{"id":6520,"date":"2018-03-21T19:10:14","date_gmt":"2018-03-21T19:10:14","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=6520"},"modified":"2018-03-23T12:08:48","modified_gmt":"2018-03-23T12:08:48","slug":"almanaque-17-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2018\/03\/21\/almanaque-17-parte-i\/","title":{"rendered":"Almanaque 17. Parte I"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Quien asegure que el a\u00f1o comienza en enero miente con descaro. El a\u00f1o empieza impajaritablemente en marzo.\u00a0 As\u00ed, el verano adquiere su justa dimensi\u00f3n de limbo caldeado. Espejismo de algas. Toalla con arena. Pan de huevo y su\u00a0 nombre en un grano de arroz. Foto con fragata y camar\u00f3n queso. La m\u00eda sin merqu\u00e9n. Se acab\u00f3. Oh verano, \u00a1ay!\u00a0 como odiamos amarte despu\u00e9s que pasas. Como sea, este es un buen momento (el \u00faltimo m\u00e1s bien) para observar en perspectiva, y seg\u00fan un criterio personal\u00edsimo y arbitrario, las mejores producciones que dej\u00f3 el 2017 en tres \u00e1mbitos: series, TV y m\u00fasica. Dado el car\u00e1cter poco riguroso de la selecci\u00f3n es preciso advertir al viajero del tiempo que se apodere de este Almanaque que no obtendr\u00e1 beneficio alguno de estas rese\u00f1as y, m\u00e1s importante a\u00fan, que su lectura no alterar\u00e1 en nada el curso de la historia. Sin mayor pre\u00e1mbulo, desolados habitantes de marzo, les presento lo mejor del a\u00f1o que pas\u00f3, dej\u00e1ndolos con el no despreciable consuelo de que el oto\u00f1o en que a Kast le pegaron unas pat\u00e1s en la raja no puede ser tan malo.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5><strong>DOS SERIES<\/strong><\/h5>\n<p><\/p>\n<h5><strong>GLOW (Gorgeous Ladies of Wrestling)<\/strong><\/h5>\n<p><\/p>\n<p>En <em>Mitolog\u00edas<\/em>, Roland Barthes abre fuego sobre el lector a trav\u00e9s de un ensayo titulado \u201cEl mundo del catch\u201d. En \u00e9l, prefigura dos aspectos que, conjugados, conformar\u00e1n el estilo de an\u00e1lisis que sostendr\u00e1 el texto: la preocupaci\u00f3n por objetos de estudio masivos y el examen meticuloso a los discursos latentes que expresan.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El <em>catch<\/em> es un espect\u00e1culo franc\u00e9s de combate cuerpo a cuerpo que equivale al <em>wrestling<\/em> estadounidense (m\u00e1s que nunca evitamos ocupar la forma \u201cnorteamericanos\u00bb para decir a los yunaites, porque eso significar\u00eda desconocer la tremenda tradici\u00f3n mexicana de lucha libre, con todo y sus asaltos al celuloide que, de tan populares, llegaron a fundar un g\u00e9nero \u2013la Lucha film\u2013 en el que brillaron figuras como el Santo y Blue Demon). Pero volvamos a la rue Barthes. El Roland dice ah\u00ed que se trata del \u201cm\u00e1s inteligible de todos los espect\u00e1culos\u201d, y refuerza esa transparencia de los signos indicando que \u201cse trata de una verdadera Comedia humana, donde los matices m\u00e1s sociales de la pasi\u00f3n (fatuidad, derecho, crueldad refinada, sentido del desquite) encuentran siempre, felizmente el signo m\u00e1s claro que pueda encararlos, expresarlos y llevarlos triunfalmente a los confines de la sala\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p><em>GLOW<\/em>, la serie original de Netflix estrenada el a\u00f1o pasado, gira en torno a dos actrices desempleadas que aceptan participar en el piloto de un programa de lucha libre femenina a cargo de un director de cine B.