{"id":5761,"date":"2017-12-04T03:28:51","date_gmt":"2017-12-04T03:28:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=5761"},"modified":"2018-01-02T16:03:57","modified_gmt":"2018-01-02T16:03:57","slug":"kutral-memorias-y-poeticas-a-20-anos-de-lumaco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/12\/04\/kutral-memorias-y-poeticas-a-20-anos-de-lumaco\/","title":{"rendered":"Kutral: memorias y po\u00e9ticas a 20 a\u00f1os de Lumaco"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\">\u00a0<\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Claudio Alvarado Lincopi<\/strong><\/h6>\n<p class=\"align-right\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup>\u201c\u00a1jam\u00e1s el fuego nunca<\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup>jug\u00f3 mejor su rol de fr\u00edo muerto!\u201d<\/sup><\/h6>\n<h6 style=\"text-align: right;\"><sup>C\u00e9sar Vallejo<\/sup><\/h6>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En diciembre de 1997 las llamas hicieron visible lo invisible. Una herida olvidada de la historia patria, tan blanca y patricia desde su fundaci\u00f3n, emerg\u00eda desde el fuego. La morenidad mapuche, negada y despreciada desde el Chile decimon\u00f3nico, encontraba su torrente p\u00fablico mediante las llamaradas que incendiaban tres camiones en Lumaco. Por supuesto, los de arriba, como tantas veces, alzaron sus voces aristocr\u00e1ticas para apagar con la bencina de la represi\u00f3n la profundidad hist\u00f3rica de ese <em>kutral<\/em>. Es que los camiones ardiendo una noche de fin de primavera en Lumaco son un hito de fractura del devenir mapuche que nos permite narrar la continuidad de las violencias coloniales en Wallmapu, desnudadas por estas llamas redentoras, as\u00ed como nos provee tambi\u00e9n la suficiente luminosidad para dar cuenta del derrotero reflexivo de una naci\u00f3n en emergencia. Porque despu\u00e9s de 1997 es imposible el silencio.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Kutral<\/em> es fuego, el llamador de la memoria y la destrucci\u00f3n posible. Un descubrimiento que habita los l\u00edmites de la vida y la muerte, de la destrucci\u00f3n y el renacimiento, que tanto borra como devela, es decir: un habitante m\u00e1s de la frontera. Por cierto, en la po\u00e9tica mapuche el <em>kutral<\/em> tiene un lugar imprescindible, habla de dolores y dignidades, de olvidos, silencios y reminiscencias. Y quiz\u00e1s por la condici\u00f3n pol\u00edtica de la poes\u00eda mapuche \u2013porque todo gesto del colonizado es un gesto pol\u00edtico\u2013 este kutral po\u00e9tico ha tenido su sitio en el quehacer de la emergencia p\u00fablica del pueblo mapuche. Porque poes\u00eda y coyuntura, creaci\u00f3n y tragedia, se han confundido durante las \u00faltimas d\u00e9cadas, gestando palabras y quehaceres, como llamaradas que calibran nuestras visiones sobre el pasado y reabren las heridas para observarlas en su dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda. Todo para agitar la historia oficial de la naci\u00f3n nobiliaria, con la intenci\u00f3n de germinar nuevos horizontes, manchados de indio, de morenidad incandescente, de viva gestaci\u00f3n champurrea. En ello, insistimos, ha estado el fuego po\u00e9tico y pol\u00edtico para hacer arder la memoria o quemar el silencio, que son dos caminos de rotundas hermandades contra la negaci\u00f3n de la vida mapuche; dos caminos que trenzados hablan de la porf\u00eda del fuego, ya sea como fr\u00edo muerto o ardiente vida. Porque, como dice Luis C\u00e1rcamo\u2013Huechante, \u201cvivimos en medio de las llamas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4><strong>Arder la memoria como fr\u00edo muerto<\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las llamas transforman, pueden volver ceniza lo construido, quemar lo que se presenta perdurable. La sociedad mapuche algo sabe de esto. Los \u00faltimos 150 a\u00f1os de historia han estado marcados por las llamaradas incandescentes de un pasado que mantiene su sustancia casi inalterable: el colonialismo es un fuego ardiendo. Quiz\u00e1s por ello \u201cla marca del indio\u201d lleva ese nombre, una cicatriz construida desde la quemadura corporal, grabada por el calor de la fricci\u00f3n, la g\u00e9nesis del fuego.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es que el despojo territorial desarrollado en la segunda mitad del siglo XIX por el Estado de Chile reinaugur\u00f3 los dolores coloniales, inst\u00f3 el desarrollo sistem\u00e1tico de jerarqu\u00edas raciales que han definido el lugar del indio bajo la bota de la oligarqu\u00eda colonial en Wallmapu. Las llamas, por cierto, fueron otro instrumento en este proceso de ocupaci\u00f3n. Un artefacto m\u00e1s entre las m\u00faltiples violencias gestadas por el colonialismo chileno. Las <em>rukas<\/em> en llamas, tristemente, no son parte de la fantas\u00eda argumental del movimiento mapuche, sino que fueron una realidad de la ocupaci\u00f3n que pesa sobre la memoria de las actuales generaciones. Adem\u00e1s, hablan sobre la densidad del proceso, ya que extinguir la presencia del