{"id":5796,"date":"2017-12-20T03:11:33","date_gmt":"2017-12-20T03:11:33","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=5796"},"modified":"2018-01-02T16:03:04","modified_gmt":"2018-01-02T16:03:04","slug":"el-primer-presidente-blanco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2017\/12\/20\/el-primer-presidente-blanco\/","title":{"rendered":"El primer presidente blanco"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>\/ por Ta<\/strong>\u2013<strong>Nehisi Coates<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Traducci\u00f3n por \u00d3scar Pimienta<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"align-right\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es insuficiente declarar lo obvio sobre Donald Trump: que es un hombre blanco y que no ser\u00eda presidente si no fuera por este hecho. Con una excepci\u00f3n inmediata, los predecesores de Trump llegaron hasta altos cargos a trav\u00e9s del poder pasivo de la blanquitud, aquella herencia sangrienta que, si bien no puede asegurar el dominio de todo evento, puede conjurar el empuje definitivo hacia su concreci\u00f3n. El robo territorial y el pillaje humano despejaron el suelo para los antepasados de Trump, bloque\u00e1ndolo para los que vendr\u00edan. Una vez en el campo, esos hombres se hicieron soldados, estadistas y eruditos; hicieron gala en Par\u00eds; presidieron en Princeton; avanzaron hacia la Naturaleza y luego hacia la Casa Blanca. Sus triunfos individuales dieron la impresi\u00f3n de que esta fiesta exclusiva estaba por encima de los pecados fundacionales de Estados Unidos, y se olvidaron de que los primeros en realidad est\u00e1n vinculados a los \u00faltimos, y que todas las victorias logradas las hab\u00edan obtenido sobre un campo despejado de obst\u00e1culos. Ning\u00fan tipo de separaci\u00f3n elegante con aquella simiente puede atribuirse a Donald Trump, un presidente que, m\u00e1s que cualquier otro, ha explicitado esta terrible herencia.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Su carrera pol\u00edtica empez\u00f3 al defender el <em>birtherism<\/em>, aquella refundaci\u00f3n del antiguo principio estadounidense en que los negros no son aptos para ser ciudadanos del pa\u00eds que construyeron. Pero mucho antes del <em>birtherism<\/em>, Trump hab\u00eda expuesto su visi\u00f3n del mundo. Pele\u00f3 por mantener a los negros fuera de sus edificios, seg\u00fan registros del gobierno estadounidense; pidi\u00f3 la pena de muerte para los \u201cCentral Park Five\u201d, eventualmente exonerados; y clam\u00f3 contra la \u201cflojera\u201d de los empleados negros. \u201c\u00a1Negros contando mi dinero! Me carga\u201d, dijo una vez. \u201cEl \u00fanico tipo de persona en que conf\u00edo para que me cuente el dinero son unos hombrecitos que se ponen una kip\u00e1 todos los d\u00edas\u201d. Despu\u00e9s de que su camarilla de conspiradores oblig\u00f3 a Barack Obama a presentar su certificado de nacimiento, Trump exigi\u00f3 las notas universitarias del presidente (ofreciendo US$ 5 millones a cambio), insistiendo que Obama no era lo suficientemente inteligente para haber asistido a una universidad <em>Ivy League<\/em>, y que su aclamado libro de memorias, <em>Dreams From My Father<\/em>, lo hab\u00eda escrito un hombre blanco, Bill Ayers.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Se dice con frecuencia que Trump no tiene ninguna ideolog\u00eda verdadera, lo que no es verdad: su ideolog\u00eda es la supremac\u00eda blanca, con todo su poder truculento y farisaico. Trump inaugur\u00f3 su campa\u00f1a echando mano a la met\u00e1fora del defensor de la doncellez blanca frente a los \u201cvioladores\u201d mexicanos, para luego ser acusado por m\u00faltiples mujeres de abuso sexual, cargo que lejos de incomodarlo pareci\u00f3 enorgullecer su estampa de fr\u00edvolo magnate. Y es que la supremac\u00eda blanca siempre ha tenido un perverso tinte sexual. El ascenso de Trump estuvo guiado por Steve Bannon, un hombre que se burla de los hombres blancos que lo critican, dici\u00e9ndoles \u201ccucks\u201d. La palabra, derivada de <em>cuckold<\/em>, espec\u00edficamente busca degradar a trav\u00e9s del miedo y la fantas\u00eda: el receptor del escarnio se supone tan d\u00e9bil que se rendir\u00eda a la humillaci\u00f3n de que su esposa blanca se acueste con