\u00a0Detr\u00e1s del proyecto est\u00e1 parte del equipo que realiz\u00f3 <em>Orange is the new black <\/em>y hay que destacar el nivel que alcanza cada vez que explora tem\u00e1ticas de g\u00e9nero en sus producciones. La serie trabaja por medio de la analog\u00eda de la saturaci\u00f3n de esos \u201cmatices m\u00e1s sociales\u201d que son inherentes a la estructura del <em>wrestling<\/em> seg\u00fan Barthes con los \u201cpapeles\u201d que las protagonistas se ven obligadas a enfrentar en su vida cotidiana. As\u00ed, la fuerza con la que cada una dota a los personajes de fantas\u00eda en el mundo de la lucha libre tiene un correlato en la fortaleza que cada una se ve forzada a adquirir frente a un contexto social tan adverso como indiferente. Al final de la serie el signo de las \u201cluchadoras\u201d desborda el mero significado del espect\u00e1culo de tv y pasa a ser una met\u00e1fora certera del poder\u00edo de las protagonistas fuera del cuadril\u00e1tero. Esto no quiere decir que la serie sea una apolog\u00eda plana o predecible. Por el contrario, el argumento trabaja a partir de la contradicci\u00f3n y el conflicto, trasladando un t\u00e9rmino actual como el de sororidad a los c\u00f3digos autoritarios y testoster\u00f3nicos que alcanz\u00f3 la d\u00e9cada del ochenta durante los estertores de la guerra fr\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Tal como <em>Stranger Things<\/em>, la serie ajusta cuentas con los a\u00f1os conservadores de la administraci\u00f3n Reagan poniendo cortapinzas al arrebato nost\u00e1lgico por el per\u00edodo, sin que por ello se deje de lado el gusto por la est\u00e9tica de la \u00e9poca (incluida una depurada banda sonora). El atronante discurso medi\u00e1tico sobre la guerra fr\u00eda est\u00e1 parodiado con gracia en el gui\u00f3n, al igual que la tensi\u00f3n racial jam\u00e1s ausente en la naci\u00f3n m\u00e1s \u201clibre\u201d del mundo. Incluso se alude con ma\u00f1a los recortes del gasto p\u00fablico en los primeros a\u00f1os de instauraci\u00f3n del neoliberalismo m\u00e1s duro En esa \u201cl\u00ednea\u201d la revelaci\u00f3n que tiene lugar mientras el director del show de lucha libre jala una raya de coca sobre el marco de un cuadro en que aparece el ex actor y presidente es memorable. Una vez m\u00e1s el viaje en el tiempo parece ser otra clave de lectura de estas producciones.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, <em>GLOW<\/em> consigue de manera formidable compaginar la referencia a dos estructuras dram\u00e1ticas que a primera vista parecen dis\u00edmiles. A saber: la lucha libre y la telenovela (respecto a esta \u00faltima la cultura latinoamericana tendr\u00eda el derecho indiscutido a dictar c\u00e1tedra). Ambos formatos, dirigidos a un p\u00fablico masivo y sin embargo segmentado por g\u00e9nero, tienen en com\u00fan no s\u00f3lo un enorme impacto popular en las audiencias, sino adem\u00e1s aquella \u201cmec\u00e1nica moral\u201d lograda a trav\u00e9s de una \u201clectura inmediata\u201d de la interioridad de los personajes que observaba Barthes en el <em>catch<\/em>. Es decir, uno de los puntos de conjunci\u00f3n entre ellos consiste en la polarizaci\u00f3n extrema a partir de la que se presenta el conflicto entre protagonistas y antagonistas. De este modo la rivalidad medular entre los hells (rudos) y los face (t\u00e9cnicos) en el mundo de la lucha, es consonante con el contraste entre el car\u00e1cter impoluto e \u00edntegro de los personajes principales y la marcada abyecci\u00f3n de los villanos del melodrama televisivo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Esa afiebrada estructura en que espect\u00e1culo y escena se trabajan cuadro a cuadro basados en este r\u00edgido esquema, es reformulada de modo notable a trav\u00e9s del antagonismo entre protagonistas que propone la serie. El resultado de esta reestructuraci\u00f3n de los elementos que componen los sistemas de signos referidos altera y subvierte la sintaxis y la sem\u00e1ntica de la forma tradicional. De ah\u00ed que el yerro, la traici\u00f3n y la culpa, caracter\u00edsticas anti viriles y anti heroicas dentro del imaginario masculino del <em>wrestling<\/em>, atributos que el \u201crudo\u201d encarna \u00a0en la nomenclatura teatral que instaura el espect\u00e1culo, en tanto irredimible villano, se torna emp\u00e1tico. Del mismo modo el \u201ct\u00e9cnico\u201d, cuyo rol consiste en ser escrupulosamente correcto con las reglas que el sistema le impone, le debe a la crisis moral que le plantean las acciones en que incurre el rudo, la posibilidad de cuestionar o subvertir el peso normativo que carga a cuestas.