{"id":6790,"date":"2018-04-04T03:15:00","date_gmt":"2018-04-04T03:15:00","guid":{"rendered":"http:\/\/nueva.razacomica.cl\/?p=6790"},"modified":"2018-04-05T21:15:51","modified_gmt":"2018-04-05T21:15:51","slug":"sesenta-anos-de-la-escuela-de-la-victoria-1958-2018-reflexiones-historicas-sobre-los-tiempos-y-espacios-del-movimiento-popular","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2018\/04\/04\/sesenta-anos-de-la-escuela-de-la-victoria-1958-2018-reflexiones-historicas-sobre-los-tiempos-y-espacios-del-movimiento-popular\/","title":{"rendered":"Sesenta a\u00f1os de la escuela de La Victoria (1958-2018):  reflexiones hist\u00f3ricas sobre los tiempos y espacios del movimiento popular"},"content":{"rendered":"<p><\/p>\n<p class=\"align-right\">Para comenzar, una imagen: hace sesenta veranos, en las secas tardes de la periferia santiaguina, pobladoras y pobladores de La Victoria, muchos de ellos ni\u00f1os y ni\u00f1as, constru\u00edan adobes para levantar una escuela. Entre otras tareas, tambi\u00e9n discut\u00edan con los arquitectos que dise\u00f1aban los planos de la poblaci\u00f3n, consegu\u00edan materiales en ferreter\u00edas cercanas y activaban redes para conseguir un profesor. Si bien la fecha oficial del inicio de este proyecto no qued\u00f3 registrada, s\u00ed sabemos que entre los \u00faltimos meses de 1957 y las primeras semanas de 1958, los habitantes de la toma de La Victoria se reunieron en asamblea y la palabra escuela reson\u00f3 a trav\u00e9s de las voces de las pobladoras que son las an\u00f3nimas protagonistas de esta historia. No hay registros de los nombres ni de las palabras de las mujeres que propusieron la construcci\u00f3n de una escuela: sus particularidades quedaron diluidas en la narraci\u00f3n de la Historia, transformadas en un proceso com\u00fan, que hoy podemos conocer gracias a los diversas fuentes hist\u00f3ricas y a la persistencia de una memoria que se autocultiva. Del <em>big-bang <\/em>de historicidad popular que fue la toma de La Victoria, a fines de 1957 surgi\u00f3 una campa\u00f1a de elaboraci\u00f3n de adobes para construir una escuela redonda en una de las manzanas centrales de la naciente poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p><\/p>\n<h4><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">1. Toma<\/span><\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>El anuncio de un tiempo en que los oprimidos construir\u00edan un mundo de justicia en el presente \u2014m\u00e1s Ac\u00e1 que All\u00e1\u2014 no vino de la Revoluci\u00f3n Cubana (1959), de la Segunda Declaraci\u00f3n de La Habana de Fidel Castro (1961) o del Concilio de Medell\u00edn que dio forma a la Teolog\u00eda de la Liberaci\u00f3n (1968). La historia de Am\u00e9rica Latina est\u00e1 repleta de acciones pol\u00edticas que fueron allanando camino para la formulaci\u00f3n de un proyecto hist\u00f3rico popular que reconociera la centralidad de las clases populares en el desarrollo hist\u00f3rico. Ejercitar localmente la capacidad de criticar el mundo y construir realidades diferentes a la conocida fue una pr\u00e1ctica pedag\u00f3gica que permiti\u00f3 el posterior desarrollo de formas m\u00e1s amplias de ejercicio de soberan\u00eda o poder. En el 1957 chileno esto se evidenci\u00f3 con mayor claridad. Para la historia social y pol\u00edtica chilena, este fue un a\u00f1o sumamente significativo, tanto por la eclosi\u00f3n de la protesta popular \u2014desde las jornadas de abril por el alza del transporte p\u00fablico hasta la toma de terrenos de fines de ese a\u00f1o\u2014, como por la nueva articulaci\u00f3n de fuerzas pol\u00edticas que rompieron el equilibrio partidista que se hab\u00eda instalado en el escenario pol\u00edtico desde fines de los a\u00f1os treinta, dando lugar a un per\u00edodo conocido como \u201clargos sesenta\u201d. As\u00ed, dos a\u00f1os antes que los barbudos cubanos ingresaran a La Habana dando inicio a un movimiento pol\u00edtico de alcance continental que prontamente se vincul\u00f3 