colonizado es una prerrogativa en toda gesta colonial: volver ceniza el territorio \u00edntimo del despojado para instalar sobre ella la arquitectura remozada de la quimera euroc\u00e9ntrica del colonizador. Son tantas las memorias donde el fuego tiene un lugar de pesadumbre y dolor. Si no me cree, preg\u00fantele al poeta Lienlaf de qu\u00e9 voces extrajo la vehemencia de las l\u00e1grimas cuando dice:\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Bajan gritando<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 ellos sobre los campos<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 silbando por los esteros<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 corro a ver a mi gente<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 a mi sangre<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 pero ya est\u00e1n tendidos<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 sobre el suelo<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 sobre ellos pasan los huincas<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 hiriendo de muerte la tierra<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 dividiendo mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entr\u00e9 en busca de mi calor<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A mi casa ardiendo<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Brot\u00f3 el estero de mis l\u00e1grimas lloviendo sobre mis pies<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ustedes \u00bfentienden mis l\u00e1grimas?<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Escuchen al aire explicarlas<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Est\u00e1n pasando los a\u00f1os,<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Est\u00e1n pasando los nidos \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sobre el fuego<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Est\u00e1 pasando la tierra \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y ya me estoy perdiendo entre las palabras<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Escuchen hablar a mis l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Las llamas, el fuego y la quemadura son tambi\u00e9n gestoras de la perdurable cicatriz que ha definido la deshumanizaci\u00f3n de las vidas mapuche. En 1914, por ejemplo, un hierro ardiente, calentado sobre fuego para quemar el cuerpo indio, fue el instrumento que marc\u00f3 la carne del pe\u00f1i Painemal, despojando su vida de toda humanidad. Porque el despojo no fue de la tierra \u00fanicamente, sino que tambi\u00e9n se extirp\u00f3 la posibilidad de lo humano. El colonialismo chileno inferioriz\u00f3 los cuerpos y saberes mapuche, los marc\u00f3 como objetos de explotaci\u00f3n y desprecio, como el lastre para el desarrollo civilizatorio de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El hierro ardiendo sobre la piel morena de Painemal es lamentablemente un gesto de incontrolable presente. Desde la edificaci\u00f3n de la patria blanca y burguesa, \u201clo indio\u201d ha constituido una p\u00e1gina en llamas de la historia oficial, el lugar de lo no humano donde el racismo hace lo suyo para infligir la quemadura que perdura como el peso de la noche. Un peso que no cesa, que logra desangrar en completa impunidad. All\u00ed est\u00e1n las vidas deshojadas de Alex Lem\u00fan, de Mat\u00edas Catrileo, de Jaime Mendoza Coll\u00edo, de Luis Marileo y de tantos otros, completamente en llamas, ardiendo en la memoria subterr\u00e1nea de un pueblo. Porque si sus vidas pudieron ser quemadas sin penas para los asesinos, develando que en Chile hay vidas que no importan, lo perdurable de sus biograf\u00edas se encuentra en el recuerdo latente del movimiento mapuche: en el kutral de la memoria.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Porque el fuego \u2013y he aqu\u00ed su tensi\u00f3n permanente\u2013 puede transformar la materia en ceniza y humo, es decir, en muerte y sue\u00f1o. \u201cRecuerda siempre que, en el universo de la naturaleza, los sue\u00f1os se convierten en realidad. La lluvia es el sue\u00f1o del agua. El humo es el sue\u00f1o del fuego\u201d, nos dice Elicura Chihuailaf, dado que las llamas pueden jugar mejor tanto su rol de fr\u00edo muerto como ser el principio del fog\u00f3n, \u201cs\u00edmbolo que arde en medio de este soliloquio, compilaci\u00f3n, o como desee usted llamarlo. Tal vez, un recado confidencial\u201d que viene ungiendo el pueblo mapuche para que \u2013como insiste siempre Chihuailaf\u2013 la chilenidad reconozca su hermosa morenidad.