negros. Es a todas luces un insulto que representa al hombre blanco como una v\u00edctima. Su utilizaci\u00f3n se alinea con los principios de la blanquitud, que buscan transmutar los pecados m\u00e1s nefastos de la idiosincrasia estadounidense en virtudes. As\u00ed fue cuando los esclavistas de Virginia aseguraron que Gran Breta\u00f1a quer\u00eda transformarlos en esclavos. As\u00ed fue cuando los merodeadores del <em>Klan<\/em> se organizaron contra supuestas violaciones y otras atrocidades. As\u00ed fue cuando un candidato pidi\u00f3 a un poder extranjero que <em>hackeara<\/em> el correo de su contendiente y que, ahora como presidente, alega ser la v\u00edctima de \u201cla m\u00e1s grande caza de brujas de un pol\u00edtico en la historia de Estados Unidos\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Para Trump, la blanquitud no es conceptual ni simb\u00f3lica, es m\u00e1s bien el meollo mismo de su poder. En esto no es una excepci\u00f3n, pero mientras sus antepasados llevaban la blanquitud como un talism\u00e1n ancestral, Trump abri\u00f3 el amuleto, soltando sus energ\u00edas alien\u00edgenas. Las repercusiones son impresionantes: Trump es el primer presidente en no haber servido en ning\u00fan cargo p\u00fablico antes de ascender a la primera magistratura. Pero m\u00e1s revelador a\u00fan, Trump es tambi\u00e9n el primer presidente en haber afirmado p\u00fablicamente que su hija tiene un \u201cpedazo de culo\u201d. Es estremecedor imaginar a un hombre negro elogiar las virtudes de un ataque sexual en una grabaci\u00f3n de voz (\u201cCuando eres una estrella, te dejan hacerlo\u201d), esquivar las m\u00faltiples acusaciones de aquellos asaltos, estar inmerso en m\u00faltiples litigios legales por supuestos negocios fraudulentos, exhortar a sus seguidores a la violencia y luego pasear indemne hacia la Casa Blanca. Pero ese es el punto de la supremac\u00eda blanca: asegurar que aquello logrado por todos los dem\u00e1s con el m\u00e1ximo esfuerzo sea logrado por la gente blanca (particularmente los hombres blancos) con cualificaciones m\u00ednimas. Barack Obama entreg\u00f3 a los negros el viejo mensaje de que, si trabajan el doble que los blancos, cualquier cosa que se propusieran podr\u00edan lograrla. Pero la r\u00e9plica de Trump es persuasiva: trabajen menos de la mitad que la gente negra y podr\u00e1n conseguir a\u00fan m\u00e1s de lo que se propongan.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Pareciera que la figura misma de Obama \u2013es decir, la de un presidente negro\u2013 insult\u00f3 personalmente a Trump. El insulto se intensific\u00f3 cuando Obama y Seth Meyers lo humillaron p\u00fablicamente en la Cena de Periodistas de la Casa Blanca en 2011. Pero la herencia sangrienta se reserva la \u00faltima risa. Reemplazar a Obama no basta: Trump transform\u00f3 la negaci\u00f3n de su legado en la fundaci\u00f3n del suyo. Y esto tambi\u00e9n es la blanquitud. \u201cLa raza es una idea, no un hecho\u201d, ha escrito el historiador Nell Irvin Painter y, un elemento fundamental en la construcci\u00f3n de la \u201craza blanca\u201d es la idea de no ser un <em>nigger<\/em>. Antes de Barack Obama, los <em>niggers<\/em> se pod\u00edan manufacturar en los Sister Souljah, los Willie Horton y los Dusky Sally. Pero la presidencia de Donald Trump arrib\u00f3 en la estela de algo mucho m\u00e1s potente: una presidencia completamente <em>nigger<\/em>, con una cobertura de salud para <em>niggers<\/em>, acuerdos clim\u00e1ticos para <em>niggers<\/em> y reforma judicial para <em>niggers<\/em>, amenazando de esta manera la idea de ser blanco. Trump es realmente algo nuevo: se trata del primer presidente cuya completa existencia pol\u00edtica gira en torno a un presidente negro. Y entonces, no bastar\u00e1 con decir que Trump es un hombre blanco, como todos los dem\u00e1s, que escal\u00f3 para convertirse en presidente. Su periodo debe nombrarse por su t\u00edtulo leg\u00edtimo: el primer presidente blanco.