con las luchas de liberaci\u00f3n del Tercer Mundo, hubo otros gestos hist\u00f3ricos, otras luchas, otras voluntades colectivas que anunciaron: 1) la insuficiencia de los programas de transformaci\u00f3n pol\u00edtica asumidos por los partidos de izquierda en el continente, en tanto no respond\u00edan a la complejidad social de la regi\u00f3n; 2) la incapacidad tanto del mercado como de los reg\u00edmenes pol\u00edticos para resolver los problemas fundamentales de la poblaci\u00f3n; 3) la irrupci\u00f3n de los ni\u00f1os, ni\u00f1as y j\u00f3venes en la pol\u00edtica, primero como multitud silenciosa y luego como actores protag\u00f3nicos ; 4) la inminente ampliaci\u00f3n de los lugares y las formas de la pol\u00edtica, ante el agotamiento de los mecanismos de regulaci\u00f3n entre sociedad civil, Estado y Mercado. En suma, desde la cronolog\u00eda de las clases populares chilenas, nuestros \u201clargos sesentas\u201d son a\u00fan m\u00e1s largos: la bisagra hist\u00f3rica no fue Cuba ni el posterior desarrollo de un proyecto socialista, fue La Victoria y la arremetida de los m\u00e1s pobres citadinos y migrantes en la agenda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La historia de La Victoria es tambi\u00e9n una historia de la violencia pol\u00edtica como aprendizaje, no desde una perspectiva banalizada, sino desde una mirada que reconozca respetuosamente el elevado costo humano de estas formas de acci\u00f3n pol\u00edtica. En La Victoria hubo heridos y muertos, incluyendo ni\u00f1os. Como recordara la pobladora Rosa Lagos: \u201c\u00a1aqu\u00ed murieron tantas guaguas! Recuerdo que las llevamos en camiones para que fueran atendidas, porque aqu\u00ed no hab\u00eda remedios. Esa vez que murieron muchas guag\u00fcitas, al entierro fue toda la Toma. Nos fuimos a pie desde aqu\u00ed mismo al Cementerio. No s\u00e9 c\u00f3mo no hay fotograf\u00edas de todas esas cosas, para que la gente ahora comprenda el sufrimiento, para que le tomen el valor al lugar que est\u00e1n pisando, porque esta tierra fue ganada con esfuerzo, sudor y l\u00e1grimas, porque la polic\u00eda no dejaba entrar a nadie\u201d. En este sentido, se debe considerar que tomar un terreno, como ha destacado el soci\u00f3logo Alexis Cort\u00e9s, fue la afirmaci\u00f3n de la prevalencia del valor del uso por sobre el valor de cambio del suelo urbano, una transgresi\u00f3n a la propiedad privada y a la legalidad protagonizada por familias completas encabezadas por brigadas de mujeres y ni\u00f1os. Como ha demostrado la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, su presencia no fue s\u00f3lo la movilizaci\u00f3n de masas por parte de activos pol\u00edticos, sino la formaci\u00f3n de un nuevo actor social marcado tanto por la experiencia de precariedad como por la existencia de pr\u00e1cticas comunitarias de socializaci\u00f3n. La proyecci\u00f3n de este car\u00e1cter fue materialmente contundente: junto a la vivienda vino el trazado de calles, \u00e1reas verdes, escuela y consultorio, que eran lugares de esparcimiento, educaci\u00f3n, cuidado y salud: no s\u00f3lo \u201cequipamiento urbano\u201d, sino expresiones de una dignidad demasiado inquieta para asumir la temporalidad lenta de la acci\u00f3n estatal. As\u00ed, frente a la marca de ser de las y los habitantes m\u00e1s pobres de la ciudad, que ni siquiera ten\u00edan acceso a un lugar dentro de los m\u00e1rgenes urbanizados, las pobladoras y los pobladores lucharon por un lugar donde vivir, sembrar, criar, cocinar, amar, descansar y trabajar:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u201cTen\u00edamos guindos, cerezos, un patio precioso, con pajaritos, y mi mami era del campo, entonces hab\u00edan tomates, verduras, lechugas. Esa tierra era espectacular. Entonces todas las casas eran atr\u00e1s y adelante eran jardines y eso, y adem\u00e1s que plantaban la lechuga, el tomate, todo. El poroto era natural y como no hab\u00eda divisi\u00f3n de terrenos, \u00e9ramos una familia s\u00faper grande po, y la artesa de mi mam\u00e1, que estaba afuera, la usaba la se\u00f1ora Mar\u00eda o la se\u00f1ora Nena. Se turnaban con una artesa grande, porque no todos pod\u00edan comprar\u2026\u201d.