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En resumen, <em>GLOW <\/em>no es tan s\u00f3lo una serie que sostiene con inteligencia una perspectiva feminista, sino que avanza hacia una forma femenina de entender y representar las relaciones sociales. En ella se deconstruyen y reconstruyen los rasgos viriles y estereotipados del conflicto individual, orient\u00e1ndolos hacia un espacio colectivo de lucha en contra de las contricciones, exigencias y expectativas que el discurso de g\u00e9nero androc\u00e9ntrico dicta.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Dura alrededor de 35 minutos, tiene 10 cap\u00edtulos y va en la primera temporada (con una segunda en camino). Disponible en Netflix (si no tiene una cuenta cons\u00edgase una, que es el equivalente a colgarse al cable en los tiempos que corren) y en todos los puertos piratas de la web.<\/p>\n<p><\/p>\n<h5><strong>Historia del crimen americano, O. J. [note]Mientras consultaba los datos m\u00e1s t\u00e9cnicos de la serie, es decir, hacia el final de la redacci\u00f3n, descubr\u00ed que es una producci\u00f3n del 2016. Para todo efecto, zafaremos de las tiran\u00edas del calendario diciendo que el estreno en la TV p\u00fablica fue el 2017, valga ese como a\u00f1o de referencia sudaka y desfasado.[\/note]<\/strong><\/h5>\n<p><\/p>\n<p>El 3 de marzo de 1991 cinco polic\u00edas blancos derribaron y apalearon en el suelo a Rodney King \u00bfel delito? Huir de un control policial. Una c\u00e1mara casera registr\u00f3 la ferocidad con que se ejecut\u00f3 la agresi\u00f3n. La indignaci\u00f3n de la comunidad negra ante el abuso policial desat\u00f3 lo que en su momento la prensa denomin\u00f3 como el peor disturbio del siglo. Son esas im\u00e1genes de archivo las que sirven de pr\u00f3logo para el primer cap\u00edtulo de esta serie que recientemente estren\u00f3 su segunda temporada centrada en la muerte del dise\u00f1ador de modas italiano Gianni Versace.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1993, el juicio a O. J, Simpson por la muerte de Nicole Brown (su ex esposa) y Ronald Godman, un hombre al que estaba conociendo, acapar\u00f3 una atenci\u00f3n medi\u00e1tica y una tensi\u00f3n racial aguda.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La serie, transmitida durante el 2017 por el canal 13, est\u00e1 filmada con una c\u00e1mara que se desliza suave y veloz por las escenas y con un elenco de estrellas de Hollywood que incluye a Cuba Gooding Jr, John Travolta y David Schwimmer. Pero es la actuaci\u00f3n de Sarah Paulson en el papel de la abogada de la fiscal\u00eda la que sobresale en su rol.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La producci\u00f3n dram\u00e1tica plantea en primera instancia la problem\u00e1tica racial que atiz\u00f3 la reacci\u00f3n de la opini\u00f3n p\u00fablica estadounidense durante el proceso. Sobre este punto hay que detenerse un momento, pues la complejidad con que se aborda uno de los mayores atractivos que puede ofrecer la serie en t\u00e9rminos de contenido.