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El alcance del compromiso que Trump tiene con la blanquitud s\u00f3lo se empareja con el profundo recelo respecto al poder de la blanquitud. Ahora se dice que el apoyo a su \u201cProhibici\u00f3n de musulmanes\u201d, su constante uso de inmigrantes como chivo expiatorio, su defensa a la brutalidad policial son de alguna manera el brote natural de la brecha econ\u00f3mica entre los Estados Unidos de Lena Dunham y el de Jeff Foxworthy. El veredicto colectivo sostiene que el Partido Dem\u00f3crata perdi\u00f3 su camino cuando abandon\u00f3 los temas econ\u00f3micos cotidianos, como la creaci\u00f3n de empleos, dando m\u00e1s importancia a la justicia social. La acusaci\u00f3n contin\u00faa: a sus pol\u00edticas econ\u00f3micas neoliberales, los dem\u00f3cratas y los liberales han agregado un sentimiento elitista y condescendiente que desde\u00f1a la cultura trabajadora y ridiculiza al hombre blanco como el monstruo m\u00e1s grande de la historia y el bobo m\u00e1s grande de la televisi\u00f3n en hora punta. En esta rendici\u00f3n, Donald Trump no es tanto el producto de la supremac\u00eda blanca como lo es de un contragolpe ante el desprecio por la gente blanca trabajadora.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El foco en un subsector de personas que votaron por Trump \u2013la clase trabajadora blanca\u2013 es confuso, dada la amplitud de su coalici\u00f3n. Efectivamente, se monta una especie de teatro en el cual la presidencia de Trump se vende como el producto de la clase obrera blanca en vez de un producto surgido de la blanquitud que incluye a los mismos actores que la venden. El motivo est\u00e1 claro: el escapismo. Aceptar que la herencia sangrienta se mantiene potente hasta ahora, unas cinco d\u00e9cadas despu\u00e9s de que balearon a Martin Luther King Jr. en un balc\u00f3n de Memphis \u2013incluso despu\u00e9s de que un presidente negro llegara a la casa blanca\u2013 es aceptar que el racismo se mantiene, como ha sido desde 1776, en el centro de la vida pol\u00edtica de este pa\u00eds. La idea de aceptar este hecho frustra a los liberales. Ellos preferir\u00edan tener una discusi\u00f3n sobre los antagonismos de clases, que quiz\u00e1s atraer\u00eda a las masas trabajadoras blancas, en vez de tenerla sobre la lucha de razas de la que esas mismas masas han sido hist\u00f3ricamente agentes y beneficiarios. Adem\u00e1s, aceptar que la blanquitud nos condujo a Donald Trump, es aceptar a la blanquitud como una amenaza existencial para el pa\u00eds y para el mundo. Pero si el amplio y extraordinario apoyo blanco a Donald Trump puede ser reducido a la virtuosa rabia de una clase noble de bomberos y evang\u00e9licos pueblerinos, cansados de las burlas de h\u00edpsters en Brooklyn, y profesoras feministas, entonces la amenaza del racismo y la blanquitud, la amenaza de la herencia, puede ser descartada. Las conciencias pueden descansar; no se requiere mayor reflexi\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esta transfiguraci\u00f3n no es nueva. Es un retorno a la forma. La estrecha relaci\u00f3n entre la historia de los blancos trabajadores y los negros americanos remonta a la prehistoria de los Estados Unidos: y el uso de unos como el garrote que silencia los reclamos de los otros remonta casi igual de lejos. Como la clase trabajadora negra, la clase trabajadora blanca se origin\u00f3 dentro de labores asociadas a la servidumbre: la primera bajo la subordinaci\u00f3n vitalicia que impuso la esclavitud, la segunda en la servidumbre temporaria a contrata. A comienzos del siglo XVII, estas dos clases estaban sorprendentemente, aunque no totalmente, libres de enemistad racista. Pero llegado el siglo XVIII, la clase dominante del pa\u00eds hab\u00eda empezado a tallar la raza dentro de la ley al tiempo que eliminaba gradualmente la servidumbre a contrata a favor de una soluci\u00f3n m\u00e1s duradera para el problema de la mano de obra. De estos y otros cambios legales y econ\u00f3micos emergi\u00f3 un acuerdo: los descendientes de la servidumbre a contrata disfrutar\u00edan de todos los beneficios de la blanquitud, del cual el m\u00e1s b\u00e1sico era que nunca descender\u00edan al nivel de un esclavo. Pero si el acuerdo proteg\u00eda a los trabajadores blancos de la esclavitud, no los proteg\u00eda de salarios casi esclavos ni del trabajo agotador para mantenerlos, y siempre lat\u00eda el miedo de que sus beneficios fueran revocados. Esta temprana clase trabajadora \u201cexpres\u00f3 crecientes deseos de deshacerse de las milenarias inequidades de Europa y de cualquier atisbo de la esclavitud\u201d, seg\u00fan David R. Roediger, un profesor