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>\u201cVivienda en La Victoria\u201d, Hilda Sotomayor, 1958<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Me parece evidente que el hecho pol\u00edtico fue mucho m\u00e1s all\u00e1 de la toma. Se extendi\u00f3 por meses y a\u00f1os en la dif\u00edcil construcci\u00f3n de la poblaci\u00f3n; en muchas ocasiones, esa lucha trascendi\u00f3 los espacios dom\u00e9sticos y comunitarios, volvi\u00e9ndose parte de los procesos de politizaci\u00f3n de izquierda, adquiriendo de manera m\u00e1s visible vocaci\u00f3n de totalidad social. En otras, su legado fue honda contradicci\u00f3n y larga derrota, con forma de golpe, hambre, cesant\u00eda, verg\u00fcenza, violencia sexual, castigo, rabia, impunidad. Las mujeres de La Victoria, sus hijas e hijos, nietos y nietas, siguieron \u2014y siguen\u2014 experimentando diversas formas de explotaci\u00f3n, pero la relevancia hist\u00f3rica de sus acciones comunes trasciende largamente lo que pueda evaluarse desde estas l\u00edneas.<\/p>\n<p><\/p>\n<h4><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">2. Escuela<\/span><\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>La escuela fue, en muchos sentidos, una preocupaci\u00f3n de mujeres. Tanto por la divisi\u00f3n cultural del trabajo, como por la pol\u00edtica estatal emprendida desde los a\u00f1os cuarenta, la maternidad, los cuidados y la crianza fueron comprendidos como una labor femenina y propia del espacio privado. En una \u00e9poca en que la tasa de natalidad bordeaba los cinco ni\u00f1os por mujer, fueron las madres, hermanas, abuelas, t\u00edas o comadres, quienes cuidaban a los ni\u00f1os y las ni\u00f1as como un trabajo no remunerado que se combinaba con el trabajo dom\u00e9stico y el trabajo formal, por lo que los desaf\u00edos propios del cuidado de la vida eran especialmente evidentes y urgentes para ellas. En el contexto de una toma de terrenos, sin viviendas definitivas, espacios cerrados o \u00e1reas verdes, a las necesidades corrientes como alimentaci\u00f3n, abrigo, vestimenta y cuidados, se sumaban otras a\u00fan m\u00e1s b\u00e1sicas, como el agua, la seguridad o la sombra. Como recordara la pobladora y educadora popular Alicia C\u00e1ceres : \u201ca m\u00ed se me ocurr\u00eda que hubiera una guarder\u00eda porque los ni\u00f1os andaban siempre solos, yo a veces me iba oscuro y estaban los ni\u00f1os llorando o andaban perdidos, aburridos, entonces yo dec\u00eda si est\u00e1n todos juntos y las mam\u00e1s los cuidan ah\u00ed o las hermanas m\u00e1s grandes\u00bb. De esta forma, los grandes\/peque\u00f1os desaf\u00edos cotidianos de las mujeres m\u00e1s pobres se hicieron tareas comunes: procurar pan y leche, ropa y zapatos, frescura en el verano, calor en el invierno, cuidado y entretenci\u00f3n. De all\u00ed su urgencia. Como experiencia colectiva, esta forma de organizar la vida cotidiana dej\u00f3 profundas marcas identitarias en esta generaci\u00f3n, en tanto lo colectivo no s\u00f3lo fue horizonte, sino experiencia cotidiana y base material de su sobrevivencia.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>\u201cEscuela de La Victoria\u201d, Sergio Tabilo, 1958<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Un segundo momento fue la educaci\u00f3n, propiamente tal. Pese a que en las cercan\u00edas de La Victoria hab\u00eda otras escuelas, la posibilidad de tener su propio recinto fue parte de una afirmaci\u00f3n colectiva. La muestra m\u00e1s clara del sentido deliberativo de esta decisi\u00f3n fue la forma que las pobladoras le dieron al edificio: la escuela fue una agrupaci\u00f3n semicircular de ocho salas de clases, cuyas puertas coincid\u00edan en un patio com\u00fan, en cuyo centro se instal\u00f3 un monolito con una bandera chilena. Para el arquitecto Miguel Lawner, la forma de la escuela deriv\u00f3 directamente de la porf\u00eda e insistencia de estas mujeres, quienes rechazaron cualquier orientaci\u00f3n respecto a los riesgos de construir redondo y con adobes en un pa\u00eds s\u00edsmico. Este material de construcci\u00f3n fue parte tambi\u00e9n de los saberes de los pobladores, entre quienes se encontraban algunos maestros adoberos, quienes ense\u00f1aron a sus vecinos este arte de barro, paja y agua.