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En primer lugar, tenemos a O. J., figura p\u00fablica: leyenda deportiva, actor de cine y publicidad, es decir una celebridad afroamericana con todas las credenciales, acusado del asesinato de su ex mujer blanca y su acompa\u00f1ante. La cercan\u00eda de este hecho con el estallido popular que se desat\u00f3 a ra\u00edz del registro de la golpiza que recibi\u00f3 Rodney King es un antecedente que, como se dijo, la narrativa del cap\u00edtulo piloto no pasa por alto. Y si aquella asonada fue bautizada por la prensa con todo e \u00ednfula secular, pronto el proceso se transform\u00f3 en su hom\u00f3logo judicial, conoci\u00e9ndose hasta el d\u00eda de hoy como el juicio del siglo.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En segundo lugar, est\u00e1 el \u00e9nfasis social que la serie le da al entorno de O. J. Mientras el conflicto racial crece de forma exponencial, recibiendo el apoyo de organizaciones negras y multitudinarias manifestantes fuera de los tribunales, la defensa duda entre seguir con la estrategia de un caso que cre\u00edan ganado y la posibilidad de discutir la racializaci\u00f3n del proceso. Sin embargo, el ambiente que rodea al procesado est\u00e1 lejos de ser el de la comunidad negra designada a guetos y sometida al abuso cotidiano de las instituciones de control y vigilancia. Inmerso en una zona lujosa de la ciudad, O. J. vive una vida de blancos en un barrio de blancos. Basta observar la relaci\u00f3n de amistad que tiene con Robert Kardashian (el pap\u00e1 biol\u00f3gico de las hoy famosas socialit\u00e9s), para entender el grado de blanqueamiento que permite el nivel socioecon\u00f3mico en la cultura capitalista. S\u00edntesis de esta arista de clase que superpone la serie al conflicto racial es la desafortunada y al mismo tiempo ic\u00f3nica frase que habr\u00eda pronunciado el c\u00e9lebre deportista: \u201cYo no soy negro, yo soy O. J.\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Cristopher Durde, el fiscal adjunto que se incorpora a la causa para equilibrar el equipo del ministerio p\u00fablico en tanto abogado de color (interpretado tambi\u00e9n de manera sobresaliente por el actor Sterling K. Brown) es otro de los personajes mejor logrados de la serie. En una escena comenta a sus vecinos del barrio negro donde vive su familia que: \u201cO. J. nunca ha sido un \u00abhermano\u00bb y que su compromiso con la comunidad negra no existe\u201d. Lo hace mientras presencian la transmisi\u00f3n en directo de la persecuci\u00f3n policial del, en ese instante pr\u00f3fugo ex deportista por una de las principales autopistas de la ciudad de Los \u00c1ngeles (un hito televisivo que bien podr\u00eda catalogarse con la acostumbrada grandilocuencia medi\u00e1tica como la \u201cpersecuci\u00f3n del siglo\u201d, si es que ya no se ha hecho). La respuesta que le dan expresa con algo de sarcasmo la magnitud de la crisis racial que domina a la sociedad estadounidense de manera elocuente. Entre risas retrucan: \u201c\u00bfno estay viendo? lo est\u00e1n persiguiendo patrullas llenas de polic\u00edas blancos, ahora es un hermano m\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En tercer lugar, un poco m\u00e1s latente en la exposici\u00f3n de la historia, pero mucho m\u00e1s evidente a los ojos del espectador actual, est\u00e1 la violencia de g\u00e9nero. Es cierto que la serie evita inducir un deliberado acento en la acusaci\u00f3n de asesinato de una mujer a manos de su ex pareja, pues busca ce\u00f1irse a los c\u00f3digos sociales de la \u00e9poca. Pero eso no quita que la completa ausencia de esta agravante en la causa penal provoca como una n\u00e1usea hist\u00f3rica. Esto porque, de alg\u00fan modo, la serie tambi\u00e9n se trata de un caso de femicidio antes que existiese tal tipificaci\u00f3n, o incluso la conciencia o, si quiera, la visibilizaci\u00f3n necesaria para relevar la figura en el marco de la justicia ordinaria.