morir. O al cuarto de los sobrinos que r\u00eden de tanta dificultad por repartir la pieza. Somos trece, me dec\u00eda el chico haitiano mir\u00e1ndome, mientras yo observaba de reojo los metros compartidos entre familia y amigos reci\u00e9n llegados. \u201cPase\u201d, me dec\u00eda, y la invitaci\u00f3n era dolor que pellizcaba este cuerpo para sentir la rabia y la tristeza enganchadas, sin poder hacer nada m\u00e1s que imaginar lo que se podr\u00eda hacer cuando se viv\u00eda obligadamente de ese modo. Johan me invita, me empuja a seguir pensando y aprendiendo en esta supervivencia del Otro que intento entender desde este estado, este gobierno, esta sociedad y su producci\u00f3n de crueldad.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cTengo muchas preguntas: \u00bfEs esta mi casa? \u00bfQui\u00e9n la construy\u00f3? \u00bfFormas parte de mi casa? Pero mi casa\u2013olas. Universo: pasar de lo particular a lo universal, mientras se sigue siendo Caribe. Reflexiono en estos a\u00f1os jugando a ser un ser individual, reflexiono las calles, la ciudad de Santo Domingo. Casi muero, casi no vuelvo una noche a mi cama, casi descubro el amor, casi se me arma un trabalenguas entre la palabra palabra y el paladar. Casi no veo. Necesito m\u00e1s luz, luz verde, un sem\u00e1foro. \u00bfCu\u00e1ndo vas a contestarme el tel\u00e9fono? \u00bfCu\u00e1ndo dejar\u00e1s de hablarme en ingl\u00e9s? \u00bfCu\u00e1ndo me dar\u00e1s la oportunidad de dejar de ser esclavo y ser amo? Dios est\u00e1 siempre sentado en una silla y lo estar\u00e1 hasta que vuelva y ponga todo en su sitio: sitio\u2013universo, sitio\u2013espacio, sitio\u2013lugar, sitio\u2013casa. \u00bfEntiendes ahora mi dolor?\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mijail construye una isla que tiene poderes, dice. Le creo, y son tal vez sus poderes que han logrado aminorar la pena que siente cuando est\u00e1 sola. Una isla con espacios y tiempos y cuerpos distintos donde a los muertos enterrados en pleno sol en este lado del mundo, en esta isla larga que, aunque fr\u00eda y algo mentirosa, tiene condiciones para conseguir que los muertos aparezcan de vez en cuando, para mostrar la historia de maldad y crueldad que busca ocultarse. Porque los terremotos remueven los muertos y asustan a los vivos. El tiempo, dice Mijail, es un im\u00e1n en esta vida de metal. Si nos despegamos tal vez podamos salir de su c\u00e1rcel y vivir un poco m\u00e1s sin temer lo que despu\u00e9s ocurra. \u00c9l podr\u00e1 ser la Marilyn y nosotros los que busquemos los cuerpos malditos que el poder ha destruido en nombre de la raza, del dinero, de la juventud, pero principalmente de la democracia que separa para existir.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Me quedo pegada en el libro. En la posibilidad de leerlo como quiera. De no sentirme obligada a seguir un orden porque orden creo que no tiene. Muchas gracias, Mijail, por invitarme esta noche y sacarme de lo bello para dejarme plantada en lo sublime.<\/p>\n<p><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sub>\u2013\u2013\u2013<\/sub><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>* Este texto fue le\u00eddo en la presentaci\u00f3n de Pordioseros del Caribe (Editorial Desbordes, 2014) de Johan Mijail, durante noviembre de 2017 en la Feria Internacional del Libro de Santiago.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>[Portada] Fotograf\u00eda de Mar\u00eda Elena Sep\u00falveda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo blanco es lo bello. 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