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>\u201cEscuela de La Victoria\u201d, Sergio Tabilo, 1958<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n<p>A fines de 1958, el Departamento de Est\u00edmulo y Progreso destac\u00f3 la labor de los vecinos que \u201ccooperando desinteresadamente en la construcci\u00f3n de esta Escuela han sobresalido n\u00edtidamente los siguientes pobladores: Manuel Moreno con 500 horas de trabajo, pertenece al Bloque Manuel Rodr\u00edguez del Sector Germ\u00e1n Riesco; Leonor Mora que aport\u00f3 cien adobes hechos por ella, demostrando con eso el temple de las mujeres de esta Poblaci\u00f3n; Samuel Zald\u00edas, secretario del Comit\u00e9 Unidad San Miguel, con 96 horas de trabajo: el compa\u00f1ero Zapata del 2\u00ba B, tambi\u00e9n con 86 horas de trabajo\u2026\u00bb. Por su parte, la regidora comunista Iris Figueroa, recordar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde: \u201cel recuerdo m\u00e1s grande para m\u00ed fue cuando las mujeres hicieron dos cosas, que yo no s\u00e9 si se habr\u00e1 hecho en otros pa\u00edses. Una, hacer con sus manos y sus pies los adobes para hacer la escuela para los ni\u00f1os. Y lo otro, formar brigadas, equipos, para cuidar todo el campo de La Victoria, que no entrara el enemigo\u201d. Por su parte, en materia de mantenci\u00f3n la escuela tambi\u00e9n funcion\u00f3 gracias al aporte de los pobladores y pobladoras. A fines de ese a\u00f1o, el Comando General de Pobladores se\u00f1al\u00f3 que se har\u00eda cargo de \u201c1\u00ba Costear el gasto de le\u00f1a para el desayuno de los ni\u00f1os; 2\u00ba Pintar el edificio, entablarlo y colocar los vidrios; 3\u00ba Arreglar totalmente las letrinas; 4\u00ba Dotarlo de alumbrado el\u00e9ctrico; 5\u00ba Terminar el cierre de la escuela; 6\u00ba Grabar el monolito que existe con la fecha de fundaci\u00f3n de este plantel educacional; 7\u00ba Ofrecer un c\u00f3ctel al director y cuerpo de profesores con motivo del aniversario y como muestra de agradecimiento de la poblaci\u00f3n; 8\u00ba Formar lo antes posible un solo Centro de Padres\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Una vez construida, la escuela alberg\u00f3 a sus estudiantes en dos jornadas: los ni\u00f1os en la ma\u00f1ana y las ni\u00f1as en la tarde, con el objeto de no ausentarse de las tareas dom\u00e9sticas matutinas. En sus primeros meses el espacio ofrec\u00eda diversas tareas y distracciones a los ni\u00f1os, sin seguir dedicadamente el curr\u00edculum nacional. Para ello se invit\u00f3 a los propios pobladores que supieran leer y escribir, o que gustaran del trabajo con ni\u00f1os, a asumir la ense\u00f1anza en el espacio, utilizando los recursos disponibles. Tiempo despu\u00e9s lleg\u00f3 el primer profesor, que como destacan algunos testimonios, habr\u00eda llegado gracias a las redes de militantes comunistas. Cuando inici\u00f3 las clases el 4 de julio de 1958, la escuela ten\u00eda 1200 ni\u00f1os matriculados, sin embargo, al 30 de septiembre, 287 estudiantes hab\u00edan dejado de asistir, mientras que el promedio de asistencia era de un 73%, lo que puede ser interpretado como la existencia de resistencias al ingreso a la escuela de parte de los padres o los ni\u00f1os, o bien, como la persistencia de otras problem\u00e1ticas, como la necesidad de trabajar, impedimentos econ\u00f3micos o la crisis del sentido de la escuela. En una visita realizada ese mismo a\u00f1o, el estudiante de arquitectura Sergio Tabilo destac\u00f3 que \u201cdesde el punto de vista constructivo y arquitect\u00f3nico