de Estudios Americanos de la Universidad de Kansas. \u201cTambi\u00e9n expresaron el af\u00e1n de simplemente no ser confundidos con esclavos, o <em>negers<\/em> o <em>negurs<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Es as\u00ed que George Fitzhugh, un notorio intelectual sure\u00f1o y pro\u2013esclavista del siglo XIX, pod\u00eda condenar de un plumazo la explotaci\u00f3n laboral de los blancos libres al tiempo que defend\u00eda la explotaci\u00f3n laboral de los negros. Fitzhugh acus\u00f3 a los capitalistas blancos de ser \u201ccan\u00edbales\u201d que se alimentaban de sus compatriotas blancos. Los trabajadores blancos eran \u201c\u00abesclavos sin amos\u00bb; los peque\u00f1os peces, que eran el alimento para todos los peces gordos\u201d. Fitzhugh arremet\u00eda contra el \u201chombre profesional\u201d, quien hab\u00eda \u201cacumulado una fortuna\u201d, de explotar a sus compatriotas blancos. Pero mientras Fitzhugh imaginaba que el capital devoraba a los trabajadores blancos, imaginaba que la esclavizaci\u00f3n beneficiaba a los negros. El esclavista \u201clos cuidaba, con un afecto casi paternal\u201d \u2013incluso cuando el esclavo holgaz\u00e1n \u201cfing\u00eda no ser apto para el trabajo\u201d. Fitzhugh se demostr\u00f3 demasiado expl\u00edcito, rebasando los l\u00edmites al argumentar que quiz\u00e1s fuera mejor esclavizar a los trabajadores blancos (\u201cSi la esclavitud blanca es moralmente incorrecta \u2013escribi\u00f3\u2013 entonces la Biblia no puede ser verdad\u201d). No obstante, el argumento de que el pecado original de Estados Unidos no era una arraigada supremac\u00eda blanca, sino la explotaci\u00f3n laboral de los blancos por capitalistas blancos \u2013\u201cesclavitud blanca\u201d\u2013 se comprob\u00f3 duradero. Efectivamente, el p\u00e1nico de la esclavitud blanca sobrevive hoy en nuestra pol\u00edtica. Los trabajadores negros sufren porque era y contin\u00faa siendo nuestro destino. Pero cuando sufren los trabajadores blancos algo de la naturaleza se ha malogrado. En los diarios, surgen columnas emp\u00e1ticas y notas sobre la situaci\u00f3n de la clase trabajadora blanca cuando su esperanza de vida cae a niveles que, para los negros, la sociedad simplemente ha aceptado como normales. La esclavitud blanca es un pecado. La esclavitud de <em>niggers<\/em> es natural. Esta din\u00e1mica sirve a un prop\u00f3sito muy real: consistentemente otorga el derecho a reclamar con plena autoridad moral a aquella clase trabajadora que, por los lazos de la blanquitud, est\u00e1 parada m\u00e1s cerca de la clase aristocr\u00e1tica estadounidense.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esta estructura corresponde a un calculado dise\u00f1o. Hablando en 1848, el senador John C. Calhoun ve\u00eda la esclavitud como la fundaci\u00f3n expl\u00edcita para una uni\u00f3n democr\u00e1tica entre los blancos, trabajadores o no: \u201cEn nosotros las dos grandes divisiones de la sociedad no son de los ricos y los pobres, sino la de los blancos y los negros; y todos los anteriores, tanto pobres como ricos, pertenecen a la clase alta, y se respetan y se tratan como iguales.\u201d<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En v\u00edsperas de la secesi\u00f3n, Jefferson Davis, el eventual presidente de los Estados Confederados, empuj\u00f3 la idea a\u00fan m\u00e1s lejos al argumentar que tal igualdad entre la clase trabajadora blanca y los oligarcas blancos no pod\u00eda existir sin la esclavitud negra: \u201cDigo que la raza inferior de los seres humanos que constituye el substrato de lo que se denomina la poblaci\u00f3n esclava del Sur, eleva a todo hombre blanco en nuestra comunidad [\u2026]. Es la presencia de una casta baja, aquellos que est\u00e1n m\u00e1s abajo por su organizaci\u00f3n mental y f\u00edsica, controlada por el intelecto del hombre blanco, que le da esta superioridad al trabajador blanco. He ah\u00ed que el hombre blanco no realiza servicios insignificantes. Ninguno de nuestros hermanos se ha bajado a la degradaci\u00f3n de ser insignificante. Eso le pertenece a la raza menor: a los descendientes de Cam\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Testimonios de los soldados de la Uni\u00f3n, quienes presenciaron la esclavitud real en la Guerra Civil, dejaron en rid\u00edculo al argumento de la \u201cesclavitud blanca\u201d. Pero sus premisas operativas \u2013el trabajo blanco como arquetipo noble y el trabajo negro como su ant\u00edtesis rebajada e indigna\u2013 permanecieron en el tiempo. Esto fue un recurso ret\u00f3rico, no un hecho. El arquetipo trabajador\u2013noble\u2013blanco no les dio a los trabajadores blancos inmunidad respecto al capitalismo. Su pretendida dignidad fue incapaz por s\u00ed sola de romper los monopolios, no pod\u00eda aliviar la pobreza blanca de los montes Apalaches o del Sur, no pod\u00eda conseguir sueldos dignos en los guetos inmigrantes del Norte. Pero se hab\u00eda establecido el modelo para las pol\u00edticas identitarias originales de Estados Unidos. Las vidas negras literalmente no importaban y pod\u00edan ser completamente desechadas como el costo de los avances incrementales prometidos a las masas blancas. Fue esta yuxtaposici\u00f3n que permiti\u00f3 a Theodore Bilbo postularse al Senado en los a\u00f1os 30 como alguien que \u201cser\u00eda tan provocativo como el Presidente Roosevelt\u201d para luego respaldar el linchamiento de los negros para que no salieran a votar.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cuando Barack Obama asumi\u00f3 su mandato en 2009 cre\u00eda que pod\u00eda trabajar con los conservadores \u201csensatos\u201d que fueran capaces de abrazar algunos aspectos de sus pol\u00edticas como propios. En cambio, a poco andar descubri\u00f3 que su mera presencia hizo que esto fuera imposible. El l\u00edder de la minor\u00eda en el Senado, Mitch McConnell, anunci\u00f3 que la principal meta del Partido Republicano no era encontrar un terreno com\u00fan, sino hacer que Obama fuera un \u201cpresidente que no pase a segundo periodo\u201d. Un plan de salud inspirado en <em>Romneycare<\/em> fue, cuando lo propuso Obama, repentinamente considerado socialista. El primer presidente negro descubri\u00f3 que era considerado poco menos que t\u00f3xico para las bases del Partido Republicano. No estaba completamente equivocado: despu\u00e9s de todo, un bloque pol\u00edtico entero estuvo organizado en torno a la meta expl\u00edcita de perjudicar su administraci\u00f3n. Obama y algunos de sus aliados cre\u00edan que esa impresi\u00f3n de amenaza y toxicidad era el resultado de una incansable acometida de Fox News junto a un pu\u00f1ado de programas de radio derechistas. Trump tuvo el genio de ver que hab\u00eda algo m\u00e1s, que exist\u00eda un sentimiento tan fuerte de aversi\u00f3n y revancha que un novato en la pol\u00edtica, acusado de violaci\u00f3n, pod\u00eda destronar el liderato de uno de los partidos principales del pa\u00eds al mismo tiempo de que ahogaba sin mayores contratiempos a la candidata favorecida de la otra facci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cPodr\u00eda pararme en medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perder\u00eda a ning\u00fan votante\u201d, se jact\u00f3 Trump en enero de 2016. Esta afirmaci\u00f3n deber\u00eda ser le\u00edda con s\u00f3lo un \u00e1pice de escepticismo. Trump ha ridiculizado a los minusv\u00e1lidos, ha aguantado m\u00faltiples acusaciones de violencia sexual (neg\u00e1ndolas todas), ha despedido a un director del FBI, ha mandado a sus secuaces a confundir a la gente sobre sus motivaciones, \u00e9l mismo ha revelado esas mentiras al confirmar descaradamente su objetivo de hundir una investigaci\u00f3n en su posible colusi\u00f3n con un poder extranjero, y luego jactarse sobre esa misma obstrucci\u00f3n a los representantes del mismo poder extranjero. Es completamente imposible evocar a un s\u00edmil negro de Donald Trump, es imposible imaginar que Obama, por ejemplo, implique al padre de un contrincante en el asesinato de un presidente estadounidense o compare su dotaci\u00f3n f\u00edsica con la de otro candidato y luego capte exitosamente la presidencia. Trump, m\u00e1s que cualquier otro pol\u00edtico, entendi\u00f3 el valor de la herencia sangrienta y el gran poder que otorga el simple y contundente hecho de no ser un <em>nigger<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Antes de la elecci\u00f3n, Obama no atac\u00f3 con la suficiente fuerza a su adversario pol\u00edtico, subestimando al poder de la blanquitud; cre\u00eda que el candidato republicano era demasiado objetable para ganar de verdad. En esto Obama