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Otra cosa muy distinta ocurre con el personaje de Marcia Clark, la fiscal a cargo de la acusaci\u00f3n. A trav\u00e9s de ella el gui\u00f3n carga las tintas acerca de la desigual condici\u00f3n de la mujer dentro de la esfera judicial y medi\u00e1tica que provoca el caso. En efecto, la exposici\u00f3n que alcanza el juicio hace que la abogada querellante sufra el hostigamiento permanente por parte de los medios de comunicaci\u00f3n. La percepci\u00f3n de su labor como fiscal, la rigidez de su figura, o incluso la forma en que viste durante el juicio, se convierten en blancos de un sector de la prensa que consigue formar una impresi\u00f3n adversa de su desempe\u00f1o en parte de la opini\u00f3n p\u00fablica. La intensidad de este asedio es tal que Marcia modifica su apariencia f\u00edsica dentro de un proceso que devino espect\u00e1culo. La serie en tanto, se preocupa de no dejar dudas respecto al papel determinante que juega el g\u00e9nero en este concertado acoso medi\u00e1tico. De este modo, resulta evidente que el sometimiento a este grado de exposici\u00f3n y escrutinio no hubiese alcanzado el nivel exorbitante que alcanz\u00f3 si un hombre hubiese ocupado el mismo cargo.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Historia del crimen americano, el caso O. J<\/em> es, en resumidas cuentas, una serie fascinante para abordar el cruce de g\u00e9nero, raza y clase, pero con la dificultad (y el inter\u00e9s) de observar estas problem\u00e1ticas desde el punto de vista ca\u00f3tico, enrevesado e impredecible en que se manifiestan en, aquello a lo que los entendidos denominan sin mayor ambages: la realidad (o la \u201creality\u201d en jerga televisiva). Pero sobre todo puede ser vista como una f\u00e1bula estridente, que de tan pret\u00e9rita se torna dist\u00f3pica. Su moraleja amarga, que est\u00e1 reforzada por la locuacidad de la documentaci\u00f3n de los hechos, muestra de manera magn\u00edfica la amplificaci\u00f3n multiforme y monstruosa que provoca la imagen (y hoy por hoy su reproductibilidad digital) en la sensibilidad y en la reacci\u00f3n p\u00fablica de las personas. Esta \u201cimagen\u201d, a la que me refiero quiz\u00e1s de manera desmedidamente abstracta, es una condici\u00f3n hist\u00f3rica y material de la revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica, que en los noventa era un fen\u00f3meno a\u00fan en estado larvario en comparaci\u00f3n al grado de penetraci\u00f3n social que provoc\u00f3 la explosi\u00f3n de internet y los aparatos m\u00f3viles en la vida cotidiana actual. Esta dimensi\u00f3n fisiol\u00f3gica de la cultura global que ning\u00fan sujeto o colectivo pol\u00edtico de izquierda debiese descuidar, ni mucho menos ignorar, tiene en esta serie un cap\u00edtulo imprescindible del Maquiavelo de los tiempos que corren.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, es dif\u00edcil mirar esta producci\u00f3n sin pensar en el caso de Nabila, o m\u00e1s recientemente en el revuelo que suscit\u00f3 la horrenda muerte de Sophia en una reacci\u00f3n p\u00fablica que se manifest\u00f3 en buena parte del territorio nacional. Ni qu\u00e9 decir del debate visceral en torno la restituci\u00f3n de la pena de muerte que no demor\u00f3 en ser capitalizado por la derecha conservadora. Se puede ver en <em>streaming<\/em>, en el repositorio en l\u00ednea del 13 (si a\u00fan no lo han sacado), o mejor a\u00fan, navegando bajo bandera proscrita en los sargazos de la red. Dura alrededor de una hora.<\/p>\n<p>___<\/p>\n<p><\/p>\n<h1>Sin tener mayor conexi\u00f3n con la serie, pera esta vez s\u00ed del 2017, est\u00e1 este trabajo de animaci\u00f3n creado para la canci\u00f3n de Jay Z que lleva por nombre \u201cLa historia de O. J.\u201d (gracias a Macarena Cruz en Quillota por mostr\u00e1rnoslo). Compartido por inspirado y tremendo.<\/h1>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oh verano, \u00a1ay!\u00a0 como odiamos amarte despu\u00e9s que pasas. 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