no es tanto su valor como el valor afectivo que representa para los pobladores, lo que hace aconsejable aprovecharlo parcialmente en el estudio de un proyecto definitivo para una escuela, o bien para ser aprovechado en el proyecto de un Centro C\u00edvico\u201d. Esta advertencia se deb\u00eda a que en 1959 comenz\u00f3 la construcci\u00f3n de una escuela estatal de Tipo Emergencia que constaba de \u201cocho salas dispuestas a ambos costados de un pasillo iluminado por luz cenital con acceso en ambos extremos. A la entrada cuenta con dos peque\u00f1as salas para oficina. Los servicios est\u00e1n aparte, fuera del edificio. Est\u00e1 construido en alba\u00f1iler\u00eda de ladrillo reforzada, estucado y platachado a la cal; el piso es simplemente un radier afinado a cemento\u201d, en un terreno que originalmente se hab\u00eda destinado para un teatro. El breve lapso en que la escuela de La Victoria funcion\u00f3 en el local redondo finaliz\u00f3 con la llegada de la escuela del Estado, que inici\u00f3 funciones el 6 de mayo de 1959 como Escuela Mixta N\u00ba 36.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><\/p>\n<h4><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">3. La Victoria<\/span><\/strong><\/h4>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>En tiempos en que los feminismos se resisten a ser transformados en mercanc\u00eda vac\u00eda de sentido, la historia de La Victoria y de estas mujeres construyendo escuelas, criando juntas, enfrentando la violencia estatal un mes y sembrando huertas el otro, nos habla de la posibilidad de repensar la existencia de feminismos orgullosamente incultos, frutos de procesos hist\u00f3ricos de dominaci\u00f3n y emancipaci\u00f3n y que resultan inentendibles sin las experiencias de clase en los que se inscriben. La politizaci\u00f3n de la vida cotidiana y de los espacios denostados por la pol\u00edtica del siglo XX, comenz\u00f3 con el reconocimiento de la experiencia com\u00fan de dominaci\u00f3n, en una \u00e9poca marcada por la precariedad material, el desarraigo territorial y la apertura de los horizontes sociales. Los libros, la universidad, las militancias, si los hubo, vinieron mucho despu\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 nos deja la acci\u00f3n hist\u00f3rica de las mujeres pobladoras de la segunda mitad del siglo XX? A mi juicio, dos dimensiones para pensar las emancipaciones de inicios del XXI: las preguntas por la temporalidad y la espacialidad de las transformaciones hist\u00f3ricas. Para la Historia social del tr\u00e1nsito de siglo, la derrota de la Unidad Popular ha estado al centro de la producci\u00f3n de conocimiento hist\u00f3rico. Desde esta \u00f3ptica, el Chile previo a 1973 ha adquirido el car\u00e1cter de<em> tiempo pasado<\/em>, o m\u00e1s a\u00fan, de <em>tiempo perdido<\/em>. La huella de la violencia pol\u00edtica vertida sobre las clases populares a partir de entonces ha generado largos an\u00e1lisis respecto a sus causas, que han abordado desde factores intelectuales, pol\u00edtico-militares, globales o transnacionales, hasta su impacto en la memoria y subjetividad pol\u00edtica, as\u00ed como la necesidad de repensar la dimensi\u00f3n epistemol\u00f3gica de las humanidades y ciencias sociales en su relaci\u00f3n con la construcci\u00f3n de nuevos horizontes pol\u00edticos. Estas lecturas, por cierto interesantes y necesarias, no siempre han incorporado la dimensi\u00f3n temporal a la hora de hacer juicios hist\u00f3ricos, espec\u00edficamente, respecto a la necesidad de leer estos eventos, primero desde la larga duraci\u00f3n hist\u00f3rica, y segundo, desde una complejidad de la experiencia temporal que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la linealidad pasado-presente-futuro. Ampliar la escala temporal de an\u00e1lisis permite entender que la acci\u00f3n hist\u00f3rica de los pobres no se detuvo con la derrota pol\u00edtica de 1973, sino que se transform\u00f3, asumiendo tanto nuevas formas de acci\u00f3n, discursos