estuvo tr\u00e1gicamente equivocado. Y as\u00ed, el pa\u00eds m\u00e1s poderoso del mundo ha entregado todos sus asuntos \u2013la prosperidad de su econom\u00eda entera, la protecci\u00f3n de sus 300 millones de ciudadanos, la pureza de su agua, la viabilidad de su aire, la seguridad de su comida, el futuro de su vasto sistema de educaci\u00f3n, la solidez de sus v\u00edas p\u00fablicas, v\u00edas a\u00e9reas y v\u00edas f\u00e9rreas, el potencial apocal\u00edptico de su arsenal nuclear\u2013 a un grit\u00f3n circense que introdujo al lexic\u00f3n nacional la frase \u201cag\u00e1rralas por la concha\u201d. Es como si la tribu blanca se uniera en un s\u00f3lo gran coro de protesta para decir: \u201csi un hombre negro puede ser presidente, cualquier hombre blanco puede serlo, da igual qu\u00e9 tan degenerado sea\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La tragedia estadounidense que se desencadena es m\u00e1s grande de lo que la mayor\u00eda pueda imaginar y no terminar\u00e1 con Trump. En \u00e9pocas recientes, la blanquitud como t\u00e1ctica pol\u00edtica expl\u00edcita se ha restringido por una especie de cordialidad que cre\u00eda que su invocaci\u00f3n flagrante asustar\u00eda a los blancos \u201cmoderados\u201d. Esto ha resultado ser una verdad a medias, en el mejor de los casos. El legado de Trump ser\u00e1 exponer la p\u00e1tina de la decencia por lo que es, y revelar cu\u00e1nto puede un demagogo salirse con la suya.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por mucho tiempo ha sido un axioma entre ciertos escritores y pensadores negros exponer que mientras la blanquitud pone en peligro al cuerpo negro en el sentido inmediato, la amenaza mayor es a la misma gente blanca, al pa\u00eds en su totalidad y es probable que al mundo entero. Cuando W. E. B. Du Bois afirma que la esclavitud era \u201csingularmente desastrosa para la civilizaci\u00f3n moderna\u201d o James Baldwin afirma que los blancos \u201chan tra\u00eddo a la humanidad al borde del olvido: porque creen que son blancos\u201d, instintivamente se les acusa de exagerados. Pero no hay realmente otra manera de leer la presidencia de Donald Trump. El primer presidente blanco en la historia de Estados Unidos es tambi\u00e9n el presidente m\u00e1s peligroso: y es todav\u00eda m\u00e1s peligroso a\u00fan por el hecho de que los encargados de analizarlo no pueden nombrar su esencia, porque tambi\u00e9n est\u00e1n implicados en ella.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sub>___<\/sub><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sub>Este texto es un fragmento del ensayo \u201cThe First White President\u201d, publicado en <em>The Atlantic<\/em> en octubre de 2017. Ta\u2013Nehisi Coates es periodista y autor de varios libros que incluyen <em>The Beautiful Struggle<\/em>, <em>Between the World and Me<\/em>, <em>Black Panther <\/em>y <em>We were Eight Years in Power<\/em>, del que procede este texto.<\/sub><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><sub>[Portada] Mural en\u00a0Pitzer College, Claremont, California. Fotograf\u00eda de\u00a0Elijah Pantoja.\u00a0<\/sub><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para Trump, la blanquitud no es conceptual ni simb\u00f3lica, es m\u00e1s bien el meollo mismo de su poder.<\/p>\n","protected":false},"author":96,"featured_media":5797,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[784,783,167,780,782,781],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-5796","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-piel-negra-mascaras-blancas","tag-barack-obama","tag-donald-trump","tag-racismo","tag-ta-nehisi-coates","tag-the-atlantic","tag-the-first-white-president"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5796","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/96"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5796"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5796\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5797"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5796"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5796"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5796"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=5796"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=5796"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}