\u00a0<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h4><strong>Quemar el silencio como ardiente vida<\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Mauricio Waikilao es poeta, un escritor de la rabia y los sue\u00f1os de un pueblo que el a\u00f1o 2009 fue detenido bajo el amparo de la ley antiterrorista. En la c\u00e1rcel, junto con una treintena de presos pol\u00edticos mapuche, realiz\u00f3 una huelga de hambre que marcar\u00e1 a fuego la historia del bicentenario chileno. Cuando pasen los a\u00f1os, las d\u00e9cadas y los siglos, no se podr\u00e1 contar las celebraciones de los 200 a\u00f1os patri\u00f3ticos sin nombrar las oscuridades de la fiesta nacional, materializada en esos cuerpos mapuche hambrientos de justicia. Waikilao era uno de ellos, y el a\u00f1o 2011 public\u00f3 su libro <em>Bit\u00e1cora guerrillera<\/em>, donde escrib\u00eda: \u201cEn mi ni\u00f1ez el hambre era una vocecita que robaba el pan a mis compa\u00f1eros de curso [\u2026] Casi me convencen de que el hambre era un regalo de Dios que hab\u00eda que padecer con entusiasmo para ganarse el cielo\u201d. Un poeta y preso pol\u00edtico mapuche reflexionando sobre el hambre despu\u00e9s de una huelga de hambre, para decir que el hambre siempre estuvo all\u00ed y que incluso fue la que impuls\u00f3 la rabia y las ganas de transformarlo todo: \u201cLa consciencia me la despert\u00f3 el hambre de otros. Recib\u00ed una orden del llanto de esa viejita saliendo del negocio del gringo, con su bolsa vac\u00eda, y me enrol\u00e9 en esta guerrilla del pensamiento incorregible\u201d. Porque finalmente fueron d\u00e9cadas, m\u00e1s de un siglo de penas acumuladas, de hambre y empobrecimiento, de desprecio y racismo de una chilenidad que coloniz\u00f3 la tierra y las vidas mapuche. Entonces nada de raro: \u00bfpor qu\u00e9 se sorprenden? Es que s\u00f3lo los mojigatos y embusteros pudieron poner cara de asombro cuando los tres camiones ard\u00edan en el Lumaco de 1997. All\u00ed estaba en llamas la memoria del fog\u00f3n, porque como dice el mismo Waikilao: \u201cNunca olviden que la sangre que pisotearon se levant\u00f3 chorreando fuego en Lumako. Y ahora marcha en nuestras venas\u201d.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tantos olvidos intencionados, tantos dolores, tantos menosprecios. En nuestra historia reciente, las periferias de la patria neoliberal debieron guardar la voz para alimentar la imagen del jaguar latinoamericano, tan pintado de gringo, tan jaspeado de primermundista, tan falto de tierra india. Quiz\u00e1s s\u00f3lo los poetas cantaban despacito las chispas de futuros fuegos. Porque de alguna manera el aviso de incendio estaba contenido en el canto de Lienlaf cuando dec\u00eda en 1989: \u201cVolver\u00e9 a decir que estoy vivo, que estoy cantando\u00a0cerca de una vertiente \u00a1Vertiente de sangre!\u201d. Lienlaf, nacido en 1969 en Alepue, cerca de San Jos\u00e9 de la Mariquina, territorio williche, sintetiz\u00f3 con su po\u00e9tica una emergencia mapuche que hizo p\u00fablico el torrente de vida denegado por la chilenidad oficial. Su premiado texto llamado <em>Se ha despertado el ave de mi coraz\u00f3n <\/em>fue una tierna y poderosa embestida de pasados y presentes magullados por el desprecio y la negaci\u00f3n, que llenaron de sangre las vertientes desde donde se canta con rabia y ternura. De alguna manera, ese primer texto de amplia resonancia p\u00fablica fue el primer aviso de incendio.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de diciembre de 1997, dec\u00edamos, es imposible guardar silencio. Es curioso c\u00f3mo el fuego devela e ilumina, as\u00ed como destruye. Los zapatistas, en el sudeste mexicano, dicen que se taparon el rostro para que los pudiesen ver. Fue el desacato representado en la capucha lo que los hizo visibles. En Chile ese s\u00edmbolo fue el fuego.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Llamaradas de letras se han abierto despu\u00e9s de Lumaco. Primero, por supuesto, hacerse entender. El fuego fue la luz que ilumin\u00f3 la cara india, esa morenidad que aguardaba en las tinieblas de la historia. Pero era imprescindible relatar con detalle cada llamarada, y justamente ah\u00ed recae la labor mayor del <em>Recado confidencial a los chilenos<\/em> de Elicura Chihuailaf. Una prosa y ensayo po\u00e9tico para narrar con ternura la rabia acumulada, para volver inteligible los camiones en llamas. Despu\u00e9s, una vez explicado, el recomponernos. La luminosidad del fuego permiti\u00f3 ver sin eufemismos el rostro del colonizado y el colonizador. Y vista la verdad es imposible ser los mismos. Se hace urgente la descolonizaci\u00f3n, intentar zafarnos lo m\u00e1s posible del yugo de los a\u00f1os atrapados. Roxana Miranda Rupailaf, en los primeros a\u00f1os del 2000, se confiesa pecadora y busca desatarse: \u201cConfieso que le he robado el alma al coraz\u00f3n de Cristo. Confieso que me com\u00ed todas las manzanas y que suspiro tres veces al encenderse la luna [\u2026] que he pecado de pensamiento, palabra y omisi\u00f3n. Y confieso que no me arrepiento\u201d. La recomposici\u00f3n de un pueblo colonizado implica desatar el pensamiento, librarse lo m\u00e1s posible de los elementos que fueron yugo y dolor.