y significados en relaci\u00f3n a los nuevos escenarios hist\u00f3ricos, como diversas direcciones hist\u00f3ricas: las luchas por el pasado, tanto por la memoria hist\u00f3rica como por la reversi\u00f3n de las pol\u00edticas privatizadoras o neoliberales, son ejemplos de la existencia de una temporalidad propia de los movimientos populares. Por otra parte, para entender el devenir de estas hebras de historicidad es necesario ampliar las referencias espaciales, reconociendo todos aquellos escenarios, espacios o rincones donde se han ejercido. \u00bfCu\u00e1les han sido las trastiendas hist\u00f3ricas de las irrupciones hist\u00f3ricas populares? O dicho de otro modo: \u00bfd\u00f3nde aprendieron a organizarse los j\u00f3venes populares que protestaron en los a\u00f1os ochenta?, \u00bfqui\u00e9n les ense\u00f1\u00f3 a cocinar para decenas de personas a las pobladoras que hicieron ollas comunes?, \u00bfd\u00f3nde planearon sus marchas, tomas y protestas los secundarios de los dos mil?, \u00bfa qu\u00e9 memorias echaron mano los vecinos que se enfrentaron a las grandes empresas y a carabineros en las protestas regionales de la \u00faltima d\u00e9cada?, \u00bfqui\u00e9nes mantuvieron funcionando los hogares de los que salieron a la calle a protestar? La ampliaci\u00f3n de los tiempos y los espacios de la pol\u00edtica no s\u00f3lo tiene que ver con la politizaci\u00f3n de espacios usualmente desestimados por los proyectos de transformaci\u00f3n del espacio p\u00fablico, sino como un ejercicio de justicia del ejercicio de conocer, que asume la existencia de procesos previos a s\u00ed mismos. As\u00ed, la politizaci\u00f3n de lo privado, lo amoroso o lo dom\u00e9stico pasa de consigna o descubrimiento, a memoria o experiencia hist\u00f3rica de otros tiempos y lugares que es necesario conocer, criticar y aprender.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Considerando entonces esta mirada ampliada, es posible prolongar estas preguntas hasta nuestro propio tiempo, para entender la relativa proximidad temporal y simb\u00f3lica entre las luchas de las pobladoras de los sesenta y las luchas de las y los oprimidos de la actualidad. \u00bfQu\u00e9 qued\u00f3 de la lucha de esas pobladoras y pobladores? Primero, una inexplorada dimensi\u00f3n material: numerosas poblaciones, miles de viviendas que hoy albergan a la segunda o tercera generaci\u00f3n, calles y alumbrado p\u00fablico, plazas y escuelas, memoria de victoria y de conflictividad. Como ha destacado el historiador Mario Garc\u00e9s, el movimiento de pobladores de los sesenta construy\u00f3 ciudades, y su cuantificaci\u00f3n a\u00fan es una tarea pendiente. Hay rastros de ese origen en muchos lugares: los nombres de poblaciones o calles, la fecha de fundaci\u00f3n de escuelas, canchas y juntas de vecinos, permanecen como cerrojos por abrirse, y recientemente, se han transformado en motivo de orgullo, celebraci\u00f3n y fiesta en las periferias urbanas. Segundo, un proyecto cultural batallando en cada adulto, joven y ni\u00f1o que creci\u00f3 en ese margen urbano popular en el que lo colectivo no fue s\u00f3lo ret\u00f3rica sino forma de vida. Sobrevivientes del hambre, del fr\u00edo, de la persecusi\u00f3n pol\u00edtica, del narcotr\u00e1fico, del endeudamiento, de la detenci\u00f3n por sospecha, de las m\u00faltiples formas de explotaci\u00f3n en una larga historia de dominaci\u00f3n colonial, de raza, clase y g\u00e9nero. Nietas\/os, bisnietas\/os, tataranietas\/os del bajo pueblo mestizo que busc\u00f3 asilo invadiendo, silenciosamente, las ciudades. En las \u00faltimas d\u00e9cadas los hemos visto en las calles, protestando y organiz\u00e1ndose contra la mercantilizaci\u00f3n de los saberes, del agua, de la tierra, del suelo urbano. \u00bfQui\u00e9nes son, qu\u00e9 hicieron, de d\u00f3nde vinieron esas mujeres que cuidaron la vida frente a la adversidad econ\u00f3mica, pol\u00edtica y militar? Ese feminismo que no tiene nada de libresco, pero que en su accionar ha sabido incluir a los ni\u00f1os, ni\u00f1as y ancianos descolgados de los mercados laborales, que no trabajan, no votan, ni tributan, pero que dan forma a la vida en los m\u00e1rgenes o sures globales. Ese feminismo que se repleg\u00f3 a las selvas lacandonas de la vida dom\u00e9stica, de la crianza de mujeres empoderadas que \u2014\u00a1quiz\u00e1s ellas s\u00ed!\u2014 fuesen capaces de enfrentarse a la vida sin miedo, de decidir a qui\u00e9n amar y con qui\u00e9n vivir, de decidir cu\u00e1ndo y cu\u00e1ntos hijos tener. \u00a1Qu\u00e9 costosa y profunda revoluci\u00f3n! Vistas desde la larga duraci\u00f3n hist\u00f3rica, sus acciones siguen aqu\u00ed, forman parte de un pasado bastante reciente que sigue \u2014y puede seguir, a\u00fan m\u00e1s\u2014 dando frutos a la historicidad popular. Por \u00faltimo, el desaf\u00edo de poner en pr\u00e1ctica formas de humanizaci\u00f3n que subviertan la marginaci\u00f3n sistem\u00e1tica generada por el Mercado y el Estado, de acoger a los ni\u00f1os y ni\u00f1as propios y ajenos, de construir escuelas, jardines y comedores cuando no los hab\u00eda, de so\u00f1ar plazas, paseos y fiestas comunes, tal como hicieron nuestras abuelas pobladoras.<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>\u201cLa Victoria\u201d, Marcelo Montecino, 1988<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n<p>A mi juicio, la formaci\u00f3n de un movimiento popular tiene el gran desaf\u00edo de volver a afirmar el protagonismo hist\u00f3rico de los m\u00e1s humildes, d\u00e1ndole la cara a las oprimidas y olvidados del siglo XXI: ni\u00f1os y ni\u00f1as, migrantes, j\u00f3venes expulsados del sistema educacional, ancianos y ancianas, y a todos quienes sufren la precarizaci\u00f3n de la vida y la deshumanizaci\u00f3n de las relaciones sociales. Las pobladoras de La Victoria, tal como los miles de habitantes pobres de las ciudades latinoamericanas del siglo XX, dedicaron tiempo, trabajo y energ\u00eda a proyectos colectivos que, al mismo tiempo que otorgaban soluciones para sus problemas cotidianos, abr\u00edan camino a los horizontes emancipatorios por venir. Honor y gloria a su gesta hist\u00f3rica, que hoy por hoy cumple sesenta a\u00f1os y a ratos reclama su derecho a jubilar \u2014o al menos, a descansar\u2014, dejando vacante su puesto en la Historia. \u00bfSeremos sus nietos y nietas capaces de asumirlo?<\/p>\n<p><\/p>\n<p><sup>_____<\/sup><\/p>\n<p><sup>[Portada] \u201cPoblaci\u00f3n marginal\u201d, Jos\u00e9 Carvajal, Colecci\u00f3n Museo Hist\u00f3rico Nacional<\/sup><\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Honor y gloria a su gesta hist\u00f3rica, que hoy por hoy cumple sesenta a\u00f1os y a ratos reclama su derecho a jubilar -o al menos, a descansar-, dejando vacante su puesto en la Historia. \u00bfSeremos sus nietos y nietas capaces de asumirlo?<\/p>\n","protected":false},"author":110,"featured_media":6791,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[19],"tags":[882,880,881,883],"taxonomy\/multi-autores":[],"taxonomy\/archivo-especiales":[],"class_list":["post-6790","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-a-desalambrar","tag-autogestion","tag-la-victoria","tag-miguel-lawner","tag-toma"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6790","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/110"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6790"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6790\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6791"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6790"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6790"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6790"},{"taxonomy":"multi-autores","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/multi-autores?post=6790"},{"taxonomy":"archivo-especiales","embeddable":true,"href":"https:\/\/razacomica.cl\/sitio\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomy\/archivo-especiales?post=6790"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}