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Ahora bien, este desate, cuando busca ser literatura, quema. Convierte en llamas la misma percepci\u00f3n del nosotros. Porque la luminosidad del fuego permite vernos el rostro en toda su dimensi\u00f3n. Ver los surcos, las cicatrices, los fluidos. Las llamas de 1997 no s\u00f3lo cambiaron la relaci\u00f3n entre las partes en conflicto, profundizando di\u00e1logos y enfrentamientos, sino que tambi\u00e9n quemaron nuestra aparente homogeneidad. Es que ning\u00fan pueblo en proceso de desalambrar la historia queda inc\u00f3lume. En el andar se despiertan nuevas ruinas. Los grises buscan su lugar en la llamarada. En 2005, Paulo Huirimilla descoloniza la sujeci\u00f3n y al sujeto, nos dice:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Yo cazador recolector urbano de chaqueta e&#8217; cuero<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hablo tartamudo por los muertos de mis antepasados<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Con el ce\u00f1o partido<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Parco de palabra se me ha perdido el carnet de identidad<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Miro a los g\u00e1ngster que nos buscan en el sue\u00f1o<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por cortar el gas de los eucaliptos<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y encender fuego con velas de mamita virgen.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tal como Rupailaf, Huirimilla deviene pecador confeso, quemando el \u00e1rbol del extractivismo neoliberal, el eucalipto, con el fuego de la vela santa. Pero el sujeto en el andar no queda inc\u00f3lume, pierde su carnet de identidad y se vuelve un barroquismo de pasados y presentes, entre urbano y rural, un cazador recolector con chaqueta e&#8217; cuero. Quiz\u00e1s, quien extrema este desate interno, con llamas que queman esencias momificadas, es el poeta David A\u00f1i\u00f1ir Guilitraro, cuando nos entrega palabras como un torrente que no cuaja, un desborde permanente, un eterno incendio donde el retrato de una ciudad manchada de indio y un cuerpo mapuche manchado de urbe son las cenizas y la combusti\u00f3n de un parto perpetuo: lo mapurbe.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Somos mapuche de hormig\u00f3n\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Debajo del asfalto duerme nuestra madre<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Explotada por un cabr\u00f3n<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Somos hijos de los hijos de los hijos\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Somos los nietos de Lautaro tomando la micro\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Para servirle a los ricos\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Somos parientes del sol y del trueno\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lloviendo sobre la tierra apu\u00f1alada<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La l\u00e1grima negra del Mapocho<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nos acompa\u00f1\u00f3 por siempre\u00a0 \u00a0<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En este santiagoniko wekufe maloliente.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Lumaco sigue ardiendo. Es un fuego alimentado por los quehaceres y reflexiones de las actuales generaciones mapuche, que beben toda la pasi\u00f3n, todo el dolor de pasados arrancados a la muerte. Desde 1997 se viene quemando el silencio. Los poetas han estado presentes, como otra espesa coyuntura, en un proceso de descolonizaci\u00f3n que es territorial, pol\u00edtico y epist\u00e9mico. Por cierto, luego de Lumaco nada es igual, no hay vuelta atr\u00e1s. Hemos atravesado el punto de no retorno. Es por ello que las po\u00e9ticas mapuche se bifurcan, no encuentran un camino por donde retornar, todo es nuevo, todo es impugnable. Despu\u00e9s de los tres camiones ardiendo en el ep\u00edlogo de Lumaco de 1997 todo es creaci\u00f3n.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sup>\u2013\u2013\u2013<\/sup><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sup>Claudio Alvarado Lincopi forma parte de la Comunidad de Historia Mapuche.<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La luminosidad del fuego permiti\u00f3 ver sin eufemismos el rostro del colonizado y el colonizador. Y vista la verdad, es imposible ser los mismos. <\/p>\n","protected":false},"author":95,"featured_media":5767,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[761,763,760,762,204,764],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-5761","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-piel-negra-mascaras-blancas","tag-cam","tag-claudio-alvarado-lincopi","tag-comunidad-de-historia-mapuche","tag-lumaco","tag-poesia-mapuche","tag-resistencia-mapuche"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5761","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/95"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5761"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5761\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5767"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5761"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5761"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5761"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=5761"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=5761"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}